Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Quaestio XV: DEL INFINITO
Articulus I: QUÉ SEA EL INFINITO, Y EN QUÉ ESTÉ EL PUNTO DE LA DIFICULTAD
Articulus II: SI IMPLIQUE DARSE EL INFINITO EN ACTO SEGÚN LA CANTIDAD O LA INTENSIÓN
Articulus III: SE DESPACHAN LAS DIFICULTADES Y ARGUMENTOS CONTRA NUESTRA SENTENCIA
Liber III: ACERCA DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DEL LUGAR, DEL VACÍO Y DEL TIEMPO
Quaestio XVI: DEL LUGAR Y DEL UBI
Articulus I: QUÉ SEA EL LUGAR EXTRÍNSECO Y SU INMOVILIDAD
Articulus II: QUÉ SEA EL UBI O LUGAR INTRÍNSECO
Articulus III: SI A TODOS LOS CUERPOS CONVENGA ESTAR EN LUGAR Y TENER UBI
Articulus IV: SI DOS CUERPOS PUEDAN PENETRARSE EN EL MISMO LUGAR POR VIRTUD DIVINA
Articulus V: SI IMPLIQUE QUE UN CUERPO ESTÉ EN VARIOS LUGARES CIRCUNSCRIPTIVAMENTE
Quaestio XVII: DEL VACÍO
Articulus I: SI EL VACÍO NATURALMENTE SEA DABLE
Articulus II: SI EL CUERPO EN EL VACÍO PUEDA MOVERSE
Quaestio XVIII: DEL TIEMPO
Articulus I: SI EL TIEMPO SEA ALGO REAL EN EL GÉNERO DE MEDIDA DE LA DURACIÓN
Articulus II: SI LA EXISTENCIA REAL DEL TIEMPO SOLO SE HALLE EN EL INSTANTE O TAMBIÉN EN LAS DEMÁS PARTES
Articulus III: CUÁL SEA EL SUJETO INTRÍNSECO Y EXTRÍNSECO DEL TIEMPO
Liber IV: ACERCA DEL LIBRO QUINTO DE LOS FÍSICOS DE LA DISTINCIÓN, UNIDAD Y CONTRARIEDAD DEL MOVIMIENTO
Quaestio XIX: DE LA UNIDAD Y CONTRARIEDAD DEL MOVIMIENTO
Articulus I: SI LOS GÉNEROS DEL MOVIMIENTO SE TOMEN SEGÚN LOS DIVERSOS PREDICAMENTOS A LOS QUE HAY MOVIMIENTO
Articulus II: A QUÉ PREDICAMENTOS NO SE DÉ MOVIMIENTO PER SE
Articulus III: A QUÉ PREDICAMENTOS SE DÉ MOVIMIENTO PER SE
Articulus IV: DE DÓNDE SE TOME LA UNIDAD NUMÉRICA DEL MOVIMIENTO
Articulus V: CUÁL SEA LA CONTRARIEDAD EN LOS MOVIMIENTOS Y DE DÓNDE SE TOME
Liber V: ACERCA DEL LIBRO SEXTO DE LOS FÍSICOS DE LA DIVISIÓN DEL MOVIMIENTO Y DEL CONTINUO POR PARTES
Quaestio XX: DE LAS PARTES Y DE LOS INDIVISIBLES DEL CONTINUO
Articulus I: QUÉ SEAN LAS PARTES PROPORCIONALES Y LOS INDIVISIBLES
Articulus II: SI LOS INDIVISIBLES Y LAS PARTES PROPORCIONALES SEAN EN ACTO INFINITOS EN EL CONTINUO
Articulus III: SI EL CONTINUO SE COMPONGA DE SOLOS INDIVISIBLES
Quaestio XXI: DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN DE LAS COSAS
Articulus I: SE EXPLICAN LAS REGLAS DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN EN LAS PERMANENTES
Articulus II: REGLAS DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN EN LAS SUCESIVAS Y EN LAS INSTANTÁNEAS Y EN LA QUIETUD
Liber VI: ACERCA DEL LIBRO SÉPTIMO DE LOS FÍSICOS DE LA COMPARACIÓN DE LOS MOVENTES Y DE LOS MÓVILES
Quaestio XXII: DE LAS CONDICIONES REQUERIDAS PARA MOVER
Articulus I: SI TODO LO QUE SE MUEVE, POR OTRO SE MUEVE
Articulus II: SI SE REQUIERA APROXIMACIÓN DEL MOVENTE AL MÓVIL PARA QUE OPERE
Liber VII: ACERCA DEL LIBRO OCTAVO DE LOS FÍSICOS DE LA ETERNIDAD DEL MOVIMIENTO Y DE SU REDUCCIÓN AL PRIMER MOTOR
Quaestio XXIII: DEL MOVIMIENTO DE LAS COSAS NATURALES Y DE LOS PROYECTADOS
Articulus I: SI LOS GRAVES Y LEVES SE MUEVAN POR SÍ O POR PRINCIPIO EXTRÍNSECO
Articulus II: CON QUÉ FUERZA SE MUEVAN LOS PROYECTADOS
Quaestio XXIV: DE LA ETERNIDAD DEL MOVIMIENTO Y DE SU PRIMER MOTOR
Articulus I: SI LAS COSAS PERMANENTES PUDIERON SER DESDE LA ETERNIDAD
Articulus II: SI REPUGNE QUE LAS COSAS SUCESIVAS HAYAN SIDO DESDE LA ETERNIDAD
Articulus III: QUÉ DEMUESTRE EL FILÓSOFO DE DIOS POR FUERZA DEL MOVIMIENTO
Quaestio XXV: DE LA SUBORDINACIÓN DE LA CAUSA SEGUNDA A LA PRIMERA
