Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas

Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas (1589–1644)

Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.


Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica

Prooemium I: PROEMIO

Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA

Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS

Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE

Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA

Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE

Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE

Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN

Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN

Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ

Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA

Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN

Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA

Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL

Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO

Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO

Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS

Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»

Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN

Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN

Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES

Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES

Quaestio VI: DE LA DIVISIÓN DEL UNIVERSAL EN CINCO PREDICABLES

Articulus I: SI ESTA DIVISIÓN SEA BUENA Y ADECUADA

Articulus II: SI ESTA DIVISIÓN SEA DE GÉNERO EN ESPECIES E INMEDIATA

Quaestio VII: DEL GÉNERO

Articulus I: SI LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO TRANSMITIDA POR PORFIRIO SEA BUENA

Articulus II: CUÁL SEA EL DEFINIDO EN LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO, SI LA INTENCIÓN MISMA O EL SUJETO O EL COMPUESTO DE UNO Y OTRO

Articulus III: CÓMO EL GÉNERO SE DIGA TODO POTENCIAL Y SE TOME DE LA MATERIA

Quaestio VIII: DE LA ESPECIE PREDICABLE Y SUBICIBLE

Articulus I: SI LA ESPECIE SE CONSTITUYA EN RAZÓN DE ESPECIE POR LA RAZÓN DE SUBICIBLE O DE PREDICABLE

Articulus II: SE EXPLICAN LAS DEFINICIONES DE LA ESPECIE

Articulus III: SI PUEDA DARSE ESPECIE SUBICIBLE QUE NO SEA PREDICABLE DE MUCHOS, SINO QUE SOLO TENGA UN INDIVIDUO

Articulus IV: SI LA ESPECIE PUEDA CONSERVARSE EN UN SOLO INDIVIDUO Y EL GÉNERO EN UNA SOLA ESPECIE

Quaestio IX: DEL INDIVIDUO

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES DEL INDIVIDUO SE EXPLIQUEN RECTAMENTE

Articulus II: QUÉ SEA EL INDIVIDUO EN COMÚN O INDIVIDUO VAGO

Quaestio X: DE LA DIFERENCIA COMÚNMENTE DICHA Y SEGÚN QUE ES EL TERCER PREDICABLE

Articulus I: SI BIEN SE DIVIDA LA DIFERENCIA EN COMÚN, PROPIA Y PROPRIÍSIMA

Articulus II: SI LAS DEFINICIONES DE LA DIFERENCIA DEL TERCER PREDICABLE SEAN BUENAS

Articulus III: SI LA DIFERENCIA SE DIGA UNIVERSAL RESPECTO DE SU ESPECIE O RESPECTO DE LOS INFERIORES DE TAL ESPECIE

Articulus IV: SI LAS DIFERENCIAS SUPERIORES Y GENÉRICAS SE INCLUYAN EN LAS DIFERENCIAS ÁTOMAS Y DE AQUELLAS SE PREDIQUEN

Quaestio XI: DEL PROPIO

Articulus I: SE EXPLICA LA NATURALEZA DEL PROPIO Y SE SOPESAN SUS DIVISIONES

Articulus II: QUÉ SEA EL PROPIO CUARTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES SE TOME

Quaestio XII: DEL ACCIDENTE QUINTO PREDICABLE

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES Y DIVISIONES DEL ACCIDENTE RECTAMENTE HAYAN SIDO TRADITADAS POR PORFIRIO

Articulus II: CÓMO EL ACCIDENTE SE DIGA QUINTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES INFERIORES

Liber I: LIBRO DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XIII: DE LOS ANTEPREDICAMENTOS Y DE LOS ANÁLOGOS

Articulus I: QUÉ SEAN LOS ANTEPREDICAMENTOS Y POR QUÉ DE ELLOS AQUÍ TRATÓ ARISTÓTELES

Articulus II: DE LA DEFINICIÓN Y DIVISIÓN DE LOS EQUÍVOCOS

Articulus III: QUÉ Y CUÁNTUPLE SEA LA ANALOGÍA

Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES DE ESTOS ANÁLOGOS

Articulus V: SI EN LOS ANÁLOGOS SE DA UN CONCEPTO PRESCINDIDO DE LOS INFERIORES

Quaestio XIV: DEL ENTE PREDICAMENTAL Y DE LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus I: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO Y QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGO ESTÉ EN PREDICAMENTO

