Cursus Philosophicus Thomisticus, Secunda Pars Artis Logicae
John of St. Thomas (1589–1644)
Secunda pars artis Logicae of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars secunda.
Praefatio I: Prefacio del autor a la 4.ª edición de la segunda parte del Arte de la Lógica
Prooemium I: PROEMIO
Quaestio I: DE LA LÓGICA, DE CUÁL SEA Y A QUÉ SE EXTIENDA
Articulus I: SI EL ARTE DE LA LÓGICA ES NECESARIO SIMPLICITER PARA ADQUIRIR LAS DEMÁS CIENCIAS
Articulus II: SI LA LÓGICA ES VERDADERA CIENCIA Y ARTE
Articulus III: SI EL OBJETO FORMAL Y ADECUADO DE LA LÓGICA ES EL ENTE DE RAZÓN, QUE ES LA SEGUNDA INTENCIÓN
Articulus IV: SI LA LÓGICA ES CIENCIA ESPECULATIVA O PRÁCTICA
Suelen entregarse en lo presente muchas cosas por los autores acerca de la diferencia de lo práctico y de lo especulativo, y qué sea la praxis, y si se halla solo extra del intelecto o también en el intelecto. Todas las cuales no son de este lugar; sino que solo, para que se inteligia el título de la cuestión, basta notar la diferencia común entre lo práctico y lo especulativo, que se toma del Filósofo in 3. de Anima,1 lect. 15. en D. Tomás,2 y 2. Metaph. lect. 2.3 y 1. p. q. 79. art. 11. y q. 14. art. 16. Y consiste en esto: que lo especulativo mira a la verdad para que se sepa, lo práctico, empero, para que se haga y se mande a la ejecución en la obra.
Pero como el conocimiento mismo de la verdad es también cierta obra, y a su vez cualquier obra es también alguna verdad, es preciso distinguir muy formalmente entre estas cosas. Pues no se dice práctico lo que efectúa de cualquier modo la obra o elice la operación, sino lo que dirige a la obra y la ordena por reglas y la tiene por fin, de tal modo que no solo sea operación elicida, sino también objeto o materia que en su ejecución y para que se efectúe necesite de reglas de dirección para el hacer, y no solo de reglas para el saber; siempre, en efecto, el saber y el hacerse distinguen en lo especulativo y en lo práctico. Ni se dice especulativo lo que conoce de cualquier modo la verdad, sino lo que solo intenta conocer, no empero ulterius hacer, ni dirige para que haga, sino para que sepa y para que huya la ignorancia.
De donde, para que sea especulativo, se requiere que o su materia no sea operable, como el que considera a Dios y al ángel o el cielo, etc., o, si es operable, no se alcance como operable, sino como escible y como cierto verdadero. Para que, empero, sea práctico, se requiere que la materia sea operable y que se alcance a modo operable. De donde el Filósofo, cuando distingue lo práctico y lo especulativo por el fin, no habla del fin solo por parte del que inteligie y opera actualmente, sino del fin intentado por fuerza de los principios mismos y de las reglas de que usa alguna ciencia. Si, en efecto, son principios que solo manifiestan la verdad y como iluminan y ahuyentan la ignorancia, proceden especulativamente. Si, empero, no solo manifiestan la verdad, sino que dirigen a que se haga y se constituya en el ser, son prácticos y ordenan la praxis, inteligiendo con el nombre de praxis generalmente el objeto del conocimiento práctico. De donde los principios especulativos se dicen resolutivos, porque solo miran a la verdad en cuanto se resuelve cognosciblemente en sus principios; los principios, empero, prácticos se dicen compositivos, porque miran a la verdad o entidad como que ha de ponerse en el ser. De lo cual véase santo Tomás 2. Metaph. lect. 2.4
Así pues, en lo presente, cuando inquirimos si la Lógica es práctica o especulativa, el punto de la dificultad se reduce a esto: Si los principios formales por los que procede la Lógica miran a la verdad que trata de tal modo que procedan puramente resolutivamente en orden al saber; o si a modo compositivo se ordenan últimamente a alguna obra que ha de ejercitarse y hacerse ultra del saber mismo, que no sea sola especulación de la verdad, sino también praxis; o más bien si la ordenación misma al saber puede ser práctica.
