Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas

Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas (1589–1644)

Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.


Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica

Prooemium I: PROEMIO

Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA

Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS

Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE

Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA

Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE

Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE

Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN

Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN

Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ

Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA

Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN

Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA

Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL

Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO

Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO

Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS

Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»

Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN

Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN

Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES

Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES

Quaestio VI: DE LA DIVISIÓN DEL UNIVERSAL EN CINCO PREDICABLES

Articulus I: SI ESTA DIVISIÓN SEA BUENA Y ADECUADA

Articulus II: SI ESTA DIVISIÓN SEA DE GÉNERO EN ESPECIES E INMEDIATA

Quaestio VII: DEL GÉNERO

Articulus I: SI LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO TRANSMITIDA POR PORFIRIO SEA BUENA

Articulus II: CUÁL SEA EL DEFINIDO EN LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO, SI LA INTENCIÓN MISMA O EL SUJETO O EL COMPUESTO DE UNO Y OTRO

Articulus III: CÓMO EL GÉNERO SE DIGA TODO POTENCIAL Y SE TOME DE LA MATERIA

Quaestio VIII: DE LA ESPECIE PREDICABLE Y SUBICIBLE

Articulus I: SI LA ESPECIE SE CONSTITUYA EN RAZÓN DE ESPECIE POR LA RAZÓN DE SUBICIBLE O DE PREDICABLE

Articulus II: SE EXPLICAN LAS DEFINICIONES DE LA ESPECIE

Articulus III: SI PUEDA DARSE ESPECIE SUBICIBLE QUE NO SEA PREDICABLE DE MUCHOS, SINO QUE SOLO TENGA UN INDIVIDUO

Articulus IV: SI LA ESPECIE PUEDA CONSERVARSE EN UN SOLO INDIVIDUO Y EL GÉNERO EN UNA SOLA ESPECIE

Quaestio IX: DEL INDIVIDUO

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES DEL INDIVIDUO SE EXPLIQUEN RECTAMENTE

Articulus II: QUÉ SEA EL INDIVIDUO EN COMÚN O INDIVIDUO VAGO

Quaestio X: DE LA DIFERENCIA COMÚNMENTE DICHA Y SEGÚN QUE ES EL TERCER PREDICABLE

Articulus I: SI BIEN SE DIVIDA LA DIFERENCIA EN COMÚN, PROPIA Y PROPRIÍSIMA

Articulus II: SI LAS DEFINICIONES DE LA DIFERENCIA DEL TERCER PREDICABLE SEAN BUENAS

Articulus III: SI LA DIFERENCIA SE DIGA UNIVERSAL RESPECTO DE SU ESPECIE O RESPECTO DE LOS INFERIORES DE TAL ESPECIE

Articulus IV: SI LAS DIFERENCIAS SUPERIORES Y GENÉRICAS SE INCLUYAN EN LAS DIFERENCIAS ÁTOMAS Y DE AQUELLAS SE PREDIQUEN

Quaestio XI: DEL PROPIO

Articulus I: SE EXPLICA LA NATURALEZA DEL PROPIO Y SE SOPESAN SUS DIVISIONES

Articulus II: QUÉ SEA EL PROPIO CUARTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES SE TOME

Quaestio XII: DEL ACCIDENTE QUINTO PREDICABLE

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES Y DIVISIONES DEL ACCIDENTE RECTAMENTE HAYAN SIDO TRADITADAS POR PORFIRIO

Articulus II: CÓMO EL ACCIDENTE SE DIGA QUINTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES INFERIORES

Liber I: LIBRO DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XIII: DE LOS ANTEPREDICAMENTOS Y DE LOS ANÁLOGOS

Articulus I: QUÉ SEAN LOS ANTEPREDICAMENTOS Y POR QUÉ DE ELLOS AQUÍ TRATÓ ARISTÓTELES

Articulus II: DE LA DEFINICIÓN Y DIVISIÓN DE LOS EQUÍVOCOS

Articulus III: QUÉ Y CUÁNTUPLE SEA LA ANALOGÍA

Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES DE ESTOS ANÁLOGOS

Articulus V: SI EN LOS ANÁLOGOS SE DA UN CONCEPTO PRESCINDIDO DE LOS INFERIORES

Quaestio XIV: DEL ENTE PREDICAMENTAL Y DE LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus I: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO Y QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGO ESTÉ EN PREDICAMENTO

Articulus II: SI EL ENTE SEA UNÍVOCO O ANÁLOGO A LOS DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus III: CON QUÉ ANALOGÍA EL ENTE SEA ANÁLOGO

Articulus IV: SI EL ACCIDENTE SEA UNÍVOCO A LOS NUEVE GÉNEROS

Articulus V: SI SEA ADECUADA Y BUENA LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Quaestio XV: DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN FORMAL CONSTITUTIVA DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus II: SI BIEN SE DIVIDA LA SUBSTANCIA EN PRIMERA Y SEGUNDA

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS DEFINICIONES DE LA PRIMERA Y DE LA SEGUNDA SUBSTANCIA

Articulus IV: CUÁLES SE RECHAZAN Y SE PONEN EN ESTE PREDICAMENTO

Articulus V: SI EL SUSCIPIR CONTRARIOS SEA PROPIO DE CUARTO MODO DE LA SUBSTANCIA

Quaestio XVI: DE LA CANTIDAD

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN PROPIA Y FORMAL DE LA CANTIDAD

Articulus II: SI LA CANTIDAD DISCRETA SEA VERDADERA ESPECIE DE CANTIDAD

Articulus III: SI EL TIEMPO Y EL MOVIMIENTO, EL LUGAR Y LA ORACIÓN SE RECHACEN DE LAS ESPECIES DE CANTIDAD

Articulus IV: SI LA LÍNEA, LA SUPERFICIE Y EL CUERPO SEAN VERDADERAS ESPECIES DE CANTIDAD

Quaestio XVII: DEL PREDICAMENTO DE LA RELACIÓN

Articulus I: SI POR PARTE DE LA COSA SE DEN RELACIONES QUE SEAN FORMAS INTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA RELACIÓN SEA PREDICAMENTAL

Articulus III: CUÁLES SEAN LAS DIVISIONES DE LA RELACIÓN PREDICAMENTAL Y SUS ESPECIES

Articulus IV: SI LA RELACIÓN SE DISTINGA POR PARTE DE LA COSA DE SU FUNDAMENTO

Articulus V: SI LA RELACIÓN FORMALMENTE SE TERMINE A LO ABSOLUTO O A LO RELATIVO

Articulus VI: DE DÓNDE SE TOME LA DISTINCIÓN ESPECÍFICA Y NUMÉRICA DE LA RELACIÓN

Articulus VII: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS PROPIEDADES DE LOS RELATIVOS, QUE SEAN SIMULTÁNEOS POR NATURALEZA Y POR COGNICIÓN

Quaestio XVIII: DE LA CUALIDAD

Articulus I: SE EXPLICA LA RAZÓN FORMAL DE LA CUALIDAD Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SE EXPLICA LA DIVISIÓN DE LA CUALIDAD EN CUATRO ESPECIES

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE CADA UNA DE LAS ESPECIES

Quaestio XIX: DE LOS SEIS ÚLTIMOS PREDICAMENTOS

Articulus I: SI ESTOS PREDICAMENTOS SON FORMAS ABSOLUTAS O RELATIVAS O DENOMINACIONES EXTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y LA PASIÓN PREDICAMENTALES

Articulus III: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO DÓNDE Y EL SITIO

Articulus IV: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO CUÁNDO Y EL HÁBITO

Textus I: TEXTO DESPUÉS DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XX: DE LOS POSTPREDICAMENTOS

Articulus I: SE EXPLICAN LAS OPOSICIONES

Articulus II: QUÉ HAYA DE NOTARSE ACERCA DE LOS RESTANTES POSTPREDICAMENTOS

Liber II: SOBRE LOS LIBROS PERIHERMENIAS

Quaestio XXI: DEL SIGNO SEGÚN SÍ

Articulus I: SI EL SIGNO SEA EN EL GÉNERO DE LA RELACIÓN

Articulus II: SI EN EL SIGNO NATURAL LA RELACIÓN SEA REAL O DE RAZÓN

Articulus III: SI SEA LA MISMA RELACIÓN DEL SIGNO AL SIGNADO Y A LA POTENCIA

Articulus IV: CÓMO SE DIVIDA EL OBJETO EN MOTIVO Y TERMINATIVO

Articulus V: SI EL SIGNIFICAR SEA FORMALMENTE CAUSAR ALGO EN EL GÉNERO DE EFECTUAR

Articulus VI: SI EN LOS BRUTOS Y EN LOS SENTIDOS EXTERNOS HAYA VERDADERA RAZÓN DE SIGNO

Quaestio XXII: DE LAS DIVISIONES DEL SIGNO

Articulus I: SI SEA UNÍVOCA Y BUENA LA DIVISIÓN DEL SIGNO EN FORMAL E INSTRUMENTAL

Articulus II: SI EL CONCEPTO SEA SIGNO FORMAL

Articulus III: SI LA ESPECIE IMPRESA SEA SIGNO FORMAL

Articulus IV: SI EL ACTO DE CONOCER SEA SIGNO FORMAL

Articulus V: SI SEA BUENA LA DIVISIÓN EN SIGNO NATURAL Y AD PLACITUM Y DE COSTUMBRE

Articulus VI: SI EL SIGNO DE COSTUMBRE SEA VERDADERAMENTE SIGNO

Quaestio XXIII: DE LAS NOTICIAS Y DE LOS CONCEPTOS

Articulus I: SI LA NOTICIA INTUITIVA Y LA ABSTRACTIVA DIFERENCIEN ESENCIALMENTE EN LA RAZÓN DE COGNICIÓN

Articulus II: SI PUEDA DARSE COGNICIÓN INTUITIVA DE LA COSA FÍSICAMENTE AUSENTE, YA EN EL INTELECTO YA EN EL SENTIDO EXTERIOR

