Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas

Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas (1589–1644)

Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.


Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica

Prooemium I: PROEMIO

Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA

Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS

Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE

Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA

Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE

Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE

Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN

Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN

Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ

Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA

Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN

Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA

Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL

Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO

Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO

Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS

Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»

Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN

Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN

Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES

Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES

Quaestio VI: DE LA DIVISIÓN DEL UNIVERSAL EN CINCO PREDICABLES

Articulus I: SI ESTA DIVISIÓN SEA BUENA Y ADECUADA

Articulus II: SI ESTA DIVISIÓN SEA DE GÉNERO EN ESPECIES E INMEDIATA

Quaestio VII: DEL GÉNERO

Articulus I: SI LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO TRANSMITIDA POR PORFIRIO SEA BUENA

Articulus II: CUÁL SEA EL DEFINIDO EN LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO, SI LA INTENCIÓN MISMA O EL SUJETO O EL COMPUESTO DE UNO Y OTRO

Articulus III: CÓMO EL GÉNERO SE DIGA TODO POTENCIAL Y SE TOME DE LA MATERIA

Quaestio VIII: DE LA ESPECIE PREDICABLE Y SUBICIBLE

Articulus I: SI LA ESPECIE SE CONSTITUYA EN RAZÓN DE ESPECIE POR LA RAZÓN DE SUBICIBLE O DE PREDICABLE

Articulus II: SE EXPLICAN LAS DEFINICIONES DE LA ESPECIE

Articulus III: SI PUEDA DARSE ESPECIE SUBICIBLE QUE NO SEA PREDICABLE DE MUCHOS, SINO QUE SOLO TENGA UN INDIVIDUO

Articulus IV: SI LA ESPECIE PUEDA CONSERVARSE EN UN SOLO INDIVIDUO Y EL GÉNERO EN UNA SOLA ESPECIE

Quaestio IX: DEL INDIVIDUO

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES DEL INDIVIDUO SE EXPLIQUEN RECTAMENTE

Articulus II: QUÉ SEA EL INDIVIDUO EN COMÚN O INDIVIDUO VAGO

Quaestio X: DE LA DIFERENCIA COMÚNMENTE DICHA Y SEGÚN QUE ES EL TERCER PREDICABLE

Articulus I: SI BIEN SE DIVIDA LA DIFERENCIA EN COMÚN, PROPIA Y PROPRIÍSIMA

Articulus II: SI LAS DEFINICIONES DE LA DIFERENCIA DEL TERCER PREDICABLE SEAN BUENAS

Articulus III: SI LA DIFERENCIA SE DIGA UNIVERSAL RESPECTO DE SU ESPECIE O RESPECTO DE LOS INFERIORES DE TAL ESPECIE

Articulus IV: SI LAS DIFERENCIAS SUPERIORES Y GENÉRICAS SE INCLUYAN EN LAS DIFERENCIAS ÁTOMAS Y DE AQUELLAS SE PREDIQUEN

Quaestio XI: DEL PROPIO

Articulus I: SE EXPLICA LA NATURALEZA DEL PROPIO Y SE SOPESAN SUS DIVISIONES

Articulus II: QUÉ SEA EL PROPIO CUARTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES SE TOME

Quaestio XII: DEL ACCIDENTE QUINTO PREDICABLE

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES Y DIVISIONES DEL ACCIDENTE RECTAMENTE HAYAN SIDO TRADITADAS POR PORFIRIO

Articulus II: CÓMO EL ACCIDENTE SE DIGA QUINTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES INFERIORES

Liber I: LIBRO DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XIII: DE LOS ANTEPREDICAMENTOS Y DE LOS ANÁLOGOS

Articulus I: QUÉ SEAN LOS ANTEPREDICAMENTOS Y POR QUÉ DE ELLOS AQUÍ TRATÓ ARISTÓTELES

Articulus II: DE LA DEFINICIÓN Y DIVISIÓN DE LOS EQUÍVOCOS

Articulus III: QUÉ Y CUÁNTUPLE SEA LA ANALOGÍA

Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES DE ESTOS ANÁLOGOS

Articulus V: SI EN LOS ANÁLOGOS SE DA UN CONCEPTO PRESCINDIDO DE LOS INFERIORES

Quaestio XIV: DEL ENTE PREDICAMENTAL Y DE LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus I: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO Y QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGO ESTÉ EN PREDICAMENTO