Y en esto se dividen los autores en tres opiniones principales.
ALGUNOS estiman que la Lógica es simpliciter práctica, porque aunque especule muchas cosas, todas, con todo, las ordena a la obra, a saber a la recta construcción del silogismo. Y así esta sentencia señala por materia practicable las operaciones del intelecto, por principios, empero, prácticos las reglas o preceptos con los que no solo enseña en universal cuál sea la naturaleza del silogismo, sino en particular cómo haya de construirse. De cuya sentencia véase Fonseca 2. Metaph. cap. 3. q. 2. sect. 3. y 4. Conimbric. q. 4. prooem. art. 5.
OTROS la hacen simpliciter especulativa por el fundamento contrario, o porque estiman que ningún acto del intelecto es praxis, o porque, aunque confiesen que algún acto del intelecto, en cuanto se subordina a la voluntad, puede ser praxis, no empero en cuanto mira puramente al objeto bajo la razón de cognoscible. La Lógica, empero, no dirige inmediatamente los conceptos mismos entitativamente, sino los objetos, que así ordena y dispone como se requiere para la debida especulación. Es común de los tomistas. Véanse Mag. Soto aquí q. 4., Sánchez q. 16., Cursus Carmel. disp. 1. (proemio) q. 6. § 2.
OTROS, por último, estiman que es a la vez práctica y especulativa, porque dicen que la razón de especulativo y de práctico son diferencias accidentales en las ciencias, o al menos que hay un hábito doble parcial en la Lógica, de los cuales uno sea especulativo, el otro práctico. Así P. Vázquez 1. p. disp. 9. cap. 1., Mag. Cabero disp. 3. dub. 3., Martínez q. 3. y otros.
NIHILOMENOS HA DE DECIRSE PRIMERO: Que no puede una única ciencia de orden natural ser a la vez práctica y especulativa, y consiguientemente tampoco la Lógica.
Se toma esta conclusión de Divo Tomás 1. p. q. 1. art. 4., donde confiesa que lo práctico y lo especulativo en las ciencias filosóficas constituyen una y otra ciencia, lo cual es signo de diversidad esencial. Y del mismo modo in 6. Ethic. lect. 2. y 3.5 y 1. 2. q. 57. distingue como virtudes esencialmente diversas la ciencia y la sabiduría del arte y de la prudencia, porque aquellas son especulativas, aquellas prácticas. Y puede verse también in opusc. 70. q. 5. art. 1.6
Y LA RAZÓN ES que la distinción específica de los hábitos se toma del objeto formal. En las ciencias, empero, la diversidad formal de los objetos se reduce a diversos principios de los que se procede acerca de un objeto o acerca de otro, como del Filósofo muestra santo Tomás 1. Poster. lect. 41.:7 «Como», dice, «la razón formal de lo visible se toma de la luz por la que se ve el color, así la razón formal de lo escible se toma según los principios por los que algo se sabe». Lo práctico, empero, y lo especulativo exigen diversos principios en la razón formal misma de conocer; si quiera los principios especulativos proceden a modo resolutorio y solo tienden a manifestar la verdad según la conexión y dependencia de los principios formales de tal verdad; los principios, empero, prácticos ni resuelven ni iluminan la verdad cuanto a sus principios formales y la quididad como abstrayendo de la existencia, sino que la aplican y ordenan a ponerla en el ser, y así proceden a modo compositivo. De donde lo especulativo mira las causas de la verdad abstractamente y en sí, lo práctico, empero, concretamente y en la obra, no abstrayendo de la existencia. Nunca, pues, los principios son especulativos sino porque se distinguen de los prácticos y se les oponen, porque proceden de modo opuesto, porque no son aplicativos a la obra. Y así más distan en la razón de conocer y de iluminar los principios prácticos y especulativos que dos especulativos, que constituyen diversas especies de ciencia. Que si una vez constituyen diversas especies según sí, no pueden inadecuadamente y como partes concurrir a constituir otra tercera especie que a la vez sea práctica y especulativa, incluso inadecuadamente, como dicen algunos; como no puede una única ciencia adunar dos especies de ciencia diversas, p. ej. que a la vez sea Matemática y Metafísica o algo semejante, porque repugna que las diferencias específicas, pues son opuestas, se unan inadecuadamente a constituir un tercero, a no ser que su oposición y diferencia se quite en alguna forma más eminente, como diré enseguida. Ahora, empero, solo hablamos de las ciencias de orden inferior.
