Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Quaestio XV: DEL INFINITO
Articulus I: QUÉ SEA EL INFINITO, Y EN QUÉ ESTÉ EL PUNTO DE LA DIFICULTAD
Articulus II: SI IMPLIQUE DARSE EL INFINITO EN ACTO SEGÚN LA CANTIDAD O LA INTENSIÓN
Articulus III: SE DESPACHAN LAS DIFICULTADES Y ARGUMENTOS CONTRA NUESTRA SENTENCIA
Liber III: ACERCA DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DEL LUGAR, DEL VACÍO Y DEL TIEMPO
Quaestio XVI: DEL LUGAR Y DEL UBI
Articulus I: QUÉ SEA EL LUGAR EXTRÍNSECO Y SU INMOVILIDAD
Articulus II: QUÉ SEA EL UBI O LUGAR INTRÍNSECO
Articulus III: SI A TODOS LOS CUERPOS CONVENGA ESTAR EN LUGAR Y TENER UBI
Articulus IV: SI DOS CUERPOS PUEDAN PENETRARSE EN EL MISMO LUGAR POR VIRTUD DIVINA
Articulus V: SI IMPLIQUE QUE UN CUERPO ESTÉ EN VARIOS LUGARES CIRCUNSCRIPTIVAMENTE
Quaestio XVII: DEL VACÍO
Articulus I: SI EL VACÍO NATURALMENTE SEA DABLE
Articulus II: SI EL CUERPO EN EL VACÍO PUEDA MOVERSE
Quaestio XVIII: DEL TIEMPO
Articulus I: SI EL TIEMPO SEA ALGO REAL EN EL GÉNERO DE MEDIDA DE LA DURACIÓN
Articulus II: SI LA EXISTENCIA REAL DEL TIEMPO SOLO SE HALLE EN EL INSTANTE O TAMBIÉN EN LAS DEMÁS PARTES
Articulus III: CUÁL SEA EL SUJETO INTRÍNSECO Y EXTRÍNSECO DEL TIEMPO
Llamamos sujeto intrínseco a aquel al que el tiempo inhiere como duración del movimiento; extrínseco, empero, a aquel que se sujeta al tiempo y por él se mide extrínsecamente. Y del primero inquirimos dos: Primero, si el sujeto del tiempo sea el primer móvil o el primer movimiento; segundo, si sea único solamente el tiempo. Y acerca del sujeto extrínseco, si no solo el movimiento mismo, sino también la substancia mutable se mida por el tiempo.
DIGO, ERGO, PRIMERO: El tiempo tomado estrictamente por la medida regular del movimiento subjetivamente está en el primer movimiento, y allí tiene razón de medida intrínseca respecto de sí, y extrínseca respecto de los demás movimientos.
LA PRIMERA PARTE consta de D. Tomás y de Aristóteles hoc libro lect. 23.1 et 1. p. q. 10. art. 6. et in 2. dist. 12. q. 1. art. 5. ad 3.2 Consta, en efecto, que entre todos los movimientos más uniforme y más regular es el primer movimiento del cielo, y es menos deficiente y simpliciter más notorio, porque cotidianamente se vuelve. Ergo la duración existente en aquel es medida de los demás. Verdad es, con todo, que para distinguir y encomendar a la memoria el tiempo mismo y el movimiento del cielo nos servimos de ciertos signos, como relojes, escrituras u otros semejantes, con los que designamos los años y los meses, no porque estos sean el tiempo, sino instrumentos con los que designamos el tiempo.
LA SEGUNDA PARTE, EMPERO, por algunos se niega, por esto de que la medida debe ser más notoria que lo medido, el movimiento, empero, y el tiempo son lo mismo; ergo el término no puede ser medida del movimiento en el que está. Item, porque el movimiento no tiene otra cantidad que el tiempo. Ergo no es medida de aquel, porque la medida es aquello por lo que se conoce la cantidad de la cosa. Donde, ergo, es la misma cantidad, no puede ser aquello por lo que se conoce como más notorio. La misma sentencia generalmente enseña P. Vázquez 1. p. disp. 31. cap. 5. de toda medida intrínseca, porque ninguna medida intrínseca, como la cantidad respecto de la substancia, es causa de que aquella cosa se nos haga más notoria. Ni Aristóteles otra cosa enseñó sino que la medida debe ser homogénea con la cosa que mide, porque inteligie que una magnitud es medida de otra. Y así la substancia no se sujeta a la propia duración como a medida, sino por razón de la propia duración se sujeta a otra duración como midiente. En suma, la medida debe ser del mismo género que lo medido; el accidente, empero, respecto del propio sujeto no es del mismo género.