Articulus II: SI EL ENTE SEA UNÍVOCO O ANÁLOGO A LOS DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus III: CON QUÉ ANALOGÍA EL ENTE SEA ANÁLOGO

Articulus IV: SI EL ACCIDENTE SEA UNÍVOCO A LOS NUEVE GÉNEROS

Articulus V: SI SEA ADECUADA Y BUENA LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Quaestio XV: DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN FORMAL CONSTITUTIVA DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus II: SI BIEN SE DIVIDA LA SUBSTANCIA EN PRIMERA Y SEGUNDA

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS DEFINICIONES DE LA PRIMERA Y DE LA SEGUNDA SUBSTANCIA

Articulus IV: CUÁLES SE RECHAZAN Y SE PONEN EN ESTE PREDICAMENTO

Articulus V: SI EL SUSCIPIR CONTRARIOS SEA PROPIO DE CUARTO MODO DE LA SUBSTANCIA

Quaestio XVI: DE LA CANTIDAD

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN PROPIA Y FORMAL DE LA CANTIDAD

Articulus II: SI LA CANTIDAD DISCRETA SEA VERDADERA ESPECIE DE CANTIDAD

Articulus III: SI EL TIEMPO Y EL MOVIMIENTO, EL LUGAR Y LA ORACIÓN SE RECHACEN DE LAS ESPECIES DE CANTIDAD

Articulus IV: SI LA LÍNEA, LA SUPERFICIE Y EL CUERPO SEAN VERDADERAS ESPECIES DE CANTIDAD

Quaestio XVII: DEL PREDICAMENTO DE LA RELACIÓN

Articulus I: SI POR PARTE DE LA COSA SE DEN RELACIONES QUE SEAN FORMAS INTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA RELACIÓN SEA PREDICAMENTAL

Articulus III: CUÁLES SEAN LAS DIVISIONES DE LA RELACIÓN PREDICAMENTAL Y SUS ESPECIES

Articulus IV: SI LA RELACIÓN SE DISTINGA POR PARTE DE LA COSA DE SU FUNDAMENTO

Articulus V: SI LA RELACIÓN FORMALMENTE SE TERMINE A LO ABSOLUTO O A LO RELATIVO

Articulus VI: DE DÓNDE SE TOME LA DISTINCIÓN ESPECÍFICA Y NUMÉRICA DE LA RELACIÓN

Articulus VII: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS PROPIEDADES DE LOS RELATIVOS, QUE SEAN SIMULTÁNEOS POR NATURALEZA Y POR COGNICIÓN

Quaestio XVIII: DE LA CUALIDAD

Articulus I: SE EXPLICA LA RAZÓN FORMAL DE LA CUALIDAD Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SE EXPLICA LA DIVISIÓN DE LA CUALIDAD EN CUATRO ESPECIES

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE CADA UNA DE LAS ESPECIES

Quaestio XIX: DE LOS SEIS ÚLTIMOS PREDICAMENTOS

Articulus I: SI ESTOS PREDICAMENTOS SON FORMAS ABSOLUTAS O RELATIVAS O DENOMINACIONES EXTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y LA PASIÓN PREDICAMENTALES

Articulus III: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO DÓNDE Y EL SITIO

Articulus IV: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO CUÁNDO Y EL HÁBITO

Textus I: TEXTO DESPUÉS DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XX: DE LOS POSTPREDICAMENTOS

