Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars philosophiae naturalis (de ente mobili corruptibili) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-II.
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Praefatio I: A los lectores
Dedicatio I: Dedicatoria
Prooemium I: Proemio
Liber I: Acerca del libro primero de la generación y corrupción
Quaestio I: De la generación sustancial
Articulus I: Qué es la generación comúnmente dicha y la generación propia de los vivientes
Articulus II: Con qué principios la filosofía alcanza que se da generación sustancial
Articulus III: En qué acción y mutación consiste la generación sustancial
Articulus IV: Cuál es el término formal, y cuál el adecuado de la generación sustancial
Articulus V: Cuál es el sujeto de la generación, y de su distinción de la creación
Articulus VI: Si en la generación sustancial se hace resolución de toda forma hasta la materia prima
Articulus VII: Cómo la última disposición se causa, o causa la generación sustancial
Quaestio II: De la corrupción
Articulus I: Cómo difiere la corrupción en razón de mutación de la generación y de la aniquilación
Articulus II: Si la corrupción y la generación son la misma acción, en razón de la cual la generación de uno es corrupción de otro
Articulus III: Si la corrupción es natural y por sí intentada por la naturaleza
Quaestio III: De la alteración en común
Articulus I: Qué es la alteración y cuántupla
Articulus II: A qué especies de cualidad se da por sí la alteración
Articulus III: Si la alteración es un solo movimiento y continuo
La unidad de la alteración puede considerarse o en razón de mutación, en cuanto destruye un término y produce otro, o en razón de movimiento, que incluye ambas mutaciones, cómo a saber sea un solo movimiento o una o varias mutaciones. La continuidad, en cambio, puede considerarse de triple modo en la alteración: De un modo en razón del sujeto en el cual está, a saber, que por partes continuas de algún sujeto se difunda la cualidad. Segundo en razón del tiempo, a saber, que sin ninguna interrupción de duración se contenga la alteración. Tercero por parte de la forma, a saber, que la forma no solamente se introduzca en instante e indivisiblemente toda, sino algo de ella continuativamente en tiempo y algo en instante.
De la unidad de la alteración.
Digo, pues, primero: La alteración en razón de movimiento es uno, incluye en cambio dos mutaciones, una corruptiva del término a quo, otra que es adquisitiva del término a quo.
Que se den estas dos mutaciones consta de lo que arriba dijimos tratando de la generación y corrupción,1 que importan esta doble mutación, y en la q. 14. de los Físicos art. 2.,2 donde mostramos que estas mutaciones son necesarias para el movimiento, porque en aquel se hace tránsito de algo a algo y consiguientemente adquiriendo uno y corrompiendo otro. Que en cambio el movimiento sea uno es patente, porque es un solo tránsito y vía de sujeto a sujeto, es decir, de término positivo a término positivo, entre los cuales se encuentra latitud y distancia o contrariedad. Esta, en cambio, es una cuando solamente hay dos términos entre los cuales se ejercita. Así, en cambio, se encuentra en la alteración, puesto que es tránsito de un contrario a otro contrario; luego se da un solo movimiento. Y por la misma razón es una sola acción, porque es un solo agente y un solo paciente, y consiguientemente una sola procesión de causalidad.
Pero dirás: ¿Por qué de modo semejante la generación sustancial y la corrupción, que son dos mutaciones, no harán un solo movimiento como en las cualidades?
