Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.
Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica
Prooemium I: PROEMIO
Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA
Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS
Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE
Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA
Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE
Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS
Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS
Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE
Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN
Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN
Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ
Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN
Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA
Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO
Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO
Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN
Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA
Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL
Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO
Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO
Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS
Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»
Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN
Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN
Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES
Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES
Quaestio VI: DE LA DIVISIÓN DEL UNIVERSAL EN CINCO PREDICABLES
Articulus I: SI ESTA DIVISIÓN SEA BUENA Y ADECUADA
Articulus II: SI ESTA DIVISIÓN SEA DE GÉNERO EN ESPECIES E INMEDIATA
Quaestio VII: DEL GÉNERO
Articulus I: SI LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO TRANSMITIDA POR PORFIRIO SEA BUENA
Articulus II: CUÁL SEA EL DEFINIDO EN LA DEFINICIÓN DEL GÉNERO, SI LA INTENCIÓN MISMA O EL SUJETO O EL COMPUESTO DE UNO Y OTRO
Articulus III: CÓMO EL GÉNERO SE DIGA TODO POTENCIAL Y SE TOME DE LA MATERIA
Quaestio VIII: DE LA ESPECIE PREDICABLE Y SUBICIBLE
Articulus I: SI LA ESPECIE SE CONSTITUYA EN RAZÓN DE ESPECIE POR LA RAZÓN DE SUBICIBLE O DE PREDICABLE
Articulus II: SE EXPLICAN LAS DEFINICIONES DE LA ESPECIE
Articulus III: SI PUEDA DARSE ESPECIE SUBICIBLE QUE NO SEA PREDICABLE DE MUCHOS, SINO QUE SOLO TENGA UN INDIVIDUO
Articulus IV: SI LA ESPECIE PUEDA CONSERVARSE EN UN SOLO INDIVIDUO Y EL GÉNERO EN UNA SOLA ESPECIE
Quaestio IX: DEL INDIVIDUO
Articulus I: SI LAS DEFINICIONES DEL INDIVIDUO SE EXPLIQUEN RECTAMENTE
Articulus II: QUÉ SEA EL INDIVIDUO EN COMÚN O INDIVIDUO VAGO
Quaestio X: DE LA DIFERENCIA COMÚNMENTE DICHA Y SEGÚN QUE ES EL TERCER PREDICABLE
Articulus I: SI BIEN SE DIVIDA LA DIFERENCIA EN COMÚN, PROPIA Y PROPRIÍSIMA
Articulus II: SI LAS DEFINICIONES DE LA DIFERENCIA DEL TERCER PREDICABLE SEAN BUENAS
Articulus III: SI LA DIFERENCIA SE DIGA UNIVERSAL RESPECTO DE SU ESPECIE O RESPECTO DE LOS INFERIORES DE TAL ESPECIE
Articulus IV: SI LAS DIFERENCIAS SUPERIORES Y GENÉRICAS SE INCLUYAN EN LAS DIFERENCIAS ÁTOMAS Y DE AQUELLAS SE PREDIQUEN
Quaestio XI: DEL PROPIO
Articulus I: SE EXPLICA LA NATURALEZA DEL PROPIO Y SE SOPESAN SUS DIVISIONES
Articulus II: QUÉ SEA EL PROPIO CUARTO PREDICABLE Y RESPECTO DE CUÁLES SE TOME
Quaestio XII: DEL ACCIDENTE QUINTO PREDICABLE
Articulus I: SI LAS DEFINICIONES Y DIVISIONES DEL ACCIDENTE RECTAMENTE HAYAN SIDO TRADITADAS POR PORFIRIO
SUPONEMOS la diferencia entre el accidente predicamental y el accidente predicable, que consiste en esto, que el accidente predicamental se contrapone a la substancia, que es el primer predicamento, y así solo está por el accidente inherente; el accidente, empero, predicable se contrapone al predicado esencial, y así cualquier cosa que no conviene esencial o necesariamente se dice accidente predicable, ya sea algo real ya de razón, ya inherente ya subsistente.
Ergo en lo presente Porfirio tres definiciones traditó del accidente.
Primera es: El accidente es «lo que está presente y ausente sin corrupción del sujeto».
Segunda: El accidente es «lo que al mismo puede inherir y no inherir».
Tercera: El accidente es «lo que ni es género ni especie ni diferencia ni propio, siempre, empero, inhiere en el sujeto».