Cómo, empero, en la TEOLOGÍA y en otros hábitos sobrenaturales se adune la razón de práctico y de especulativo, como enseña D. Tomás 1. p. q. 1. art. 4. y 2. 2. q. 8. art. 3. y q. 45. art. 3., es de otro negocio.
Brevemente decimos que no se unen en estos hábitos la razón de práctico y de especulativo de orden inferior, según que se halla en los inferiores mismos, porque estos siempre se distinguen en especie, como lo vegetativo según que se halla en la planta y en el bruto nunca se unen en alguna forma. Ni algunas diferencias específicas pueden unirse en aquel orden en el que son diferencias específicas; eso, en efecto, implica, pues por esto mismo de que son diferencias específicas son opuestas, y si son opuestas, repugna adunarse en uno. Pero pueden unirse en alguno de orden superior, en el que la forma más eminente con un único modo superior ejerce las que varias formas inferiores ejercen de modo diverso y opuesto. Otra cosa es de los grados o predicados superiores e inferiores, como lo sensitivo, lo vegetativo, etc., que se unen en alguna forma contraída, como en el hombre. Pero estos grados no son opuestos como las especies o las diferencias específicas, sino que se tienen como predicado superior e inferior, de los cuales uno contrae al otro y no le repugna. Consiste, empero, esta razón superior de ciencia, en la que lo práctico y lo especulativo se unen, en esto: que estas ciencias sobrenaturales alcanzan a Dios según que es en sí. En Dios mismo, empero, el mismo es el principio de la especulación propia y de la ordenación práctica, porque de tal modo es verdad necesaria en sí, que también es regla de lo contingente, y así de modo simple une los principios de la especulación y de la praxis. Lo cual no acontece en las demás luces, que no pueden con una única manifestación a la vez manifestar la cosa según principios necesarios y según contingentes; según la resolución en los principios de la verdad y según los principios factivos y compositivos de la cosa en el ser, porque la limitación de la luz no puede comprehender todas estas cosas, pues fundan diferencias y modos de proceder opuestos.
DIGO SEGUNDO: La Lógica esencialmente y por fuerza de sus principios es simpliciter especulativa, aunque induzca algún modo de práctico, en cuanto presta reglas y dirección a la especulación misma.
Esta conclusión enseña perpetuamente D. Tomás: Primero, poniendo todas las artes liberales bajo el género especulativo, como in 1. Metaph. lect. 3.8 Segundo, hablando especialmente de la Lógica 1. 2. q. 57. art. 3. ad 3. enseña que también en lo especulable mismo hay algo a modo de cierta obra, p. ej. la construcción del silogismo o de la oración congrua, etc. Y subjunta: «Y cualesquiera hábitos especulativos que se ordenan a obras de la razón de este género se dicen por cierta semejanza artes». Donde no solo el acto de la Lógica, sino también el hábito llama especulativo. Consta, empero, en D. Tomás que la ciencia es un solo hábito, como enseña 1. 2. q. 54. art. 4. Ergo la Lógica solo es especulativa. Del mismo modo 1. 2. q. 47. art. 2. ad 3. enseña que se da arte especulativa, pero no prudencia especulativa, porque la razón especulativa hace algunas cosas, p. ej. el silogismo, la proposición, etc. Y q. 51. art. 2. ad 3. dice «que en lo especulativo otra ciencia racional es la dialéctica y otra la ciencia demostrativa, que es demostrativa de la verdad».
La misma sentencia enseña Escoto9 y comúnmente toda su escuela, aunque en el fundamento algunos estimen diferir algo de los tomistas, pero falsamente; pues en este último lugar procede del mismo fundamento que D. Tomás, a saber porque la obra que dirige la Lógica es la especulación misma.
Ni puede responderse que habla santo Tomás de lo especulativo según qué, porque dice que la razón especulativa hace algo a modo de cierta obra; lo especulativo, empero, que opera algo parece especulativo según qué.
