Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Quaestio XV: DEL INFINITO
Articulus I: QUÉ SEA EL INFINITO, Y EN QUÉ ESTÉ EL PUNTO DE LA DIFICULTAD
Articulus II: SI IMPLIQUE DARSE EL INFINITO EN ACTO SEGÚN LA CANTIDAD O LA INTENSIÓN
Articulus III: SE DESPACHAN LAS DIFICULTADES Y ARGUMENTOS CONTRA NUESTRA SENTENCIA
Liber III: ACERCA DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DEL LUGAR, DEL VACÍO Y DEL TIEMPO
Quaestio XVI: DEL LUGAR Y DEL UBI
Articulus I: QUÉ SEA EL LUGAR EXTRÍNSECO Y SU INMOVILIDAD
Articulus II: QUÉ SEA EL UBI O LUGAR INTRÍNSECO
Articulus III: SI A TODOS LOS CUERPOS CONVENGA ESTAR EN LUGAR Y TENER UBI
Articulus IV: SI DOS CUERPOS PUEDAN PENETRARSE EN EL MISMO LUGAR POR VIRTUD DIVINA
Articulus V: SI IMPLIQUE QUE UN CUERPO ESTÉ EN VARIOS LUGARES CIRCUNSCRIPTIVAMENTE
Quaestio XVII: DEL VACÍO
Articulus I: SI EL VACÍO NATURALMENTE SEA DABLE
Articulus II: SI EL CUERPO EN EL VACÍO PUEDA MOVERSE
Quaestio XVIII: DEL TIEMPO
Articulus I: SI EL TIEMPO SEA ALGO REAL EN EL GÉNERO DE MEDIDA DE LA DURACIÓN
Articulus II: SI LA EXISTENCIA REAL DEL TIEMPO SOLO SE HALLE EN EL INSTANTE O TAMBIÉN EN LAS DEMÁS PARTES
Articulus III: CUÁL SEA EL SUJETO INTRÍNSECO Y EXTRÍNSECO DEL TIEMPO
Liber IV: ACERCA DEL LIBRO QUINTO DE LOS FÍSICOS DE LA DISTINCIÓN, UNIDAD Y CONTRARIEDAD DEL MOVIMIENTO
Quaestio XIX: DE LA UNIDAD Y CONTRARIEDAD DEL MOVIMIENTO
Articulus I: SI LOS GÉNEROS DEL MOVIMIENTO SE TOMEN SEGÚN LOS DIVERSOS PREDICAMENTOS A LOS QUE HAY MOVIMIENTO
Articulus II: A QUÉ PREDICAMENTOS NO SE DÉ MOVIMIENTO PER SE
Articulus III: A QUÉ PREDICAMENTOS SE DÉ MOVIMIENTO PER SE
Articulus IV: DE DÓNDE SE TOME LA UNIDAD NUMÉRICA DEL MOVIMIENTO
Articulus V: CUÁL SEA LA CONTRARIEDAD EN LOS MOVIMIENTOS Y DE DÓNDE SE TOME
Liber V: ACERCA DEL LIBRO SEXTO DE LOS FÍSICOS DE LA DIVISIÓN DEL MOVIMIENTO Y DEL CONTINUO POR PARTES
Quaestio XX: DE LAS PARTES Y DE LOS INDIVISIBLES DEL CONTINUO
Articulus I: QUÉ SEAN LAS PARTES PROPORCIONALES Y LOS INDIVISIBLES
Articulus II: SI LOS INDIVISIBLES Y LAS PARTES PROPORCIONALES SEAN EN ACTO INFINITOS EN EL CONTINUO
Articulus III: SI EL CONTINUO SE COMPONGA DE SOLOS INDIVISIBLES
Quaestio XXI: DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN DE LAS COSAS
Articulus I: SE EXPLICAN LAS REGLAS DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN EN LAS PERMANENTES
Articulus II: REGLAS DE LA INCEPCIÓN Y DESICIÓN EN LAS SUCESIVAS Y EN LAS INSTANTÁNEAS Y EN LA QUIETUD
Liber VI: ACERCA DEL LIBRO SÉPTIMO DE LOS FÍSICOS DE LA COMPARACIÓN DE LOS MOVENTES Y DE LOS MÓVILES
Quaestio XXII: DE LAS CONDICIONES REQUERIDAS PARA MOVER
Estas condiciones son tres, a saber de parte del agente la existencia; de parte de la cosa movida y del efecto, la distinción respecto del movente, pues no puede algo moverse y hacerse a sí mismo; y de parte de lo paciente y del agente se requiere aplicación. De la existencia tratamos arriba, q. 7.1 Cómo, empero, se salve en el último instante, cuando ya desisten las disposiciones a la corrupción del sujeto, se dirá en los libros De generatione.2 De las otras dos trataremos en la presente cuestión.
