Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.
Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica
Prooemium I: PROEMIO
Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA
Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS
Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE
Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA
Articulus V: CÓMO SE DISTINGUE LA LÓGICA DOCENTE Y LA UTENTE
Quaestio II: DEL ENTE DE RAZÓN LÓGICO, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus I: QUÉ SEA EL ENTE DE RAZÓN EN COMÚN Y DE CUÁNTOS MODOS
Articulus II: QUÉ SEA LA SEGUNDA INTENCIÓN Y LA RELACIÓN DE RAZÓN LÓGICA Y DE CUÁNTOS MODOS
Articulus III: QUÉ SEA LA DISTINCIÓN Y LA UNIDAD DE RAZÓN RACIOCINADA Y RACIOCINANTE
Articulus IV: POR QUÉ POTENCIA Y POR QUÉ ACTOS SE HACEN LOS ENTES DE RAZÓN
Articulus V: SI DIOS FORMA ENTES DE RAZÓN
Quaestio III: DEL UNIVERSAL SEGÚN SÍ
Articulus I: SE EXPLICA LA DIVERSA ACEPCIÓN DEL UNIVERSAL Y SU DEFINICIÓN
Articulus II: SI EL UNIVERSAL MATERIALMENTE TOMADO Y POR EL SUJETO SE HALLA DE PARTE DE LA COSA
Articulus III: SI LA UNIDAD FORMAL COMO DISTINTA DEL SINGULAR CONVIENE A LA NATURALEZA ANTE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO
Articulus IV: SI LA APTITUD E INDIFERENCIA A MUCHOS CONVIENE A LAS COSAS EXTRA DE LA OPERACIÓN DEL INTELECTO
Articulus V: SI LA UNIVERSALIDAD CONSISTE ESENCIALMENTE EN LA RELACIÓN
Articulus VI: SI LOS GRADOS METAFÍSICOS EN CUALQUIER COSA SE DISTINGUEN SOLO POR DISTINCIÓN DE RAZÓN, O POR NATURALEZA DE LA COSA
Quaestio IV: DE LA CAUSA DEL UNIVERSAL
Articulus I: SI POR BENEFICIO DEL INTELECTO AGENTE EN LA ESPECIE PRODUCIDA POR ÉL SE REPRESENTA EL UNIVERSAL METAFÍSICO
Articulus II: SI EL UNIVERSAL METAFÍSICO CONOCIDO EN ACTO SE HACE POR ACTO ABSOLUTO DEL INTELECTO, Y EL UNIVERSAL LÓGICO POR EL COMPARATIVO
Quaestio V: DEL ACTO DEL UNIVERSAL, QUE ES PREDICARSE DE MUCHOS
Articulus I: QUÉ SEA EN LA NATURALEZA UNIVERSAL «SER EN MUCHOS» Y «PREDICARSE DE MUCHOS»
Articulus II: QUÉ SEA LA PREDICACIÓN Y QUÉ SE REQUIERA PARA SU VERIFICACIÓN
Articulus III: CÓMO SE REQUIERAN MUCHOS PARA QUE ALGO SE DIGA UNIVERSAL O COMÚN
Articulus IV: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS SUBSTANCIALES
Articulus V: CÓMO SE VERIFIQUEN LAS PREDICACIONES EN LOS CONCRETOS Y ABSTRACTOS ACCIDENTALES
Varias cosas que han de decirse de la definición de los concretos de los accidentes las disputaremos en la q. 7. de Genere. Ahora solo ha de indicarse qué sean estos concretos y abstractos de los accidentes y cómo se prediquen.
En los concretos, ergo, de los accidentes consideramos tres cosas, a saber el sujeto, que recibe la forma y de ella se denomina, que algunos llaman substituto, la forma, que se recibe en el sujeto y lo afecciona y denomina, y por último el compuesto o conflado aquel tercero resultante de estos, que algunos llaman constituido. P. ej. en lo blanco podemos aceptar aquello por el sujeto que se denomina, y por el conflado o compuesto de sujeto y forma, donde también se incluye la forma misma, que es la blancura.
