Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Quaestio XV: DEL INFINITO
Articulus I: QUÉ SEA EL INFINITO, Y EN QUÉ ESTÉ EL PUNTO DE LA DIFICULTAD
Articulus II: SI IMPLIQUE DARSE EL INFINITO EN ACTO SEGÚN LA CANTIDAD O LA INTENSIÓN
Articulus III: SE DESPACHAN LAS DIFICULTADES Y ARGUMENTOS CONTRA NUESTRA SENTENCIA
Liber III: ACERCA DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DEL LUGAR, DEL VACÍO Y DEL TIEMPO
Quaestio XVI: DEL LUGAR Y DEL UBI
Articulus I: QUÉ SEA EL LUGAR EXTRÍNSECO Y SU INMOVILIDAD
Articulus II: QUÉ SEA EL UBI O LUGAR INTRÍNSECO
Articulus III: SI A TODOS LOS CUERPOS CONVENGA ESTAR EN LUGAR Y TENER UBI
Articulus IV: SI DOS CUERPOS PUEDAN PENETRARSE EN EL MISMO LUGAR POR VIRTUD DIVINA
Articulus V: SI IMPLIQUE QUE UN CUERPO ESTÉ EN VARIOS LUGARES CIRCUNSCRIPTIVAMENTE
Quaestio XVII: DEL VACÍO
Articulus I: SI EL VACÍO NATURALMENTE SEA DABLE
SUPONEMOS la definición del vacío traditada por Aristóteles in hoc libro, cap. 7.,1 que sea «lugar no repleto de cuerpo». Que, empero, algunos añaden «apto con todo a rellenarse», sobra, ut bene notat Mag. Soto in praesenti q. 3. concl. 3. Pues por esto mismo de que se dice lugar se designa la aptitud a la repleción. Y por eso en esta definición no se incluye el vacío negativo, cual es extra el cielo, porque allí no se da lugar, esto es alguna superficie que no contenga intra sí otro cuerpo. Puede, con todo, definirse que es espacio carente de todo cuerpo, de lo cual D. Tomás 1. p. q. 46. art. 1. ad 8., donde dice «que está sobre el cielo, y «sobre» designa el lugar imaginario».
Supongo segundo que el vacío negativo de hecho se da, pues sobre el cielo ningún cuerpo hay, pues allí se termina este universo. El vacío, empero, privativo intra el universo no se da por la inclinación misma de la naturaleza, por esto de que tal vacío impediría el orden y la disposición de los cuerpos en el universo, que consta de cuerpos ordenadamente dispuestos. El vacío, empero, como prive de cuerpo, a nada sirve sino a quitar este orden, y por eso los singulares cuerpos con todo ímpetu se llevan a rellenar el vacío incluso con detrimento del propio lugar, como cuando el agua asciende por el tubo atraído el aire. De la potencia, con todo, absoluta de Dios ninguna implicación hay de que se dé el vacío, porque puede aniquilar o separar cualquier cuerpo e impedir o denegar el concurso para que otro no se mueva a su lugar.
LA DIFICULTAD, ergo, toda consiste en si se dé alguna virtud en las cosas criadas, ya en los cuerpos ya en los espíritus, para hacer el vacío contra la inclinación de la naturaleza. Pues aunque de parte de los cuerpos varias experiencias se aduzcan por las que la naturaleza obsta al vacío, no con todo de esto se prueba que ninguna virtud se dé para poner el vacío, aunque la providencia divina aquello no permita por la conservación del universo, como de las causas naturales puede generarse tanta lluvia o fuego que destruya toda la tierra, si aquello la providencia divina lo permite. A estas, aquella necesidad y dependencia del mundo sublunar del celeste no muestra que en la naturaleza de las cosas no haya alguna fuerza para inducir el vacío, ya porque esta razón no procede en los cuerpos celestes mismos, en los que no hay dependencia para su conservación del influjo del cielo; ¿por qué, ergo, al menos allí no podrá darse el vacío? Ya segundo, porque no es cierto que, deficiente el influjo del cielo incluso por un momento, al instante perecerá el cuerpo inferior, y dado esto solo se prueba que no puede naturalmente hacerse tal vacío por el que todo el mundo inferior se prive del influjo celeste. Que, empero, alguna parte del mundo carezca de tal influjo no es mayor inconveniente que que aquella parte se destruya; cotidianamente, empero, vemos que las partes del universo se inmutan y se corrompen. Por último, aunque veamos que estos cuerpos inferiores con tanto peso se inclinan a impedir el vacío, esto con todo solo prueba que no puede inducirse el vacío por un cuerpo inferior, que solo puede operar acerca de otro cuerpo inferior, no con todo prueba que por un cuerpo celeste o por alguna fuerza más oculta no pueda inducirse el vacío.