Articulus I: SI TODO LO QUE SE MUEVE, POR OTRO SE MUEVE
Esta proposición del Filósofo ES RECHAZADA POR MUCHOS, que estiman que no se requiere distinción real entre lo que mueve y lo que es movido. Lo cual suele atribuirse a Escoto 9. Metaph. q. 14.; y puede verse Placa in 2. Phys. disp. 1. q. 7., que refiere a varios. Y la sigue también Cabero aquí disp. única dubio 2.
El fundamento de esta sentencia se toma tanto de varias acciones en las que el movente y lo movido no se distinguen realmente, cuanto de la destrucción del fundamento del Filósofo.
Primero, pues, hay dificultad en el movimiento del corazón y en el movimiento de los graves y de los leves. Todo el corazón, en efecto, se mueve y todo mueve, porque, siendo movimiento vital, es de sí mismo. De modo semejante toda la piedra se mueve hacia abajo y toda se mueve a sí, porque no es impelida por algo extrínseco. Y de modo semejante el agua cálida se mueve al frío no por emanación, sino por movimiento sucesivo, como por experiencia1 vemos, y por tanto es lo mismo lo que mueve. Ni puede decirse que en estos movimientos la materia es movida y la forma mueve, porque, como arriba q. 19.2 probamos por el Filósofo, la mutación de la materia prima no es movimiento estrictamente dicho, sino3 cierta mutación del no ser al ser; pero el movimiento requiere por sujeto un ente en acto. Y así el D. Tomás q. 22. de Veritate art. 3.4 enseña que las formas no pueden ser moventes, sino solo principio quo algo es movido. Por lo cual, siendo los predicados movimientos movimientos propios, no puede ser movida sola la materia, porque el movimiento no tiene por sujeto sola la materia, como en 5. Phys.5 dice Aristóteles.
Segundo, hay dificultad en los actos inmanentes, que se reciben en la misma potencia de la que6 egreden, de otro modo no serían inmanentes. Ergo en ellos el mismo es el agente y el paciente, el movente y lo movido.
Tercero, hay dificultad en la emanación de la pasión propia; se recibe, en efecto, la pasión en el mismo sujeto del que emana. Ergo el mismo se ha activa y pasivamente respecto de la pasión que emana y es recibida.
Cuarto, los vivientes se mueven a sí mismos. En esto, en efecto, precisamente se distinguen de los no vivientes, como enseña Santo Tomás 1. p. q. 18. art. 1. Ergo en ellos el mismo debe ser el movente y lo movido. Ni basta decir que en los vivientes hay diversas partes, de las que una es movente y otra movida. En contra, en efecto, está que, como el Filósofo muestra en el libro 8. texto 30.,7 lect. 7. en el Divino Tomás al fin,8 ningún continuo se mueve a sí mismo; las partes, empero, del viviente son continuas; ergo por razón de las partes no se mueve a sí mismo. Y además, porque si una parte mueve a otra, aquella que solo es movida no vivirá, porque no es movida por sí; la parte, empero, que solo mueve y no es movida será acto puro; si, empero, es movida por otro fuera de sí, por esto mismo no es viviente, porque es movida solo por otro.
Por último se funda esta sentencia destruyendo el fundamento de Aristóteles, a saber que no puede lo mismo estar a la vez en acto y en potencia respecto de lo mismo, y por consiguiente no puede lo mismo ser a la vez movente y movido, porque en tanto es movente en cuanto está en acto, y en tanto es movido en cuanto está en potencia. Pero esto se resuelve fácilmente diciendo que no puede estar a la vez en acto y en potencia formalmente, bien empero virtualmente, como el agua cálida formalmente carece de frío y está en potencia a él, virtualmente con todo en acto tiene el frío por razón de la forma substancial, en virtud de la cual sale; y la voluntad está en potencia al acto de amor, y en acto tiene la virtud de producirlo. Y9 así está en acto y en potencia según diversas.
Estas son las razones por las que algunos juzgan flaco este axioma. De donde el P. Suárez disp. 29. Metaph. sect. 1. no se fía mucho de él, para que de él se deduzca una demostración que pruebe que se da un primer motor, que es Dios; más bien se confirma aquello por otro principio, a saber porque todo lo que se hace es hecho por otro; y disp. 18. Metaph. sect. 7. se esfuerza por explicar y defender a Aristóteles, acaso con mayor trabajo que provecho.
