Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas

Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas (1589–1644)

Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.


Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica

Prooemium I: PROEMIO

Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA

Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS

Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE

Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA

Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE

Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE

Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN

Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN

Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ

Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA

Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN

Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA

Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL

Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO

Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO

Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS

Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»

Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN

Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN

Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES

Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES

Quaestio VI: DE LA DIVISIÓN DEL UNIVERSAL EN CINCO PREDICABLES

Articulus I: SI ESTA DIVISIÓN SEA BUENA Y ADECUADA

Articulus II: SI ESTA DIVISIÓN SEA DE GÉNERO EN ESPECIES E INMEDIATA

Quaestio VII: DEL GÉNERO

Articulus I: SI LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO TRANSMITIDA POR PORFIRIO SEA BUENA

Articulus II: CUÁL SEA EL DEFINIDO EN LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO, SI LA INTENCIÓN MISMA O EL SUJETO O EL COMPUESTO DE UNO Y OTRO

Articulus III: CÓMO EL GÉNERO SE DIGA TODO POTENCIAL Y SE TOME DE LA MATERIA

Quaestio VIII: DE LA ESPECIE PREDICABLE Y SUBICIBLE

Articulus I: SI LA ESPECIE SE CONSTITUYA EN RAZÓN DE ESPECIE POR LA RAZÓN DE SUBICIBLE O DE PREDICABLE

Articulus II: SE EXPLICAN LAS DEFINICIONES DE LA ESPECIE

Articulus III: SI PUEDA DARSE ESPECIE SUBICIBLE QUE NO SEA PREDICABLE DE MUCHOS, SINO QUE SOLO TENGA UN INDIVIDUO

Articulus IV: SI LA ESPECIE PUEDA CONSERVARSE EN UN SOLO INDIVIDUO Y EL GÉNERO EN UNA SOLA ESPECIE

Quaestio IX: DEL INDIVIDUO

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES DEL INDIVIDUO SE EXPLIQUEN RECTAMENTE

Articulus II: QUÉ SEA EL INDIVIDUO EN COMÚN O INDIVIDUO VAGO

Quaestio X: DE LA DIFERENCIA COMÚNMENTE DICHA Y SEGÚN QUE ES EL TERCER PREDICABLE

Articulus I: SI BIEN SE DIVIDA LA DIFERENCIA EN COMÚN, PROPIA Y PROPRIÍSIMA

Articulus II: SI LAS DEFINICIONES DE LA DIFERENCIA DEL TERCER PREDICABLE SEAN BUENAS

Articulus III: SI LA DIFERENCIA SE DIGA UNIVERSAL RESPECTO DE SU ESPECIE O RESPECTO DE LOS INFERIORES DE TAL ESPECIE

Articulus IV: SI LAS DIFERENCIAS SUPERIORES Y GENÉRICAS SE INCLUYAN EN LAS DIFERENCIAS ÁTOMAS Y DE AQUELLAS SE PREDIQUEN

Quaestio XI: DEL PROPIO

Articulus I: SE EXPLICA LA NATURALEZA DEL PROPIO Y SE SOPESAN SUS DIVISIONES

Articulus II: QUÉ SEA EL PROPIO CUARTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES SE TOME

Quaestio XII: DEL ACCIDENTE QUINTO PREDICABLE

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES Y DIVISIONES DEL ACCIDENTE RECTAMENTE HAYAN SIDO TRADITADAS POR PORFIRIO

Articulus II: CÓMO EL ACCIDENTE SE DIGA QUINTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES INFERIORES

Liber I: LIBRO DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XIII: DE LOS ANTEPREDICAMENTOS Y DE LOS ANÁLOGOS

Articulus I: QUÉ SEAN LOS ANTEPREDICAMENTOS Y POR QUÉ DE ELLOS AQUÍ TRATÓ ARISTÓTELES

Articulus II: DE LA DEFINICIÓN Y DIVISIÓN DE LOS EQUÍVOCOS

Articulus III: QUÉ Y CUÁNTUPLE SEA LA ANALOGÍA

Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES DE ESTOS ANÁLOGOS

Articulus V: SI EN LOS ANÁLOGOS SE DA UN CONCEPTO PRESCINDIDO DE LOS INFERIORES

Quaestio XIV: DEL ENTE PREDICAMENTAL Y DE LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus I: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO Y QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGO ESTÉ EN PREDICAMENTO