Articulus II: SI EL ENTE SEA UNÍVOCO O ANÁLOGO A LOS DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus III: CON QUÉ ANALOGÍA EL ENTE SEA ANÁLOGO

Articulus IV: SI EL ACCIDENTE SEA UNÍVOCO A LOS NUEVE GÉNEROS

Articulus V: SI SEA ADECUADA Y BUENA LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Quaestio XV: DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN FORMAL CONSTITUTIVA DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus II: SI BIEN SE DIVIDA LA SUBSTANCIA EN PRIMERA Y SEGUNDA

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS DEFINICIONES DE LA PRIMERA Y DE LA SEGUNDA SUBSTANCIA

Articulus IV: CUÁLES SE RECHAZAN Y SE PONEN EN ESTE PREDICAMENTO

Articulus V: SI EL SUSCIPIR CONTRARIOS SEA PROPIO DE CUARTO MODO DE LA SUBSTANCIA

Quaestio XVI: DE LA CANTIDAD

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN PROPIA Y FORMAL DE LA CANTIDAD

Articulus II: SI LA CANTIDAD DISCRETA SEA VERDADERA ESPECIE DE CANTIDAD

Articulus III: SI EL TIEMPO Y EL MOVIMIENTO, EL LUGAR Y LA ORACIÓN SE RECHACEN DE LAS ESPECIES DE CANTIDAD

Articulus IV: SI LA LÍNEA, LA SUPERFICIE Y EL CUERPO SEAN VERDADERAS ESPECIES DE CANTIDAD

Quaestio XVII: DEL PREDICAMENTO DE LA RELACIÓN

Articulus I: SI POR PARTE DE LA COSA SE DEN RELACIONES QUE SEAN FORMAS INTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA RELACIÓN SEA PREDICAMENTAL

Articulus III: CUÁLES SEAN LAS DIVISIONES DE LA RELACIÓN PREDICAMENTAL Y SUS ESPECIES

Articulus IV: SI LA RELACIÓN SE DISTINGA POR PARTE DE LA COSA DE SU FUNDAMENTO

Articulus V: SI LA RELACIÓN FORMALMENTE SE TERMINE A LO ABSOLUTO O A LO RELATIVO

Articulus VI: DE DÓNDE SE TOME LA DISTINCIÓN ESPECÍFICA Y NUMÉRICA DE LA RELACIÓN

Articulus VII: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS PROPIEDADES DE LOS RELATIVOS, QUE SEAN SIMULTÁNEOS POR NATURALEZA Y POR COGNICIÓN

Quaestio XVIII: DE LA CUALIDAD

Articulus I: SE EXPLICA LA RAZÓN FORMAL DE LA CUALIDAD Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SE EXPLICA LA DIVISIÓN DE LA CUALIDAD EN CUATRO ESPECIES

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE CADA UNA DE LAS ESPECIES

Quaestio XIX: DE LOS SEIS ÚLTIMOS PREDICAMENTOS

Articulus I: SI ESTOS PREDICAMENTOS SON FORMAS ABSOLUTAS O RELATIVAS O DENOMINACIONES EXTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y LA PASIÓN PREDICAMENTALES

Articulus III: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO DÓNDE Y EL SITIO

Articulus IV: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO CUÁNDO Y EL HÁBITO

Textus I: TEXTO DESPUÉS DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XX: DE LOS POSTPREDICAMENTOS