Acerca de las cuales DOS COSAS HAN DE EXPLICARSE en el art. pres.: Primera, si se define aquí el accidente primero intencionalmente o por la segunda intención de este quinto predicable. Segunda es cómo han de inteligirse aquellas partículas de la definición: «lo que está presente y ausente sin corrupción del sujeto».
Acerca de lo primero estiman algunos, como Martínez hic super cap. de Accidente, que se define la segunda intención, porque se define algo que conviene al accidente por el intelecto, no en la cosa; aunque, en efecto, estar presente a uno y ausente de otro realmente convenga al accidente, con todo estar presente y ausente del mismo sujeto no conviene en la cosa, sino por razón, sobre todo al accidente inseparable. Y otros de esto prueban, porque si se definiera aquí el accidente por la primera intención, no convendría a todo predicado que puede estar presente y ausente. No, en efecto, convendría a los entes de razón, que no son primeras intenciones, sino segundas, y con todo muchos de aquellos se predican con predicación del quinto predicable, como cuando digo: «El animal es género».
NIHILOMENOS SE RESPONDE que la definición traditada conviene al substrato o primera intención de este quinto predicable; poder, con todo, añadiendo algo acomodarse a la segunda intención. E inteligimos por substrato de este quinto predicable no solo la primera intención real, sino cualquier predicado accidental, aunque sea ente de razón.
Es manifiesta la RAZÓN, porque aquello que explican estas definiciones se halla también en el accidente singular e individualmente aceptado. Pero cualquier cosa que se halla en los singulares y a aquellos desciende no pertenece solo a la segunda intención de predicabilidad y de universalidad, porque esta no desciende a los singulares. Ergo aquí se define la primera intención accidental.
La mayor se prueba, porque estar presente y ausente en el sujeto también conviene al accidente singular, como consta ya en el accidente separable, que alguna vez está presente, alguna vez ausente en el singular sin corrupción del sujeto, ya en el accidente inseparable, que también individualmente aceptado no pende de él el sujeto o naturaleza a la que inhiere, aunque la conservación individual alguna vez penda. Ergo aquello que explican estas definiciones conviene también a los accidentes singulares.
Si alguien, empero, quiere acomodar a la segunda intención del accidente la definición del accidente, es preciso subinteligir la partícula «de muchos» diciendo que el accidente es «lo que se predica de muchos como predicado que está presente y ausente extra de la corrupción del sujeto».
De donde consta la SOLUCIÓN DEL FUNDAMENTO CONTRARIO. Decimos, en efecto, a lo primero que estar presente y ausente a uno y al mismo sujeto conviene al accidente en la cosa, tanto en el accidente separable mismo como en el inseparable, por esto de que contingentemente y no necesariamente se conecta al sujeto. Nada, empero, otro significan aquellas palabras que la contingencia de la conveniencia.
A lo segundo se dice que también en los entes de razón puede hallarse la primera intención, como son muchas negaciones y privaciones y denominaciones extrínsecas. Puede también una segunda intención materialmente substernirse y denominarse accidentalmente de otra segunda intención, y así reviste como modo de primera intención respecto de aquella a la que se substierne.
INSTARÁS: Estar presente y ausente en la dicha definición se toma segundo intencionalmente por aquello que es afirmarse o negarse sin corrupción del sujeto. Ergo se tradita por aquello que es de segunda intención, a saber la afirmación y la negación.
Se responde ante todo que esto no convence que esta definición se tradita por la segunda intención de universalidad de este quinto predicable, sino por la segunda intención de afirmar y de negar, lo cual pertenece a la segunda operación del intelecto. Después se dice que afirmarse y negarse puede tomarse de uno y otro modo, y fundamentalmente, que es de primera intención y se halla en todo accidente, también singular; y formalmente por la segunda intención de afirmar y de negar, según que luego explicaremos.
Acerca del segundo punto hay controversia entre los autores de cómo deba inteligirse aquella partícula «está presente y ausente etc.», si se inteligia de presencia y ausencia real, o de afirmación y negación. Pues que no pueda inteligirse de presencia y ausencia real aquello parece convencer, porque el accidente inseparable no puede realmente estar presente y ausente, de otro modo sería separable. Si, empero, se dijera inteligirse segundo intencionalmente por afirmarse y negarse, se seguiría que todo accidente es separable, porque ninguno hay que por el intelecto no pueda separarse, también el propio mismo, sin el cual el sujeto puede óptimamente inteligirse.