Se responde que también las mutaciones no hacen movimiento a menos que entre los mismos términos positivos se funde alguna distancia positiva o contrariedad que haya de vencerse, y no solamente ser o no ser que haya de mudarse. Cuya razón es que en la mutación, como es mutación precisa, solamente se intenta la adquisición de algún ser de nuevo, y consiguientemente por parte del término a quo solamente por sí pide no ser o privación. Si en cambio esta privación está conjugada a alguna forma positiva, esto será por accidente a tal mutación, en cuanto a saber aquella privación se encuentra conjugada a alguna forma. En cambio en el movimiento no solamente se intenta adquirir ser de nuevo, sino vencer la distancia entre los términos entre los cuales versa, y estos deben ser positivos. Pues entre privativo y positivo no se da latitud, porque sin medio se oponen como ser y no ser, y si algo se encuentra de medio, es en razón de algún positivo presupuesto; los contrarios, en cambio, tienen medio por el cual positivamente distan y se oponen. De donde, puesto que entre las formas sustanciales no se atiende alguna latitud de contrariedad, así como se encuentra en las cualidades, por el hecho de que de la participación de las formas sustanciales como de extremos no se participa ni se contempera algún medio, ni en una y la misma forma se encuentra el más o el menos, por ello no se encuentra distancia y contrariedad entre las formas sustanciales que funde movimiento así como entre las cualidades.
Segundo instarás contra la conclusión: Pues se sigue de ella que la intensión y remisión no sean dos movimientos, siendo así que en el art. 1. dijimos que aquellas son dos especies de movimiento.
La consecuencia se prueba: Pues cuando hay movimiento del calor como uno al calor como siete, allí hay intensión del calor que se adquiere, y remisión de la frigididad que se pierde; tanto, en efecto, se pierde de frigididad cuanto se adquiere de calor. Luego aquella mutación de la frigididad es remisión, y sin embargo es único movimiento, puesto que es solamente una vía y un solo término adquirido y uno perdido, de otro modo cuantas veces se intenta la cualidad habría dos movimientos, uno del menor calor al mayor, otro remisivo de la frigididad del mayor al menor.
Se responde que la intensión y remisión según sí son movimientos distintos así como la acrecentación y decrementación, el ascenso y descenso; y entonces son contrarios cuando versan acerca de la misma forma, v. g. intentando o remitiendo el calor. Cuando en cambio versan acerca de diversas formas, v. g. intentando el calor y remitiendo el frío, o se tendrán disparados aquellos movimientos, si las mismas formas no tienen orden y conexión entre sí, o se tendrán coordinados, si las mismas formas se tienen consecutivamente, de modo que una remita o expulse la otra. Por lo demás, cuando se encuentra movimiento de intensión que corrompe la frigididad o la atenúa, no es por sí movimiento de remisión, porque no es por sí minoración, sino de consecuente, en cuanto es corrupción del frío encontrado en el sujeto. Porque, sin embargo, esto es por accidente respecto de la intensión del calor, por ello aquel movimiento no se denomina remisión ni se hace por modo de movimiento, sino por modo de mutación que corrompe algo del frío de consecuente y por accidente, cuando se intenta el calor. El movimiento, en cambio, no toma su especie ni se constituye en razón de movimiento según aquello que es por accidente y de consecuente, sino según aquello que es por sí y se tiene por parte del término a quo, no por parte del término a quo solamente. Y por ello cuando se intenta el calor, aunque se dé remisión del frío, no es sin embargo movimiento de remisión, porque aquella minoración del frío precisamente se tiene por parte del término a quo como término mudado y destruido y que se tiene consecutivamente a la adquisición del calor, no como movimiento por sí minorativo cuyo término a quo sea la minoración del frío. Y por ello no es por sí movimiento de remisión, sino mutación destructiva del frío, no por sí minorativa y temperativa de aquel. Puede, en cambio, darse a veces intensión sin remisión del opuesto, como en la intensión de la luz, que ya supone las tinieblas expulsadas, y en la intensión de la caridad, que supone el pecado expulsado por su primera introducción; de donde no siempre la intensión está conjugada a la remisión, incluso por modo de mutación y hecha por accidente.
De la continuidad de la alteración.
Digo segundo: La alteración, que verdaderamente es movimiento, es continua, como se opone a lo discreto, si atendemos a la continuidad que se hace por extensión de la cualidad en las partes del continuo, o la que se hace según la duración del tiempo, o la que se hace por intensión de la forma.
