Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Philosophiae Naturalis

John of St. Thomas

Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Philosophiae Naturalis

John of St. Thomas (1589–1644)

Secunda pars philosophiae naturalis (de ente mobili corruptibili) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-II.

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Praefatio I: A los lectores

Dedicatio I: Dedicatoria

Prooemium I: Proemio

Liber I: Acerca del libro primero de la generación y corrupción

Quaestio I: De la generación sustancial

Articulus I: Qué es la generación comúnmente dicha y la generación propia de los vivientes

Articulus II: Con qué principios la filosofía alcanza que se da generación sustancial

Articulus III: En qué acción y mutación consiste la generación sustancial

Articulus IV: Cuál es el término formal, y cuál el adecuado de la generación sustancial

Articulus V: Cuál es el sujeto de la generación, y de su distinción de la creación

Articulus VI: Si en la generación sustancial se hace resolución de toda forma hasta la materia prima

Articulus VII: Cómo la última disposición se causa, o causa la generación sustancial

Quaestio II: De la corrupción

Articulus I: Cómo difiere la corrupción en razón de mutación de la generación y de la aniquilación

Articulus II: Si la corrupción y la generación son la misma acción, en razón de la cual la generación de uno es corrupción de otro

Articulus III: Si la corrupción es natural y por sí intentada por la naturaleza

Quaestio III: De la alteración en común

Después de haber explicado la razón de la generación y corrupción, se sigue tratar de la alteración, que es la que más próximamente se acerca a ella y más le sirve. Y primero ha de considerarse la alteración en común, en cuanto comprende bajo sí el simple movimiento de alteración, la intensión y remisión y otros modos de alteración o acciones que se hacen por alteración, como la mixtión y la condensación y semejantes. Segundo, en especial consideraremos estas especies de alteración.

Acerca de lo primero ocurren tres cosas que considerar: Primero, de la alteración qué es; segundo, a qué término es; tercero, si es movimiento continuo. Del sujeto, en cambio, de la alteración es común la cuestión así como de los demás accidentes, y por ello se tratará en la q. 9.

Articulus I: Qué es la alteración y cuántupla

El nombre de alteración se deriva de altero, se dice, en efecto, como haciendo otro. Así como se dice en el capítulo de la Diferencia, una cosa es ser altero, otra ser alio. Pues ly altero indica diferencia accidental, ly alio sustancial. Y así podemos tomar el nombre de alteración comunísimamente por toda mutación accidental en cualquier género de accidente, pero no hablamos en lo presente de la alteración tomada tan universalmente. Más estrictamente, pues, se toma por mutación en la cualidad, pues en la cantidad y en el lugar hay mutaciones peculiares, a saber, el aumento y el movimiento local. En las cualidades, en cambio, máximamente algo se hace otro, principalmente cuando por ellas se ordena a alguna corrupción; la corrupción, en efecto, máximamente hace otro.

De donde todavía tomando todo el predicamento de la cualidad, conviene distinguir que algunas son espirituales, algunas corpóreas; y algunas naturales, algunas intencionales; algunas que tienen contrariedad, algunas no. Y aquellas que son espirituales o que no tienen contrariedad no se ordenan a la corrupción o generación física, y por ello aunque puedan decirse alteraciones con nombre más amplio, no se dicen sin embargo alteraciones físicas, de las cuales principalmente tratamos en lo presente, porque no se ordenan a la corrupción y generación.

Acerca de las cualidades, en cambio, que también tienen contrariedad, puede procederse de doble vía, o por modo de mutación o por modo de movimiento. Por modo de mutación, que se procede de privación a forma, como de no blanco a blanco, que es generación accidental; y entonces no es de contrario a contrario, aunque la misma cualidad tenga contrario. Por modo de movimiento, cuando se procede de término positivo a término positivo según latitud y distancia de uno a otro; que esta se dé en las cualidades es manifiesto, como mostramos en la q. 19. de los Físicos, así como el calor y el frío, la blancura y la negrura y otras semejantes, y entonces es verdadera contrariedad. Y de modo semejante según el más y el menos en la misma cualidad se da positiva distancia y latitud de positivo a positivo, y todo esto se hace permaneciendo el mismo sujeto sensible, luego tiene todas las condiciones requeridas para el movimiento estrictamente dicho, en cuanto se distingue de la mutación; y de esta principalmente tratamos en lo presente.

Supuesto esto, esta alteración, que es movimiento, se define así por Aristóteles en este 1. libro texto 23., «que la alteración es cuando permaneciendo el sujeto sensible se transmuta en sus pasiones o en movimientos contrarios medios». De lo cual algunos eligen así la definición de la alteración, que «la alteración es movimiento a cualidad sensible media o extrema», o a cualidad que tiene latitud de contrariedad. Se dice «movimiento» para excluir las mutaciones instantáneas, entre las cuales la principal es la misma generación. Se dice «a cualidad» para excluir otras especies de movimiento que versan acerca de la cantidad o del lugar. Se dice «cualidad sensible» para excluir los movimientos que se hacen acerca de cualidades espirituales, como acerca de hábitos o actos. Se dice «media o extrema», es decir, que tiene contrariedad y latitud, para excluir aquellas cualidades que no tienen contrariedad, como la luz, la figura y otras semejantes. Por lo cual aunque otras mutaciones a cualidad puedan decirse alteraciones de modo amplio y se reduzcan a ellas, propiamente sin embargo la alteración mira las cualidades contrarias y corruptivas, por el hecho de que de su naturaleza la alteración sirve a la generación y corrupción como instrumento de ella y versa acerca de las cualidades que sirven a la generación y corrupción, que son las cualidades contrarias. Y así Aristóteles en este libro, lect. 2. según el D. Tomás, hace esta consecuencia contra los antiguos filósofos, que si es imposible que del agua se haga fuego, y de un elemento otro, también será imposible que de blanco se haga negro y de modo semejante de otras cualidades, y así destruida la generación se destruye la alteración; luego la alteración se ordena por sí a la generación. Por lo cual rectamente el D. Tomás en la 3. dist. 15. q. 2. art. 1. quaestiunc. 1. coligiendo todas las condiciones de la alteración dice «que para que haya alteración se requiere por parte del alterado que sea cosa por sí subsistente, de otro modo no puede ser sujeto de movimiento, y que sea cuerpo, porque solamente tal se mueve, y que tenga naturaleza sujeta a la contrariedad, porque la alteración es movimiento entre cualidades contrarias». Por parte en cambio de los términos se requiere que expulsada una cualidad se introduzca otra; así, en efecto, se transita de cualidad a cualidad.

De estas se deduce la diferencia de la alteración respecto de la generación y de los restantes movimientos. Difiere, en efecto, de los restantes movimientos por parte del término, porque el aumento es a la cantidad, el movimiento local al donde. De la generación sustancial en cambio difiere tanto por parte del término, porque esta es a la sustancia, como por parte del sujeto, porque el sujeto de la generación es la materia prima, el de la alteración en cambio el sujeto sensible o materia informada, y por parte de la mutación, porque la generación es instantánea, la alteración en cambio sucesiva, y por parte del término a quo, porque la generación es de privación, la alteración de término positivo y contrario. Difiere finalmente de la generación según algo, porque esta no se hace por movimiento ni de término positivo, sino privativo, así como cuando lo blanco se hace de no blanco.

Pero objetarás para probar que la alteración no se ordena por sí a la generación: Pues la producción de la blancura y de otros colores es verdadera alteración, y no se ordena por sí a la generación sustancial. De modo semejante la adquisición de la figura y la iluminación y oscurecimiento son alteraciones, y sin embargo no se ordenan por sí a la generación sustancial.

