Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars philosophiae naturalis (de ente mobili corruptibili) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-II.
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Praefatio I: A los lectores
Dedicatio I: Dedicatoria
Prooemium I: Proemio
Liber I: Acerca del libro primero de la generación y corrupción
Del origen y destrucción de las cosas en común
Suma del texto del libro primero de Aristóteles de la generación y corrupción
El intento de Aristóteles en este primer libro es disertar del origen y destrucción de las cosas en común y de aquellas cosas que se siguen o acompañan a la misma generación. En el segundo libro, en cambio, trata de lo generable y corruptible en particular, a saber, de los elementos, que son los primeros cuerpos generables, y de los mixtos, que se componen de aquellos primeros.
Acerca de la generación en común distribuye diez capítulos en este orden: En los dos primeros refiere las sentencias de los antiguos acerca de la generación y corrupción y la distinción de ellas respecto de la alteración. En los dos siguientes declara su sentencia. Desde el quinto capítulo hasta el décimo trata de aquellas cosas que acompañan o se siguen de la generación, como del aumento y de la nutrición, de la acción y reacción, del contacto y de la mixtión.
Suma del cap. 1
En este capítulo pretende el Filósofo refutar dos opiniones de los antiguos acerca de la diferencia de la generación y de la alteración; en el siguiente capítulo, en cambio, otras dos acerca del modo en que decían algunos que se hacía la generación. Las opiniones, pues, de los antiguos que refuta en este primer capítulo son dos:
Primera de aquellos que ponían que solamente hay un principio de las cosas naturales y que aquel es ente en acto. Estos, en efecto, no podían distinguir la generación de la alteración.
Segunda opinión fue de aquellos que ponían varios principios. Los cuales, ciertamente, podían poner la generación sustancial distinta de la alteración, pero de hecho no la ponían, porque decían que las mismas cualidades son formas de los elementos, como el calor y el frío, pero negaban que un elemento pueda convertirse en otro, porque no ponían que aquellos están compuestos de materia y forma, sino que son primeras materias no resolubles en otros principios. Especialmente arguye a Empédocles de que se contradijo a sí mismo, porque por una parte negaba que un elemento se generara de otro según la sustancia, y por otra ponía que todas las cosas desde el principio habían sido una por confusión y caos, como si la amistad las confundiera todas. Lo cual no podía ser sin corrupción, o si no había corrupción y generación, ¿cómo de aquel uno emergían varios diversificados?
Suma del cap. 2
Dos cosas hace Aristóteles en este capítulo: Primero propone otras dos opiniones de los antiguos acerca del modo de la generación sustancial; segundo, disputa especialmente contra la segunda y resuelve su razón.
En cuanto a lo primero enseña Aristóteles que ya entonces era opinión común que la generación y la alteración se distinguían, y que la generación se hacía por congregación de algunos así como la corrupción por disgregación, y la alteración en cambio por transmutación de algunas pasiones. En la asignación, en cambio, de la congregación de la cual se hacía la generación, una era la opinión de Platón, otra la de Demócrito y Leucipo. Pues Platón decía que la generación se hace por congregación de superficies o líneas; Demócrito, en cambio, por congregación de átomos o cuerpos indivisibles.
En cuanto a lo segundo pone la razón de Demócrito y la resuelve.
La razón era esta: O los cuerpos naturales se componen de cuerpos indivisibles o de divisibles. Si lo primero, se tiene lo intentado. Si lo segundo, luego aquellos divisibles podrán dividirse de nuevo, y así si se hace totalmente toda división posible, entonces aquello hecho o lo que permanece será cuerpo divisible, y esto no, porque suponemos hecha toda división; o será nada, y así el cuerpo se compondría de nada, pero de nada nada se hace; o serán puntos, y esto es imposible, porque de otro modo el cuerpo se compondría de solos puntos, pero el punto añadido al punto no hace mayor, puesto que carece de cantidad; o finalmente se resolverá en cualidades, y esto no, porque de otro modo el cuerpo constaría de solas cualidades, y las cualidades así resueltas estarían separadas del cuerpo.