POR LO DEMÁS, el D. Tomás es perpetuo en defender esta doctrina de Aristóteles en todo rigor, no solo en este sentido, que todo lo que es movido debe tener la virtud por la que es movido, producida y recibida de otro, sino también porque, además de la virtud, se requiere que la moción por la que algo es movido sea de otro. Y de cierto, si este principio se destruye, por consiguiente es preciso afirmar, por los principios filosóficos que se fundan en el movimiento, que no podemos demostrar suficientemente que Dios es, puesto que los filósofos que procedieron de la naturaleza del movimiento a mostrar que se da un primer motor, que sea inmutable y eterno, solo se fundaron en estos dos principios: que «todo lo que se mueve es movido por otro», y que «no hay que dar proceso hasta el infinito en las causas moventes». Si, empero, lo que es movido no es necesario que sea movido por otro, tampoco es necesario detenerse en alguno que sea movente no movido, pues lo mismo puede ser movido y moverse a sí mismo.
Consta, empero, que Aristóteles tanto aquí en el libro 8. cap. 4.10 cuanto en 12. Metaph. texto 35.11 solo procedió por la vía del movimiento y por los predicados principios a mostrar que Dios es, como allí lect. 6.12 al fin y 1. Contra Gent. cap. 13. advierte el D. Tomás, que también explica ampliamente este principio en el lugar citado del Contra Gent. y 1. p. q. 2. art. 3. Ni por otra vía procedieron los filósofos antiguos. Platón, en efecto, que puso que hay algún movente que se movería a sí, hablaba del movimiento que es inteligir, como se halla en Dios, donde con todo no hay propiamente movimiento, sino metafóricamente, de lo cual el D. Tomás 7. Phys. lect. 1.13 y en el lugar citado del Contra Gent.
Consta, empero, que los filósofos demostraron suficientemente que se da divinidad y eternidad en Dios, como abiertamente los redarguye el Apóstol ad Rom. 1.,14 cuando dice: «Las invisibles de Dios, inteligidas por las cosas que han sido hechas, se contemplan, también su sempiterna virtud y divinidad, de suerte que son inexcusables, porque habiendo conocido a Dios no lo glorificaron como a Dios». Siente, pues, el Apóstol no solo que por razón natural puede conocerse a Dios, sino también que de hecho fue conocido por los filósofos. Ergo por consiguiente estamos tenidos a admitir que los principios por los que procedieron los filósofos son ciertos y suficientes para tal demostración.
Y porque Aristóteles muestra este principio por inducción en este libro 7. cap. 1.15 y 8. Phys. cap. 4. y 5.,16 nosotros en el presente lo admitimos y explicamos según un fundamento más universal, que comprehende toda operación creada que se hace por modo de movimiento. Donde, en efecto, la operación de la cosa difiere de la substancia y supone alguna potencialidad en el sujeto, tiene algún modo de movimiento, como dice Santo Tomás in 1. dist. 8. q. 3. art. 1. ad 4.17 Este fundamento, empero, es aquel insinuado arriba y puesto por el Filósofo aquí cap. 5. texto 40.,18 que no puede lo mismo estar a la vez en acto y en potencia respecto de lo mismo, ni puede lo mismo depender de sí mismo. Cada uno, empero, en tanto es movente en cuanto está en acto, y movido en cuanto está en potencia, y de modo semejante en cuanto movido depende del movente; de donde no puede ser lo mismo a la vez movente y movido respecto de lo mismo.
Que, empero, no baste decir que lo mismo está a la vez en acto virtualmente y formalmente en potencia, de suerte que baste tener la virtud motiva y el sujeto que recibe el movimiento, constará manifiestamente por la solución al último, donde mostraremos que nada basta para mover en acto por esto precisamente de que en él está la virtud, sino que se requiere que tenga algo del movimiento en acto, por razón de lo cual mueva aquello que está en potencia, porque todo movimiento es de cierto a cierto, y como acto del ente en potencia, teniendo a saber algo del acto y transitando a lo que está en potencia.
ASÍ, PUES, este axioma se inteligie con una doble condición: Primera, por modo de negación, que nada es movido por sí mismo como por primer movente per se y primer movido per se, como inteligie Santo Tomás 7. Phys. lect. 1.19 Pues lo que mueve suponiendo aquello anterior en virtud de lo cual mueve, o mueve por razón de una parte movente y de una parte movida, ya supone que uno es el movente y otro lo movido, no empero que lo mismo se mueva a sí formalmente hablando.