Articulus I: QUÉ SEA EL CONCURSO SIMULTÁNEO, Y CÓMO SE DISTINGA DEL CONCURSO DE LA CAUSA PRIMERA
Articulus II: SI SE DÉ CONCURSO REAL Y FÍSICO PREVIO EN LA CAUSA QUE LA DETERMINA A CAUSAR
Con el NOMBRE de concurso físico no inteligimos un concurso que solo atañe al ente natural y móvil, ni, como pensó Suárez libro 3. de Auxiliis cap. 7., un concurso que coarta a uno, de suerte que bajo él la causa creada pierda la potencia a lo otro. Sino que con el nombre de concurso físico inteligimos dos cosas: Primero, una moción no metafórica ni fingida ni solo moral, cual se hace por persuasión o proposición del objeto, sino aquella que se hace según actividad real, en cuyo sentido se toma esta voz física o natural en los santos Padres, como consta en S. Cirilo en la defensa del tercer anatematismo contra Nestorio y se tiene en el Concilio Efesino in 4. appendice 5. tomi cap. 1.1 Segundo inteligimos con el nombre de tal concurso aquel que de ningún modo inmuta el modo de obrar de la causa inferior, ya sea modo de obrar indiferentemente ya necesariamente, sino que lo conserva, y solo quita la indeterminación y la suspensión para obrar.
Y sin advertirlo el P. Suárez libro 1. de Auxiliis cap. 11. n. 3. al fin dijo que de ningún modo se halla en el D. Tomás que la causa primera determine a las segundas a todas sus acciones, y mucho menos se halla en el D. Tomás mención de la predeterminación física. Lo opuesto, con todo, consta evidentemente. Dice, en efecto, el D. Tomás 2. Phys. lect. 8.2 sobre el texto 48.,3 «que así como la potencia motiva, que es a uno y otro, no sale al acto sino que por la potencia apetitiva se determine a uno, así nada que es a uno y otro sale al acto sino que por algo se determine a uno, porque aquello que es a uno y otro es como ente en potencia; la potencia, empero, no es principio de obrar, sino solo el acto. De donde de lo que es a uno y otro nada se sigue sino por algo otro que determina a uno». Consta,4 empero, que todas las causas creadas son a uno y otro, al menos cuanto a varias acciones individuaes, aunque estén determinadas cuanto a la especie. El cual lugar es manifestísimo por este concurso previo que determina a la causa para que obre. Y lo mismo confirma el Santo Doctor 1. p. q. 19. art. 3. ad 5.; donde dice «que la causa que de suyo es contingente es preciso que sea determinada por alguno exterior al efecto»; donde habla de la determinación de la causa antes del efecto mismo, que con un nombre se llama predeterminación. Y así la llama S. Dionisio 5. cap. de Divinis Nominibus5 y allí Santo Tomás lect. 3.,6 donde dice «que la voluntad divina es predeterminativa y efectiva de los existentes». Y finalmente puede verse Santo Tomás in q. 3. de Potentia art. 7. ad 7.,7 donde además de la forma y la virtud conferidas a las cosas naturales dice «que algo por modo de moción incompleta y al modo de un ser intencional se sobreañade por Dios a la causa misma para que obre». El cual lugar es tan expreso que el P. Suárez en el lugar citado n. 6. no halló qué responder a él, sino que el D. Tomás tácitamente retractó la sentencia, porque omitió en otros lugares esta moción que en este lugar puso, como si esto fuera retractar la sentencia, no explicarla en todos los lugares; además de que in 1. 2. q. 110. art. 2. dice el D. Tomás que por Dios que mueve se hace algo en el alma por modo de movimiento, aunque no por modo de cualidad para querer o obrar.