Responde Aristóteles que el cuerpo es divisible en otros divisibles sucesiva y sincategoremáticamente y en potencia, pero no puede toda división estar puesta en acto, sino que así se divide algo en acto que todavía permanece divisible, así como decimos que de la materia del aire pueden generarse diversas cosas, pero no simultáneamente; siempre, en efecto, permanece en potencia hacia algo. Por último muestra que la generación natural no se hace por congregación de diversas cosas, porque la generación no se hace por posición y situación de las partes como los artefactos, como la nave o la casa, sino porque este todo se disuelve y se genera otro todo.
Suma del cap. 3
Tres cosas hace Aristóteles en este capítulo: Primero inquiere si se da la generación simplemente, es decir, aquella por la cual se hace el ente simplemente y sustancialmente. Segundo propone dos dudas necesarias para la resolución de la cuestión. Tercero resuelve la cuestión principal.
Acerca de lo primero pone la razón de dudar, porque si se hace el ente simplemente, debe hacerse de su contrario, a saber, del no ente simplemente. Esto, en cambio, es imposible, porque aquello de lo cual se hace algo existe en aquello que se hace, y se predica de él, así como la madera de la cual se hace el arca está en el arca y se dice de ella, y así el no ente existiría en el ente y se predicaría de él.
Acerca de lo segundo propone dos dudas de las cuales pende la resolución de la cuestión: Primero, por qué la generación nunca cesa por parte de la causa material. Si, en efecto, en la generación se hace el ente simplemente, en la corrupción deja de ser algo simplemente, y así por la corrupción se consume alguna entidad. Pero puesto que toda la entidad del universo es finita, finalmente se consumirá por las corrupciones de las cosas.
Responde que la causa de esto no es que la materia sea infinita, puesto que no se da ningún infinito en acto, ni que las cosas que se generan se hagan ahora menores que antes y así sucesivamente, puesto que no vemos esa minoración, sino que las cosas se hacen iguales a sus generantes, sino que la causa es que la corrupción de uno es generación de otro permaneciendo la misma materia, y así la materia finita basta para infinitas generaciones.
La segunda duda es por qué, si la corrupción de uno es generación de otro, algunas cosas se dicen generarse simplemente, como cuando el hombre se hace del embrión, y algunas según algo, como cuando del hombre se genera el cadáver, se dice más bien que el hombre muere que que se genera algo.
Se responde que esto ha de juzgarse por el término de la generación; pues a veces se adquiere la forma completa y última, a veces la forma media y la que se prepara como vía hacia otra. Cuando se adquiere la forma del primer modo se dice que se genera algo simplemente, porque allí cesa la generación, como cuando se hace el hombre, el caballo, la piedra, etc. Del segundo modo, en cambio, se dice que se hace según algo, porque todavía resta algo por hacer, como cuando se hace la forma del embrión, resta hacerse el hombre, y cuando se hace el cadáver, resta hacerse la tierra, a la cual se tiende por la forma del cadáver. Asimismo, cuando se genera el accidente, se hace la generación según algo, puesto que la sustancia es ente simplemente. Finalmente, cuando se genera algo que no se siente fácilmente, como el aire, se dice vulgarmente que se genera algo según algo.
Acerca de lo tercero responde que se da la generación simplemente. La razón es que se da progresión al ser simplemente, como a la forma del fuego, desde el no ser de tal forma, que es no ser simplemente en la materia; luego se da la generación simplemente, así como también la corrupción, puesto que al contrario se cambia aquel ser simplemente en no ser. Pero ¿qué es aquel sujeto común a ambas formas, a saber, la materia, es no ente? Responde que es ente en potencia, no en cambio ente en acto; solamente tiene el ser de no-ente en razón de la privación adjunta, porque carece de forma. Y así no se hace la generación del no ente de todos modos, sino del ente en potencia.
Suma del cap. 4
Explicada la cuestión «si es» acerca de la generación simplemente, a saber, que se da, en este capítulo explica qué es, y hace dos cosas: Primero enseña qué es la generación y la alteración; segundo asigna las diferencias entre ellas.
Acerca de lo primero supone que los accidentes difieren de la sustancia, porque aquellos inhieren en esta, como la blancura en el hombre, y acerca de ambos puede darse mutación; vemos, en efecto, que a veces el hombre perece sustancialmente, a veces se muda según los accidentes, como según el color o el calor.
