Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas

Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae

John of St. Thomas (1589–1644)

Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.


Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica

Prooemium I: PROEMIO

Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA

Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS

Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE

Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA

Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE

Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN

Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS

Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE

Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN

Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN

Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ

Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN

Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA

Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO

Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN

Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA

Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL

Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO

Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO

Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS

Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»

Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN

Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN

Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES

Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES

Quaestio VI: DE LA DIVISIÓN DEL UNIVERSAL EN CINCO PREDICABLES

Articulus I: SI ESTA DIVISIÓN SEA BUENA Y ADECUADA

Articulus II: SI ESTA DIVISIÓN SEA DE GÉNERO EN ESPECIES E INMEDIATA

Quaestio VII: DEL GÉNERO

Articulus I: SI LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO TRANSMITIDA POR PORFIRIO SEA BUENA

Articulus II: CUÁL SEA EL DEFINIDO EN LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO, SI LA INTENCIÓN MISMA O EL SUJETO O EL COMPUESTO DE UNO Y OTRO

Articulus III: CÓMO EL GÉNERO SE DIGA TODO POTENCIAL Y SE TOME DE LA MATERIA

Quaestio VIII: DE LA ESPECIE PREDICABLE Y SUBICIBLE

Articulus I: SI LA ESPECIE SE CONSTITUYA EN RAZÓN DE ESPECIE POR LA RAZÓN DE SUBICIBLE O DE PREDICABLE

Articulus II: SE EXPLICAN LAS DEFINICIONES DE LA ESPECIE

Articulus III: SI PUEDA DARSE ESPECIE SUBICIBLE QUE NO SEA PREDICABLE DE MUCHOS, SINO QUE SOLO TENGA UN INDIVIDUO

Articulus IV: SI LA ESPECIE PUEDA CONSERVARSE EN UN SOLO INDIVIDUO Y EL GÉNERO EN UNA SOLA ESPECIE

Quaestio IX: DEL INDIVIDUO

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES DEL INDIVIDUO SE EXPLIQUEN RECTAMENTE

Articulus II: QUÉ SEA EL INDIVIDUO EN COMÚN O INDIVIDUO VAGO

Quaestio X: DE LA DIFERENCIA COMÚNMENTE DICHA Y SEGÚN QUE ES EL TERCER PREDICABLE

Articulus I: SI BIEN SE DIVIDA LA DIFERENCIA EN COMÚN, PROPIA Y PROPRIÍSIMA

Articulus II: SI LAS DEFINICIONES DE LA DIFERENCIA DEL TERCER PREDICABLE SEAN BUENAS

Articulus III: SI LA DIFERENCIA SE DIGA UNIVERSAL RESPECTO DE SU ESPECIE O RESPECTO DE LOS INFERIORES DE TAL ESPECIE

Articulus IV: SI LAS DIFERENCIAS SUPERIORES Y GENÉRICAS SE INCLUYAN EN LAS DIFERENCIAS ÁTOMAS Y DE AQUELLAS SE PREDIQUEN

Quaestio XI: DEL PROPIO

Articulus I: SE EXPLICA LA NATURALEZA DEL PROPIO Y SE SOPESAN SUS DIVISIONES

Articulus II: QUÉ SEA EL PROPIO CUARTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES SE TOME

Quaestio XII: DEL ACCIDENTE QUINTO PREDICABLE

Articulus I: SI LAS DEFINICIONES Y DIVISIONES DEL ACCIDENTE RECTAMENTE HAYAN SIDO TRADITADAS POR PORFIRIO

Articulus II: CÓMO EL ACCIDENTE SE DIGA QUINTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES INFERIORES

Liber I: LIBRO DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XIII: DE LOS ANTEPREDICAMENTOS Y DE LOS ANÁLOGOS

Articulus I: QUÉ SEAN LOS ANTEPREDICAMENTOS Y POR QUÉ DE ELLOS AQUÍ TRATÓ ARISTÓTELES

Articulus II: DE LA DEFINICIÓN Y DIVISIÓN DE LOS EQUÍVOCOS

Articulus III: QUÉ Y CUÁNTUPLE SEA LA ANALOGÍA

Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES DE ESTOS ANÁLOGOS

Articulus V: SI EN LOS ANÁLOGOS SE DA UN CONCEPTO PRESCINDIDO DE LOS INFERIORES

Quaestio XIV: DEL ENTE PREDICAMENTAL Y DE LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus I: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO Y QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGO ESTÉ EN PREDICAMENTO

Articulus II: SI EL ENTE SEA UNÍVOCO O ANÁLOGO A LOS DIEZ PREDICAMENTOS

Articulus III: CON QUÉ ANALOGÍA EL ENTE SEA ANÁLOGO

Articulus IV: SI EL ACCIDENTE SEA UNÍVOCO A LOS NUEVE GÉNEROS

Articulus V: SI SEA ADECUADA Y BUENA LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS

Quaestio XV: DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN FORMAL CONSTITUTIVA DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL

Articulus II: SI BIEN SE DIVIDA LA SUBSTANCIA EN PRIMERA Y SEGUNDA

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS DEFINICIONES DE LA PRIMERA Y DE LA SEGUNDA SUBSTANCIA

Articulus IV: CUÁLES SE RECHAZAN Y SE PONEN EN ESTE PREDICAMENTO

Articulus V: SI EL SUSCIPIR CONTRARIOS SEA PROPIO DE CUARTO MODO DE LA SUBSTANCIA

Quaestio XVI: DE LA CANTIDAD

Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN PROPIA Y FORMAL DE LA CANTIDAD

Articulus II: SI LA CANTIDAD DISCRETA SEA VERDADERA ESPECIE DE CANTIDAD

Articulus III: SI EL TIEMPO Y EL MOVIMIENTO, EL LUGAR Y LA ORACIÓN SE RECHACEN DE LAS ESPECIES DE CANTIDAD

Articulus IV: SI LA LÍNEA, LA SUPERFICIE Y EL CUERPO SEAN VERDADERAS ESPECIES DE CANTIDAD

Quaestio XVII: DEL PREDICAMENTO DE LA RELACIÓN

Articulus I: SI POR PARTE DE LA COSA SE DEN RELACIONES QUE SEAN FORMAS INTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA RELACIÓN SEA PREDICAMENTAL

Articulus III: CUÁLES SEAN LAS DIVISIONES DE LA RELACIÓN PREDICAMENTAL Y SUS ESPECIES

Articulus IV: SI LA RELACIÓN SE DISTINGA POR PARTE DE LA COSA DE SU FUNDAMENTO

Articulus V: SI LA RELACIÓN FORMALMENTE SE TERMINE A LO ABSOLUTO O A LO RELATIVO

Articulus VI: DE DÓNDE SE TOME LA DISTINCIÓN ESPECÍFICA Y NUMÉRICA DE LA RELACIÓN

Articulus VII: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS PROPIEDADES DE LOS RELATIVOS, QUE SEAN SIMULTÁNEOS POR NATURALEZA Y POR COGNICIÓN

Quaestio XVIII: DE LA CUALIDAD

Articulus I: SE EXPLICA LA RAZÓN FORMAL DE LA CUALIDAD Y SU DEFINICIÓN

Aristóteles define la cualidad in cap. 8., «que cualidad es aquello por lo que somos dichos cuales». Cuya definición algunos reprehenden simpliciter: Ya porque parece nugatoria, como si la blancura se dijera aquello por lo que somos dichos blancos; esto, en efecto, es lo que se propone para ser explicado. Ya porque parece circular, porque como se define la cualidad por esto de que seamos cuales, también lo cual se define a convertencia, que es aquello que tiene cualidad, lo cual es cometer círculo. Ya por último porque la definición no es más notoria que lo definido; igualmente, en efecto, ignotas son la cualidad en abstracto y lo cual en concreto.