Y decimos «como se opone al movimiento discreto», porque si tomamos lo continuo como dice razón de perpetuo y no cesante, así la alteración no es continua, sino que se termina e interrumpe frecuentísimamente. Así, pues, aunque la cualidad pueda producirse en instante, como cuando se hace la última disposición, sin embargo cuando se hace por verdadero movimiento, ni se hace en instante ni por muchas acciones instantáneas, de modo que entre instante e instante nada se produzca de cualidad, sino que solamente se disponga para que en el instante se haga la producción, como algunos sintieron. Sino que lo opuesto se tiene comúnmente, como puede verse en el Mag. Báñez sobre el 1. libro de la Generación al cap. 4. q. 6. de la Alteración, y en el Curso Carmelitano disp. 2. de la Alteración q. 10., Conimbricenses 1. de la Generación cap. 4. q. 2. art. 2. y otros.
Dos cosas, pues, hemos de probar: Primero, que la alteración no puede hacerse en instante, sino que tiene sucesión en la duración del tiempo. Segundo, que en la extensión o intensión de la cualidad no solamente en los instantes, sino también en el tiempo intermedio entre instante e instante se produce algo de cualidad, y no cesa la acción alterativa.
Lo primero está probado por nosotros en la q. 21. de los Físicos art. 2.,3 porque el movimiento sucesivo no tiene ser en instante, porque por el mismo hecho de que es sucesivo no es indivisible. Toda sucesión, en efecto, dice parte después de parte, luego dice divisibilidad, luego no coexiste ni se mensura por duración instantánea.
Luego se deduce de la doctrina del Divino Tomás en la 1. p. q. 53. art. 3., como también allí adujimos, porque no puede permanecer que algún sujeto todo el tiempo repose bajo una forma y en el último instante de aquel tiempo esté bajo otra forma como mudado a aquella en el hecho de ser. Luego el movimiento nunca puede perfeccionarse en único instante, de modo que antes de aquel instante nada haya de movimiento y en el último instante haya movimiento y término del movimiento o mudado ser, porque no puede darse mudado ser a menos que preceda algún moverse, es decir, alguna tendencia a aquella forma que ha de adquirirse y a la opuesta que ha de expulsarse. Para que en cambio repose todo el tiempo antes, conviene que así esté bajo una forma que no esté en vía de corrupción a ella, ni de tendencia a otra, sino que así se tenga ahora como antes. Luego no puede permanecer que en el último instante algo esté mudado y todo el tiempo no preceda moverse, sino reposar.
Que también en las mutaciones instantáneas, si se hacen en orden y modo de naturaleza, aparece. Precede, en efecto, algún movimiento, sea por modo de disposición o por modo de aplicación, como es patente en la generación sustancial y en la iluminación. Pues la generación sustancial se hace dependientemente de la alteración precedente, que es movimiento. Y de modo semejante lo luminoso no ilumina naturalmente en este espacio donde antes no iluminaba, a menos que aquí se produzca de nuevo o aquí se aduzca de nuevo. Si se aduce de nuevo, precede movimiento local, si se produce de nuevo por generación natural, como si se hace fuego, precede alteración. Y así de modo natural nunca se pone algo bajo nueva forma, incluso en instante, a menos que preceda algún movimiento. Si en cambio por virtud divina algo se produce o se crea súbitamente sin alguna disposición o movimiento precedente, esto no pertenece al modo natural de operar, del cual hablamos en lo presente. Así también no es maravilloso que el cuerpo de Cristo se ponga bajo las especies del pan en algún instante, cuando antes no había ningún movimiento a aquello, porque esto se hace por virtud sobrenatural, no de modo natural. Y por esta razón prueba el D. Tomás en el lugar citado que el ángel no puede moverse en instante reposando todo el tiempo antecedente en otro lugar. Si en cambio el ángel existe en otro lugar por todo e íntegro instante sin ningún tiempo o movimiento reposando, conviene que otro sea el instante para la existencia en un lugar, y otro para la existencia en otro, de modo que en un lugar repose no todo el tiempo, sino todo el instante, y en otro instante esté en otro lugar. Pero entonces la desición de un lugar, que es en instante y por último ser, y la incepción de otro, que es en otro instante, no se mensura por único instante, sino por dos; y así aquel movimiento discreto no es en instante, sino en instantes. De donde nunca se verifica movimiento, incluso discreto, en único instante.
