Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.
Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica
Prooemium I: PROEMIO
Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA
Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS
Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE
Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA
Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE
Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS
Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS
Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE
Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN
Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN
Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ
Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN
Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA
Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO
Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO
Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN
Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA
Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL
Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO
Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO
Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS
Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»
Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN
Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN
Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES
Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES
Quaestio VI: DE LA DIVISIÓN DEL UNIVERSAL EN CINCO PREDICABLES
Articulus I: SI ESTA DIVISIÓN SEA BUENA Y ADECUADA
Articulus II: SI ESTA DIVISIÓN SEA DE GÉNERO EN ESPECIES E INMEDIATA
Quaestio VII: DEL GÉNERO
Articulus I: SI LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO TRANSMITIDA POR PORFIRIO SEA BUENA
Articulus II: CUÁL SEA EL DEFINIDO EN LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO, SI LA INTENCIÓN MISMA O EL SUJETO O EL COMPUESTO DE UNO Y OTRO
Articulus III: CÓMO EL GÉNERO SE DIGA TODO POTENCIAL Y SE TOME DE LA MATERIA
Quaestio VIII: DE LA ESPECIE PREDICABLE Y SUBICIBLE
Articulus I: SI LA ESPECIE SE CONSTITUYA EN RAZÓN DE ESPECIE POR LA RAZÓN DE SUBICIBLE O DE PREDICABLE
Articulus II: SE EXPLICAN LAS DEFINICIONES DE LA ESPECIE
Articulus III: SI PUEDA DARSE ESPECIE SUBICIBLE QUE NO SEA PREDICABLE DE MUCHOS, SINO QUE SOLO TENGA UN INDIVIDUO
Articulus IV: SI LA ESPECIE PUEDA CONSERVARSE EN UN SOLO INDIVIDUO Y EL GÉNERO EN UNA SOLA ESPECIE
Quaestio IX: DEL INDIVIDUO
Articulus I: SI LAS DEFINICIONES DEL INDIVIDUO SE EXPLIQUEN RECTAMENTE
Articulus II: QUÉ SEA EL INDIVIDUO EN COMÚN O INDIVIDUO VAGO
Quaestio X: DE LA DIFERENCIA COMÚNMENTE DICHA Y SEGÚN QUE ES EL TERCER PREDICABLE
Articulus I: SI BIEN SE DIVIDA LA DIFERENCIA EN COMÚN, PROPIA Y PROPRIÍSIMA
Articulus II: SI LAS DEFINICIONES DE LA DIFERENCIA DEL TERCER PREDICABLE SEAN BUENAS
Articulus III: SI LA DIFERENCIA SE DIGA UNIVERSAL RESPECTO DE SU ESPECIE O RESPECTO DE LOS INFERIORES DE TAL ESPECIE
Articulus IV: SI LAS DIFERENCIAS SUPERIORES Y GENÉRICAS SE INCLUYAN EN LAS DIFERENCIAS ÁTOMAS Y DE AQUELLAS SE PREDIQUEN
Quaestio XI: DEL PROPIO
Articulus I: SE EXPLICA LA NATURALEZA DEL PROPIO Y SE SOPESAN SUS DIVISIONES
Articulus II: QUÉ SEA EL PROPIO CUARTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES SE TOME
Quaestio XII: DEL ACCIDENTE QUINTO PREDICABLE
Articulus I: SI LAS DEFINICIONES Y DIVISIONES DEL ACCIDENTE RECTAMENTE HAYAN SIDO TRADITADAS POR PORFIRIO
Articulus II: CÓMO EL ACCIDENTE SE DIGA QUINTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES INFERIORES
Liber I: LIBRO DE LOS PREDICAMENTOS
Quaestio XIII: DE LOS ANTEPREDICAMENTOS Y DE LOS ANÁLOGOS
Articulus I: QUÉ SEAN LOS ANTEPREDICAMENTOS Y POR QUÉ DE ELLOS AQUÍ TRATÓ ARISTÓTELES
Articulus II: DE LA DEFINICIÓN Y DIVISIÓN DE LOS EQUÍVOCOS
Articulus III: QUÉ Y CUÁNTUPLE SEA LA ANALOGÍA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES DE ESTOS ANÁLOGOS
Articulus V: SI EN LOS ANÁLOGOS SE DA UN CONCEPTO PRESCINDIDO DE LOS INFERIORES
