Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Quaestio XV: DEL INFINITO
Articulus I: QUÉ SEA EL INFINITO, Y EN QUÉ ESTÉ EL PUNTO DE LA DIFICULTAD
Articulus II: SI IMPLIQUE DARSE EL INFINITO EN ACTO SEGÚN LA CANTIDAD O LA INTENSIÓN
Articulus III: SE DESPACHAN LAS DIFICULTADES Y ARGUMENTOS CONTRA NUESTRA SENTENCIA
Liber III: ACERCA DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DEL LUGAR, DEL VACÍO Y DEL TIEMPO
Quaestio XVI: DEL LUGAR Y DEL UBI
Articulus I: QUÉ SEA EL LUGAR EXTRÍNSECO Y SU INMOVILIDAD
Articulus II: QUÉ SEA EL UBI O LUGAR INTRÍNSECO
Articulus III: SI A TODOS LOS CUERPOS CONVENGA ESTAR EN LUGAR Y TENER UBI
Articulus IV: SI DOS CUERPOS PUEDAN PENETRARSE EN EL MISMO LUGAR POR VIRTUD DIVINA
Articulus V: SI IMPLIQUE QUE UN CUERPO ESTÉ EN VARIOS LUGARES CIRCUNSCRIPTIVAMENTE
Quaestio XVII: DEL VACÍO
Articulus I: SI EL VACÍO NATURALMENTE SEA DABLE
Articulus II: SI EL CUERPO EN EL VACÍO PUEDA MOVERSE
Quaestio XVIII: DEL TIEMPO
Articulus I: SI EL TIEMPO SEA ALGO REAL EN EL GÉNERO DE MEDIDA DE LA DURACIÓN
Articulus II: SI LA EXISTENCIA REAL DEL TIEMPO SOLO SE HALLE EN EL INSTANTE O TAMBIÉN EN LAS DEMÁS PARTES
Articulus III: CUÁL SEA EL SUJETO INTRÍNSECO Y EXTRÍNSECO DEL TIEMPO
Liber IV: ACERCA DEL LIBRO QUINTO DE LOS FÍSICOS DE LA DISTINCIÓN, UNIDAD Y CONTRARIEDAD DEL MOVIMIENTO
Quaestio XIX: DE LA UNIDAD Y CONTRARIEDAD DEL MOVIMIENTO
Articulus I: SI LOS GÉNEROS DEL MOVIMIENTO SE TOMEN SEGÚN LOS DIVERSOS PREDICAMENTOS A LOS QUE HAY MOVIMIENTO
Articulus II: A QUÉ PREDICAMENTOS NO SE DÉ MOVIMIENTO PER SE
Articulus III: A QUÉ PREDICAMENTOS SE DÉ MOVIMIENTO PER SE
Articulus IV: DE DÓNDE SE TOME LA UNIDAD NUMÉRICA DEL MOVIMIENTO
Articulus V: CUÁL SEA LA CONTRARIEDAD EN LOS MOVIMIENTOS Y DE DÓNDE SE TOME
Liber V: ACERCA DEL LIBRO SEXTO DE LOS FÍSICOS DE LA DIVISIÓN DEL MOVIMIENTO Y DEL CONTINUO POR PARTES
Quaestio XX: DE LAS PARTES Y DE LOS INDIVISIBLES DEL CONTINUO
Articulus I: QUÉ SEAN LAS PARTES PROPORCIONALES Y LOS INDIVISIBLES
Articulus II: SI LOS INDIVISIBLES Y LAS PARTES PROPORCIONALES SEAN EN ACTO INFINITOS EN EL CONTINUO
Articulus III: SI EL CONTINUO SE COMPONGA DE SOLOS INDIVISIBLES
Quaestio XXI: DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN DE LAS COSAS
Articulus I: SE EXPLICAN LAS REGLAS DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN EN LAS PERMANENTES
Articulus II: REGLAS DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN EN LAS SUCESIVAS Y EN LAS INSTANTÁNEAS Y EN LA QUIETUD
Liber VI: ACERCA DEL LIBRO SÉPTIMO DE LOS FÍSICOS DE LA COMPARACIÓN DE LOS MOVENTES Y DE LOS MÓVILES
Quaestio XXII: DE LAS CONDICIONES REQUERIDAS PARA MOVER
Articulus I: SI TODO LO QUE SE MUEVE, POR OTRO SE MUEVE
Articulus II: SI SE REQUIERA APROXIMACIÓN DEL MOVENTE AL MÓVIL PARA QUE OPERE
Liber VII: ACERCA DEL LIBRO OCTAVO DE LOS FÍSICOS DE LA ETERNIDAD DEL MOVIMIENTO Y DE SU REDUCCIÓN AL PRIMER MOTOR
Quaestio XXIII: DEL MOVIMIENTO DE LAS COSAS NATURALES Y DE LOS PROYECTADOS
Articulus I: SI LOS GRAVES Y LEVES SE MUEVAN POR SÍ O POR PRINCIPIO EXTRÍNSECO
Esta dificultad es sobremanera célebre y su resolución pende de principios que conducen mucho a otras materias en las que se trata de movimientos dependientes de principios extrínsecos, como en la primera intelección y en la primera volición, en el movimiento del corazón y semejantes.
Y SUPONEMOS aquí dos cosas como ciertas, y en una está toda la dificultad.
Primero es cierto que los graves y los leves tienen en sí forma y principio, ya activo ya pasivo, de suerte que también en ausencia de su generante, removido todo otro movente extrínseco, se muevan, pues esto consta por la experiencia misma. Este principio, empero, es doble, a saber el principal, que es la forma substancial, que es raíz de aquel movimiento, y el menos principal, que es la gravedad o la levedad. Como, en efecto, dice el D. Tomás in 2. dist. 14. q. 1. art. 5. ad 2.1: «Así como la substancia no es principio de alteración sino mediante el calor o el frío, así tampoco es principio de movimiento o de quietud local sino mediante la gravedad y la levedad». De donde mal niegan algunos más recientes que la gravedad y la levedad sean cualidades, y dicen que son la substancia misma del grave y del leve. Pues la gravedad admite más y menos, de donde se dice gravísimo aquello que pide estar en el lugar ínfimo, como consta en 1. de Caelo texto 18.2 lect. 5.3 en el D. Tomás; la substancia, empero, no admite más y menos. Sola, empero, la compresión de las partes no hace la gravedad, sino que esto atañe a la densidad, que también es cualidad, no substancia. Puede, empero, darse un cuerpo denso y con todo ni grave ni leve, como el cuerpo del sol y de los astros. Puede también algo ser menos denso y más grave, como la madera que nada sobre el agua, y el cuero lleno de agua es llevado a lo profundo; el agua, empero, no es más densa que la madera, ni el cuero, aunque sea verdad que la densidad ayude a mayor gravitación.
Segundo es cierto que al generante al menos remotamente se atribuye el movimiento del grave en este sentido, porque da la forma y el principio al grave mismo, por el que es movido. Pero por esta razón también el generante da al viviente la forma y el principio por el que es movido vitalmente, y con todo verdaderamente se mueve a sí.