De la virtud espiritual mayor es la dificultad por esto de que cuánto y qué pueda la virtud angélica muy oculto nos es. Puede, con todo, igualmente hacerse el argumento, ya porque los ángeles mueven todo el cielo, ergo a fortiori podrán mover todo el elemento e impedir que un cuerpo suceda a otro; ya también porque la virtud de toda la naturaleza corpórea para rellenar el vacío es finita; ergo podrá por alguna mayor, también finita, ser vencida. Mayor, empero, es la virtud espiritual que la corpórea. Ergo no repugna que la virtud de toda la naturaleza espiritual, v. g. de todos los ángeles, supere toda la fuerza de la naturaleza corpórea para rellenar el vacío. Por último, aunque la influencia del cielo se lleve por línea recta y por eso no pueda transitar puesto el vacío, con todo podrá por el ángel deferirse aquella influencia por línea oblicua para conservar el cuerpo puesto infra el vacío, y así podrá continuarse con las laciones superiores.
Por estas MUCHOS AFIRMAN que por virtud natural, al menos angélica, puede hacerse el vacío, aunque atento el orden del universo establecido por Dios contra aquel orden no puedan, no por defecto de potestad, sino por denegación de permiso, como el ángel que vuelve el cielo de oriente a occidente tiene fuerza para moverlo de modo contrario de occidente a oriente, en cuyo caso turbaría todo el mundo; y con todo supuesto el orden constituido por Dios no puede el ángel aquello hacer. Y así se inteligie lo que la Escritura dice ad Hebraeos 2, 5., «que a los ángeles no sujetó Dios el orbe de la tierra». Et Iob 34, 13.: «¿A quién constituyó otro sobre la tierra o a quién puso sobre el orbe que fabricó?». Aquello, en efecto, se inteligie por razón del orden constituido por Dios, no por defecto de potestad en el ángel. Así tienen algunos suppresso nomine apud Conimbric. q. 3. de Vacuo art. 1., y en especie tiene P. Suárez disp. 35. Metaph., Martínez hic, et Cabero disp. 3. dub. 2.
NIHILÓMENOS lo opuesto es tanto más probable cuanto más común. Y comúnmente esto suele deducirse de la dependencia misma que tienen los cuerpos inferiores del influjo y del movimiento de los superiores, que no podrá comunicarse puesto el vacío, porque faltará el cuerpo en el que se sujeten las influencias celestes. Por lo demás esta razón, aunque se deduzca de Aristóteles 1. Meteorolog. cap. 2.,2 no con todo es suficiente, ya porque solo prueba que en este mundo inferior no puede darse el vacío, en el cual hay dependencia de las influencias celestes, no absolutamente en todo el universo; ya porque al menos después del día del juicio, cuando cesarán las influencias y el movimiento del cielo, no repugnará hacerse el vacío incluso en este mundo inferior. De otra parte, ergo, puede tomarse una razón más universal de esta repugnancia por el principal bien del universo, que consiste en el orden y la coligación de todas sus partes, mucho más que el bien del animal en la coligación de sus partes. Aunque, en efecto, pueda un cuerpo mudarse de un lugar a otro, siempre con todo se subroga otro cuerpo por el que permanecen aquellas partes coordinadas y coligadas. Si, empero, ningún cuerpo sucediera, sino que se relinquiera el vacío, por esto mismo todo aquel orden faltaría no coligadas las partes mismas, y si algún cuerpo se moviera allá y no rellenara todo el vacío, permanecería aquel cuerpo separado del universo, como disyunto de todas sus partes. Así, ergo, el vacío disuelve el principal orden y bien del universo, que pende de la coligación de las partes; y así, como la materia nunca puede permanecer sin forma, así tampoco el lugar sin cuerpo.