La segunda condición es que se inteligie del movimiento que procede de la potencia al acto, de suerte que por aquello que es del acto reduce aquello que está en potencia. Y para esto no basta tener el acto que es la virtud misma, sino tener la virtud movida en acto, para que transite por el acto a lo que es de la potencia. Sola, en efecto, la virtud es de suyo indiferente e indeterminada para mover. Por esto, empero, de que tiene algo del movimiento en acto, es movida a aquello en que está en potencia. Tener algo del movimiento en acto no puede de sí primero, porque aquello también debe tenerlo por movimiento y reduciéndose de la potencia al acto. Si, en efecto, sin movimiento tiene per se primero el mover, aquel mover no es movimiento físico, porque no es saliente de la potencia al acto, sino que será un mover independiente de otro que reduzca de la potencia al acto, lo cual es ser primer movente. Que si en el mover es independiente, también en el ser, porque el obrar se sigue al ser y el ser es por el obrar. Y así, si algo es per se móvil porque es naturaleza, y per se primero movente de sí sin movimiento de otro, se abre el camino para decir que la naturaleza es el primer movente, y que es diosa sin otro principio primeramente movente, lo cual en estos tiempos intentó introducir el impío y de memoria condenada Julio César Vanini en el libro de los admirables arcanos de la naturaleza.20
Por lo cual rectamente dijo el D. Tomás 7. Phys. lect. 1. al fin21 que es lo mismo que todo lo que se mueve es movido por alguno, y decir que todo movimiento debe ser divisible, y que no puede algo ser movido todo él y ser móvil, sino que de la parte del movimiento en acto debe proceder a la parte del movimiento en potencia. Lo cual también se verifica en el intelecto y en la voluntad y en todo movimiento u operación que procede de la potencia al acto. Pues el intelecto por el conocimiento de los principios es movido a la conclusión, y la voluntad por el fin a los medios, y en el acto del fin por el intelecto y por Dios, y el intelecto en el primer acto por Dios. Y así como no basta tener la virtud motiva para que se diga que algo se mueve a sí, sino que se requiere que esta virtud como movida mueva y de una parte del movimiento transite a otra, y por consiguiente no mueva en acto sino que tenga movimiento en acto, así no basta tener la forma para que se diga que por ella se mueve a sí mismo de parte de la materia, que está en potencia, porque tanto la forma cuanto la virtud se han como principio quo de mover, no como el motor mismo, como dice el D. Tomás q. 22. de Veritate art. 3.,22 además de que aquello que es movido con movimiento estrictamente dicho no es sola la materia, como prueba el Filósofo 5. Phys.,23 sino el cuerpo, como también enseña Santo Tomás 3. Contra Gent. cap. 23. Ni, finalmente, la materia es móvil, sino informable por la forma en el género de causa formal, no de la eficiente, que es la movente. Por24 la eficiente, empero, es móvil, pero a la generación de la substancia, no con movimiento estrictamente dicho; la alteración, en efecto, precedente no está en sola la materia, sino en el cuerpo.
Al primero DESDE EL PRINCIPIO se responde que del movimiento de los graves y de los leves y de los demás allí enumerados trataremos más ampliamente en la cuestión siguiente. Entretanto decimos que todos aquellos por emanación originan de la naturaleza a la que convienen, lo cual también del agua reducida a la pristina frialdad nota Cayetano 1. p. q. 54. art. 3.25 La emanación, empero, respecto de la naturaleza de la que se dice emanar no es movimiento, y por consiguiente no procede en ella el predicado axioma, ni, en efecto, se dice que por emanación la cosa se mueve a sí. Respecto, empero, del que genera la naturaleza y en la naturaleza26 las pasiones propias con la misma acción y movimiento, ya en tal emanación se verifica que es movida por otro la naturaleza que recibe las pasiones o que de nuevo se reduce a ellas, a saber por el que genera al menos mediatamente, como se dirá más ampliamente en la cuestión siguiente. El movimiento, empero, del corazón, porque es vital, no se percibe tan fácilmente que sea del que genera. Pero con todo, porque también la vida en las cosas creadas es aceptada y derivada de otro, no de tal modo el viviente se mueve a sí que no sea también movido por otro en el primer movimiento con que comienza la vida, como enseña el D. Tomás 1. p. q. 18. art. 3. y q. 105. art. 4. ad 2. Y así aquel movimiento es vital como inicio de la vida recibida de otro, no como consumación y perfección de la vida. Esta, en efecto, operación del viviente es del que se mueve a sí, en cuanto por una parte ya movida y hecha en acto mueve a las otras, y así aquel movimiento del corazón no se ordena a descansar en alguna forma, sino a constituirse en acto para mover las restantes partes, la cual constitución debe proceder del que genera, pues es el primer movimiento. En lo cual también se asemeja el movimiento del corazón al movimiento del cielo, como enseña el D. Tomás opúsc. 35.,27 porque el cielo no se mueve para descansar en alguna forma, sino para constituirse movente y primer alterante respecto de los otros.