Articulus III: CÓMO DIFERENCIE EL CONCEPTO REFLEJO DEL DIRECTO

Articulus IV: CUÁL SEA LA DISTINCIÓN ENTRE EL CONCEPTO ULTIMADO Y EL NO ULTIMADO

Liber III: SOBRE LOS LIBROS DE LOS POSTERIORES

Quaestio XXIV: DE LOS PRECONOCIDOS Y DE LAS PREMISAS

Articulus I: SE EXPLICA QUÉ SEAN LOS PRECONOCIDOS Y LAS PRENOCIONES

Articulus II: SI LAS PREMISAS INFLUYAN EFICIENTEMENTE EN LA CONCLUSIÓN O EN OTRO GÉNERO DE CAUSA

Articulus III: SI LAS PREMISAS NECESITEN AL ASENSO DE LA CONCLUSIÓN, DE MODO QUE LA MENOR SE CONOZCA A LA VEZ CON LA CONCLUSIÓN

Articulus IV: QUÉ SEA LA PROPOSICIÓN PER SE NOTA E INMEDIATA, EL PREDICADO DE TODO Y PER SE Y SECUNDUM QUOD IPSUM

Quaestio XXV: DE LA DEMOSTRACIÓN

De las premisas dispuestas por forma silogística en materia necesaria se hace la demostración, de la cual principalmente se trata en esta obra. Y por eso, explicadas las premisas, se sigue tratar de la demostración, en la que podemos considerar tres: Primero es la definición o esencia de aquella; segundo la materia de la que consta y acerca de la cual versa; tercero su división en demostración quia y propter quid. Pues de su efecto, que es la ciencia, trataremos en la cuestión siguiente.

Articulus I: SI RECTAMENTE ESTÉ DEFINIDA LA DEMOSTRACIÓN POR ARISTÓTELES

De doble modo se define por Aristóteles la demostración: Primero del orden al efecto que causa, que también es su fin; segundo del orden a la materia de la que consta. Y así la primera definición es según el orden de causar, la segunda en cuanto es causada de sus principios.

La primera definición es: «La demostración es silogismo que efectúa el saber». Saber, empero, es conocer la causa por la que la cosa es, y que es causa de aquella, y que no puede hacerse que de otro modo se tenga la cosa. La segunda: «La demostración es silogismo que consta de verdaderos, primeros, inmediatos, anteriores, más notorios y causas de la conclusión».

Acerca de la primera definición advierte tres partículas. La primera es «silogismo», la segunda «efectuante», la tercera «saber».

Se dice silogismo para declarar qué forma de argumentación exija la demostración, a saber la silogística. El entimema, en efecto, a no ser que se subinteligia la proposición que le falta y se reduzca a forma de silogismo, no tiene disposición suficiente para generar ciencia, porque en una sola premisa el medio no se aplica o se explica para que actualmente convengan los extremos, sin cuya aplicación no se hace evidente la ilación por la que se unen entre sí los extremos. Y así si concluye el entimema, es en virtud del silogismo al que se reduce. Porque, empero, no basta explicar la razón de silogismo de parte de la forma a no ser que también se explique de parte de la materia, que debe importar conexión necesaria para que sirva a la demostración, por eso tal materia se explica en esta definición por el efecto que tiene, a saber generar ciencia, como en la definición siguiente por las condiciones intrínsecas de las que consta.

La segunda, empero, partícula es «efectuar», donde la dificultad es en qué género de causa se diga que la demostración efectúa la ciencia. Pero brevemente se responde que o hablamos de la ciencia actual o del asenso científico, que es el saber mismo, o de la habitual, esto es del hábito científico que se produce de la ciencia actual.

Si del primer modo hablamos, no toda la demostración, sino las premisas convenientemente dispuestas y admitidas son causa de la ciencia. Pues la demostración íntegra en cuanto incluye las premisas y la conclusión incluye el asenso científico de parte de la conclusión y la causa de tal asenso de parte de las premisas. Las premisas, empero, influyen en la conclusión, sicut dictum est praec. quaest. art. 3., efectivamente y formalmente: efectivamente ciertamente los asensos mismos de las premisas, que son noticias formales o conceptos con los que el intelecto actuado obra efectivamente para inferir la conclusión; formalmente, empero, los objetos mismos o las cosas conocidas que a estas noticias se representan y especifican los actos cognoscitivos mismos de las premisas. Y porque la verdad y los objetos de los principios virtualmente contienen las verdades iladas, virtualmente también y mediatamente especifican el asenso de la conclusión, que explícita y formalmente tiende a la verdad misma de la conclusión.

Si, empero, hablamos del segundo modo de la eficiencia de la ciencia habitual, ha de decirse que se genera de la demostración misma, no solo por razón de las premisas, sino también del asenso de la conclusión. Consta, en efecto, que los hábitos se generan y se adquieren por actos similares a los que inclinan. Inclina, empero, el hábito de la ciencia al asenso acerca de la conclusión de las premisas; ergo por acto similar se genera efectivamente. Pero de la generación de los hábitos más ampliamente in Metaphysica e in libris de Anima; y videri etiam potest 1. 2. q. 51.

La tercera, por último, partícula es «saber», cuando se dice: «La demostración es silogismo que hace saber». Y comúnmente se inteligia de la ciencia propter quid, y esto conformemente a la mente de Aristóteles, que definiendo la demostración sujeta la definición del saber mismo propter quid, dum inquit: «Saber, empero, es conocer la causa por la que la cosa es etc.». Absolutamente, con todo, es verdadero también que la demostración quia efectúa el saber con ciencia quia, y así fácilmente a una y otra demostración puede acomodarse la definición. Qué sea, empero, la ciencia propter quid y quia, infra dicemus art. 4.

Acerca de la segunda definición de la demostración ha de advertirse que aquella se tradita según las proposiciones de las que se forma o debe formarse el silogismo demostrativo, explicando las condiciones que se requieren en las premisas para que de aquellas se forme verdadera demostración.

Se dice, ergo, demostración: La que es de verdaderos, primeros, inmediatos, anteriores, más notorios y causas de la conclusión. Algunos en lugar de aquella partícula «es» ponen «procede». Y hallan misterio en «procede», que denota discurso. Pero el Filósofo no puso el verbo «procede», sino el verbo «es» o «consta». Y uno y otro es verdadero, y que procede cuanto a la conclusión ilada, y que consta de las premisas y de la conclusión, porque todo el silogismo íntegro tiene aquellas como partes de sí.

Ergo las tres primeras partículas de la definición manifiestan las condiciones de las premisas quasi absolutas; las tres restantes quasi comparativas, tanto en orden a la conclusión como a las otras proposiciones.

La primera, ergo, partícula es de verdaderos, porque aunque pueda concluirse lo verdadero de lo falso por razón de la forma y supuesta la concesión de las premisas, con todo científicamente no puede probarse de lo falso lo verdadero, porque la prueba da certidumbre y evidencia, que la falsedad no puede prestar a la verdad.

Se dice de primeros e inmediatos, esto es de per se notos, que no por otro medio se demuestran, ut explicat D. Thomas 1. Poster. lect. 4. Y se dicen primeras respecto de aquellas que por aquellas se prueban, inmediatas empero porque carecen de medio que las demuestre, ut dicit S. Doctor. Así que no son superfluas aquellas dos partículas, sino que explican diversas formalidades, a saber que la proposición no esté demostrada por otro, lo cual es carecer de medio, y ser apta para demostrar otras o tener primacía entre otras, lo cual es ser primera. Qué sea, empero, la proposición per se nota e inmediata, diximus praec. quaest. art. 4.

Se añaden en la definición las tres últimas partículas de anteriores, más notorios y causas de la conclusión. En cuyas partículas explica el Filósofo las premisas comparativamente o aplicativamente a la conclusión. Comparando, empero, las premisas a la conclusión importa que el medio por el que las premisas se conectan y manifiestan aquella sea causa de la conclusión, al menos en el conocer, y consecuentemente las premisas tengan prioridad respecto de la conclusión del modo en que tienen causalidad a aquella. Por último deben ser más notorias, porque como causan la manifestación y la noticia de la conclusión por esto de que los principios mismos sean notos, necesariamente se consecuta que deban ser más notorias, porque «por lo que cada uno es tal, aquello más».