Pero esto no puede estar, porque en estos lugares inquiere el Santo Doctor si la prudencia es especulativa esencialmente y simpliciter, no según qué. Inquiere, en efecto, del género mismo de conocimiento en el que se pone el hábito mismo de la prudencia; ergo resolvería incongruentemente de lo especulativo según qué. De donde también procedería del todo insipientemente si, cuando de profesión inquiere en qué género de conocimiento se ponga la prudencia o el arte liberal o la Dialéctica, omitido el género simpliciter dijera que está en el género especulativo según qué; así, en efecto, no explicaría en qué género estaría en absoluto y simpliciter. Y D. Tomás, cuando simpliciter afirma que algo es tal sin otra restricción o explicación, no procede en sentido disminuido y según qué, sino en sentido formal y hablando simpliciter; de otro modo nada cierto tendríamos en la doctrina de D. Tomás, sobre todo porque de esto procedía el argumento. Y se urge, porque si se dice especulativa según qué máximamente porque es operante, la razón, empero, de la operación como tal no disminuye la operación misma, porque en sí la especulación misma es cierta operación, como ya se ha notado.
El fundamento de esta conclusión puede tomarse a priori y a posteriori. A POSTERIORI hago ante todo aquella consecuencia del Filósofo in 1. Metaph., lect. 3. en D. Tomás:10 Ninguna ciencia en la que se busca el saber mismo por sí mismo es práctica; pero el que filosofa por huir la ignorancia filosofa solo por causa de conocer y tiende al saber por sí mismo; ergo tal no es práctico, sino especulativo. Esta consecuencia es la que hace el Filósofo, pero la misma por completo se aplica a la Lógica; pues la Lógica busca el saber por sí mismo, ergo es especulativa.
Se prueba el antecedente: La Lógica solo intenta huir la ignorancia; para esto, en efecto, fue inventada, para que la razón no proceda ignorantemente ni erróneamente, sino que sepa rectamente. Ergo solo intenta saber y conocer; pues huir la ignorancia y saber es lo mismo. Ergo si la Lógica busca el conocer mismo por la huida de la ignorancia, y para que purifique el saber mismo del error y del modo de no saber, busca el conocimiento por el saber, ergo no es práctica.
Y se confirma, porque si la Lógica dirige las especulaciones, ergo es la vis especulativa la que se perfecciona por la Lógica artificiosa. Ergo la Lógica artificiosa no puede ser práctica, pues perfecciona la vis especulativa; de otro modo la razón práctica dirigiría a la especulativa, y primero se perfeccionaría la vis práctica que se rectificaría la especulativa, lo cual repugna, pues lo práctico es posterior a lo especulativo ciertamente rectificado y de aquel se deriva, no al contrario.
El fundamento, empero, A PRIORI se toma tanto por parte de los principios de los que procede la Lógica cuanto por parte de la materia acerca de la cual versa. Por parte, ciertamente, de los principios, porque los principios de la Lógica son del todo especulativos, ni se dará alguno práctico incluso en los silogismos mismos que han de construirse; ergo la Lógica misma no es práctica.
El consecuente es evidente. El antecedente, empero, se prueba: Pues los principios de que usa en el construir los silogismos son aquellos dos: «Cualesquiera que son los mismos a un tercero» y: «Cualesquiera que se dicen de algún universal se dicen de todo lo contenido bajo aquel», cuyos principios son del todo especulativos. Pues pueden servir a muchas ciencias especulativas para comprobar otras verdades, y así alcanzan la verdad misma según sí. Y lo mismo puede observarse en otros principios por los que procede la Lógica acerca de la naturaleza del género y del universal, acerca de la razón de la oposición, acerca del modo de la definición y de la división, y semejantes, que de tal modo son especulativos que también otras ciencias especulativas usan de ellos, como notó santo Tomás 1. Poster. lect. 20.,11 y a menudo en otras ciencias especulativas usamos de estos principios. Si, pues, la Lógica tiene principios que sirven a conclusiones especulativas, ergo los principios mismos son especulativos; ergo no tiene principios prácticos, porque a la vez prácticos y especulativos no puede tener, como se ha dicho.
Por parte, empero, de la materia acerca de la cual versa la Lógica, lo mismo se prueba proporcionalmente, porque la ordenación de la Lógica directa y de por sí versa acerca de los objetos mismos conocidos y ordenados, de cuya ordenación han de dirigirse los conceptos mismos formales, en cuanto versan acerca de los objetos así ordenados; ergo no tiene por materia algo practicable.