Al segundo, de los actos inmanentes, se responde que ante todo en ellos el agente y el recipiente no son lo mismo. Pues obra la potencia cognoscente a la vez con la especie; recibe, empero, sola la potencia, no la especie; y el apetito obra como movido por el conocimiento y por Dios; recibe, empero, sola la potencia, por cuya razón estas potencias suelen decirse pasivas.
En segundo lugar se dice que, aunque no28 repugne que el agente y el que recibe la acción sean lo mismo, no29 empero el movente y lo movido, ya porque la acción misma egredie como accidente y por consiguiente como inherente en alguno,30 de donde, si es acción que perfeccione al agente mismo como acto último de aquel, no empero que transmuta otras, no repugna que egredia como inherente y recibida en el agente mismo; ya porque de la acción no se requiere que sea divisible y de cierto a cierto, sino que puede ser indivisible. En cambio el movimiento necesariamente es divisible y procede según partes anteriores y posteriores, y así todo lo que es movido según la parte posterior y movida necesariamente supone la parte anterior como movente, para que se haga el tránsito de uno a otro, y aquella parte anterior, si también es movida, también es de otra anterior movente, hasta que se llegue a alguna que o esté sin movimiento o sea de otro movente extrínseco. Y así, si verdaderamente algo es movido, siempre es movido por otro anterior, no empero si algo obra debe poner en otro distinto la acción recibida. De donde una cosa es la acción, otra la moción; una el agente y el recipiente, otra el movente y lo movido. Lo que mueve reduce de la potencia al acto y procede de cierto a cierto; lo que obra precisamente dice eliciencia de la acción, y31 así por el concepto precisado de la acción (removida la moción) no se requiere un sujeto distinto de inherencia de la acción.
Al tercero consta por lo dicho que la emanación como emanación puede recibirse en aquello de lo que emana; en cuanto, empero, es lo mismo que el movimiento, siempre es de otro, a saber del que genera. Y véase lo que dijimos de la emanación q. 12. art. último.32
Al cuarto se responde que los vivientes no se mueven todos ellos ni per se primero, sino mediante las partes, en cuanto una parte orgánica mueve a otra, como explica el Filósofo 8. Phys. cap. 4.33 Nada, pues, que per se primero es movido puede ser movido por sí, sino por otro. Y a la réplica se dice que Aristóteles, cuando dijo que ningún continuo se mueve a sí mismo, habla del continuo homogéneo, que tiene partes del todo semejantes; así, en efecto, es perfectamente continuo, porque perfectamente semejante. El viviente, empero, tiene partes orgánicas y heterogéneas, que aunque sean continuas cuanto a la cantidad, son con todo desemejantes cuanto a la disposición y a la cualidad, según la cual mueven y son movidas. Ni en estas partes moventes y movidas se procede hasta el infinito, sino que la primera parte movente es movida por otro movimiento vital, elicitado sí por el viviente mismo, pero movido por un movente extrínseco o que genera, el cual puede dar el movimiento vital, no ciertamente consumado y perfecto, sino que incoa los restantes, por esto de que la vida en nosotros es participada, y así no repugna que su incoación sea de otro. La parte, empero, últimamente movida no se mueve a sí per se primero, sino por otra parte del mismo viviente, y así respecto del todo su movimiento es vital.
Al último se responde que no basta la virtud por la que algo se constituye virtualmente en acto primero34 como principio quo de obrar, para que se diga que algo se mueve a sí mismo en cuanto está en potencia al acto que ha de producir tal virtud, porque tal virtud o produce aquel acto como movida o mediante movimiento, o por simple emanación sin movimiento. Si obra como movida, es claro que no basta aquella virtud por la que se dice estar en acto virtualmente, porque aunque sea principio de mover como quo, no es empero el movente mismo ni constituye algo en acto movente, sino supuesto el movimiento por el que como de una parte anterior del movimiento transite a otra. Para esto, empero, que la virtud se constituya movida, es preciso que o aquel movimiento se tenga por otro movimiento anterior, y así siempre lo que es movido es movido por otro, o se llegue a un movimiento anterior que sea de otro que mueva, y no por movimiento. Si, empero, aquella virtud obra por simple emanación o por no movimiento, por esto mismo no se comprehende bajo este axioma: «Lo que se mueve es movido por otro», sino en cuanto la simple emanación es movimiento del que genera, y entonces es movido por otro, a saber por el que genera. Cómo, empero, el que genera se diga mover a lo engendrado, aunque no le esté presente, o la generación esté discontinuada, lo diremos en la cuestión siguiente, tratando35 del movimiento de los graves y de los leves.