Como, pues, conste en el D. Tomás y en los autores aprobados qué se inteligia con el nombre de predeterminación y de concurso previo, resta ver si así es que se da y se requiere para toda acción de la causa creada. Y ciertamente hablando en general está comunísimamente recibido en el Filósofo que la causa segunda no obra sino como movida y aplicada por la primera a obrar. De lo cual puede verse el D. Tomás 1. p. q. 105. art. 5. y 1. 2. q. 67. art. 1. ad 3. y q. 109. art. 1., 3. Contra Gent. cap. 67. y en otras partes a menudo. Y que este movimiento por el que la causa segunda es movida deba en la causa misma anteceder a la acción del efecto, puesto que es movida para que obre, también lo tradita abiertísimamente Escoto in 1. dist. 2. q. 2. § Ostenso8 y dist. 8. q. 5. § Ad argumenta.9
TODA LA DIFICULTAD consiste en explicar esta moción previa, para que la causa misma se diga movida por Dios y aplicada a obrar. Acerca de lo cual hay máxima variedad y concertación de autores, cuyas SENTENCIAS, con todo, pueden reducirse a tres capítulos principales:
La primera estima que no se da otro concurso o moción distinta del concurso simultáneo, el cual se dice ser moción de la causa inferior según cierta prioridad virtual, en cuanto aquel concurso es superior y más digno, y del que depende el concurso de la causa inferior. Y por razón de esta dependencia y prioridad se dice que la causa segunda es determinada y aplicada o premocida por la primera, no empero que se requiera un concurso distinto que imprima algo a la causa misma, por el que se actúe y se complete para obrar, sino acaso que necesite alguna virtud que por Dios o por otra causa haya de conferírsele, porque de suyo no tiene virtud suficiente. Así puede verse en el P. Suárez disp. 22. Metaph. sect. 2., sobre todo desde el n. 48., Fonseca 5. Metaph. cap. 2. q. 9. sect. 2., Molina in Concord. q. 14. art. 13. disp. 26., Belarmino libro 1. de Gratia et Libero Arbitrio cap. 15. y 16. y Lorca 1. 2. sect. 4. disp. 35. y sect. 6. disp. 20., Cabero en el presente, Martínez y otros.
La segunda sentencia es la escuela de Escoto, que simplemente admite la premoción en la causa creada antecedente al concurso simultáneo, no empero que constituya algo físicamente impreso por tal moción en la causa creada, sino que Dios por sola la eficacia de su decreto, como por cierta simpatía e imperio moral, mueve las causas segundas, como el alma mueve la mano, servada esta sola diferencia: que a la causa libre la mueve mediante el conocimiento, a las restantes causas empero con moción inmediata. Así puede verse en Fuente 2. Phys. q. 5. diffic. 3. art. 3.
La tercera sentencia simplemente confiesa que se da una premoción distinta del concurso simultáneo, que física y realmente pone e imprime algo en la causa inferior misma, y es complemento y aplicación a obrar, no por modo de virtud en acto primero, como se dan los hábitos, sino por modo de última determinación y aplicación del acto primero al segundo. Así comúnmente la Escuela del D. Tomás y sus discípulos, tanto más recientes cuanto antiguos. Aunque, en efecto, por la sentencia opuesta se cite por algunos a Cayetano 1. p. q. 19. art. 8.10 y a Conrado 1. 2. q. 79. art. 1., cuando dicen que la causa primera no obra con moción previa, o que la moción de Dios no precede a la voluntad cuando alguno quiere. Por lo demás, en estos lugares solo dicen contra Escoto que Dios no atinge primero en algún instante el acto mismo de la causa segunda que la causa segunda misma. Que, empero, la causa segunda sea aplicada por Dios y se conjunte al acto para que obre, lo cual atañe a la predeterminación, lo afirman los predicados autores en los mismos lugares un poco después de aquellas palabras, y Cayetano también 1. 2. q. 109. art. 2.11
DIGO, PUES, PRIMERO: Las causas segundas, antecedente al influjo y a la acción con que producen los efectos, necesitan alguna moción previa de la causa primera por la que se apliquen a obrar.
Esta conclusión se toma de los lugares del D. Tomás citados arriba.12 La RAZÓN, EMPERO, Y EL FUNDAMENTO se toman de dos cosas: Primero, de la indeterminación de la causa segunda; segundo, de su potencialidad para obrar.
Y lo primero consta por esto de que las causas segundas pueden producir diversos efectos, o13 diversos en especie como las potencias cognoscitivas y volitivas, o al menos diversos en individuo como cualesquiera virtudes activas. Ni, en efecto, se da alguna virtud creada permanente solo para una acción y efecto; de otro modo, producido aquel, se evanescería la virtud como ya ociosa, y así solo se habría por modo de transeúnte como la virtud del instrumento y cualquier moción a un solo acto. Más aún, en esto principalmente difiere este concurso previo o auxilio que mueve eficazmente de aquello que solo da suficiencia y virtud: que lo suficiente no solo mira un acto en individuo, sino la especie del acto para el que da la virtud; lo eficaz, empero, mira la determinación en individuo. Toda causa creada, pues, de suyo está indeterminada a diversas acciones y efectos en individuo.