Acerca, con todo, de estas condiciones de la demostración que con esta definición se explican ocurren algunas habiendo de resolverse brevemente.

LO PRIMERO, si así sea que toda demostración deba constar de premisas per se notas y vacantes de medio probativo, o baste que la demostración se resuelva en premisas evidentes ciertamente, pero probadas de otras y no per se inmediatamente notas.

Se responde que esto segundo basta, y así toda demostración constará de primeras e inmediatas, o formalmente en sí o virtualmente, porque de tales per se y formalmente deduce, y así mediatamente y virtualmente se hace de primeras e inmediatas. Basta, empero, que la demostración conste de proposiciones que puedan resolverse en proposiciones per se notas. Lo cual también enseña D. Tomás 1. Poster. lect. 4. § Ostendit. Y manifiesto se hace esto cuando después de demostrada la primera o la segunda conclusión en alguna ciencia procedemos a la tercera o cuarta o décima, que así se prueban por sus premisas que tales premisas dependen de conclusiones previas o de los primeros principios.

SEGUNDO INQUIRIRÁS cómo haya de inteligirse que la demostración procede de causas de la conclusión. Pues la demostración quia procede de efectos o de causas remotas; la demostración, empero, propter quid no siempre procede de causas que sean verdaderas causas, como cuando un atributo en Dios se prueba de otro, y las pasiones del ente del ente, donde no interviene verdadera causalidad. Al contrario, empero, la primera pasión se causa de la esencia, y con todo no se demuestra por aquella, porque no se da algún medio entre la esencia y la primera pasión.

Se responde que en esta definición principalmente se define la demostración propter quid, aunque pueda adaptarse a la demostración quia, como dijimos, aceptando las causas de la conclusión no por causas en el ser, sino en el conocer y cuanto a nosotros, que también pueden ser efectos. Lo que, empero, se añade de las demostraciones propter quid, se responde que no se requiere que siempre procedan de causa que formalmente sea causa y físicamente, sino que basta que virtualmente o metafísicamente, de modo que uno se tenga como razón de otro, aunque no sea causando al otro, como la inmutabilidad es razón de la eternidad y la perfección de la bondad etc.

Lo que, empero, se dice de la primera pasión respecto de la esencia, se responde que aquella ciertamente se causa y dimana de la esencia, pero porque la esencia es el sujeto del que debe demostrarse, no puede demostrarse de la esencia misma sino por la esencia misma. De donde en la cosa carece de medio por el que se demuestra, porque es lo mismo que el sujeto; se acepta, con todo, por nosotros la definición de la esencia quasi medio de la demostración no distinto en la cosa, sino por la razón.

TERCERO SE DUDA por qué se dice en la definición que las premisas sean más notorias que la conclusión; parece, en efecto, que esto no bien se dice. Pues ante todo no son más notorias porque más verdaderas, pues la verdad consiste en indivisible. Segundo, no se dicen más notorias porque más ciertas; pues las premisas son causas naturales que de modo natural influyen en la conclusión. Ergo toda su certidumbre pueden prestarle, sobre todo cuando la conclusión no difiere en la cosa de las premisas, sino por la razón. Es más si el intelecto más se aplica a atender a la noticia de la conclusión que a la de las premisas, mayor certidumbre le comunicará. Tercero, en la conclusión teológica de una premisa de fe, otra natural, la conclusión ilada es más cierta que la premisa natural, y así puede la conclusión vencer a alguna premisa en certidumbre; podrá, ergo, a veces vencer a una y otra. Cuarto, porque el fundamento para asertar que el principio es más notorio no es firme. Es, en efecto, doble el fundamento. Uno, aquel axioma de Aristóteles: «Por lo que cada uno es tal etc.», el cual con todo padece muchas instancias. No, en efecto, vale si dices: «La piedra es blanca por la blancura, ergo la blancura es más blanca»; «la sangre se funde por la sanidad, ergo la sanidad más se funde»; «el hombre inteligie por las especies y los hábitos, ergo las especies más inteligien». El segundo fundamento es que las premisas son causas equívocas de la conclusión, la causa empero equívoca es más noble que su efecto. Esto, empero, se instancia en las causas equívocas instrumentales, que no son más perfectas que su efecto, como el semen no es más perfecto que el viviente producido ni el calor que el fuego; las premisas, empero, son instrumentos del intelecto, que es el agente principal que produce la conclusión.

Se responde que necesariamente las premisas deben ser más notorias, porque si fueran igualmente notas o menos que la conclusión, de ningún modo por aquellas se probaría la conclusión. Y la razón es manifiesta, porque las premisas o son indemostrables y de los términos per se notas o de otras previas demostrables. Si de este segundo modo se tienen, antes son demostrables que las conclusiones de aquellas mismas deducidas, y consecuentemente antes notas y de menos consecuencias dependientes y de menos medios necesitadas, y consecuentemente más notorias como más independientes en la verdad misma. Si del primer modo, es manifiesto que son más notorias (como notas de los términos) que las conclusiones de aquellas deducidas y de aquellas participantes de la evidencia.

A lo primero, ergo, en lo opuesto se dice: La verdad se toma de doble modo: De un modo según que se tiene de parte del objeto que toca, a saber ser o no ser, al que tiene adecuación. De otro modo de parte del fundamento y del modo de fundar tal adecuación, que en algunos es más inmutable o más mutable que en otros, y así funda la certidumbre y la firmeza de la verdad más bien que la verdad misma. Del primer modo, ergo, la verdad consiste en indivisible, aunque la falsedad, porque se toma por receso del término de la verdad, admita latitud, y una sea mayor que otra, ut docet Divus Thomas 3. Contra Gent. cap. 139. La verdad misma, empero, toca el término indivisible, a saber ser o no ser, no como in fieri, sino como en el término y in facto esse, porque toca el ser o no ser como en la cosa; la falsedad, empero, recediendo del ser y tendiendo a lo opuesto, en cuya tendencia puede haber más o menos, como en el pecado. Y no es semejante de la bondad moral, cuya adecuación no es a regla indivisible y in facto esse, sino a la conveniencia de la razón, que es el medio de la prudencia, y admite latitud como no ligada a reglas determinadas, como el arte, sino iuxta las circunstancias arbitrariamente. De donde la verdad especulativa se regula según el ser o no ser de la cosa en sí, la práctica empero según la conveniencia o disconveniencia a la razón y a la prudencia. Cuando, empero, dice D. Tomás 1. p. q. 17. art. 4. que la verdad y la falsedad dicen contrariedad entre sí, habla de la verdad y de la falsedad de parte de los juicios o de los actos del intelecto, no de parte del término al que es la adecuación de la verdad. Y el Filósofo in 4. Metaph. textu 8. lect. 6. apud D. Thomam no dijo que los primeros principios sean verísimos, sino certísimos o firmissimos. Y de este modo de parte del fundamento o de la firmeza y del modo de fundar la verdad suscipie más y menos, porque más firme y más inmutable es la conexión de los extremos en esta proposición: «Dios es», que en esta: «El hombre se sienta» o: «La nieve es blanca» etc. Y así también las premisas son más verdaderas, esto es más ciertas que la conclusión, porque de aquellas participan la verdad.

A lo segundo se responde que la causa natural del todo unívoca y de la misma razón puede comunicar toda su perfección al efecto, no empero la equívoca, como son las premisas a la conclusión. Y aunque la conclusión a veces se identifique con las premisas de parte de la cosa conocida cuanto a la entidad, y así sea de la misma certidumbre idénticamente, con todo en razón de verdad es diversa, y porque una se tiene como ilada e iluminada, la otra como iluminante, esta al menos cuanto a nosotros debe ser más notoria. Ni esto consiste en mayor intensión del intelecto; aquello, en efecto, podrá servir a mayor adhesión actual de parte del cognoscente, no a la firmeza de parte de la cosa conocida, esto es a mayor inmutabilidad desumida del objeto.

A lo tercero se responde: En el discurso teológico la conclusión no es más notoria que la premisa natural cuanto a la evidencia, sino cuanto a la certidumbre, si la premisa natural se considera por separado. Si, con todo, se considera como elevada y conjugada a la premisa de fe, así aquella conjunción de las premisas es más cierta que la conclusión ilada, porque no dice sola la verdad natural de la premisa, sino su subordinación a la sobrenatural y como de algún modo atinente a aquella sobrenatural y que la explica y aplica a inferir. La comparación, empero, entre la conclusión y la premisa no debe hacerse respecto de una premisa sola tomada solitariamente, sino según que es premisa formalmente, esto es conjugada a la otra premisa, de donde se desume toda e íntegra la razón de inferir; y así es más cierta la conclusión teológica que la premisa natural como conjugada a la premisa de fe, no según sí sola.

A lo cuarto se responde que uno y otro fundamento es sólido.