Ni por esto se evade, sino que se supone la presencia y ausencia real, porque la afirmación y la negación o es verdadera o falsa. Si falsa, ergo es falso que el accidente esté presente y ausente sin corrupción del sujeto. Si verdadera, ergo así está de parte de la cosa que está presente y ausente en la cosa, ergo se da presencia y ausencia real del accidente. Si se dijera que no se inteligie estar presente y ausente de la afirmación y de la negación a modo de composición, sino a modo de simple precisión del que inteligie uno sin otro: En contra está, ya porque esto expresamente adversa a D. Tomás, quaest. de Spirit. creat. art. últ. ad 7.1 y opusc. 48. cap. de Accidente2. Ya porque de este modo también el propio puede estar presente y ausente del sujeto, a saber por simple cognición precisando o inteligiendo uno sin otro.
Por esto algunos siguieron vía singular diciendo que en esta definición debe inteligirse que el mismo y un accidente puede estar presente y ausente respecto de diversos sujetos, intra de la esfera adecuada de aquellos a los que puede convenir, y así conviene a todo accidente por inseparable que sea; p. ej. la blancura tiene muchos cuerpos por sujeto adecuado, a saber la nieve, la piedra, el hombre etc.; extra de toda la adecuación no puede estar ausente, intra, con todo, de aquella adecuación a alguno determinado está ausente, a alguno, empero, está presente. Así Martínez sup. cap. de Accidente.
Por lo demás este modo de sentir no es verdadero: Ya porque Porfirio habla del accidente separable e inseparable como de diversos; en esta, empero, sentencia todo accidente es inseparable de la adecuación de todos sus sujetos, es, empero, separable de los sujetos inadecuados. Ya también porque entonces el sentido de la definición será que el accidente en parte está presente y en parte ausente sin corrupción del sujeto. Pero ¿respecto de cuál sujeto? Si respecto del total y adecuado, de este nunca puede estar ausente; si respecto del parcial, alguna vez se da algún sujeto determinado del que no puede estar ausente, como la blancura respecto de la nieve. Por lo cual esto no evita, sino que aumenta las dificultades. Por último porque puede darse algún accidente separable de toda la adecuación de su sujeto; ergo al menos respecto de aquel padece las mismas dificultades de cómo ha de inteligirse la definición de que está presente y ausente sin corrupción del sujeto. El antecedente consta; pues ser gramático es accidente y puede separarse de todo hombre, como consta si solo hay dos hombres en el mundo no gramáticos; e igualmente dormir es accidente que puede separarse en tal caso, si uno y otro hombre vela.
POR LO CUAL HA DE DECIRSE: Por aquellas palabras «está presente y ausente sin corrupción del sujeto» nada otro se significa que la contingencia del accidente que se predica y la indemnidad del sujeto en su quididad por la conveniencia o disconveniencia de tal accidente.
Lo cual parecen comúnmente sentir quienes la definición del quinto predicable así explican, que «es aquello que se dice de varios in quale contingentemente». De donde ni consiste en esto que es estar presente o ausente por presencia real, o afirmarse y negarse por predicación del intelecto precisamente, sino en tal fundamento de la negación o de la afirmación, que sin disolución de la quididad y de la naturaleza del sujeto pueda algún accidente convenir o disconvenir al sujeto.
Cuya resolución y explicación ha de tomarse de D. Tomás q. 2. de Anima art. 12. ad 7.3, donde toda la dificultad así resuelve: «Tres», dice, «son los géneros de accidentes: algunos se causan de los principios de la especie y se dicen propios, como lo risible al hombre; algunos se causan de los principios del individuo, y esto se dice o porque tienen causa permanente en el sujeto, y estos son accidentes inseparables, como lo masculino y lo femenino y otros semejantes; algunos, empero, tienen causa no permanente en el sujeto y estos son accidentes separables, como sentarse y andar. Es, empero, común a todo accidente que no sea de la esencia de la cosa, y así no cae en la definición de la cosa, de donde inteligimos cualquier cosa sin esto de que inteligamos alguno de sus accidentes. Pero la especie no puede inteligirse sin los accidentes que se siguen al principio de la especie; puede, con todo, inteligirse sin los accidentes del individuo, también inseparables; sin los separables, empero, puede ser no solo la especie, sino también el individuo». Así el Santo Doctor.