POR LO CUAL LA DIFICULTAD consiste en esto: si las cosas inanimadas reciben del generante no solo la virtud de mover, sino también el movimiento mismo, de suerte que, aunque tengan en sí el principio del movimiento como quo, ya pasivo ya activo, con todo el principio movente como quod no sea el grave mismo que es movido, sino el generante mismo, del que recibe la forma y el movimiento.
HAY DOBLE SENTENCIA: La primera enseña que los graves y los leves se mueven desde lo intrínseco, y que no tienen el movimiento del generante, sino que solo de él tienen la virtud para que se muevan, y por esta razón se atribuye su movimiento al generante como a principio remoto, no como próximo del movimiento mismo. La cual sentencia se atribuye a Escoto in 2. dist. 2. q. 10.,4 a Gregorio dist. 6. q. 1. art. 3., y la siguen varios de los más recientes, como Placa 2. Phys. disp. 5. q. 7., Pererio libro 6. cap. 16., Martínez 2. Phys. in illustratione cap. 15. notab. 6., Cabero 7. Phys. disp. única dub. 3.
La sentencia opuesta se enseña como aristotélica por el D. Tomás en varios lugares: 1. p. q. 18. art. 1. ad 3., q. 105. art. 2. y 2. Contra Gent. cap. 46. y 3. Contra Gent. cap. 23. y 8. Phys. lect. 8.5 y 3. de Caelo lect. 7.6 e in 2. dist. 14. q. 1. art. 3.7 y en otras partes a menudo. Y al D. Tomás lo siguen comúnmente sus discípulos, y otros que citan los Conimbricenses libro 8. cap. 4. q. 1. art. 2. y el Cursus Carmel. disp. 28. q. 2. § 2.
Contiene, empero, esta sentencia cuatro dichos, de los cuales tres se afirman como ciertos por estos autores, y en el otro hay duda entre ellos. Primer dicho: El principio del movimiento de los graves y de los leves por accidente es el que remueve lo que prohíbe, como el que remueve la columna es causa de que descienda la piedra, pero por accidente, no per se. Segundo dicho: El principio de tal movimiento per se como quod es el que genera el grave mismo, mediante con todo el principio intrínseco, que es la forma del grave y su gravedad como principios ut quo, por esto de que este movimiento dimana de tal forma. Tercer dicho: De ningún modo el grave mismo se mueve a sí como motor y como quod. Cuarto dicho: El principio quo, a saber la forma y la gravedad, unos dicen que es principio pasivo de tal movimiento, otros activo. Pero es más verdadero, en la sentencia del D. Tomás, que es principio activo formal, según que se distingue contra el material y meramente pasivo, no empero que sea principio activo por modo de motor y de agente.
Del primer dicho no hay dificultad alguna. Del cuarto explicaremos la mente del D. Tomás abajo. Del segundo y del tercero nos toca probar que es sentencia de Aristóteles y verdadera, tanto cuanto a lo que se niega, a saber que el grave no es movido por sí, cuanto a lo que se afirma, a saber que es movido por el generante como por principio quod, y por la forma intrínseca y la gravedad como por principio quo, porque mediante aquel dimana el movimiento.
Que, pues, sea sentencia del Filósofo, consta manifiestamente por este libro 8. cap. 4. desde el texto 29.8 Supone, en efecto, el Filósofo que los graves y los leves se mueven por su propia naturaleza, esto es con movimiento natural y no violento. Inquiere, empero, por qué principio son movidos, y dice: «Es, empero, imposible que se muevan por sí mismos; es, en efecto, esto oficio de la vida y propio de los animados, que pueden consistir en sí mismos». Añade, empero, en el texto 33.9: «De las que se mueven por naturaleza, de nuevo cualesquiera que se mueven por sí mismas son movidas por alguno, y las que no por sí mismas, como los graves y los leves (o, en efecto, por el que genera y hace leve y grave, o por el que suelta lo que impide y prohíbe); todas, pues, las que se mueven son movidas por alguno». Puede verse también Aristóteles en los libros 3. y 4. de Caelo en los lugares que citaremos abajo aduciendo las autoridades del D. Tomás.
Y aunque las palabras citadas sean clarísimas, responden con todo los autores opuestos de dos modos: Primero, que Aristóteles solo quiso enseñar10 que los graves y los leves no se mueven por sí mismos del modo en que los animales, a saber con movimiento espontáneo y progresivo, no empero que quisiera negar que en absoluto son movidos por otro, pues dice que se mueven por su propia naturaleza.
Segundo responden que dijo el Filósofo que los graves y los leves son movidos por el generante por cierta atribución, no como por movente próximo y per se. Pues del mismo modo dijo que son movidos por el que remueve lo que prohíbe, al cual con todo no se atribuye este movimiento sino por cierta atribución, y así Aristóteles no asigna aquí el principio próximo del movimiento de los graves, sino el remoto.
Pero la primera solución se desvía del todo del intento de Aristóteles. Pues como él mismo intente probar que todo lo que se mueve es movido por otro, cuando dice que los graves y los leves no se mueven por sí, sino por otro; si solo se inteligie que no se mueven por sí con movimiento espontáneo, bien empero con otro movimiento que sea desde lo intrínseco, ergo de esto solo podía inferir que todo lo que se mueve no es movido por otro con movimiento espontáneo, no empero que absolutamente es movido por otro y no por sí mismo, cuando con todo absolutamente dice el Filósofo que todo lo que se mueve es movido por otro, y que los graves y los leves no se mueven por sí mismos. Además, porque los vivientes no solo se mueven por sí mismos en el movimiento espontáneo, que pueden detener cuando quieren, sino también en el movimiento del todo natural, que no pueden retener, como en el movimiento de nutrición y de aumento y otros semejantes. Ergo no probó suficientemente Aristóteles que los graves y los leves no se mueven como vivientes y por sí mismos, si solo inteligie que no se mueven por sí mismos con movimiento espontáneo, sino que excluyó una y otra cosa, a saber que no se mueven con movimiento espontáneo ni con otro movimiento por sí mismos, como con el de aumento, etc. Que, empero, diga el Filósofo que se mueven por su propia naturaleza también los leves, no inteligie que se mueven por sí mismos, sino naturalmente y no violentamente.
La segunda solución, empero, es levísima, ya porque ser movido por el generante como por principio remoto y por cierta atribución también conviene a los vivientes, porque reciben del generante la virtud de moverse a sí. Ergo si solo por esta razón se atribuye al generante el movimiento de los graves y de los leves, porque los graves y los leves reciben la virtud del generante para que se muevan a sí, ninguna diferencia pondría Aristóteles entre los graves y los leves y los vivientes, cuando con todo dice que no se mueven por sí mismos, porque esto es propio de los animados. Ya también, porque el intento de Aristóteles no era probar que todas las que se mueven son movidas por otro por cierta atribución y como por principio remoto, puesto que lo prueba por inducción en las que son movidas por otro como por principio próximo, como en las que se mueven violentamente y en los vivientes. Ergo insuficientemente dejaría probado Aristóteles aquel principio, si en los graves y en los leves no probara que son movidos por otro solo remotamente y por cierta atribución, ni debería decir que todo lo que se mueve es movido por otro, sino que tiene la virtud de otro para que sea movido; esto, en efecto, es ser movido por otro como por principio remoto, lo cual con todo no dijo Aristóteles.