Se confirma, porque de otro modo, si no fuera posible la generación sustancial, no sería posible la alteración, puesto que esencialmente se ordena a aquella, la consecuencia es falsa; luego. La menor se prueba porque la alteración no pende por sí de la mutación de la sustancia, aunque penda de la sustancia como de sujeto, como es patente en las cosas incorruptibles, como en el cielo, en los cuerpos beatos y en los condenados después del día del juicio, en los cuales no es posible la generación y corrupción. Y sin embargo se dará alteración, como en el cielo iluminación y oscurecimiento, densificación y rarefacción; algunas partes del cielo, en efecto, son más densas, otras más raras. Es más, podrá darse confacción, puesto que la locución por los beatos en el cielo no puede hacerse sino por confacción del mismo cuerpo celeste, como admite el D. Tomás en la 2. dist. 2. q. 2. art. 2. Ni, en efecto, allí hay aire que se confeccione cuando se forma la voz, ni aquella podrá formarse sin alguna densificación del cuerpo confeccionado, porque la parte dividida no se penetra con otra, sino que se condensa. En los cuerpos beatos habrá respiración, locución, tacto y gusto, que sin alteración no se hacen. En los condenados habrá calefacción y frigefacción, con las cuales se cruciarán, luego se dará alteración sin orden a la generación. Finalmente, si los hombres fueran de eternidad, no podría haber en ellos generación, como probamos en el 8. de los Físicos, y sin embargo en ellos se da alteración, porque se nutrirían y respirarían y hablarían etc. Luego no toda alteración se ordena por sí a la generación.

Se responde que la alteración, que es movimiento y versa entre contrarios, se ordena por sí a la generación, como se dijo. Y a la prueba en contrario, en lo que atañe a la blancura y otros colores, decimos que aunque inmediatamente no sirvan a la generación como disposiciones activas de ella, pueden ordenarse sin embargo mediatamente y en su causa, por el hecho de que estos colores se causan de la temperie de las cualidades primeras, que conducen más inmediatamente a la generación y corrupción, y por ello los colores como consecutivos de tales cualidades también se ordenan mediatamente a la generación y en su causa. La adquisición, en cambio, de la figura a veces se hace mediante alteración, como cuando por rarefacción o condensación o por otra cualidad las partes se mudan de tal modo que pierdan y muden la figura, y entonces tal adquisición de la figura mediatamente pertenecerá a la alteración, y de ese modo también se ordenará a la generación. A veces en cambio acontece la mutación de la figura por solo movimiento local, como cuando por división o conjunción de partes por movimiento local se hace nueva terminación de la cantidad y resulta nueva figura; y entonces, puesto que no se sigue de la alteración, ni se ordenará por sí a la generación. De la iluminación, en cambio, y del oscurecimiento ya dijimos que no es alteración estrictamente dicha, sino de modo amplio, y así no se ordena por sí a la generación como la alteración que es por sí entre contrarios físicos.

A la confirmación se niega la menor. Ni, en efecto, la alteración solamente requiere sustancia como sujeto, sino que también requiere mutación de la sustancia, porque es cierto inicio de la mutación sustancial, por el hecho de que la sustancia depende en su conservación de los accidentes como de disposiciones, de donde la remoción de las disposiciones es incoación de la corrupción.

A la prueba se responde que en el cielo no se da alteración estrictamente dicha, que es entre contrarios. La iluminación, en efecto, y el oscurecimiento no es de sí alteración corruptiva, aunque por accidente en las cosas inferiores, en cuanto depende de las influencias del cielo, que actúan mediante la luz, se siga de ellas alteración de cualidades corruptivas en estos cuerpos. La densificación, en cambio, y rarefacción en los cielos no se da. Aunque, en efecto, se encuentren algunas partes más densas, a saber, las estrelladas, otras más raras, a saber, las diáfanas, sin embargo esto lo tienen desde el inicio de su creación, así como otros accidentes propios, no en cambio ahora adquieren aquella por alteración.

A lo que se aduce de los cuerpos de los beatos se responde que todas aquellas cosas se hacen sin movimiento de alteración. Pues la respiración y locución se hace por movimiento local del que emite aire y golpea; ni la respiración será necesaria a los beatos por la refrigeración del corazón, para que se tempere el calor, como en nosotros, porque aquellos cuerpos, siendo incorruptibles, no se inmutan por alteración del calor. Para la locución, en cambio, basta golpear el aire y dividirlo por movimiento local. Cómo, en cambio, esto se haga en el cielo es muy difícil entre los teólogos, supuesta la incorruptibilidad del cielo, de la cual en los libros del Cielo. Que, en efecto, del D. Tomás se aduce de la contracción del cuerpo celeste en la locución de los beatos, no lo dice el Doctor santo de propia sentencia, sino supuesta la opinión de otros, que en el cielo puede haber densificación y rarefacción, la cual sin embargo dice que conviene equívocamente al cielo. Más probablemente, sin embargo, parece que las voces han de formarse en el aire existente en las fauces y boca de los beatos de los cuales el Salmo 149.: «Exaltaciones de Dios en su garganta». Ni es inconveniente que algún aire incluido en los cuerpos de los beatos ascienda sobre el cielo, aunque sea elemental, así como los mismos cuerpos beatos virtualmente contienen los elementos, porque son mixtos. Aquel aire, en cambio, aunque sea incorruptible, así como también otros cuerpos elementales después del día del juicio por defecto del movimiento del cielo, podrá sin embargo densificarse o rarefacerse por compresión o dilatación de partes hecha por movimiento local sin otra alteración, así como también si entonces se mueve el agua, sus partes se comprimirán sin densificación alterativa, como más ampliamente explicaremos abajo en la q. 7. Formada, en cambio, la voz en aquel aire se deferirá al oído de otro beato por el cielo como por medio según especies intencionales, no según alteración física o fracción del cuerpo celeste por el sonido. Las restantes alteraciones en los cuerpos beatos acerca de las pasiones y sensaciones serán solamente acciones animales de los sentidos según especies intencionales o actos elicitados, no en cambio alteraciones naturales y corruptivas, como enseña el Divino Tomás en la 4. dist. 44. q. 2. art. 1. quaestiunc. 1. ad 3.

De los cuerpos de los condenados decimos que padecerán no por alteración natural, que entonces del todo cesará cesando el primer alterante, que es el movimiento del cielo, en cuya virtud los otros inferiores alteran, sino por alteración intencional por admisión de especies, que entonces no cesará, porque no dependen del movimiento del cielo, sino de la luz y otras cualidades intencionales, así el fuego del infierno por especies tangibles causará máxima sensación de sí en aquellos cuerpos, de lo cual véase el D. Tomás en la 4. dist. 44. q. 3. art. 1. quaestiunc. 2. y 3.

Del hombre creado de eternidad decimos que así como carecería de generación por tiempo infinito, así también de movimiento de alteración por el mismo tiempo debería carecer y de mutación que se hace por alguna generación.

Finalmente objetarás: Pues la cualidad tiene esencia simple consistente en indivisible, luego según su esencia no puede terminar movimiento, que es divisible, sino mutación, solamente en cambio podrá terminar movimiento en razón de algún grado según el más o el menos, lo cual no pertenece a la alteración en cuanto es alteración, sino en cuanto intensión o remisión.

El antecedente, en cambio, es manifiesto, porque la cualidad tiene especie constante de género y diferencia, que con cualquier añadido o sustraído se varía; luego ella misma consiste en indivisible.

Se responde que, como dice el Divino Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 1., la cualidad o forma puede considerarse de doble modo: De un modo según sí, de otro modo en orden al sujeto, no que en la cosa la forma esté sin sujeto, sino porque es diversa consideración de la forma o según sí absolutamente o comparativamente al sujeto. Y del primer modo su especie y esencia se dice indivisible, del segundo modo en cambio tiene divisibilidad, en razón de la cual puede hacerse por movimiento. Esto, en cambio, se entiende bien respecto de la intensión y remisión, que, como diremos en la cuestión siguiente, conviene a las cualidades por comparación a los sujetos. Respecto, sin embargo, de la misma cualidad como absolutamente y entitativamente se adquiere, parece correr la dificultad propuesta, cómo se adquiere por movimiento divisible la forma indivisible en su especie y esencia.

Se responde, pues, que cuando la misma especie de alguna cosa esencialmente importa contrariedad y distancia o latitud respecto de otra opuesta, entonces aunque formalmente consista en indivisible, en cuanto todos los predicados esencialmente le convienen, y en este modo de convenir no puede añadirse o sustraerse algo, comparativamente sin embargo al término opuesto funda y admite latitud y contrariedad y tránsito no solamente de privación a forma, sino también de una forma a otra. Cuyo signo es que por adición o conmixtión de una forma con otra se hace variación de especie y resulta alguna forma intermedia o varias intermedias, que constituyen latitud y distancia entre las extremas. En razón, pues, de esto sea indivisible en la misma razón formal de constituir su especie y esencia absolutamente, por comparación sin embargo a su opuesto tiene modo de adquisición divisible. Y porque esta oposición y contrariedad se ejercita entre formas por comparación al sujeto, por ello todavía respecto de la adquisición de la cualidad por alteración se salva lo dicho del Divino Tomás, que la cualidad es indivisible según sí absolutamente, divisible en cambio por comparación al sujeto, en cuanto en aquel se ejercita la contrariedad.