Lo segundo, empero, consta porque la causa segunda de tal modo está en potencia para obrar que necesita mudarse en sí para que de hecho obre, puesto que no siempre obra en acto. Ergo es necesario que, para que obre, se haya de otro modo; si, en efecto, se ha del mismo modo que antes, permanecerá operante en potencia, porque antes era operante en potencia. Ni puede mudarse por la operación misma, porque se muda para que obre; y la operación no muda al agente activamente, sino a lo paciente, como se prueba in 3. Phys.14 Y es manifiesto, porque la operación no sale de alguno sino según que está en acto; cada uno, en efecto, obra según que está en acto y padece según que está en potencia. Ergo15 si antes estaba en potencia, no podrá en virtud de aquello obrar, sino que primero se reduzca al acto aquella potencialidad y así se mude. Consta, empero, que en cuanto obra el agente no es mudado por su operación efectivamente; así, en efecto, padecería en cuanto operante. Ergo si se muda, es antecedente a la acción.
DE CUYOS PRINCIPIOS SE DEDUCE que es necesaria alguna moción previa en toda causa creada antecedente a su acción y al concurso simultáneo de Dios, porque toda causa creada necesita alguna mutación para esto, que obre, porque está indeterminada a esta o aquella acción en singular, y está en potencia para obrar, pues no siempre está de hecho operante. Ergo necesita ser reducida al acto y determinada por alguna causa, puesto que de una causa existente en potencia e indeterminada no sale un efecto en acto y determinado. Pero no puede determinarse e inmutarse por sí misma, ni por otra causa creada, ni por el concurso simultáneo de Dios; ergo por alguna moción previa.
No por sí misma, porque está en potencia para obrar e indeterminada; ergo no puede reducirse a sí de la potencia al acto, porque así debería suponerse en acto determinante; cada uno, en efecto, se reduce de la potencia al acto por algún acto. Y si se supone estar en acto para moverse a sí, de nuevo este acto no es primeramente movente de sí, sino movido por otro; de otro modo sería movente no movido, que es Dios.
Ni por la operación misma a la que es movida puede reducirse de la potencia al acto, porque esta operación es aquello a lo que la causa misma necesita ser determinada y aplicada; ergo implica que por ella misma se aplique y se mueva a sí.
Ni puede hacerse esta aplicación y moción por otra causa creada, porque aunque se requieran varias condiciones procedentes de causas creadas para que se determine alguna causa, con todo todas aquellas causas, como sean creadas, están también en potencia para obrar y necesitan semejante aplicación y moción. Y como no hay proceso hasta el infinito, es preciso que al fin por Dios se haga esta moción y aplicación, y como se hace en aquellas causas, así también en las restantes otras, porque todas igualmente se sujetan a Dios, además de que también, puestas todas aquellas condiciones, algunas causas aún permanecen indeterminadas para obrar, como las causas libres, otras no suficientemente determinadas a esta acción o efecto en número. Ergo es preciso que esta determinación al fin se reduzca a Dios, a quien atañe dar la última actualidad para obrar.
Ni basta el concurso simultáneo de Dios, en cuanto por dignidad y perfección es anterior, porque esta mayor dignidad y perfección o deja a la causa creada reducida de la potencia al acto y determinada para obrar, o no. Si no la deja, permanece la causa tan indispuesta para obrar como antes, como no quitada la potencialidad y la indeterminación. Si, empero, la deja determinada, ergo ya no es solo concurso simultáneo, sino también previo, porque tiene un efecto previo, a saber en la causa misma, moviéndola antes de la acción y del efecto. Por lo cual el concurso simultáneo, en cuanto simultáneo, como no influya sino en el efecto y se identifique con la acción de la causa creada, no más puede actuar y mover a la causa creada misma que la acción misma de la causa creada.
DIGO SEGUNDO: Esta aplicación y concurso previo deja algo físico en la causa que mueve, y no es solo asistencia extrínseca o moción moral o simpatía.
Se deduce de los lugares del D. Tomás citados arriba,16 sobre todo q. 3. de Potentia art. 7. ad 7.17 y 1. 2. q. 110. art. 2., donde dice que de la moción divina se deja un movimiento en el alma, porque el acto del movente en lo movido es movimiento. Y 1. 2. q. 79. art. 2. dice «que toda acción es causada por algo que está en acto, porque nada obra sino según que está en acto. Todo ente, empero, en acto se reduce al primer acto, a saber a Dios, como a causa, que por su esencia es acto. De donde se deja que Dios es causa de toda acción en cuanto la acción es». Donde no habla Santo Tomás del concurso simultáneo, porque este no es causa de la acción, sino lo mismo que la acción misma y solo es causa del efecto. Habla, pues, del concurso previo, que es causa de la acción creada. Pero la dependencia de la acción de aquello que está en acto no es dependencia moral o metafórica, sino física, y se funda en la reducción del ente en acto al primer acto, que es Dios, la cual reducción es física según verdadera y real causalidad y dependencia de todo ente respecto del primer ente, la cual dependencia no es moral. Ergo Santo Tomás no puede inteligirse de una causalidad moral y metafórica, sino de la física.