Y EL FUNDAMENTO DE ESTA SENTENCIA está en dos cosas: Primero, cuanto a la parte negativa, que no se muevan por sí; segundo, cuanto a la positiva, que sean movidos por el generante.
Que no se muevan por sí, la razón del Filósofo lo muestra suficientemente. Primero, porque moverse por sí es propio de los vivientes. En esto, en efecto, precisamente se distinguen los vivientes de los no vivientes, porque se mueven a sí y no solo por otro. Y entonces se dice que algo carece de vida cuando ya no se mueve a sí, como óptimamente muestra Santo Tomás 1. p. q. 18. art. 1. Y consta que los vivientes no solo se mueven a sí con movimiento progresivo, lo cual solo conviene a los animales más perfectos, sino también con movimiento de vegetación y de nutrición, como conviene a las plantas; y así cualquier movimiento por sí basta para la razón de vida.
Además también, porque en la piedra, v. g., todas las partes son de la misma razón y virtud, ni hay una movente y otra movida, como es necesario en las que se mueven a sí, como prueba el Filósofo en este libro cap. 5.11 De otro modo la misma parte sería a la vez movente y movida en acto y en potencia respecto de lo mismo, contra lo que se ha probado en la cuestión precedente. Ni basta distinguir la materia y la forma, de suerte que la materia sea la parte movida y la forma la parte movente, porque la materia sola no es capaz de movimiento estrictamente dicho, como por el Filósofo in 5. Phys.12 prueba el D. Tomás in 2. dist. 14. q. 1. art. 3.13 y q. 22. de Veritate art. 3.14 y 3. Contra Gent. cap. 22.; respecto, empero, de la mutación substancial es movida por el generante. La forma, empero, es principio quo de mover, no empero motor, sino que tenga anejas partes orgánicas. Por cuya razón dice el Filósofo en este libro cap. 4.,15 que el alma es parte movente, a saber mediante las partes orgánicas.
Cuanto a la parte positiva, empero, a saber que el motor de los graves y de los leves sea el generante, de esto se deduce: porque aquello que se adquiere por el movimiento en los graves y en los leves es el estar en un lugar y sitio determinado en el universo, lo cual se debe a cada uno según su propia naturaleza; al más perfecto, en efecto, se debe el lugar superior y al inferior el inferior. Por lo cual esto mismo debe darlo el que genera la naturaleza, pues se le debe en virtud y propiedad de la naturaleza y en el instante mismo de la generación. La cosa, en efecto, se genera con sus propiedades y accidentes inseparables, como la cosa se genera con el color y la figura y las demás disposiciones; ergo también se le debe alguna situación y ordenación en el universo según su propia naturaleza.
Hay, empero, esta diferencia entre los vivientes y los no vivientes: que la disposición propia y natural de los vivientes es estar en movimiento, de suerte que lo mismo es para el viviente la muerte que la carencia de todo movimiento por sí. La disposición natural, empero, de los no vivientes es descansar, y ser removido de la quietud es ser removido de la disposición natural. De donde el acto propio del grave y del leve es estar abajo o arriba, como dice el Filósofo en este cap. 4. texto 32.16 y allí el D. Tomás lect. 8.17 Y por tanto la gravedad y la levedad se dan primero y per se para descansar en el lugar, no para mover. Pero porque el descansar mismo es cierta propiedad y pasión de la naturaleza o al modo de propiedad, por eso atañe al complemento de la generación obtener la quietud, como obtener las otras partes y propiedades de la naturaleza, si no obsta algún impedimento. Y como nada se genera a sí, por eso obtener tal quietud no atañe al grave mismo, sino a aquello por lo que es generado, de suerte que la tendencia misma a la quietud o el movimiento a ella, cuantas veces el grave es removido de tal disposición natural, es cierta parte de la generación y complemento de ella, lo cual, como rectamente dijo Cayetano 1. p. q. 18. art. 1.,18 es muy de notar para la materia de los graves y de los leves, pues de allí pende toda la inteligencia de aquella. Pues19 cuantas veces se impide la pasión propia permaneciendo la forma en el sujeto, tantas veces, quitado el impedimento, resulta en virtud de aquella generación por la que primero fue producida, porque en virtud de aquella se debe, como quitado un punto en la línea resulta otro, y quitada la subsistencia del Verbo resulta la propia en la humanidad de Cristo. Que si por la ablación de la pasión propia o de su movimiento la forma no permanece en el sujeto, por esto de que se remueven las disposiciones requeridas, no es de extrañar que ya no resulte aquella pasión, como impedido el movimiento del corazón no resulta de nuevo, porque muere el animal y no permanece en él la forma de la que resulte.
Así, pues, el movimiento en el grave y en el leve es emanación de la quietud, y20 la emanación misma, cuando está fuera del lugar propio y fuera de la quietud, es tendencia a la quietud en el lugar que se le debe, la cual emanación virtualmente es la primera generación misma y su complemento. Pero con todo aquella quietud, cuando se da en el lugar propio en el primer instante mismo de la generación, resulta sin movimiento por simple emanación; si, empero, la cosa está fuera del lugar propio, se da por remoción del contrario y quitando el término a quo, y por tanto por movimiento. Aquella generación, en efecto, en la atingencia de las pasiones puede tener fuerza de movimiento, en cuanto no solo puede dar la propiedad misma, sino remover de lo opuesto por lo que es impedida o en lo que se halla. Y lo mismo de lleno es en la reducción del agua a la frialdad connatural, si ha sido quitada. Aquella21 reducción y emanación del frío, en efecto, tiene fuerza de alteración.
SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.
Pero dirás primero: Que esta razón nuestra se insta en muchas otras acciones que también atañen a la disposición natural y a la perfección de la cosa, y con todo no se atribuyen al generante. Pues en los vivientes el movimiento de aumento y de nutrición y de respiración, y en los no vivientes la calefacción del fuego y la generación de otro, la atracción del hierro por el imán y semejantes atañen a la perfección de ellos, ni22 con todo se dan por el generante.
Segundo, porque el movimiento del corazón, la primera intelección y la volición no son del generante, ya porque son actos vitales y consiguientes de un principio intrínseco, no de fuera; ya porque no son por emanación como las pasiones propias, de otro modo a la acción se daría acción y al movimiento movimiento, y de los primeros actos mismos del intelecto y de la voluntad es claro que por emanación de la esencia no pueden ser, sino por verdadera eliciencia; ya finalmente porque el movimiento del corazón no se da en el primer instante, pues en el instante no hay movimiento; ergo no es del generante; solo, en efecto, atribuye el generante aquello que conviene en el primer instante.
Tercero, porque se da un principio elicitivo de este movimiento en el grave, a saber la gravedad misma, mediante la cual es movido. Ergo no dimana el movimiento como pasión propia, porque para la dimanación la substancia no exige una cualidad media por la que obre como por principio.
Al primero SE RESPONDE que el aumento y los restantes movimientos naturales son ciertamente perfecciones, pero no pasiones propias de las cosas mismas ni adquisiciones de pasiones propias. De donde en ellos no se consuma la generación ni la naturaleza engendrada, y así no se atribuyen al generante, sino que se adquieren por lo engendrado.
