Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.
Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica
Prooemium I: PROEMIO
Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA
Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS
Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE
Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA
Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE
Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS
Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS
Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE
Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN
Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN
Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ
Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN
Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA
Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO
Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO
Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN
Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA
Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL
Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO
Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO
Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS
Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»
Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN
Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN
Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES
Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES
Quaestio VI: DE LA DIVISIÓN DEL UNIVERSAL EN CINCO PREDICABLES
Articulus I: SI ESTA DIVISIÓN SEA BUENA Y ADECUADA
Articulus II: SI ESTA DIVISIÓN SEA DE GÉNERO EN ESPECIES E INMEDIATA
Quaestio VII: DEL GÉNERO
Articulus I: SI LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO TRANSMITIDA POR PORFIRIO SEA BUENA
Articulus II: CUÁL SEA EL DEFINIDO EN LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO, SI LA INTENCIÓN MISMA O EL SUJETO O EL COMPUESTO DE UNO Y OTRO
Articulus III: CÓMO EL GÉNERO SE DIGA TODO POTENCIAL Y SE TOME DE LA MATERIA
Quaestio VIII: DE LA ESPECIE PREDICABLE Y SUBICIBLE
Articulus I: SI LA ESPECIE SE CONSTITUYA EN RAZÓN DE ESPECIE POR LA RAZÓN DE SUBICIBLE O DE PREDICABLE
Articulus II: SE EXPLICAN LAS DEFINICIONES DE LA ESPECIE
Articulus III: SI PUEDA DARSE ESPECIE SUBICIBLE QUE NO SEA PREDICABLE DE MUCHOS, SINO QUE SOLO TENGA UN INDIVIDUO
Articulus IV: SI LA ESPECIE PUEDA CONSERVARSE EN UN SOLO INDIVIDUO Y EL GÉNERO EN UNA SOLA ESPECIE
Quaestio IX: DEL INDIVIDUO
Articulus I: SI LAS DEFINICIONES DEL INDIVIDUO SE EXPLIQUEN RECTAMENTE
Articulus II: QUÉ SEA EL INDIVIDUO EN COMÚN O INDIVIDUO VAGO
Quaestio X: DE LA DIFERENCIA COMÚNMENTE DICHA Y SEGÚN QUE ES EL TERCER PREDICABLE
Articulus I: SI BIEN SE DIVIDA LA DIFERENCIA EN COMÚN, PROPIA Y PROPRIÍSIMA
Articulus II: SI LAS DEFINICIONES DE LA DIFERENCIA DEL TERCER PREDICABLE SEAN BUENAS
Articulus III: SI LA DIFERENCIA SE DIGA UNIVERSAL RESPECTO DE SU ESPECIE O RESPECTO DE LOS INFERIORES DE TAL ESPECIE
Articulus IV: SI LAS DIFERENCIAS SUPERIORES Y GENÉRICAS SE INCLUYAN EN LAS DIFERENCIAS ÁTOMAS Y DE AQUELLAS SE PREDIQUEN
Quaestio XI: DEL PROPIO
Articulus I: SE EXPLICA LA NATURALEZA DEL PROPIO Y SE SOPESAN SUS DIVISIONES
Articulus II: QUÉ SEA EL PROPIO CUARTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES SE TOME
Quaestio XII: DEL ACCIDENTE QUINTO PREDICABLE
Articulus I: SI LAS DEFINICIONES Y DIVISIONES DEL ACCIDENTE RECTAMENTE HAYAN SIDO TRADITADAS POR PORFIRIO