Esta cosa quizá solo en las palabras pugne. Cierto es, con todo, que muchas que notifican otras también se notifican a sí mismas y miden, y similarmente al sujeto en el que están, porque mediante aquel se vuelve más notorio y más manifiesto lo que de otro modo sin tal forma o perfección permanecería ignoto, como vemos que la luz no solo manifiesta el color, sino también a sí misma y al sujeto en el que está. Similarmente la cantidad a sí misma ordena y sitúa en el lugar y a las partes de la substancia, que sin ella permanecerían confusas, y no solo manifiesta y mide aquello a lo que extrínsecamente se adjunta por contacto. Y lo mismo es de la duración cuando es más uniforme e indefectible. Ergo nada prohíbe llamar a aquello medida intrínseca o formal, denotando en «intrínseca» que no mide por aplicación de sí a otro, sino por información por la que a la cosa misma vuelve formalmente ordenada o notificada. Y así habla en varios lugares S. Tomás. Pues in 2. dist. 27. q. 1. art. 2. ad 1.3 dice «que la medida es doble, cierta intrínseca, que está en lo medido, como el accidente en el sujeto, cierta extrínseca, y esta no es necesario que se multiplique a la multiplicación de los medidos». Et q. 1. de Veritate art. 5.:4 «Se mide», dice, «el cuerpo con medida intrínseca, como con la línea o con la superficie o con la profundidad, y con medida extrínseca, como lo localizado con el lugar y el movimiento con el tiempo y el paño con la ulna». La razón, empero, de estos es que por esto mismo de que el sujeto se sujeta al accidente se vuelve a aquel proporcionado y conmensurado según la información intrínseca. Ergo se halla allí cuanto se requiere a la razón de medida y de medido, porque tal accidente ordena y manifiesta la cosa misma como ut quo, el sujeto, empero, se proporciona y se notifica por aquel, no como midiente y notificante ut quod, sino ut quo.
A los fundamentos opuestos se responde: A lo primero, que el tiempo y el movimiento son lo mismo entitativa y materialmente, no formal o modalmente. Y por eso el tiempo tiene que medir como ut quo, el movimiento, empero, se vuelve medido como ut quod; recibe, en efecto, aquella uniformidad del tiempo. Basta, empero, para la medida que sea más uniforme y más notorio como ut quo.
A lo segundo se dice que aunque la medida sea aquello por lo que se conoce lo cuanto, no con todo es necesario que se presuponga lo cuanto por otra forma, sino que por la medida misma se vuelva cuanto y así se notifique. Y así aunque el tiempo no añada nueva cantidad al movimiento, vuelve con todo aquella uniforme y medida intrínsecamente, esto es recipiente de la uniformidad de la medida y por aquella notificándose a sí, como por razón y principio ut quo y por información, lo cual en otros se hace por aplicación extrínseca.
Al fundamento del Padre Vázquez se responde que la medida debe ser más notoria que lo medido, pero basta que sea más notoria como ut quo, aunque no como ut quod. Y así la medida intrínseca respecto de aquello en lo que se recibe es más notoria como ut quo; respecto, empero, de aquello a lo que se aplica como a extrínseco es más uniforme y más notoria como ut quod. Ni Aristóteles lo opuesto de esto enseñó, porque ser medida homogénea a lo medido puede inteligirse o como ut quo o como ut quod, y respecto del sujeto recipiente es homogénea como ut quo, a saber aquello por lo que tal sujeto se vuelve homogéneo y uniforme a otro extrínseco, respecto del cual es homogéneo como ut quod, si5 lo mide por aplicación y contacto de cosa a cosa.
Por último, lo que se dice de que la medida debe ser del mismo género que lo medido se inteligie o según proporción o según semejanza; las que, en efecto, participan el mismo género y se contienen bajo aquel se dicen del mismo género por semejanza y conveniencia. Lo que, empero, recibe y es informado por alguno se dice de aquel género por proporción, porque es capaz y proporcionado a aquello que recibe, y por aquel como por principio ut quo se reduce a tal género participativamente, no formalmente.
DIGO SEGUNDO: El tiempo tomado anchamente por la duración de cualquier movimiento subjetivamente está en cualquier movimiento y se multiplica a la multiplicación del movimiento; se subordina, con todo, al primer tiempo, que es medida de los demás.
Esto consta de varios lugares de santo Tomás, donde distingue el tiempo propiamente dicho, que está en el movimiento del cielo, del tiempo tomado anchamente, que está en cualquier movimiento, ut art. 1. retulimus. Este, en efecto, tiempo no es otro que la duración de cualquier movimiento que tiene lo anterior y lo posterior en la sucesión de las partes; la duración, empero, está en la cosa que dura como la existencia; ergo subjetivamente está en tal movimiento.