Articulus II: SI SE REQUIERA APROXIMACIÓN DEL MOVENTE AL MÓVIL PARA QUE OPERE
Puede inteligirse una doble aproximación entre el movente y lo móvil: Una formal, que se llama inmediación de supuesto, como cuando la substancia misma del agente está próxima a lo paciente; otra virtual, que se llama inmediación de virtud, como cuando la virtud del agente se difunde a algo distante, donde la virtud misma está presente, y no la substancia misma. Y de una y otra procede la DIFICULTAD, a saber si se requiera la inmediación de supuesto respecto de aquello de donde comienza el movimiento, y en segundo lugar si por la virtud difundida deba obrar antes en lo próximo que en lo distante.
Hay, pues, ALGUNOS AUTORES que estiman en absoluto que no se requiere aproximación, porque piensan que algo puede obrar en lo distante sin obrar en lo próximo, los cuales son citados por los Conimbricenses aquí 7. Phys. cap. 2. q. 1. art. 2. En cambio Escoto in 1. dist. 37. cuestión única1 no siente en absoluto que algo pueda obrar en lo distante sin obrar en lo próximo, sino que las cualidades difundidas por el agente distante no producen la substancia, tampoco como instrumentos, sino que, puestas aquellas disposiciones, se produce la substancia en la parte distante sin que se produzca en el medio.
NO OBSTANTE, ha de tenerse del todo la sentencia opuesta, que es expresa de Aristóteles en este libro 7. cap. 2.2 y allí la prueba ampliamente el Divino Tomás lect. 3.3 y 1. p. q. 8. art. 1. y 3. Contra Gent. cap. 68.
La cual sentencia contiene dos cosas: La primera es que en todo agente se requiere aproximación o inmediación de supuesto respecto de su primer efecto y por consiguiente respecto de lo paciente, si el efecto se educe de lo paciente; que si no se educe de lo paciente, como en la creación, el agente será inmediato al efecto mismo.
La segunda es que en los agentes que difunden su virtud a lo remoto es preciso que obren antes en lo próximo, y así respecto de todo efecto debe darse algún contacto o proximidad del agente al menos virtual. Y comúnmente siguen al Filósofo todos sus intérpretes. Y además de la prueba aducida por el Filósofo por inducción en todo género de movimiento — vemos, en efecto, en todo movimiento de alteración y de aumento y en el movimiento local que se hace por impulso o tracción, que siempre se halla algún contacto entre el movente y lo paciente que inmediatamente es movido —, ulteriormente también se prueba la necesidad de este contacto, porque de otro modo no habría de dónde limitar la esfera de actividad en los agentes; podría, en efecto, cualquier agente obrar a toda distancia. Si, en efecto, sin transmisión de la virtud por el medio puede obrar en algo que dista dos palmos, ¿por qué no podrá de modo semejante obrar en lo que dista dos millas, o en cualquier otro sin término, puesto que no depende del medio para que obre la virtud?
Y si dijeras que no menos se sigue aquello en nuestra sentencia, porque la difusión de la virtud no se hace por esto de que transite de sujeto a sujeto, sino por esto de que se multiplique de una parte del sujeto a otra, y así cualquiera parte podrá igualmente obrar en otra e imprimir toda su virtud. ¿Cuál es, pues, la razón de que no pueda hacerse esta multiplicación a cualquier distancia sin término?
Se responde que todo agente que difunde su virtud la difunde uniformemente difforme por el medio, y cuanto más se aleja la virtud difundida de su agente, más se debilita hasta el no grado; cuya razón se explicará más ampliamente en los libros De generatione.4 Basta ahora advertir que la acción procede uniformemente difforme y más y más se debilita, tanto por la resistencia de lo paciente cuanto por el modo mismo de recibir, porque la virtud en un sujeto extraño se recibe de modo más imperfecto, y por consiguiente obra más débilmente, si no es restaurada por el agente propio, y por consiguiente, si se multiplica a un sujeto más distante, cualquiera parte obra más débilmente y recibe más débilmente tal virtud hasta el no grado.
La RAZÓN, EMPERO, A PRIORI de que se requiera la aproximación del agente a lo paciente para que el efecto progrese del agente es que el agente que educe la forma de lo paciente la educe como unida o inherente a aquel, y así el efecto sale del concurso de lo paciente y del agente. Es preciso, pues, que la virtud esté conjunta a lo paciente, para que produzca un efecto conjunto a aquel. De donde, si difunde su virtud a lo remoto, aquella virtud que allí se pone también debe salir del agente y de lo paciente, pues se difunde como unida a lo paciente. Ergo debe suponer tal paciente unido al agente. Finalmente, no puede el agente obrar acerca de una materia no sujeta a sí y determinada respecto de sí. No hay, empero, otro modo de determinar y sujetar la materia al agente sino según el contacto y la proximidad; lo que, en efecto, está remoto y distante no tiene de dónde determinarse a este agente más bien que a aquel, pues respecto de él ninguna conjunción tiene, ni de unión ni de proximidad, por la que a aquel se determine.