Articulus II: SI EL ENTE SEA UNÍVOCO O ANÁLOGO A LOS DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus III: CON QUÉ ANALOGÍA EL ENTE SEA ANÁLOGO

Articulus IV: SI EL ACCIDENTE SEA UNÍVOCO A LOS NUEVE GÉNEROS

Articulus V: SI SEA ADECUADA Y BUENA LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Quaestio XV: DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN FORMAL CONSTITUTIVA DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus II: SI BIEN SE DIVIDA LA SUBSTANCIA EN PRIMERA Y SEGUNDA

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS DEFINICIONES DE LA PRIMERA Y DE LA SEGUNDA SUBSTANCIA

Articulus IV: CUÁLES SE RECHAZAN Y SE PONEN EN ESTE PREDICAMENTO

Articulus V: SI EL SUSCIPIR CONTRARIOS SEA PROPIO DE CUARTO MODO DE LA SUBSTANCIA

Quaestio XVI: DE LA CANTIDAD

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN PROPIA Y FORMAL DE LA CANTIDAD

Articulus II: SI LA CANTIDAD DISCRETA SEA VERDADERA ESPECIE DE CANTIDAD

Articulus III: SI EL TIEMPO Y EL MOVIMIENTO, EL LUGAR Y LA ORACIÓN SE RECHACEN DE LAS ESPECIES DE CANTIDAD

Articulus IV: SI LA LÍNEA, LA SUPERFICIE Y EL CUERPO SEAN VERDADERAS ESPECIES DE CANTIDAD

Quaestio XVII: DEL PREDICAMENTO DE LA RELACIÓN

Articulus I: SI POR PARTE DE LA COSA SE DEN RELACIONES QUE SEAN FORMAS INTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA RELACIÓN SEA PREDICAMENTAL

Articulus III: CUÁLES SEAN LAS DIVISIONES DE LA RELACIÓN PREDICAMENTAL Y SUS ESPECIES

Articulus IV: SI LA RELACIÓN SE DISTINGA POR PARTE DE LA COSA DE SU FUNDAMENTO

Articulus V: SI LA RELACIÓN FORMALMENTE SE TERMINE A LO ABSOLUTO O A LO RELATIVO

Articulus VI: DE DÓNDE SE TOME LA DISTINCIÓN ESPECÍFICA Y NUMÉRICA DE LA RELACIÓN

Articulus VII: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS PROPIEDADES DE LOS RELATIVOS, QUE SEAN SIMULTÁNEOS POR NATURALEZA Y POR COGNICIÓN

Quaestio XVIII: DE LA CUALIDAD

Articulus I: SE EXPLICA LA RAZÓN FORMAL DE LA CUALIDAD Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SE EXPLICA LA DIVISIÓN DE LA CUALIDAD EN CUATRO ESPECIES

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE CADA UNA DE LAS ESPECIES

Quaestio XIX: DE LOS SEIS ÚLTIMOS PREDICAMENTOS

Articulus I: SI ESTOS PREDICAMENTOS SON FORMAS ABSOLUTAS O RELATIVAS O DENOMINACIONES EXTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y LA PASIÓN PREDICAMENTALES

Articulus III: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO DÓNDE Y EL SITIO

Articulus IV: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO CUÁNDO Y EL HÁBITO

Textus I: TEXTO DESPUÉS DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XX: DE LOS POSTPREDICAMENTOS