Algunos, ergo, aprehenden estos concretos de los accidentes en orden muy diverso o inverso del modo común de sentir. Comúnmente, en efecto, estiman los autores que el abstracto de los accidentes es la forma accidental misma, tomada sin alguna connotación o significación del sujeto que la tiene, el concreto, empero, ser el accidente mismo como que connota el sujeto que lo tiene. Igualmente que del sujeto y del accidente no resulta un ente por sí o una quididad, sino ente por accidente. Por último que el concreto mismo del accidente, p. ej. lo blanco, no significa directamente el agregado mismo o constituido de sujeto y accidente, sino que significa formalmente la forma misma connotando en oblicuo el sujeto que la tiene.
Contra lo cual estos autores dicen que la forma accidental misma propiamente no es aquello que es abstracto respecto del sujeto, p. ej. que la blancura no es el abstracto que es la razón por la que la blancura es blancura, p. ej. albedinidad o algo semejante. Y así distinguen concreto físico y metafísico, e igualmente abstracto. Y el físico dicen que concierne al sujeto en el que está la forma, el metafísico que concierne a la forma y a la razón de forma. Segundo reputan que el accidente abstracto también precisamente tomado verdaderamente se predica del concreto, porque se identifica con aquel, no, con todo, completa y adecuadamente, como en el art. prec. se ha dicho de los abstractos substanciales. Tercero que el concreto del accidente puede tomarse por el constituido o por el substituto. Y ciertamente el constituido, que es el resultante de la forma y del sujeto, dicen que se predica de sus inferiores quiditativamente, como primer o segundo predicable; por el substituto, empero, esto es, por el sujeto que tiene la forma, predicarse de aquellos que tienen la forma denominativamente y como quinto predicable. El constituido, empero, no predicarse de los sujetos a los que inhiere la forma, porque así se predicaría el todo de la parte, como aquel constituido resulta de la forma y del sujeto. Y este constituido dicen que es definible cuando se define el concreto accidental, ni ser ente por accidente, sino por sí, como definible con única definición. Y distinguen entre agregado y compuesto. Y el agregado, dicen, es ente por accidente, porque no dice otra cosa que las partes mismas, a saber el sujeto y la forma, agregadas y conjungidas; el compuesto, empero, es aquello que resulta de la conjunción de las partes.
NIHILOMENOS cuanto atañe a la razón definible de estos concretos, diremos en la q. 7. sig. Que, empero, el abstracto de los accidentes no pueda predicarse verdaderamente del concreto, de lo dicho en el art. prec. consta manifiestamente, como el abstracto se significa a modo de parte respecto de su concreto, que tiene razón de todo. De aquella, empero, distinción entre concreto físico y metafísico no hay que cuidarse mucho. Pues realmente consta que la forma accidental se significa en abstracto respecto de su sujeto, como habla D. Tomás 1. 2. q. 53. art. 2. y 3. y in cap. 7. de Ente et Essentia, hacia el fin1 y opusc. 42. cap. 19.2 y 7. Metaph. lect. 1.3 Y entre los autores nada hay más notorio que que la blancura se diga abstracto respecto de lo blanco, que es concreto, porque se dice concreto aquello que significa la forma connotando aquello que la tiene, lo cual propriísimamente se halla en el sujeto que físicamente recibe la blancura u otra forma accidental. Que, empero, se diga concreto metafísico la forma misma respecto de la razón de forma es locución muy impropia. Aunque, en efecto, la forma accidental pueda decirse compuesta de género y diferencia, porque se pone en el predicamento, no, con todo, la forma misma se dice concreto o que tiene razón de forma; si quiera aquello que se constituye en el género o predicamento de accidente de género y diferencia es cierta forma accidental. No es, ergo, propiamente concreto que tiene forma o razón de forma; la forma, en efecto, como forma no dice concreto, que propiamente se apela el que tiene tal forma.
RESTA ERGO que veamos en lo presente dos cosas: Primera es si aquel constituido o resultante del sujeto físico y del accidente sea ente por accidente. Segunda, cómo se verifique la predicación del accidente concreto respecto de su sujeto, que denomina, y respecto de su constituido, del que se predica esencialmente. Esta, en efecto, predicación es denominativa: «El cuerpo es blanco», esta, empero, quiditativa: «Lo blanco es colorado», «este blanco es blanco».