De cuya doctrina colegimos que aquella partícula «está presente y ausente sin corrupción del sujeto» es lo mismo que decir: Conviene al sujeto sin disolución de la quididad y de la naturaleza de aquel en los predicados esenciales. Que, empero, el accidente sea separable o inseparable no respecto de la especie y de la naturaleza del sujeto, sino respecto de los individuos se toma, en los que alguna vez tiene causa permanente, alguna vez transitiva. Y así puede el accidente convenir o estar ausente del sujeto con corrupción del individuo, no, con todo, con corrupción de la especie, sino con indemnidad de aquella. En lo cual se distingue del propio, que si está ausente, esto es, si no conviene ni se conecta con la especie, se disuelve la especie. Y de esto consta que el individuo puede pender en su conservación y existencia, más aún en la individuación misma, de los accidentes; la especie, empero, y la quididad de ningún accidente penden. Y así cualquier afirmación o negación, conveniencia o disconveniencia del accidente al sujeto siempre es sin corrupción, sino con indemnidad de la quididad.
Y bien nota que aquello de estar presente y ausente no se toma aquí por lo que es inherir o no inherir, aquello, en efecto, solo al accidente predicamental conviene, sino que se toma por lo que es convenir o disconvenir accidentalmente. Ni negamos que «estar presente y ausente» signifique afirmarse o negarse, sino no solo esto, sino también el fundamento de aquello, que es convenir o no convenir a la naturaleza específica sin esto de que disuelva la conexión esencial de sus predicados. De lo cual se sigue que pueda afirmarse o negarse con indemnidad de la quididad en el sujeto, y en esto consiste la contingencia del accidente en el convenir o disconvenir al sujeto.
A LOS FUNDAMENTOS OPUESTOS: Se dice a lo primero que el accidente inseparable no puede estar presente y ausente según ausencia y presencia real respecto del individuo, en orden al cual se toma esta distinción de separable e inseparable. Respecto, con todo, de la especie o quididad en el sujeto mismo puede estar presente y ausente, esto es, convenir o disconvenir sin destrucción del sujeto en su quididad, aunque en su existencia se destruya.
A lo segundo se dice que todo accidente puede separarse de la especie misma o quididad, pase; del individuo mismo y de su existencia, que se sigue a la individuación, niego, porque puede tener causa permanente en aquel; separable, empero, e inseparable se dice en los accidentes respecto del sujeto por parte de la individuación, estar presente y ausente sin corrupción del sujeto respecto de la quididad. Y así puede inteligirse de estar presente y ausente realmente, y afirmarse y negarse verdaderamente sin corrupción del sujeto por parte de la quididad, aunque no sin corrupción por parte de la individuación o de la existencia que se sigue a la individuación. O segundo estar presente y ausente se toma condicionadamente, esto es, ya esté presente ya ausente el accidente, sin corrupción del sujeto por parte de la quididad aquello se hará.
Que si instas: Porque la separación o conveniencia respecto de la especie, según que se distingue del individuo, es segunda intención de razón, porque la especie no se distingue del individuo sino por razón; ergo esta definición se inteligie segundo intencionalmente.
Se responde que con el nombre de especie no inteligimos el estado mismo de abstracción de los individuos, sino la naturaleza específica misma, que también en los individuos se halla, de donde más bien usamos el nombre de quididad diciendo que el accidente está presente y ausente sin corrupción de la quididad también individualmente tomada en el sujeto.
AÚN, CON TODO, INQUIERES cómo por esto se distinga el accidente del propio, si quiera también el propio puede inteligirse y separarse de la esencia sin corrupción de la quididad misma, como está extra de la definición de aquella.