Articulus I: SE EXPLICAN LAS OPOSICIONES

Articulus II: QUÉ HAYA DE NOTARSE ACERCA DE LOS RESTANTES POSTPREDICAMENTOS

Liber II: SOBRE LOS LIBROS PERIHERMENIAS

Quaestio XXI: DEL SIGNO SEGÚN SÍ

Articulus I: SI EL SIGNO SEA EN EL GÉNERO DE LA RELACIÓN

Articulus II: SI EN EL SIGNO NATURAL LA RELACIÓN SEA REAL O DE RAZÓN

Articulus III: SI SEA LA MISMA RELACIÓN DEL SIGNO AL SIGNADO Y A LA POTENCIA

Articulus IV: CÓMO SE DIVIDA EL OBJETO EN MOTIVO Y TERMINATIVO

Articulus V: SI EL SIGNIFICAR SEA FORMALMENTE CAUSAR ALGO EN EL GÉNERO DE EFECTUAR

Articulus VI: SI EN LOS BRUTOS Y EN LOS SENTIDOS EXTERNOS HAYA VERDADERA RAZÓN DE SIGNO

Quaestio XXII: DE LAS DIVISIONES DEL SIGNO

Articulus I: SI SEA UNÍVOCA Y BUENA LA DIVISIÓN DEL SIGNO EN FORMAL E INSTRUMENTAL

Articulus II: SI EL CONCEPTO SEA SIGNO FORMAL

Articulus III: SI LA ESPECIE IMPRESA SEA SIGNO FORMAL

Articulus IV: SI EL ACTO DE CONOCER SEA SIGNO FORMAL

Articulus V: SI SEA BUENA LA DIVISIÓN EN SIGNO NATURAL Y AD PLACITUM Y DE COSTUMBRE

Articulus VI: SI EL SIGNO DE COSTUMBRE SEA VERDADERAMENTE SIGNO

Quaestio XXIII: DE LAS NOTICIAS Y DE LOS CONCEPTOS

Articulus I: SI LA NOTICIA INTUITIVA Y LA ABSTRACTIVA DIFERENCIEN ESENCIALMENTE EN LA RAZÓN DE COGNICIÓN

Articulus II: SI PUEDA DARSE COGNICIÓN INTUITIVA DE LA COSA FÍSICAMENTE AUSENTE, YA EN EL INTELECTO YA EN EL SENTIDO EXTERIOR

Articulus III: CÓMO DIFERENCIE EL CONCEPTO REFLEJO DEL DIRECTO

TRES en este artículo hacen dificultad: Lo primero, si verdaderamente el concepto reflejo se distinga realmente del directo y cuál sea la causa de esto. Lo segundo, qué se conoce el concepto reflejo y cuál sea su objeto. Lo tercero, si diferencien esencialmente el concepto directo y el reflejo.

A lo primero algunos estiman que para conocer el propio concepto no es oportuno formar otro concepto de aquel, como puede verse in Ferrariensi 1. Contra Gent. cap. 53. § Cum autem obicitur. Pero expresamente D. Tomás 1. p. q. 87. art. 3. ad 2. dice que «otro es el acto por el que alguno entiende la piedra, otro por el que entiende que entiende»; ergo también distinto es el concepto reflejo del directo, porque el acto distinto produce concepto distinto. Lo cual más claramente expresó D. Tomás q. 9. de Potentia art. 5., donde dice: «Cuanto a esto no diferencia si el intelecto se entiende a sí mismo o a otro distinto de sí. Como, en efecto, cuando entiende a otro distinto de sí, forma el concepto de aquella cosa, que se significa con la voz, así cuando se entiende a sí mismo, forma el verbo de sí, que también puede expresarse con la voz».

Laboran, empero, algunos autores en dar la razón y necesidad de este concepto reflejo para entender el propio concepto. Pero claramente parece poder deducirse de la doctrina de D. Tomás en el lugar cit. 1. p. q. 87. Y suponemos que solo la potencia intelectiva puede reflejar sobre sí, no la sensitiva, tanto porque aquella mira universalmente a todo ente, y por tanto también a sí misma, la sensitiva empero en su acto es ajena a aquello que conoce; v. g. la visión no tiene en sí color, y así no se atinge a sí. Tanto porque un cuerpo no puede obrar en sí mismo, sino que siempre una parte obra en otra, una empero parte del órgano no basta para elicitar la cognición. De lo cual ha de verse D. Tomás in 2. dist. 19. q. 1. art. 1. et in 3. dist. 23. q. 1. art. 2. ad 3., y nosotros diremos in libris de Anima q. 4.

En las potencias, ergo, intelectivas toda la razón de la reflexión se origina de esto, que nuestro intelecto y su acto no es objetivamente inteligible para esta vida sino dependentemente de los sensibles, y así nuestro concepto aunque formalmente esté presente, no con todo objetivamente, mientras no se forma a instar de quididad sensible, lo cual solo puede hacerse por la reflexión tomada del objeto sensible. En los ángeles, empero, y en las substancias separadas no es necesario tal concepto reflejo, porque directamente su substancia y el intelecto y las que están en sí mismos las conocen como accidentes de su substancia propia, y por tanto por la misma especie por la que se conocen a sí también aquellos accidentes pueden atingirse. A sí empero no se conocen reflejamente, ergo tampoco su concepto, porque por sí mismo, cuando se produce, es inteligible a su intelecto no menos que su substancia.