Y EL FUNDAMENTO ESPECIAL de esta conclusión es que, en virtud de aquella simpatía o voluntad eficaz de Dios ad intra, o resulta alguna mutación ad extra en la criatura o no. Si resulta, ergo no es mera asistencia extrínseca y simpatía moral, sino mutación real y verdadera como efecto impreso por Dios ad extra. Si no resulta alguna mutación, ergo lo intrínseco de esta causa creada permanece tan inmutado como antes, y como antes estuviera intrínsecamente en potencia e indeterminada, también después de aquella asistencia extrínseca permanecerá en la misma potencialidad e indeterminación intrínseca. Ergo de los principios intrínsecos de tal causa creada no podrá dimanar la acción, por más que se ponga aquella asistencia extrínseca. Pero no se dice que la causa creada obre sino que de su virtud y potencia intrínseca dimanada la acción, porque la virtud intrínseca misma es la que se dice obrar. Ergo si por aquella simpatía y asistencia extrínseca nada se quita de la potencialidad intrínseca, no permanece aquella causa intrínsecamente dispuesta para obrar.
Ni obsta el ejemplo de la simpatía y moción por la que la mano es movida por el alma, ya porque aún es incierto si esta moción se hace solo18 por simpatía extrínseca o por alguna impresión física; ya también porque hay razón muy dispar, porque la potencia motiva de la mano y la imperativa de la voluntad se radican en la misma alma, y así no se requiere que una influya en otra, sino que basta que el alma en una y otra. Dios, empero, es principio movente extrínseco, en el cual no inhiere la virtud creada. De donde es preciso que Él mismo influya esta moción en la causa creada, sobre todo porque esto de que la causa creada esté movida y aplicada a obrar es algo nuevo en la naturaleza de las cosas, y no por algo nuevo de parte de Dios, porque es inmutable; ergo por algo nuevo fuera de Dios y no sino en la causa creada. Ergo es preciso que aquella sea real y físicamente movida por Dios.
Ni basta el concurso simultáneo de Dios, como se ha dicho, ya porque este concurso simultáneo no mueve a la causa, sino que solo es al efecto; ya porque es lo mismo que la acción de la criatura, y así no más mueve a la criatura que la acción misma de ella, que no puede mover a la causa de la que egredie según que es agente, sino a lo paciente en que se recibe; ya finalmente porque el concurso simultáneo no subordina la causa creada a Dios, sino el efecto, y por la dependencia del efecto respecto de la causa primera se da el concurso simultáneo. Ergo en virtud de aquel no puede Dios efectuar que la causa segunda obre, sino que solo podrá impedir el efecto si no quiere dar el concurso, no empero inclinar a la causa y hacer que obre.
Y de esto más profundamente se abre la necesidad de poner este concurso previo, también para otras materias teológicas. Pues si solo la causa segunda depende de Dios por razón del concurso simultáneo, en cuanto el efecto no puede hacerse sino dependientemente de Dios, no empero porque en la causa misma Dios imprima y mueva para que obre, se sigue que, al producir este efecto, Dios debe esperar la operación de la causa segunda para querer eficazmente su efecto, y no puede por su propia virtud hacer que la causa segunda efectúe sino mediante otras causas por las que mueva e incline a tal causa, v. g. solo mediante persuasión o proposición del objeto, lo cual todo es moral y contingente, no simplemente e infaliblemente eficaz, aunque pueda impedir el efecto si quiere, suspendiendo su concurso. Lo cual puede hacerse manifiesto con un ejemplo. Sea, en efecto, el caso de que Dios quiera que Pedro elicite un acto de amor o un asenso de fe, el cual acto no puede hacerse por solo Dios, sino a la vez por la causa segunda. Si aquella causa segunda no se subordina a Dios sino por razón del efecto que ha de ejecutarse, no empero de parte de la causa misma, porque debe ser movida por Dios para que elicite el acto, ergo no podrá Dios querer aquel efecto sino esperando que la causa segunda misma quiera y coopere, si Dios diere el influjo simultáneo, porque tal influjo no está en la causa para que quiera, sino en el efecto, en el que influye a la vez con el influjo de la causa segunda misma. No tiene, pues, potestad sobre la causa segunda para que efectúe, sino sobre el efecto, si también la causa segunda efectúa. De donde, si la causa segunda misma no quiere, en vano obra aquel concurso simultáneo; más aún, no obra, pues es lo mismo que el influjo de la causa segunda misma, y así en vano se apiada Dios si nosotros no queremos, lo cual expresamente niega Agustín libro 1. ad Simplicianum q. 2.19 Y no menos se dirá que es del Dios que se apiada que del hombre que quiere y corre, lo cual como gran absurdo infiere Agustín in Enchiridio cap. 32.20 «Si rectamente», dice, «se ha dicho que no es del que quiere el hombre, sino del que se apiada Dios, porque aquello no lo cumple sola la voluntad del hombre, ¿por qué no también al contrario se dice rectamente que no es del que se apiada Dios, sino del que quiere el hombre, porque aquello no lo cumple sola la misericordia de Dios?». Lo cual, con todo, como allí añade, «ningún cristiano osará decir». Los que, empero, solo ponen el concurso simultáneo, y no el previo en la causa misma, que es preparada o aplicada por Dios, no pueden decir que es solo del Dios que se apiada, sino también del hombre que quiere, a saber porque de uno y otro se hace, esto es de la voluntad del hombre y de la misericordia de Dios, y hasta que quiera el hombre no basta inclinarlo el concurso simultáneo, que se identifica con el acto mismo y no inclina a aquel a la causa misma.21
DIRÁS que basta sola la misericordia de Dios, no por razón de un concurso previo físico, sino moral, esto es mediante alguna cogitación que incline moralmente.