Se responde de D. Tomás quaest. de Spirit. creat. cit. art. últ. ad 7.4, donde dice «que doble es la operación del intelecto, otra por la que inteligie quod quid est, y con tal operación puede inteligirse la esencia de la cosa tanto sin el propio como sin el accidente, como ninguno de aquellos entra en la esencia. Otra es la operación del intelecto que divide y compone, y así puede inteligirse la substancia sin predicado accidental, aunque según la cosa sea inseparable, como puede inteligirse el cuervo blanco; no, en efecto, hay allí repugnancia de intelectos, como lo opuesto del predicado no pende de los principios de la especie que se significa con el nombre puesto en el sujeto. Con esta, empero, operación del intelecto no puede inteligirse la substancia sin el propio; no, en efecto, puede inteligirse que el hombre no sea risible, o que el triángulo no tenga tres ángulos iguales a dos rectos; aquí, en efecto, hay repugnancia de intelectos, porque lo opuesto del predicado pende de la naturaleza del sujeto». Así D. Tomás. De lo cual se colege no solo la solución del argumento, sino también que aunque la proposición en la que el accidente inseparable se niega del sujeto y en la que se niega el propio una y otra sea falsa, porque en la cosa no así está, con todo la falsedad de una más destruye que la de la otra. De esto, en efecto, de que se niegue convenir el accidente inseparable no se destruye la quididad; si, empero, se niega convenir la pasión propia y arraigarse en la naturaleza, se destruye la esencia. Lo cual, con todo, no quita que de hecho pueda Dios separar la pasión propia del sujeto, no cuanto a la conveniencia, sino cuanto a la existencia.
DIRÁS: La muerte es predicado accidental respecto del animal, y con todo no solo corrompe al individuo, sino también a la naturaleza, porque el concepto de naturaleza de animal no compadece con el concepto de muerte. Ergo se da algún accidente que destruye al sujeto también cuanto a la quididad. Y omito este predicado «existente», que se dice ciertamente contingentemente del ente creado y con todo no está ausente sin corrupción de aquel. Por lo demás, la ausencia de existencia no induce corrupción de la quididad, como la conjunción de la muerte cuando se predica.
Se responde que aquel predicado «muerte» o puede tomarse por la muerte in fieri, como cuando el hombre exhala el alma se dice morir. Si se toma de este segundo modo, es predicado accidental respecto del hombre y se verifica para aquel tiempo en que se acerca a la muerte, ni quita la esencia del hombre, sino que la supone, dispone, empero, a la corrupción. Si del primer modo se toma, así no es predicado del quinto predicable: «El hombre está muerto», porque respecto del hombre es predicado que repugna, respecto del cadáver es predicado esencial. Y así «hombre» se aliena en aquella proposición de aquel predicado «muerto» y está por el hombre no vivo, que equívocamente es hombre; así es proposición esencial. Si, empero, no se aliena, sino que permanece en su significado propio «hombre», así el predicado no se verifica del sujeto, sino que le repugna, y así no pertenece al quinto predicable. Si, empero, se toma por ampliación, de modo que el sentido sea: «El hombre está muerto», esto es: «El que fue hombre está muerto», así también la proposición es esencial, porque aquello que fue hombre ahora es cadáver, y así esencialmente le conviene tal predicado. Algunos también dicen verificarse esta proposición por sínécdoque, esto es, por razón de la parte, porque el cuerpo que está muerto es el mismo que estuvo en el hombre, por razón de la materia.
POR ÚLTIMO INQUIERES si todo accidente sea pasión propia respecto de algún sujeto al que por sí se siga. Algunos responden afirmativamente. Pero más verdadero es que no todos los accidentes son pasiones propias ni se siguen de los principios formales de la naturaleza, sino que algunos se siguen de los materiales e individuantes. Cuya es la expresa sentencia de D. Tomás 7. cap. de Ente et Essentia5 e in 1. dist. 17. q. 1. art. 2. ad 2.6 y 1. Poster. lect. 14.7 Y consta manifiestamente en algunos accidentes que no inmediatamente se siguen a la substancia, sino a algunos otros accidentes, como los actos inmanentes, las especies representantes, los hábitos sobrenaturales, y en los cuerpos la hermosura, la sanidad, la enfermedad y semejantes, que son accidentes que contingentemente convienen y no necesariamente ni de los principios de la naturaleza. Y tales accidentes primero convienen a los individuos que a la especie. Al contrario, empero, las pasiones propias primero convienen a la especie que a los individuos, aunque cuanto a la inherencia primero se sustenten de los individuos, que son primera substancia.
Y SI DICES que todo lo que conviene por accidente debe reducirse a aquello que conviene por sí: se responde que se reduce a aquello que es por sí, no cuanto a la conexión necesaria con algún sujeto del que dimana, sino cuanto a la causalidad eficiente o final, porque no por accidente se causan de alguna causa, sino por sí. No, en efecto, es necesario que todo lo que conviene por accidente se reduzca a todo modo por sí, sino que basta que a alguno, como es a la causalidad por sí, aunque no a la conexión por sí con el sujeto.