LA RAZÓN, EMPERO, DE ESTO así se deduce por D. Tomás en el predicho lugar 1. p., porque cada uno se conoce según que está en acto. La última, empero, perfección del intelecto es su operación, porque por la operación no se ordena a perficionar a otro, como la acción transitiva. Así pues esto es lo primero que se entiende por el intelecto, a saber su entender mismo, porque esto es lo actualísimo en él, y consecuentemente lo primero y máximo inteligible. Pero con todo acerca de esto diversos intelectos de diverso modo se tienen.

Hay, en efecto, algún intelecto, a saber el divino, que es su entender mismo, y así en Dios es lo mismo que entiende que entiende y que entiende su esencia, porque su esencia es su entender. Hay también otro intelecto, a saber el angélico, que no es su entender, pero con todo el primer objeto de su entender es su esencia. De donde aunque otra cosa sea en el ángel según la razón que entiende que entiende y que entiende su esencia, con todo simultáneamente y con el mismo acto entiende uno y otro, porque esto, que es entender su esencia, es la perfección propia de su esencia, simultáneamente empero y con un acto se entiende la cosa con su perfección. Hay, empero, otro intelecto, a saber el humano, que ni es su entender, ni de su entender es objeto primero su esencia misma, sino algo extrínseco, a saber la naturaleza de la cosa material, y por eso lo que primero se conoce por el intelecto humano es tal objeto, y por lo que se conoce el objeto, y por el acto se conoce el intelecto mismo, cuya perfección es el entender mismo.

Hasta aquí el discurso de D. Tomás.

De lo cual manifiestamente se deduce que toda la raíz de la reflexión del concepto sobre el acto mismo y la potencia de entender se toma de la razón objetiva misma del intelecto, porque aunque el concepto y la cognición estén formalmente presentes a la potencia, no con todo objetivamente; ni basta la presencia formal para que algo sea directamente cognoscible, como óptimamente allí notó Cayetano, sino que se requiere la objetiva. No puede, empero, algo estar objetivamente presente a no ser que induya las condiciones del objeto de tal potencia. Como, empero, el objeto propio de nuestro intelecto es la quididad de la cosa material según sí, aquello no está directamente presente objetivamente que no es quididad de cosa material, y para induirla necesita de reflexión. Y así nuestros conceptos aunque según sí sean inteligibles, no con todo según sí son inteligibles a modo de quididad material, y por eso primaria y directamente no están presentes objetivamente, sino según que se toman a modo de quididad sensible, lo cual ciertamente deben recibir del objeto sensible. Y porque esto lo reciben intra la potencia del objeto exterior directamente conocido, se dicen conocerse reflejamente y volverse inteligibles con la inteligibilidad del ente material. Todo lo cual no corre en los ángeles ni en Dios, que directa y primariamente entienden la esencia propia y cuanto en ella hay.

Que si pides cuál especie impresa sirva para la cognición refleja del concepto, se responde ex D. Thoma q. 10. de Veritate art. 9. ad 4. et ad 10., que aquellas que se conocen por cognición refleja no se conocen por su esencia ni por especie propia, sino conociendo el objeto o por la especie de aquellas acerca de las cuales versa el acto y el concepto, por esto de que el concepto y el acto en tanto necesitan de reflexión, en cuanto necesitan formarse a instar del objeto sensible acerca del cual versa el concepto directo, y por eso necesita de la especie de tal objeto para informarse a instar de aquel y conocerse.