Acerca del segundo punto, a saber, cuántupla sea la alteración, se responde que la alteración es movimiento genérico a tres especies de movimiento alterativo, a saber, simple alteración, intensión y remisión.

La simple alteración mira la misma sustancia de la cualidad como adquirible por movimiento, a saber, de algún contrario positivo. La intensión mira el aumento de la cualidad según mayor grado o más perfecto, la remisión en cambio la minoración según grado más imperfecto. Y esto es así porque se encuentra triple modo de latitud y distancia en la cualidad; puede, en efecto, considerarse latitud o entre diversas especies de cualidad o dentro de la misma. Entre diversas como entre el calor y el frío y otras cualidades contrarias, y así el proceso de una a otra funda el movimiento de la simple alteración. Dentro de la misma especie en cambio se encuentra mayor o menor participación de la misma cualidad en el sujeto, que constituye diversa graduación y latitud según el más o el menos, luego se funda diverso movimiento procediendo del menor al mayor grado por aumento, y del mayor al menor por decremento; y el primero se llama intensión, el segundo remisión.

Que si se dan otras especies de alteración, como la mixtión, la adensación y la rarefacción y otras semejantes, conviene advertir que estas no son especies que dividan la alteración según la formalidad del movimiento, es decir, según diverso modo de latitud y distancia, sino según la especificación desumida por parte del término ad quem, así como la adensación, porque produce densidad, y la rarefacción rareza, y la mixtión cualidad temperada. Difieren entre sí, así como también difiere la calefacción y la frigeacción, y otras alteraciones por parte de diversos términos, de los cuales se especifican, aunque porque la mixtión y la adensación y la rarefacción sean más comunes y tengan más especial dificultad, por ello especialmente de ellas se trata en esta obra.

Dirás: ¿Por qué de modo semejante no se dará triple especie de movimiento en la cantidad, a saber, a la cantidad según sí y a su aumento y a su decremento, y de modo semejante en el movimiento local al dónde según sí y al ascenso y al descenso? Si se dijera que el dónde siempre se adquiere bajo algún modo de situación, o rectamente o circularmente o curvilíneamente, y por ello al dónde separadamente no se da movimiento: contra está, porque también la cualidad nunca se adquiere a menos que bajo algún grado, o intenso o remiso; luego de modo semejante no se requiere movimiento distinto a la cualidad y a su intensión o remisión.

Se confirma, porque en las cualidades encontramos otros movimientos además de estos tres, a saber, el movimiento de extensión hacia diversas partes en las cualidades corpóreas, o hacia diversos objetos en algunos hábitos, luego no es esta división adecuada.

Se responde que hay diversa razón de la cantidad y de la cualidad, tanto porque la cantidad no tiene partes contrarias, entre las cuales se haga tránsito de una a otra por movimiento, porque sus especies son la línea, la superficie y el cuerpo, entre las cuales no hay contrariedad ni movimiento transitando de una a otra, es más, todas por sí se requieren en cualquier parte del continuo. Tanto también, porque la cantidad, cuando primero se produce, se sigue a la materia o a la sustancia corpórea por modo de dimanación, cuando en cambio presupuesta alguna cantidad otra parte se superadita o se quita, ya es aumentación o diminución, y así no hay lugar al movimiento a la cantidad según sí. Tanto finalmente, porque todo movimiento físico supone la cantidad, puesto que se hace según contacto y divisibilidad, luego supone sujeto divisible y tangible, que importa cantidad.

De modo semejante se dice del dónde, que hay diversa razón, por el hecho de que dentro del mismo dónde no se da latitud y distancia, para que se haga mayor o menor en razón local, por el hecho de que el lugar adecuado es al locado, y así a menos que el locado crezca o decrezca, no crece el lugar, el aumento, en cambio, o decremento del locado no pertenece por sí al movimiento local, como adquisitivo es de tal dónde. Solamente, pues, se da latitud y distancia entre uno y otro dónde o entre diversos lugares. En cambio en la cualidad no solamente se da latitud entre dos cualidades contrarias, sino también dentro de la misma puede crecer más o menos. Y así convendría que se diera movimiento de intensión y remisión en la misma cualidad y de simple alteración entre diversas.

A la confirmación se responde que aquel movimiento, por el cual se extiende alguna cualidad por el sujeto, no es movimiento distinto de alguno de los predichos. Puesto que, en efecto, esta extensión se hace por multiplicación o producción de cualidad semejante, no por tránsito de sujeto a sujeto, aquella extensión de la cualidad a distinta parte del sujeto se tiene del mismo modo que si se hiciera de contrario a contrario, será alteración, que es movimiento, si de privación a forma, será generación del accidente por modo de mutación. En cambio cuando alguna cualidad se extiende a nuevos objetos, como se hace en los hábitos, se encuentra diversa dificultad en alcanzar un objeto inadecuado, que otro. Esto no se hace por alteración física y estrictamente dicha, de la cual tratamos en el presente, sino que es alteración hablando en sentido amplio, que se hace por acción intencional o apetitiva, en cuanto por parte del mismo hábito, y no solamente por parte del operante o de la aplicación de la materia se da distinta perfección en alcanzar un objeto, que otro. Y en la sentencia de algunos esto no se hace según la perfección de la misma cualidad, sino según adición formal y aggeneración de hábito parcial al hábito preexistente. Y entonces no hay otra dificultad en la extensión de esta cualidad, que en la extensión, que se hace por diversas partes del continuo. En ambos lugares, en efecto, se produce nueva parte de cualidad, aunque la extensión de los hábitos se verse acerca de diversos objetos inadecuados, v. g. acerca de diversas conclusiones dentro de la misma ciencia. En la sentencia, en cambio, de S. Tomás en la 1. 2. q. 54. art. 4., que explicamos en la Lógica q. 27. art. último, por esta extensión no se hace nueva adición formal por producción de nueva entidad y cualidad, sino que es adición virtual, en cuanto la misma cualidad o hábito bajo la misma razón formal más se explica y se extiende al objeto, al cual antes no se extendía, lo cual es adquirir nuevo modo de perfección, no nueva entidad. Y por ello tal movimiento, puesto que no es alteración propiamente dicha, no es de admirar que no constituya especie distinta, sino que se reduce a la intensión, aunque no sea intensión según más o menos acerca de lo mismo, sino según extensión de lo mismo acerca de objetos inadecuados.

Articulus II: A qué especies de cualidad se da por sí la alteración

De esta dificultad trata Aristóteles en el 7. de los Físicos cap. 3. y allí se disputa por varios. Aquí, sin embargo, parece ser el lugar propio de ella, donde se trata de la alteración de propósito.

Ha de suponerse, pues, que en el predicamento de la cualidad se encuentran cuatro especies o cuatro divisiones de especies, que en la Lógica q. 18. explicamos, a saber, hábito y disposición, potencia e impotencia, pasión y cualidad pasible, figura y forma, de las cuales allí puede verse. E inquirimos cuáles de estas especies son capaces de terminar primero y por sí la alteración.

Luego supongo que darse alteración primero y por sí a alguna cualidad no es otra cosa que que la alteración alcance así alguna cualidad como término que no medie alguna cualidad o algún otro término al cual primero se termine tal acción. Entonces en cambio se da movimiento secundariamente a alguna cualidad cuando por otro más inmediatamente alcanzado se alcanza mediata y secundariamente otro, así como v. g. alcanzando e inmutando el calor o el frío como término inmediato se alcanza la salud o la enfermedad como resultante del temperamento del frío o del calor.

Y así inquirimos si todas estas especies de cualidad o solamente alguna es aquello que inmediata y por sí es alcanzado por la alteración, o bien si solamente alguna de estas puede alcanzarse inmediatamente, las otras en cambio secundariamente y mediatamente, y si solamente alguna termina inmediatamente la alteración, cuál sea aquella.

Sea única conclusión: La alteración física, según que de ella hablamos en lo presente, solamente es a la tercera especie de cualidad por sí primero, es decir, a la pasión o cualidad pasible.

