Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars philosophiae naturalis (de ente mobili corruptibili) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-II.
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Praefatio I: A los lectores
Dedicatio I: Dedicatoria
Prooemium I: Proemio
Liber I: Acerca del libro primero de la generación y corrupción
Quaestio I: De la generación sustancial
Articulus I: Qué es la generación comúnmente dicha y la generación propia de los vivientes
Articulus II: Con qué principios la filosofía alcanza que se da generación sustancial
Toda la dificultad entre los antiguos filósofos acerca de la investigación de la generación sustancial consistía en esto, que no podían entender la materia prima, que estuviera en potencia al ser simplemente, y sin embargo en sí fuera ente en la cosa. Y consiguientemente no podían entender la forma sustancial, que diera ser simplemente a la materia, a saber, el mismo primer ser. Así, en efecto, la materia de sí carecería de todo ser, y consiguientemente no sería ente; de no ente, en cambio, no se hace ente, porque de nada nada se hace, como ampliamente trata el Filósofo en el 1. de los Físicos1 y en este libro 1. de la Generación2 y en el 11. de la Metafísica cap. 6.3 Y así dijimos en la q. 3. de los Físicos,4 que a menos que se ponga que la materia así es ente en potencia, que carezca de todo ser entitativo de sí, por esto mismo carecemos de todo principio para mostrar que se da forma sustancial, que dé el primer ser, que es ser simplemente y sustancial.
Por lo cual o de esto se hace manifiesto en Aristóteles y el D. Tomás, quien lo sigue, que del todo desconocido fue que la materia prima tuviera de sí acto entitativo y existencia incompleta, por el hecho de que los antiguos estimaban que la materia era no ente y del todo nada, por esto mismo que fuera ente en potencia, como consta del Filósofo en este 1. libro de la Generación texto 12.,5 donde dice «esto máximamente temieron los filósofos antiguos en asignando la generación sustancial, que de nada preexistente algo se generara». Lo cual explicando el D. Tomás allí lect. 6. alrededor del fin6 dice «que máximamente temieron los primeros filósofos, que algo se generara de nulo preexistente; que, en efecto, no es ente en acto, nada es. Así, pues, parece que no podría haber generación simplemente de este modo, que la sustancia se generara de no ente en acto, ente en cambio en potencia». Estimaban, pues, los antiguos que la materia por esto mismo, que fuera ente en potencia, era nada, y consiguientemente carecía de acto entitativo o existencia parcial. Si, en efecto, tuviera aquella, bien estaría que la materia fuera ente en potencia respecto de las formas, y sin embargo no fuera nada, porque para que sea nada, de toda existencia debe carecer incluso parcial. Los filósofos antiguos, en cambio, inferían que si fuera ente en potencia, y no en acto, era nada; luego estimaban que carecía de todo ser, incluso parcial, si fuera ente en potencia. Aristóteles, en cambio, rechazando esta sentencia de los antiguos no dice que la materia tenga acto entitativo o existencia, aunque esté en potencia a las formas, sino que dice que la materia no es nada, sino que existe, en cuanto está bajo diversas formas, en razón de lo cual la generación de uno es corrupción de otro, y así la generación se hace por sí de ente en potencia, por accidente en cambio de ente en acto, porque a la generación por accidente es que haya existido la materia bajo esta o aquella forma, que se corrompe, por la cual tiene ser en acto, como enseña en el 1. de los Físicos texto 66.7 y en el 1. de la Generación texto 17.,8 como explica allí el D. Tomás lect. 7. alrededor del fin.9 Si, en cambio, la materia, como concurre a la generación por accidente, es ente en acto, es decir, por la forma que se corrompe, manifiestamente supone Aristóteles que la materia de sí no tiene acto entitativo o existencia parcial, de otro modo se haría generación de ente en acto por sí, porque no por la forma, sino por su entidad sería existente o ente en acto.
Por lo cual el principio para mostrar contra los antiguos filósofos, que se da generación sustancial, y que se introduce forma sustancial en la materia, solamente de doble capítulo se toma: Primero del ser, que discierne la sustancia del accidente, a saber, el ser por sí, que es primero y substanciante a los otros, porque si se da generación sustancial, debe dar ser por sí e introducir forma, que dé tal ser. Segundo se toma el principio de la corrupción sustancial, que se opone a la generación. Si, en efecto, esta se da, también la generación sustancial.
Primero, pues, procediendo de este modo necesariamente ha de tomarse por principio que la materia sea ente en potencia sin ningún acto entitativo, porque la generación sustancial se supone ser aquella por la cual se adquiere ser sustancial o se hace ente simplemente. Y porque los antiguos decían que cualquier cosa que es ente, debe ser ente en acto, consiguientemente inferían que si la generación supone algún ente por sujeto, debe suponer ente en acto, y así ninguna generación se da, que pueda hacer el mismo ser sustancial, es decir, el primer y fundamental ser, que es sustancial. Puesto, pues, que según los principios de Aristóteles admitimos que de nada nada se hace, y de nuevo, que la generación sustancial hace ente simplemente dando el mismo ser primero y sustancial, conviene decir que el sujeto, del cual se hace la generación sustancial, a saber, la materia prima, ni sea nada ni sea ente en acto de sí, sino en potencia por sí y en acto por otro, a saber, por la forma.