Y cuanto a lo primero la sentencia de D. Tomás es apertísima, que del accidente y del sujeto físico en el que se recibe no resulta alguna quididad por sí, sino ente por accidente, como consta de cap. 7. de Ente et Essentia, hacia el principio4: «Del accidente», dice, «y del sujeto no se hace uno por sí, sino uno por accidente, y por eso de su conjunción no resulta cierta esencia como de la conjunción de la forma con la materia». Y lo mismo expresamente tiene in opusc. 2., que es compendio Theologiae, cap. 211.5 Pero lo que es lo principal, in 7. Metaph. lect. 3.6 pone santo Tomás del Filósofo esta misma cuestión en términos. Inquiere, en efecto, así: «Como cierto compuesto es el fuego de materia y forma substancial, así hay cierta composición de substancias y accidentes. Y por eso ha de perscrutarse, como alguna sea la definición de las substancias compuestas de formas y materias, si también de cualquiera de estos compuestos de accidentes y sujetos hay razón de quod quid, esto es, si tienen definición que es razón que significa quod quid erat esse. Y a su vez si hay en ellos esto mismo quod quid que significa la definición, esto es, si tienen alguna quididad o algo que puede responder al quid. Como esto mismo que es hombre blanco es cierto compuesto de sujeto y accidente, si a saber al hombre blanco le sea quod quid erat esse en cuanto de este modo. Y porque quizá alguno podría decir que hombre blanco son dos cosas y no una, por eso subjunta que esto mismo que digo hombre blanco tenga un nombre, que por causa de ejemplo sea vestido. Y entonces la cuestión será de este uno, a saber del vestido, si tiene quod quid est, para que podamos decir: qué es ser vestido. Entonces, en efecto, como este nombre hombre significa algún compuesto, a saber animal racional, así también vestido significa algún compuesto, a saber hombre blanco».
He aquí la cuestión propuesta por D. Tomás de Aristóteles, que inquiere del constituido o compuesto de sujeto y accidente. Resuelve, empero, aquella dificultad D. Tomás de las palabras del Filósofo así: «Dice, ergo, primero que esto mismo que digo hombre blanco o vestido, que se pone que esto significa, no es algo de las que se dicen según sí, más aún es algo de las que se dicen según accidente; esto, en efecto, que es hombre blanco, es uno por accidente, no por sí».7 Lo cual allí largamente prosigue mostrando que aquel conjungido de sujeto y accidente es uno por accidente. Por lo cual en D. Tomás es perspicuo que no es uno por sí, sino por accidente, ni definible con única definición como una quididad. Hablar, empero, del constituido y no solo del agregado, como varias cosas, igualmente del substituto o sujeto es manifiesto de las palabras mismas, donde habla del compuesto de accidente y sujeto, no como dos cosas solamente, y este compuesto dice que es uno por accidente. Del sujeto mismo, empero, o substituto subjunta D. Tomás: «Esto que es blanco no tiene quod quid erat esse, sino solo aquello de lo que se dice, a saber hombre u hombre blanco».8 Ergo según D. Tomás el sujeto mismo o substituto, a saber aquello de lo que se dice, significa algo y tiene quididad, no, empero, el constituido mismo de accidente y sujeto.
LA RAZÓN, EMPERO, DE ESTO no es difícil, porque aquel constituido de accidente y sujeto consta de cosas de diversos predicamentos, a saber substancia y accidente. Estas, empero, no pueden convenir en una quididad y definición, porque la definición y la quididad constan de género y diferencia. Donde, empero, hay varios predicamentos, hay varios géneros; el predicamento, en efecto, es serie de géneros y especies y los diversos predicamentos tienen diversos géneros y diferencias y consiguientemente diversas especies o quididades. Ergo de cosas de diversos predicamentos no se compone una quididad y un definible que consta de un género y diferencia; ergo es por accidente.
Varias cosas véanse abajo q. 7. art. 3., cómo se define el accidente en concreto.
Cuanto a lo segundo, a saber cómo se verifique la predicación del accidente en concreto, toda la dificultad está en explicar cómo pueda tener identidad con aquello de lo que se predica, sin la cual no se da predicación verdadera. A esto, ergo.