Es de Aristóteles en el lugar citado del 7. de los Físicos, donde también puede verse S. Tomás, y en el 1. de la Generación lect. 10. y en la 1. 2. q. 52. art. 1. ad 3. Y hablamos «de la alteración física» para excluir la alteración tomada ampliamente, que también comprende mutaciones instantáneas y acciones espirituales o animales, que versan acerca de hábitos o actos ni se ordenan a la generación, y acerca de estas puede darse alteración tomada ampliamente, que es producción de cualidad. Y decimos «primero y por sí», porque secundariamente y de consecuente bien puede darse alteración física acerca de algunos hábitos o disposiciones, que son de la primera especie.

El fundamento de esta sentencia es doble: Primero, porque la alteración física, como se dijo, por sí y esencialmente se ordena a la generación sustancial y a la corrupción. La generación sustancial y la corrupción, en cambio, exige contrariedad en las disposiciones, puesto que por la contrariedad de las disposiciones se hace la expulsión e introducción de las formas. Conviene, pues, que la alteración que sirve a la generación primero y por sí tienda a cualidades contrarias. Pero las cualidades contrarias por contrariedad física primero y por sí se encuentran en la tercera especie de cualidad, como es patente, tanto en las cualidades que son primero contrarias, como el calor y el frío, la sequedad y la humedad, que son cualidades de la tercera especie, y de modo semejante las cualidades que de estas resultan como cualidades medias y que tienen contrariedad entre sí, las cuales todas pertenecen a la tercera especie; tanto también porque estas cualidades, que tienen contrariedad física primero y por sí, hacen transmutación del sujeto, que máximamente se transmuta de la contrariedad de las cualidades, y de modo semejante por sí inmutan los sentidos según la contrariedad que inducen. Luego por sí tienen que inducir pasión que transmuta los sujetos o el sentido. Y esto es lo que constituye la tercera especie de cualidad, que por ello se dice pasión o cualidad pasible, porque o transeúntemente o permanentemente transmuta el sujeto e inmuta el sentido, y como dice S. Tomás en la 1. p. q. 97. art. 2., la pasión propiamente dicha es por la cual algo se remueve de su disposición natural. Luego la alteración, que primero y por sí versa acerca de cualidades físicamente contrarias, para que así se ordene a la generación, directamente solamente mira la tercera especie de cualidad, que por sí primero hace transmutación en el sujeto y en el sentido por pasión.

El segundo fundamento se toma del Filósofo en el 7. de los Físicos cap. 3. discurriendo por todas las especies de cualidad en las cuales se da alteración física primero y por sí. Brevemente, en cambio, se prueba porque el hábito o las disposiciones o son espirituales o vitales y pertenecientes a las potencias aprehensivas o apetitivas, o son puramente corporales como la salud o la belleza. Si se tienen del primer modo, no pertenecen al presente, porque no se adquieren por alteración física, de la cual hablamos en lo presente, sino por acción espiritual o animal, aunque presupositivamente alguna alteración de las cualidades primeras también se prerrequiera a estas disposiciones o hábitos, a saber, en aquello en lo cual el apetito o la fantasía depende de alguna disposición de los órganos, que se hace por cualidades corporales. Si en cambio el hábito y disposición es puramente corporal, tampoco puede primero y por sí adquirirse por alteración, porque tales disposiciones importan alguna conveniencia o inconveniencia al sujeto nacida de algún temperamento de las cualidades primeras, como es patente en la salud y belleza. Luego primero se termina la alteración a aquellas cualidades primeras, y mediatamente a la salud o belleza. Y en esto consiste la fuerza de la prueba de Aristóteles en el lugar citado, mientras dice que al hábito y disposición no se da por sí alteración, porque se tienen a algo. No se da, en cambio, movimiento por sí primero en el a algo, como se prueba en el 5. de los Físicos, lo cual no ha de entenderse así como si la disposición y hábito consistieran en relación predicamental, que sola no puede terminar movimiento por sí. En esto, sin embargo, se parifican a la relación predicamental, porque así como las relaciones se siguen del fundamento y por ello al mismo fundamento se termina el movimiento por sí primero, a la relación en cambio consecutivamente, así, porque estas disposiciones corporales resultan de la debida conmensuración o proporción de las cualidades, aquello que primero se alcanza por alteración será aquella cualidad como proporcionada o atemperada, consecutivamente en cambio la misma disposición conveniente o inconveniente.

En lo que atañe a la segunda especie de cualidad, a saber, potencia e impotencia, consta que no termina primero y por sí la alteración, no solamente en las potencias espirituales, a las cuales no alcanza la alteración física y corporal, sino también en las potencias naturales, tanto porque no se encuentra en las potencias latitud de contrariedad así como tampoco se encuentra el más o el menos en razón de sí precisamente; tanto porque las potencias son principios innatos, como propias pasiones que dimanan de la misma naturaleza, luego no se adquieren por alteración primero y por sí, sino que se siguen a la generación. De esto, sin embargo, véase lo que diremos en la cuestión siguiente art. 1.

Finalmente en la cuarta especie, a saber, figura y forma, no se da por sí primero alteración física, tanto porque la figura no admite latitud de contrariedad, sino que se tiene como el número, porque con cualquier añadido o sustraído se varía y así no tiene latitud; tanto porque la figura resulta de la terminación de la cantidad, y así a veces se produce a la misma producción de la cantidad en la misma primera generación de la cosa, como cuando alguien nace con tal figura. A veces en cambio resulta de la división de la cantidad, y entonces tampoco termina la alteración. A veces finalmente se sigue de alguna alteración, como de excesiva densidad o rareza o de alguna semejante se muda la misma figura, y entonces no termina primero y por sí la alteración, sino que se termina la alteración primero y por sí a aquella cualidad a la cual se sigue la mutación en la terminación de la cantidad.

Dirás que este discurso prueba demasiado. Se sigue, en efecto, de él que a algunas cualidades medias, que resultan de las primeras, no pueda darse alteración primero y por sí, así como al color verde o rojo y otras cualidades que resultan del frío y del calor, y sin embargo pertenecen a la especie de cualidad, como la densidad y rareza y otras semejantes, a las cuales sin embargo se da por sí primero alteración.

Se responde que hay diversa razón, porque estas cualidades segundas, que resultan de las primeras, también por sí pueden terminar la alteración, ni se alcanzan con el mismo movimiento primero y por sí terminado a otra cualidad y secundariamente a sí, sino que requieren distinto movimiento además de aquel que se termina a las cualidades primeras; tanto porque a veces se hacen sin alteración respecto de aquellas, así como cuando algo se blanquea o se ennegrece no precediendo algún frío o calor; tanto porque cuando se hacen estos colores de la temperie de las cualidades primeras, se hacen por mixtión así como otras cualidades segundas. En la mixtión, en cambio, se corrompen las cualidades miscibles, y así se hace una tercera. De donde es necesario que la alteración no se detenga en las cualidades primeras como en término, consecutivamente en cambio resulten las segundas, sino más bien que se destruyan las primeras y como a término a quo tienda la alteración a la segunda, que es mixta de aquellas, y por ello por sí se da alteración a aquella. Al contrario es en la disposición corporal como en la salud, que no es cualidad mixta resultante de la corrupción o mixtión de las primeras, sino de proporción y conmensuración; la salud, en efecto, no corrompe el calor ni el frío, sino que los tiene conmensurados.

Se resuelven los argumentos.

Primero se arguye para probar que se da por sí alteración a la primera especie de cualidad. Pues cuando se adquiere salud o belleza, se adquiere con algún movimiento o mutación especial. Otra es, en efecto, la mutación de enfermedad a salud, que es sanación, que de frío a calor, que es calefacción. Se encuentra también diversa contrariedad entre enfermedad y salud que entre calor y frío, y diverso término a quo y a quo. Luego se dan todas las cosas requeridas para que se den distintos movimientos, principalmente porque aquella mutación o acción que se identifica con la salud no se identifica con el calor, y tal movimiento o mutación, como a la salud, precisamente no es sino alteración ni puede pertenecer a otra especie de movimiento. Luego se da alteración por sí primero a la primera especie de cualidad, al menos del modo en que a las cualidades segundas o mixtas se da alteración, aunque resulten de las primeras.

Y se confirma porque en la primera especie de cualidad se da propiamente y por sí intensión y remisión, luego también alteración, puesto que la intensión y remisión son especies de alteración, como dijimos en el artículo precedente. Se da también en ella verdadera contrariedad, como entre error y ciencia, vicio y virtud, salud y enfermedad. Donde en cambio hay contrariedad primero y por sí, allí hay fundamento de movimiento primero y por sí.