A la segunda instancia se responde que todos aquellos movimientos son del generante como de movente, como del movimiento del corazón enseña el D. Tomás 1. 2. q. 17. art. 9. ad 2. y opúsc. 35.23 y del primer movimiento del intelecto y de la voluntad, por el que es movido por Dios, 1. p. q. 18. art. 3. y q. 13. art. 5. y 1. 2. q. 9. art. 4. El primer movimiento, en efecto, del intelecto y de la voluntad, porque es acerca del fin, se ha como el movimiento del corazón, porque respecto del fin en común nunca falta o peca; respecto, empero, del fin en particular, si falta, es pecado mortal como carencia de vida. Pero con todo aquellos actos o movimientos, aunque sean de un movente extrínseco, son con todo de un principio intrínseco que elicita, porque son actos vitales. De donde no se han como pasiones propias, que de tal modo dimanan que se hacen por sola la acción del generante, de suerte que el sujeto mismo al que convienen se ha meramente pasivamente; y por eso el movimiento del corazón solo es llamado por el D. Tomás accidente que se sigue per se a la vida in 1. 2. q. 17. cit. Atañe, con todo, al generante dar tal accidente o movimiento a lo engendrado mismo, porque aquel primer movimiento se requiere per se para constituir al viviente en el estado propio de viviente, que es estar en movimiento y no en pura quietud. Pero porque está en movimiento, no moviendo de cualquier modo, sino moviendo para que se mueva a sí y para que obre, por consiguiente no es del viviente mismo meramente pasivamente, de suerte que el que recibe aquel movimiento nada en absoluto obre, sino elicitivamente por un principio activo, porque es acto vital. Pero porque es acto vital de tal viviente que tiene la vida participada de otro y dependiente de otro o movida por otro, por eso en aquel acto y primer movimiento es movido por un principio extrínseco, pero es movido para que mueva y para que obre. De lo cual el D. Tomás 1. p. q. 105. art. 4. ad 2. y q. 83. art. 1. ad 3. y q. 18. art. 3.
Y si dijeras: Porque por la misma razón el primer movimiento del fuego a calentar debería ser del generante, porque con el ímpetu mismo de la naturaleza emite el calor, y atañe al generante no solo dar las pasiones propias, sino también los accidentes concomitantes: Se niega la consecuencia, porque el movimiento del fuego a calentar no atañe a constituir la naturaleza ni a perfeccionarla en el primer estado mismo de la naturaleza, porque el fuego por la calefacción no se mueve a sí, sino a otro distinto de sí; la naturaleza, empero, es principio de movimiento no de otro distinto de sí, sino de aquello en que está.
El primer movimiento, empero, del viviente es movimiento a moverse a sí, y así atañe al estado mismo de la naturaleza, porque debe constituirse la naturaleza en razón de principio de movimiento en sí mismo. El principio, empero, de movimiento no es solo la forma y la virtud de obrar como en potencia, sino como movida a obrar. Y así atañe al generante mismo constituir a lo engendrado en razón de principio movido para que mueva, por esto de que el primer movimiento no supone otro anterior en él mismo por el que alguno se mueva a él, y así debe ser de un principio extrínseco. Los restantes movimientos, empero, que de allí se siguen no se atribuyen al generante, porque no atañen al primer estado mismo y a la generación de la naturaleza ni se han como accidente que se sigue a la naturaleza, sino que atañen a la perfección o adquisición de algo sobreañadido a la naturaleza ya perfecta. Y a todos estos movimientos es movido el animal desde el primer movimiento del corazón, ya sean alteración ya aumento, porque todos se hacen por los espíritus vitales que emanan del corazón.
Que, empero, se diga que a la acción y al movimiento no se da acción y emanación, se responde que el movimiento y la acción verdaderamente emanan, porque se hacen por sí mismos y no por otra acción. Y así, si es acción que atañe al primer estado de la naturaleza, se sigue a la naturaleza producida en virtud de la generación misma: en los graves ciertamente y en los leves, porque el movimiento mismo es emanación de la colocación y situación en el lugar propio. Y si se hace con expulsión del lugar opuesto, será propiamente movimiento desde el contrario. Ni24 repugna que la emanación de la pasión propia sea también movimiento, si se hace con expulsión de su contrario; así, en efecto, el tránsito es de positivo a positivo. En los vivientes, empero, el movimiento mismo no es emanación de alguna pasión propia, sino que es acción elicitada por el viviente mismo dependientemente del generante mismo y de la generación, en cuanto produce al viviente de tal modo actuado que elicite aquel primer movimiento por el que se constituye en razón de principio movido que se mueve a sí. Y por eso, si el generante no es deficiente, aquel primer movimiento del corazón o de la voluntad no puede ser deficiente. ¿Qué, empero, produce aquella acción? Se responde que en el corazón produce el ubi o una mutación de lugar semejante al movimiento local del cielo, como dice Santo Tomás opúsc. 35.,25 por esto de que es continuo y por modo de conversión o trepidación; en el intelecto, empero, produce el concepto; en la voluntad el término de la espiración o del amor, esto26 es aquel impulso que produce el amor.
Que, empero, se diga que no se da el movimiento del corazón en el primer instante de la generación, se responde que no se da entonces formalmente e intrínsecamente, sino iniciativamente extrínsecamente, porque el movimiento comienza por el último no ser.
A la tercera instancia se responde que pide aquel cuarto dicho puesto arriba, cómo la gravedad sea principio del movimiento. Pues el principio intrínseco, que es la forma substancial y la gravedad, alguna vez es llamado por Santo Tomás principio pasivo, como 3. p. q. 32. art. 4. e in 1. de Caelo lect. 3.27 Más aún, en este libro 8. lect. 8.28 no solo afirma esto, sino que añade «ser contra la intención del Filósofo que en la materia haya un principio activo, que algunos dicen ser necesario para que haya movimiento natural; basta, en efecto, que haya uno pasivo, que es la potencia natural al acto». Puede verse también 1. 2. q. 6. art. 5. ad 2. y 3. Contra Gent. cap. 22. Lo cual de paso ha de advertirse contra Vázquez29 y otros, que niegan al principio pasivo la razón de naturaleza, como arriba q. 9.30 vimos. Que, empero, en los graves y en los leves haya un principio activo del movimiento, lo afirma expresamente q. 5. de Potentia art. 5.31 y 4. Contra Gent. cap. 97. y 1. 2. q. 36. art. 2. e in 2. dist. 18. q. 1. art. 2. al fin del cuerpo32 y en otras partes a menudo.
La verdad, con todo, es que «activo» alguna vez se toma por el principio formal, ya sea principio de emanación ya de acción, alguna vez se toma por el principio efectivo y movente. Y esto por esto, porque «pasivo» se opone tanto a la forma cuanto al agente, y por eso «activo» se toma de uno y otro modo. En los graves, pues, se da un principio activo formal y por modo de emanación, no empero activo por modo de movente, o en una palabra: se da un principio activo ut quo, no ut quod.