Articulus II: CÓMO EL ACCIDENTE SE DIGA QUINTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES INFERIORES
Liber I: LIBRO DE LOS PREDICAMENTOS
Quaestio XIII: DE LOS ANTEPREDICAMENTOS Y DE LOS ANÁLOGOS
Articulus I: QUÉ SEAN LOS ANTEPREDICAMENTOS Y POR QUÉ DE ELLOS AQUÍ TRATÓ ARISTÓTELES
Articulus II: DE LA DEFINICIÓN Y DIVISIÓN DE LOS EQUÍVOCOS
Articulus III: QUÉ Y CUÁNTUPLE SEA LA ANALOGÍA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES DE ESTOS ANÁLOGOS
Articulus V: SI EN LOS ANÁLOGOS SE DA UN CONCEPTO PRESCINDIDO DE LOS INFERIORES
Quaestio XIV: DEL ENTE PREDICAMENTAL Y DE LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS
Articulus I: QUÉ SEA EL PREDICAMENTO Y QUÉ SE REQUIERA PARA QUE ALGO ESTÉ EN PREDICAMENTO
Articulus II: SI EL ENTE SEA UNÍVOCO O ANÁLOGO A LOS DIEZ PREDICAMENTOS
Articulus III: CON QUÉ ANALOGÍA EL ENTE SEA ANÁLOGO
Articulus IV: SI EL ACCIDENTE SEA UNÍVOCO A LOS NUEVE GÉNEROS
Articulus V: SI SEA ADECUADA Y BUENA LA DIVISIÓN EN DIEZ PREDICAMENTOS
Quaestio XV: DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL
Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN FORMAL CONSTITUTIVA DE LA SUBSTANCIA PREDICAMENTAL
Articulus II: SI BIEN SE DIVIDA LA SUBSTANCIA EN PRIMERA Y SEGUNDA
Articulus III: CÓMO HAN DE EXPLICARSE LAS DEFINICIONES DE LA PRIMERA Y DE LA SEGUNDA SUBSTANCIA
Articulus IV: CUÁLES SE RECHAZAN Y SE PONEN EN ESTE PREDICAMENTO
Articulus V: SI EL SUSCIPIR CONTRARIOS SEA PROPIO DE CUARTO MODO DE LA SUBSTANCIA
Quaestio XVI: DE LA CANTIDAD
Articulus I: CUÁL SEA LA RAZÓN PROPIA Y FORMAL DE LA CANTIDAD
Articulus II: SI LA CANTIDAD DISCRETA SEA VERDADERA ESPECIE DE CANTIDAD
Articulus III: SI EL TIEMPO Y EL MOVIMIENTO, EL LUGAR Y LA ORACIÓN SE RECHACEN DE LAS ESPECIES DE CANTIDAD
Todas estas extra del movimiento las numeró expresamente el Filósofo entre las especies de cantidad in Praedicamentis1, las rechazó empero in 5. Metaph.2, lect. 15. apud S. Thomam.3 El movimiento, empero, ni en la Metafísica ni aquí en la explicación de este predicamento lo coloca entre las especies de cantidad. La razón, empero, de esta variedad de las palabras de D. Tomás infra referendas plenamente la aceptaremos.
Qué, empero, sea el lugar, el tiempo y el movimiento, algunos en lo presente definen, pero la cuestión está extra de este lugar, como propiamente de aquellos ha de tratarse en los Físicos. Brevemente basta transferir de allí aquí sus definiciones, para que al menos con los labios sumos degustemos qué sean. El lugar, ergo, se define in 4. Phys.4 así: «El lugar es la superficie del cuerpo continente inmóvil primera», esto es la superficie ambiente con inmovilidad de distancia. El movimiento se dice acto del ente en potencia, según que en potencia está5, esto es acto que sucesivamente transita, donde algo está en potencia, algo en acto. El tiempo es el número del movimiento según lo anterior y lo posterior6, esto es la medida de la duración del movimiento según las partes anteriores y posteriores.
No es, ergo, una la SENTENCIA DE LOS AUTORES, también tomistas, acerca de la exclusión de estas especies de la cantidad. Del lugar, en efecto, y del movimiento casi todos consienten que deben rechazarse de la cantidad, aunque no convengan en la razón por la que se rechazan. Pero acerca del tiempo y de la oración algunos admiten que el tiempo pertenece a la cantidad continua sucesiva, la oración empero a la discreta, algunos empero excluyen.
DIGO ERGO PRIMERO: En la sentencia de S. Tomás y verdadera el movimiento, el tiempo y el lugar no son especies de cantidad per se, sino que son cuantos por accidente; y del mismo modo uno y otro excluye el Santo Doctor.