De las cuales deduzco que en la naturaleza corpórea no hay fuerza para hacer el vacío. Es patente, porque todos los cuerpos tienen inclinación a conservar la coligación y el orden de las partes del universo incluso contra las peculiares inclinaciones de ellos mismos a los propios lugares. Ergo ningún cuerpo puede inducir el vacío.
Es patente la consecuencia, porque o lo induciría por virtud peculiar y propia de sí o por la común por la que se inclina al bien del universo. No lo primero, porque toda inclinación particular y propia no puede vencer la inclinación común, pues más bien contra la propia inclinación se mueven los cuerpos a quitar el vacío, ut3 por experiencia consta, cuando asciende el agua por el tubo quitado el aire. No lo segundo, porque la inclinación común no mira la destrucción, sino la conservación de aquel. Lo mismo, empero, es hacer el vacío y hacer contra el bien común, porque4 se destruye aquel.
Deduco segundo que tampoco la fuerza angélica puede inducir el vacío. Se toma de D. Tomás a simili in q. 16. de Malo, art. 10. ad 8.,5 donde dice: «Aunque los demonios puedan mover alguna parte de la tierra, no con todo toda la tierra, porque esto no es proporcionado a la naturaleza de ellos mismos, que muden el orden de los elementos del mundo». Como, ergo, en la inducción del vacío máximamente se mude el orden del universo y de los elementos del mundo, no es aquello concedible a la naturaleza angélica.
Cuya razón, para que de raíz se explique, dos han de advertirse: Primero, que los ángeles directamente no pueden hacer algo sino por movimiento local, a saber aplicando los activos a los pasivos, ut probat S. Thomas eadem q. 16. de Malo art. 9.6 et 1. p. q. 110. art. 3. De donde solo podrán inmutar del orden del universo cuanto este orden pende del movimiento local, como si movieran el cielo con movimiento opuesto al que ahora es, mudarían todas las que de este movimiento penden.
Lo segundo es que la naturaleza no solo resiste al vacío por movimiento local, sino también si es menester por rarefacción o condensación o, como algunos estiman, por fuerza atractiva o por otros modos posibles a sí. De esto, ergo, se deduce que no puede el ángel hacer el vacío, porque debería impedir los movimientos de todos los cuerpos que a impedirlo concurrirían, de tal modo que, si el cuerpo próximo no pudiera impedir el vacío, el distante a aquello se movería, y si no pudiera por movimiento local, intentaría por movimiento de rarefacción o de condensación o por otro cualquiera. Todos, empero, estos movimientos el ángel no puede impedirlos, porque o los impediría por propia virtud y directamente o aplicando los activos a los pasivos. No del primer modo, pues solo puede por movimiento local operar acerca de los cuerpos, no por otros movimientos de alteración, de los que también se sirve la naturaleza para resistir al vacío. No del segundo modo, porque los activos y pasivos que puede aplicar el ángel son cuerpos, que ni por virtud propia ni por la común pueden operar al vacío. Si, empero, el ángel removiera todos los cuerpos que pueden impedir el vacío, debería remover todo el universo, porque todos los cuerpos a impedir el vacío concurrirían. No7 puede, empero, el ángel destruir todo el orden del universo, lo cual es propio del autor del universo.