Nihilomenos no ha de rechazarse esta definición, por cuanto fue dada por Aristóteles y recibida por toda su escuela. Y ante todo, como los géneros supremos carecen de género y de diferencia, esta no es definición, sino descripción, y se da por efectos más notorios.

Podemos, empero, considerar de doble modo los efectos de la cualidad: De un modo por parte del estado, en cuanto se toma en abstracto o en concreto, porque el estado de concreción nos es más notorio y más sensible, y de este modo explica esta definición D. Tomás opusc. 48. tract. de Qualitate cap. 1. El cual modo de definir, con todo, no tan congruentemente se adaptaría a otras definiciones, en las que no se definen géneros supremos.

De segundo modo puede considerarse el efecto de la cualidad por razón de la forma misma. Entre todos los accidentes, en efecto, es propio de la cualidad volver al sujeto formado y cualificado, como del Filósofo nota D. Tomás 5. Metaph. lect. 16., por esto de que la cualidad entre todos los accidentes propiamente ennoblece y cualifica al sujeto. La cantidad, en efecto, cuantifica y más bien materializa al sujeto extendiendo y ordenando sus partes materiales. Los restantes predicamentos o ordenan al sujeto a otro, como la relación, o penden de algún extrínseco que ordena, como los seis últimos predicamentos, como diremos en la cuest. sig. Sola la cualidad se da en orden a ennoblecer o cualificar al sujeto, o al contrario del ennoblecimiento y de la cualificación. Cualificar, empero, algo se dice por aquello que es actual y por modo de forma determinante. Por eso, en efecto, la diferencia esencial se dice predicarse in quale, porque contrae y determina al género, que es potencial, y determinándolo lo forma y cualifica. Lo que, ergo, la diferencia esencial hace esencialmente, eso hace accidentalmente la cualidad, a saber formar y cualificar aquello que es potencial e informe, y eso primero y per se. Pues, aunque también otros accidentes perfeccionen y actúen al sujeto, no lo tienen, con todo, primero y per se, sino que o cuantifican la materia o ordenan a lo extrínseco o de lo extrínseco penden en su denominación. Rectamente, ergo, se dice cualidad aquello por lo que somos dichos cuales, esto es formados y cualificados y ennoblecidos.

Al primero en lo opuesto se responde que no es nugatoria esta definición ni da lo mismo por lo mismo, o porque explica el estado de concreción como más notorio, o porque explica el efecto especial de este accidente, que es cualificar y ennoblecer, y así por aquella somos dichos cuales.

Al segundo se responde que no se comete círculo en estas definiciones, porque no son definiciones, sino descripciones. E igualmente lo abstracto y lo concreto se tienen en diverso género de causa, uno explicando la forma, el otro connotando el sujeto. Y por último la definición de la cualidad en abstracto no se explica solo por la concreción, sino por el efecto de ennoblecer y de volver cualificado. Cuando, empero, se define lo cual, solo se define cuanto al estado de concreto por esto de que es tener forma; de donde ningún círculo se comete.

Al último se dice que la definición no se da por algo igualmente ignoto, porque se da por los efectos de cualificar y por el estado de concreción en el sujeto, que nos son más notorios que la forma misma cualificante o el estado de abstracción de aquella; menos, empero, se sigue que se ponga lo definido en la definición, porque la cualidad en abstracto se define por efectos, no por la cualidad misma.

DE LO CUAL COLIGIRÁS que mejor D. Tomás entre las diversas sentencias expresó la razón de la cualidad 1. p. q. 28. art. 2., «que cualidad se dice disposición de la substancia». E iterum 1. 2. q. 49. art. 2., «que la cualidad importa cierto modo de la substancia, el modo, empero, es el que la medida prefija». De donde importa cierta determinación según alguna medida. Por lo cual la razón propia de la cualidad en tanto se dice consistir en el modo o determinación, en cuanto el modo se toma por aquello que es formación y recta o disposición. Disposición, empero, no se toma aquí por la primera especie de cualidad, sino generalmente según que se dice 5. Metaph. lect. 20. apud D. Thomam, que disposición es el orden del que tiene partes. De donde se colige que a la cantidad y a la cualidad atañe ordenar las partes, pero no las mismas ni del mismo modo. Pues la cantidad ordena las partes materiales por modo de extensión, para que una se ponga extra de otra primero en orden a sí, después en orden al lugar. Por la cualidad, empero, se ordenan las partes no materiales y por modo de extensión, sino virtuales o de perfección según razón de conmensuración debida o indebida, ya en orden a la naturaleza misma o a la terminación de su cantidad, ya en orden a la acción o al término de la acción, como de aquí en adelante acerca de cada especie explicaremos, ya también acerca de la intensión de la cualidad o de la extensión de los hábitos. Así, ergo, en una palabra: Cualquier cosa de debida conmensuración y proporción, ya en lo corporal ya en lo espiritual, ya según partes virtuales ya formales, a aquella disposición llama cualidad. La cantidad, empero, solo une partes materiales extra partes, lo cual es extender, no disponer recta y debidamente; pues también su formación cuanto a la terminación se hace por la figura, que es cualidad. Esta parece la explicación más probable en cosa tan oculta y varia como es la cualidad.

Articulus II: SE EXPLICA LA DIVISIÓN DE LA CUALIDAD EN CUATRO ESPECIES

Cuatro pares de especies puso Aristóteles en la división de este predicamento: Primero es hábito y disposición, segundo potencia e impotencia, tercero pasión y cualidad pasible, cuarto forma y figura.