Esta es de varios tomistas, y pueden verse Sánchez lib. 5. q. 14., Araujo 5. Metaph. q. 3. art. 5. Pero más claro que la luz consta el testimonio de D. Tomás en esta parte, de modo que es de maravillar que de esto algunos de sus discípulos hayan dudado. Así, en efecto, tiene 5. Metaph. lect. 15. § Distinguit modos etc.7: «Pone dos modos de cantidad por accidente, de los cuales uno es según que algunas se dicen cuantas por accidente de solo esto de que son accidentes de algún cuanto, como lo blanco y lo músico por esto de que son accidentes de algún sujeto que es cuanto. De otro modo se dicen algunas cuantas por accidente, no por razón del sujeto en que están, sino de aquello de que se dividen según la cantidad a la división de alguna cantidad, como el movimiento y el tiempo, que se dicen ciertos cuantos y continuos porque aquellos de los que son son divisibles, y ellos mismos se dividen a la división de aquellos. El tiempo, en efecto, es divisible y continuo por el movimiento; el movimiento empero por la magnitud, no en verdad por la magnitud de aquello que se mueve, sino por la magnitud de aquello en que se mueve. De aquello, en efecto, de que aquella magnitud es cuanta, también el movimiento es cuanto. Y por esto de que el movimiento es cuanto se sigue que el tiempo es cuanto. De donde estas no solo por accidente pueden decirse cantidades, sino más bien por posterioridad, en cuanto sortean la división de la cantidad de algún anterior». Hasta aquí S. Tomás. Y por último concluye allí que no se ponen como especies de cantidad, porque se consideran las especies de cantidad cuanto al ser mismo de la cantidad, y por eso aquellas que no tienen el ser de cantidad sino de otro no las pone allí especies de cantidad, sino que dice que son cantidades por accidente, como el movimiento y el tiempo.
De lo cual manifiestamente se deduce que no bien glosan a D. Tomás quienes dicen que él no niega que el tiempo y el movimiento sean cuantos per se, sino que de modo imperfectísimo lo tienen, porque a la división de otro se dividen, no porque por razón del sujeto sean cuantos, como lo blanco, lo cual se requiere para la razón de cuanto por accidente. Pero D. Tomás abiertamente llama a uno y otro modo cantidad por accidente, no uno por accidente y otro per se imperfectamente. Y cualquier cosa que sea del modo de cantidad por accidente, ciertamente así estima D. Tomás que el movimiento y el tiempo son cuantos por accidente, que se excluyen del predicamento de la cantidad y de sus especies; ergo son cuantos por accidente, como se requiere para nuestro intento.
Y en verdad lo que atañe al lugar, fácilmente lo rechazan todos, porque el lugar no tiene de cantidad sino o la superficie o la razón de ambiente y de circundante de lo locado. Y lo primero no es cantidad distinta de la especie de cantidad que es la superficie. En la razón, empero, de ambiente no añade nuevo ser o razón de cantidad, sino de continencia o de aplicación. Y por eso compendiosamente D. Tomás en el lugar cit. rechazó el lugar de este predicamento diciendo que el lugar no se pone entre las especies de cantidad porque tiene otra razón de medida, pero no otro ser de cantidad.
Acerca del movimiento, empero, y del tiempo, como son sucesivos, toda empero sucesión o es continua o discreta, principalmente ahora hablamos de la sucesión continua; pues aquella sucesión discreta que excluye toda continuidad en sus partes solo consta de indivisibles o instantes y así se halla en los espirituales. La sucesión continua, empero, que tiene partes fluentes y no permanentes, de triple cabeza puede obtener cantidad o extensión: Primero por razón del término o de la forma que por partes se hace; y que por partes y no a la vez se haga puede pender de la imperfección del agente que no vale a introducir a la vez todo el término, o de la resistencia del contrario en el paciente, por vencer la cual la cosa poco a poco se hace. Segundo solo por razón del flujo mismo o de la mora por la que sucesivamente las partes discurren. Tercero por razón del espacio cuya magnitud y distancia no sino con extensión se vence.