Pero en contra, ya porque en las otras causas que no obran por conocimiento esta inclinación moral no tiene lugar, y tiene lugar el argumento hecho, que Dios por su virtud no podrá inclinar a la causa, contingente v. g. o necesaria, a obrar sino mediante causas o virtud creada; ya porque aquella moción moral de suyo es falible y contingente, y no alicia sino extrínsecamente. Ergo para que mueva con certeza espera nuestra volición, y no tiene moción e inclinación cierta sino dependientemente de ella; ergo tanto da recurrir a esta moción como decir que Dios espera nuestra voluntad y en vano se apiada si nosotros no queremos, cuanto a la certeza de mover.
Sé que no faltan quienes concedan que en este concurso con el que Dios obra con la causa segunda Dios depende de algún modo de la criatura en el obrar, en este sentido: porque la acción de Dios con la que coopera a la criatura de ella de cierto depende; ergo también Dios como obrante por ella. Lo cual con palabras expresas concede Martínez Phys. q. 4. in 3. consectario y llama estólidos a los que sienten lo opuesto. Pero perdonemos a esta estolidez; escrito está, en efecto: «El que profiere contumelia es insipiente».22 Excedió, empero, aquel autor atribuyendo a la acción de Dios con la que coopera una dependencia de la criatura. Aunque, en efecto, el concurso cooperativo de Dios se identifique con la acción de la criatura, no empero como dependiente de la criatura, porque no es causado por la criatura, sino por solo Dios. No puede, empero, depender de la criatura sino que de ella de algún modo sea causado o derivado o reciba de ella el ser, cuando es al contrario, porque la criatura y su operación penden de la acción de Dios y se le sujetan. Como, empero, no ponga un concurso previo en la criatura, sino solo el simultáneo, si en este Dios depende de la causa creada en el obrar, del todo se destruye la subordinación de las causas desde Dios y se cae en aquellos inconvenientes tantas veces explosionados por el B. Agustín: que en vano se apiada Dios si el hombre no quiere; puesto que Dios no tiene otro concurso que el simultáneo según este autor, y en este no solo espera, sino que depende de la criatura para tener el efecto de querer. Ergo23 en vano quiere Dios si el hombre no quiere, ni menos depende la operación de Dios de la criatura que la de la criatura de Dios. Ni aparece cómo se salve aquella doctrina del Catecismo de Pío V p. 1. de primo Symboli art. n. 22., donde se dice: «No solo el Señor a todas las cosas que son las tutela y administra con su providencia, sino también a las que se mueven y obran algo las impelle con íntima virtud al movimiento y a la acción de tal modo que, aunque no impida la eficiencia de las causas segundas, con todo previene, pues su ocultísima fuerza atañe a cada una». Con cuyas palabras no sé cómo están las palabras de este autor en el primer consectario, a saber que la causa primera y la segunda hasta tal punto concurren a la vez al efecto que ninguna precede a la otra. ¿A quién, pues, creeremos, a este autor que dice «ninguna preceda», o a Pío V que dice «de tal modo impelle que previene»?
DIGO TERCERO: Este concurso previo que realmente mueve a la causa segunda no es alguna cualidad por modo de virtud en acto primero, ni algún acto o efecto procedente de la causa segunda misma por el que se mueva a otro acto, sino que es cierta moción de Dios, que no da actividad, sino aplicación de la actividad al efecto, y si es cualidad, es por modo de moción y de transeúnte.