Acerca de las cuales LA DIFICULTAD ES DE LA BONDAD Y ADECUACIÓN DE ESTA DIVISIÓN. Y la sentencia común es que esta división es adecuada; hay, con todo, disensión en coligir estas especies y en dar razón de ellas. Escoto super cap. de Qualitate q. 1. así las colige: La cualidad según sí es cierta disposición de la substancia. O, ergo, es interior o exterior. Si exterior, o per se primero sensible o no. Si per se primero sensible, está en la tercera especie, que se dice pasión o cualidad pasible. Si, empero, es disposición interior, o dispone como principio innato de obrar, y así es potencia o impotencia, o es principio de obrar no innato, sino adveniente de lo extrínseco, y así es la primera especie, hábito o disposición.

Otros más recientes así coligen: La cualidad se ordena a ornar la substancia o a obrar. Si a obrar, o adviene como principio de la operación o como término. Si como principio, o es principio inserto e intrínseco o adveniente de lo extrínseco. Si es intrínseco, es potencia o impotencia. Si adveniente de lo extrínseco, es hábito o también, si es término de la operación, atañerá a la disposición como los términos de la cognición, que son los conceptos. Si, empero, se ordena a perfeccionar u ornar la substancia, o es para conservar y fomentar la substancia misma, y así es la tercera especie, o para perfeccionar el término de la extensión, y así es la cuarta.

Estas colecciones, con todo, en muchas cosas fallan: Primero, porque proceden por razones muy extrínsecas y en sí bastante inciertas, como que la cualidad inhiera solo a la superficie o también dentro, que sea primero y per se sensible, que todo hábito o disposición se diga cualidad operativa, o también toda potencia; pues la potencia pasiva no es operativa, y también la gracia, la salud y la hermosura, que están en la primera especie, no son operativas. Ni tampoco la disposición es solo término de operación inmanente como el concepto, como también se dan cualidades fácilmente móviles de su naturaleza, que no son términos de acto inmanente como tal, como la opinión o el vicio, la enfermedad transitoria etc. Por último esto de ornar la substancia, hablando generalmente, no es por qué no convenga a la cantidad misma, que también extendiendo orna, porque ordena. Al contrario, empero, ornar fomentando y conservando la substancia por qué no convendrá a la primera especie, que es la disposición, la cual si bien dispone al sujeto, fomenta y conserva, sobre todo como la salud, que máximamente conserva al animal, se pone en la primera especie por el Filósofo in 7. Phys. textu 17. y por D. Tomás 1. 2. q. 50. art. 1.

De otro modo, ergo, colige estas especies D. Tomás 1. 2. q. 49. art. 2. Porque la cualidad importa un accidente cuyo propio es imponer al sujeto determinación y modo accidental, todo modo, empero, y determinación puede aceptarse o en orden a la naturaleza misma o según la acción y la pasión, que consecutan a los principios de la naturaleza, o en orden a la cantidad. El modo según la cantidad atañe a la cuarta especie, que es forma y figura; resulta, en efecto, la figura de la terminación de la cantidad. El modo del sujeto según la acción y la pasión se atiende en la segunda o tercera especie de cualidad. Pues la potencia per se se ordena a la acción o a la pasión. La pasión, empero, o la cualidad pasible resulta de alguna pasión o movimiento. El modo, empero, y la determinación conformemente a la naturaleza de la cosa atañe al hábito y a la disposición, porque primero y per se se ordenan a la conveniencia o disconveniencia de la naturaleza, y porque la naturaleza es término de la generación y del movimiento, al movimiento, empero, consecuta el hacerse fácil o difícilmente; también estas razones se consideran en el hábito y en la disposición.

CONTRA ESTA COLECCIÓN, CON TODO, OBJETARÁS, porque según aquella no repugnará que la misma cualidad se ponga en doble especie. P. ej. el calor, según que se causa por concreción, es pasión o cualidad pasible, y con todo según la conveniencia a la naturaleza, como está en el fuego, será primera especie de cualidad.

Igualmente en discernir la segunda y la tercera especie de cualidad procedió D. Tomás confusamente; pues dice que el modo según la acción y la pasión atañe a la segunda y a la tercera especie de cualidad. Cómo, empero, ataña a una y a otra y distinga la segunda de la tercera, no explica. Ni basta asignar lo fácil y lo difícil, lo transitorio y lo diuturno; estas, en efecto, no son diferencias per se y a igual de la segunda y de la tercera especie, ni distinguen las potencias mismas e impotencias entre sí.

Igualmente el hábito y la disposición también se tienen como determinación o modo hacia la acción, porque los hábitos operativos son principios de eliciar la operación; no, ergo, por la conveniencia al sujeto ha de explicarse todo hábito.

Por último constituir la tercera especie de cualidad por esto de que sea término de la operación o del movimiento parece condición muy accidental de la cualidad, es más no suficiente, porque si se dice que en la tercera especie solo están las cualidades que terminan el movimiento de alteración, se sigue que la luz producida en el aire, que se hace sin alteración, no esté en la tercera especie de cualidad, lo cual comúnmente se niega. Si, empero, están en ella las cualidades que terminan cualquier movimiento, también instantáneo, se sigue que los actos inmanentes y los conceptos que por aquellos se producen y las especies intencionales estarán en la tercera especie de cualidad, cuando con todo comúnmente se ponen en la primera.

Al primero se responde que ninguna cualidad está sino en una sola especie esencial, aunque cuanto al estado y al modo accidental pueda indutar el modo y el estado de otra, no empero esencialmente. Esto, en efecto, frecuentemente acontece en estas cualidades, que una induta el modo de otra cuanto al estado y al modo accidental; como la disposición puede de lo extrínseco volverse difícilmente móvil no por principios intrínsecos, y el hábito puede por estado imperfecto ser fácilmente móvil, porque aún no está perfectamente adquirido. Y así también el calor per se primero tiene ser término de alteración, pero por accidente y de lo extrínseco tiene el modo de conveniente o disconveniente a la naturaleza, en cuanto es pasión propia de alguno, no porque a ello se ordene por su razón formal, o porque consurja de aquel debido temperamento, como la salud, que dice conveniencia a la naturaleza. Puede también a convertencia decir primero y per se conveniencia a la naturaleza, pero por accidente o consecutivamente ser término de la acción. Y así no se pone esencialmente en doble especie, sino esencialmente en una, y tiene el modo o el estado de otra. Y así ha de inteligirse S. Tomás 1. 2. q. 49. art. 2. ad 1., y se elicita de q. 50. art. 1. ad 3. in fine.

Qué sea, empero, en particular en cada cualidad lo primero y per se, qué lo accidental y secundario, ha de juzgarse o por los efectos de la cualidad, pongamos si vemos que siempre una formalidad se halla en una cualidad, como en el calor ser término de alteración, otra no siempre, esta segunda es estado accidental. O por los principios de los que se causa la cualidad, si a saber de aquellos se ordena a la acción o a la pasión, a la conveniencia o disconveniencia de la naturaleza, etc., entonces eso le será esencial.