Articulus I: SE EXPLICAN LAS OPOSICIONES

Articulus II: QUÉ HAYA DE NOTARSE ACERCA DE LOS RESTANTES POSTPREDICAMENTOS

Liber II: SOBRE LOS LIBROS PERIHERMENIAS

Quaestio XXI: DEL SIGNO SEGÚN SÍ

Articulus I: SI EL SIGNO SEA EN EL GÉNERO DE LA RELACIÓN

Articulus II: SI EN EL SIGNO NATURAL LA RELACIÓN SEA REAL O DE RAZÓN

Articulus III: SI SEA LA MISMA RELACIÓN DEL SIGNO AL SIGNADO Y A LA POTENCIA

Es cierto que en los signos externos, y que antes se conocen para que conduzcan al signado, se halla el orden a la potencia, como en los restantes objetos de la cognición y que terminan la cognición, pues claramente aparece que tales signos se conocen como objetos, como el humo antes se ve como objeto, después desde la cognición de sí conduce al signado. De donde el respecto u orden del signo a la potencia en la razón de objeto debe ser distinto del orden o respecto en la razón de signo, pues en este respecto de objeto conviene con los demás objetos que no son signos, y del mismo modo que aquellos mira objetivamente a la potencia. Para que, ergo, no solo puramente objetivamente, sino también significativamente mire a la potencia, resta inquirir si aquella misma relación por la que mira lo significado, y en orden a la cual induye la razón de signo, aquella misma también mire a la potencia, a la que este signado ha de ser manifestado por el signo; o si empero tenga relación al signado purificada y absoluta del respecto a la potencia, y con otra relación mire a la potencia en la razón de objeto, y una y otra concurran a constituir la razón de signo, o también en la razón misma de signo aparte de la razón de objeto se halle doble relación, una a la potencia, otra al signado.

Y CONSURGE LA DIFICULTAD DE RAZÓN, porque de una parte el signo no mira solo el signado en sí, sino en orden a la potencia, pues en la definición del signo se incluye el orden a la potencia, a saber que sea manifestativo a la potencia etc. Si, ergo, la razón de signo dice este respecto a la potencia, o con única y la misma relación mira a uno y otro, y corren las dificultades que se atinguirán infra, porque son términos omnino diversos, pues respecto de la potencia es solo relación de razón, respecto del signado es orden de lo medido a la medida, respecto de la potencia al contrario la potencia es mensurable por el signo mismo como por objeto conocido. O es diversa la relación del signo a la potencia y al signado, y así no estará el signo en el predicamento de la relación, porque en la razón de signo no hay única relación, sino pluralidad de relaciones.

SEA NO OBSTANTE LA CONCLUSIÓN: Si la potencia y el signado se consideran como términos directamente atinados por la relación, necesariamente exigen doble relación en el signo, pero de este modo el signo mira a la potencia directamente como objeto, no formalmente como signo. Si, empero, se considera la potencia como término atinado en oblicuo, así con única relación de signo se atinge el signado y la potencia, y esta es la razón propia y formal de signo.

Así pues puede alguna relación una y la misma existente terminarse a dos términos, uno en recto, otro en oblicuo, lo cual es simpliciter tener un solo término en la razón formal de término.

No convienen en esta conclusión varios de los más recientes. Algunos, en efecto, estiman que el signo consiste en doble relación concurrente ex aequo, una al signado, otra a la potencia. Otros empero también en el signo, según que se distingue del objeto, reconocen doble relación, de signado y de potencia, aunque no ex aequo constituyente la razón de signo, intrínseca con todo y esencialmente requerida. Cómo, empero, una de estas relaciones se compare a la otra, si como género o como diferencia o como pasión o como modo, dificilísimamente explican. Otros de la potencia y del signado confeccionan un término formal íntegro de partes materiales. Otros niegan que el signo como signo mire a la potencia, y otros que mire al signado, sino que toda la esencia del signo consiste en cierta aprehensibilidad por la potencia como medio para conocer otro. Las cuales últimas opiniones aunque comúnmente se rechazan, porque la definición del signo postula uno y otro, y el signado que se manifieste, y la potencia a la que se represente; con todo algunos conceden que de la razón intrínseca del signo solo es poder terminar la potencia como medio por el que o en el que se conoce el signado, no empero ser de su razón intrínseca que se refiera a la potencia ni con orden real o transcendental ni con relación de razón, aunque de parte de nuestro modo de concebir no se aprehenda sin tal orden.

No obstante la conclusión puesta se prueba.