Y cuanto a lo primero, aquel axioma de Aristóteles es verísimo, inteligido con las debidas condiciones que en diversos lugares trata D. Tomás, ut in 1. p. q. 87. art. 2. ad 3. e in 1. dist. 12. q. 1. art. 2. ad 2. y 2. Metaph. lect. 2. y 1. Poster. lect. 6. En suma su verdad se reduce a tres condiciones: Primera, que se distingan la causa y el efecto y no sea la misma forma de uno y otro. Segunda, que el efecto y las causas comuniquen en la misma denominación, y se diga que uno es tal por otro, no de cualquier modo, sino porque el otro también es tal, de modo que de la denominación de uno nazca la denominación del otro. Tercera, que aquella razón en la que comunican la causa y el efecto suscipia más y menos. — Y así por defecto de la segunda condición fallan las instancias aducidas y otras similares, porque no comunican en la misma razón y denominación. Ni, en efecto, la blancura es blanca ni la sanidad se funde ni las especies inteligien. Por defecto, empero, de la primera condición no vale: «El Hijo espira el Espíritu Santo por el Padre, de quien aquello recibe, ergo el Padre más espira», porque por la misma forma espirativa uno y otro espira. Esta, con todo, valdrá: «La luna es lúcida porque el sol es lúcido, ergo el sol es más lúcido», porque no de cualquier modo por el sol, sino por la luz misma del sol luce la luna; de modo que la razón misma o denominación en la que comunican la causa y el efecto es causa de que algo sea tal, como bien nota Cayetano in expositione huius cap. 2.

Cuanto, empero, al principio de que las premisas son causas equívocas, se responde que verdaderamente son causas equívocas y no son puramente instrumentales, sino en su género principales, a saber en orden a iluminar la conclusión, aunque como movidas por la potencia intelectiva, respecto de la cual se tienen como instrumento, como el cielo respecto del ángel se dice instrumento, y con todo absolutamente el cielo movido es causa principal respecto de los inferiores. Y similarmente toda potencia y virtud de la cosa se dice instrumento de aquella; no con todo es propiamente instrumento, sino forma de obrar; de otro modo todo hábito que sobreviene al intelecto habría de decirse instrumento, lo cual con todo propiamente no se dice, porque propiamente se tiene como forma de obrar del agente principal mismo. La causa, empero, puramente instrumental supone que la causa principal esté perfecta en acto; a aquella misma actúa y perfecciona, pero le sirve y ministra. Si, empero, perfecciona y actúa a la causa misma para que obre, aunque determinando y completando, atañe a la causa principal; pero tiene cierta semejanza de instrumento en cuanto es virtud que sobreviene a la causa principal y a ella subordinada y de ella dependiente. Y de este modo las premisas se tienen al intelecto como razón y luz que determina su indiferencia a iluminar e inferir la conclusión.

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA PROPOSICIÓN SEA DEMOSTRABLE

La proposición demostrable tiene dos condiciones: Primera, que verse acerca de materia necesaria. Segunda, que por algún medio se pruebe e ilumine. Y por razón de la necesidad se opone a la opinión; por razón del medio se opone a la proposición per se nota, esto es que carece de medio. Y así para discernir las proposiciones demostrables de las no demostrables estos dos importan explicarse, a saber cómo exija materia necesaria, y cuáles sean las proposiciones per se notas.

Acerca de lo primero es cierto apud Aristotelem in hoc 1. libro cap. 6. et 7. que la demostración debe ser de necesarios y per se.

Hay, con todo, ALGUNOS MÁS RECIENTES que estiman que puede haber verdadera demostración también acerca de materia contingente, ut indicat Vázquez 1. p. disp. 4. cap. 7. y Cabero hic disp. 2. dub. 3., pero solo requieren que los actos sean ciertos y evidentes. De donde en la demostración imperfecta, cual es a posteriori, podrá darse ciencia de contingentes. Pues este silogismo: «Todo animal mientras corre se calienta; Pedro corre y es animal; ergo se calienta», no es probable ni erróneo, ergo demostrativo.

Y esto puede confirmarse en la Física, que es verdadera ciencia, y con todo trata de muchos contingentes, como que en el estío haya calor, en el invierno frío etc., que de otro modo pueden acontecer. Por último se confirma en la Teología, que tiene por conclusiones muchos contingentes que se deducen de dos proposiciones de fe o al menos de otra natural, y con todo es simpliciter cierta e infalible ciencia. Y similarmente la fe divina misma de parte del objeto material atinge muchos contingentes, y cree, y con todo es infalible.

Que si se dice que aquello tiene la fe por razón del testimonio divino al que formalmente se innite, no por razón del objeto material, esto mismo diremos de la ciencia, que por razón de su razón formal y del acto será cierta e infalible, pero no tendrá por objeto material algo necesario.

PERO ESTAS NADA OBSTAN a nuestra aserción, aunque del segundo argumento se hayan movido algunos antiguos filósofos a negar que se dé verdadera ciencia, entre los cuales fueron los Académicos, y lo mismo sintieron Heráclito y Cratilo. A los cuales de parte adhirió Platón sintiendo que de las cosas corruptibles no se da ciencia. Para que, con todo, no la negara del todo, puso ideas separadas de las que hubiera ciencia, ut ex D. Thoma supra retulimus q. 3. art. 2. Que, ergo, la ciencia deba versar acerca de objeto necesario de allí consta, porque el asenso científico debe ser cierto y firme acerca de las conclusiones iladas; de otro modo no sería ciencia, sino opinión, ni sería virtud intelectual, como imperfecta e infirma, la virtud empero debe ser disposición de lo perfecto. No puede, empero, tenerse asenso cierto y firme si la conexión no es necesaria, sino contingente, si en verdad el asenso debe ser firme en la verdad, que es conformidad al ser o no ser. Si, ergo, cierta y firmemente dice que esto es o no es, y en la cosa contingentemente es, puede ergo en la cosa mudarse; y entonces o se muda el asenso o no se muda. Si se muda, ya no permanece tal ciencia, sino la opuesta. Si no se muda, se falsifica, porque de otro modo está en la cosa que en el asenso. Ergo repugna que el asenso firme y cierto de la ciencia verse acerca de objeto contingente.

A lo primero, ergo, se responde que ni en la ciencia a priori ni a posteriori puede darse acto cierto y evidente acerca de materia contingente. Y en aquel silogismo aducido es manifiesto que no es demostrativo, sino probable, porque aquella menor: «Pedro es animal y corre», por aquella parte «y corre» no es cierta, sino contingente, y así infiere conclusión probable. En la Filosofía, empero, hay demostraciones de cosas que de otro modo pueden acontecer, no empero según conexión contingente, sino necesaria. V. g. que en el invierno haya lluvias es contingente cuanto al evento, es con todo infalible y necesaria la conexión de que en aquel tiempo sean connaturales y debidas ut in plurimum, y esto es del todo necesario.

A la confirmación se responde que la Teología no se innite en las conexiones mismas o verdades de las cosas según sí, sino según que están bajo la revelación virtual y la luz superior. Aunque, empero, las cosas según sí tengan conexión contingente, respecto con todo de Dios y según que están bajo su ciencia añaden conexión infalible. La Teología, empero, nuestra se subalterna a la ciencia divina y supone que sus principios allí están evidentemente conocidos, y por tanto allí se consideran según conexiones infalibles e inmutables. De donde la Teología formalmente hablando no versa acerca de conexiones contingentes, sino acerca de infalibles presupositivamente, esto es en cuanto en la ciencia divina presupone aquellas evidentemente probadas, aunque respectivamente a las causas próximas se tengan contingentemente, ut docet D. Thomas 1. p. q. 14. art. 13. y allí más ampliamente suele explicarse. Es, empero, propio de la ciencia subalternada tener su evidencia y certidumbre presupuesta en la ciencia superior subalternante, ut dicemus quaest. seq., donde también trataremos de la subalternación de la Teología.

A lo que se añade de la fe se responde del mismo modo, que la fe no tiene la infalibilidad de las cosas mismas, sino del testimonio divino, ut doceri solet 2. 2. q. 1. A la réplica, empero, se dice que hay razón dispar entre la fe y la ciencia, porque la ciencia se acepta de las cosas mismas y de una verdad ilumina otra, y por eso si la verdad no es firme e inmutable, tampoco la iluminación será firme y cierta. Y por eso bien se deduce de la contingencia del objeto y de la conexión no necesaria la razón formal contingente y falible. La fe, empero, no toma su razón formal de la conexión de las cosas, sino del testimonio divino, que es ciertamente extrínseco a las cosas mismas, pero en sí certísimo e infalible, y por eso puede acerca de cosas contingentes no contingentemente versar.