Y aunque algunos en el movimiento reconozcan cantidad por accidente solo de la primera cabeza, sobre todo por la debilidad del agente o la resistencia del contrario, otros solo de la segunda, con todo D. Tomás, omitidas estas, solo por razón del espacio en que se hace el movimiento desumió su magnitud y cantidad. Cuya razón es que el movimiento considerado en orden al término es algo incompleto, como vía y el hacerse del término mismo, y se reduce al género o predicamento de su término; el término, empero, del movimiento solo es el dónde, la cualidad y la cantidad, como se prueba in 5. Phys.8 De donde por razón del término no puede tener cantidad que sea especie de cantidad, porque ni todo movimiento tiene por término la cantidad, y aquel que la tiene por razón del término no se constituirá en razón de distinta especie de cantidad de su término, sino que de aquel se dirá cuanto. Mas la sucesión del movimiento, que se toma según el flujo y la mora por la que dura el movimiento mismo, constituye el tiempo, que no presta cantidad al movimiento, sino que más bien del movimiento acepta la cantidad. Es más, si el movimiento por razón del tiempo fuera cuanto, no serían dos especies distintas de cantidad el tiempo y el movimiento, porque no serían dos cantidades, sino que el movimiento sería cuanto por el tiempo. Repugna, empero, que la duración de alguna cosa sea primera y per se cantidad de aquella, porque la duración no es otra cosa que el ser de la cosa continuado. Que, empero, esta continuación sea divisible y cuanta, como en nosotros, o indivisible, como en los ángeles, no lo tiene de sola la razón de duración, que en uno y otro es ser continuado, sino por razón de la cosa que dura. Ergo la duración de sí no es cantidad, sino por razón del sujeto. Consta también por signo, porque puede darse mucho movimiento en poco tiempo y al contrario; ergo la cantidad del tiempo no cuantifica el movimiento per se primero.
Por lo cual óptimamente D. Tomás desumió la cantidad del movimiento de la cantidad de aquello en que se hace el movimiento, a saber del espacio o distancia entre los términos entre los que está el movimiento. En el movimiento, en efecto, local hay espacio que consta de varios lugares, en la cualidad de varias terminaciones o grados en la misma cualidad o del tránsito de una cualidad a otra en diversas, en la aumentación de varias partes de cantidad, y según esta distancia que ha de vencerse el movimiento tiene divisibilidad y cantidad. También, en efecto, el movimiento de sí no dice sino aquel tránsito por el que algún ente está en el hacerse y en parte en potencia, en parte en acto. Ergo en tanto este tránsito tendrá cantidad en cuanto hubiere divisibilidad y distancia entre los términos en los que se hace el tránsito. Si, en efecto, ninguna distancia hay, como entre la privación o negación y la forma, en instante se hace la mudanza de no ser a ser; si, empero, hay mudanza entre términos positivos, por esto mismo el movimiento es divisible, porque hay distancia entre ellos. Del espacio, ergo, o distancia toma el movimiento la cantidad; de sí empero no la presta; solo, en efecto, vuelve al sujeto movido, no cuanto.
Y de esto también se muestra que el tiempo no es cantidad per se, sino cuantificado por otro. Es, en efecto, la cantidad del tiempo la cantidad de la duración del movimiento, y según lo anterior y lo posterior en el movimiento hay lo anterior y lo posterior en el tiempo, como se dice in 4. Phys.9 Y consiguientemente la divisibilidad y la extensión del tiempo, que no es otra cosa que lo anterior y lo posterior en aquel, de este anterior y posterior en el movimiento se desume. No, ergo, tiene divisibilidad y extensión per se, sino por razón del movimiento, y por eso es cuanto por accidente, esto es por otro, lo cual es no ser especie per se de cantidad.
NI VALE responder, como responden algunos, que el tiempo tiene cantidad de otro como eficientemente y originariamente, no formalmente, porque tiene según sí indivisibles diversos del movimiento, a saber instantes, consiguientemente también partes diversas. Las partes, empero, del movimiento solo se presuponen al tiempo como la línea a la superficie, la superficie al cuerpo, y con todo cualquiera de aquellos per se es especie de cantidad.
Pero al contrario está: Porque el movimiento y el tiempo se comparan como la duración y la cosa que dura; ninguna, empero, cosa efectúa su duración como tampoco su ser. De donde tampoco la cantidad del movimiento puede efectuar la cantidad del tiempo. Y además, para que el tiempo tuviera cantidad per se distinta del movimiento, debería añadir nueva extensión o partes a las partes del movimiento, como la superficie a la línea y el cuerpo a la superficie, y como el número dividiendo el continuo añade nuevo modo de extender y de mensurar discretamente. Mas el tiempo no tiene otra divisibilidad y extensión que el movimiento, porque es lo anterior y lo posterior en el movimiento; de otro modo si añadiera partes distintas, no sería solo duración de aquel ni número según lo anterior y lo posterior, pues numeraría algo otro que las partes del movimiento, a saber aquellas partes que añadiría sobre el movimiento. Cómo, empero, los indivisibles del tiempo, que son instantes, no se distingan de los indivisibles del movimiento, diremos en la solución al segundo argumento.