Al segundo se dice que la distinción entre la segunda y la tercera especie no se pone allí por D. Tomás expresamente, sino que se elicita de aquello que enseña in 5. Metaph. lect. 16., que a la tercera especie de cualidad atañen las pasiones de los sujetos móviles, según las cuales los cuerpos por alteración se mudan. Ergo la tercera especie de cualidad es aquella que conviene al sujeto mediante alteración o al sujeto como movido, tomando la alteración latamente por toda mudanza física de cualidad. La potencia, empero, y la impotencia, que es la segunda especie, conviene al sujeto como principio de acción o de pasión primero y per se, no empero al sujeto como alterado; ni, en efecto, las potencias suponen alteración para convenir al sujeto. Lo fácil, empero, y lo difícilmente móvil no se toman en la segunda especie como en la primera, sino según que explican la fuerza de resistir o de ceder a lo activo; así, en efecto, constituyen la potencia activa o pasiva, porque la pasiva cede fácilmente, la activa difícilmente. Lo diuturno, empero, y lo que pronto transita no atañen a la segunda, sino a la tercera especie.

Al tercero se dice que el hábito y la disposición primero y per se tienen disponer la naturaleza según conveniencia y disconveniencia. Si, empero, la naturaleza es activa, disponiendo a la acción, no porque los hábitos sean primero y per se activos, sino porque la naturaleza que disponen es activa y no se dispone convenientemente sino a la acción, como diremos en el art. sig. de D. Tomás 1. 2. q. 49. art. 3.

Al último se dice ante todo que no es extraño a la cualidad que sea término de alteración. Como, en efecto, se da per se movimiento a la cualidad, a saber la alteración, como se dice in 5. Phys., es preciso que algunas cualidades per se sean cualidades del sujeto como movido y alterado. Después decimos que en esta tercera especie se ponen las cualidades que primero y per se terminan el movimiento o son cualidades del sujeto como alterado, también por alteración instantánea o mudanza, cual es la iluminación en el aire. Ni, con todo, por eso los actos inmanentes o los conceptos estarán en la tercera especie como la luz, porque no tienen inmutar al sujeto o ser términos de alteración, que solo propiamente se halla en lo corporal, sino que tienen otra consideración anterior y más principal, a saber disponer convenientemente la naturaleza en cuanto es cognoscente, y así atañen a la primera especie de cualidad, y esta razón es en ellos más principal, porque es propia per se; por accidente, empero, los actos inmanentes tienen alteración, como en los sentidos por parte de los órganos.

De lo dicho consta que esta división es adecuada y suficiente.

A la primera especie, en efecto, además de los hábitos y las disposiciones, que manifiestamente son tales, se reducen todos los actos inmanentes y los conceptos, es más también las especies impresas, que por D. Tomás 1. 2. q. 50. art. 16. entre los hábitos parecen numerarse; se da, en efecto, en aquellas razón de buena o mala disposición de la potencia, según que se da representar bien o mal el objeto. Atañe también a esta especie la gracia, como enseña D. Tomás 1. 2. q. 110. art. 3. ad 3., y los hábitos sobrenaturales, porque se dan para elevar la potencia y así la suponen, aunque en el género de elevación presten a aquella toda la virtud para el acto, que no tiene entidad sino elevada.

A la segunda especie se reducen todas las virtudes instrumentales, porque se dan para obrar simpliciter o para ayudar a la potencia, no para disponer la naturaleza bien o mal; y por eso S. Tomás 3. p. q. 63. art. 2. reduce el carácter a esta especie, porque no se da para obrar bien o mal, sino para recibir o obrar válida y verdaderamente los sacramentos. Por último lo áspero y lo liso, lo raro y lo denso algunos reducen a sola la posición diversa de las partes, porque lo áspero tiene partes desigualmente dispuestas, lo liso empero igualmente, lo raro partes más distraídas, lo denso más contraídas y en menor lugar, lo cual todo atañe al sitio. Lo cual en verdad es verdadero según sí; por lo demás, porque a lo áspero a veces se conjuga la dureza y a la lisura alguna blandura, que por Aristóteles in hoc cap. se numera entre las cualidades, por eso por razón de este adjunto suelen también nombrarse cualidades.

¿Es, empero, esta división esencial? Se responde afirmativamente. La cualidad, en efecto, es género supremo y debe tener bajo sí especies esencialmente distintas, ni otras son asignables. Y ciertamente que entre algunas cualidades intercede distinción específica, como entre el hábito y la potencia y la figura, no hay duda, es más entre algunas del mismo binario, como entre dos hábitos o dos potencias. Solo podría alguien dudar, porque a veces parece que la misma cualidad atañe a dos especies, como el calor a la tercera, porque es término de alteración, y a la primera, porque es conveniente a alguna naturaleza. Pero ya supra dijimos que per se solo atañe a una según la formalidad que per se y siempre compete a alguno, o según los principios de los que per se nace, como al calor siempre compete ser término de alteración, no siempre disponer la naturaleza. Y por eso si esto segundo a veces tiene, le es accidental, no esencial ni primero y per se conveniente y por eso tampoco constituyente de especie.

Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE CADA UNA DE LAS ESPECIES

PRIMERA ESPECIE.

La primera especie es hábito y disposición. Suele, empero, derivarse múltiple ACEPCIÓN DE HÁBITO, pero a dos cabezas se reducen todas las acepciones; se dice, en efecto, hábito o haber predicamentalmente y postpredicamentalmente. Postpredicamentalmente es lo mismo que modo de posesión, y se numeran por Aristóteles ocho modos in ult. cap. Predicamentalmente de un modo significa el último predicamento, que es estar vestido e indutar hábito. De otro modo por cierta especie de cualidad, según la cual alguien se tiene bien o mal.

Igualmente DISPOSICIÓN puede tomarse generalmente; y así es el orden del que tiene partes, como dice el Filósofo 5. Metaph. textu 24. y así también puede hallarse en la cantidad y en el sitio. Segundo se toma especialmente por aquello que es disponerse bien o mal; del modo, en efecto, de tener las partes suele acontecer que algo se tenga bien o mal. Pero hay, con todo, diferencia entre el hábito y la disposición, que hábito se dice cuando algo se tiene y se posee firmemente, de otro modo simpliciter no lo tenemos; la disposición, empero, como de su género es tendencia a la forma a la que dispone y ordena, aún no tiene firmemente y perfectamente la forma. Y de allí es que el hábito se dice cualidad difícilmente móvil, la disposición empero fácilmente móvil.

Doble, empero, se ofrece DIFICULTAD en lo presente: Primera acerca de la razón genérica, si esta primera especie sea cualidad operativa. Segunda acerca de las razones diferenciales, si diferan esencialmente el hábito y la disposición.

Acerca de lo primero varios estiman que el hábito consiste en la razón de principio operativo, pero sobreañadido, no innato, en lo cual lo distinguen de la segunda especie, que es principio innato de obrar.