Supuesto esto, dice que la alteración es mutación acerca de la cualidad permaneciendo el mismo sujeto sensible, como cuando se calienta el agua que antes era fría. La generación sustancial, en cambio, es mutación según toda la sustancia o sujeto de la cosa, y por ello no permanece el mismo sujeto sensible, como cuando de la madera se genera el fuego; solamente permanece, en efecto, la materia prima, que no es sensible según sí, sino en razón de las formas.
Acerca de lo segundo, para transmitir las diferencias entre la alteración y la generación, supone que en la misma generación a veces se hace también transmutación de las cualidades, como cuando del agua fría se hace fuego caliente, a veces no se hace mutación de las cualidades, porque permanece una cualidad semejante en el generado y en el corrompido, no en cambio contraria, v. g. cuando del agua se hace aire, en ambos permanece la diafaneidad o transparencia.
Supuesto esto, asigna dos diferencias entre la alteración y la generación: Primera por parte del término producido, porque en la alteración se produce cualidad, en la generación en cambio forma sustancial; segunda por parte del sujeto, porque el sujeto de la alteración es la materia informada o hecha en acto, el de la generación en cambio es la materia prima informable, que es ente en potencia.
Suma del cap. 5
Desde este capítulo comienza el Filósofo a tratar aquellas cosas que se siguen o acompañan a la generación. Y primero trata del aumento y de la nutrición en este capítulo, en el cual presta tres cosas: Primero pone la diferencia del aumento respecto de la alteración y de la generación. Segundo explica el modo en que se hace el aumento y la disminución. Tercero explica cómo difiere la nutrición y el aumento.
Acerca de lo primero dice que el aumento difiere de la alteración y de la generación en dos cosas: Primero por parte de los términos a los cuales, porque la alteración es a la cualidad, la generación a la sustancia, el aumento en cambio a la cantidad. Segundo, porque aquello que se genera o se altera no necesariamente muda el lugar, como cuando en el mismo lugar se corrompe la madera y se hace fuego, el aumento en cambio, puesto que hace crecer la cantidad, exige necesariamente alguna mutación en el lugar en el cual se extiende, y de modo opuesto se tendrá la disminución.
Acerca de lo segundo, para explicar el modo del aumento propone dos dudas y las resuelve, y asimismo colige dos corolarios o suposiciones.
La primera duda es si aquello que se aumenta requiere adición de algo que tenga magnitud o que carezca de ella. — Responde que se requiere que el alimento del cual se hace el aumento tenga cantidad, tanto porque debe tener materia, la cual no es sin forma, ni esta sin cantidad; tanto porque debe añadir cantidad a la precedente, luego alguna debe tener.
La segunda duda es, supuesto que tanto aquel cuerpo al cual adviene el aumento como el mismo alimento deben tener cantidad, cuál de ellos se dice aumentarse. — Responde que no se aumenta el alimento, sino aquel cuerpo al cual adviene el alimento por aquel aumento. Se toma la razón de la triple condición requerida para el aumento: Primera, que aquello que se aumenta se aumenta según todas las partes; segunda, que a todas y cada una de sus partes se añada algo de nuevo; tercera, que aquello que se aumenta persevere el mismo en número. Puesto, pues, que el alimento no permanece, sino que se convierte en la sustancia del viviente, y aquello que se alimenta y en cuya sustancia se convierte persevera el mismo, ciertamente este es el cuerpo que se aumenta.
Dos cosas, en cambio, que supone como ciertas: Una es que por el aumento se aumentan primero las partes similares, es decir, las que son de la misma razón en el todo y en las partes, como toda la carne, todo el hueso, etc. En razón, en cambio, de las partes similares dice que se aumentan las partes disimilares, v. g. el pie, la mano, el brazo, que constan de las mismas similares y de otras adjuntas. La otra es que el aumento se hace según las partes formales, en cuanto el viviente todo el tiempo permanece el mismo en número, lo cual se verifica según las partes formales.
Acerca de lo tercero colige que intervienen dos mutaciones en el aumento del viviente, una sustancial, por la cual se corrompe el alimento e induce la forma del viviente, otra accidental, por la cual se adquiere mayor cantidad. Y estas mutaciones convienen en una cosa, a saber, que ambas se hacen por alguna adición de alimento y de cantidad, pero difieren en dos: primero, que el aumento se hace de lo cuanto en potencia, la nutrición en cambio del mismo en cuanto es en potencia carne u hueso; segundo, que la nutrición dura el tiempo de la vida, el aumento en cambio no, sino mientras la virtud es tan fuerte que puede convertir más de lo que pierde.