DE ESTAS SE SIGUE cómo a la demostración competan otras condiciones de parte del objeto demostrado, a saber que sea de universales y de perpetuos y de principios propios. Debe ciertamente ser de perpetuos, no positivamente en el existir, sino objetivamente fundando verdad no dependiente de conexión mutable. Debe también ser de universales, porque la ciencia es de necesarios; la conexión, empero, necesaria solo se halla entre los predicados esenciales y entre el sujeto y las pasiones. Y los predicados ciertamente esenciales atañen a la definición de la cosa; la definición, empero, no se da de los singulares según que son singulares, sino de la esencia misma de la cosa, que es común y atañe a la especie. La pasión propia, empero, dimana de los principios de la esencia, no de los principios de individuación, y así la conexión de las pasiones propias no es con los singulares según que son singulares. Por último la demostración debe proceder de propios y no de extraños, porque debe proceder de aquellas que necesaria y per se están conexas. Repugna, empero, que algo esté per se conexo con otro y sea extraño a aquel, porque nada es más propio que aquello de lo que algo per se depende y con lo que per se tiene conexión, esto es intrínseca. Que si en las Matemáticas a veces se hacen demostraciones según extrínsecos, con todo allí se supone proporción o adaptación de uno a otro del todo intrínseca, y así por razón de la habitud incluida no se procede del todo de extraños, aunque aquella habitud no sea de efecto o de causa, sino de proporción. Lo que, empero, con luz sobrenatural se demuestra, aunque sea extrínseco, con todo, porque se deriva de Dios, en el que se dan conexiones inmutables e infalibles con las cosas por contingentes que sean, por eso por último aquella manifestación se resuelve en algo intrínseco al menos de parte de la habitud que todas las criaturas dicen a la primera causa y a su ordenación.

Acerca de lo segundo que en este art. ha de explicarse, a saber cuáles proposiciones carezcan de medio y se digan per se notas, dos parecen necesitar de explicación: Primero, si las proposiciones per se notas deban carecer de todo medio a priori e intrínseco, o también de medio extrínseco y a posteriori. Y similarmente, si aunque carezcan de medio en una ciencia, puedan con todo probarse por otra, v. g. por la Metafísica u otra ciencia superior. Segundo, especialmente acerca de las proposiciones en las que la primera pasión se predica del sujeto, si sean indemostrables simpliciter.

A LA PRIMERA DIFICULTAD se responde que para la proposición per se nota absolutamente hablando basta que carezca de medio intrínseco; no empero que también carezca de medio extrínseco, ya por efectos ya por causa extrínseca, eficiente o ejemplar, ya por deducción a lo imposible. Y la razón es que por esto mismo de que algo se une a otro por sí mismo inmediatamente, tiene en sí principio suficiente para que, conocidos y penetrados los términos, inmediatamente se conozca la conexión de los extremos, si en verdad inmediatamente se unen y se conectan, y así sin otro medio que por sí mismos puede hacerse nota su conjunción. Cuanto de sola la explicación de los términos se conoce conectarse con otro es objeto de proposición per se nota, a saber de la que de la explicación de los términos es cognoscible. Ergo nada obsta el medio extrínseco para que la proposición sea per se nota, si en verdad de propios y de lo intrínseco, solo conocidos los términos, es cognoscible, y así según sí se dirá per se nota; solo empero por accidente y cuanto a nosotros podrá decirse no per se nota, si los términos mismos no comúnmente nos se hacen notos. Y por «término» no inteligimos las voces y los conceptos, sino las cosas significadas por aquellos, en cuanto de la simple explicación de aquellas sin prueba se hace nota la conexión de los extremos. Y digo «simple explicación» por la cognición angélica, que ciertamente con simple intuido penetra tanto los principios como las conclusiones; pero esto por eso es porque aquel modo simple por su eminencia es equivalente a nuestro modo de conocer científico y por discurso y probativo. Para que, empero, la proposición sea per se nota se requiere que sin algún medio probativo e ilativo, ni formalmente ni virtualmente, sino de la simple explicación de los términos se haga nota.

De lo cual se colige que son indemostrables simpliciter todas las proposiciones que contienen alguna definición o predicado esencial, aunque no sean primeros principios que contienen predicados comunísimos. Pues por esto mismo de que algo se conecta inmediatamente con alguno y es de su concepto, solo explicados los términos, sin otro circuito o medio que pruebe, la conexión misma de los extremos es cognoscible hablando de sí.

Se colige segundo que no repugna que las proposiciones per se notas puedan probarse por medio extrínseco o por deducción a lo imposible; esto, en efecto, no se opone a la conexión inmediata e intrínseca de los predicados. Y por esta razón la Metafísica explica y defiende todos los demás principios, no ciertamente ostensivamente, sino deduciendo a lo imposible y a aquel principio supremo: «Cualquier cosa es o no es».

Dirás: La deducción a lo imposible aequipara a la ostensión de la verdad, porque la deducción a lo imposible muestra la falsedad de la proposición opuesta, ergo también la verdad del propio principio; lo que, en efecto, adstrúe la falsedad o imposibilidad de uno adstrúe la verdad de lo opuesto, pues no puede lo mismo afirmarse y negarse.

Se responde que la deducción a lo imposible solo procede de la suposición de que se niegue alguna conclusión y se conceda alguna premisa, y así del opuesto de la conclusión negada se infiere el opuesto de la concedida. Esto, empero, no es mostrar la verdad de la conclusión misma determinada y en sí, sino mostrar que si se niega la verdad de la proposición ilada se tiene alguno a conceder dos contradictorias en la concesión de las premisas; cómo, empero, y de dónde tenga verdad aquella proposición, esto no lo demuestra.

Se colige tercero que cuando asumimos por premisas o principios algo que por otra ciencia está probado con prueba intrínseca, como acontece en la ciencia subalternada respecto de la subalternante, entonces aquellas no son principios simpliciter, sino conclusiones demostradas por otra ciencia, lo cual no es simpliciter carecer de medio intrínseco y a priori, sino que aquel no se atinge por esta ciencia inferior, como también en la misma ciencia una conclusión demostrada puede asumirse como principio para demostrar otra conclusión. Cómo, empero, la ciencia subalternada use de los principios probados por la subalternante, dicemus quaest. seq. Y así se inteligia el Filósofo cuando enseña que algunos principios son indemostrables simpliciter, otros empero secundum quid. Son, en efecto, simpliciter los que carecen de medio intrínseco; son empero secundum quid los que por la ciencia inferior no se demuestran, sino por la superior; aunque tampoco repugne que las proposiciones simpliciter indemostrables se prueben por algún medio extrínseco. Y de aquí es que a veces en las ciencias se demuestran a posteriori o por causas extrínsecas sus sujetos, o de otra ciencia a la que se subalternan. De donde a la ciencia solo atañe presuponer de su sujeto quid est, lo cual es carecer de medio intrínseco atinente a la quididad, no empero de medio extrínseco, que no atañe al quid est.

Dirás: ¿Qué, si a la vez ocurre medio a posteriori que demuestra alguna proposición per se nota, y a la vez la noticia de aquella de los términos, cómo se tendrá el intelecto?

Se responde que estas dos noticias no repugnan a la vez en el intelecto, porque son por diversos medios, como si por diversas ciencias se conociera algún objeto; repugnar, con todo, que en el mismo acto convengan, porque un acto solo es de una especie, y consecuentemente de un medio y de un especificativo. No es, empero, de un especificativo hacerse noto algo de sola la explicación de los términos y a posteriori por el efecto; pues también la noticia propter quid y quia se distinguen específicamente, ut dicemus art. 4. Ni puede alguna especie contener en sí diferencias inferiores a no ser que sea de orden superior, lo cual aquí no aparece intervenir.

ACERCA DE LA SEGUNDA DIFICULTAD solo advierte que la primera pasión que dimana de algún sujeto o puede compararse al sujeto mismo realmente y según sí, o a su definición, medio por el que a nosotros se explica. Si se compara al sujeto según sí, carece de medio real, porque entre aquella y el sujeto no se da medio, pero no carece de medio distinto por la razón, a saber la definición, que por la razón se distingue del sujeto y mediante aquella se prueba de él, como del hombre que sea disciplinable porque es animal racional. Si, con todo, se compara con la definición misma a la que inmediatamente se conecta, vuelve la proposición indemostrable, esto es vacante de medio. Ni obsta que dimana de la esencia y así por la esencia misma pueda hacerse nota. Esto, en efecto, lo tiene inmediatamente, esto es sin medio real sobreañadido, y así carece de medio, aunque tenga sujeto del que dimana. El medio, empero, que es la definición no se distingue en la cosa del definido, lo cual es no distinguirse el medio del sujeto.

Articulus III: SI TODA DEMOSTRACIÓN CIRCULAR SEA VICIOSA

Aristóteles refutando dos errores de los antiguos, de los que uno estimaba que de ninguna cosa se da ciencia, el otro que de todas se da ciencia, para excluir uno y otro puso que se dan proposiciones per se notas que no serían demostrables ni sabidas, serían con todo principio de saber y de iluminar las conclusiones demostrables. Y que haya de llegarse a tales proposiciones resolviéndolas por proceso directo manifiestamente consta, porque como uno se demuestra por otro y no puede darse proceso al infinito, importa llegar a algún principio que carezca de otro previo por el que se demuestre, y con todo sea razón y principio de demostrar otras con las que tiene conexión necesaria; y tal principio se llama per se noto, esto es de sola la explicación de los términos, y propiamente no es sabido tal principio, sino que es principio de saber. Y así contradice al primer error mostrando que de algunos se da ciencia llegando a algo que no sea sabido, sino per se noto, lo cual es más que sabido. Y consecuentemente también se destruye el otro error contrario, a saber que de todas se da ciencia, pues hay que llegar a algún principio per se noto del que no se da ciencia, sino que de aquel mismo se origina la ciencia.