Nihilomenos S. Tomás enseña lo opuesto 1. 2. q. 49. art. 2. Y generalmente la RAZÓN puede ser que algunas cualidades de esta especie no son operativas, como la salud y la hermosura, que el Filósofo expresamente pone en la primera especie 7. Phys. textu 17., citado por D. Tomás 1. 2. q. 50. art. 1., e igualmente la gracia en lo sobrenatural. Especialmente, empero, se prueba que también el hábito, cuando es operativo, primero y per se no es principio de obrar, sino de disponer bien o mal la naturaleza, la cual, con todo, porque es potencia operativa, debe disponerse bien en el obrar. Y la razón es que, como dice el Filósofo en el lugar cit., los hábitos tanto del alma como del cuerpo son disposiciones de lo perfecto a lo óptimo; se dice, empero, «de lo perfecto» aquello que está dispuesto según la naturaleza. De donde, porque la naturaleza y la forma son fin por causa del cual algo se hace, por eso en la primera especie se considera el bien y el mal, porque el bien se toma según la razón de fin; y así según el hábito y la disposición se dice que algo se tiene bien o mal, esto es convenientemente a la forma y al fin. Y de aquí es que el hábito y la disposición pueden tener razón de operativo, por esto de que el fin de la naturaleza es la operación o lo operado, o porque la naturaleza que dispone el hábito es potencia activa, que convenientemente se ordena a su operación. Y así el hábito se dice darse no para obrar simpliciter, sino de tal modo, a saber convenientemente o disconvenientemente, porque, aunque influya en la substancia del acto, no empero como primer principio de obrar, que es la potencia, sino como que presupone la potencia y la dispone convenientemente.

Acerca de lo segundo Escoto q. 9. huius praedicam. y otros muchos estiman que el hábito y la disposición solo diferen accidentalmente; y favorece a esta sentencia D. Tomás q. 7. de Malo art. 2. ad 4. El fundamento es que la misma entidad en número, cuando se tiene firmemente en el sujeto, se dice hábito, cuando no firmemente, disposición, como de la ciencia da el Filósofo in hoc cap. de Qualitate, que cuando poco se retiene en el sujeto no es hábito, sino disposición, cuando empero se vuelve más diuturna, es hábito.

Se confirma, porque lo fácilmente y lo difícilmente móvil del sujeto son diferencias que también en otros géneros y diferencias se hallan, como la pasión y la cualidad pasible, el movimiento tardo o veloz, que se dicen perseverar largo tiempo o transitar pronto. Ergo no pueden ser diferencias esenciales de esta primera especie; ni, en efecto, la diferencia esencial se halla extra de su esencia.

Nihilomenos lo opuesto siente el mismo D. Tomás y comúnmente los tomistas 1. 2. q. 49. art. 2. ad 3., donde dice que «la disposición puede inteligirse dividirse contra el hábito de doble modo: de un modo como lo perfecto y lo imperfecto en la misma especie, a saber que disposición se diga reteniendo el nombre común cuando inhiere imperfectamente, hábito empero cuando perfectamente, de modo que no se pierda fácilmente, y así la disposición se hace hábito, como el niño se hace varón. De otro modo pueden distinguirse como diversas especies de un género subalterno, de modo que se digan disposiciones aquellas cualidades de la primera especie a las que conviene según propia razón que fácilmente se pierdan, porque tienen causas transmutables, como la enfermedad y la salud. Hábitos, empero, se dicen aquellas cualidades que según su razón tienen que no fácilmente se transmuten, porque tienen causas inmóviles, como la ciencia y las virtudes, y según esto la disposición no se hace hábito, y esto parece más consonante a la intención de Aristóteles». Así D. Tomás, que lo mismo enseña in quaest. de Malo supra cit., aunque también admita la opinión opuesta, pero no resolutoriamente, como aquí.

De lo cual se colige en qué consista ser fácilmente o difícilmente móvil por naturaleza de la cosa, lo cual tan ansiosamente inquieren y urgen los autores opuestos. Decimos, en efecto, que ser difícilmente móvil por naturaleza de la cosa es tener de propios e intrínsecos principios causas de sí no fácilmente transmutables. Y Cayetano in cap. de Qualitate explicando esto dijo que a veces la cualidad por su especie requiere causas de difícil transmutación, a veces tiene difícil transmutación por alguna condición individual, porque en este sujeto se tiene alguna disposición o causa de perseverar, no empero se postula por la naturaleza de la cualidad. De donde lo fácilmente y lo difícilmente móvil no es lo mismo que durar mucho o poco; esto, en efecto, es por accidente. Puede, en efecto, algo que es disposición durar largo tiempo y el hábito poco, porque como la duración es continuación en el ser, y esto pende de causas extrínsecas que conservan, las más de las veces algo que de sí no pide causas inmóviles y perseverantes halla en algún sujeto causa y disposición que conserve largo tiempo; como la luz en el aire, si lo luminoso persevera largo tiempo, y el acto de ver, si la voluntad aplica largo tiempo a ver, y la enfermedad ordinaria, si alguien no usa medicamento, sino alimento contrario a la salud. Ergo la razón de hábito no consiste en esto de que difícilmente se remueva, sino en que sea difícilmente móvil, ni en que la disposición fácilmente se mude, sino en que sea fácilmente móvil, a saber por orden a sus causas intrínsecas, no por algo extrínseco que por accidente haga que actualmente dure o no dure. Y así vemos que la ciencia es de lo intrínseco hábito, porque procede de causas evidentes, que son firmes, e igualmente las virtudes, porque proceden de principios prácticos conocidos y dirigidos por la sindéresis. La opinión, empero, y el vicio de sí tienen causas de fácil transmutación, en cuanto aquello es contra la razón, esto con recelo de la razón.

Sé que algunos buscan otras razones de esta distinción esencial, como que aquello sea fácilmente móvil que pende en el fieri y en el conservarse de su agente, difícilmente empero móvil lo que en el conservarse no pende. Otros de esto de que el hábito carece de contrario, la disposición no. Pero estas son vanas; vemos, en efecto, que muchas disposiciones también en ausencia del agente duran, y con todo se distinguen específicamente del hábito, como la enfermedad y el vicio y la opinión, que duran en ausencia del agente. Al contrario, empero, las virtudes infusas, como la gracia y la caridad, penden de su propio agente en el fieri y en el conservarse, como la luz del sol, como enseña S. Tomás 2. 2. q. 24. art. 12., y con todo son hábitos. Igualmente algunos hábitos tienen contrario, como la ciencia el error, la virtud el vicio etc.