De las cuales SE RESUELVEN LAS RAZONES DE DUDAR. Decimos, en efecto, a las primeras que no pueden los cuerpos, incluso celestes, inmutar el principal orden del universo, ni el diluvio universal proviene de sola la disposición de las estrellas, sino también operando la virtud divina, por la que «se rompieron todas las fuentes del abismo», ut dicitur Gen. 7, 11. Y de la última conflagración del mundo dice D. Tomás q. 5. de Potentia art. 6. ad ult.,8 «que no provendrá de alguna causa natural, sino que provendrá del imperio de la voluntad divina». Y videri etiam potest in 4. dist. 46. q. 2. art. 1. quaestiunc. 3.9 Y con todo mayor es la resistencia al vacío que al diluvio o a la conflagración, porque en el vacío se disuelve la coligación substancial de las partes del universo, a la cual todos los cuerpos concurren incluso contra las propias inclinaciones; en el diluvio, empero, o en la conflagración un cuerpo sucede a otro en el lugar.
A las demás razones de parte de la virtud angélica se responde que prueban que los ángeles podrán vencer los movimientos peculiares de cualesquiera cuerpos hacia el lugar, pero no prueban que puedan vencer todos los movimientos, incluso de alteración y de rarefacción, y todos los demás por los que toda la naturaleza resiste al vacío. Y aunque no sea virtud infinita aquella por la que se resiste al vacío, con todo la virtud que ahora está en el universo no puede vencer aquella virtud finita, porque no puede inmutar la coligación substancial y el orden del universo ya por movimiento local ya por otros movimientos, ut explicatum est.
LOS ARGUMENTOS que suelen hacerse para probar que el vacío naturalmente es posible intra este universo son fáciles. Primero, porque dos cuerpos perfectamente planos sin ningún medio se tocan. Ergo si a la vez totalmente se separan, no podrá en aquel primer instante todo el aire ocupar aquel espacio intermedio, pues por movimiento entra. Ergo al menos por alguna breve mora se dará el vacío.
Segundo, si un vaso lleno de agua cálida y por todas partes ocluido se expone al frío, se congelará el agua, pues todo el vaso se penetra de frío. Ergo se contrae aquella agua congelada; ergo como el vaso esté ocluido permanecerá algún vacío.
Por último, la naturaleza no se mueve a rellenar el vacío violentamente; así, en efecto, no se llevaría a aquel con tanto ímpetu no moviendo nadie extrínsecamente; ni naturalmente, porque se lleva contra la propia inclinación y el bien, que es máximamente apetecible, porque, ut dicit Philosophus, 8. Eth. cap. 2.,10 «amable ciertamente es el bien, máximamente empero el propio». Contra el propio, ergo, bien no puede algo sino violentamente llevarse.
A lo primero se responde que aquellos dos cuerpos no pueden instantáneamente disyungirse o copularse, sino que importa dar lugar al cuerpo que entra o recede, lo cual se hace por movimiento, como tampoco los lados del fuelle pueden arrancarse si el orificio está ocluido, sino que o se abran o se rompan los lados del fuelle. Ni obsta que el cuerpo plano que cae sobre otro plano sea demasiado ponderoso, v. g. una mole de hierro; se detendrá, en efecto, por fuerza de toda la naturaleza para que en instante no se conjunte al otro plano, hasta que el aire intercluso pueda salir, lo cual se hará en brevísimo tiempo.
A lo segundo se responde que en aquel caso o el agua no ha de congelarse, o el vaso ha de romperse si el aire de ningún modo puede entrar, o por evaporación del agua ha de generarse. Y aquella fractura del vaso empezará por la parte más débil, o donde mayor frío incumbe. Que si de toda parte el vaso sea igual y el frío circundante también igual, o no se congelará el agua resistiendo la naturaleza para que no se dé el vacío, o a la primera causa atañerá determinar por qué parte el vaso haya de romperse.