Lo segundo que ha de probarse en esta conclusión es que, si se da movimiento continuo con continuidad que se tiene por parte de la forma en este sentido, que si algo de la forma se produce en instante, algo también de ella se adquiere en tiempo, y no cesa la acción y continuación de la forma entre instante e instante; y así se niega por algunos esta parte. Se deduce, sin embargo, del D. Tomás en la 2. dist. 5. q. 2. art. 1.,4 donde prueba que las disposiciones a la generación sustancial preceden en tiempo a la introducción de la forma, porque la alteración es movimiento continuo, y por ello su principio y medio preceden a la introducción de la forma; luego la alteración se da en tiempo, y no es discreta por instantes. La misma continuidad de la alteración por tiempo medio entre dos instantes pone el S. Doctor en el Quodlib. 9. art. 9.5 Y puede verse también en el 1. de la Generación lect. 24.6 acerca del texto 84.7 y en el 5. de los Físicos lect. 7.8 Y se toma del Filósofo en el mismo 5. de los Físicos texto 39.,9 donde dice «que todo movimiento es continuo, y simplemente ciertamente uno y continuo es necesario que sea».
La razón, en cambio, es que o entre dos instantes se continúa algún movimiento, de modo que no cesa la acción ni reposa, o cesa entre instante e instante todo movimiento y acción productiva de cualidad. Si lo primero, luego aquel movimiento y flujo entre instante e instante no puede entenderse sin alguna forma fluyente, que en el instante ciertamente tenga mudado ser, o en el hecho de ser se haga, en el tiempo en cambio o movimiento se hace en el hacerse y moverse, porque el movimiento no es fuera de las cosas a las cuales es movimiento. Y así si realmente se da movimiento entre instante e instante, realmente se da forma con la cual se identifica como con término fluyente y sucesivamente transeúnte de no ser a ser. Si se dice lo segundo, es imposible, porque si en este instante se da cualidad producida e inmediatamente después cesa el movimiento, y en el siguiente instante se da algo producido, aquello no será adquirido por movimiento ni por alteración, que es movimiento, sino por otra acción distinta de la sucesión y movimiento, que no aparece cuál sea. Luego, porque entre instante e instante el agente está debidamente aplicado para actuar y el paciente capaz de recibir, y no impedido, no menos que en el siguiente instante, porque como suponemos, ni el paciente está mudado entre instante e instante de su disposición, ni el agente de su actividad, ¿cómo, pues, se suspende de actuar entre instante e instante? Finalmente, en el movimiento local no cesa alguno de moverse entre instante e instante, porque paulatinamente de un lugar a otro se transita por el medio y se vence la distancia entre dos lugares; luego de modo semejante la distancia y contrariedad de las cualidades y de su intensión debe vencerse por sucesión y continuación del movimiento produciendo algo entre instante e instante.
Ni puede decirse que entre instante e instante el agente produce algo, pero no la forma, v. g. el calor, sino alguna disposición al calor, v. g. la rareza o algo semejante. Sino contra: Pues además de que al calor no se da disposición, puesto que ella misma es primera cualidad, todavía dado esto el mismo argumento se hace de aquella disposición. Pues o es cualidad o no. Si no es cualidad, no es asignable qué sea y a qué predicamento pertenezca, o si es modo de la misma cualidad, qué modo sea además de la intensión y remisión; estos, en efecto, si se producen en el tiempo, ya el movimiento de intensión será continuo. Si, en cambio, aquella disposición es cualidad, v. g. la rareza, luego ya alguna cualidad se produce entre instante e instante y consiguientemente la misma razón habrá del mismo calor.