Quaestio XIV: DEL ENTE PREDICAMENTAL Y DE LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS
Articulus I: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO Y QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGO ESTÉ EN PREDICAMENTO
Articulus II: SI EL ENTE SEA UNÍVOCO O ANÁLOGO A LOS DIEZ PREDICAMENTOS
Articulus III: CON QUÉ ANALOGÍA EL ENTE SEA ANÁLOGO
Articulus IV: SI EL ACCIDENTE SEA UNÍVOCO A LOS NUEVE GÉNEROS
Articulus V: SI SEA ADECUADA Y BUENA LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS
Quaestio XV: DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL
Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN FORMAL CONSTITUTIVA DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL
Articulus II: SI BIEN SE DIVIDA LA SUBSTANCIA EN PRIMERA Y SEGUNDA
Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS DEFINICIONES DE LA PRIMERA Y DE LA SEGUNDA SUBSTANCIA
Articulus IV: CUÁLES SE RECHAZAN Y SE PONEN EN ESTE PREDICAMENTO
Articulus V: SI EL SUSCIPIR CONTRARIOS SEA PROPIO DE CUARTO MODO DE LA SUBSTANCIA
Quaestio XVI: DE LA CANTIDAD
Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN PROPIA Y FORMAL DE LA CANTIDAD
Articulus II: SI LA CANTIDAD DISCRETA SEA VERDADERA ESPECIE DE CANTIDAD
Articulus III: SI EL TIEMPO Y EL MOVIMIENTO, EL LUGAR Y LA ORACIÓN SE RECHACEN DE LAS ESPECIES DE CANTIDAD
Articulus IV: SI LA LÍNEA, LA SUPERFICIE Y EL CUERPO SEAN VERDADERAS ESPECIES DE CANTIDAD
Quaestio XVII: DEL PREDICAMENTO DE LA RELACIÓN
Articulus I: SI POR PARTE DE LA COSA SE DEN RELACIONES QUE SEAN FORMAS INTRÍNSECAS
Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA RELACIÓN SEA PREDICAMENTAL
Articulus III: CUÁLES SEAN LAS DIVISIONES DE LA RELACIÓN PREDICAMENTAL Y SUS ESPECIES
Articulus IV: SI LA RELACIÓN SE DISTINGA POR PARTE DE LA COSA DE SU FUNDAMENTO
Articulus V: SI LA RELACIÓN FORMALMENTE SE TERMINE A LO ABSOLUTO O A LO RELATIVO
Articulus VI: DE DÓNDE SE TOME LA DISTINCIÓN ESPECÍFICA Y NUMÉRICA DE LA RELACIÓN
Articulus VII: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS PROPIEDADES DE LOS RELATIVOS, QUE SEAN SIMULTÁNEOS POR NATURALEZA Y POR COGNICIÓN
Quaestio XVIII: DE LA CUALIDAD
Articulus I: SE EXPLICA LA RAZÓN FORMAL DE LA CUALIDAD Y SU DEFINICIÓN
Articulus II: SE EXPLICA LA DIVISIÓN DE LA CUALIDAD EN CUATRO ESPECIES
Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE CADA UNA DE LAS ESPECIES
Quaestio XIX: DE LOS SEIS ÚLTIMOS PREDICAMENTOS
Articulus I: SI ESTOS PREDICAMENTOS SON FORMAS ABSOLUTAS O RELATIVAS O DENOMINACIONES EXTRÍNSECAS
Articulus II: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y LA PASIÓN PREDICAMENTALES
Articulus III: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO DÓNDE Y EL SITIO
Articulus IV: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO CUÁNDO Y EL HÁBITO
Textus I: TEXTO DESPUÉS DE LOS PREDICAMENTOS
Quaestio XX: DE LOS POSTPREDICAMENTOS
Articulus I: SE EXPLICAN LAS OPOSICIONES
Articulus II: QUÉ HAYA DE NOTARSE ACERCA DE LOS RESTANTES POSTPREDICAMENTOS
Liber II: SOBRE LOS LIBROS PERIHERMENIAS
Quaestio XXI: DEL SIGNO SEGÚN SÍ
Articulus I: SI EL SIGNO SEA EN EL GÉNERO DE LA RELACIÓN
Articulus II: SI EN EL SIGNO NATURAL LA RELACIÓN SEA REAL O DE RAZÓN
Articulus III: SI SEA LA MISMA RELACIÓN DEL SIGNO AL SIGNADO Y A LA POTENCIA
Articulus IV: CÓMO SE DIVIDA EL OBJETO EN MOTIVO Y TERMINATIVO
Articulus V: SI EL SIGNIFICAR SEA FORMALMENTE CAUSAR ALGO EN EL GÉNERO DE EFECTUAR
Articulus VI: SI EN LOS BRUTOS Y EN LOS SENTIDOS EXTERNOS HAYA VERDADERA RAZÓN DE SIGNO
Quaestio XXII: DE LAS DIVISIONES DEL SIGNO
Articulus I: SI SEA UNÍVOCA Y BUENA LA DIVISIÓN DEL SIGNO EN FORMAL E INSTRUMENTAL
Articulus II: SI EL CONCEPTO SEA SIGNO FORMAL
Articulus III: SI LA ESPECIE IMPRESA SEA SIGNO FORMAL
Articulus IV: SI EL ACTO DE CONOCER SEA SIGNO FORMAL
Articulus V: SI SEA BUENA LA DIVISIÓN EN SIGNO NATURAL Y AD PLACITUM Y DE COSTUMBRE
La bondad de esta división no tiene dificultad cuanto a la adecuación, se exhausta, en efecto, por estos miembros todo lo dividido; sino cuanto a la cualidad, a saber cómo el signo ad placitum sea verdaderamente signo, y consecuentemente si la división sea unívoca.