PERO OBJETARÁS: Pues de la sentencia de D. Tomás se sigue que el acto de demostración sea hábito, porque se genera de principios inmóviles, a saber per se evidentes y ciertos. Se sigue también que no se dé ningún hábito de opinión y de vicio; ni las especies impresas serán hábitos, contra D. Tomás 1. 2. q. 50. art. 6., porque todas estas no tienen causas inmutables.

Se responde que el acto de demostración y cualquier otro acto no tienen causas inmóviles, porque la operación actual consiste en el egreso mismo, no en alguna cosa producida; la operación, empero, de sí es mudable, porque está en vía y en el fieri, no en el factum esse, aunque verse acerca de algún objeto inmóvil. El hábito, empero, no se tiene como ejercicio y operación, sino como forma producida, que inmóvilmente deja determinada la potencia. Por lo demás, cuanto atañe a la opinión y al vicio, decimos que más probable parece que no son hábitos, porque de su naturaleza no tienen firme adhesión, sino con recelo, aunque por multiplicación de actos puedan adquirir firmeza cuanto al modo y al estado accidental. Y así a veces D. Tomás enseña que de actos multiplicados se genera hábito opinativo, como 1. 2. q. 51. art. 3. y q. 53. art. 1. Pero habla del hábito según el modo, no según la esencia, porque como la opinión no tiene principios inmóviles por fuerza de su especie, aunque por razón de alguna causa extrínseca pueda individualmente afirmarse en algún sujeto, por eso simpliciter no es hábito. Y lo mismo ha de decirse del vicio, en cuanto tiene moralidad contraria a la razón, y así no tiene principios firmes, aunque por parte del bien sensible pueda afirmarse en la sensualidad, lo cual es ser firme secundum quid. De donde otra cosa es que la opinión pueda tener modo de hábito, esto es diuturnidad, y la ciencia no, otra que tenga naturaleza de hábito, esto es que de naturaleza e intrínsecos principios tenga firmeza.

AL ARGUMENTO, EMPERO, DEL PRINCIPIO se niega que la misma entidad pueda ser hábito y disposición por su naturaleza y principios intrínsecos, sino solo cuanto al estado. Y el Filósofo comúnmente adujo ejemplos según la firmeza o la facilidad por parte del estado, porque es más notorio, para de allí conducir a lo más oculto, que es por fuerza de la naturaleza. Y así D. Tomás 1. 2. q. 50. art. 1. ad 2. dice que el Filósofo llamó a la salud hábito, pero como hábito, como en el griego se tiene. Y del mismo modo a las ciencias no perfectamente habidas no las llamó hábitos cuanto al estado, aunque no niegue que sean hábitos cuanto a la naturaleza, como también resuelve Cayetano super hoc cap. de Qualitate.

A la confirmación se responde que lo fácilmente y lo difícilmente móvil primero y per se se hallan en el movimiento, como dice D. Tomás 1. 2. q. 49. art. 2. ad 3. Por aquellas, con todo, damos por circunloquio las diferencias propias de la cualidad, aplicando a ellas los nombres del movimiento, no la cosa. Se halla, empero, igualmente en las otras especies de cualidad lo fácilmente y lo difícilmente móvil cuanto al modo de diuturnidad o de facilidad, no empero cuanto a la razón intrínseca de disponer bien o mal al sujeto, que es esencial de la primera especie.

SEGUNDA ESPECIE.

Se dice potencia e impotencia. Y con el nombre de potencia inteligimos aquel principio próximo de obrar por el que se constituye el sujeto no a obrar bien o mal, sino simpliciter a obrar verdaderamente la substancia misma de la operación. Cómo, empero, la substancia per se no pueda obrar, sino que necesite de cualidad sobreañadida para salir al acto, como principio eliciente, atañe a los libros De anima y a la Metafísica, y puede verse S. Tomás 1. p. q. 54. y q. 77. Con el nombre de potencia se comprehende tanto la potencia activa como la pasiva; que se dé, en efecto, potencia pasiva en el género de cualidad nos lo muestran las potencias operativas inmanentes, esto es receptivas de aquello que elician. Si, empero, se dé alguna cualidad, sobre todo de orden natural, que puramente sea potencia pasiva y de ningún modo activa, no es del presente lugar discutirlo, sino in 5. Metaph.; como tampoco atañe a lo presente tratar de la potencia neutra, que por eso se dice neutra porque carece de inclinación al acto, sino que es puramente indiferente, no la que ni sea activa ni pasiva, como puso Escoto, contra el cual obra Cayetano tom. 3. opusc. tract. 3. q. 1.

Con el nombre, empero, de impotencia no inteligimos la pura carencia de potencia, sino la potencia débil e imperfecta, como el embotamiento del ingenio, la potencia de engendrar débil y semejantes. De donde consta que entre la potencia y la impotencia así aceptadas no intercede distinción específica por fuerza de la potencia y de la impotencia precisamente; la misma potencia, en efecto, imperfecta y débil, quitada la debilidad, se vuelve perfecta. No hay, empero, lugar en la potencia para distinguir, como en el hábito, la inmovilidad y la firmeza por el estado accidental o por las vísceras y los principios intrínsecos de la naturaleza. Pues como toda potencia es como pasión propia, nacida e innata de los principios de la naturaleza, si la potencia es natural, toda potencia tiene firmeza intrínseca, y como no se adquiere paulatinamente como el hábito, no tiene por razón del estado y de la adquisición imperfecta firmeza imperfecta, aunque pueda impedirse por algo extrínseco y debilitarse, y entonces será impotencia, que solo de lo extrínseco difiere de la potencia. Es, empero, verdadero que de naturaleza más imperfecta nace potencia menos perfecta, que comparativamente a la potencia de otra naturaleza parezca impotencia. Pero esta propiamente no es impotencia, si en verdad en su género tiene las fuerzas o la potestad debida, aunque menor que la potencia de otro género; como si dijéramos que la hormiga puede menos que el león, no se dice simpliciter impotencia aquella que está en la hormiga, como en su género es potencia; de otro modo solo la suma potencia sería potencia.

De lo cual es patente cómo difiera la primera especie de cualidad de la segunda. La primera, en efecto, simpliciter no es principio de obrar, sino de disponer convenientemente la naturaleza, ya sea activa ya no activa; la potencia, empero, es simpliciter principio de obrar o de padecer. De las virtudes infusas, empero, cómo no sean potencias, sino hábitos, y del carácter, cómo se reduzca a la potencia, ya supra dijimos, ni esto es negocio del lógico, sino del teólogo. Cómo, empero, el Filósofo 5. Metaph. numerando las especies de cualidad haya omitido la potencia, responde S. Tomás ibi lect. 16., porque poco antes había tratado más ampliamente de la potencia y la había explanado.

TERCERA ESPECIE.