Se responde negando que haya diversa mutación formalmente a la enfermedad o salud que a las cualidades primeras de cuya proporción o inconveniencia surgen. Y aquella contrariedad entre enfermedad y salud y diversidad de término a quo y a quo todo se tiene consecutivamente y es materialmente diverso respecto de la alteración que se hace a la tercera especie. Lo cual se deduce de la razón del D. Tomás en la 1. 2. q. 52. art. 1. ad 3., donde dice «que la alteración primero ciertamente es en las cualidades de la tercera especie, en las cualidades en cambio de la primera especie puede haber alteración por posterior». Y subjunta la razón: «Porque hecha la alteración según lo caliente y frío se sigue que el animal se altere según lo sano y enfermo». Así, pues, aunque se alcance la salud y enfermedad por fuerza de alguna mutación, que ciertamente en la cosa es alteración, sin embargo porque no se alcanza como término primero y por sí alcanzado, sino como consecutivo, puesto que siempre debe hacerse mediante alguna alteración de calor o frío u otra cualidad primera, por ello esta mutación en cuanto toca la salud y no se identifica con ella no es primero y por sí alteración física, ni la salud por sí inmediatamente alcanzada, sino consecutivamente. Y por ello más bien del mismo argumento se sigue que no se dé alteración primero y por sí a estas disposiciones, sino consecutivamente. Al contrario es de las cualidades medias de la misma tercera especie, que resultan de la mixtión de las cualidades primeras y así exigen distinto movimiento terminado a las mismas cualidades medias y que corrompe y mezcla las primeras, lo cual no acontece en la adquisición de la salud, como se dijo.

A la confirmación se responde que la intensión y remisión física y corporal son especies de alteración física y corporal, así sin embargo no se encuentran en los hábitos y actos espirituales. De donde ni en aquellos se da alteración física, de la cual en lo presente hablamos, y de modo semejante la contrariedad que se da no es contrariedad física o corpórea, sino dicha comúnmente y que no se ordena a la generación y corrupción.

Segundo se arguye: Pues en la segunda especie, que es potencia e impotencia, puede darse verdadera alteración. Pues la potencia puede debilitarse y hacerse impotente por alguna nueva transmutación, así como la vista, que es aguda y vigorosa en el joven, puede hacerse débil en el viejo, y el ingenio también embotarse y hacerse impotente por algún accidente. Estas transmutaciones, en cambio, no pueden pertenecer a otra especie de movimiento que a la alteración. Luego la alteración puede versar primero y por sí acerca de la potencia e impotencia.

Se responde que la potencia que una vez dimanó de la naturaleza como de propio sujeto no puede quitarse sino o por impotencia opuesta o por impedimento extrínseco. Del primer modo no puede acontecer permaneciendo una y la misma naturaleza en el mismo estado; ni, en efecto, puede de la misma naturaleza dimanar ahora potencia, ahora impotencia, así como del hombre la risibilidad e irrisibilidad. Que si por diversos estados dimanara de la misma naturaleza ahora potencia, ahora impotencia, así como diversas pasiones suelen convenir por diversos estados, todavía sin embargo no terminarían la alteración primero y por sí, sino que resultarían por nueva dimanación. Si en cambio la impotencia consiste en impedimento extrínseco de la misma potencia, entonces la alteración versará acerca de aquel impedimento extrínseco, no acerca de la misma potencia. El impedimento extrínseco, en efecto, pertenece a alguna cualidad de la tercera especie, por la cual la misma disposición debida del órgano se altera de tal modo que la potencia, que depende de la disposición del órgano, no puede estando tal indisposición operar debidamente. Y por esta razón la vista aguda se hace débil y el ingenio se embota, porque el órgano de la vista se impide por alguna intemperie de disposiciones; y de modo semejante la imaginativa o fantasía se hace indispuesta para subministrar al intelecto, lo cual pertenece al ingenio, y a estas cualidades dispositivas puede darse por sí alteración.

Articulus III: Si la alteración es un solo movimiento y continuo

La unidad de la alteración puede considerarse o en razón de mutación, en cuanto destruye un término y produce otro, o en razón de movimiento, que incluye ambas mutaciones, cómo a saber sea un solo movimiento o una o varias mutaciones. La continuidad, en cambio, puede considerarse de triple modo en la alteración: De un modo en razón del sujeto en el cual está, a saber, que por partes continuas de algún sujeto se difunda la cualidad. Segundo en razón del tiempo, a saber, que sin ninguna interrupción de duración se contenga la alteración. Tercero por parte de la forma, a saber, que la forma no solamente se introduzca en instante e indivisiblemente toda, sino algo de ella continuativamente en tiempo y algo en instante.

De la unidad de la alteración.

Digo, pues, primero: La alteración en razón de movimiento es uno, incluye en cambio dos mutaciones, una corruptiva del término a quo, otra que es adquisitiva del término a quo.

Que se den estas dos mutaciones consta de lo que arriba dijimos tratando de la generación y corrupción, que importan esta doble mutación, y en la q. 14. de los Físicos art. 2., donde mostramos que estas mutaciones son necesarias para el movimiento, porque en aquel se hace tránsito de algo a algo y consiguientemente adquiriendo uno y corrompiendo otro. Que en cambio el movimiento sea uno es patente, porque es un solo tránsito y vía de sujeto a sujeto, es decir, de término positivo a término positivo, entre los cuales se encuentra latitud y distancia o contrariedad. Esta, en cambio, es una cuando solamente hay dos términos entre los cuales se ejercita. Así, en cambio, se encuentra en la alteración, puesto que es tránsito de un contrario a otro contrario; luego se da un solo movimiento. Y por la misma razón es una sola acción, porque es un solo agente y un solo paciente, y consiguientemente una sola procesión de causalidad.

Pero dirás: ¿Por qué de modo semejante la generación sustancial y la corrupción, que son dos mutaciones, no harán un solo movimiento como en las cualidades?

Se responde que también las mutaciones no hacen movimiento a menos que entre los mismos términos positivos se funde alguna distancia positiva o contrariedad que haya de vencerse, y no solamente ser o no ser que haya de mudarse. Cuya razón es que en la mutación, como es mutación precisa, solamente se intenta la adquisición de algún ser de nuevo, y consiguientemente por parte del término a quo solamente por sí pide no ser o privación. Si en cambio esta privación está conjugada a alguna forma positiva, esto será por accidente a tal mutación, en cuanto a saber aquella privación se encuentra conjugada a alguna forma. En cambio en el movimiento no solamente se intenta adquirir ser de nuevo, sino vencer la distancia entre los términos entre los cuales versa, y estos deben ser positivos. Pues entre privativo y positivo no se da latitud, porque sin medio se oponen como ser y no ser, y si algo se encuentra de medio, es en razón de algún positivo presupuesto; los contrarios, en cambio, tienen medio por el cual positivamente distan y se oponen. De donde, puesto que entre las formas sustanciales no se atiende alguna latitud de contrariedad, así como se encuentra en las cualidades, por el hecho de que de la participación de las formas sustanciales como de extremos no se participa ni se contempera algún medio, ni en una y la misma forma se encuentra el más o el menos, por ello no se encuentra distancia y contrariedad entre las formas sustanciales que funde movimiento así como entre las cualidades.

Segundo instarás contra la conclusión: Pues se sigue de ella que la intensión y remisión no sean dos movimientos, siendo así que en el art. 1. dijimos que aquellas son dos especies de movimiento.

La consecuencia se prueba: Pues cuando hay movimiento del calor como uno al calor como siete, allí hay intensión del calor que se adquiere, y remisión de la frigididad que se pierde; tanto, en efecto, se pierde de frigididad cuanto se adquiere de calor. Luego aquella mutación de la frigididad es remisión, y sin embargo es único movimiento, puesto que es solamente una vía y un solo término adquirido y uno perdido, de otro modo cuantas veces se intenta la cualidad habría dos movimientos, uno del menor calor al mayor, otro remisivo de la frigididad del mayor al menor.