SEA ÚNICA CONCLUSIÓN: Si esta división del signo en natural y ad placitum entitativamente y en el ser de la cosa1 se considera, es análoga; si en el género de representativo o de cognoscible, es unívoca, y el signo ad placitum es verdaderamente signo en el oficio y en vez del objeto que ejerce.
La PRIMERA PARTE de la conclusión es manifiesta, porque, ut praec. quaest. tractatum est, el signo se constituye en el género de la relación formalmente hablando. Pero a la relación real y a la de razón nada es unívoco entitativamente hablando, pues no pueden estar en el mismo predicamento; la relación, empero, del signo natural es real, como vimos allí, la relación empero del signo ad placitum no puede ser real. Ergo nada les es unívoco entitativamente hablando.
Dirás: No es cierto que la relación del signo natural sea real ni que el signo ad placitum consista en relación de razón, sino que le basta la denominación extrínseca por la que se dice impuesto por la voluntad; ergo no subsistirá el fundamento puesto.
Por lo demás esto segundo enerva aquello, porque si solo tiene ser signo de la denominación extrínseca, por esto mismo es secundum quid tal y no simpliciter, porque la denominación extrínseca no es formalmente ser real existente en aquello que se denomina, sino presupositivamente en el extrínseco denominante. Lo primero, empero, se explicó en la cuest. prec., donde mostramos que el signo natural dice algo real por modo de relación, aunque algunos digan que aquella es transcendental, no predicamental. Quienes, con todo, dijeran que el signo por lo formal consiste en relación de razón, consecuentemente tienen que constituir unívoca la razón de signo ad placitum y natural.
La SEGUNDA PARTE de la conclusión pende de aquella célebre doctrina apud Caietanum 1. p. q. 1. art. 3., que otras son las diferencias de las cosas como cosas, otras como objeto y en el ser de objeto; y las que específicamente o más que específicamente diferencian en una línea pueden en otra no diferir o no diferir tanto. Y así, como la razón de signo atañe a la razón de cognoscible, pues es en vez de objeto, bien estará que en razón de objeto el signo natural real y el ad placitum de razón sean signos unívocos; como el ente real y el de razón en el ser de objeto indutan una razón, si en verdad terminan la misma potencia, a saber el intelecto, y por el mismo hábito pueden atingirse, a saber por la Metafísica, o al menos especificar dos ciencias que convienen unívocamente, v. g. la Lógica y la Física. Ergo en el ser de objeto especificante convienen unívocamente.
Así también por el signo ad placitum y por el signo natural verdadera y unívocamente se mueve y se conduce la potencia a lo signado. Que, en efecto, nos movamos por los signos ad placitum a percibir lo signado, la experiencia misma manifiesta, y que esto se haga unívocamente consta, pues el signo ad placitum no significa secundum quid y dependientemente en la razón misma de significar del signo natural; pues por sí solo la voz significativa proferida conduce a lo signado como los demás signos naturales instrumentales.