Si, en cambio, una vez se pone que la materia de sí es ente en acto y existente por acto entitativo, no puede probarse contra los antiguos que la forma que le adviene sea sustancial, y que la generación sea sustancial dando el primer e íntegro ser, a menos que se pruebe contra ellos que aunque se suponga ser parcial en la materia, puede por la forma adveniente a ella resultar ser sustancial, y las partes mismas sustancialmente conjugarse. A esto, en cambio, no se da principio en Aristóteles ni puede darse, a menos que se pida el principio. Ni, en efecto, puede constarnos contra los que niegan la generación sustancial y la forma sustancial, como negaban los antiguos diciendo que la materia es toda la sustancia de la cosa, no, digo, puede constar que alguna forma y acción sean sustanciales a menos que en razón del mismo ser sustancial (es decir, primero y substanciante a todos), que prestan. Si, en cambio, presuponen algún ser parcial en la materia, se ocuye esta vía y se enerva este principio. ¿De dónde, en efecto, se probará que aquel ser, que da la forma, es primero y sustancial, si supone otro en la materia, al cual adviene? Y si se dice que aquel ser parcialmente, esto restaba probarse y es pedir el principio; negaban, en efecto, los antiguos que se diera forma sustancial, sino que la materia era toda la sustancia de la cosa. ¿De dónde, pues, se prueba que aquellas parciales de la materia prima y de la forma así hacen uno, que constituyan generación simplemente? Así como si se produce alguna parte integral y se conjuga a otra que ya tiene ser, aquella mutación será aggeneración, y no primera generación, porque supone algún primer ser, así si en la materia se supone ser y la forma producida le añade otro ser, aunque sea parcial, no puede probarse que sea generación simplemente, porque del mismo primer ser, de donde debe probarse esta sustancialidad, no se prueba, puesto que se supone algún ser en la materia. Y así dirían los antiguos que la forma no da el primer ser y el ser simplemente, sino adición o aggeneración al ser presupuesto.
En nuestra sentencia, en cambio, siendo solamente un ser, que por la forma como por principio conviene al compuesto y actualiza la materia, lo mismo es dar ser al compuesto por la forma, y dar el primer ser y el ser simplemente. De otro lugar, en cambio, no se prueba contra los antiguos que estas dos partes sean sustanciales, a saber, la materia y la forma, a menos que o se suponga que se dan tales partes, lo cual ellos negaban, y así sería pedir el principio, o se pruebe que son sustanciales, de ello que son necesarias a la generación y corrupción, y esto de nuevo es lo que ellos negaban, a saber, que se diera generación y corrupción sustancial, sino solamente alteración, que hiciera aparecer o ocultar formas latentes. Por lo cual a menos que se diga que la forma da el mismo primer ser y consiguientemente la materia así está en potencia a la forma, que ningún ser en sí suponga, sino que todo lo tenga por la forma, no se prueba la generación sustancial contra los antiguos.
Del segundo principio se prueba que se da generación sustancial, a saber, de la misma corrupción. Consta, en efecto, que se da corrupción sustancial, luego debe darse generación.
La consecuencia es buena, porque si las formas, cuando dejan de ser, sustancialmente se corrompen, luego cuando comienzan, sustancialmente se generan, y no solamente aparecen de nuevo, de otro modo cuando dejan de ser, solamente se ocultarían. El antecedente, en cambio, se prueba, tanto porque si no hubiera corrupción sustancial, toda sustancia sería incorruptible en el ser sustancial; tanto porque si la forma no se corrompe, sino que permanece en la materia o no se distingue de la materia, luego también permanecerán sus propias pasiones; ni, en efecto, hay por qué salvemos las propias pasiones permaneciendo la forma y la naturaleza, de la cual son. Consta, en cambio, que cuando el animal muere, no permanecen las potencias sensitivas en la tierra o en el fuego, en el cual se convierte. Ni puede decirse que permanecen allí estas potencias, pero impedidas y latentes; así, en efecto, si en el fuego v. g. está la potencia de ver y oír, pero sin embargo impedida, el fuego sería ciego y sordo, porque tiene estas potencias con impedimento. Tanto finalmente consta que se da corrupción sustancial en el hombre, porque muerto él el alma permanece separada del cuerpo, de otro modo no moriría el hombre, si permaneciera el alma unida a la materia, y el hombre sería incorruptible sustancialmente; ni, en efecto, el alma late en la materia ni se educa, sino que viene de fuera. Recediendo, pues, el alma conviene que en la materia comience a ser nueva forma por verdadera generación, puesto que la forma, que tenía, sustancialmente está separada de aquel.
Otras pruebas suelen aducirse por otros autores, que contra los antiguos poco tienen de eficacia, v. g. que la materia prima está en potencia pasiva a todas las formas, que se dan diversas formas sustanciales, que diversos accidentes y operaciones deben seguirse a diversas formas, por el hecho de que la materia de sí es indiferente a todas.