Y CUANTO A LA PRIMERA PARTE, que la potencia y el signado como términos directamente atinados postulen doble relación, de esto consta, porque la potencia no se mira directamente sino por su objeto o moviente o terminante; la potencia, en efecto, directamente mira el objeto como objeto, el signo empero no dice directamente la razón de objeto, sino de substituto por el objeto y de medio entre el signado y la potencia, ergo directamente mira al signado, por el que substituiye, en cuanto es signo. Para que, ergo, mire directamente a la potencia, necesita tomarse en la razón de objeto y no en la razón de signo; y así con otra relación atingirá directamente a la potencia, que con la relación de signo, lo cual es ser varias relaciones. En suma: La relación a la potencia en recto y según que directamente se tiene a la potencia y la relación al signo proceden de modo opuesto, pues la potencia es móvil por el signo, es movida, en efecto, como por el que representa el signado; el signado mismo empero no es móvil por el signo, sino manifestable, o aquello por lo que el signo hace las veces en la representación. Ergo si estas relaciones se toman en recto, miran términos distintos también formalmente en la razón de término.

Y no puede decirse que el signo sea relativo al signado y no a la potencia, sino que solo termine la potencia. Repugna, en efecto, entender que el signo se refiera al signado, si se absuelve de la potencia y se conciba sin algún orden a la misma, porque en tanto mira al signado, en cuanto lo defiere y presenta a la potencia. Ergo esta relación al signado como habiendo de manifestarse a la potencia repugna que se absuelva de la potencia. Si, empero, respecto de la potencia no se tiene absolutamente, sino dependentemente y ordenadamente a aquella, consecuentemente tiene relación a aquella.

Se confirma, porque aunque el objeto respecto de la potencia no se constituya per se en la relación a aquella, sino más bien la potencia dependa de él, con todo el signo, que hace las veces del objeto en el representar y en exhibirse a la potencia, necesariamente incluye esta relación; tanto porque la substitución por alguno siempre es en orden a algo, y como el signo substituiye y hace las veces del signado en orden al oficio de representar a la potencia, necesariamente debe decir orden a la potencia; tanto porque representar es hacer presente el objeto a la potencia, ergo si el signo es medio y substituto del signado en el representar, necesariamente envuelve el orden a aquello a lo que representa o hace presente; esto, empero, es la potencia.

LA SEGUNDA, EMPERO, PARTE de la conclusión se prueba: La relación del signo al signado es relación por modo de representación o de aplicación de él a la potencia, ergo debe mirar al signado como término directo y quod de su respecto de tal modo, que también atinga la potencia en oblicuo y como término cui. Repugna, en efecto, en estas relaciones, que se tienen por modo de substituto y de representante, que miren aquello cuyas veces hacen, y no aquello por lo que o en orden a lo cual substituyen, porque el substituto o el que hace las veces de alguno según alguna razón determinada y en orden a algún fin determinado hace las veces de aquel; de otro modo aquella substitución no sería determinada, pues del fin por el que se hace se determina. Ergo si la relación del representante y del que substituiye la vez de alguna persona es determinada, es oportuno que así mire aquella persona, que también atinga aquello por lo que y en orden a lo cual substituiye, de allí, en efecto, es determinada la substitución. Y así como el signo es el que hace las veces y representa el signado y substituiye por aquel determinadamente, para que vuelva presente a la potencia el objeto, necesariamente en las vísceras mismas y en la íntima razón de tal substitución y representación del signado, según que es determinada, se envuelve algún respecto a la potencia, porque a esto substituiye, para que represente a la potencia.

Cómo, empero, la misma relación se diga atingir en recto el signado y la potencia en oblicuo, omitidas muchas y varias explicaciones aquella parece más adecuada, que el signo mira a la potencia en oblicuo, en cuanto en el signado mismo se incluye el ser manifestable a la potencia. Y así como el signado no se mira según que es algo absoluto en sí o según otro orden, sino como manifestable a la potencia, necesariamente la potencia misma es tocada en oblicuo por aquella relación, que atinge el signado no sistiendo en él como en sí precisamente, sino como manifestable a la potencia, y así de algún modo atinge la potencia en aquella razón de manifestable a otro, no atingiendo seorsum la potencia, sino atingiendo aquello que es manifestable a la potencia, como la religión mira por objeto formal el culto como habiendo de exhibirse a Dios, no que mire a Dios en recto, así, en efecto, sería virtud teológica, sino el culto en recto, a Dios empero en oblicuo, en cuanto Dios se contiene en el culto como término al que se exhibe, y la religión mira el culto según que está bajo aquel término, y no absolutamente o bajo otra consideración. Y lo mismo es en la amistad el orden al bien que quiero al amigo; ni, en efecto, se termina aquel orden al bien querido absolutamente, sino según que es referible al amigo, y el amigo como término de aquel bien en algo termina la misma relación, aunque no como objeto directo, sino como incluido en el objeto directo, por esto de que aquello se mira como a esto y no absolutamente.