Pero con todo porque respondían los antiguos que los primeros principios son ciertamente indemostrables según el proceso directo por otra causa previa, ser con todo demostrables por círculo, esto es por la conclusión misma que infieren, por eso rechaza la demostración circular como viciosa.

Es, empero, el CÍRCULO EN LA DEMOSTRACIÓN cierto progreso de los principios a las conclusiones y regreso de las conclusiones mismas a los principios. Y puede hacerse tal proceso de doble modo: de un modo regresando de la misma conclusión a los mismos principios, los mismos, inquiero, materialmente, pero no formalmente, esto es como conocidos por otro medio formal que por los principios mismos; o segundo puede hacerse este proceso de la misma conclusión también formalmente tomada, esto es como conocida formalmente por los mismos principios a los que se hace el regreso. Y el primer círculo se llama difforme, porque con diverso medio se procede de los principios a las conclusiones y de las conclusiones a los principios; el segundo, empero, se llama uniforme, porque bajo uno y el mismo medio se procede de los principios a las conclusiones y de las conclusiones a los principios.

HA DE DECIRSE, ERGO, que Aristóteles solo intenta reprobar el círculo formal y uniforme, no empero el difforme y material, que simpliciter no es círculo ni vicioso.

Y LO PRIMERO SE PRUEBA, porque si se admite el círculo formal y uniforme, se demostrará lo mismo por lo mismo y se dirá lo mismo más notorio y más ignoto de sí mismo respecto de lo mismo. Si, en efecto, pruebo que el hombre es risible porque es racional, y de nuevo si se niega que sea racional, aquello lo pruebo porque es risible, ergo en la primera prueba lo racional es más notorio que lo risible, y en la segunda prueba lo risible es más notorio que lo racional, si en verdad aquello por lo que algo probamos debe ser más notorio que aquello que se prueba. Por lo cual lo mismo será más notorio y más ignoto formalmente y según el mismo medio respecto de lo mismo, a saber lo racional respecto de lo risible y lo risible respecto de lo racional.

CUANTO A LO SEGUNDO, EMPERO, SE PRUEBA, porque el círculo materialmente tomado entonces acontece cuando se regresa de la conclusión al antecedente, conocida la conclusión por otro medio, y entonces no se prueba por lo mismo, sino por otro por el que ha sido notificada aquella conclusión, y en aquel género o medio diverso por el que se prueba puede ser la conclusión más notoria que aquel primer antecedente del que fue ilada. Y entonces la conclusión aunque materialmente sea una proposición, con todo como está conocida con doble medio, consecuentemente pende de doble antecedente. Y así cuando de aquella misma regresamos a un antecedente del que está probada por virtud de la otra prueba, no de aquella formalmente regresamos, sino de aquel otro antecedente por el que ha sido manifestada. Y así formal y simpliciter ningún círculo hay.

DE ESTAS, EMPERO, SE RESUELVEN ALGUNAS INSTANCIAS que en contrario suelen aducirse: Pues en las causas se da círculo perfecto, porque las causas entre sí son causas, ut dicitur 2. Phys. textu 30. y 5. Metaph. cap. 2., ergo también en las demostraciones, si en verdad por las causas se forman.

Ítem el Filósofo a menudo usa del círculo. Pues lib. 2. Poster. cap. 12. enseña que puede demostrarse la lluvia de la abundancia de vapores y de nuevo la abundancia de vapores de la lluvia. Y in lib. 2. de Coelo muestra que el cielo tiene partes anteriores y posteriores porque el movimiento del cielo empieza de una parte y no de otra. Que, empero, empiece de una parte y no de otra lo muestra porque tiene partes anteriores y posteriores. Y similarmente que las estrellas sean inmóviles per se porque son de figura esférica, y de nuevo que sean de figura esférica porque son inmóviles. Y en universal los filósofos de los efectos empezaron a conocer las causas, después de las causas los mismos efectos.

Por último en las pruebas dialécticas puede admitirse el círculo, porque allí la prueba no se hace por algo más notorio y que sea causa de otro. De donde es lo mismo empezar de la conclusión a las premisas o de las premisas a la conclusión. Y aquello parece admitir el Filósofo 2. Poster. cap. 7., donde concede que una definición se demuestre por otra de la que de nuevo se demuestra, porque dice que aquellas pruebas son dialécticas, no demostrativas.

Al primero se responde que las causas no tienen círculo formalmente, sino materialmente y en diverso género de causar. Ni, en efecto, hay círculo donde hay diversa razón de dependencia, y consecuentemente diversa razón de notificar; de otro modo, en efecto, se notifica la causa material por la formal, de otro la formal por la material y la eficiente. Y como hay más causas que dos, puede la material notificada por la eficiente y así notificada manifestar la formal; y de nuevo la formal misma como notificada por la material notificar la eficiente y la final; y así al contrario. De lo cual in 2. Phys. más ampliamente se dirá.

Al segundo se dice que aquellas demostraciones no son circulares formalmente. La lluvia, en efecto, como conocida por experiencia manifiesta los vapores que son causas de la lluvia, y aquellos como causa eficiente demuestran la lluvia. A la letra, con todo, el Filósofo no habla de los mismos vapores y lluvia, sino respecto de diversos; la lluvia, en efecto, es causa de los vapores y los vapores son causa no de la misma, sino de otra lluvia.

A aquellas que se aducen ex 2. de Coelo responde S. Tomás ibi lect. 7. y de nuevo lect. 16., que el Filósofo no usa de círculo formal, sino material, y de la misma cosa de otro modo conocida y en diverso género de causa. Como si probamos que el corazón se mueve por el movimiento de la vena pulsátil, esto atañe a la cuestión an est. Si, empero, se pregunta cuál sea la causa del movimiento de la vena pulsátil, lo cual atañe a la cuestión quid est, debe esto probarse por el corazón mismo como por causa. Pero esto procede en diverso género de causa y suponiendo otra noticia, v. g. experimental u otra similar en aquello que se prueba cuanto al an est. Y así el Filósofo cuando prueba que las estrellas son de figura esférica porque no se mueven por sí mismas, y de nuevo que no se mueven por sí mismas porque son de figura esférica, por eso es porque supone aquella primera proposición probada por otro medio, ut inquit S. Thomas, y lo mismo es en las demás proposiciones. Y similarmente los filósofos de los efectos empezaron a conocer las causas experimentalmente cuanto al an est, después empero de las causas procedieron a los efectos cuanto al propter quid.

Al último inconveniente se responde que también en los probables no puede cometerse círculo formal, porque aunque no se proceda por causa intrínseca, se procede con todo de lo más notorio probablemente a lo más ignoto también probablemente. De donde si esto ignoto se asume en el mismo género de prueba para mostrar el antecedente, se tomará como más notorio que aquel, y así será más notorio y más ignoto en el mismo género respecto de lo mismo, lo cual del mismo modo repugna en los probables que en los demás. Si, empero, la conclusión probable de otro capítulo parece per se antecedente, ya no será círculo formal y uniformemente, como de las demás pruebas se ha dicho. Y al lugar del Filósofo ex 2. Poster. cap. 7. se responde que no prueba círculo formal en las pruebas dialécticas, sino solo compara la prueba de una definición por otra, a modo de prueba dialéctica cuanto a esto, que el dialéctico multiplica los medios porque procede probablemente, no empero de un solo medio usa como el demostrador. Y así se tiene quien una definición por lo demás nota de los términos prueba por otra definición, y al contrario.

Articulus IV: QUÉ SEA LA DEMOSTRACIÓN QUIA Y PROPTER QUID, Y SI SEA BUENA LA DIVISIÓN

n quaest. praec. art. 1. dijimos que la cuestión an est solo mira la existencia o la posibilidad o que alguna cosa se dé, no empero la causa o la raíz por la que se dé. Del mismo modo en asignar la diferencia de la demostración propter quid y quia ha de procederse. Pues principalmente diferencian en esto, que la demostración quia solo intenta mostrar evidentemente que algo sea verdadero, esto es que verdaderamente se da, no tratando cómo sea verdadero o la causa por la que se dé; pero esta la investiga la demostración propter quid.

Distingue, empero, el Filósofo estas demostraciones cap. 11. (alias 10.), ya respecto de diversas ciencias, ya respecto de la misma; pueden, en efecto, en una y otra parte hallarse. En diversas ciertamente ciencias, porque muchas ciencias de alguna cosa no conocen la causa y la raíz de aquella, sino que solo conocen evidentemente que tal cosa sea, ya sean ciencias entre sí disparadas, ya una se subalterne a otra, por esto de que a la subalternante atañe saber propter quid, a la subalternada quia; lo cual más cómodamente seq. quaest. explicaremos tratando cómo diferencian la ciencia subalternante y la subalternada. En la misma, empero, ciencia distingue el Filósofo estas demostraciones del diverso modo de proceder, porque ut advertit D. Thomas 1. Poster. lect. 23., importa que la demostración sea de causas verdaderas e inmediatas. De donde acontece faltar de la demostración propter quid, o porque no se procede de causas, sino de efectos, o porque no de causas inmediatas y próximas, sino remotas, que no son raíz determinada de esta verdad, como si alguno probara que la piedra no respira porque no es animal, da causa remota, porque algunos son animales que no respiran; de donde principalmente sirve a las demostraciones negativas.