Dirás: Aunque en la intensión de la cualidad el movimiento sea continuo y se produzca algo entre instante e instante, sin embargo cuando la alteración es de una cualidad a otra, v. g. entre blanco y negro, ¿qué de cualidad se produce entre instante e instante, puesto que la cualidad media no se produce divisiblemente, sino indivisiblemente, es, en efecto, especie verdadera de cualidad que tiene ser indivisible y termina el mutado ser? Se responde que cuando se transita de lo blanco a lo negro por cualidad media, v. g. por lo pálido, entonces entre instante e instante se hace lo pálido imperfectamente, en cuanto comienza la blancura a deflorescere y a deficir de su perfección y es blancura en corromperse, lo cual es lo pálido en hacerse. Y esto se hace entre instante e instante, porque tiene latitud aquella corrupción de la blancura y adquisición de la palidez, y así según algo de latitud se hace en el tiempo, y en el hecho de ser se consuma en algún instante.
De los indivisibles de la alteración.
Puesto que el continuo consta de partes conexas, que ciertamente por algunos indivisibles se continúan, conviene explicar cómo en las cualidades y en la alteración sucesiva se dan estos indivisibles.
Se responde que según diversos modos de indivisibilidad en la cualidad deben considerarse sus indivisibles. Hay, en efecto, que encontrar la divisibilidad de extensión en razón del sujeto cuanto, y la divisibilidad del movimiento en razón de la sucesión, y finalmente la divisibilidad de la forma según más y menos en la intensión y remisión.
Cuanto al primero, así como los accidentes tienen extensión cuantitativa mediante la cantidad, que afecta a la sustancia y la extiende y a los accidentes que en ella están, así mediante la cantidad se rinde la cualidad extensa y divisible, y consiguientemente mediante ella misma tendrá también indivisibles que continúan tal divisibilidad cuantitativa. Y así como la sustancia no tiene divisibilidad ni indivisibles a menos que mediante la cantidad, como se probó en el 6. de los Físicos q. 20.10 y en la q. 16. de la Lógica,11 así ni la cualidad y otros accidentes materialmente extensos tienen indivisibles de esta extensión a menos que mediante la cantidad; es, en efecto, la misma razón de ellos y de la sustancia cuanto a esto.
Cuanto al segundo decimos que en la alteración, en cuanto es movimiento, se dan indivisibles así como en otros movimientos, a saber, que los indivisibles son los mismos mutados ser en la sucesión de la cualidad, que terminan o continúan la misma sucesión del movimiento, como explicamos en la q. 20. de los Físicos art. 1.12 Este mutado ser, en cambio, como se toma del D. Tomás en la 1. p. q. 53. art. 3., se explica por esto, que el móvil no esté en la misma disposición en cualquier instante de aquel tiempo, en el cual se mueve. Y así, en cuanto aquella disposición está en el hacerse, se dice estar en moverse, en cuanto terminativamente está en el hecho de ser, se dice mutado, y entonces es otra disposición. Y así sea que este mutado ser consista en algún indivisible, en el cual se finita y termina, sea en algún otro modo o razón, sin embargo aquello constituye formalmente el mutado ser, que constituye al móvil en otra y otra disposición terminativamente y en el hecho de ser, de modo que todas las partes, que están en el hacerse por tiempo, estén en el instante en el hecho de ser, y de aquel hecho de ser se siga otro hacerse de otra parte, que en el hecho de ser esté en otro instante, hasta el último, en el cual se sista. La cualidad, pues, así induciendo diversos mutados ser constituye diversos indivisibles sucesivos del movimiento de alteración.