Articulus I: SE EXPLICAN LAS OPOSICIONES

Articulus II: QUÉ HAYA DE NOTARSE ACERCA DE LOS RESTANTES POSTPREDICAMENTOS

Liber II: SOBRE LOS LIBROS PERIHERMENIAS

Quaestio XXI: DEL SIGNO SEGÚN SÍ

Articulus I: SI EL SIGNO SEA EN EL GÉNERO DE LA RELACIÓN

Articulus II: SI EN EL SIGNO NATURAL LA RELACIÓN SEA REAL O DE RAZÓN

Articulus III: SI SEA LA MISMA RELACIÓN DEL SIGNO AL SIGNADO Y A LA POTENCIA

Articulus IV: CÓMO SE DIVIDA EL OBJETO EN MOTIVO Y TERMINATIVO

Articulus V: SI EL SIGNIFICAR SEA FORMALMENTE CAUSAR ALGO EN EL GÉNERO DE EFECTUAR

Articulus VI: SI EN LOS BRUTOS Y EN LOS SENTIDOS EXTERNOS HAYA VERDADERA RAZÓN DE SIGNO

Quaestio XXII: DE LAS DIVISIONES DEL SIGNO

Articulus I: SI SEA UNÍVOCA Y BUENA LA DIVISIÓN DEL SIGNO EN FORMAL E INSTRUMENTAL

Articulus II: SI EL CONCEPTO SEA SIGNO FORMAL

Articulus III: SI LA ESPECIE IMPRESA SEA SIGNO FORMAL

Articulus IV: SI EL ACTO DE CONOCER SEA SIGNO FORMAL

Articulus V: SI SEA BUENA LA DIVISIÓN EN SIGNO NATURAL Y AD PLACITUM Y DE COSTUMBRE

Articulus VI: SI EL SIGNO DE COSTUMBRE SEA VERDADERAMENTE SIGNO

Quaestio XXIII: DE LAS NOTICIAS Y DE LOS CONCEPTOS

Articulus I: SI LA NOTICIA INTUITIVA Y LA ABSTRACTIVA DIFERENCIEN ESENCIALMENTE EN LA RAZÓN DE COGNICIÓN

Articulus II: SI PUEDA DARSE COGNICIÓN INTUITIVA DE LA COSA FÍSICAMENTE AUSENTE, YA EN EL INTELECTO YA EN EL SENTIDO EXTERIOR

Articulus III: CÓMO DIFERENCIE EL CONCEPTO REFLEJO DEL DIRECTO

Articulus IV: CUÁL SEA LA DISTINCIÓN ENTRE EL CONCEPTO ULTIMADO Y EL NO ULTIMADO

Liber III: SOBRE LOS LIBROS DE LOS POSTERIORES

Quaestio XXIV: DE LOS PRECONOCIDOS Y DE LAS PREMISAS

Articulus I: SE EXPLICA QUÉ SEAN LOS PRECONOCIDOS Y LAS PRENOCIONES

Acerca de los preconocidos cuatro cosas tradita el Filósofo: Lo primero como fundamento y raíz de los otros es que toda disciplina intelectiva se hace de cognición preexistente. Y se dice intelectiva a distinción de la sensitiva; ni, en efecto, toda sensitiva se origina de cognición preexistente, pues así se procedería al infinito, sino que se detiene en la cognición del sentido externo, que no se origina de otra cognición previa.

Lo segundo es que los preconocidos que deben presuponerse para toda disciplina y doctrina son tres, a saber el sujeto, la pasión y las premisas o principios. De estos, en efecto, se fabrica la demostración; demostramos, en efecto, la pasión del sujeto por algunos principios más notos. La precognición, empero, esto es aquello que de tales preconocidos se supone habiendo de preconocerse, es doble, a saber an sit algo y quid sit. Pero porque los principios son algo complexo y no simple, no se preconoce de aquellos an sint y quid sint, sino que sean verdaderos. Los principios, en efecto, de la demostración como no solo infieren, sino también prueban su verdad, importa que sean verdaderos.

Lo tercero es que se da orden entre las precogniciones; no ciertamente de parte del sujeto y de la pasión, sino de parte de los principios o de las premisas, porque la mayor puede conocerse antes en el tiempo que la conclusión, la menor empero a la vez con aquella.