Es por cierto verdadero que, para que el signo mire al signado de este modo, esto es como manifestable a la potencia, se presupone esencialmente que el signo mismo con otra relación mire a la potencia, o como objeto aprehensible, si es signo instrumental, o como forma que constituye la aprehensión, si es signo formal, y así sirva para devenir a la noticia de otro como signo instrumental o formal. Por lo demás esta relación del signo a la potencia, como dijimos al inicio del artículo, no es del signo como signo formalmente, sino como de objeto o de forma; presupositivamente, empero, se requiere para el signo, porque también es objeto que mueve la potencia, y si no mueve como objeto, no manifestará como signo, formalmente empero una relación se distingue de la otra. Y aunque por la fuerza de solo el respecto al signado, en el que oblicuamente se incluye la potencia a la que es manifestable, no ejerza la representación, a no ser que se adjunte la moción de la potencia, según que es objeto motivo, con todo de aquel respecto al signado tiene que aquella moción sea significativa, esto es vicaria y substituta por otro, que significa, no principal por sí.

De lo cual se deduce que la aprehensibilidad del signo no es la razón misma que funda la relación de signo inmediata y formalmente, pues el ser aprehensible o cognoscible es razón de objeto como objeto, que solo presupositivamente se requiere para la razón de signo; sino que el fundamento es la razón misma de medio que tiene a lo significado como manifestable a la potencia, substituyendo por él en la razón de mover y de representar. Mucho menos el ser conocido o aprehendido en el signo, que algunos llaman aprehensibilidad próxima, funda o completa la razón de signo, porque el ser conocido no pertenece a la razón de signo, sino a su ejercicio (cuando, en efecto, actualmente representa, actualmente es conocido), no para que sea representativo.

SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.

Primero se argumenta: La relación del signo al signado en los signos naturales es real, a la potencia empero en los mismos es de razón, ergo no puede ser única relación.

El antecedente cuanto a la primera parte consta del art. prec. Cuanto a la segunda se prueba, porque la relación a la potencia es relación de signo, en cuanto es aprehensible por la potencia. Pero la relación de lo aprehensible o cognoscible a la potencia cognoscente es relación de razón, aunque sea aprehensible como signo, porque el ser aprehensible o aprehendido, ya en el signo ya en el objeto, nada real pone en el mismo; la cognición, en efecto, o aprehensión solo está realmente en la potencia, en la cosa empero aprehendida, cualquiera que ella sea, no pone realidad.

El mismo argumento se hace del diverso modo y especie de la relación a la potencia y al signado: Pues la relación del signo al signado es de lo medido a la medida, porque el signado es el principal por el que substituiye y cuyas veces hace el signo, como a menudo se ha dicho. La relación, empero, del signo a la potencia es a la inversa de la medida a lo medido. El signo, en efecto, mira a la potencia con relación no mutua, pues el signo se tiene de parte del objeto representante y no se tiene como medido por la potencia, ergo como que la mide; la potencia, en efecto, no mide la cosa aprehendida, sino que es medida por ella, porque por ella se perficiona.

SE RESPONDE que estos argumentos y similares, que del mismo modo se multiplican, prueban aquello que desde el principio dijimos, a saber que la relación a la potencia de parte del signo, según que es objeto de ella, y al signado, como a términos directos, no es una relación, sino múltiple. Ninguna de las dos, con todo, es la relación de signo formalmente, sino que la relación que mira directamente a la potencia es relación de objeto bajo la razón y formalidad de objeto, la que mira empero la cosa signada directamente está en la razón de causa o de efecto o de otra similar razón; de donde la cosa que es signo se determina para que sea algo del signado, y así represente aquel más bien que otro.