De lo cual de paso se colige que algunos menos advertidamente confunden la demostración propter quid con la demostración a priori, y la demostración quia con la demostración a posteriori. Lo cual no así es, porque aunque toda demostración propter quid sea a priori, pero no al contrario, y toda demostración a posteriori es quia, pero no al contrario. Pues la demostración quia solo consiste en esto, que se muestre la verdad, pero no su raíz propia e inmediata. Que, empero, se dé alguna verdad puede a veces mostrarse por algo posterior, a saber por el efecto, a veces por algo previo, a saber por la causa remota, a veces por algo concomitante. De donde no toda demostración quia es solo a posteriori, esto es del efecto, sino a veces por algo previo, a saber por la causa remota. La demostración, empero, propter quid siempre es a priori, porque siempre es por la causa y aquella próxima e inmediata.

Dos, ergo, restan en lo presente por explicar: Primero, si sea adecuada esta división; segundo, de qué cualidad sea, si de género en especies o de análogo en analogados.

Acerca de lo primero ha de decirse que esta división es adecuada, que es la sentencia común, aunque al Comentador initio Physicorum comúnmente se tribuya que añadió otro miembro de la demostración, que llamó demostración simpliciter, a saber la que no solo demuestra propter quid, sino que también demuestra que la cosa es. Otros dicen que la demostración de signo ni es propter quid ni quia.

NIHILÓMENOS NUESTRA ASERCIÓN SE PRUEBA, porque esta división se tradita por miembros inmediatamente opuestos, de los que uno infiere la negación contradictoria del otro. Pues la demostración quia es aquella que tradita alguna verdad no mostrando su raíz propia y peculiar, ya esto se haga por causa remota ya por efecto ya por algún otro con el que aquella verdad tenga conexión per se, aunque de aquella no se origine. La demostración, empero, propter quid es aquella que muestra alguna verdad según su causa propia y raíz conocida como tal; la causa, empero, inmediata y próxima y no inmediata importan contradicción. Ergo diferencian estas demostraciones por oposición inmediata, y así adecuadamente agotan lo dividido. Lo cual no acontece en la demostración a priori y a posteriori, porque puede hacerse demostración por algo que no sea previo ni posterior, sino concomitante, y que es a la vez con otro, como los correlativos son a la vez y por uno se demuestra el otro, como si es padre, ergo se da hijo, y con todo no se tienen como previo y posterior. Y similarmente en las Matemáticas frecuentemente acontecen demostraciones fundadas en alguna proporción o correspondencia entre líneas u otras figuras sin que intervenga allí razón de causa o de efecto. Y a esto también atañen las demostraciones que se deducen de actos de cognición o de visión, como si dices: «La piedra es vista por mí, ergo la piedra es», y con todo que la piedra sea vista ni es causa ni efecto de la existencia de la piedra. Si, empero, la demostración propter quid y quia puedan dividirse en otros miembros, ut videtur sentire Commentator loco cit., diremos en la solución del último argumento.

Pero pedirás qué inteligimos con el nombre de causa remota y de causa próxima. Se responde que la causa remota, ut sumitur ex Mag. Soto in 1. Poster. q. 5. y Caietano super cap. 12. 1. Poster., es aquella que no se convierte con su efecto; la causa, en efecto, remota no sino remotamente influye en el efecto, y así lo excede. Cuando, empero, se convierte con el efecto formalmente hablando y per se, se dice causa próxima.

Que, empero, alguna causa no se convierta con el efecto formal y próximamente puede considerarse de triple modo: Primero, porque aunque con el efecto se convierta, no empero inmediatamente, sino que algo entre la causa y el efecto debe mediar, como la esencia considerada respecto de la tercera y cuarta pasión, que causa mediante la primera o la segunda. Segundo, por el otro extremo se dice causa remota la que no se convierte con el efecto ni lo infiere o se infiere de aquel, aunque a veces tal efecto obre; como si dices que alguno tiene fiebre porque tiene el pulso concitado, a veces, en efecto, sin fiebre se da pulso concitado, como en el que corre; a veces al contrario fiebre sin concitación del pulso, como en el que muere. Tercero por último se dice causa remota la que no adecuadamente se convierte con el efecto, es con todo causa suficiente para inferir la negación del efecto, no empero para ponerlo positivamente; como bien vale: «No es animal, ergo no respira», al contrario con todo no vale: «Es animal, ergo respira»; y así «animal» se dice causa remota de la respiración. Y a esto atañe aquel ejemplo que aduce el Filósofo aquí de aquel que interrogado si había flautistas en Escitia respondió que ni siquiera había vides, lo cual fue verdaderamente causa muy remota.

Acerca de la cualidad de esta división, si sea unívoca o análoga, TODA LA DIFICULTAD se reduce a esto, si una y otra demostración cause ciencia simpliciter, o sola la demostración propter quid. Parece, en efecto, a aquella sola convenir la definición supra traditada, que saber es conocer la causa por la que la cosa es, y que es causa de aquella. Ergo aquella demostración que no conoce la causa por la que la cosa es simpliciter no hace saber, y así en razón de demostración científica análogamente conviene con la demostración propter quid. — De otra parte, empero, unívocamente parecen convenir la demostración quia y propter quid, si en verdad la demostración quia tiene certidumbre y evidencia acerca de su objeto, ergo del mismo modo se opone a la opinión como la ciencia propter quid; la opinión, en efecto, es incierta e inevidente. Ergo tiene la substancia y la esencia de la ciencia, si en verdad tiene la substancia y la esencia de la evidencia y de la certidumbre, que se opone y destruye la opinión, y así atañe a la ciencia.

Nihilómenos ha de decirse que la demostración o ciencia quia intrínseca y substancialmente tiene razón de demostración en cuanto tiene certidumbre y evidencia, y así absolutamente es unívocamente demostración según el modo formal de proceder cierta y evidentemente, pero imperfectamente participa la razón de ciencia, porque no versa acerca de objeto perfectamente científico, que es la quididad y aquellas que a la quididad se siguen, sino que versa acerca del an est mismo, no atingiendo la raíz y la causa de la verdad por la que es.

Que, ergo, haga verdadera y propia demostración de parte de la certidumbre y de la evidencia se deduce de D. Tomás 1. p. q. 2. art. 2., donde prueba que se da demostración de esto, que Dios es, aunque procedamos por efectos que son más notorios cuanto a nosotros. Y la razón es clara. Pues la demostración quia se innite en la conexión necesaria entre el efecto y la causa o entre la causa remota y el efecto, como por conexión necesaria se prueba que todo lo que se hace se hace por otro y que no se da proceso al infinito. Y similarmente en las demostraciones negativas de la negación de la causa remota bien se infiere la negación del efecto, aunque no de sola la posición puesto; como bien vale: «No es animal, ergo no respira», pero no positivamente: «Es animal, ergo respira». Es, ergo, la demostración quia cierta y evidente.

Que, empero, de parte del objeto que atinge no sea ciencia perfecta se prueba, porque no atinge el quod quid, sino el an est. Pero la cuestión an est se presupone a la ciencia, de donde ninguna ciencia puede ministrar principios para probar el an est de su sujeto, sino que debe presuponerlos de otra parte. Ergo en la demostración quia necesariamente se procede de extraños al objeto, aunque no extraños a la conexión con la conclusión demostrada; y con todo la ciencia que propia y perfectamente es ciencia no procede de extraños, ut probat Philosophus 1. Poster. cap. 7. Ergo la demostración quia solo versa acerca de los preámbulos a la ciencia; no acerca del objeto propio de la ciencia, que es el quid. Y de aquí es que la ciencia quia puede atañer y reducirse a la misma ciencia propter quid, y aunque proceda de principios extraños y cuanto a esto parezca ser de diversa especie, pero con todo es de diversa especie imperfectamente, y como cierto embrión de ciencia que sirve a la ciencia principal ministerialmente. Versa, en efecto, acerca de los preámbulos y presupuestos a la ciencia, a saber acerca de la cuestión an est, lo cual mejor se explicará en la solución a lo último. Cómo, empero, convenga a la ciencia subalternada saber quia, y a la subalternante la ciencia propter quid, seq. quaest. se explicará. Y de esto quedan resueltas las razones de dudar del principio de este dubiolo.

SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.

Contra la primera conclusión se argumenta, porque de una parte parecen darse más demostraciones que propter quid y quia, y de otra parte menos. Parecen ciertamente darse más. Pues ante todo puede darse aquella que el Comentador 1. Phys. llama demostración simpliciter, a saber la que demuestra que la cosa es y propter quid sea, que a la vez es demostración propter quid y quia. Ítem la demostración por signo ni demuestra por la causa ni por el efecto adecuado a la cosa misma, ergo es otra tercera demostración. Ítem la demostración que deduce a lo imposible y similarmente la demostración negativa, en la que se toma por medio alguna negación, ni proceden por la causa ni por el efecto, pues la negación y lo imposible ni son causa ni efecto de la cosa demostrada. Por último la demostración en la que de algún predicado superior se colige que algo conviene al inferior no es quia ni propter quid, como en este silogismo: «Todo animal es substancia, todo hombre es animal, ergo todo hombre es substancia», donde «animal» ni es causa ni efecto respecto de la substancia.