Lo cuarto por último es que la conclusión no puede preconocerse formalmente, si en verdad se demuestra, sino solo virtualmente, porque se preconocen las premisas en las que virtualmente está la conclusión.

Acerca de estos dos últimos dichos no hay que disputar en lo presente. Pues este cuarto dicho carece de dificultad; del tercero, empero, trataremos in 3. art. Y por eso solo restan por explicar los dos dichos previos.

Acerca de lo primero han de advertirse dos: LO PRIMERO es que con el nombre de doctrina y de disciplina intelectiva hay disensión entre los autores sobre qué se inteligia, si de toda cognición absolutamente o solo de la discursiva o científica. Y aunque pudiera inteligirse que toda cognición intelectiva se origina de otra, en cuanto la segunda operación se origina de la primera y la primera aprehensión de la sensitiva; con todo esto no conduce al intento del Filósofo, sino que solo habla de la cognición probativa de modo racional y discursivo, ya científicamente ya probablemente, ut sumitur ex D. Thoma 1. Poster. lect. 1. Y se dice doctrina la cognición misma en cuanto docente y que nos hace saber; disciplina, empero, la recepción de la cognición de otro.

La razón, empero, es que el intento de Aristóteles solo es mostrar cómo pueda algo saberse de nuevo o adquirirse la cognición sin que se proceda al infinito en las pruebas ni se haga círculo probando uno por otro y al contrario. A esto, empero, solo conducía hablar de la cognición que por prueba e ilación se adquiere, a saber de la cognición probada y que prueba, ilada e inferente, de modo que la cognición que prueba no es necesario que se haga de otra previa que pruebe, porque puede alguna cognición que prueba ser per se nota y no de otra prueba antecedente. Toda, empero, cognición probada o demostrada presupone otra previa de la que se prueba o se demuestra. Que si la cognición misma no de que sea que prueba o probada, sino de que es intelectiva, en nosotros necesite originarse de otra cognición, a saber de la sensitiva, a lo presente no atañe. Ni, en efecto, en lo presente se trata aquella dificultad de si el intelecto depende del sentido, sino de si la disciplina y la doctrina dependen de otra cognición previa.

SEGUNDO advierte que Aristóteles en asignar la generación y adquisición de nuestra ciencia procede del mismo modo que en los Físicos acerca de la generación de las cosas naturales. Como, en efecto, prueba allí contra algunos filósofos que las formas no preexisten en acto en la materia latentes, sino que de la potencia de aquella se educen y así de nuevo se adquieren, así en nosotros la ciencia se adquiere acerca de las conclusiones, no porque se presupongan conocidas en acto y solo por reminiscencia se diga que de nuevo las sabemos, como Platón puso, sino que en virtud y en potencia se conocen en los principios; de los principios mismos, empero, en acto se vuelven conocidas las conclusiones como también probadas.

De lo cual consta el fundamento de la proposición de Aristóteles: Que toda doctrina y disciplina se hace de cognición preexistente, esto es, toda conclusión ignota se deduce de algún principio más notorio, en el que tal conclusión esté ciertamente ignota en acto, conocida empero en virtud y en potencia; como también las cosas se generan en acto no de la nada, sino de algo en lo que se contienen en potencia, a saber de la materia. Habla, ergo, el Filósofo de la cognición habiendo de adquirirse de modo humano por principios e ilación, lo cual atañe al discurso.

Acerca del segundo dicho discierne diligentemente los fundamentos de donde se origina que algo haya de preconocerse para la adquisición de nuestra ciencia, y que los preconocidos solo deban ser tres y las precogniciones dos. Que, en efecto, algo necesario haya de preconocerse o presuponerse se origina de aquel principio, que no puede darse proceso al infinito ni círculo en las demostraciones. De allí, en efecto, necesariamente se sigue que hay que detenerse en alguna cognición que por otra no se prueba; y consecuentemente aquella para probar o demostrar otras se presupone o se preconoce, no empero se prueba ni se conoce por otra.