Para inteligencia de esta conclusión ha de advertirse que hay varias sentencias también entre tomistas acerca de qué sea este concurso previo o moción, y principalmente se reducen a tres. Algunos ponen que no es algo creado y de nuevo producido en la criatura, sino solo el decreto o la voluntad eficaz de Dios que asiste extrínsecamente, por el que al punto es movida la criatura como por cierta simpatía y sujeción natural a Dios. Otros distinguen de la causa libre y de la no libre, y de esta segunda dicen que es premocida por alguna moción o cualidad recibida en la criatura misma; de la libre, empero, en aquellas en que se mueve a sí. El acto anterior por el que se excita la voluntad lo dicen moción previa al segundo, al que se excita; el primer acto, empero, por el que se excita es de la moción divina; el acto mismo, empero, que excita es elicitado por la potencia. Los terceros dicen que esta moción absolutamente en todas las causas es alguna moción derivada de Dios o cualidad por modo de moción, por la que la virtud creada se aplica a su operación quitando su indeterminación y potencialidad para obrar.
Entre estas sentencias esta última es más cierta en el sentido del Divino Tomás.
La primera, en efecto, ya arriba24 fue impugnada, y puede aplicársele la razón con que prueba el D. Tomás 2. 2. q. 23. art. 2. contra el Maestro que la caridad no es el Espíritu Santo mismo, sino algún efecto de Él en el alma, porque la caridad según Agustín es movimiento del ánimo a fruir de Dios por Él mismo. Pero el movimiento del ánimo es algo creado en el alma; ergo también la caridad. La cual prueba del todo falta si Dios con solo su decreto eficaz, sin algo de nuevo producido, puede suficientemente mover alguna causa. Por lo cual, así como Dios para constituir alguna causa en acto primero operativo no puede hacerlo con solo su decreto sin poner alguna virtud en la causa, así para aplicar y mover esta causa y virtud al acto segundo no basta el decreto de Dios según que es eterno, sino alguna mutación de él en el tiempo.
La segunda sentencia, empero, falta, ya porque en las causas naturales, de las que tratamos en el presente, coincide con la tercera sentencia; ya también porque en las causas libres también respecto de los actos deliberados no procede suficientemente, porque allí el primer acto de la voluntad no puede ser la operación misma y la causalidad de Dios; procede, en efecto, y se elicita de la criatura, y por consiguiente no puede proceder bajo aquella universalidad e ilimitación por la que procede de Dios, sino que es aquello por lo que la causa creada en su género se mueve a sí, a saber por modo de movente creado, la cual moción no ha de confundirse con la moción por la que es movida por Dios. Y además, o aquel acto, según que se elicita de la criatura, tiene omnímoda infalibilidad respecto del acto siguiente, o no. Si no la tiene, ergo no es moción y auxilio divino, porque esto mueve infaliblemente, pues es operación de una causa infalible; de otro modo, para conocer infaliblemente el acto siguiente no bastaría a Dios inspeccionar su virtud y concurso, sino la criatura misma, como de la que dependiera aquella infalibilidad, lo cual niegan estos autores. Si, empero, tiene infalibilidad, ergo la infalibilidad del concurso divino se rinde de la causa creada, puesto que es infalible aquel acto según que se elicita de la voluntad creada, y no por razón de algo sobreañadido por Dios. Lo cual es imposible, pues aquel principio es mudable y contingente, no infalible y cierto; más aún, para conocer algo infaliblemente Dios no empezaría por su decreto y auxilio, sino por la operación misma de la causa creada, puesto que de ella misma tiene la infalibilidad, lo cual es preconocer el efecto antecedente al decreto y25 usar Dios de ciencia media, que niegan estos autores.
Por lo cual queda la tercera sentencia, que sin duda es del Divino Tomás q. 3. de Potentia art. 7. ad 7.,26 donde dice «que la virtud natural, que en su constitución se confiere a las cosas, inhiere en ellas como cierta forma que tiene un ser fijo y firme en la naturaleza, pero aquello que por Dios se hace en la cosa natural, por lo que actualmente obra, es como sola una intención que tiene cierto ser incompleto, por el modo en que los colores están en el aire y la virtud del arte en el instrumento del artífice». Y 1. 2. q. 110. art. 2. dice «que este auxilio no es cualidad, sino cierto movimiento del alma, porque el movimiento del movente está en lo movido». Donde con el nombre de movimiento no se inteligie que sea acto elicitado, sino alguna inspiración recibida para que se elicite, porque el movimiento se recibe en lo móvil, no se elicita en cuanto27 es movimiento. De modo semejante con el nombre de cualidad inteligie la cualidad permanente y como habitual, no empero que niegue que sea cualidad por modo de moción transeúnte, como la virtud del instrumento y los colores en el aire, que no son movimiento, ni puede ser movimiento a la cualidad como vía y tendencia a ella, porque así aquella moción de Dios tendría un término al que tiende, que sería causalidad por modo de permanente, y así permanentemente la causa segunda estaría aplicada a obrar, ni aparece cuál sería aquella cualidad así producida. Si, pues, no es movimiento a la cualidad, resta que sea cualidad por modo de movimiento.