Se responde que la intensión y remisión según sí son movimientos distintos así como la acrecentación y decrementación, el ascenso y descenso; y entonces son contrarios cuando versan acerca de la misma forma, v. g. intentando o remitiendo el calor. Cuando en cambio versan acerca de diversas formas, v. g. intentando el calor y remitiendo el frío, o se tendrán disparados aquellos movimientos, si las mismas formas no tienen orden y conexión entre sí, o se tendrán coordinados, si las mismas formas se tienen consecutivamente, de modo que una remita o expulse la otra. Por lo demás, cuando se encuentra movimiento de intensión que corrompe la frigididad o la atenúa, no es por sí movimiento de remisión, porque no es por sí minoración, sino de consecuente, en cuanto es corrupción del frío encontrado en el sujeto. Porque, sin embargo, esto es por accidente respecto de la intensión del calor, por ello aquel movimiento no se denomina remisión ni se hace por modo de movimiento, sino por modo de mutación que corrompe algo del frío de consecuente y por accidente, cuando se intenta el calor. El movimiento, en cambio, no toma su especie ni se constituye en razón de movimiento según aquello que es por accidente y de consecuente, sino según aquello que es por sí y se tiene por parte del término a quo, no por parte del término a quo solamente. Y por ello cuando se intenta el calor, aunque se dé remisión del frío, no es sin embargo movimiento de remisión, porque aquella minoración del frío precisamente se tiene por parte del término a quo como término mudado y destruido y que se tiene consecutivamente a la adquisición del calor, no como movimiento por sí minorativo cuyo término a quo sea la minoración del frío. Y por ello no es por sí movimiento de remisión, sino mutación destructiva del frío, no por sí minorativa y temperativa de aquel. Puede, en cambio, darse a veces intensión sin remisión del opuesto, como en la intensión de la luz, que ya supone las tinieblas expulsadas, y en la intensión de la caridad, que supone el pecado expulsado por su primera introducción; de donde no siempre la intensión está conjugada a la remisión, incluso por modo de mutación y hecha por accidente.

De la continuidad de la alteración.

Digo segundo: La alteración, que verdaderamente es movimiento, es continua, como se opone a lo discreto, si atendemos a la continuidad que se hace por extensión de la cualidad en las partes del continuo, o la que se hace según la duración del tiempo, o la que se hace por intensión de la forma.

Y decimos «como se opone al movimiento discreto», porque si tomamos lo continuo como dice razón de perpetuo y no cesante, así la alteración no es continua, sino que se termina e interrumpe frecuentísimamente. Así, pues, aunque la cualidad pueda producirse en instante, como cuando se hace la última disposición, sin embargo cuando se hace por verdadero movimiento, ni se hace en instante ni por muchas acciones instantáneas, de modo que entre instante e instante nada se produzca de cualidad, sino que solamente se disponga para que en el instante se haga la producción, como algunos sintieron. Sino que lo opuesto se tiene comúnmente, como puede verse en el Mag. Báñez sobre el 1. libro de la Generación al cap. 4. q. 6. de la Alteración, y en el Curso Carmelitano disp. 2. de la Alteración q. 10., Conimbricenses 1. de la Generación cap. 4. q. 2. art. 2. y otros.

Dos cosas, pues, hemos de probar: Primero, que la alteración no puede hacerse en instante, sino que tiene sucesión en la duración del tiempo. Segundo, que en la extensión o intensión de la cualidad no solamente en los instantes, sino también en el tiempo intermedio entre instante e instante se produce algo de cualidad, y no cesa la acción alterativa.

Lo primero está probado por nosotros en la q. 21. de los Físicos art. 2., porque el movimiento sucesivo no tiene ser en instante, porque por el mismo hecho de que es sucesivo no es indivisible. Toda sucesión, en efecto, dice parte después de parte, luego dice divisibilidad, luego no coexiste ni se mensura por duración instantánea.

Luego se deduce de la doctrina del Divino Tomás en la 1. p. q. 53. art. 3., como también allí adujimos, porque no puede permanecer que algún sujeto todo el tiempo repose bajo una forma y en el último instante de aquel tiempo esté bajo otra forma como mudado a aquella en el hecho de ser. Luego el movimiento nunca puede perfeccionarse en único instante, de modo que antes de aquel instante nada haya de movimiento y en el último instante haya movimiento y término del movimiento o mudado ser, porque no puede darse mudado ser a menos que preceda algún moverse, es decir, alguna tendencia a aquella forma que ha de adquirirse y a la opuesta que ha de expulsarse. Para que en cambio repose todo el tiempo antes, conviene que así esté bajo una forma que no esté en vía de corrupción a ella, ni de tendencia a otra, sino que así se tenga ahora como antes. Luego no puede permanecer que en el último instante algo esté mudado y todo el tiempo no preceda moverse, sino reposar.

Que también en las mutaciones instantáneas, si se hacen en orden y modo de naturaleza, aparece. Precede, en efecto, algún movimiento, sea por modo de disposición o por modo de aplicación, como es patente en la generación sustancial y en la iluminación. Pues la generación sustancial se hace dependientemente de la alteración precedente, que es movimiento. Y de modo semejante lo luminoso no ilumina naturalmente en este espacio donde antes no iluminaba, a menos que aquí se produzca de nuevo o aquí se aduzca de nuevo. Si se aduce de nuevo, precede movimiento local, si se produce de nuevo por generación natural, como si se hace fuego, precede alteración. Y así de modo natural nunca se pone algo bajo nueva forma, incluso en instante, a menos que preceda algún movimiento. Si en cambio por virtud divina algo se produce o se crea súbitamente sin alguna disposición o movimiento precedente, esto no pertenece al modo natural de operar, del cual hablamos en lo presente. Así también no es maravilloso que el cuerpo de Cristo se ponga bajo las especies del pan en algún instante, cuando antes no había ningún movimiento a aquello, porque esto se hace por virtud sobrenatural, no de modo natural. Y por esta razón prueba el D. Tomás en el lugar citado que el ángel no puede moverse en instante reposando todo el tiempo antecedente en otro lugar. Si en cambio el ángel existe en otro lugar por todo e íntegro instante sin ningún tiempo o movimiento reposando, conviene que otro sea el instante para la existencia en un lugar, y otro para la existencia en otro, de modo que en un lugar repose no todo el tiempo, sino todo el instante, y en otro instante esté en otro lugar. Pero entonces la desición de un lugar, que es en instante y por último ser, y la incepción de otro, que es en otro instante, no se mensura por único instante, sino por dos; y así aquel movimiento discreto no es en instante, sino en instantes. De donde nunca se verifica movimiento, incluso discreto, en único instante.

Lo segundo que ha de probarse en esta conclusión es que, si se da movimiento continuo con continuidad que se tiene por parte de la forma en este sentido, que si algo de la forma se produce en instante, algo también de ella se adquiere en tiempo, y no cesa la acción y continuación de la forma entre instante e instante; y así se niega por algunos esta parte. Se deduce, sin embargo, del D. Tomás en la 2. dist. 5. q. 2. art. 1., donde prueba que las disposiciones a la generación sustancial preceden en tiempo a la introducción de la forma, porque la alteración es movimiento continuo, y por ello su principio y medio preceden a la introducción de la forma; luego la alteración se da en tiempo, y no es discreta por instantes. La misma continuidad de la alteración por tiempo medio entre dos instantes pone el S. Doctor en el Quodlib. 9. art. 9. Y puede verse también en el 1. de la Generación lect. 24. acerca del texto 84. y en el 5. de los Físicos lect. 7. Y se toma del Filósofo en el mismo 5. de los Físicos texto 39., donde dice «que todo movimiento es continuo, y simplemente ciertamente uno y continuo es necesario que sea».

La razón, en cambio, es que o entre dos instantes se continúa algún movimiento, de modo que no cesa la acción ni reposa, o cesa entre instante e instante todo movimiento y acción productiva de cualidad. Si lo primero, luego aquel movimiento y flujo entre instante e instante no puede entenderse sin alguna forma fluyente, que en el instante ciertamente tenga mudado ser, o en el hecho de ser se haga, en el tiempo en cambio o movimiento se hace en el hacerse y moverse, porque el movimiento no es fuera de las cosas a las cuales es movimiento. Y así si realmente se da movimiento entre instante e instante, realmente se da forma con la cual se identifica como con término fluyente y sucesivamente transeúnte de no ser a ser. Si se dice lo segundo, es imposible, porque si en este instante se da cualidad producida e inmediatamente después cesa el movimiento, y en el siguiente instante se da algo producido, aquello no será adquirido por movimiento ni por alteración, que es movimiento, sino por otra acción distinta de la sucesión y movimiento, que no aparece cuál sea. Luego, porque entre instante e instante el agente está debidamente aplicado para actuar y el paciente capaz de recibir, y no impedido, no menos que en el siguiente instante, porque como suponemos, ni el paciente está mudado entre instante e instante de su disposición, ni el agente de su actividad, ¿cómo, pues, se suspende de actuar entre instante e instante? Finalmente, en el movimiento local no cesa alguno de moverse entre instante e instante, porque paulatinamente de un lugar a otro se transita por el medio y se vence la distancia entre dos lugares; luego de modo semejante la distancia y contrariedad de las cualidades y de su intensión debe vencerse por sucesión y continuación del movimiento produciendo algo entre instante e instante.