Que, empero, los preconocidos deban ser tres se toma del objeto mismo demostrable, que es alguna conclusión en la que la pasión propia se predica y se demuestra convenir al sujeto. De donde los preconocidos solo se asignan por Aristóteles para la demostración, aunque puedan acomodarse fácilmente de modo proporcional para los silogismos no demostrativos. Así, ergo, colige D. Tomás estos preconocidos 1. Poster. lect. 2.: «Ha de saberse», inquiere, «que aquello cuya ciencia se busca por la demostración es alguna conclusión en la que la pasión propia se predica de algún sujeto, cuya conclusión ciertamente se infiere de algunos principios. Y porque la cognición de los simples precede a la cognición de los compuestos, es necesario que antes de que se tenga la cognición de la conclusión se conozca de algún modo el sujeto y la pasión. Y similarmente importa que se conozca el principio del que se infiere la conclusión, pues de la cognición del principio se hace nota la conclusión. De estos tres, empero, a saber de la pasión, del sujeto y del principio, hay doble modo de precognición, a saber quia est y quid est. Ha de mostrarse, empero, in 7. Metaph. que los complexos no se definen; del hombre blanco, en efecto, no hay alguna definición y mucho menos de alguna enunciación. De donde como el principio es cierta enunciación, no puede preconocerse de aquel quia est, sino que es verdadero. De la pasión puede ciertamente saberse quid est, pero como su quididad pende del sujeto en el que está, se sabe ciertamente de la pasión por la demostración como conclusión ilada, pero se preconoce de ella quid est cuanto a la significación del nombre; no, en efecto, puede saberse an aliquid sit a no ser que sepamos qué signifique su nombre. Del sujeto, empero, no se muestra en la conclusión quid sit, y mucho menos an sit. De donde importa preconocer de él quid sit y an sit, pues de su definición se toma el principio para demostrar que la pasión le conviene». Hasta aquí D. Tomás.

De cuya doctrina manifiestamente se colige el número de los preconocidos y qué de cada uno haya de preconocerse. Y se toma esto de un único principio, a saber porque para inferir alguna conclusión de los principios importa presuponer tales principios ante la demostración, lo cual es preconocer. Los principios, empero, son proposiciones que constan de algunos términos, de donde a fortiori los términos mismos deben preconocerse. Todos, empero, los términos concurrentes en la demostración son tres, a saber en la conclusión el sujeto y la pasión, que se unen entre sí; en las premisas, empero, el sujeto y la pasión en cuanto se unen en el medio, por cuya virtud se infieren como conexos entre sí, cuyo medio es la quididad misma del sujeto, porque toda conexión necesaria de las pasiones entre sí se origina de la conexión necesaria de los predicados quiditativos.

Por lo cual solo importa preconocer el sujeto y la pasión en cuanto en las premisas se presuponen, para que después en la conclusión se unan, y similarmente los principios mismos que contienen la quididad o definición de alguna cosa, y consecuentemente en ella se preconoce el medio, a saber el predicado esencial mismo de la definición, por razón del cual conviene la pasión propia. De donde queda que de los principios mismos se preconoce que son verdaderos, por esto de que son proposiciones.

Del sujeto mismo, empero, debe preconocerse quid sit, por esto de que la quididad del sujeto no se demuestra, sino que de aquella misma se hace la demostración, y así se presupone. Y a fortiori se preconoce del sujeto mismo an sit, porque la cuestión an est se presupone a la cuestión quid est; ni, en efecto, puede conocerse qué sea algo a no ser que se presuponga que es. Y con el nombre «an est» inteligimos no precisamente la existencia misma en acto, que sobreviene contingentemente a la quididad, sino también la posibilidad de aquella, esto es si algo es dable en su género, ya en la cosa ya por la razón, y en una palabra la cuestión an est inquiere la cosa y no la causa, esto es que la cosa sea o se dé, pero no propter quid se dé. Que la cosa sea, empero, lo inquiere no según el ser contingente y accidental, que no separa el camino al quod quid, sino según el concepto propio de la cosa, como bien nota Cayetano 2. Poster. cap. 7., a saber si es dable.