Es pasión y cualidad pasible. Y dejadas las varias acepciones de pasión que el Filósofo numera 5. Metaph. textu 26. y allí D. Tomás lect. 20., en lo presente pasión se toma por la cualidad según la cual se hace la alteración. Aunque, en efecto, pasión comúnmente pueda aceptarse por toda recepción de forma, según que es de algún agente, y así es el predicamento de la pasión; especialmente, con todo, se acepta por aquella pasión que se hace con alguna transmutación de alteración; esto, en efecto, comúnmente decimos padecer, que de su disposición se altera y se remueve. Y de esto los actos del apetito sensitivo especialmente se llaman pasiones, porque se hacen con alguna transmutación corporal, como enseña S. Tomás 1. 2. q. 22. art. 2. Se dice también propiedad de la cosa pasión propia, porque el sujeto la recibe como propia.

DOS COSAS, ERGO, HAN DE EXPLICARSE: Primera, en qué consistan propiamente estas especies; segunda, cómo difieran entre sí la pasión y la cualidad pasible.

Algunos, en efecto, dicen que esta tercera especie es cualidad ordenada a perfeccionar y ornar al sujeto, que ni es potencia, ni hábito ni figura. Pero estos no explican qué sea esta cualidad, sino qué no sea. Otros dicen que consiste en esto de que sea cualidad causada de la alteración o que la causa. Y favorece S. Tomás opusc. 48. de Qualitate cap. 4. y 5. Metaph. lect. 16. y 1. 2. q. 50. art. 1. ad 3. Otros toman esta cualidad no por razón de la alteración, sino según que causa pasión en el sentido, y así solo comprehende las cualidades sensibles, por las que los sentidos están nacidos a inmutarse. Así en la escuela de Escoto. Y favorece también S. Tomás 3. p. q. 63. art. 2. ad 2., donde enseña que en esta especie las cualidades no son sino pasiones sensibles o cualidades sensibles. Por último otros, como Cayetano super hoc cap. de Qualitate, toman aquí la pasión y la cualidad pasible por aquella que está nacida a causarse o a causar la pasión del apetito. Y en cuanto objetivamente excita o incita estas pasiones, se dice pasión o cualidad pasible. Algunos más recientes siguen esto, suprimido el nombre de Cayetano.

Todas estas exposiciones son probables y no discrepan mucho. Por lo demás, como los actos del apetito sensitivo tienen dos cosas, a saber el acto inmanente, que es más formal, y la inmutación corporal, que se tiene materialmente, y de aquella toman el nombre de pasión, como enseña S. Tomás q. 22. cit. ex 1. 2., es preciso que las cualidades no se denominen pasibles del acto inmanente precisamente, sino de la alteración y de la inmutación corporal con la que se junta aquel acto del apetito. De donde principalmente y más originalmente se dirá que esta cualidad es pasible por la alteración, como también de la alteración adjunta los actos del apetito se denominan pasiones. Por lo cual mejor se explica la razón de esta tercera pasión de D. Tomás 5. Metaph. lect. 16. y opusc. 48. cit., que la cualidad del sujeto como movido y alterado es la cualidad que constituye esta especie. Y porque todas las alteraciones corporales son perceptibles por el sentido, al menos según el gusto y el tacto, otras también solo según la vista, como la iluminación, la coloración etc., de allí es que en esta especie solo se dice ponerse las cualidades sensibles, como en el cit. loco 3. p. dijo S. Tomás. Y como la alteración según la cualidad precede a la pasión según el sentido, como que es objeto de aquella, y puesta la pasión de alteración suficientemente se inteligie de dónde se denomine cualidad pasible y pasión, de aquella más primordialmente se toma la razón de esta cualidad, a saber porque causa o se causa de la alteración; de allí, empero, se sigue que cause pasión en el sentido.

Acerca de la distinción entre la pasión misma y la cualidad pasible la sentencia común es que solo diferen accidentalmente y según las causas extrínsecas de duración. Pues específicamente son de la misma razón el rubor causado de la vergüenza, que pronto transita, y el causado de buen temperamento, que dura largo tiempo. Pero porque la pasión pronto transita, dijo Aristóteles que de ella no somos denominados cuales, porque de lo transitorio no se hace denominación simpliciter, que requiere estado.

CUARTA ESPECIE.

Se dice forma y figura. Se toma, empero, forma de triple modo: Primero por la forma substancial, que simpliciter da el ser. Segundo por cualquier acto informante. Tercero por aquella disposición conveniente de la cantidad por la que algunos se dicen bien formados o formosos.

Figura se toma de doble modo: De un modo por signo, como se dice 1. Cor. 10.: «Todas las cosas en figura les acontecían». Segundo por el modo resultante de la terminación de la cantidad. Y esta o puede ser intrínseca, como la figura de la mano en sí, y así es cualidad; o extrínseca y situal, como la misma mano plegada o dilatada exhibe diversa figura situal. Y esta segunda puede variarse invariada la primera o también quitarse totalmente, como del cuerpo de Cristo en la Eucaristía.

En lo presente la figura se toma del segundo modo y la forma del tercero. Y difieren según la sentencia común solo accidentalmente. Dice, en efecto, la figura la terminación de la cantidad o el modo de aquella precisamente y como matemáticamente tomado. La forma añade que sea dicha terminación con debida proporción como con hermosura. De donde no abstrae de las cualidades sensibles, sino que por aquellas se modifica, y así la figura formada o hecha con proporción se dice forma; y propiamente se halla en lo artificial, como la figura de la casa o de la torre se dice forma. De lo cual D. Tomás 7. Phys. lect. 5.

COORDINACIÓN DEL PREDICAMENTO DE LA CUALIDAD.

El género generalísimo es la cualidad. Se divide en cuatro géneros inmediatamente, que son hábito y disposición, potencia e impotencia, pasión y cualidad pasible, forma y figura. Y cada uno de estos géneros se divide en varias especies, que en cada género no podemos proseguir.

Pero solo ha de advertirse que EN LOS DOS ÚLTIMOS GÉNEROS solo se ponen cualidades corporales, porque la tercera especie de la alteración se causa o causa primero y per se. La forma, empero, y la figura resultan de la terminación de la cantidad.

EN LOS DOS PRIMEROS GÉNEROS, empero, pueden hallarse cualidades tanto corporales como espirituales. El hábito, ergo, puede dividirse en operativo y no operativo. El no operativo en corporal, como la hermosura, la salud, y en espiritual, como la gracia. El operativo igualmente en sensible y espiritual. Los sensibles en varios hábitos del apetito sensitivo, como la templanza, la fortaleza, etc.; el espiritual en intelectual y moral. El intelectual en cinco especies, a saber sabiduría, ciencia, intelecto, prudencia y arte. El moral se divide en bueno y malo. El malo (si verdaderamente es hábito) por todos los géneros de vicios; el bueno por todos los géneros de virtudes morales, como justicia, religión, piedad etc. Y a estos se annumeran las virtudes sobrenaturales a ellos correspondientes.