RESPONDO PRIMERO que es verdadero que el constituido o compuesto de sujeto y accidente no se predica del sujeto mismo o constituido, sino solo el accidente intrínseco mismo. Lo cual afirma D. Tomás 7. Metaph. lect. 3.,9 donde dice: «No solo esto que es ser blanco no es el quod quid est de la superficie, sino ni el compuesto mismo de uno y otro, a saber de superficie y blancura, que es ser superficie blanca o ser de la superficie blanca. La quididad, en efecto, o esencia de la superficie blanca no es la quididad o esencia de la superficie. Y si se pregunta por qué, puede responderse porque esto le adviene, esto es, porque cuando digo superficie blanca se dice algo que adhiere a la superficie como extrínseco y no como que entra en su esencia». Donde insinúa la razón por la que no puede predicarse del sujeto mismo el constituido mismo, a saber porque en el constituido se importa algo que no puede entrar en la quididad ni identificarse con el sujeto, a saber el accidente, que se distingue del sujeto. Donde, empero, no hay identidad del predicado con el sujeto, la predicación no es verdadera, aunque uno y otro se signifique en concreto.
SEGUNDO RESPONDO que el accidente en concreto, como en recto importa la forma y en oblicuo el sujeto, puede predicarse de alguno o porque tiene identidad con aquel por parte de la forma, o porque tiene identidad por parte del sujeto connotado. Y cuando la identificación se hace por razón de la forma, la predicación es esencial, como si dices: «Lo blanco es colorado», «lo blanco es disgregativo de la vista». Cuando, empero, la identificación se hace por razón del sujeto connotado, la predicación es accidental y denominativa, como si se dice: «El hombre es blanco»; «blanco» se identifica con el hombre por razón del sujeto que connota, importa, en efecto, el que tiene blancura. El que tiene, empero, blancura se identifica con el hombre. Y por esta razón dice D. Tomás 1. p. q. 13. art. 12. que en cualquier proposición afirmativa verdadera es preciso que el predicado y el sujeto signifiquen lo mismo según la cosa de algún modo, y de algún modo10 diverso. Y esto consta tanto en las proposiciones esenciales como en las accidentales. Manifiesto es, en efecto, que el hombre y lo blanco son lo mismo en el sujeto y difieren por razón (esto es, por esencia); otra, en efecto, es la razón de hombre, otra la razón de blanco. Y 7. Metaph. lect. 5.11: Según que en lo blanco se inteligie el hombre, el hombre y lo blanco son lo mismo, y por razón de esto, dice, que se predica o se dice uno de otro.
La predicación, ergo, accidental es ciertamente de todo de todo, pero se funda en la identidad o unidad del sujeto, que de lo material y connotado se importa en el accidente concreto. Así, en efecto, se da identidad suficiente para la predicación accidental y denominativa, en la que no se da identidad según la quididad o razón de forma, sino según la denominación y razón de sujeto.
Mas si del concreto del accidente se predica algo que tiene conexión e identidad con la forma misma, entonces la predicación será esencial. Porque, en efecto, la blancura esencialmente es color, por eso cuando digo: «Lo blanco es colorado», se hace predicación esencial, porque se funda en la conexión e identidad del predicado mismo con la forma. Pues también en los accidentes mismos se hallan predicados quiditativos; cuanto, empero, es quiditativo a la forma misma universal en abstracto, también debe ser quiditativo a la forma misma en concreto. Que si a veces el sujeto se pone en la definición del accidente, no se pone como predicado quiditativo intrínseco, sino como algo extrínseco a lo que dice hábito el accidente mismo. Y por eso se llama definición por adición, como se dice 7. Metaph. lect. 4.12 en D. Tomás. De lo cual más ampliamente diremos q. 7. de Genere.
SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.
Primero objetarás: Los concretos de los accidentes los pone el Filósofo en los predicamentos. Ergo no importan algún ente por accidente, sino por sí; si quiera el ente por accidente, como no es uno, no se pone por sí en el predicamento, como hemos dicho. Pero no puede ponerse en los predicamentos de los accidentes tal concreto por el substituto o sujeto, porque esto es substancia afectada de accidente, ni por sola la forma, porque así sería abstracto, ergo por el tercero constituido de accidente y sujeto.