Por lo demás la relación misma de signo formalísimamente hablando según que es signo, mira a la potencia en oblicuo, no en cuanto el signo es aprehensible por la potencia y objeto de aquella, sino en cuanto el signado mismo es manifestable a la potencia, y atingiendo por él nacido o substituyendo por él no absolutamente, sino según que es manifestable a la potencia, allí virtualmente y en oblicuo se envuelve la potencia. Por lo cual, aunque la relación del objeto o de lo aprehensible a la potencia tomada directamente y por modo de objeto sea de razón, con todo la relación al signado, también como manifestable a la potencia, puede ser real, porque en el objeto el ser significable y representable a la potencia es algo real, aunque no mire realmente a la potencia; otra cosa es, en efecto, cómo el objeto mira a la potencia, otra qué sea en el objeto el ser manifestable a la potencia. El ser manifestable y obicible es algo real, y aquello de lo que depende la potencia y por lo que se especifica; antes porque así es real, no depende de la potencia con relación real. Por lo cual como el signo bajo la formalidad de signo no mira a la potencia directamente, esto, en efecto, es de la formalidad de objeto, sino que mira la cosa significable o manifestable a la potencia, así la potencia como incluida en oblicuo en aquel objeto manifestable es atinada por la relación real de signo, porque no se mira la potencia seorsum, sino como incluida en aquello que es real en el objeto como manifestable a la potencia; donde todo lo que se atinge actual y formalmente es real, y solo la potencia, cuyo es el objeto, entra allí de connotado y en oblicuo. Como la ciencia que trata de los colores según que son objeto de la vista, realmente mira los colores, como quiera que específico de sí, aunque ellos mismos incluyan virtualmente el orden a la potencia cuyos son objetos, no es de razón el orden de la ciencia a los objetos mismos. Aquel respecto, empero, por el que el signo mira directamente a la potencia, moviéndola tanto a conocerse a sí como al signado cuyas veces hace, es respecto de razón, pero distinto de la relación de signo por la que mira al signado, porque es respecto de objeto, no formalmente de signo como signo.

Y de aquí es patente al segundo argumento, que procede de la relación por la que el signo directa y formalmente mira a la potencia, que es relación de medida o de objeto que mide, no de la relación por la que mira al signado en cuanto objeto manifestable a la potencia, donde la potencia solo en oblicuo y virtualmente se atinge, no por respecto de razón. Y así el signo no es medida de la potencia, sino instrumento del signado a aquella.

Segundo se argumenta: Estos términos, a saber el signado y la potencia, son distintos también en la formalidad de término, pues uno es término como quod y directamente atinado, el otro es término como cui; se distinguen, ergo, más que materialmente. Cuando, en efecto, el signo tiene varios signados inadecuados, entonces se tiene a aquellos como a varios términos materialmente diversos, ergo más que materialmente se distinguen en la razón de términos la potencia y el signado.

Se confirma, porque del orden a la potencia se distinguen específicamente los signos, ut patet en el signo formal y el instrumental, que son diversos de especie en el género de signo, y no se distinguen de parte de lo significado; pueden, en efecto, representar lo mismo el concepto, v. g. del fuego y el humo, que es signo del fuego, pero se distinguen por el modo de tenerse hacia la potencia informando u obiciendo. Ergo el orden a la potencia se tiene en recto y no en oblicuo en el signo, si en verdad aquello especifica y distingue.

Puede también a la inversa hacerse este argumento, porque puede el signo dividirse por diversas especies según el orden al signado permaneciendo invariado el orden a la potencia; ergo el signo es que son relaciones distintas, de otro modo variada una se varía también la otra. El antecedente, empero, consta. Pues diversos conceptos se varían por diversos objetos representados permaneciendo la relación a la potencia de la misma razón en todos.