Que, empero, tal duración o tiempo se subordine al primer movimiento y tiempo es patente, ya porque todo movimiento inferior pende del primer movimiento del cielo, ya porque lo mira como máximamente regular, y consecuentemente por aquel puede medirse. Y de este modo se inteligie Agustín 11. Conf. cap. 23.6 cuando dice que el movimiento del cielo no es el tiempo, porque con el tiempo de Josué cesó aquel movimiento, «el sol estaba, pero el tiempo iba». Habla, en efecto, del tiempo comúnmente dicho por la duración de cualquier movimiento, no por aquel que es máximamente regular, que solo está en el movimiento del cielo.
DIGO TERCERO: El tiempo tomado por la duración regularísima que mide los demás movimientos es solo uno en número, como también el movimiento regularísimo solo uno es.
Esto consta de lo dicho y se deduce del Filósofo in hoc libro cap. 14.,7 donde expresamente pone la unidad del tiempo por la unidad del primer movimiento. Y se aserta por D. Tomás 1. p. q. 10. art. 6. et in 2. dist. 12. q. 1. art. 5. ad 3.8 et alibi saepe. Consta, en efecto, que el primer movimiento, más uniforme que los demás y del que los demás penden, es solo uno. Que, empero, más a menudo recurran los mismos tiempos, como primavera, estío etc., que no son los mismos en número, sino en especie, no obsta, porque los efectos de la primavera y del estío son diversos en este año y en el precedente, pero las circulaciones son continuas y el movimiento no interrumpido. Y por tal unidad se dice también el tiempo uno y el movimiento uno, aunque de muchas circulaciones se componga.
Añade, empero, D. Tomás que también en las cosas incorruptibles se da un evo por la unidad del primer ángel, que es más simple y más uniforme que los demás, ut affirmat Quodlib. 5. art. 7.9 et 1. p. q. 10. art. 6. et in 2. dist. 2. q. 1. art. 2.10 Lo cual, con todo, se inteligie no solo de la razón de medida según mayor dignidad, sino según más uniforme mensuración, cuanto es de parte suya y respecto del que conoce perfectamente, no respecto de nosotros, que imperfectamente conocemos; así, en efecto, nada nos notifica el evo del ángel superior de las medidas inferiores, porque igualmente ignoto nos es que las duraciones inferiores mismas. Pero con todo a la razón de medida según sí no se requiere que sea más notoria cuanto a nosotros y según la imperfección de nuestro conocimiento (esto, en efecto, solo se requeriría para que sea medida que nos sirve), sino que basta que de parte suya y respecto del modo de conocer perfectamente sea más uniforme que el otro y notificativo de aquel. Así, empero, es medida el evo del ángel supremo, porque es duración más simple tanto en sí cuanto según que es raíz de sus operaciones principalmente de la primera, v. g. por la que el ángel se inteligie, la cual también se mide por el evo, porque nunca cesa. Que si en esta padece alguna difformidad el ángel, no sujetándola a Dios, que es la suma simplicidad, como hizo Lucifer, pierde el ser primera regla de los eviternos por la oblicuidad de la operación eviterna como no sujeta, ut docet S. Thomas Quodlib. 5. art. 7.11 Mide, empero, el evo las demás duraciones de las cosas incorruptibles, aunque sean cuerpos celestes, porque aunque diferan en el género de la naturaleza, convienen con todo en la razón de duración incorruptible, ut ait S. Thomas 1. p. q. 10. art. 6. ad 2. De12 lo cual más decimos 1. tom. 1. p. disp. 10.
ACERCA DEL SUJETO EXTRÍNSECO, que es mensurable por el tiempo, consta con certeza apud omnes que el movimiento mismo es mensurable por el tiempo y mediante el movimiento también el sujeto mismo del movimiento, que es la substancia móvil. La duda, empero, es si la substancia corruptible misma inmediatamente en sí, y no solo por razón del movimiento, sea mensurable por el tiempo. Pues de una parte su substancia no es sucesiva, sino permanente, y así no se proporciona a aquella el tiempo, que es sucesivo. De otra parte, empero, no aparece qué medida haya de asignársele. Pues el evo es medida de la cosa incorruptible, lo cual no conviene a la substancia corruptible; el tiempo, empero, es medida sucesiva, lo cual tampoco conviene a la cosa permanente.