Ni puede decirse que entre instante e instante el agente produce algo, pero no la forma, v. g. el calor, sino alguna disposición al calor, v. g. la rareza o algo semejante. Sino contra: Pues además de que al calor no se da disposición, puesto que ella misma es primera cualidad, todavía dado esto el mismo argumento se hace de aquella disposición. Pues o es cualidad o no. Si no es cualidad, no es asignable qué sea y a qué predicamento pertenezca, o si es modo de la misma cualidad, qué modo sea además de la intensión y remisión; estos, en efecto, si se producen en el tiempo, ya el movimiento de intensión será continuo. Si, en cambio, aquella disposición es cualidad, v. g. la rareza, luego ya alguna cualidad se produce entre instante e instante y consiguientemente la misma razón habrá del mismo calor.

Dirás: Aunque en la intensión de la cualidad el movimiento sea continuo y se produzca algo entre instante e instante, sin embargo cuando la alteración es de una cualidad a otra, v. g. entre blanco y negro, ¿qué de cualidad se produce entre instante e instante, puesto que la cualidad media no se produce divisiblemente, sino indivisiblemente, es, en efecto, especie verdadera de cualidad que tiene ser indivisible y termina el mutado ser? Se responde que cuando se transita de lo blanco a lo negro por cualidad media, v. g. por lo pálido, entonces entre instante e instante se hace lo pálido imperfectamente, en cuanto comienza la blancura a deflorescere y a deficir de su perfección y es blancura en corromperse, lo cual es lo pálido en hacerse. Y esto se hace entre instante e instante, porque tiene latitud aquella corrupción de la blancura y adquisición de la palidez, y así según algo de latitud se hace en el tiempo, y en el hecho de ser se consuma en algún instante.

De los indivisibles de la alteración.

Puesto que el continuo consta de partes conexas, que ciertamente por algunos indivisibles se continúan, conviene explicar cómo en las cualidades y en la alteración sucesiva se dan estos indivisibles.

Se responde que según diversos modos de indivisibilidad en la cualidad deben considerarse sus indivisibles. Hay, en efecto, que encontrar la divisibilidad de extensión en razón del sujeto cuanto, y la divisibilidad del movimiento en razón de la sucesión, y finalmente la divisibilidad de la forma según más y menos en la intensión y remisión.

Cuanto al primero, así como los accidentes tienen extensión cuantitativa mediante la cantidad, que afecta a la sustancia y la extiende y a los accidentes que en ella están, así mediante la cantidad se rinde la cualidad extensa y divisible, y consiguientemente mediante ella misma tendrá también indivisibles que continúan tal divisibilidad cuantitativa. Y así como la sustancia no tiene divisibilidad ni indivisibles a menos que mediante la cantidad, como se probó en el 6. de los Físicos q. 20.10 y en la q. 16. de la Lógica,11 así ni la cualidad y otros accidentes materialmente extensos tienen indivisibles de esta extensión a menos que mediante la cantidad; es, en efecto, la misma razón de ellos y de la sustancia cuanto a esto.

Cuanto al segundo decimos que en la alteración, en cuanto es movimiento, se dan indivisibles así como en otros movimientos, a saber, que los indivisibles son los mismos mutados ser en la sucesión de la cualidad, que terminan o continúan la misma sucesión del movimiento, como explicamos en la q. 20. de los Físicos art. 1.12 Este mutado ser, en cambio, como se toma del D. Tomás en la 1. p. q. 53. art. 3., se explica por esto, que el móvil no esté en la misma disposición en cualquier instante de aquel tiempo, en el cual se mueve. Y así, en cuanto aquella disposición está en el hacerse, se dice estar en moverse, en cuanto terminativamente está en el hecho de ser, se dice mutado, y entonces es otra disposición. Y así sea que este mutado ser consista en algún indivisible, en el cual se finita y termina, sea en algún otro modo o razón, sin embargo aquello constituye formalmente el mutado ser, que constituye al móvil en otra y otra disposición terminativamente y en el hecho de ser, de modo que todas las partes, que están en el hacerse por tiempo, estén en el instante en el hecho de ser, y de aquel hecho de ser se siga otro hacerse de otra parte, que en el hecho de ser esté en otro instante, hasta el último, en el cual se sista. La cualidad, pues, así induciendo diversos mutados ser constituye diversos indivisibles sucesivos del movimiento de alteración.

Cuanto al tercero, a saber, de los indivisibles de la misma cualidad o forma, que se adquiere por alteración, puede haber dificultad o dentro de la misma cualidad, cuando se intensifica o se remite, si esta latitud de intensión o remisión, que es divisible, por algunos indivisibles deba continuar y copular sus partes. Y de esto pertenece a la cuestión siguiente, donde de la intensión y remisión de las cualidades trataremos.

Puede también haber dificultad, si en la misma latitud o distancia, que se encuentra entre dos cualidades contrarias, por la cual se hace tránsito de una a otra (como entre blanco y negro se pone lo pálido, verde, cerúleo etc.), si también han de ponerse indivisibles, por los cuales esta latitud y distancia, que es divisible, se coaumente. Pero sin embargo en esto no aparece razón alguna de constituir indivisibles, porque estas especies no son continuas entre sí ni tienen partes de la misma razón, que necesiten copularse por diversos indivisibles; son, en efecto, diversos colores u otras cualidades medias. Entre la especie de color se da latitud de color imperfecto e incoado a otro color medio perfecto, y de aquel a otro hasta el extremo con corrupción del anterior, que se expelle. Y entonces no se adquiere algún indivisible copulativo de partes, sino cierta especie determinada y cierta, que sin embargo, porque es media e imperfecta, prepara vía y tránsito a otra, que de la temperatura y mediedad de otra surge, y por ello hace latitud que ha de vencerse por el movimiento, no que ha de copularse por indivisibles.

Se solucionan los argumentos.

Primero objetarás contra la continuidad de la alteración: El movimiento de alteración en la intensión no puede ser continuo; luego falsa es la conclusión, que habla de toda alteración. El antecedente se prueba: Pues aquello que se produce por tal movimiento, es algún modo de mayor y mayor radicación en el sujeto. Tales modos, en cambio, son indivisibles en sí, como en la cuestión siguiente se probará, luego no pueden terminar el movimiento, porque a terminarlo se requiere alguna divisibilidad y latitud en el término, de modo que a la parte del movimiento corresponda parte del término y al indivisible del movimiento indivisible del término.

Se confirma, porque cualquier parte del movimiento verdadera y propiamente algo produce. Luego conviene que en el mismo término del movimiento algo a cualquier parte del movimiento corresponda, y así tenga partes anteriores y posteriores. Luego si cualquier grado es algo indivisible, al menos formalmente todo se produce por la primera parte del movimiento, y así nada se dejará a la otra parte o mediedad, que produzca.

Se responde que no repugna que las partes del movimiento se terminen a algo indivisible, en cuanto es término de las partes, así como las partes de la línea se terminan por indivisible, y de modo semejante en el movimiento todas las partes del movimiento se terminan por el mismo mutado ser, por el hecho de que todas las partes del movimiento se tienen en el hacerse respecto de aquel. Es más, todo término debe ser indivisible y terminar partes divisibles, no que a cualquier una singularmente inhiere y adecuadamente, sino inadecuadamente a alguna indesignada, como dijimos en la q. 20. de los Físicos art. 2.,13 y así aunque no se adecúe a aquellas informativamente, se adecúa sin embargo terminativamente, porque de todas ellas es término. Así, pues, en la cualidad, cuando se intensifica, se adquiere algún grado o término por el movimiento, que aunque en sí sea indivisible como término, virtualmente sin embargo dice divisibilidad, según que presupone partes y de ellas es término. Y así no se requiere divisibilidad en el término según sí y formalmente, sino en razón de las partes, que termina y que sucesivamente conviene adquirirse por el movimiento.