Al primer ejemplo responde Cayetano 1. Poster. cap. 13. que aquella demostración del Comentador no es media entre la demostración quia y propter quid, sino que subdivide la demostración propter quid, quasi se diga: Una es demostración propter quid solamente, otra la que demuestra propter quid y a la vez que la cosa es. Más verdadero, con todo, parece que la demostración propter quid siempre incluye la demostración quia virtual y eminentemente. Quien, en efecto, demuestra la causa de la verdad, a fortiori demuestra que se dé tal verdad; al contrario, empero, no; quien, en efecto, demuestra que se da la verdad no continuo demuestra la causa por la que se da.

Al segundo ejemplo se dice que la demostración por signo de sí solo prueba que la cosa es, no empero muestra su causa y raíz, ya el signo sea efecto ya causa remota o algo concomitante; y así atañe a la demostración quia.

Al tercero se responde que ante todo la demostración de la que el Filósofo aquí trata puede decirse que solo es demostración ostensiva; pero con todo aún aquella que es a lo imposible se reduce a la demostración propter quid o quia. Pues si deduce a lo imposible por las causas de tal imposibilidad, es propter quid; la que, empero, deduce a lo imposible de los efectos es demostración quia. Como si dices: «Si el caballo discurre, se sigue que sea racional», se procede por efectos. Si, empero, dices: «Si la piedra es viviente, se sigue que se mueva», es propter quid. De la demostración, empero, negativa decimos que también una negativa puede ser causa de la negación a su modo, como bien vale: «No es animal, ergo no es racional». Y así, cuando se aduce la causa propia e inmediata de negar, es demostración propter quid.

Al cuarto se dice que aquella demostración es demostración quia; solo, en efecto, prueba que se da tal verdad, no aduciendo su causa próxima y adecuada, sino idéntica y remota; no, en efecto, la causa propia y única de que algo sea substancia es el animal. Por lo demás cuando se procede de lo universal a lo singular, como si se dice: «Todo hombre es risible, ergo Pedro», o aquella no es demostración propia, sino explicación de las partes contenidas en lo universal, o si es demostración es propter quid; tradita, en efecto, la causa por la que Pedro es risible.

Segundo se argumenta: Pues la demostración quia, por cierta y evidentemente que proceda, con todo no aquieta al intelecto, sino que aún lo deja suspenso hasta que sepa la causa y la raíz de la verdad. Es, empero, propio de la ciencia aquietar al intelecto, y así D. Tomás 1. Poster. lect. 18. dice que saber de los propios principios solo es verdaderamente saber. Y lect. 23. dice que la demostración propter quid es demostración simpliciter. Ergo la demostración quia no es simpliciter y unívocamente demostración.

Se confirma, porque la demostración quia no consta de premisas necesarias simpliciter, ergo no es simpliciter demostración.

El antecedente se prueba: Las premisas o son causa remota o efecto. La causa remota no tiene conexión necesaria con el efecto, como ser animal a ser respirativo; el efecto también o se supone conocido por la causa o por la experiencia. Si por la causa, aquella demostración será propter quid; si por la experiencia, su cognición es falible y consecuentemente no funda demostración necesaria.

SE RESPONDE que la ciencia quia es ciencia imperfecta y no simpliciter de parte del objeto, porque en aquel no atinge el quid, sino el an est. En aquello, empero, que atinge, perfectamente aquieta al intelecto, a saber cuanto al an est, aunque deje al intelecto no convencido ni quieto cuanto al quid est, porque esto a sí no atañe; y por tanto es imperfecta aquella demostración, porque esta razón de quididad no la atinge. Ni más ampliamente quiere Divus Thomas en aquellos lugares en los que a sola la demostración propter quid atribuye la razón de demostración simpliciter, esto es si se considera de parte del objeto perfectamente científico, que es la quididad; esta, en efecto, simpliciter no la atinge. Si, empero, se considera el modo de atingir científicamente, esto es cierta y evidentemente, así también la demostración quia simpliciter es demostración.

A la confirmación se responde que la causa remota principalmente sirve a la demostración negativa cuando no es causa convertible con el efecto, como bien vale: «No es animal, ergo no respira», no empero positivamente: «Es animal, ergo respira». Si, con todo, la causa remota es convertible con el efecto, como cuando de alguna esencia se infiere la pasión propia mediata, entonces también positivamente bien vale de la causa mediata o remota. Ni puede decirse que en la demostración negativa la negación de la causa remota hace demostración propter quid, como se demuestra que la piedra no respira porque no es animal. Esto, inquiero, no puede decirse, porque aunque aquella negación suficientemente convenza la negación de la respiración, porque con todo no niega la causa propia e inmediata de respirar, no se tradita por la causa propia e inmediata de la negación; la razón propia, en efecto, de la negación por oposición se conoce la forma inmediata.

Y a lo que se añade de los efectos se responde que entonces son per se notos cuando se conocen por experiencia cierta e indubitada o al menos inductivamente manifestada, porque toda ciencia tiene origen de la inducción, como cuando mostramos de los efectos que se da la primera causa, que algunos efectos se den es indubitado.

Por último se argumenta: Pues la demostración quia y propter quid proceden de diversos principios y bajo diversa luz, una de los efectos, otra de las causas. Ergo deben generar hábitos distintos específicamente, porque de la diversidad de los principios y de la luz se toma el diverso hábito científico; no, ergo, la demostración quia se reduce a la ciencia propter quid, porque no se reduce a sus principios.

SE RESPONDE que si la demostración quia y propter quid proceden en diversas ciencias, ya puestas subalternadamente ya disparadamente se teniendo, consta que entonces también atañen a diversos hábitos. Si, empero, en la misma ciencia procede una y otra demostración, en cuanto la demostración quia en el mismo objeto toca la razón an est, y la demostración propter quid la razón quid est, como al contrario en Teología se prueba que Dios es por demostración quia, entonces dicen algunos que aunque la demostración quia y propter quid procedan de diversos principios y así sean de diversa especie, generan con todo el mismo asenso específicamente y consecuentemente el mismo hábito; como el calor producido por el fuego y por el sol es de la misma especie. Así Mag. Soto 1. Poster. q. 5. Otros dicen que aquellos asensos son distintos específicamente, ut Mag. Cabero.

Pero a mí parece más explicativamente resolverse esto de la sentencia de Cayetano 1. p. q. 2. art. 3., donde dice que como ninguna ciencia de propios prueba que su sujeto es, sino de extraños a sí apropiados, cuando aquellos extraños nos son más notorios, de allí es que la Teología prueba que Dios es, no de propios simpliciter, sino de propios ministerialmente, a saber de los notos por luz natural que ministran a la Teología. De donde decimos que aunque la demostración quia, cuando se hace en la misma ciencia en la que se procede propter quid, proceda de principios extrínsecos y consecuentemente distintos del propter quid, con todo porque se apropian al objeto de tal ciencia y disponen a aquel, por esto de que versan acerca del an est y preparan a inteligir la quididad y a demostrar las pasiones de aquella, por eso se dice reducirse la demostración quia a la demostración propter quid, porque aunque proceda de diversos principios, se apropian con todo al objeto propter quid, disponiendo y preparando a aquel por la demostración de la cosa cuanto al an est. Y aunque sean asensos distintos específicamente, si según sí y por separado se consideran estas demostraciones y quasi entitativamente, según empero que se coordinan y una apropriadamente se tiene a la otra preparando a aquella, reductivamente atañe a la misma especie de ciencia propter quid no absolutamente, sino apropriada y reductiva o dispositivamente, como las disposiciones a la forma substancial, aunque entitativamente sean de distinto género.

Quaestio XXVI: DE LA CIENCIA TANTO SEGÚN SÍ COMO EN ORDEN A LA OPINIÓN Y A LA FE

Articulus I: QUÉ SEA LA CIENCIA Y CÓMO SE DISTINGA DE LOS RESTANTES HÁBITOS EVIDENTES

Articulus II: QUÉ SEAN LA CIENCIA SUBALTERNANTE Y LA SUBALTERNADA Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus III: SI LA CIENCIA SUBALTERNADA SEA VERDADERA Y PROPIAMENTE CIENCIA, AUNQUE NO SE CONTINÚE CON LA SUBALTERNANTE

Articulus IV: CUÁLES SEAN LOS HÁBITOS INEVIDENTES Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus V: SI LA OPINIÓN Y LA FE CON LA CIENCIA INTRÍNSECAMENTE REPUGNEN

Quaestio XXVII: DE LA UNIDAD Y DISTINCIÓN DE LAS CIENCIAS

Articulus I: DE DÓNDE SE TOME LA UNIDAD O DIVERSIDAD ESPECÍFICA DE LAS CIENCIAS EN RAZÓN DE COGNOSCIBLE

Articulus II: SI LA CIENCIA SEA UNA SIMPLE CUALIDAD Y HÁBITO

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