Cuanto al tercero, a saber, de los indivisibles de la misma cualidad o forma, que se adquiere por alteración, puede haber dificultad o dentro de la misma cualidad, cuando se intensifica o se remite, si esta latitud de intensión o remisión, que es divisible, por algunos indivisibles deba continuar y copular sus partes. Y de esto pertenece a la cuestión siguiente, donde de la intensión y remisión de las cualidades trataremos.
Puede también haber dificultad, si en la misma latitud o distancia, que se encuentra entre dos cualidades contrarias, por la cual se hace tránsito de una a otra (como entre blanco y negro se pone lo pálido, verde, cerúleo etc.), si también han de ponerse indivisibles, por los cuales esta latitud y distancia, que es divisible, se coaumente. Pero sin embargo en esto no aparece razón alguna de constituir indivisibles, porque estas especies no son continuas entre sí ni tienen partes de la misma razón, que necesiten copularse por diversos indivisibles; son, en efecto, diversos colores u otras cualidades medias. Entre la especie de color se da latitud de color imperfecto e incoado a otro color medio perfecto, y de aquel a otro hasta el extremo con corrupción del anterior, que se expelle. Y entonces no se adquiere algún indivisible copulativo de partes, sino cierta especie determinada y cierta, que sin embargo, porque es media e imperfecta, prepara vía y tránsito a otra, que de la temperatura y mediedad de otra surge, y por ello hace latitud que ha de vencerse por el movimiento, no que ha de copularse por indivisibles.
Se solucionan los argumentos.
Primero objetarás contra la continuidad de la alteración: El movimiento de alteración en la intensión no puede ser continuo; luego falsa es la conclusión, que habla de toda alteración. El antecedente se prueba: Pues aquello que se produce por tal movimiento, es algún modo de mayor y mayor radicación en el sujeto. Tales modos, en cambio, son indivisibles en sí, como en la cuestión siguiente se probará, luego no pueden terminar el movimiento, porque a terminarlo se requiere alguna divisibilidad y latitud en el término, de modo que a la parte del movimiento corresponda parte del término y al indivisible del movimiento indivisible del término.
Se confirma, porque cualquier parte del movimiento verdadera y propiamente algo produce. Luego conviene que en el mismo término del movimiento algo a cualquier parte del movimiento corresponda, y así tenga partes anteriores y posteriores. Luego si cualquier grado es algo indivisible, al menos formalmente todo se produce por la primera parte del movimiento, y así nada se dejará a la otra parte o mediedad, que produzca.
Se responde que no repugna que las partes del movimiento se terminen a algo indivisible, en cuanto es término de las partes, así como las partes de la línea se terminan por indivisible, y de modo semejante en el movimiento todas las partes del movimiento se terminan por el mismo mutado ser, por el hecho de que todas las partes del movimiento se tienen en el hacerse respecto de aquel. Es más, todo término debe ser indivisible y terminar partes divisibles, no que a cualquier una singularmente inhiere y adecuadamente, sino inadecuadamente a alguna indesignada, como dijimos en la q. 20. de los Físicos art. 2.,13 y así aunque no se adecúe a aquellas informativamente, se adecúa sin embargo terminativamente, porque de todas ellas es término. Así, pues, en la cualidad, cuando se intensifica, se adquiere algún grado o término por el movimiento, que aunque en sí sea indivisible como término, virtualmente sin embargo dice divisibilidad, según que presupone partes y de ellas es término. Y así no se requiere divisibilidad en el término según sí y formalmente, sino en razón de las partes, que termina y que sucesivamente conviene adquirirse por el movimiento.