La cual resolución se toma del D. Tomás in 2. dist. 14. q. 1. art. 3.,33 donde dice «que en el movimiento de los cuerpos simples, aunque la forma natural sea principio del movimiento, no es empero el motor, sino que el motor esencial es el que genera, que dio la forma, y el accidental es el que remueve lo que prohíbe, como se dice 8. Phys.».34 De donde en aquellos lugares en que afirma que hay un principio pasivo, niega el D. Tomás que se dé un principio activo por modo de motor,35 por el que a saber36 se constituya movente del modo en que en los vivientes se da un principio activo al movimiento; y así toma «activo» por el motor, no37 por la razón y virtud de mover dejada por el generante, como principalmente puede verse 1. de Caelo lect. 3.38 y 2. de Caelo lect. 2.39 y en otros lugares. Cuando, empero, dice que hay en ellos un principio activo de su movimiento, habla del principio intrínseco de emanación y comparativamente al cielo, en el cual no se halla un principio activo del movimiento, ni por modo de motor ni de movimiento, sino que puramente lo recibe del movente y del que impele extrínseco. Los graves, empero, y los leves, sin un que impele extrínseco, por la forma que tienen del generante se mueven por modo de emanación, por la que tienden a la situación propia en el universo.
Y si dijeras: ¿Por qué, pues, se requiere la gravedad y la levedad para tal emanación, puesto que la substancia por sí misma es principio suficiente de emanación, no empero que requiera cualidades sobreañadidas para la emanación, sino para la acción propia?
Se responde que también en la emanación misma de las pasiones emana una mediante otra, como la voluntad mediante el intelecto, lo risible mediante lo admirativo, de lo cual Santo Tomás 1. p. q. 77. art. 4. y 7. El movimiento, empero, y la quietud en el lugar originan en los graves y en los leves mediante la cualidad que es la gravedad y la levedad, porque el lugar no conviene inmediatamente a la substancia misma, sino o mediante la cantidad, cuanto a la extensión y situación, o mediante la cualidad, cuanto a la razón de lugar natural y conservativo; esto, en efecto, pende máximamente de las cualidades. Estar, empero, arriba o abajo según la inclinación natural conviene a alguno según que en tal sitio se ha convenientemente a su conservación. De donde la gravedad y la levedad no son virtud primero y per se motiva; ni, en efecto, se dan al grave y al leve para obrar primero y per se, sino para descansar y existir en el lugar, porque la perfección de tales cuerpos no está en obrar, sino en descansar; la de los vivientes, empero, está en obrar. Y así dijo el Filósofo en este libro texto 32.,40 que el acto del grave es estar abajo. Secundariamente,41 empero, y por consiguiente se da para mover, porque se da para que de él emane la locación y situación en el universo, y así la emanación desde el lugar distante al propio es movimiento.
Finalmente objetarás por la primera sentencia que, aunque pueda inteligirse que en el primer instante de la generación el grave es movido por el generante, con todo cuando después, puesto un impedimento, se interrumpe la generación y de nuevo se mueve el grave, es preciso que haya otra acción distinta de la generación, y entonces ya no está el generante. Ergo no puede elicitarse de aquel tal acción. Ni basta poner la virtud del generante para que mediante aquella se diga que el generante mueve, porque resta la dificultad de cómo esta virtud y por quién es movida para que de nuevo empiece a obrar, porque toda virtud obra como42 movida. Y aunque sea la misma dificultad en cualquier pasión propia, cuando después del impedimento de nuevo dimanada del sujeto, puesto que la emanación no se distingue de la acción del generante, con todo tiene especial dificultad en el movimiento de los graves y de los leves y en la reducción del agua al frío, porque aquí interviene un verdadero y propio movimiento de contrario a contrario. Todo movimiento, empero, en acto requiere que el movente de nuevo se excite a obrar, y no solo que virtualmente sea movido. Decir, empero, que la gravedad es principio pasivo del movimiento es mayor complicación, porque resta entonces inquirir por qué virtud activa es movido este principio pasivo. Si, en efecto, es movido por el generante, por él mismo debe ser movido activamente este principio pasivo, y como el generante no está por sí mismo presente al grave que es movido, debe dejar en él alguna virtud activa. De donde quitar todo principio activo también de emanación en el grave es quitar que sea movido por el generante en ausencia.
SE RESPONDE que el D. Tomás 4. de Caelo lect. 2.,43 donde luculentamente trata esta cosa, se inclina a aquella parte: que cuando el grave se genera fuera de su lugar y se mueve al lugar propio, entonces aquel movimiento es inmediatamente del generante, en cuanto da la forma a la que compete estar abajo; el principio activo mediato, empero, de tal movimiento es la gravedad, lo cual también afirma 1. 2. q. 23. art. 4. Si, empero, el grave después de la generación misma y de adquirida su forma, quitado el impedimento, se mueve, entonces el generante no es el movente próximo, sino que el grave mismo es el que próximamente se mueve a sí. Ni es inconveniente que el mismo sea movente y movido por accidente, aunque sea imposible que lo mismo sea movido por sí primero y per se.
Por lo demás, aquella autoridad no es del D. Tomás, que no interpretó el libro 4. de Caelo, sino que en 3. de Caelo lect. 8. se terminan los comentarios del D. Tomás; lo restante, empero, fue añadido por Pedro de Alvernia. Por lo cual el D. Tomás in 3. de Caelo lect. 7. hacia el fin44 enseña contra Averroes que la forma del grave y del leve no es principio activo por modo de movente y como agente del movimiento, sino como aquello quo el movente mueve; pero el movimiento de los graves y de los leves procede del generante inmediatamente. Y expresamente impugna a Averroes, que decía que el cuerpo grave y leve se mueve a sí por accidente, como el nauta que mueve la nave, por cuyo movimiento él mismo es movido.
Ha de decirse, pues, que el movimiento de los graves y de los leves siempre es del generante, ya se haga al principio de la generación ya después, cuando quitado el impedimento de nuevo se mueve el grave, porque siempre es emanación de la pasión propia, a saber de la colocación y quietud en el lugar propio. Y aunque al principio la generación primera cese y se interrumpa formalmente, con todo permanece virtualmente, porque permanece la virtud misma de la generación por la que el generante generaba, en cuanto permanece la forma engendrada impedida en su complemento y pasión propia. El generante, empero, no atinge las pasiones propias inmediatamente, sino mediante la forma a la que convienen y se conectan. Como, empero, dice el Divino Tomás q. 3. de Potentia art. 11. ad 5.,45 «lo engendrado tanto tiempo es movido por el generante en los graves y en los leves cuanto retiene la forma a él tradita por el generante, como el instrumento se inteligie movido por el agente principal cuanto retiene la virtud impresa por el agente principal. Es preciso, empero, que el movente y lo movido estén a la vez cuanto al principio del movimiento, no empero cuanto a todo el movimiento, como aparece en los proyectados». Así el D. Tomás. Por lo cual, no siendo la virtud dejada por el generante otra cosa que la forma de lo engendrado, para que se perfeccione la generación en las que tienen conexión con la forma misma, cuantas veces se impide esta virtud para que no se explique en tal emanación de la pasión propia, quitado el impedimento de nuevo se explica con una emanación ciertamente nueva, pero con la misma virtud que pide aquella nueva instauración y explicación de la emanación, cuantas veces de nuevo se impide y se quita el impedimento. Ni para esto necesita de nueva excitación y movimiento, porque ya de suyo está determinada a que, quitado el impedimento, emane de nuevo la pasión propia por la conexión necesaria y debida de la pasión propia con la naturaleza engendrada ya movida por el generante cuando primero fue atingida; se ha hecho, en efecto, como determinada a esta pasión. Ni es otra la virtud del generante que permanece en lo engendrado que la forma misma generada, como dice el D. Tomás, en cuanto tiene conexión con su pasión propia, y para tal emanación de nuevo no se requiere nueva moción o determinación, sino la ablación del impedimento. Véase también para esto el D. Tomás 5. Phys. lect. 3.,46 donde enseña que una nueva relación surge en virtud de la acción que pone el fundamento en el que la relación se contenía virtualmente, pero se explica puesto el término sin nueva acción y mutación.