A la confirmación se responde que cualquier parte del movimiento produce algo, a saber, aquel mutado ser, no sin embargo cualquier parte del movimiento produce aquel adecuadamente. Aunque, en efecto, aquel término indivisible sea en sí, es sin embargo terminativo de varios, que bajo él pueden estar y a él miran como hecho ser suyo. Que si tuviera partes anteriores y posteriores, no sería término de ellas, sino comparis. Ni la primera parte del movimiento produce todo el indivisible o mutado ser, tanto porque allí no se da primera parte del movimiento, donde todas son indesignadas y confusas; tanto porque aquella mediedad produce el término inadecuadamente, es decir, como parcialmente hacerse de aquel, no íntegro hacerse de él.

Segundo se argumenta: Porque en la alteración e intensión no hay un solo término solamente, sino varios, que por continua la misma acción se adquieren; luego no puede ser un solo movimiento, porque no hay un solo término, del cual se tome la unidad. El antecedente es patente, porque mientras se continúa el movimiento de alteración, varios términos se producen, v. g. varios grados en la intensión o varias cualidades medias en la alteración de una especie a otra. Luego el término no es uno, y consiguientemente ni el movimiento y así ni será continuo.

Se confirma, porque si la alteración fuera movimiento continuo y durara v. g. por una hora, al fin de la hora habría infinita cualidad producida, porque hay infinitos instantes y consiguientemente infinitos mutados ser. Luego si se hace intensión por toda aquella hora, se alcanzan aquellos infinitos, de los cuales cualquiera aumenta la intensión y el grado, y consiguientemente al fin de la hora la cualidad se rendiría infinita.

Se responde que en la alteración continua se da un término adecuado, aunque varios inadecuados. Tiene, en cambio, unidad el término adecuado en razón del último, en el cual se sista el movimiento y al cual los demás se ordenan, así como en el movimiento local, cuando varios lugares se alcanzan hasta el último, de aquel último se toma la unidad continuada de tal movimiento, y por ello simplemente es uno, porque simplemente se termina en uno, como más ampliamente dijimos en la q. 19. de los Físicos.14 Así, pues, en cualquier instante puede adquirirse diverso lugar inadecuado. Entre instante, en cambio, e instante se hace tránsito de lugar a lugar y entonces se dice estar en el lugar como en mudarse, no en mutado ser, de lo cual allí más ampliamente dijimos.

A la confirmación se responde imprimis que aquel argumento procede, incluso si la alteración es movimiento discreto, porque así como dentro de una hora hay infinitas partes divisibles, así hay infinitos instantes indivisibles del mismo modo, por el cual partes infinitas. Y por ello aunque entre instante no haya movimiento ni acción, permanece la misma dificultad, cómo en infinitos instantes, que se incluyen dentro de la hora, se haga aquella intensión de la cualidad, y no sean infinitos. Respóndase, pues, que aquella infinitud de aquellos instantes y de partes infinitas, que en cualquier continuo se incluyen, es infinitud en potencia, y no en acto, porque es infinitud, que se incluye y se consume en partes alícuotas y finitas, y por ello es algo finito en acto y solamente infinito en potencia, como más ampliamente mostramos en la q. 15.15 y 20. de los Físicos.16 Así, pues, para que sea infinito en acto, conviene que conste de partes infinitas alícuotas, porque deben ser iguales a un tercero, y no comunicantes entre sí. Aquellas, en cambio, partes infinitas son proporcionales e indesignadas y entre sí comunicantes, como en los lugares citados explicamos. Y del mismo modo se tienen los instantes o indivisibles, que con las partes mismas y a su modo se multiplican en el continuo. De donde solamente de ellos resulta infinito en potencia, esto es porque puede designarse de cualquier parte en infinito la divisibilidad del todo, y así de ello, que toda la hora dure la intensión, solamente se sigue que la cualidad tendrá infinitas partes en potencia, y de modo semejante indivisibles, finitas, en cambio, en acto, como incluidas dentro de términos finitos de una hora.

Tercero se argumenta: Porque si la alteración es movimiento continuo, no podrá comenzar por primer ser, sino por último no ser, así como otros movimientos; esto, en cambio, es imposible, luego.

La menor se prueba, porque si comienza por último no ser, es verdadero decir: «Ahora el agente no altera, inmediatamente después alterará». En aquel, pues, ahora o el agente está debidamente aplicado al paciente, y entonces no hay razón, por qué no actúe puesta aquella aplicación, o no está debidamente aplicado, y entonces ni inmediatamente después actuará, porque inmediatamente después no puede completarse toda la aplicación, porque es divisible, puesto que se hace por movimiento y en parte divisible, y así inmediatamente después no estará totalmente aplicado en el hecho de ser, luego ni se seguirá la acción. De modo semejante también es inconveniente que la cualidad, que es cosa permanente, no comience por primer ser, principalmente puesto que es disposición determinada y en ella debe asignarse mínimo, y consiguientemente algo cierto y determinado, y por ello debe comenzar por primer ser. Finalmente se confirma, porque esta parece ser la mente de Aristóteles en el 8. de los Físicos texto 23.,17 donde dice «que decir que se altera lo continuo, es adversar a las cosas perspicuas», y subjunta «que la alteración no se hace por partes así como la congelación, sino súbitamente así como la cavación de la piedra por la última gota», la cual consta no ser movimiento continuo. Y lo mismo afirma S. Tomás sobre el mismo lugar lect. 5.18 y en el 6. de los Físicos lect. 5.19 y en el 2. Contra Gent. cap. 49. y en otros lugares.

Se responde que sin duda la alteración, así como también otros movimientos, y la cualidad por ella producida comienza por último no ser. Y a la prueba se dice que sea que la aplicación del agente al movimiento se haga en el instante sea que no, sin embargo el estar aplicado de hecho pertenece al mutado ser y está en el instante. En aquel, sin embargo, no comienza intrínsecamente, y así no bien se sigue: «El agente está aplicado de hecho en este instante, luego en este instante intrínsecamente es acción o movimiento». No, en efecto, se sigue que la acción esté en este instante intrínsecamente, a menos que la acción misma sea instantánea, sino que basta que comience extrínsecamente, porque inmediatamente después será. Por lo cual no es necesario que el movimiento se siga al mismo estar aplicado a menos que según su naturaleza, de modo que, si algo está aplicado en el instante, el movimiento no se dará en el instante intrínsecamente, sino inmediatamente después, y así en aquel instante comenzará extrínsecamente, así como lo grave cuando se genera hacia arriba, en el mismo instante comienza a moverse no intrínsecamente, sino extrínsecamente. De hecho, sin embargo, no se da primer estar aplicado, así como ni primer mutado ser en el movimiento; la aplicación, en efecto, por movimiento se hace.

Que, en cambio, se dice que la cualidad es cosa permanente y así debe comenzar por primer ser, distingo. Es cosa permanente, cuando está en el hecho de ser determinadamente, concedo; cuando está en flujo y hacerse, niego. O segundo: Es cosa permanente que comienza de modo permanente, niego; que comienza de modo fluente y sucesivo a modo de movimiento, pase; y entonces se acomoda al mismo modo de hacerse, que es por movimiento, no al modo propio de ser, que tiene en el hecho de ser. La cualidad, sin embargo, que es disposición a la forma sustancial bajo aquel estado de disposición, debe decir algo determinado, principalmente hablando de la disposición última. Pues otras pueden tener latitud e indivisibilidad, y así aquella comenzará en el instante, y no por modo de movimiento.

A la confirmación se responde que Aristóteles y el D. Tomás en los lugares citados solamente intentan contra algunos antiguos filósofos, que ponían que todas las cosas siempre se mueven y nunca reposan, que la alteración no es movimiento continuo, es decir, no perpetuamente dura, no sin embargo que, mientras dura, sea discreto. Cuando, en cambio, dice que la alteración no se hace por partes, sino súbitamente, se entiende de la alteración por el último efecto y disposición, no absolutamente y según sí.

Quaestio IV: De la intensión y remisión

Articulus I: Qué es la intensión y remisión, y en qué formas se encuentra

Articulus II: Si la intensión se hace por adición de grado a grado o por mayor radicación en el sujeto

Articulus III: Se expiden los argumentos contra la sentencia propuesta

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