De donde dice D. Tomás in 3. dist. 23. q. 1. art. 2. ad 3., que «el intelecto se conoce a sí mismo como a otras, porque a saber por la especie, no ciertamente de sí, sino del objeto, que es forma de él, de la cual conoce la naturaleza de su acto, y de la naturaleza del acto la naturaleza de la potencia, y de la naturaleza de la potencia la naturaleza de la esencia, y por consiguiente de las demás potencias. No que tenga de todas estas diversas semejanzas, sino porque en su objeto no solo conoce la razón de verdadero, sino toda cognición que está en él etc.». Donde claramente D. Tomás enseña cómo la especie del objeto sirve para la cognición del acto, según a saber que representa en su objeto la razón de conocido. Permanece, en efecto, en la memoria la especie no solo representando el objeto, sino también representando que fue conocido, y de esta habitud de conocido regresa el intelecto a la cognición misma y a sus principios. De donde también por tal especie la especie misma reflejamente puede atingirse, no inmediatamente en sí, sino según que es algo del objeto conocido. Después con todo no repugna que el intelecto forme seorsum especies del concepto y de la potencia y de otros similares de aquel modo por el que de las especies preconcebidas forma otras, v. g. por la especie del monte y del oro la especie del monte áureo, como enseña D. Tomás 1. p. q. 12. art. 9. ad 2.

Acerca de la segunda dificultad dos es oportuno explicar:

LO PRIMERO cuanto al objeto material de la cognición refleja, a saber acerca de cuáles versa la cognición refleja. Y a esto brevemente respondemos que son todas aquellas que se hallan en el alma y de la cognición del objeto induyen la representación y el modo de quididad sensible, y así regresa el intelecto a conocer no solo el concepto y el acto, sino también los hábitos y las especies y la potencia y la naturaleza misma del alma, como en el lugar recién citado ex 3. Sentent. dice D. Tomás. Y cuando se dice en la definición del concepto reflejo que es concepto de otro concepto, se entiende que sea también de todas las que intra el alma concurren al concepto, como dijimos 1. lib. Summul. cap. 6., o porque lo primero que por la reflexión se atinge es otro concepto, después la potencia y el alma etc.

LO SEGUNDO que ha de explicarse pertenece a la razón formal que mira el concepto reflejo. Y así también brevemente decimos, de la misma autoridad de D. Tomás, que formalmente mira el concepto reflejo conocer la naturaleza de aquello sobre lo que refleja, de aquel modo por el que puede conocerse por los efectos o connotativamente a modo de quididad sensible. Y aunque allí estén presentes físicamente, porque con todo no se vuelven por sí mismos presentes objetivamente, sino mediante la semejanza y connotación de la quididad sensible, lo cual es atingir aquella presencia quasi en otro y no en sí misma, no nos decimos ver intuitivamente nuestros conceptos.

De lo cual se deduce que por el concepto reflejo, en cuanto regresa sobre el concepto directo, se representa por cierto el concepto mismo según que es cierta cualidad e imagen in actu signato por modo de quididad de imagen, y por consiguiente no se representa allí la cosa significada por el concepto directo, sino muy remotamente y en oblicuo. Y la razón es que en el concepto reflejo la cosa misma significada se tiene como término del que aquella reflexión comienza; ergo no la representa como su objeto y como término al que se lleva la representación, sino solo connotándola como término del que comenzó la reflexión. Y aunque el concepto reflejo atinga el directo según que es cierta imagen, y el movimiento a la imagen sea también a la cosa imaginada, con todo esto se entiende cuando no se considera la imagen seorsum y según sí, sino según que ejerce el oficio de conducir a su prototipo, como enseña el Filósofo in libro de Memoria et Reminiscentia et D. Thomas ibi lect. 3. En el concepto, empero, reflejo se hace el movimiento de modo contrario, esto es del objeto a la imagen; conociendo, en efecto, el objeto directamente reflejamos a conocer el concepto, que es su imagen, y por eso por tal reflexión se lleva el intelecto a la imagen por modo de quididad y in actu signato atingiéndola, y consecuentemente no es oportuno por aquella tender a la cosa signada, aunque en oblicuo, como dijimos, también la atinga, en cuanto es término a quo de este movimiento reflejo.

Acerca de la última dificultad se responde brevemente que aunque lo directo y lo reflejo, según que significan ciertos movimientos del intelecto, no parezcan importar diferencias esenciales de la cognición, como la ciencia como formada por discurso y sin discurso, si es acerca del mismo objeto, no varía la razón esencial de la ciencia, con todo en cuanto el concepto reflejo y el directo importan diversas representaciones y diversos objetos representados, porque el directo es semejanza del objeto, el reflejo empero es semejanza del concepto mismo o del acto o de la potencia, por eso simpliciter han de diferenciar de especie; como las demás cogniciones y representaciones que versan acerca de diversos objetos.

SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.

Contra aquello que resolvimos acerca de la primera dificultad se argumenta primero, porque el intelecto con el mismo acto entiende el concepto o verbo y el objeto representado en aquel. Y similarmente con el mismo acto se lleva al objeto y al acto, como enseña D. Tomás in 1. dist. 10. q. 1. art. 5. ad 2. Ergo para reconocer el concepto y el acto no necesita de acto reflejo.

Y se confirma, porque el concepto y el acto están íntimamente presentes y unidos al intelecto mucho más que el objeto mismo, que mediante tal concepto se une a la potencia. Y similarmente son inmateriales e inteligibles en acto último, y por eso se compara el concepto a la luz por la que el objeto se vuelve ilustrado, ut dicit D. Thomas opusc. 14.; lo que, empero, está en acto último inteligible no necesita de otro concepto o forma inteligible para conocerse. De donde la luz por su esencia y no por semejanza se conoce por el ojo, lo cual expresamente dice S. Tomás in 2. dist. 23. q. 2. art. 1., donde distingue entre el modo por el que se ve la luz y por el que se ve la piedra, diciendo que la luz no se ve por el ojo por alguna semejanza de sí dejada en él, sino por su esencia informando al ojo; la piedra empero se ve por la semejanza dejada en el ojo. Y lo mismo significa 1. p. q. 56. art. 3. Lo mismo también suele decirse de la especie impresa, que por sí misma ya es cognoscible, ergo a fortiori el concepto, que está más en acto que la especie impresa.

SE RESPONDE al argumento principal que con el mismo acto se lleva la potencia al objeto y al acto, según que el acto es razón de conocer, no empero según que es cosa conocida; así, en efecto, necesita de concepto reflejo. Y así se entiende D. Tomás en el lugar cit. por el argumento, que habla del acto de entender según que se atinge como razón de conocer el objeto directo; así, en efecto, se atinge con el mismo acto con su objeto. Y lo mismo es del concepto o verbo; se entiende, en efecto, el concepto y la cosa representada con el mismo acto, según que se toma el verbo como razón que expresa el objeto de parte del término. Por la cual razón también a veces se dice que el verbo mismo se conoce como quod, cuando se conoce el objeto, esto es porque se conoce como teniéndose de parte del término quod, y no como teniéndose de parte del principio o como aquello quo se conoce la cosa.

A la confirmación se responde ex D. Thoma q. 10. de Veritate art. 8. ad 4. secundo loco positum et ex Caietano 1. p. q. 87. art. 3., que el verbo o concepto está presente a nuestro intelecto formalmente, pero no objetivamente; es, en efecto, forma inherente por la que se conoce el objeto, no con todo en sí es objeto en acto predito, que se requiere para nuestro intelecto, a saber por modo de quididad sensible, y por eso ni es inteligible ni entendido en acto por sí mismo respecto de nuestro intelecto. En las substancias, empero, separadas por sí mismo el concepto es inteligible formal y objetivamente, porque no entienden solo la quididad sensible, sino cualquier puramente espiritual.

Y a aquello que se añade de la luz, se responde ex D. Thoma q. 10. de Veritate art. 8. ad 10. secundo loco positum, que la luz no se ve por su esencia sino en cuanto es razón de visibilidad y cierta forma que da el ser actualmente visible. La luz, empero, según que está en el sol mismo, no se ve sino por su semejanza en el ojo, como se ve la piedra. Cuando, ergo, el Divino Tomás dice in 2. Sentent. que se ve la luz por su esencia, el sentido es que es forma de visibilidad por su esencia, y según que tal forma da el ser actualmente visible al color, no se ve por semejanza distinta de aquella que emite el color mismo hecho visible. De la especie, empero, impresa decimos que es cognoscible por sí misma como quo, no empero como quod y como cosa conocida; así, en efecto, necesita de concepto reflejo.

Segundo se argumenta, porque la cosa espiritual, Dios y los ángeles y cuanto no es quididad material, no puede ser atinada por el intelecto sino induyendo el modo de objeto sensible, y con todo no se conocen con cognición refleja. Ergo tampoco el concepto ni nuestros actos se entienden reflejamente de esto, que se conocen a modo de objeto sensible. Si, en efecto, se conocieran según que están en sí, se conocerían directamente de aquel modo por el que los ángeles los conocen.