Estas, en efecto, piden el principio, porque esto era lo que ellos negaban, a saber, que se dieran formas sustanciales, o que los accidentes se siguieran a la forma de nuevo adveniente, sino de nuevo apareciente en la materia, en la cual según sí latía, por el hecho de que decían que la materia era ente en acto, y no necesitaba forma sustancial que le diera el primer y sustancial ser, sino que supusiera la existencia de la materia; y así toda forma de nuevo adveniente será accidental, porque no le convendrá la propia razón de sustancia, que importa el primer ser, que es substanciante a los otros. Por lo cual a menos que se afirme que la materia es ente en potencia de tal modo, que también el primer ser lo tiene por la forma, estas pruebas se evacúan.
Contra la generación sustancial así explicada pocas cosas hay que hagan dificultad. El argumento, en efecto, de los antiguos, por el cual se movían, no tiene fuerza. Decían, en efecto, que no puede darse forma, que dé el primer ser, cual debe ser sustancial; así, en efecto, aquella forma adveniría a sujeto que no tiene ningún ser, puesto que la forma da al sujeto el primer ser, luego aquel sujeto es nada, y así simplemente algo se haría de nada, lo cual es no generarse, sino crearse.
A esto se responde de la doctrina de Aristóteles y del D. Tomás, que la materia prima ni es nada ni es ente en acto o existente por sí y en razón de propia entidad, sino que es existente por otro, a saber, por la forma, y así de sí es ente capaz de existencia así como de la forma, aunque no sea la misma forma ni la misma existencia. Que, en cambio, es capaz de existencia, verdaderamente es ente, y no es nada como contradictoriamente se opone al ente, porque nada ni por sí ni por otro es capaz de existencia; la materia, en cambio, como sujeta a la forma verdaderamente existe, no en cambio sin forma. Es más, también el mismo compuesto sustancial sin modo de subsistencia y sin accidentes no existe ni opera.
Segundo objetarás: Porque en la misma sustancia, que se genera, solamente se encuentra esencia y existencia. La esencia no puede hacerse, puesto que removida la existencia no permanecen sino predicados esenciales, que son de verdad perpetua e independientes del tiempo. La existencia, en cambio, no es sustancia, sino que es algo accidentalmente conveniente a la sustancia, supuesto que de ella se distingue. Es más, y la misma acción generativa es accidente del predicamento de la acción, luego su término es accidente.
Se responde que la esencia no se hace ni se produce por parte de la conexión esencial de los predicados tomada objetivamente; así, en efecto, objetivamente es de verdad eterna. Pero subjetivamente como en sí existente se produce la misma esencia y sustancia, como sujeta a la existencia, de modo que la esencia se tiene como cosa existente, la existencia en cambio como aquello por lo cual existe, como término actual de la producción y del ser fuera de las causas. Y aunque la existencia se diga accidentalmente convenir, no sin embargo como accidente predicamental, sino accidentalmente predicablemente como modo o término de la sustancia, porque se reduce a su predicamento. Realmente, sin embargo, la esencia misma se produce como sujeta a la existencia, no separadamente de ella, así como ni separadamente de la producción, sino por ella; y la naturaleza no se produce separadamente del compuesto o supuesto, sino en él. La esencia, en cambio, como se sujeta a la existencia, es algo temporal, y no eterno ni de verdad eterna, porque por acción temporal se da la existencia y la sujeción de la esencia a la existencia. La generación, en cambio, es accidente del predicamento de la acción formalmente, pero terminativamente mira la sustancia, por el hecho de que sale de la potencia generativa en virtud de la sustancia; y por ello es accidente, y sin embargo tiende a producir la sustancia.
Finalmente se argumenta: Porque si una generación sucede a otra, se sigue que varias cosas de especie diversa participan la misma materia, y por ello no serán sustancialmente y de toda parte diversas. De modo semejante también la materia pertenecerá a diversas especies, ahora a una, ahora a otra, según que hayan sido diversas formas, a las cuales se une; y así no permanecerá simplemente la misma, puesto que la actualidad y la especie la toma de la forma.
Se responde que no es inconveniente que cosas de especie diversa tengan materia común, así como tienen, no sin embargo simultáneamente informando, sino sucesivamente, porque la materia así es capaz de todas las formas y en potencia a ellas. Y así no comunican en la misma materia en número, sino la misma materia según potencialidad sirve a diversas formas en diversos compuestos, sucesivamente una forma excluyendo a otra y constituyendo diverso compuesto, lo cual no es inconveniente. Ni conviene que la materia participe por información diversas especies de formas y constituya diversos compuestos sucesivamente, porque está en potencia a ellas, de sí en cambio no tiene sino entidad potencial, la cual ciertamente de la forma no recibe, sino recibiendo en sí las formas se actualiza por ellas y se reduce en acto a aquella especie, de la cual se informa. Puesto que, en efecto, la materia es parte de la especie y del compuesto, que constituye, a muchas especies puede reducirse en acto, por el hecho de que a todas está en potencia.