A la confirmación se responde que cualquier parte del movimiento produce algo, a saber, aquel mutado ser, no sin embargo cualquier parte del movimiento produce aquel adecuadamente. Aunque, en efecto, aquel término indivisible sea en sí, es sin embargo terminativo de varios, que bajo él pueden estar y a él miran como hecho ser suyo. Que si tuviera partes anteriores y posteriores, no sería término de ellas, sino comparis. Ni la primera parte del movimiento produce todo el indivisible o mutado ser, tanto porque allí no se da primera parte del movimiento, donde todas son indesignadas y confusas; tanto porque aquella mediedad produce el término inadecuadamente, es decir, como parcialmente hacerse de aquel, no íntegro hacerse de él.
Segundo se argumenta: Porque en la alteración e intensión no hay un solo término solamente, sino varios, que por continua la misma acción se adquieren; luego no puede ser un solo movimiento, porque no hay un solo término, del cual se tome la unidad. El antecedente es patente, porque mientras se continúa el movimiento de alteración, varios términos se producen, v. g. varios grados en la intensión o varias cualidades medias en la alteración de una especie a otra. Luego el término no es uno, y consiguientemente ni el movimiento y así ni será continuo.
Se confirma, porque si la alteración fuera movimiento continuo y durara v. g. por una hora, al fin de la hora habría infinita cualidad producida, porque hay infinitos instantes y consiguientemente infinitos mutados ser. Luego si se hace intensión por toda aquella hora, se alcanzan aquellos infinitos, de los cuales cualquiera aumenta la intensión y el grado, y consiguientemente al fin de la hora la cualidad se rendiría infinita.
Se responde que en la alteración continua se da un término adecuado, aunque varios inadecuados. Tiene, en cambio, unidad el término adecuado en razón del último, en el cual se sista el movimiento y al cual los demás se ordenan, así como en el movimiento local, cuando varios lugares se alcanzan hasta el último, de aquel último se toma la unidad continuada de tal movimiento, y por ello simplemente es uno, porque simplemente se termina en uno, como más ampliamente dijimos en la q. 19. de los Físicos.14 Así, pues, en cualquier instante puede adquirirse diverso lugar inadecuado. Entre instante, en cambio, e instante se hace tránsito de lugar a lugar y entonces se dice estar en el lugar como en mudarse, no en mutado ser, de lo cual allí más ampliamente dijimos.
A la confirmación se responde imprimis que aquel argumento procede, incluso si la alteración es movimiento discreto, porque así como dentro de una hora hay infinitas partes divisibles, así hay infinitos instantes indivisibles del mismo modo, por el cual partes infinitas. Y por ello aunque entre instante no haya movimiento ni acción, permanece la misma dificultad, cómo en infinitos instantes, que se incluyen dentro de la hora, se haga aquella intensión de la cualidad, y no sean infinitos. Respóndase, pues, que aquella infinitud de aquellos instantes y de partes infinitas, que en cualquier continuo se incluyen, es infinitud en potencia, y no en acto, porque es infinitud, que se incluye y se consume en partes alícuotas y finitas, y por ello es algo finito en acto y solamente infinito en potencia, como más ampliamente mostramos en la q. 15.15 y 20. de los Físicos.16 Así, pues, para que sea infinito en acto, conviene que conste de partes infinitas alícuotas, porque deben ser iguales a un tercero, y no comunicantes entre sí. Aquellas, en cambio, partes infinitas son proporcionales e indesignadas y entre sí comunicantes, como en los lugares citados explicamos. Y del mismo modo se tienen los instantes o indivisibles, que con las partes mismas y a su modo se multiplican en el continuo. De donde solamente de ellos resulta infinito en potencia, esto es porque puede designarse de cualquier parte en infinito la divisibilidad del todo, y así de ello, que toda la hora dure la intensión, solamente se sigue que la cualidad tendrá infinitas partes en potencia, y de modo semejante indivisibles, finitas, en cambio, en acto, como incluidas dentro de términos finitos de una hora.
Tercero se argumenta: Porque si la alteración es movimiento continuo, no podrá comenzar por primer ser, sino por último no ser, así como otros movimientos; esto, en cambio, es imposible, luego.