Se confirma segundo: La razón de signo y la razón de imagen en esto diferencian, que la imagen no mira a la potencia a la que represente, sino el ejemplar o idea de la que es imitación. Si algo empero representa a la potencia, es por accidente a la imagen. El signo empero per se mira a la potencia, como a la que represente. Ergo la relación a la potencia es intrínseca al signo y de su constitutivos, pues esencialmente distingue el signo de la imagen.

Por último se confirma tercero, porque permanece la relación a la potencia en el signo destruida la relación al signado, ut patet, cuando el signado no existe, y con todo el signo conduce la potencia a la noticia de aquel como antes. Ergo mira a la potencia en la razón de conductivo y de significativo como antes, y así permanece la relación a la potencia.

SE RESPONDE al argumento principal que el signado que se representa y la potencia a la que se hace la representación no son dos términos adecuados y distintos en la razón de término, sino que integran un término, que consta de lo directo y de lo oblicuo. Como en la religión el culto que se exhibe y Dios al que se exhibe no son dos términos adecuados, sino un término íntegro de la religión. Y creer a Dios y a Dios no son dos términos, sino uno de la fe, en cuanto así se atinge un término, que no absolutamente y según sí termina, sino según que se modifica y respectivamente o connotativamente se tiene a alguna otra cosa, como el signado se atinge como representable a la potencia.

A la primera confirmación se responde que la división del signo en formal e instrumental es división por diversas especies, que directamente no se toman de solo el diverso respecto a la potencia, sino de la diversa relación al signado como de diverso modo representable a la potencia. Es, en efecto, el mismo representable algún objeto con doble medio representativo, a saber medio in quo y medio per quod. Y el primero funda la representación formal intra la potencia informante, el segundo la representación instrumental extra la potencia moviente. De donde en el signado mismo representable se halla diversa razón o fundamento para terminar estas diversas representaciones o modos de representar en los signos, aunque la cosa representada materialmente sea la misma.

Y similarmente presupone en los signos mismos el diverso modo de mover y de representar a la potencia, a saber como objeto extra o como forma ad intra; esto con todo se tiene presupositivamente a la razón de signo, la razón empero formalísima se tiene como de substituto al signado, como de tal o tal modo representable.

Y de esto es patente a la otra parte del argumento, que el orden a la potencia, aunque sea de la misma razón en diversos signados, no con todo se requiere que se atinga con distinta relación, porque bien está que las relaciones de signo se varíen de especie por la diversidad del objeto representable, aunque convengan o no diferencien de parte de la connotación incluida en oblicuo, como la fe y la opinión convienen en el modo de oscuridad, no en la razón formal especificante.

A la segunda confirmación se responde que, porque el signo mira al signado precisamente como representable a la potencia como que hace sus veces y consecuentemente inferior a él, la imagen empero mira su ejemplar como imitable y como principio del que se origina y se expresa, y así puede no ser desigual a aquel, por eso de parte del término mismo que directamente miran tienen distintas formalidades o razones formales de terminar, aunque a una siga el orden a la potencia en oblicuo en el signado mismo que toca, en la otra no. Y así la razón formal que distingue en uno y otro es la razón de signado en cuanto tal, la razón de ejemplar en cuanto tal, no la potencia misma a la que se hace la representación.

A la tercera confirmación se responde que destruido el orden al signado se destruye el orden a la potencia, que en el signado mismo en oblicuo y connotado se incluía. Porque con todo permanece fundamentalmente y virtualmente este orden en el signo al signado no existente, permanece también fundamentalmente aquel orden a la potencia que va con el signado. Formalmente con todo puede el signo retener en sí la razón de objeto moviente o de forma representante, que es otra relación distinta del signo, como se ha dicho.