Ni obsta que la voz o el nombre no signifique sino mediante el concepto, que es signo natural. Esto, en efecto, también conviene al signo instrumental natural, que no sino mediante el concepto y la noticia de sí representa, y con todo no por esto es signo analógicamente, sino verdadera y unívocamente. Que, en efecto, los signos en el representar dependan del concepto no quita la razón unívoca de signo, si en verdad el concepto y la cognición es a lo que representan, no mediante lo que representan como razón formal, aunque efectivamente puedan ser de aquel. No toda, empero, dependencia de uno de otro constituye analogía, sino solo aquella que es en orden a participar la razón común; a no ser, en efecto, que aquella sea desigual y en parte la misma, en parte diversa, no destruye la univocación, ut optime tradit S. Thomas 1. Periherm. lect. 8. in princ.2
Por último esta segunda parte de nuestra conclusión abiertamente se deduce de D. Tomás. Pues 3. p. q. 60. art. 6. ad 2. dice «que aunque las palabras y las demás cosas sensibles estén en diverso género cuanto atañe a la naturaleza de la cosa, convienen con todo en la razón de significar, que más perfectamente está en las palabras que en las demás cosas. Y por eso de las palabras y de las cosas se hace de cierto modo uno en los Sacramentos, en cuanto a saber por las palabras se perfecciona la significación de las cosas». Y in 4. dist. 1. q. 1. art. 1. quaestiunc. 5. ad 4.3 dice que «aunque la representación que es de la semejanza de la propiedad natural importe cierta aptitud para significar, con todo la determinación y el complemento de la significación es de la institución». Siente, ergo, D. Tomás que en los signos ad placitum no hay analogicamente la significación, si en verdad puede actuar y perfeccionar la significación natural y con ella constituir un signo artificial, que es el sacramento.
SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.
Primero se argumenta: Remota la razón genérica no puede permanecer la específica; pero en el signo ad placitum no se halla la razón genérica de signo, a saber la relación, sino analógicamente; ergo tampoco la razón específica de signo se halla sino analógicamente.
La menor consta de lo dicho, porque la relación del signo en los signos ad placitum es de razón, que en razón de relación no conviene unívocamente con la relación real.
SE RESPONDE que el argumento convence que el signo ad placitum en el género de ente y predicamentalmente aceptado no sea unívocamente signo con el signo natural, no empero que en el ser de cognoscible y de representativo no sea unívocamente signo. Como, en efecto, bien está que algunos no convengan unívocamente en el ser de la cosa, como la cantidad y la cualidad y la substancia, y con todo en el ser de objeto y de escible convengan unívocamente, porque atañen a la misma ciencia o potencia, así bien está que algunos signos en el ser de la cosa y en razón de ente predicamentalmente diferan por género y no convengan unívocamente, en la razón empero objetiva o en vez objetiva, que es la razón de representativo y de significativo, convengan unívocamente.
Y si instas: Pues este mismo género representativo es relación, de otro modo mal dijimos quaest. praec.4 que el signo en razón de signo se pone en el género de la relación. Ergo si en cuanto relación no conviene unívocamente, tampoco en razón de representativo conviene unívocamente:
Se responde que el género mismo significativo se considera de doble modo, y en el ser de la cosa y en el ser de objeto o de cognoscible, ni puede prescindir totalmente de estas razones, porque son transcendentales. Y en razón de cognoscible solo es pasión del ente y presupositivamente ente, no formalmente; en razón, empero, de ente es relación o transcendental o predicamental. Y cuando supra dijimos que el signo se constituye en el género de la relación, hablamos del signo formal y predicamentalmente5, esto es representativamente en el género objetivo.
Segundo se argumenta: Porque el signo ad placitum se constituye por la imposición misma, que en él nada real pone, sino solo denominación extrínseca. Ergo no consiste en relación como el signo natural, ni tiene en sí algo por razón de lo cual sea representativo, sino que solo mueve por otro, a saber por razón de la noticia que el intelecto tiene de la imposición misma de la voz.
La consecuencia se prueba, porque la denominación extrínseca es efecto proveniente de la forma denominante; la forma, empero, que denomina extrínsecamente no es relación, sino el acto de la voluntad del imponente. El antecedente, empero, se prueba, porque si el signo ad placitum no consiste en denominación extrínseca, sino en relación de razón, no existirá en acto signo sino cuando actualmente se conoce, y así la escritura en el libro cerrado o cuando actualmente no se considera no será signo.
