Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars philosophiae naturalis (de ente mobili corruptibili) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-II.
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Praefatio I: A los lectores
«A los lectores.1
«Damos esta tercera parte de la Filosofía distribuida en doce cuestiones, en las cuales casi todo lo que en la primera parte de la Filosofía fue discutido como en común, se vuelve a limar de nuevo, y disputado en particular puede aportar una luz singular a aquel tratado común sobre el ente móvil. Y por ello también fue necesario desatar algunas cosas con una discusión más holgada, para que se transmitiera un conocimiento más particular y más minucioso de aquellas cosas que habían sido disputadas solamente en universal. Aparte hemos repuesto sumariamente el texto de Aristóteles, explicando su orden y serie, sabedores de cuánto se aumenta el provecho de los que aprenden a partir de la recta disposición de aquel y de la inteligencia de la contextura. Además hemos añadido un «tratado de los Meteoros», que es como un apéndice y una cierta parte de los libros de la Generación, por cuanto trata de los mixtos imperfectos, y de los que se acercan próximamente a la naturaleza de los elementos. De ahí, pues, invitamos el ánimo del lector benévolo a la última parte de la Filosofía, que trata del Alma, que en breve se ha de divulgar en la prensa, para el complemento de todo el curso de las disciplinas liberales. Y ojalá pueda servir para alguna gloria de Dios y para la defensa de la doctrina del D. Tomás. Adiós».
A esta tercera parte de la Filosofía el autor antepuso esta dedicatoria:
Dedicatio I: Dedicatoria
A la Divina Madre, iluminadora de toda sabiduría, Virgen óptima máxima, sagrado.
Y al trono de sus sagrados pies,1 al ángel de la doctrina celestial, intérprete fidelísimo de la voluntad divina,2 atletísimo esplendidísimo de la fe,3 escudo inexpugnable de la Iglesia,
al D. Tomás de Aquino que irradia toda la filosofía.
Él me dio la ciencia verdadera de estas cosas que son, para que conozca la disposición del orbe de las tierras y las virtudes de los elementos.4