A lo último dijimos supra q. 9. art. 4.11 que aquel movimiento a suplir el vacío es natural y de la gravedad misma puede proceder, en cuanto es parte del universo, lo cual es no ser natural absolutamente, sino respecto de todo el universo y supuesta su exigencia. Como, en efecto, para la conservación de la tierra la gravedad inclina hacia abajo, así por la conservación del todo, y consecuentemente de la tierra misma como parte del todo, se inclinará la tierra y su gravedad a ascender hacia arriba con ímpetu más vehemente. Y como en el animal vemos que la elevación del pie es natural según la forma del alma, no según la razón del cuerpo, ut docet Aristoteles 8. Phys. textu 27.12 et ibi D. Thomas lect. 7.,13 así el movimiento a suplir el vacío es simpliciter natural respecto del bien común. Cuando, empero, dice Aristóteles que el bien propio máximamente es amable, comparó el bien con el bien privado de otro, no con el bien común, porque este también atañe a la cosa misma; ni es bien extraño o ajeno, pues máximamente de aquel pende la conservación de lo propio.
Articulus II: SI EL CUERPO EN EL VACÍO PUEDA MOVERSE
LA DIFICULTAD puede tomarse o de la razón extrínseca del movimiento mismo, que no puede en el vacío adquirir término, o de algún extrínseco, porque puesto el vacío falta la influencia del cielo, de la cual pende todo movimiento del cuerpo inferior. En lo presente hablamos del movimiento en el vacío absolutamente, y cuanto es de la naturaleza del movimiento, no atenta la dependencia de lo extrínseco, que o puede suplirse por Dios, o no corre sino en los cuerpos inferiores, o no sino durando este estado de las cosas, no cesando el movimiento del cielo.
NUESTRA RESOLUCIÓN, ERGO, ES: No repugnar el movimiento en el vacío hablando absolutamente, aunque extra el universo no se haga movimiento natural por la gravedad o la levedad.
Esta sin duda es la sentencia de D. Tomás. Pues 3. p. q. 57. art. 4. ad 2. enseña «que el cuerpo de Cristo Señor está extra toda la continencia de los cuerpos celestes y no está en lugar continente». Et Quodlib. 6. art. 3.1 enseña «que nada prohíbe que el ángel y el cuerpo glorioso estén en el convexo del cielo empíreo, porque no penden estos cuerpos del primer continente, que es el cielo». Donde pondero que S. Tomás no restringió el modo de existir del cuerpo de Cristo en el cielo a esto, que toque la superficie última del cielo por alguna parte del cuerpo, sino que absolutamente dice que está extra toda la continencia del cielo. Y al menos algunas partes del cuerpo de Cristo, como la cabeza y los brazos, extra la continencia del cielo están, incluso dado que con los pies toque la última superficie; por aquella, en efecto, entonces no se circunscribe, y así no será lugar, sino que allá llegó Cristo por el movimiento local por el que a saber ascendió sobre todos los cielos. Ergo algunas partes de su cuerpo movió por aquel espacio que está extra el cielo, que es el vacío negativo. Por último in 4. Phys. lect. 11. circa finem2 dice D. Tomás «que en el vacío no se movería algo por movimiento del que proyecta, sino mientras fuera llevado por la mano del que proyecta, pero al instante emitido de la mano caería». Ergo siente que se daría algún movimiento en el vacío hablando absolutamente.
Después consta que el último cuerpo en la sentencia del Filósofo y hablando absolutamente puede moverse. Consta, empero, que la superficie del último cuerpo no está en lugar, pues ultra aquel no hay otro cuerpo ambiente; ergo el movimiento en el vacío puede darse.