Suma del cap. 6
En este capítulo trata el Filósofo del contacto requerido entre el agente y el paciente y hace dos cosas: Primero explica la necesidad de tratar del contacto de los cuerpos; segundo explica tres modos de contacto y, porque de ellos pertenece al presente, los explica.
Acerca de lo primero muestra que es necesario tratar del contacto, porque es necesario tratar de la acción y reacción mutua y de los elementos y mixtos que se hacen de ellos; todas las cuales cosas no pueden hacerse sin contacto, y por ello ha de tratarse de él.
Acerca de lo segundo pone tres modos de contacto: Primero, el que se sigue de la sola posición local y compete a los cuerpos considerados también matemáticamente, y así se define «que se tocan aquellas cosas cuyos extremos (es decir, superficies) están simultáneamente y tienen magnitud determinada».
Segundo es propiamente el contacto físico, cuando a saber los activos y pasivos actúan y padecen mutuamente en sí y los extremos están simultáneamente, como el aire y el agua cuando actúan mutuamente en sí y están unidos; es, en efecto, contacto físico, porque es según el movimiento o acción y pasión.
Tercero es el contacto dicho comúnmente, porque no es mutuo ni recíproco, sino que así uno actúa que no padece del otro, como las inteligencias tocan los cielos, como el cielo toca estos inferiores, como el que entristece toca al entristecido.
Y solamente la segunda acepción del contacto pertenece al presente.
Finalmente concluye dos cosas: Una es que el agente y el paciente tienen cualidades contrarias. La segunda es que el moverse se tiene más comúnmente que el actuar, tomando el actuar estrictamente como se opone a la pasión, que es con corrupción, y así el actuar es mover con disposición a la corrupción, lo cual no compete a todo mover.
Suma del cap. 7
En este capítulo y en los dos siguientes trata el Filósofo de la acción y reacción, y ciertamente en este capítulo explica la condición del agente y del paciente tanto absolutamente como cuando mutuamente se repadecen. En los siguientes aduce dos opiniones de los antiguos acerca del modo de actuar y padecer. Y finalmente en el capítulo noveno, desde su propia sentencia, explica cuatro condiciones requeridas para actuar y padecer.
Así, pues, en este séptimo capítulo hace tres cosas: Primero explica la condición y naturaleza del agente y del paciente en cuanto a esto, que el paciente deba ser semejante al agente o desemejante; segundo en cuanto a esto, que el agente se repadezca del paciente; tercero explica a qué género de causa pertenece el agente y el paciente.
En cuanto a lo primero refiere ante todo dos opiniones de los filósofos, de las cuales la primera decía que el agente y el paciente deben ser desemejantes; si, en efecto, ambos son semejantes, no hay mayor razón de por qué este actúe más que aquel. La segunda decía que deben ser semejantes, porque las cosas que son disparatas y desemejantes ni actúan ni padecen, como lo blanco no actúa en lo dulce, ni en lo grave o leve, etc.
Ambas las rechaza Aristóteles como diminutas. Que no puedan ser del todo semejantes lo prueba porque no habría razón de por qué uno fuera agente y otro paciente, y porque de otro modo mucho más algo actuaría en sí mismo si actuara en lo del todo semejante. Que en cambio no puedan ser del todo desemejantes consta porque el agente y el paciente no pueden ser del todo diversos, como el calor y la cantidad, que en sí no actúan, sino que deben ser contrarios, pero los contrarios están bajo el mismo género, y así tienen alguna conveniencia y semejanza.
Por lo cual colige de esto que el agente y el paciente deben ser en parte desemejantes, a saber, al principio de la acción, porque entonces son contrarios, y en parte semejantes, a saber, al fin de la acción, porque el agente intenta asimilar a sí al paciente.
Acerca de lo segundo, si a saber el agente se repadece del paciente, supone dos divisiones: Primera, que el moviente es otro el primero, a saber, de quien primero comienza el movimiento, y otro el último, a saber, el que es inmediato al móvil. Segunda, el alterante es otro el primero, a saber, el que altera y no se altera, como el cielo, como el médico que cura y no se altera del enfermo; otro es el último, el que por sí alcanza al paciente como el medicamento en la sanación.