Pero dirás: Si aquel movimiento es emanación de la pasión propia, ¿por qué es más veloz al fin que al principio, y no siempre igual? Responde el D. Tomás 1. de Caelo lect. 17. hacia el fin47 que es por esto de que el grave, cuanto más desciende, tanto más se conforta su gravedad por la proximidad al lugar propio. Así, pues, la emanación de la pasión propia o es instantánea, si aquello que dimanada está intra el sujeto mismo, o si mira algo extra en lo que esté, puede48 tener razón de movimiento sucesivo, que tanto es más vehemente cuanto más próximo a aquello, porque entonces tiene mayor conveniencia y conjunción con aquello; de donde la inclinación y el apetito a aquello, que se fundan en tal conveniencia, se confortan y se hacen mayores.
Ni, con todo, vale si dijeras que de este modo, si la piedra empieza a moverse cerca del centro, tendrá un movimiento más veloz que si empieza a moverse desde lejos, cuando con todo al principio aquel movimiento no es tan veloz. Se responde, en efecto, que la vehemencia de la velocidad no se toma de la proximidad de lugar a lugar, sino de la proximidad de la emanación a la quietud. Cuando, en efecto, empieza la emanación a descansar y se prolonga, tanto cuanto más se aproxima, tanto es más veloz. Que, empero, empiece desde un lugar más o menos distante del centro es por accidente para esto, que tenga mayor velocidad por esto de que empieza desde tal lugar.
Articulus II: CON QUÉ FUERZA SE MUEVAN LOS PROYECTADOS
Tres son las dificultades que han de tratarse brevemente: Primera, si se da un impulso que mueva lo proyectado y qué sea; segunda, cómo se corrompe tal impulso; tercera, cómo se hace el movimiento reflexo cuando resile lo proyectado.
PRIMERA DIFICULTAD.
Acerca de lo primero MUCHOS DE LOS ANTIGUOS dijeron que el movimiento de los proyectados es el aire que por detrás impele la cosa proyectada, los cuales padecen la misma dificultad en asignar con qué fuerza es movido el aire, como advierte Aristóteles en este libro cap. 10.1 Negó, empero, que se dé una cualidad impulsiva Pereira libro 14. Phys. cap. 5. por las dificultades que se hallan en afirmarla, y por ciertas autoridades de Aristóteles que parecen atribuir al aire el movimiento de los proyectados.
Las dificultades son que no aparece cuál sea esta cualidad y de qué especie, pues ora tiene fuerza de levedad tendiendo hacia arriba, ora de gravedad hacia abajo, ora de ninguna tendiendo a las partes circunstantes. ¿Cómo, empero, puede una cualidad causar tantas diversidades de movimientos? Segundo hay dificultad de cómo se corrompe esta cualidad, pues no se le asigna un contrario por el que sea destruida.
Las autoridades, empero, del Filósofo están in 4. Phys. texto 68.,2 donde dice que los proyectados no pueden moverse por el vacío, porque no hay aire por el que sean llevados. Ítem en este libro 8. texto 82.3 dice que los proyectados se mueven en cuanto una parte del aire mueve a la vecina y aquella a otra, hasta que llega a lo proyectado y lo lleva. Y in 3. de Caelo texto 28.4 dice que el movimiento violento usa el aire como instrumento; que si no hubiera aire, no habría movimiento violento. Y finalmente en otros muchos lugares atribuye al aire el movimiento de los proyectados, no a un impulso impreso en la cosa proyectada, como en el libro de Insomniis cap. 2.5 y en los Problemata sect. 11. probl. 6.6 y en otros lugares.
Finalmente Santo Tomás 3. de Caelo lect. 7.7 dice «que no ha de inteligirse que la virtud del motor imprima a la piedra en el movimiento violento alguna virtud por la que sea movida, como la virtud del que genera imprime a lo engendrado la forma a la que se sigue el movimiento natural».
NO OBSTANTE, esta cualidad o fuerza impulsiva no puede negarse absolutamente hablando, ya se reciba en el aire movente ya en lo proyectado mismo. El aire, en efecto, concitado e impulsado necesita de alguna fuerza impresa para que se concite; ergo la misma dificultad hay en esta sentencia acerca de esta cualidad impresa al aire o impresa a lo proyectado. Y Aristóteles abiertamente confiesa tal fuerza en el lugar mismo citado de este libro 8. texto 82.,8 cuando dice que entonces cesa el movimiento de los proyectados cuando se imprime una fuerza menor de mover.
Y en la sentencia del D. Tomás no puede negarse esta virtud impulsiva no impresa por modo de permanente, sino por modo de transeúnte, como habla in quaest. de Anima art. 11. ad 2.9 «La virtud», dice, «que está en el semen por el padre es virtud permanente desde lo intrínseco, no fluyente desde lo extrínseco como la virtud del movente que está en lo proyectado». Y q. 3. de Potentia art. 11. ad 5.10 dice «que el instrumento se inteligie movido por el agente principal cuanto retiene la virtud impresa por el agente principal; de donde la saeta tanto tiempo es movida por el que proyecta cuanto permanece la fuerza del impulso del que proyecta». Así, pues, que del que proyecta proceda alguna fuerza que efectúe este movimiento en las cosas proyectadas, ya se les imprima inmediatamente ya mediante el aire, ni en la sentencia de Aristóteles ni en la del D. Tomás puede negarse, pues Aristóteles en el lugar citado11 dijo «que aquello que primero mueve hace que el aire o el agua o algo de este modo, que sea apto para ser movido y para mover, pueda mover».
Y LA RAZÓN es manifiesta, pues aquel efecto, a saber el movimiento local de la cosa proyectada, debe provenir de alguna fuerza, no de sola la virtud que inhiere en el que proyecta, porque esta dista de lo proyectado y no puede obrar en lo distante sin ninguna virtud comunicada a aquello en que obra el efecto; de otro modo aquella virtud podría obrar en lo distante sin comunicación de virtud, y podría mover a cualquier distancia. Se requiere, pues, alguna virtud emitida fuera del que proyecta para que obre, como también al hacha se le comunica alguna fuerza para que corte de tal o tal modo, la cual de suyo no tiene y participa del movimiento del artífice.