DIGO SEGUNDO: La oración no es especie de cantidad esencial y per se, sino de cierto modo metafórico.
Y en verdad el Filósofo in 5. Metaph.10 entre las especies de cantidad no pone la oración. Y así también siente Cayetano in cap. de Quantitate.
Y LA RAZÓN ES que la oración en tanto se dice cantidad en cuanto consta de sílabas largas y breves, lo cual todo pertenece a la pronunciación de la voz de modo más veloz o más tardo. Pero la voz misma es cualidad, no cantidad, esto es el sonido proferido por el animal; la pronunciación, empero, es movimiento; la velocidad o la tardanza son modos que siguen al movimiento, que si constituyeran cantidad en la oración, también constituirían en el movimiento. Por lo cual ni por parte de la voz, que es cualidad, ni del movimiento y de su velocidad y tardanza, que son cuantos por accidente, la oración o sus sílabas son especies de cantidad per se.
Otros recurren a las morulas o duraciones de la prolation de las sílabas, que parecen importar cierta extensión. Pero estas morulas en la cosa no son otra cosa que el tiempo, que es la duración del movimiento. El tiempo, empero, lo pusimos con D. Tomás entre las cantidades por accidente. De donde D. Tomás in opusc. 48. tract. de Quando cap. ult.11 también reduce la oración a la medida del tiempo discreto o de la prolation de aquel sonido.
Otros constituyen la cantidad de la oración en cierta consonancia armónica de la oración de sus partes. Pero este concierto o armonía no es cantidad, sino proporción, que pertenece a la relación o a lo sumo a la cualidad, y en verdad, si es proporción métrica, como se halla en los carmina, extra de que todo esto pende de la imposición, no es común a toda oración, sino tan solo a la poética. Si, empero, es armonía y proporción de la oración en la expresión misma y en la vivacidad de la significación congrua, todo esto es de imposición humana en la voz, no empero pertenece a la cantidad real. La proporción, empero, y la armonía en la prolation misma de la voz no más hace especie de cantidad que la proporción de las partes en cualquier movimiento.
Por último otros dicen que la oración es cantidad discreta, pero de especie innominada e ignota. Pero estos se defienden con la ignorancia, que no puede impugnarse. Por último la oración si no es voz significativa según proporción de brevedad o de longitud en las sílabas proferida, no tiene razón de número especial. Esto, empero, todo no es algo natural, sino que pende de la imposición humana, y por eso solo metafóricamente es especie de cantidad.
PERO INQUIRIRÁS: ¿Por qué, ergo, el Filósofo in Praedicamentis y D. Tomás in opusc. 48.12 numeran entre las especies de cantidad el lugar, el tiempo y la oración? Responde D. Tomás 5. Metaph. lect. 15. cit.13 «que el Filósofo in Praedicamentis puso el tiempo como cantidad per se, como in Metaphysica lo pone cantidad por accidente, porque allí distinguió las especies de cantidad según las diversas razones de medida. Otra, en efecto, razón de medida tiene el tiempo, que es medida extrínseca, y otra la magnitud, que es medida intrínseca. Aquí, empero, considera las especies de cantidad cuanto al ser mismo de la cantidad. Y por eso aquellas que no tienen el ser de cantidad sino de otro no las pone aquí especies de cantidad, sino cantidades por accidente». Así D. Tomás.
Y si dices: Si el tiempo es cantidad por accidente, ¿cómo tiene razón de medida per se, como la medida es pasión de la cantidad? Se responde que de la misma cantidad puede nacer diversa medida según diversa modificación y aplicación de aquella, como de otro modo mensura la cantidad intrínsecamente informante o extrínsecamente aplicada. Y así, porque es la misma cantidad en el tiempo y en la magnitud o movimiento, no dicen diversas especies de cantidad per se, dicen empero diversas mensuraciones por el diverso modo de aplicar. Otra cosa es en el número, que no solo tiene diverso modo de mensurar, sino también diverso modo de extender de la cantidad continua; divide, en efecto, y disuelve la continuidad.
SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.
Primero se argumenta: Pues el lugar, aunque materialmente sea lo mismo que la superficie, formalmente empero tiene otra razón de mensurar, porque la superficie extiende informando, el lugar ambiendo. Consta, empero, que también la superficie materialmente es de líneas y el número de continuos cuantitativos, y con todo constituyen diversa especie de cantidad; ergo también el lugar.
SE RESPONDE que hay razón dispareja, porque la superficie añade a la línea nuevas partes y nueva razón de extensión, aunque presuponga la extensión de la línea. El número también disuelve el modo de extensión continua y lo transfiere a la discreta, que es diversa de la continua también en razón de extensión. Mas el lugar no añade sobre la superficie sino tan solo la aplicación a algo extrínseco que ambie.
Segundo se argumenta: Pues el movimiento y el tiempo tienen partes de nuevo modo extendidas, a saber según diversas moras y sucesiones por las que las partes fluyen. Tienen también diversos indivisibles por los que las partes sucesivas se copulan, a saber en el movimiento los mutata esse y en el tiempo los instantes; ergo nada les falta para la razón de cantidad per se. Ni, en efecto, se requiere esencialmente para la cantidad la extensión por espacio local, sino que basta que sea por espacio de duración. En este, empero, espacio se da verdadera extensión de partes sucesivas, de las cuales una no se penetra con otra, sino que sucede a aquella. Que, empero, penda de la cantidad continua esta cantidad sucesiva no quita que sean verdaderas cantidades el movimiento y el tiempo, como el cuerpo pende de la superficie y con todo es verdadera cantidad.
SE RESPONDE que estas partes sucesivas del movimiento no añaden a las partes de la magnitud o del espacio nueva extensión, sino nuevo modo de oposiciones de permanencia, en cuanto las partes del movimiento, esto es los términos que se adquieren en el espacio o distancia, no existen a la vez, sino que transitan, cuyo modo con todo no dice formalmente modo de nueva extensión, sino carencia de permanencia, como de sí es patente. De aquello, empero, de que el movimiento no dice razón de extensión distinta de la magnitud se sigue que el tiempo, que es su duración, no tenga cantidad distinta del movimiento, porque el tiempo es la duración del movimiento y no tiene otras partes que el movimiento, cuyo número es según lo anterior y lo posterior, aunque cualquier movimiento sea tiempo, sino solo el más regular y uniforme. Y en esto hay gran discrimen entre el movimiento y el tiempo comparativamente a la magnitud, y entre el cuerpo y la superficie, porque el cuerpo aunque suponga la superficie añade nuevas partes a aquella, el tiempo empero no añade nuevas partes al movimiento ni el movimiento a la magnitud del espacio o distancia en que se ejercita.
Y a aquello que se añade de los indivisibles del movimiento y del tiempo se responde que los instantes del tiempo no se distinguen de los indivisibles del movimiento, que son los mutata esse en aquel movimiento en el que el tiempo está subjetivamente, como tampoco las partes del tiempo difieren de las partes del movimiento. Igualmente los indivisibles del movimiento no son otros que los indivisibles del espacio o del término adquirido por el movimiento en el espacio o distancia, connotando tan solo la sucesión y la negación de permanencia en estos indivisibles. Pero de esto más ampliamente en los Físicos.14
Tercero se argumenta: En la oración métrica o armónica hay que hallar diversas partes según la longitud y la brevedad de la prolation, que son de distinta duración, y diverso orden de lo anterior y de lo posterior según el número de las prolationes, que se mensuran con las sílabas como el número con las unidades. ¿Por qué, ergo, no será distinta especie de número?
SE RESPONDE que todo esto no dice algo distinto cuantitativamente del movimiento discreto o continuo o de su duración, que es el tiempo. De donde la oración se cuantifica discretamente del movimiento discreto de la prolation de la voz; no ella de nuevo modo cuantifica. Que, empero, se añada armonía y lo agudo o grave, lo veloz o tardo en la prolation de la voz, más bien son cualidades que cantidades de la oración.