De donde los autores que sienten que no se mide por el tiempo la substancia corruptible, como Escoto in 2. dist. 2. q. 4.13 et Conimbric. hic cap. 14. q. 3. art. 1. et Suárez disp. 50. Metaph. sect. 7. et alii, con todo disconvienen en asignar la medida conveniente a aquella. Pues algunos afirman que es el evo mismo tomando aquel de modo lato por medida no solo de la cosa incorruptible, sino también de la cosa permanente. Otros asignan el instante del tiempo discreto, otros el modo del evo, otros por último incluso una medida innominada.
NIHILÓMENOS ACERCA DE ESTO DIGO POR ÚLTIMO: La substancia de la cosa corruptible según el concepto de substancia no es mensurable por el tiempo, ni por otra medida, sino en cuanto tiene cantidad de duración. Y no solo según que en acto está movida, sino también según que móvil o corruptible, en acto con todo quieta y permanentemente se mide por el tiempo mismo.
Esta es la mente de Aristóteles y de Divus Thomas, ut videri potest 4. Phys. textu 118.14 et 119.15 et ibi Divus Thomas lect. 20.16 Cuyas palabras son: «El tiempo mide aquello que se mueve y descansa, no en cuanto es piedra u hombre, sino en cuanto es movido y quieto; la mensuración, en efecto, propiamente se debe a la cantidad. Cuya cantidad, ergo, se mide por el tiempo, aquello propiamente se mide por el tiempo. De la mensuración, empero, del tiempo se conoce cuánto sea el movimiento y cuánta sea la quietud, no empero cuánto sea aquello que se mueve. De donde lo que se mueve simpliciter no se mide por el tiempo según la propia cantidad, sino según la cantidad de su movimiento. De lo cual es patente que propiamente el tiempo es medida del movimiento y de la quietud, pero per se del movimiento, de la quietud empero por accidente». Así D. Tomás, ni nunca lo opuesto enseñó. Pues 1. p. q. 10. art. 4. abiertamente atribuye la medida del tiempo no solo al movimiento, sino también al sujeto mutable. In opusc. autem 44. cap. 3.17 solo dice «que los móviles cuanto a aquello que son, como el hombre o la piedra, no se miden por el tiempo, porque la esencia de ellos no tiene lo anterior y lo posterior». Lo cual también es verísimo, ni otra cosa dice que in 4. Phys. cit., porque a saber las cosas móviles según el concepto de substancia no se miden por el tiempo, bien con todo según la duración mutable, aunque no movida en acto.
Y LA RAZÓN ES que lo mismo es la quietud que la permanencia, pues aquello se dice descansar que se ha ahora como antes. La misma, ergo, es la medida de la cosa permanente según que permanente es y de la cosa quieta. La quietud, empero, de la cosa mutable se mide por el tiempo; ergo también la substancia corruptible misma, no como substancia, sino en cuanto duradera y permanente en la quietud, mutable con todo y corruptible, se sujeta al tiempo. Y principalmente esto aparece en las substancias que también en la substancia misma se mudan por aumento o decremento o aggeneración; tales, en efecto, también en la duración misma de la substancia se sujetan al tiempo. Las que, empero, no así se mudan, con todo porque pueden mudarse y penden en su duración de causas transmutables, se dicen medirse por el tiempo, aunque en acto no se muden, sino que descansen.
De lo cual es patente a la razón de dudar desde el principio. Decimos, en efecto, que la cosa permanente, aunque en acto y formalmente no sea sucesiva, es con todo radical y extrínsecamente, por esto de que de su raíz pide poder mudarse y corromperse y pende de causas mutables. Y así cuando se dice que en su duración es permanente y la misma, distingo: permanente por razón de la inmutabilidad o por oposición al movimiento, niego; por la causa que conserva en aquella la permanencia y la quietud, con potencia con todo de que se mude, concedo. Pero esto es medirse por el tiempo, como la quietud, que consta medirse por el tiempo como algo opuesto al movimiento, como dice el Filósofo in cap. 12. huius libri,18 y por la experiencia misma consta.
Que si dices: ¿Cómo, ergo, Aristóteles y D. Tomás dicen permanecer el mismo ahora en todo el tiempo, porque permanece el mismo móvil, si según esta resolución también el móvil se mide por el tiempo, y no se mide por el ahora? Se responde que permanece el mismo ahora, no porque sea verdadero instante o la cosa misma solo se mida por el instante, sino porque es móvil permanente. Pero la permanencia es doble: Una de quietud privativa, por la que a saber es capaz de mudarse; otra de quietud negativa, por la que de todo modo se opone a la mutación; y la primera se mide por el tiempo, la segunda por el evo, porque es incorruptible.