Por último de la pasión no podemos preconocer quid sit o an sit tal pasión, porque uno y otro se concluye por la demostración, en la que se muestra que la pasión conviene al sujeto, y consecuentemente en aquel se da y se tiene, lo cual atañe al ser, y de aquel depende en su razón intrínseca, lo cual atañe a la quididad. Resta, ergo, que solo de aquella preconozcamos el quid nominis, esto es qué se signifique con tal nombre, porque esto no es demostrable.

SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.

Contra lo primero puede argumentarse, porque o aquella proposición de Aristóteles: «Toda doctrina y disciplina etc.» procede universalmente de toda cognición o solo de la discursiva y probativa. Si lo primero, se instancia en la cognición de los ángeles, en los que hay ciencia perfectísima, no oriunda de cognición preexistente, sino que con único intuido atinge los principios y las conclusiones; se instancia también en nosotros, porque como no hay proceso al infinito, importa llegar a alguna cognición que de otra preexistente no se haga. Si lo segundo, no se verifica la proposición del Filósofo, porque el discurso no solo incluye la conclusión, sino también las premisas, y así tal cognición discursiva no se hace de cognición preexistente, sino de sí misma, en cuanto de las premisas que incluye se deduce la conclusión.

Se confirma, porque esta proposición no resuelve el argumento de Platón, con el que probaba que nosotros nada de nuevo aprendemos, a saber porque o conocemos aquello que inquirimos o lo ignoramos. Si lo conocemos, ergo ya sabemos; si lo ignoramos, aunque esté obvio, no lo hallaremos, como si alguno busca a un hombre ignoto para sí. Cuya razón también corre si toda doctrina se hace de cognición preexistente, porque por más que tenga cognición preexistente, si aquella no me muestra aquello que inquiero, nunca lo hallaré. Si, empero, lo muestra, no hay que inquirir ulterior.

SE RESPONDE de lo dicho: Que la proposición del Filósofo se inteligia de la cognición que por alguna prueba se tiene; esta, en efecto, propiamente es doctrina y disciplina, si en verdad esto intentamos aprender, lo que por prueba adquirimos. Aquello, empero, que no se prueba por otro, sino que inmediatamente se atinge per se, no se aprende ni es disciplina. Y así no se instancia en el ángel, que sin prueba ve la cosa probada y sin ilación y discurso la cosa ilada. Ni se da proceso al infinito; se detiene, en efecto, en la cognición que prueba, que de otra previa no se prueba, como son los primeros principios, aunque esto por último se resuelva en la cognición de los sentidos.

A lo que, empero, se añade del discurso, se responde que si el discurso se toma adecuadamente por las premisas y la conclusión, así se verifica que se hace de cognición preexistente, a saber porque de la cognición de los principios según sí, según que precisamente se toca por el hábito de los principios, se procede a la cognición de aquellos como inferentes, y consecuentemente a la conclusión. Pero con todo no tomando el discurso tan adecuadamente, sino por aquella cognición que está probada por el discurso, que es la conclusión, a la cual sola compete ser doctrina y disciplina, así se hace de cognición preexistente, a saber de la cognición de las premisas, que es probativa; quasi digamos que toda doctrina, esto es cognición probada por el discurso o discursiva como probada, se hace de cognición preexistente que prueba.

A la confirmación se responde que se resuelve el argumento de Platón de la proposición aducida por el Filósofo, porque si toda disciplina se hace de cognición preexistente, en aquella cognición preexistente la conclusión es nota virtualmente y en general, en cuanto se contiene en las premisas, ignota empero formalmente y en particular, y así de la cognición de aquella en potencia se hace cognición en acto, no empero se presupone en acto la ciencia de aquella, como Platón ponía.

Segundo se argumenta contra el segundo dicho, ya contra el número de los preconocidos, ya contra la distribución de las prenociones.