El consecuente consta, porque el objeto bajo el estado de conocido y de segunda intención no es practicable y operable por alguna operación real.12 Pero si alguna materia hubiera practicable y operable realmente por el intelecto, serían los conceptos mismos como que han de elicirse y operarse. Ergo si la dirección de la Lógica versa acerca de los objetos mismos conocidos, en cuanto son conocidos, no versa acerca de lo operable como operable.
El antecedente, empero, consta, porque los principios por los que discurre la Lógica de por sí y directamente miran a los objetos conocidos bajo el estado de conocido y de segunda intención, como cuando dice: «Cualesquiera que son los mismos a un tercero son los mismos entre sí»; «lo que se dice de algún universal se dice de lo contenido bajo aquel». Y del mismo modo en las reglas de la ampliación y de la restricción, de la suposición, etc. Y en la coordinación misma de los predicamentos y en la distinción de los predicables todas estas cosas miran y versan acerca de los objetos conocidos, en cuanto son conocidos. Ergo no miran algo operable como operable, porque aquello es operable que es alcanzable por operación real, para que esté en la ejecución, no para que se alcance extrínsecamente como conocido. Pues, como dijimos arriba, por esto mismo de que los objetos están ordenados y como tales se proponen, no es necesario operar algo acerca de los conceptos mismos para que tiendan a tales objetos de algún modo artificial, porque con representación y semejanza naturales tienden a sus objetos. Ergo todo el artificio lógico versa acerca de los objetos mismos como conocidos, no acerca de la tendencia y representación mismas de los conceptos, que es natural y no puede ser artificiosa sino solo objetivamente, porque se ordena a objetos artificiosamente dispuestos.
De lo cual se sigue que no repugna que el acto del intelecto sea praxis por esto, que el acto del intelecto sea praxis, sino por esto, que es especulación y tiende a la verdad y allí se detiene; lo que, empero, se detiene en la verdad es contemplativo. De donde solo la acción exterior (esto es, hallada extra del conocimiento como precisamente deteniéndose en la verdad) pertenece al intelecto práctico o activo, como enseña santo Tomás 2. 2. q. 179. art. 2. Los actos, empero, del intelecto en cuanto inducen moralidad y subsisten a la moción de la voluntad libre pueden regularse por las reglas prácticas de la prudencia, como los actos de las demás virtudes, porque así son de algún modo actos exteriores respecto del conocimiento de la verdad, esto es, extra de aquella.
SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.
Primero se arguye con algunas autoridades de santo Tomás, con las que parece atribuir a la Lógica razón de práctico y no de especulativo. Pues in 1. Metaph. lect. 1.13 y 3.14 y in opusc. 70. q. 5. art. 1. ad 2.15 dice que la Lógica no se contiene bajo la Filosofía especulativa como parte principal, sino como cierto reducido a aquella, porque las cosas de las que trata no se buscan por sí mismas. Ergo esencialmente no es especulativa, sino según qué y reductivamente. Y allí mismo en la solución ad 3.16 subjunta que otras ciencias se dicen artes, que no tienen solo conocimiento, sino también obra. Ergo como la Lógica es ciencia y arte, no tiene solo conocimiento, sino también obra, y por tanto tiene alguna obra distinta contra el conocimiento. Asimismo in 6. Metaph. lect. 1.17 y 11. Metaph. lect. 7.18 solo numera tres géneros de ciencias especulativas del Filósofo, a saber Física, Matemática y Metafísica; a ninguno, empero, de estos pertenece la Lógica, como de por sí consta; ergo no está en el género especulativo. Por último, que no repugne que alguna ciencia sea a la vez práctica y especulativa consta de D. Tomás, que uno y otro atribuye a la Medicina opusc. 70. q. 5. art. 1. ad 4.19 y 1. p. q. 1. art. 4.
SE RESPONDE al primer lugar: Solo prueba que la Lógica no es la más principal entre las ciencias especulativas, sino inferior y ministerial, por esto que las cosas de las que trata la Lógica sirven a las demás ciencias como que dan el modo y la forma de saber, no como objeto en el que últimamente se detiene. Pero con todo no se quita que sea esencialmente especulativa, tanto por el modo de proceder de principios especulativos de que usa, cuanto porque las cosas mismas de las que trata de tal modo se ordenan a las otras que no se ordenan a la operación, sino a la especulación de las demás ciencias, pues ministran instrumentos de especular.