La potencia se divide en activa y pasiva, la activa en incorpórea y corpórea. Bajo la corpórea vitales y no vitales, bajo las vitales sensitivas, vegetativas etc. Vegetativas, como nutritiva, generativa etc. Bajo las sensitivas los sentidos interiores y exteriores y el apetito sensitivo. Bajo la incorpórea la voluntad y el intelecto, y reductivamente la potencia sobrenatural, que es el carácter. Algunos también reducen a este género las especies impresas, porque completen la potencia cognoscitiva, pero más verdaderamente es que no le dan principio de obrar, sino que disponen por parte del objeto, y por eso cuando se dan permanentemente atañen a los hábitos, como pone S. Tomás 1. 2. q. 50. art. 5. y 6.

Quaestio XIX: DE LOS SEIS ÚLTIMOS PREDICAMENTOS

Articulus I: SI ESTOS PREDICAMENTOS SON FORMAS ABSOLUTAS O RELATIVAS O DENOMINACIONES EXTRÍNSECAS

Articulus II: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y LA PASIÓN PREDICAMENTALES

Articulus III: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO DÓNDE Y EL SITIO

Articulus IV: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO CUÁNDO Y EL HÁBITO

Textus I: TEXTO DESPUÉS DE LOS PREDICAMENTOS

Quaestio XX: DE LOS POSTPREDICAMENTOS

Articulus I: SE EXPLICAN LAS OPOSICIONES

Articulus II: QUÉ HAYA DE NOTARSE ACERCA DE LOS RESTANTES POSTPREDICAMENTOS

Liber II: SOBRE LOS LIBROS PERIHERMENIAS

Quaestio XXI: DEL SIGNO SEGÚN SÍ

Articulus I: SI EL SIGNO SEA EN EL GÉNERO DE LA RELACIÓN

Articulus II: SI EN EL SIGNO NATURAL LA RELACIÓN SEA REAL O DE RAZÓN

Articulus III: SI SEA LA MISMA RELACIÓN DEL SIGNO AL SIGNADO Y A LA POTENCIA

Articulus IV: CÓMO SE DIVIDA EL OBJETO EN MOTIVO Y TERMINATIVO

Articulus V: SI EL SIGNIFICAR SEA FORMALMENTE CAUSAR ALGO EN EL GÉNERO DE EFECTUAR

Articulus VI: SI EN LOS BRUTOS Y EN LOS SENTIDOS EXTERNOS HAYA VERDADERA RAZÓN DE SIGNO

Quaestio XXII: DE LAS DIVISIONES DEL SIGNO

Articulus I: SI SEA UNÍVOCA Y BUENA LA DIVISIÓN DEL SIGNO EN FORMAL E INSTRUMENTAL

Articulus II: SI EL CONCEPTO SEA SIGNO FORMAL

Articulus III: SI LA ESPECIE IMPRESA SEA SIGNO FORMAL

Articulus IV: SI EL ACTO DE CONOCER SEA SIGNO FORMAL

Articulus V: SI SEA BUENA LA DIVISIÓN EN SIGNO NATURAL Y AD PLACITUM Y DE COSTUMBRE

Articulus VI: SI EL SIGNO DE COSTUMBRE SEA VERDADERAMENTE SIGNO

Quaestio XXIII: DE LAS NOTICIAS Y DE LOS CONCEPTOS

Articulus I: SI LA NOTICIA INTUITIVA Y LA ABSTRACTIVA DIFERENCIEN ESENCIALMENTE EN LA RAZÓN DE COGNICIÓN

Articulus II: SI PUEDA DARSE COGNICIÓN INTUITIVA DE LA COSA FÍSICAMENTE AUSENTE, YA EN EL INTELECTO YA EN EL SENTIDO EXTERIOR

Articulus III: CÓMO DIFERENCIE EL CONCEPTO REFLEJO DEL DIRECTO

Articulus IV: CUÁL SEA LA DISTINCIÓN ENTRE EL CONCEPTO ULTIMADO Y EL NO ULTIMADO

Liber III: SOBRE LOS LIBROS DE LOS POSTERIORES

Quaestio XXIV: DE LOS PRECONOCIDOS Y DE LAS PREMISAS

Articulus I: SE EXPLICA QUÉ SEAN LOS PRECONOCIDOS Y LAS PRENOCIONES

Articulus II: SI LAS PREMISAS INFLUYAN EFICIENTEMENTE EN LA CONCLUSIÓN O EN OTRO GÉNERO DE CAUSA

Articulus III: SI LAS PREMISAS NECESITEN AL ASENSO DE LA CONCLUSIÓN, DE MODO QUE LA MENOR SE CONOZCA A LA VEZ CON LA CONCLUSIÓN

Articulus IV: QUÉ SEA LA PROPOSICIÓN PER SE NOTA E INMEDIATA, EL PREDICADO DE TODO Y PER SE Y SECUNDUM QUOD IPSUM

Quaestio XXV: DE LA DEMOSTRACIÓN

Articulus I: SI RECTAMENTE ESTÉ DEFINIDA LA DEMOSTRACIÓN POR ARISTÓTELES

Articulus II: QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGUNA PROPOSICIÓN SEA DEMOSTRABLE

Articulus III: SI TODA DEMOSTRACIÓN CIRCULAR SEA VICIOSA

Articulus IV: QUÉ SEA LA DEMOSTRACIÓN QUIA Y PROPTER QUID, Y SI SEA BUENA LA DIVISIÓN

Quaestio XXVI: DE LA CIENCIA TANTO SEGÚN SÍ COMO EN ORDEN A LA OPINIÓN Y A LA FE

Articulus I: QUÉ SEA LA CIENCIA Y CÓMO SE DISTINGA DE LOS RESTANTES HÁBITOS EVIDENTES

Articulus II: QUÉ SEAN LA CIENCIA SUBALTERNANTE Y LA SUBALTERNADA Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus III: SI LA CIENCIA SUBALTERNADA SEA VERDADERA Y PROPIAMENTE CIENCIA, AUNQUE NO SE CONTINÚE CON LA SUBALTERNANTE

Articulus IV: CUÁLES SEAN LOS HÁBITOS INEVIDENTES Y CÓMO DIFERENCIEN ENTRE SÍ

Articulus V: SI LA OPINIÓN Y LA FE CON LA CIENCIA INTRÍNSECAMENTE REPUGNEN

Quaestio XXVII: DE LA UNIDAD Y DISTINCIÓN DE LAS CIENCIAS

Articulus I: DE DÓNDE SE TOME LA UNIDAD O DIVERSIDAD ESPECÍFICA DE LAS CIENCIAS EN RAZÓN DE COGNOSCIBLE

Articulus II: SI LA CIENCIA SEA UNA SIMPLE CUALIDAD Y HÁBITO

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