Si, empero, esta virtud o impulso se reciba en la cosa proyectada misma o en el aire que la lleva, no es cuestión de tanto momento. Parece, empero, recibirse en uno y otro. Pues las palabras citadas del D. Tomás significan que el impulso se recibe en la saeta misma. E in 3. de Caelo lect. 7.12 dice «que el aire es más susceptible de esta impresión que la piedra», lo cual es atribuírsela a uno y otro. Y ciertamente que es mucho ayudada por el aire concitado, tanto para que sea llevada la cosa proyectada cuanto para que no caiga, lo enseña el mismo Aristóteles 4. Phys. texto 68.,13 aunque por la sentencia de otros parezca hablar; refiere, en efecto, que otros lo dicen. Y en el lugar citado del 3. de Caelo enseña él mismo14 y el D. Tomás15 «que el aire es instrumento del movimiento violento». Parece también ser ayudada aquella experiencia, como advierte Santo Tomás 2. de Caelo lect. 8.,16 porque la cosa impelida no es llevada con tanto ímpetu al principio, ni hiere así la cosa próxima como la un tanto distante, porque el aire no concita así varias partes al inicio del impulso como un poco después. Por lo demás, no solo al aire se imprime este impulso, como si se requiriera para el movimiento violento de lo proyectado que sea movido por un que impele extrínseco, cual es el aire. Resta, en efecto, la misma dificultad acerca del aire distante, que es el que lleva lo proyectado distante y también es movido violentamente, por qué otro extrínseco es movido, pues dista lejos del que proyecta. Ni aparece cómo solo el aire pueda ser causa de un movimiento vehementísimo, como el del globo emitido por la bombardera, o cuando la rueda se concita vehementísimamente, por qué también una cosa dura y sólida, como la piedra, es llevada más vehementemente por el impulso, más lánguidamente empero la pluma u otra cosa blanda. Cuando con todo, si solo por el viento es llevada, al contrario debería ser.17 Es, pues, signo de que el impulso no se recibe solo en el aire como un viento para que lleve la cosa proyectada.
Al primer FUNDAMENTO OPUESTO se responde que hay muchas otras cualidades motivas además de la levedad y de la gravedad, como el imán mueve a sí el hierro, el ámbar las pajas y otras semejantes. ¿Por qué, pues, negaremos que se dé un impulso que sea una virtud impresa por el animal como instrumento suyo? Y por eso puede tener movimientos tan diversos como la virtud misma del animal, cuyas veces hace, como participación de ella, aunque también, hecha alguna compresión o disposición de los cuerpos, pueda resultar de un movimiento natural algún impulso o movimiento contra la inclinación propia, lo cual comúnmente acontece por algún impedimento que oblice el movimiento natural o por el vacío, para que no se dé.
¿A qué especie, empero, atañe el impulso? Algunos, como el Mag. Soto aquí 8. Phys. q. 3. concl. 2., lo reducen a la primera especie, porque admite más y menos y puede tener contrario. Otros lo reducen a la segunda especie, porque es virtud instrumental participada de la potencia motiva; reduce, empero, el D. Tomás la fuerza instrumental a la especie de la potencia a la que sirve, 3. p. q. 63. art. 2. En estas, empero, que solo reductivamente miran a alguna especie, no repugna que falten de alguna perfección o condición de ella; por eso, en efecto, solo reductivamente atañen, porque no perfectamente, y así puede admitir más y menos tal virtud instrumental, aunque no la potencia misma a la que ministra. Y así esto es probable.
Y si dijeras: Ergo en el impulso se da movimiento de alteración, porque es productivo de cualidad: se responde que propiamente no es alteración, porque la alteración no es a una cualidad instrumental y que sirve por modo de moción, sino a una cualidad que dispone la materia o que termina el movimiento por modo de pasión o de cualidad pasible, como prueba el Filósofo libro 7. cap. 3.18
A la segunda dificultad responderemos al punto cómo se corrompe el impulso.
A las autoridades del Filósofo se responde que él mismo no niega el impulso, que abiertamente confiesa, sino que enseña que se imprime al aire y mediante él a la cosa proyectada, porque, como dice Santo Tomás 3. de Caelo lect. 7.19 el aire recibe más fácilmente el impulso que la cosa proyectada; no puede, en efecto, negarse al menos que el aire se concite por el impulso.
A la autoridad del D. Tomás se responde que solo niega a los proyectados una virtud por modo de permanente, no por modo de transeúnte, la cual por el D. Tomás más se llama movimiento que cualidad, a la que nombra virtud estable, como 1. 2. q. 110. art. 2.
SEGUNDA DIFICULTAD.
MUCHOS ESTIMAN que el impulso se corrompe solo por el contrario, no ciertamente por la gravedad substancial o habitual, sino por la accidental, que no es otra cosa que la gravitación o conato del grave a quitar el impedimento del descenso. Así el P. Vázquez 1. 2. disp. 81. cap. 3. n. 18., Montesinos 1. 2. disp. 34. q. 1.
Pero son urgidos estos autores por aquel argumento vulgar, porque el impulso no siempre se contraría a la gravedad o a la levedad, como consta cuando por el impulso la piedra se proyecta hacia abajo o el aire se empuja hacia arriba, en cuyo caso no hay doble movimiento, porque no se adquiere un doble ubi, hay con todo un doble principio de movimiento que conviene en uno, a saber el impulso y la gravedad, y con todo el impulso se evanece. Lo cual es patente, porque si se impele la piedra hacia abajo desde un lugar distante, no hace tanto al fin del movimiento cuanto en el medio. V. g. el globo emitido hacia abajo por un tormento bélico, languideciendo el ímpetu de la emisión y durando el movimiento de la gravedad, no hiere tan vehementemente. Es, pues, signo de que desiste el impulso con que impele hacia abajo, y no por la gravedad, pues no se contraría al movimiento con que es impelida hacia abajo.
Responde el P. Vázquez que en tal caso el impulso se corrompe por la tierra que toca, porque aquel impulso impreso a la tierra de algún modo la mueve, pues está librada por su peso como en balanza, y movida la tierra por su gravitación se contraría al impulso y lo destruye.
Otros responden que se corrompe por la resistencia de la tierra que impide el movimiento del impulso, como es impedido por un techo puesto arriba para que el impulso no transite ulterior; lo cual de cierto no es por un movimiento contrario, y así no explican por qué contrario se corrompe.
Por lo demás, aquella primera solución no puede sostenerse, porque la tierra no está librada por su peso como en balanza, sino como en el centro, donde perfectamente descansa y se funda sobre su estabilidad. De donde, si no la permea algún impulso y la eleva violentamente, no se mueve. Esto, empero, no puede hacerse por un pedrezuela o un grano que cae en la tierra o por cualquier otro peso. Más aún, como por toda parte a menudo caen algunas cosas en la tierra o andan sobre ella por toda parte, y con movimientos contrarios se movería la tierra hacia arriba y hacia abajo.
Añado que, habiendo en estos tiempos sido condenada por edicto de la Sede Apostólica de Paulo V cierta opinión de Copérnico y de otros acerca del movimiento natural de la tierra por modo de giración, de nuevo, como oí de personas dignas de fe, por Gregorio XV ha sido condenada la opinión del movimiento de la tierra de cualquier modo, también de libración, como contraria a los mismos lugares de la Escritura, como20 cuando se dice que la tierra permanece para siempre (Eccli. 1.21), y que fundó la tierra sobre su estabilidad, no se inclinará por el siglo del siglo (Ps. 103.22).
Además se insta contra una y otra solución cuando lo leve asciende movido por algún impulso o el grave desciende, y aquel impulso cesa antes de atingir la tierra o el cuerpo; entonces, en efecto, no se da ningún contrario ni algo que impida por lo que aquel impulso se corrompa; ergo no siempre se corrompe por el contrario.