Al segundo lugar se dice que las ciencias que son artes se dicen no solo tener conocimiento, sino también alguna obra, no obra que sea distinta de la especulación misma, sino que ordena y dirige la especulación misma y así mira a la especulación misma a modo de cierta obra, en cuanto es regulable y dirigible por ciertas reglas. Y por eso, como dijimos arriba, la Lógica tiene cierto modo de práctico, pero porque toda esta dirección se ordena a especular y a rectificar la obra de la especulación, simpliciter permanece especulativa.
Al tercer lugar se dice como al primero, que la Lógica se contiene bajo la Filosofía especulativa reductivamente, esto es, menos principalmente, porque las cosas de las que trata son menos principales, como instrumentos de la especulación.
Al último se responde que la Medicina expresamente se pone por Divo Tomás bajo la ciencia práctica según el fin, esto es, según el objeto, en la cual porque toda se ordena a la operación. Pero según qué se dice teórica, según que alguna parte de la Medicina toma prestado algo de la Filosofía y no de lo propio, como el cirujano toma prestado de la Geometría, o porque alguna parte de la Medicina se ordena menos próximamente a la operación. La Teología, empero, es a la vez práctica y especulativa, porque es ciencia de orden superior, en cuanto participa en sus principios de las que son de la luz divina.
Segundo se arguye: La Lógica mira a las operaciones como dirigibles prácticamente, ergo es práctica.
Se prueba el antecedente, porque la Lógica entrega reglas y preceptos con los que se ordenan las obras de la razón, para que no erren en la especulación, y si algo especula, a esto especula, para que dirija, no dirige para que especule. Ergo mira a las operaciones como dirigibles prácticamente acerca del modo de especular, como cuando enseña a construir el silogismo en Bárbara según tal cantidad y cualidad y otras reglas ciertas y determinadas por las que el silogismo es regulable.
Y se confirma, porque la Lógica no solo dirige los silogismos especulativos, sino también los prácticos. Pues el incontinente se dice que silogiza mal, porque silogiza en cuatro términos, como dice el Filósofo 7. Ethic. lect. 3. en D. Tomás.20 Ergo como por esto de que dirige las especulaciones es especulativa, así por esto de que dirige los silogismos prácticos será práctica.
SE RESPONDE: Se niega el antecedente. A la prueba se dice que las operaciones del intelecto son dirigibles y regulables con regulación y artificio que se tiene por parte del objeto conocido como conocido, no con regulación y artificio que se tiene por parte del acto mismo como operable o del modo artificioso o moral de elicir, sino que a modo resolutivo y con representación y tendencia naturales se lleva a los objetos así ordenados e intencionados. De donde tal dirección de ningún modo es práctica por las razones dichas. Y así cuando se dice: «Especula para que dirija», se distingue: Con dirección que se tiene por parte del objeto conocido y ordenada solo a ahuyentar la ignorancia, se concede, pero esta dirección es especulativa; con dirección que se tiene por parte de la obra y ordenada a la existencia de la cosa o a la elicción, se niega. Y así los preceptos y reglas de construir silogismos y los demás instrumentos lógicos no introducen alguna forma realmente en la materia, sino que solo versan acerca de los objetos conocidos según principios especulativos, como se ha dicho.
A la confirmación se responde que en el silogismo práctico, aunque la conclusión inmediata no sea la operación, sino la raciocinación o el conocimiento, la última, con todo, conclusión es la operación, como largamente enseña D. Tomás in libro de Motu animalium lect. 5.21 y q. 22. de Veritate art. 15. ad 2.22 De donde este silogismo no infiere la conclusión solo en razón de verdadero y de conocido, sino que también mira a la razón de bien por el consejo y el juicio. De donde su disposición en cuanto es silogismo práctico, esto es, en cuanto últimamente se ordena a la operación, no pertenece a la Lógica, sino a la prudencia. La cual, con todo, tiene alguna semejanza con la disposición de la Lógica, porque como el que arguye en cuatro términos paralogiza especulativamente, así el imprudente y el incontinente, porque no dispone rectamente el dictamen del juicio universal y particular, se engaña prácticamente. De donde santo Tomás llama a esta disposición práctica semejanza y según qué silogismo in 2. Sentent. dist. 24. q. 2. art. 4.23
Último se arguye: Pues la ciencia moral es práctica, ergo también la Lógica.