Así, pues, responde que cuando el agente y el paciente tienen materia común y de la misma razón, el agente puede repadecerse, como todos los sublunares, porque tienen materia común, es decir, transmutable entre sí. Los que en cambio no tienen materia común, como el cielo respecto de los sublunares, así actúan que no se repadecen. Y en una palabra, el primer agente o alterante no se repadece, sino el último.
Acerca de lo tercero enseña que el agente pertenece al género de la causa eficiente, tanto porque de él comienza la alteración, y la eficiente es de donde comienza el movimiento; tanto porque no pertenece a otro género de causa, no al fin y a la forma, porque el agente es actualmente agente cuando de él egresa la acción, pero entonces todavía no son el fin ni la forma, porque si lo fueran cesaría la acción. Ni pertenece al género de la causa material, porque esta padece, y así más bien le pertenece el paciente.
Suma del cap. 8
Dos cosas hace: Primero propone tres opiniones de los antiguos filósofos acerca del modo de actuar y padecer; segundo, las refuta.
Acerca de lo primero la primera opinión fue de Empédocles, que los cuerpos actuaban entre sí y padecían en cuanto uno tiene poros o concavidades por los cuales el otro subentra y como penetra, y así se hace la mixtión y la acción mutua.
La segunda opinión fue de Demócrito y Leucipo, que ponían los mismos poros, pero llenos de átomos o corpúsculos, los cuales, siendo discontinuos, dejaban algo de vacío por el cual se movían, y por la congregación de ellos se hacía la generación, por la disgregación en cambio la corrupción.
La tercera opinión fue de Parménides y Meliso, que ponían que absolutamente hay uno en el mundo, pero se segrega por algunas vaciedades, y quitado el vacío todas las cosas son una, y de modo semejante requerían el vacío para que hubiera movimiento; pues si se moviera por el pleno, decían que se penetraban los cuerpos.
Acerca de lo segundo, comparadas estas opiniones entre sí, y en qué convienen y difieren, lo cual no interesa mucho, impugna aquellas dos opiniones de los poros y de los átomos.
Y ciertamente la opinión de Empédocles la reduce a la segunda. No difieren, en efecto, sino porque la segunda opinión pone aquellas vaciedades llenas de corpúsculos o átomos, la primera en cambio solamente pone aquellos orificios o poros por los cuales subentren otros cuerpos minúsculos para actuar. Superfluamente, en cambio, dice que se ponen estos poros para este modo de acción, porque o los corpúsculos que entran en ellos tocan las partes sólidas o no. Si no tocan, luego tampoco actúan dentro de ellas. Si tocan, también sin poros, aproximados desde fuera, tocarán.
La segunda opinión de los átomos la impugna más ampliamente. Pero brevemente se prueba esto, porque, como dice esta opinión, la acción y pasión se hace por el vacío, pero los mismos átomos no tienen vacío, luego ni actúan ni padecen entre sí. Asimismo porque todo lo que actúa es blando o duro o afectado de alguna cualidad semejante; pero el cuerpo indivisible ni es blando ni duro, etc., luego no actúa ni padece.
Suma del cap. 9
En este capítulo, para establecer la verdadera opinión acerca del modo de la acción y pasión, hace dos cosas: Primero pone las condiciones requeridas para actuar y padecer; segundo muestra que la opinión de Demócrito de los átomos destruye la generación, la alteración y el aumento.
Acerca de lo primero las condiciones requeridas para la acción y pasión se reducen a cuatro: Primera, que el agente esté en acto y el paciente en potencia, como el fuego actúa como actualmente caliente, la madera padece como está en potencia al calor. Segunda, que el agente y el paciente se toquen o inmediatamente, si es agente último e inmediato, o mediatamente, si es remoto, como el sol toca la tierra mediante el aire. Tercera condición, que el agente y el paciente no sean continuos, es decir, semejantes y de la misma razón en el actuar; de otro modo, en efecto, los continuos según la cantidad bien pueden actuar y padecer, como la parte caliente del cuerpo calienta la no caliente. Cuarta, que estén en la debida propincuidad y uno dentro de la esfera de actividad del otro.
Excluye, en cambio, una quinta condición que algunos pusieron, a saber, que el paciente no padezca según toda parte, lo cual es falso, porque si el paciente es divisible y tiene partes, si a todas se aplica el agente, padecerá según todas.
