Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Presentamos a vuestra luz y a vuestro juicio la primera parte de la Filosofía Natural, tomista no solo en la doctrina (cuanto nos ha sido dado alcanzar), sino en el orden mismo. Para, en efecto, emular también en la Filosofía el método teológico de D. Tomás, y para que siquiera por el orden mismo de la disposición aprendiera la sierva a postrarse a las huellas de la señora, hemos partido esta ciencia natural en tantas partes cuantas la Suma Teológica, asignando a cada una sus materias y tratados peculiares, como más ampliamente anotamos en el mismo primer frontis del libro.
Para, empero, que la discusión e ilustración de la doctrina misma se llevara a lo alto, esto es a lo profundo de la disputa, se difundió quizá un tanto más laxa y más prolija el aura de este nuestro trabajo, conocedores de que nuestra tenuedad y la pusilidad del ingenio no pueden contender ni igualarse con la suma destreza de algunos, que en algún breve librito como en una zanja presumen recóndir o más bien absorber todo el mar de las ciencias naturales antes que explicarlo.
Nosotros, empero, profesados ser en el forjar y escribir los libros comentadores y explicadores, no primeros autores, en este vastísimo piélago de toda la naturaleza hemos tentado templar la navegación de suyo bastante ardua y exasperada por las dificultades de las grandes cuestiones como por fluctuaciones, de tal modo que procuráramos no ser oprimidos por el torbellino de la brevedad ni ser agitados y confundidos por la latitud más prolija de las ondas. Que si alguno o nauseabundo fastidiare la prolijidad o más escrupuloso causare la brevedad, es oportuno que considere que ni nosotros, por la magnitud de las dificultades y la contradicción de la doctrina de S. Tomás, pudimos angustarnos de tal modo que detrajeramos la exacta congresión de las disputas, ni con todo difundirnos de tal modo que atingiéramos todas las cosas minuciosamente, sino haber estructurado así el explicar los principios mismos, para que a cada una de las especiales pueda descendirse y sin largo o tedioso estudio de atención satisfacerse a varios otros. Quien, empero, sin ningún trabajo o meditación quiera que todas sus dificultades se le exhausten en algún libro, y con todo fastidiare sostener en el leer toda prolijidad, aquella sentencia de las palabras de Hierónimo le saco, libro 2. Apolog. ad Rufinum1: «Nadie es cogido a leer lo que no quiere. Yo escribí para los que piden, no para los fastidiosos, de gracia, no para los invidiosos, para los estudiosos, no para los que bostezan». Adiós.