Y si dijeras: ¿Cómo basta que la virtud del agente sea contigua a lo paciente, puesto que de una superficie a otra no transita la acción, por esto de que es accidente y no puede transitar de un sujeto a otro? Ergo se requeriría que la virtud sea inherente al paciente mismo, para que de él elicie la acción, y no solo contigua a él. Que si se dijera que el agente comunica a lo paciente una virtud que inhiera en el paciente mismo, en esto mismo está la dificultad de cómo aquella virtud se comunica a lo paciente, puesto que aquella virtud no transita de sujeto a sujeto, ni la acción que la comunica; ergo para que se produzca en lo paciente y se le comunique, queda el mismo argumento en su fuerza. Se responde que para producir la acción y el efecto en lo paciente no se requiere sino que la virtud productora sea contigua y conjunta a lo paciente, y no inherente a él. Más aún, lo paciente debe ser distinto del agente para ser movido por él, no porque la acción transite de sujeto a sujeto ni la virtud difundida, sino porque en otro sujeto no procede del agente sino en el paciente conjunto, del que se educe, y así tiene un solo sujeto, no tránsito de uno a otro. Pero con todo no puede producirse una virtud recibida en materia distante, sino en la próxima, porque lo distante, como no esté conjunto al agente mismo, no se determina respecto de aquel ni se le sujeta, y por consiguiente no concurre con él a recibir la acción y la virtud.
DE LO CUAL SE SIGUE por qué respecto de Dios nada puede ser distante, porque Dios mira todas las cosas como efecto, nada como sujeto presupuesto que el efecto no sea. Y porque cualquier efecto de tal modo depende en el ser de Dios que por suspensión del concurso puede aniquilarse, por eso todo lo que tiene ser es inmediatamente del concurso de Dios, y no mediante un concurso difundido fuera de sí por la criatura, porque ningún concurso de la criatura es tal que por su suspensión pueda aniquilarse la cosa. Es, pues, todo ente inmediatamente próximo a Dios, y dentro de cualquier cosa está Dios por la suma dependencia de Dios tanto de parte de la forma cuanto de parte del sujeto y de todo el ser, lo cual ninguna criatura tiene. Que si algo obrara en lo distante antes que en lo próximo, no es porque obre en algo distante de sí, sino distante respecto de alguna criatura, no empero respecto de sí, que está en todas partes.
SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.
El primer argumento se deduce de varias experiencias por las que parece que algo obra antes en lo distante que en lo próximo, como en el lebete puesto al fuego las partes superiores del agua están más cálidas, el fondo, empero, del lebete, que está más próximo al fuego, se enfría; el fuego acomete el azufre o la pez lejanamente distante, no el aire intermedio; el sol genera muchas cosas en la tierra que no en el medio, ni por cualidad difundida, porque lo que se genera es substancia; el torpedo hace temblar la mano del pescador, no la cuerda; y los ojos fascinantes imprimen una mala cualidad a los niños, y no al aire intermedio; y el imán atrae el hierro distante, y no el cuerpo próximo; finalmente la fantasía que reside en la cabeza mueve el apetito, que está en el corazón, y otras partes del cuerpo distantes, y no otras intermedias.
Se confirma porque lo cálido como de cuatro aplicado a un medio que tiene semejante cualidad como de cuatro no obra en aquel, porque no puede ulterior intensificarlo, porque no puede obrar más allá de cuatro, y con todo obra en lo paciente ulterior distante, que no tiene el calor como de cuatro, como también admitimos arriba q. 8.5 Ergo puede obrar en lo distante antes que en lo próximo.