El primer antecedente consta del Filósofo 5. Metaph. cap. 7.13 «Según sí», dice, «se dicen cualesquiera que significan las figuras de las predicaciones». Numerando, empero, estas figuras dice «que algunas significan cuánto, otras cual, otras a algo etc.»14 Ergo según el Filósofo el compuesto de accidente y sujeto se toma como ente por sí puesto en el predicamento.
SE RESPONDE que el Filósofo en aquel texto toma el concreto por razón de la forma, como él mismo dice in cap. de Substantia,15 que «lo blanco significa sola cualidad». De donde algunas numera allí en concreto, como cuánto, cual etc., otras en abstracto, como hacer, padecer, dónde etc. Y in 7. Metaph. cap. 4.,16 lect. 4. en D. Tomás17 numera los mismos predicamentos en abstracto diciendo que «el ente esto ciertamente esto algo, otro, empero, cantidad o cualidad significa». Y in 3. Topic. cap. 1.18 dice que «lo justo no se pone en el predicamento, sino la justicia»; y así enseña D. Tomás que los accidentes en abstracto se ponen directamente en el predicamento, opusc. 42. cap. 19.19 y cap. 7. de Ente et Essentia, al fin.20 No, ergo, el constituido de sujeto y accidente se pone en el predicamento, sino que si el concreto se pone, es por razón de la forma.
Segundo objetarás: La forma del accidente y denomina algo y constituye; ergo de aquella resulta algo denominado y algo constituido. Lo denominado, empero, es el sujeto mismo o substituto; este, en efecto, de la blancura se denomina blanco. Pero no se constituye por la blancura; no, en efecto, es lo mismo la constitución del sujeto, p. ej. del hombre, y de lo blanco. Aquello, ergo, que se denomina no se constituye por la forma del accidente; ergo debe designarse otro tercero que se constituye por tal forma, y esto será lo blanco por el constituido. Cuyo discurso parece elicirse del Filósofo 5. cap. Categoriarum,21 donde dice «que de las que están en el sujeto, el nombre ciertamente del sujeto nada prohíbe que se predique, la razón, empero, es imposible que se predique». Ergo el sujeto se denomina, no se constituye por el accidente. E igualmente 1. Phys. cap. 3.22 dice que «si aquello que propiamente es, a saber la substancia, también sea lo mismo blanco, de lo blanco, empero, la esencia no es, para que propiamente sea»; ergo la esencia de lo blanco es otra que la substancia que denomina, a saber aquel constituido que resulta de la blancura y del sujeto.
Y se confirma, porque aquello verdaderamente y propiamente se predica que no solo es uno con el sujeto, sino que explica todo lo que está en el sujeto. Pero el concreto del accidente tomado por el constituido explica tanto el sujeto como la forma, ergo verdaderamente se predica de su inferior.
SE RESPONDE que la forma del accidente constituye ciertamente algo, pero no que sea ente por sí o «quod quid», como dice el Filósofo, sino que sea ente por accidente o «quale quid», como in 7. Metaph. cap. 4.,23 lect. 3.24 en D. Tomás se dice. Por lo cual respecto del sujeto al que inherir le tribuye denominación, no, empero, la razón misma o quididad; y por eso dice el Filósofo que se predica el nombre (esto es, la denominación), no la razón (esto es, la quididad) del sujeto. Constituye, ergo, con el sujeto no quididad o un ser que sea algo, sino ser que sea algual. De donde no se sigue que constituya un tercero por sí, sino un tercero que es cual o ente por accidente, como se ha dicho.
Y al texto del Filósofo de 1. Phys. se responde que el sentido es llano, que lo blanco no es aquello que verdaderamente es, esto es, su quididad no es la substancia, que verdaderamente es aquello que es, sino que su esencia es cual, que es algual. De ahí, con todo, no se sigue que lo blanco sea un tercero constituido por sí de sujeto y blancura, sino que sea el sujeto mismo como algual, que es ente por accidente.
A la confirmación se responde que aquel todo constituido de sujeto y accidente, como es por accidente, podrá predicarse de otro ente por accidente, de cuya predicación aquí no hablamos. Que si a veces se hace predicación por sí entre concretos de accidentes, como si dices: «Lo blanco es colorado», aquella perseitas se atiende por razón de la forma, que tiene predicados quiditativos, no por razón del tercero constituido.