La menor se prueba, porque si comienza por último no ser, es verdadero decir: «Ahora el agente no altera, inmediatamente después alterará». En aquel, pues, ahora o el agente está debidamente aplicado al paciente, y entonces no hay razón, por qué no actúe puesta aquella aplicación, o no está debidamente aplicado, y entonces ni inmediatamente después actuará, porque inmediatamente después no puede completarse toda la aplicación, porque es divisible, puesto que se hace por movimiento y en parte divisible, y así inmediatamente después no estará totalmente aplicado en el hecho de ser, luego ni se seguirá la acción. De modo semejante también es inconveniente que la cualidad, que es cosa permanente, no comience por primer ser, principalmente puesto que es disposición determinada y en ella debe asignarse mínimo, y consiguientemente algo cierto y determinado, y por ello debe comenzar por primer ser. Finalmente se confirma, porque esta parece ser la mente de Aristóteles en el 8. de los Físicos texto 23.,17 donde dice «que decir que se altera lo continuo, es adversar a las cosas perspicuas», y subjunta «que la alteración no se hace por partes así como la congelación, sino súbitamente así como la cavación de la piedra por la última gota», la cual consta no ser movimiento continuo. Y lo mismo afirma S. Tomás sobre el mismo lugar lect. 5.18 y en el 6. de los Físicos lect. 5.19 y en el 2. Contra Gent. cap. 49. y en otros lugares.
Se responde que sin duda la alteración, así como también otros movimientos, y la cualidad por ella producida comienza por último no ser. Y a la prueba se dice que sea que la aplicación del agente al movimiento se haga en el instante sea que no, sin embargo el estar aplicado de hecho pertenece al mutado ser y está en el instante. En aquel, sin embargo, no comienza intrínsecamente, y así no bien se sigue: «El agente está aplicado de hecho en este instante, luego en este instante intrínsecamente es acción o movimiento». No, en efecto, se sigue que la acción esté en este instante intrínsecamente, a menos que la acción misma sea instantánea, sino que basta que comience extrínsecamente, porque inmediatamente después será. Por lo cual no es necesario que el movimiento se siga al mismo estar aplicado a menos que según su naturaleza, de modo que, si algo está aplicado en el instante, el movimiento no se dará en el instante intrínsecamente, sino inmediatamente después, y así en aquel instante comenzará extrínsecamente, así como lo grave cuando se genera hacia arriba, en el mismo instante comienza a moverse no intrínsecamente, sino extrínsecamente. De hecho, sin embargo, no se da primer estar aplicado, así como ni primer mutado ser en el movimiento; la aplicación, en efecto, por movimiento se hace.
Que, en cambio, se dice que la cualidad es cosa permanente y así debe comenzar por primer ser, distingo. Es cosa permanente, cuando está en el hecho de ser determinadamente, concedo; cuando está en flujo y hacerse, niego. O segundo: Es cosa permanente que comienza de modo permanente, niego; que comienza de modo fluente y sucesivo a modo de movimiento, pase; y entonces se acomoda al mismo modo de hacerse, que es por movimiento, no al modo propio de ser, que tiene en el hecho de ser. La cualidad, sin embargo, que es disposición a la forma sustancial bajo aquel estado de disposición, debe decir algo determinado, principalmente hablando de la disposición última. Pues otras pueden tener latitud e indivisibilidad, y así aquella comenzará en el instante, y no por modo de movimiento.
A la confirmación se responde que Aristóteles y el D. Tomás en los lugares citados solamente intentan contra algunos antiguos filósofos, que ponían que todas las cosas siempre se mueven y nunca reposan, que la alteración no es movimiento continuo, es decir, no perpetuamente dura, no sin embargo que, mientras dura, sea discreto. Cuando, en cambio, dice que la alteración no se hace por partes, sino súbitamente, se entiende de la alteración por el último efecto y disposición, no absolutamente y según sí.