Contra el número, porque también debe preconocerse la bondad de la consecuencia para inferir la conclusión, y con todo aquella no la numera aquí el Filósofo. Ya porque el medio se preconoce ante la conclusión, pues por virtud del medio se infiere la conclusión; ergo no solo debe preconocerse el sujeto y la pasión.

Contra la distribución, empero, de las prenociones se argumenta, porque a veces del sujeto mismo inquirimos an sit y quid sit en alguna ciencia, como inquirimos en Teología si Dios es, en Física si hay movimiento, si hay generación etc. Y cuando algo se define, suele haber controversia de si bien o mal se define, lo cual todo se explica por la ciencia y el discurso. Ergo no así preconocemos del sujeto como aserta Aristóteles.

Ítem aquel an est que se presupone del sujeto y de la pasión o se dice an est de existencia o de verdad. Esto segundo no puede decirse, porque así se preconocería del sujeto lo mismo que de los principios, a saber que sea verdadero. Lo primero, empero, no puede estar, porque la existencia no se requiere para que el sujeto sea scible, pues más bien el objeto de la ciencia abstrae de la existencia. Si, empero, se dice que se supone la existencia de lo posible, contra está, ya porque del ente de razón se da ciencia, a saber la Lógica, y con todo no se presupone su posibilidad, pues no es ente posible. Ya porque ser posible es lo mismo que no ser fingido, sino verdadero, y así se presupondría an est de verdad, no de existencia.

Por último de la pasión mal se dice que solo se presupone el quid nominis; pues de la pasión también se presupone an sit. Ya porque no hay que suponer qué signifique el nombre a no ser que se suponga an sit tal pasión significada por el nombre. Ya porque de que la pasión conviene a alguna razón se infiere que convenga al sujeto, como cuando se dice: «Todo racional es risible, todo hombre es racional, ergo todo hombre es risible»; donde lo risible en las premisas se pone convenir a lo racional, y de allí se infiere convenir al hombre. Ergo se supone en las premisas lo risible cuanto al an est, es más también cuanto al quid est, a saber que convenga a aquel de cuya razón dimana y al que per se conviene. No, ergo, de la pasión solo se supone el quid nominis; es más por la significación del nombre no probamos la pasión, sino de su coaptación con el sujeto; aquello, empero, se presupone de la pasión por lo que se prueba.

SE RESPONDE a la primera parte del argumento que no se tradita por Aristóteles entre los preconocidos la bondad de la consecuencia, porque no es preconocido posteriorístico, sino priorístico, de lo cual había tratado en los libros de los Primeros. Lo que, empero, atañe al medio, aquel ciertamente se preconoce, pero no por separado de los principios, porque del medio deben formarse los principios para que infieran la conclusión. Del sujeto, empero, y de la pasión se preconoce por separado de los principios, porque atañen a la conclusión como materia de la que consta la conclusión, no empero precisamente se hallan en los principios como el medio.

A la segunda parte del argumento se responde que del sujeto siempre se supone an est en aquella ciencia por la que se trata como de sujeto propio y adecuado, de modo que por medio intrínseco no se prueba. Puede, con todo, a veces probarse an sit y quid sit de algún sujeto en alguna ciencia, no por medio intrínseco y a priori, sino o a posteriori o de mutuadas de otra ciencia y no de propios, o porque la ciencia está subalternada a otra y por aquella prueba sus principios. Y así la Teología prueba que Dios es mutuando las razones de la Metafísica; y la Lógica similarmente de aquella prueba que se da ente de razón. El físico, empero, no prueba que se dé movimiento en común o ente móvil, que es el sujeto adecuado, bien empero que se dé generación, que es sujeto inadecuado y parcial.