SE RESPONDE que todas aquellas experiencias se resuelven con una única solución, que tradita el D. Tomás 7. Phys. lect. 4.6 y in 2. dist. 15. q. 1. art. 2. ad 6.,7 donde dice «que la acción de cualquier agente que tiene sitio se recibe antes en el medio que en el término. No es preciso, con todo, que se reciba en uno y otro del mismo modo, sino según lo que exige la disposición de uno y otro, como pone el ejemplo el Comentador 8. Phys. del pez que, retenido en la red, entumece la mano, además de que no entumece la red, que no es capaz de entumecimiento, y con todo según algún modo la red es alterada por la virtud del pez. Así también es preciso que las virtudes de las estrellas superiores se reciban antes en los orbes medios que en los cuerpos inferiores, aunque no tengan los mismos efectos en una y otra parte». Así el D. Tomás. Por lo cual en todos estos los efectos que manifiestamente aparecen se hacen en lo distante, pero con todo la virtud que se difunde transita antes por el medio, aunque no tenga en aquel un efecto semejante al que en los remotos por la desemejante disposición, como el fuego no inflama el aire próximo porque es más húmedo, inflama empero el azufre distante porque es más seco, transitando con todo el calor por el aire. Y la luz del sol efectúa mayor calor en la tierra que en el medio, porque más se condensan los rayos en la tierra que en el medio, y genera diversas cosas en la tierra por la diversa disposición que en el medio por el que transita la virtud, como también el imán, el torpedo, los ojos fascinantes emiten sus cualidades por los medios, aunque hagan el efecto solo donde hallan proporción y capacidad. Y de modo semejante la fantasía imprime en el apetito y en otras partes del cuerpo distantes, porque no en todas hay la misma disposición y temperamento para que se muevan del mismo modo, aunque la virtud movente y los espíritus que se excitan desciendan por las partes más próximas a aquellas más remotas.8 Otros, con todo, quieren que aquella moción se haga por simpatía o radicación de las potencias en la misma alma, de lo cual trataremos en los libros De anima.9 De modo semejante en el lebete puesto al fuego es cierto que el calor que está en las partes superiores del agua transita por el fondo del lebete, pero con todo, enrarecida el agua por el calor en la parte inferior,10 da lugar al agua más fría que está en la parte superior, que es más densa y más grave, para que descienda al fondo y lo enfríe, permaneciendo cálidas las partes superiores. Si, con todo, está largo tiempo al fuego, todo se hace cálido.
A la confirmación se responde que en aquel caso el agente o conserva el calor como de cuatro que halla en el medio, y así obra en aquel conservando y en las restantes partes alterando, o se conjuga con aquel calor que está en el medio, y uno y otro calor por modo de uno obra en las partes que no tienen tanto calor, y así nunca obra en lo remoto sin obrar antes en lo próximo.11
Se argumenta en segundo lugar: Porque por virtud divina puede algo obrar en lo distante antes que en lo próximo. Ergo aquella condición no se requiere esencialmente, sino solo por razón del orden natural. No hay, empero, razón de que tal orden no pueda ser vencido y suplido por alguna causa natural. Los mismos inconvenientes, en efecto, se siguen si se vence sobrenaturalmente o si naturalmente.
Se confirma porque vemos que algunas cosas se mueven en ausencia o distancia de sus agentes sin virtud difundida por el medio, como la saeta impelida se mueve en la parte distante, y de modo semejante el grave se mueve hacia abajo sin ninguna moción actual del que genera. Y finalmente, si alguien pone la mano a la puerta del horno, se calienta por el fuego del horno; si, empero, se cierra la puerta, al punto cesa el calor en la mano. Ergo es signo de que el aire no calentaba inmediatamente, sino el fuego.
SE RESPONDE que esta condición de aproximación puede ser suplida por Dios, y no es esencialmente requerida, sino naturalmente por la limitación de la virtud de los agentes naturales, por esto de que la virtud limitada no solo produce efectos limitados, sino que también en el modo mismo de producir está limitada. Y por eso no puede obrar a cualquier distancia sin límite, sino en materia determinada; de otro modo no se determinará más a una que a otra, como no puede la forma informar cualquier materia, sino aquella que mediante las disposiciones se le aproxima y se le sujeta. Dios, empero, puede suplir esta determinación, porque su virtud toca en todas partes, y así puede con su concurso sujetar a la causa creada no solo la materia conjunta y aplicada, sino también la distante, porque respecto del concurso de Dios nada es distante.
Y así no se siguen los mismos inconvenientes si Dios quiere concurrir con la causa creada sin ligazón a tal modo connatural de ella respecto de la materia próxima a sí y conjunta.
A la confirmación se responde que en el impulso de la saeta la virtud del que impele no solo está en el aire próximo, sino también en el aire de la saeta y en el aire que la lleva, el cual aire, con todo, fue primero impelido por el flechero, e impelió las partes siguientes y aquellas otras, y así siempre transitó la virtud por el medio. Pero porque es virtud de suyo transeúnte, cuando está en las partes siguientes desiste de estar en las anteriores. El aire, en efecto, primero dividido por la saeta de nuevo se recierra en sí y descansa, transitando ulterior el impulso. En los graves, empero, el movimiento no se hace por una virtud emitida de nuevo por el que genera, sino por la naturaleza misma impresa desde el principio, de la cual por dimanación origina el movimiento, no por una acción nueva, como12 diremos en la cuestión siguiente, art. 1. Y al último, del fuego del horno, decimos que, cerrada la puerta, al punto se debilita el calor que está en el aire como en sujeto extraño, y la mano siente la debilitación del calor hasta que totalmente es corrompido por los contrarios o se temperatura; de donde no se sigue que no calentaba por el medio.