POR LO CUAL HA DE DECIRSE que el impulso desiste como la luz y el sonido y otras cualidades transeúntes, que alguna vez se corrompen por los contrarios, alguna vez desisten por defecto de la causa que conserva, porque se dan por modo de transeúnte como el movimiento mismo.
Pero con todo la luz depende de la causa que conserva, a saber de lo luminoso, de tal modo que en su ausencia ni en instante dura, porque la iluminación se hace en instante y no por movimiento, de donde, cesando lo luminoso, desiste en instante. El impulso, empero, se da por modo de movimiento, porque se da por modo de virtud instrumental para mover algún cuerpo, y por eso dura algún tiempo en ausencia del motor; y como dice el D. Tomás quaest. de Anima art. 11. ad 2.23 y q. 3. de Potentia art. 11. ad 5.,24 porque aquella virtud es finita, mueve hasta una distancia determinada, y tanto tiempo es movido algo por el que proyecta cuanto permanece la fuerza del impulso del que proyecta. Por lo cual estas cualidades dadas por modo de transeúnte tienen de su naturaleza depender del agente principal como de conservante, o instantáneamente o según el movimiento. Si, empero, ocurre un movimiento opuesto o por la gravedad o por la levedad o por otra causa, por aquel se corromperá, como también la luz puede ser impedida por un opaco interpuesto, y no solo faltar por ausencia de lo luminoso.
Y si dijeras que el impulso no depende del que proyecta como de causa conservante, porque separado de él dura, se responde que el impulso separado del que proyecta, y no instaurado por él, dura por modo de transeúnte y por vía de corrupción, porque depende de él no instantáneamente como la iluminación, sino al modo sucesivo como el movimiento, y así aunque esté separado y no se continúe con el que proyecta, dura algún tiempo, pero no se conserva largo, porque de su naturaleza misma se da transeúntemente, y solo hasta una distancia determinada.
Y de aquí coliges cómo desiste el impulso. Pues si desiste por el contrario, desiste en instante extrínseco por el primer no ser, cuando es verdadero decir: «Ahora está puesto el contrario, y por consiguiente no hay impulso; inmediatamente antes era». Si, empero, desiste por defecto de la causa que conserva, porque llega hasta la última debilidad, desiste de modo semejante por el primer no ser, porque la cualidad hacia la disminución y el no grado desiste por el término extrínseco de parvedad, al cual no llega, y bajo aquel se halla, como dijimos arriba q. 8.25
TERCERA DIFICULTAD.
Acerca del movimiento reflexo HAY DUDA de quién cause el movimiento reflexo, si del cuerpo, v. g. de la pared de donde resile, o del que proyecta de donde comienza.
Ni, en efecto, parece poder ser causado por la pared, ya porque la pared permanece inmóvil y carece de fuerza impulsiva, y así no puede mover y de nuevo producir el movimiento, si allí falta el movimiento del que proyecta; ya porque, cuando la pelota, v. g., cae a la tierra y resile ascendiendo, aquel ascenso no puede ser causado por la tierra, pues le es contrario; ya porque no todos los cuerpos resilen, como el hierro o la piedra, si tocan un cuerpo duro; ergo aquella reflexión no es de la pared, sino de otra disposición del cuerpo impelido; ya finalmente porque la pelota tanto más vehementemente resile cuanto más fuertemente fue proyectada, pues esto del mismo modo siempre se ha.
Por el que proyecta, empero, no puede hacerse aquel movimiento reflexo, ya porque es movimiento contrario y discontinuo al anterior, pues en la pared se quiebra el ímpetu anterior; ya porque en la pelota que cae sin impulso en la tierra y resile se da el mismo movimiento reflexo, y no por el que proyecta; ergo por el cuerpo de donde resile.
SE RESPONDE que en el movimiento reflexo se hallan dos cosas, a saber aquello que per se mueve y causa el movimiento según sí, y aquello que refracta el movimiento y causa la reflexión, que se ha por accidente y causa el movimiento reflexo al modo en que por antiperístasis se causa mayor intensión en la cualidad opuesta o por la reverberación de la luz en otro cuerpo se causa luz y calor más intensos. Como, en efecto, cuando el frío circunda lo cálido, aquel calor repercutido por el frío revierte a lo cálido y lo intensifica, así también el movimiento directo, ya se haga por el impulso del que proyecta ya por el movimiento natural de la gravedad, si toca un cuerpo duro se refracta, y se hace un doble movimiento. Y aquel cuerpo duro es causa de aquel movimiento cuanto a la discontinuación y refracción, pero el que impele es causa de aquel cuanto a la substancia del movimiento, como el movimiento de la tibia curva cuanto a la oblicuidad es de la curvatura, cuanto a la substancia del movimiento vital es del alma que informa la tibia y allí modifica el movimiento.
Así el movimiento reflexo en cuanto está oblicuado y deficiente de lo directo es de la dureza del cuerpo que impide el movimiento directo; cuanto, empero, a la substancia del movimiento es del impulso del que proyecta o como de causa que mueve directamente y con su impulso toca el cuerpo duro, donde se oblicua y se modifica el impulso en movimiento contrario.
De donde Aristóteles en este libro 8. texto 32.26 cuando simplemente dice que el movimiento de la pelota no es de la pared, sino del que proyecta, se inteligie que es del que proyecta remotamente y cuanto a la substancia del movimiento, no cuanto a la oblicuidad y refracción de aquel.
Al primer FUNDAMENTO OPUESTO se responde que la pared donde se hace la reflexión está inmóvil y carece de fuerza impulsiva cuanto a impeler y mover per se, no cuanto a resistir e impedir el movimiento directo y causar el reflexo por accidente. Para esto, en efecto, no se requiere una fuerza que impela, sino que impida. Ni se requiere que la pared esté movida, sino atingida por el movimiento directo mismo, como el frío circunstante causa el calor por accidente y el cuerpo opaco la refracción de la luz por multiplicación y división de ella.
Al segundo se dice que cuando la pelota cae a la tierra y se flexiona ascendiendo, aquel ascenso es por accidente de la tierra, porque no es de aquella en cuanto ascenso, sino en cuanto movimiento oblicuo y refractado de lo directo, como cuando el agua calentada es circundada de frío se hace más cálida por antiperístasis, no porque el calor se haga por el frío, sino porque es refractado por aquel, y por consiguiente se multiplica volviendo al calor del agua. Por accidente, en efecto, no repugna que se haga un efecto opuesto de alguna cualidad refractando u oblicuando su movimiento.
Al tercero se responde que para la refracción se requiere alguna disposición en el cuerpo que resile, a saber que sea de tal densidad o alisamiento y semejantes, las cuales si faltan no se hace el movimiento reflexo, no por defecto del que mueve o del que refracta, sino por defecto de la disposición requerida, como la luz no se refracta en todo cuerpo ni el frío circunstante siempre hace antiperístasis en27 lo cálido, como diremos en los libros De generatione.28
Al último se responde que el movimiento reflexo más vehemente se causa presupositivamente por el movimiento directo más vehemente, estando el mismo cuerpo duro, porque entonces se hace mayor refracción del movimiento y por consiguiente en la reflexión también se halla mayor ímpetu, porque con la misma fortaleza con que salió del que proyecta es refractado por lo repercutido.