Y se confirma, porque el concepto reflejo y el directo se forman por distintas especies, si en verdad otra especie es la que representa el concepto, otra el objeto, como también las cosas mismas son diversas. Ergo no se tienen como movimiento reflejo y directo; el movimiento, en efecto, reflejo necesariamente debe continuarse con el directo y provenir del mismo principio. Si, en efecto, de distintos principios proceden distintos movimientos, no es uno reflejo respecto del otro.

SE RESPONDE que para la razón de concepto reflejo no basta conocer algo a instar de otro, sino que es oportuno que aquello que se conoce se tenga de parte del principio cognoscente. Así, en efecto, se hace del objeto el regreso a la cognición o al principio de la cognición. Cuando, empero, algún objeto ad extra induye el modo de otro objeto, habrá allí orden o comparación de uno a otro, pero no reflexión.

A la confirmación se responde que ya el concepto se conozca por especies distintas de las especies del objeto, ya no, con todo se dice conocerse reflejamente, porque tal movimiento de cognición tiene origen del objeto, y de su cognición se mueve alguno a formar la cognición del concepto y de las especies por las que se conoce. De donde esta distinción de principios no quita la reflexión de la cognición, sino que más conduce, pues los principios mismos de conocer o las especies se forman con aquel movimiento reflejo continuado y deducido de la cognición del objeto.

Articulus IV: CUÁL SEA LA DISTINCIÓN ENTRE EL CONCEPTO ULTIMADO Y EL NO ULTIMADO

Liber III: SOBRE LOS LIBROS DE LOS POSTERIORES

Quaestio XXIV: DE LOS PRECONOCIDOS Y DE LAS PREMISAS

Articulus I: SE EXPLICA QUÉ SEAN LOS PRECONOCIDOS Y LAS PRENOCIONES

Articulus II: SI LAS PREMISAS INFLUYAN EFICIENTEMENTE EN LA CONCLUSIÓN O EN OTRO GÉNERO DE CAUSA

Articulus III: SI LAS PREMISAS NECESITEN AL ASENSO DE LA CONCLUSIÓN, DE MODO QUE LA MENOR SE CONOZCA A LA VEZ CON LA CONCLUSIÓN

Articulus IV: QUÉ SEA LA PROPOSICIÓN PER SE NOTA E INMEDIATA, EL PREDICADO DE TODO Y PER SE Y SECUNDUM QUOD IPSUM

Quaestio XXV: DE LA DEMOSTRACIÓN

Articulus I: SI RECTAMENTE ESTÉ DEFINIDA LA DEMOSTRACIÓN POR ARISTÓTELES

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA PROPOSICIÓN SEA DEMOSTRABLE

Articulus III: SI TODA DEMOSTRACIÓN CIRCULAR SEA VICIOSA

Articulus IV: QUÉ SEA LA DEMOSTRACIÓN QUIA Y PROPTER QUID, Y SI SEA BUENA LA DIVISIÓN

Quaestio XXVI: DE LA CIENCIA TANTO SEGÚN SÍ COMO EN ORDEN A LA OPINIÓN Y A LA FE

Articulus I: QUÉ SEA LA CIENCIA Y CÓMO SE DISTINGA DE LOS RESTANTES HÁBITOS EVIDENTES

Articulus II: QUÉ SEAN LA CIENCIA SUBALTERNANTE Y LA SUBALTERNADA Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus III: SI LA CIENCIA SUBALTERNADA SEA VERDADERA Y PROPIAMENTE CIENCIA, AUNQUE NO SE CONTINÚE CON LA SUBALTERNANTE

Articulus IV: CUÁLES SEAN LOS HÁBITOS INEVIDENTES Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus V: SI LA OPINIÓN Y LA FE CON LA CIENCIA INTRÍNSECAMENTE REPUGNEN

Quaestio XXVII: DE LA UNIDAD Y DISTINCIÓN DE LAS CIENCIAS

Articulus I: DE DÓNDE SE TOME LA UNIDAD O DIVERSIDAD ESPECÍFICA DE LAS CIENCIAS EN RAZÓN DE COGNOSCIBLE

Articulus II: SI LA CIENCIA SEA UNA SIMPLE CUALIDAD Y HÁBITO

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