A la tercera parte del argumento se responde que la cuestión an est no dice existencia, sino posibilidad, y así el ente de razón también tiene su posibilidad, no para que sea, sino para que se conozca. La posibilidad, empero, de la cosa no es presuposición de verdad formalmente y complexamente y por modo de enunciable, como se presupone de los principios, sino que atañe a la verdad transcendental y subjetiva. Se dice, empero, atañer a la cuestión an est la posibilidad considerada no in actu signato, como predicado quiditativo de la esencia, en cuanto distingue del ente imposible y fingido, y según que dice las causas de tal posibilidad, sino según que precisamente ejerce orden al ser, que es extrínseco a la quididad, no atendiendo a las causas de tal posibilidad.

A lo último se responde que algunos así sienten, que de la pasión se preconoce an sit, porque el ser de la pasión se sigue al ser del sujeto. Por lo demás como se sigue por algún medio por razón del cual conviene al sujeto y se prueba de aquel, no se presupone, sino que se demuestra. Cuando, ergo, se conoce qué signifique el nombre, no se conoce la cosa significada cuanto al an est en el ser, sino en el significar o más bien en el ser de significado. Similarmente, como la pasión es accidente cuyo ser se toma por orden al sujeto, aunque en las premisas se inteligia convenir a algún medio por el que conviene y se convierte con el sujeto, aún no se inteligia formal y expresamente en orden al sujeto, sino solo virtualmente, en cuanto se contiene en aquel medio. Y por eso no se presupone cuanto al an est, sino que se prueba, porque este ser de la pasión se toma por orden al sujeto y de la conveniencia a aquel, aunque por algún medio le convenga. Si, empero, cuanto al an est no se presupone, mucho menos cuanto al quid est. No, empero, se infiere que la pasión convenga al sujeto de sola la significación del nombre, aunque esta se preconozca, sino de la conexión con el medio, que también se preconoce en los principios.

Articulus II: SI LAS PREMISAS INFLUYAN EFICIENTEMENTE EN LA CONCLUSIÓN O EN OTRO GÉNERO DE CAUSA

Articulus III: SI LAS PREMISAS NECESITEN AL ASENSO DE LA CONCLUSIÓN, DE MODO QUE LA MENOR SE CONOZCA A LA VEZ CON LA CONCLUSIÓN

Articulus IV: QUÉ SEA LA PROPOSICIÓN PER SE NOTA E INMEDIATA, EL PREDICADO DE TODO Y PER SE Y SECUNDUM QUOD IPSUM

Quaestio XXV: DE LA DEMOSTRACIÓN

Articulus I: SI RECTAMENTE ESTÉ DEFINIDA LA DEMOSTRACIÓN POR ARISTÓTELES

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA PROPOSICIÓN SEA DEMOSTRABLE

Articulus III: SI TODA DEMOSTRACIÓN CIRCULAR SEA VICIOSA

Articulus IV: QUÉ SEA LA DEMOSTRACIÓN QUIA Y PROPTER QUID, Y SI SEA BUENA LA DIVISIÓN

Quaestio XXVI: DE LA CIENCIA TANTO SEGÚN SÍ COMO EN ORDEN A LA OPINIÓN Y A LA FE

Articulus I: QUÉ SEA LA CIENCIA Y CÓMO SE DISTINGA DE LOS RESTANTES HÁBITOS EVIDENTES

Articulus II: QUÉ SEAN LA CIENCIA SUBALTERNANTE Y LA SUBALTERNADA Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus III: SI LA CIENCIA SUBALTERNADA SEA VERDADERA Y PROPIAMENTE CIENCIA, AUNQUE NO SE CONTINÚE CON LA SUBALTERNANTE

Articulus IV: CUÁLES SEAN LOS HÁBITOS INEVIDENTES Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus V: SI LA OPINIÓN Y LA FE CON LA CIENCIA INTRÍNSECAMENTE REPUGNEN

Quaestio XXVII: DE LA UNIDAD Y DISTINCIÓN DE LAS CIENCIAS

Articulus I: DE DÓNDE SE TOME LA UNIDAD O DIVERSIDAD ESPECÍFICA DE LAS CIENCIAS EN RAZÓN DE COGNOSCIBLE

Articulus II: SI LA CIENCIA SEA UNA SIMPLE CUALIDAD Y HÁBITO

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