Acerca de lo segundo muestra que la opinión de Demócrito relatada en el capítulo precedente quita la alteración y el aumento: La alteración ciertamente, porque consta que puede alterarse todo el cuerpo por calor o frío sin ninguna división del cuerpo; aquellos átomos, en cambio, se congregan dentro de los poros por generación y se disgregan por corrupción, lo cual no puede ser sin división. El aumento, en cambio, lo quita porque en el aumento cualquier parte debe aumentarse; en aquella opinión, en cambio, no se da parte que se aumente, sino que todas son indivisibles, y luego solamente se apondrían átomos a átomos, lo cual no es aumentarse intrínsecamente, sino por yuxtaposición.
Suma del cap. 10
En este último capítulo trata de la mixtión, que máximamente conduce a la generación de aquellas cosas que se hacen de los elementos. Se divide, en cambio, este capítulo en tres partes: En la primera muestra que se da la mixtión; en la segunda explica cómo se hace la mixtión; en la tercera colige qué es lo miscible y qué es la misma mixtión.
Acerca de lo primero refiere la opinión de los que niegan la mixtión con este argumento, porque las cosas que se mezclan o permanecen como antes o se corrompen o una permanece y otra se corrompe. Si lo primero y lo tercero, no se hace mixtión, porque lo que se tiene como antes no se mezcla, porque no se muda. Si lo segundo, de la cosa destruida y no existente no se hace mixtión; luego.
Responde el Filósofo que se da la mixtión y la distingue de las demás mutaciones. Se da ciertamente la mixtión, porque los miscibles permanecen en el mixto no según acto, sino virtualmente y en potencia, y así de ellos mismos alterados y permaneciendo por sus cualidades se hace la mixtión. Se distingue, en cambio, de las restantes mutaciones: De la generación simple ciertamente, porque en ella totalmente se corrompe algo, no se genera algo de la concurrencia de varios y con la permanencia virtual de ellos. Difiere de la alteración y del aumento, porque lo que se altera y se aumenta permanece el mismo hecha la alteración y el aumento; lo que en cambio se mezcla, hecha la mixtión no permanece el mismo, sino que se muda en otro.
Acerca de lo segundo refiere primero dos opiniones de los antiguos acerca de la mixtión: Primera decía que la mixtión se hace por división en partes minutísimas, las cuales según sí son divisibles, pero al sentido ya no aparecen divisibles, como si la harina de trigo se mezclara con la harina de cebada. Segunda decía que la mixtión se hace por división en mínimos, los cuales no solamente según el sentido, sino también según sí no son ya divisibles.
Ambas las refuta el Filósofo, porque según esto la mixtión no sería otra cosa que agregación de varios en un lugar, de los cuales cualquiera permanecería íntegro según sí y separado del otro, aunque el sentido no lo discerniera. De donde ulteriormente se seguiría que el mixto no sería homogéneo, es decir, que cualquier parte del mixto no sería mixta, siendo así que vemos lo opuesto; la mixtión, en efecto, conviene al todo y a las partes. También repugna que el continuo se divida en partes ya indivisibles, de otro modo el continuo se compondría de indivisibles, lo cual fue rechazado en el 6. de los Físicos.2
El verdadero modo de la mixtión, pues, lo transmite explicando tres condiciones suyas: Primera, que los miscibles sean mutuamente activos y pasivos; las cosas que, en efecto, no actúan mutuamente no se mezclan, como aquellas que no tienen materia de la misma razón. Segunda, que cedan fácilmente y puedan dividirse, como las blandas y húmedas se mezclan fácilmente, no las duras como la piedra y el hierro. Tercera, que no sean demasiado grandes, porque estas se alteran difícilmente, sino que se dividan en partes pequeñas, para que una pueda entrar en otra actuando en la otra y alterándola fácilmente. Por lo cual la mixtión se hace así según estas condiciones, que la actividad de uno se proporcione a la resistencia del otro, y así convengan en un solo temperamento; pues si uno vence demasiado al otro, no se hace mixtión, sino simple corrupción y generación, como si en una ánfora de vino cae una gota de agua.
Acerca de lo tercero enseña que lo miscible es aquello que actúa y aquello que padece, para que de ambos se haga el mixto según temperamento. La mixtión, en cambio, es «unión de los miscibles alterados».