El consecuente consta por paridad de razón, porque por eso la moral es práctica, porque entrega reglas de dirigir los actos de la voluntad; ergo del mismo modo la Lógica, porque entrega reglas de dirigir los actos de la razón. Se prueba el antecedente, ya porque la ciencia moral procede por principios prácticos, como: «El bien ha de hacerse, el mal ha de huirse»; ni procede resolviendo, sino moviendo. Ya porque, si el arte no es ciencia práctica, ninguna será ciencia práctica. Pues las artes mecánicas son artes y no ciencias; las artes, empero, liberales son ciencias, pero no prácticas en nuestra sentencia.
Y se confirma, porque el arte pertenece a la parte práctica; se numera, en efecto, con la prudencia por el Filósofo in 6. Ethic.,24 donde asigna por materia contingente el arte y la prudencia, por la necesaria la ciencia y la sabiduría. De lo cual puede verse Divo Tomás allí lect. 3.25 y 4.26 De donde también las demás artes liberales, como la Aritmética, la Geometría y la Retórica no son especulativas, sino prácticas; ergo también la Lógica.
SE RESPONDE que la ciencia moral puede considerarse de dos modos: De un modo, como también incluye la prudencia; de otro modo, como la excluye y solo versa acerca del conocimiento de las virtudes especulando. Del primer modo tiene razón de práctico por parte de la prudencia que incluye, y usa de aquel principio práctico: «El bien ha de hacerse» a modo práctico. Y entonces hay disparidad entre aquella y la Lógica, porque la prudencia dirige las obras de la voluntad por la elección y el imperio, porque las obras de la voluntad, pues son libres y no tienden naturalmente al objeto, son en sí capaces de dirección real y de moción moral. La Lógica, empero, como se ha dicho, versa acerca de los objetos conocidos de principios especulativos y solo procede con moción resolutiva, no empero introduce alguna ordenación real en el concepto, porque con semejanza natural y no artificiosa el concepto tiende al objeto. Si, empero, la ciencia moral secluye la prudencia y solo trata de la materia de las virtudes definiendo, dividiendo, etc., es especulativa, como se hace en la Teología en la Prima Secundae. Ni usa de principios prácticos o a modo práctico, esto es, como que mueven e inclinan afectivamente, sino precisamente especulativos, en cuanto conocen la naturaleza de las virtudes y de la prudencia en razón de verdadero, como en los Éticos y en toda la Prima Secundae puede verse. Y así bien puede alguno ser insigne filósofo ético y teólogo e imprudente pecador.
Ni es inconveniente que no se dé ciencia práctica, si verdaderamente y propiamente es ciencia, porque la ciencia procede resolviendo y definiendo, la práctica moviendo y componiendo.
A la confirmación se responde de D. Tomás 2. 2. q. 47. art. 2. ad 3., que no todo arte se pone por el Filósofo en la misma parte del alma en la que la prudencia, sino que algún arte se pone en la parte especulativa, como el arte que construye el silogismo, porque basta para el arte que se proceda por vías ciertas y determinadas a ordenar algo, ya sea su materia la especulación ya algo operable. Las artes, empero, liberales científicas, como la Aritmética y la Geometría, se ponen en las ciencias especulativas por Divo Tomás 2. Metaph. lect. 2.27 y en otros lugares que arriba citamos, pues acerca de los números y de las magnitudes proceden puramente especulando y mostrando la verdad. La Gramática, empero, y la Retórica no parecen ser ciencias ni tratan de las quididades de los objetos y de las conexiones necesarias, sino del modo de hablar y de la elegancia, ni proceden definiendo y resolviendo algo en sus principios.
Ni basta para la ciencia práctica que tenga fuerza para producir sus actos en singular, pues así toda ciencia sería práctica, porque toda ciencia produce actos en singular; sino que es preciso ver si tales actos versan acerca de la verdad de la cosa contemplando y acerca de los objetos conocidos como conocidos, o como operables, y de principios especulativos o prácticos, como se ha dicho.