Y SI INQUIERES qué efecto formal tenga esta cualidad o moción, se responde que esta moción no puede ser acto segundo, a saber la operación misma de la causa creada, puesto que esta moción es previa a tal operación y mueve a ella. No es, pues, la acción misma de la causa creada; esta, en efecto, no puede mover a la causa como agente, sino a lo paciente. De modo semejante no puede ser virtud por modo de acto primero. Esta, en efecto, se da por modo de permanente en la causa misma o al menos por modo de suficiencia, de suerte que sin ella la causa no está suficientemente constituida en razón de principio operativo. Nosotros, empero, hablamos en el presente del concurso previo que supone a la causa suficientemente potente y virtuosa para obrar, y así este concurso no da virtud en acto primero. De donde en esto principalmente se distingue el auxilio que da suficiencia y el que da eficacia: que la suficiencia da virtud en acto primero, que no mira solo algún acto en individuo, sino la especie misma de la acción, y esta sirve para otros actos en singular. En cambio este concurso previo determina al acto individuo en singular, y así no da virtud en acto primero que sirva para varios individuos. De donde resta que sea cierta aplicación del acto primero al segundo, como se aplica y se conjuga el instrumento a obrar el efecto del agente principal. Con cuyo nombre también la declara el mismo S. Agustín libro 1. ad Simplic. q. 2.28 diciendo «que no faltó a Dios un modo con el que aplicara la mente de Esaú a creer y conjuntara la voluntad».
Pero hay una doble aplicación: una de la causa eficiente con el sujeto o la materia, como el fuego se aplica a la leña; otra de un eficiente con otro eficiente, como dos causas parciales o la causa inferior y la superior, como el sol con el hombre a la generación del hombre, y de modo semejante Dios con la causa segunda, que más íntimamente se conjuga que cualquier otra causa, por esto de que más dependen de Él todas las causas. Por la conjunción, empero, de la causa inferior a la superior la inferior siempre se conforta y se perfeciona, y así, como Dios sea causa de suma actualidad y de perfección que ninguna potencialidad tiene, por consiguiente deja a la causa creada máximamente actuada y reducida al acto, quitada toda potencialidad e indeterminación para obrar, lo cual por propia virtud no tenía, porque la virtud creada, por más suficiente que sea en acto primero, siempre está indeterminada y en potencia a este o aquel singular. Y aunque pueda a cualquier singular como contenido bajo la especie de aquella cosa para la que tiene virtud, con todo por la indiferencia de tal virtud le falta no alguna virtud para obrar este singular, sino alguna determinación de la virtud.
Y de aquí nace el efecto formal que presta tal moción divina. Deja, en efecto, a la causa aplicada y determinada para obrar, nada inmutando del modo con que la causa segunda nació para obrar, de suerte que si la causa segunda obra necesariamente, le da determinación para obrar la acción singular, y a la vez le da que obre por modo de necesidad. Si, empero, obra contingentemente o libremente, le da determinación al acto individuo, y de modo semejante conserva el modo de obrar mudablemente e indiferentemente. Ni, en efecto, hay alguna repugnancia en que, así como por participación divina desciende a la causa creada que obre tal substancia del acto y que obre de tal modo, a saber con indiferencia o mudabilidad a lo opuesto, así alguna moción o cualidad del concurso divino descienda de Dios que haga una y otra cosa, y quite la indiferencia de potencialidad por la que la causa misma estaba suspendida e indeterminada, y conserve la indiferencia de la virtud o del modo de obrar sin coacción a uno. Y así hace obrar no solo tal acto, sino obrar libre y contingentemente; esto, en efecto, todo es infalible. De una y otra, en efecto, es causa y raíz la operación divina mucho más que nuestra alma misma y la voluntad, según aquello de Agustín lib. de Corrept. et Grat. cap. 14.29: «Más tiene Dios en su potestad las voluntades de los hombres que ellos las suyas», lo cual es que aquella premoción sea infalible ut quod y como efecto de Dios, mudable empero y contingente ut quo, esto es que se ha30 como razón de obrar contingente o libremente31 de la criatura misma. Y así la antecedencia de esta moción, aunque sea suposición antecedente, no es empero suposición que necesite, sino antecedente influyendo y causando el modo mismo de libertad en el acto y la substancia determinada del acto. Y por eso no quita la libertad esta antecedencia que determina, sino que la causa en acto y la perfecciona y conserva en potencia, porque32 influye en el modo mismo de libertad, como el alma influye en las potencias como raíz de ellas. Que si da el modo de libertad, no lo quita. Y esta es la doctrina tradita por el D. Tomás, para que de este modo concilie la eficacia de la acción divina con la indiferencia de nuestra voluntad, como puede verse 1. p. q. 19. art. 8. y q. 83. art. 1. ad 3. y 1. 2. q. 10. art. 4. y 3. Contra Gent. cap. 94. y 1. Periherm. lect. 14.,33 in 1. ad Annibaldum dist. 47. art. 4.34 y en otros lugares.