Articulus IV: CÓMO SE DIVIDA EL OBJETO EN MOTIVO Y TERMINATIVO

Articulus V: SI EL SIGNIFICAR SEA FORMALMENTE CAUSAR ALGO EN EL GÉNERO DE EFECTUAR

Articulus VI: SI EN LOS BRUTOS Y EN LOS SENTIDOS EXTERNOS HAYA VERDADERA RAZÓN DE SIGNO

Quaestio XXII: DE LAS DIVISIONES DEL SIGNO

Articulus I: SI SEA UNÍVOCA Y BUENA LA DIVISIÓN DEL SIGNO EN FORMAL E INSTRUMENTAL

Articulus II: SI EL CONCEPTO SEA SIGNO FORMAL

Articulus III: SI LA ESPECIE IMPRESA SEA SIGNO FORMAL

Articulus IV: SI EL ACTO DE CONOCER SEA SIGNO FORMAL

Articulus V: SI SEA BUENA LA DIVISIÓN EN SIGNO NATURAL Y AD PLACITUM Y DE COSTUMBRE

Articulus VI: SI EL SIGNO DE COSTUMBRE SEA VERDADERAMENTE SIGNO

Quaestio XXIII: DE LAS NOTICIAS Y DE LOS CONCEPTOS

Articulus I: SI LA NOTICIA INTUITIVA Y LA ABSTRACTIVA DIFERENCIEN ESENCIALMENTE EN LA RAZÓN DE COGNICIÓN

Articulus II: SI PUEDA DARSE COGNICIÓN INTUITIVA DE LA COSA FÍSICAMENTE AUSENTE, YA EN EL INTELECTO YA EN EL SENTIDO EXTERIOR

Articulus III: CÓMO DIFERENCIE EL CONCEPTO REFLEJO DEL DIRECTO

Articulus IV: CUÁL SEA LA DISTINCIÓN ENTRE EL CONCEPTO ULTIMADO Y EL NO ULTIMADO

Liber III: SOBRE LOS LIBROS DE LOS POSTERIORES

Quaestio XXIV: DE LOS PRECONOCIDOS Y DE LAS PREMISAS

Articulus I: SE EXPLICA QUÉ SEAN LOS PRECONOCIDOS Y LAS PRENOCIONES

Articulus II: SI LAS PREMISAS INFLUYAN EFICIENTEMENTE EN LA CONCLUSIÓN O EN OTRO GÉNERO DE CAUSA

Articulus III: SI LAS PREMISAS NECESITEN AL ASENSO DE LA CONCLUSIÓN, DE MODO QUE LA MENOR SE CONOZCA A LA VEZ CON LA CONCLUSIÓN

Articulus IV: QUÉ SEA LA PROPOSICIÓN PER SE NOTA E INMEDIATA, EL PREDICADO DE TODO Y PER SE Y SECUNDUM QUOD IPSUM

Quaestio XXV: DE LA DEMOSTRACIÓN

Articulus I: SI RECTAMENTE ESTÉ DEFINIDA LA DEMOSTRACIÓN POR ARISTÓTELES

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA PROPOSICIÓN SEA DEMOSTRABLE

Articulus III: SI TODA DEMOSTRACIÓN CIRCULAR SEA VICIOSA

Articulus IV: QUÉ SEA LA DEMOSTRACIÓN QUIA Y PROPTER QUID, Y SI SEA BUENA LA DIVISIÓN

Quaestio XXVI: DE LA CIENCIA TANTO SEGÚN SÍ COMO EN ORDEN A LA OPINIÓN Y A LA FE

Articulus I: QUÉ SEA LA CIENCIA Y CÓMO SE DISTINGA DE LOS RESTANTES HÁBITOS EVIDENTES

Articulus II: QUÉ SEAN LA CIENCIA SUBALTERNANTE Y LA SUBALTERNADA Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus III: SI LA CIENCIA SUBALTERNADA SEA VERDADERA Y PROPIAMENTE CIENCIA, AUNQUE NO SE CONTINÚE CON LA SUBALTERNANTE

Articulus IV: CUÁLES SEAN LOS HÁBITOS INEVIDENTES Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus V: SI LA OPINIÓN Y LA FE CON LA CIENCIA INTRÍNSECAMENTE REPUGNEN

Quaestio XXVII: DE LA UNIDAD Y DISTINCIÓN DE LAS CIENCIAS

Articulus I: DE DÓNDE SE TOME LA UNIDAD O DIVERSIDAD ESPECÍFICA DE LAS CIENCIAS EN RAZÓN DE COGNOSCIBLE

Articulus II: SI LA CIENCIA SEA UNA SIMPLE CUALIDAD Y HÁBITO

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