SE RESPONDE que algunos así sienten tratando de los Sacramentos, que la razón de signo ad placitum en aquellos consiste en la deputación extrínseca, no en la relación de razón, ut P. Suarez 3. tom. p. 3. disp. 1. sect. 3. Por lo demás, como la imposición de la voluntad solo sirve para determinar el oficio y el munus del signo, no como algo absoluto, sino respectivamente a lo signado, al que de la naturaleza de la cosa la voz no está determinada, consta que la deputación misma de la voluntad solo hace aquello que en los signos naturales la naturaleza misma de la cosa hace, que ciertamente ordena de la naturaleza de la cosa a lo signado, y así funda la relación en la que consiste la razón misma del signo. Similarmente, ergo, la imposición que destina la voz a significar funda el respecto de signo, porque la destinación misma está en el signo por respecto a otro. Pero porque este respecto se funda en alguna destinación que nada real pone en la cosa destinada, por eso es respecto de razón. Y además corre en los signos ad placitum la misma razón que en los naturales, si en verdad la razón de signo es razón que respectivamente ejerce su oficio en orden a lo signado por modo de substituyente. Ergo si el signo ad placitum es signo y ejerce este oficio, debe indutar la razón de relación, no real, porque carece de fundamento suficiente, ergo de razón.
Y a la réplica se dice que la escritura en el libro cerrado o no considerada por el intelecto es signo actualmente fundamentalmente, no actualmente formalmente, porque la relación de razón no tiene ser formalmente sino por el intelecto. Se denomina, con todo, absoluta y simpliciter signo, porque en estas relaciones de razón basta el fundamento próximo para denominar absolutamente, porque de parte de la cosa denominable está puesto cuanto se requiere para tal denominación de parte de sí. Pero porque aquella relación no resulta del fundamento como las relaciones reales, sino que pende del acto de la cognición, por eso no espera la relación misma para denominarse absolutamente tal, bien empero para denominarse en acto ser relatado; como Dios absolutamente se denomina señor y creador, aunque en acto no se conozca la relación de dominio y de creación; no empero en acto se denomina relatado a las criaturas sino si así en acto se conoce.
A lo que, empero, se añade, que el signo ad placitum no significa y mueve por algo que en sí tenga, sino por otro, se responde que significa por la imposición, que es propia de aquel, aunque sea denominación extrínseca, y por aquella como cognoscible por el intelecto tiene mover del modo en que es cognoscible, aunque se requiera la noticia de tal imposición como condición y aplicación al ejercicio de la significación, no para constituir la forma del signo.
Tercero se argumenta: Porque hay algunos signos ni ad placitum ni naturales, ergo la división no es adecuada.
El antecedente se prueba: Pues la imagen hecha por el pintor, v. g. de César, a quien no conoció, no es signo natural, porque no significa de la naturaleza de la cosa, sino de la libre acomodación del pintor; como también suelen muchas imágenes deputarse por tal o tal santo, a quien de la propiedad no significan. Ni son signos ad placitum, porque no de la imposición significan, sino por modo de imagen.
Igualmente los signos que son dados por Dios, como el arco en las nubes para significar que el diluvio no será futuro, ut Gen. IX. 12-17., y el signo que puso en Caín para que no fuera muerto, no eran signos de imposición, si en verdad eran notorios a todos; los signos, empero, ad placitum no son los mismos apud omnes, ut dicit Aristoteles 1. Periherm. cap. 1.6, ni eran naturales, de otro modo en vano se impondrían por Dios.
SE RESPONDE negando el antecedente.
Al primer ejemplo se responde que la imagen pintada, aunque sea signo hecho por el arte, naturalmente con todo representa, a saber por razón de la semejanza que realmente tiene, y no por razón de la imposición. Se dice, empero, imagen artificial por razón de la causa eficiente de la que está hecha, no de parte de la razón formal por la que significa, que es real e intrínseca, a saber la semejanza a otro ordenada a representar. Por lo demás estas imágenes no significan directamente el objeto según que en sí mismo está, sino según que está en la idea del pintor, que directamente representa la imagen. Y porque la idea del pintor a veces es propia respecto de su objeto, a veces impropia o menos propia, por eso también la imagen no siempre representa el objeto propiamente según que está en sí, sino su idea. Cuando, empero, una imagen se acomoda a este o aquel santo del uso de los hombres, tal representación constituye signo de costumbre, ut dicemus seq. art.
Al segundo ejemplo se responde que muchos signos son ad placitum de institución divina, como es patente en los Sacramentos. Y tales signos no representan a todos, sino solo a los que saben la imposición misma, y de este modo el iris significa que el diluvio no será futuro de particular imposición de Dios. El signo, empero, puesto en Caín quizá fue alguno natural, a saber cierto temblor del cuerpo, ut S. Hieronymus ep. 36.7 dicit, cuyo temblor movía a todos a misericordia para que no lo mataran. Si, con todo, fue algún signo ad placitum de institución divina, ha de decirse que la noticia de aquel Dios la infundió a todos los que veían a Caín, para que no lo mataran.