Último se argumenta: Los concretos de los accidentes rectamente se definen por cosas de diversos predicamentos, como cuando se dice: «Lo blanco es cuerpo que disgrega la vista»; tal, en efecto, definición rectamente explica su definido. Ergo tal concreto es definible, y allí se pone el sujeto en lugar del género y la forma del accidente en lugar de la diferencia, como cuando se dice: «Lo simo es nariz curva». O ergo es ente por accidente o por sí. Si ente por accidente, ergo aquello es definible con única definición; si ente por sí, ergo ya se da ente por sí compuesto de cosas de diversos predicamentos, con tal que uno se tenga como sujeto, otro como acto y forma. Más aún, el accidente mismo en abstracto también se define por cosas de diversos predicamentos, a saber por el sujeto en oblicuo y la forma en recto, como cuando se dice: «La simidad es curvatura de la nariz», como a menudo dice D. Tomás en los lugares cit. de 7. Metaph.
Y se confirma, porque ente por accidente es aquello que no puede generarse con única generación, sino con varias. Lo blanco, empero, o lo cálido u otro accidente en concreto pueden generarse con única generación. Ergo tal concreto no es ente por accidente.
La consecuencia es buena. La mayor, empero, y la menor son expresamente del Filósofo 6. Metaph. cap. 2.,25 lect. 2. en D. Tomás.26 Solo, ergo, será ente por accidente lo que es agregado de varios, como un montón de piedras.
SE RESPONDE de D. Tomás 7. Metaph. lect. 4.27 y de Ente et Essentia cap. 7. al principio28: Los accidentes cuando se definen por el sujeto, ya en abstracto ya en concreto, definirse por adición, esto es, por algo que se añade extra del concepto de esencia, a saber por el sujeto, porque de aquel dependen los accidentes. Pero tal definición, que incluye cosas de diversos predicamentos, no es por sí una, esto es, explicativa de una quididad, sino que es una por adición, incluyendo algo extra del género propio.
Y cuando se dice que perfectamente explica su definido, se responde que perfectamente explica por adición, no por sola definición esencial y quiditativa. Y así el ente por accidente será definible con única definición por adición, no única simpliciter.
O segundo se dice que tal concreto, si se define por sí, será por razón de sola la forma, y entonces el sujeto según sí y en absoluto no entra en la definición, sino como formado por la forma misma del accidente según el grado genérico de tal forma a la misma según el grado específico. Y así cuando se dice: «Lo blanco es cuerpo disgregativo», no se inteligie el cuerpo en absoluto, sino como colorado, y así explica la razón de género; se pone, empero, «cuerpo» como sustentante, no como que entra en la quididad de lo blanco. — Y proporcionalmente ha de decirse y aplicarse una y otra solución a la definición del accidente en abstracto, cuando en su definición se pone el sujeto en oblicuo. Por lo cual de cosas de diversos predicamentos no puede constar una única definición como de las que componen intrínsecamente, bien, con todo, como de las que terminan o causan extrínsecamente, como la potencia y el acto se definen por orden al objeto; no, con todo, aquello que resulta del accidente y del sujeto es por sí definible, como se ha dicho.
A la confirmación se responde que el ente por accidente se dice de múltiples modos, como se dice in 5. Metaph.29 lect. 9. en D. Tomás,30 y 6. Metaph.31 lect. 2.,32 a veces ciertamente por concurso accidental por parte del sujeto o causa material y formal, porque la forma es accidente; a veces por concurso por accidente por parte del agente. Ejemplo de lo primero, como hombre blanco; ejemplo de lo segundo, como que el edificador sea médico. Las que, ergo, son por accidente por parte del agente no se hacen con única generación, sino con varias, porque se suponen en el agente varias formas disparadas, y de estas a la letra habla el Filósofo. Las que, empero, son por accidente solo por parte del sujeto y de la forma, si hay una forma, podrán hacerse con única generación, pero accidental y según qué, no simpliciter una, como cuando se hace lo blanco o lo músico con única generación accidental.