Por último ninguna repugnancia hay al movimiento en el vacío. Pues de parte de los cuerpos se da potencia motiva, principalmente si es viviente. Similarmente se da algún término que adquiera; puede, en efecto, aproximarse o receder de algún otro cuerpo puesto también en el vacío. Y sin duda, si Dios aniquilara los cuerpos sublunares y relinquiera el fuego en la tierra, aquel ascendería ya para conservarse en el lugar propio junto al cielo, ya para rellenar el vacío; ergo se movería por aquel. Que, empero, Aristóteles in 8. cap. huius libri3 haya probado que no se da el vacío porque en aquel no puede darse movimiento, no absolutamente aquello enseña el Filósofo, sino ad hominem arguye a aquellos que decían impedirse el movimiento si el espacio fuera pleno. Contra los cuales prueba que el vacío más bien impide el movimiento, al menos el natural y el de proyección, porque entonces no se dará lugar determinado al que se lleve para que descanse, sino que in infinitum se moverá. Pero no prueba de todo movimiento en el vacío, v. g. el que se haría si se pusiera el vacío intra este universo para rellenarlo, o el que podría hacerse incluso extra el cielo por movimiento progresivo o por movimiento del último cuerpo. Si, empero, se seguiría hacerse el movimiento en instante si se diera el vacío, al instante diremos.
CONTRA ESTA RESOLUCIÓN, CON TODO, OBJETARÁS PRIMERO: PUES el movimiento local solo se termina al ubi, que es modo intrínseco proveniente del extrínseco que circunscribe. Pero en el vacío ningún que circunscribe se da; ergo tampoco algún ubi circunscriptivo y consecuentemente tampoco movimiento corpóreo, que solo el ubi circunscriptivo y corpóreo puede producir. Y principalmente esto se urge en la sentencia de D. Tomás 1. p. q. 110. art. 3., donde dice «que lo móvil según el lugar no está en potencia a algo intrínseco en cuanto de este modo, sino a algo extrínseco, a saber el lugar». Ergo como en el vacío ningún lugar extrínseco hay, no se dará movimiento en aquel.
Si dices que el movimiento en el vacío no es al lugar, sino alrededor del lugar, en cuanto puede adquirir distancia o aproximación a otro cuerpo: contra esto está que tal aproximación o distancia no es ubi positivo, pues carece de toda circunscripción, y consecuentemente no es término positivo del movimiento; ni, en efecto, removido el ubi aparece qué se adquiera por el movimiento propio. Y después, si todos los cuerpos fueran aniquilados por Dios salvo uno solamente, aquel no podría adquirir distancia o aproximación positiva, que es respecto de otro cuerpo. Ergo al menos entonces nada positivo habrá de adquirirse por el movimiento, y así no se moverá aquel cuerpo.
Segundo, si se diera movimiento en el vacío, se seguiría que sería en instante, y por tanto se destruiría la razón misma de lo sucesivo, con cuyo argumento se sirve Aristóteles in hoc libro contra los antiguos.4 La secuela se prueba, porque lo móvil por eso consume tiempo, porque el medio le resiste; cuanto, en efecto, el medio es más sutil, tanto el movimiento es más veloz. Ergo removido todo medio ninguna resistencia habrá, y así ningún tiempo se consumirá, como la luz en instante ilumina porque nada le resiste, y la generación substancial se hace en instante porque toda resistencia del contrario por las disposiciones ha sido quitada. Ya porque de otro modo dos cuerpos de desigual gravedad, como una mole de hierro y un grano de mijo, se moverían en el mismo tiempo por el vacío; por eso, en efecto, algo más velozmente se mueve, porque más fácilmente hiende el medio mismo. Ergo donde ningún medio hay, igualmente fácilmente uno y otro se moverá.
Tercero hay dificultad, porque en el vacío ni se hace movimiento naturalmente ni violentamente ni por impulso ni progresivamente; ergo de ningún modo. No sería natural, porque el movimiento natural tiende hacia arriba o hacia abajo por su conservación; en el vacío, empero, no hay alguna posición de arriba o de abajo ni virtud de conservar en una parte más que en otra. No violento, porque el movimiento violento se opone al natural y declina de aquel; ergo donde no puede darse movimiento natural tampoco violento. No por impulso, porque la cosa proyectada por eso se lleva por impulso, porque el aire concitado por el impulso lleva y sustenta lo proyectado para que no caiga. Pero en el vacío no hay aire ni otro cuerpo; ergo lo proyectado no puede llevarse por el vacío. Por último, no se da movimiento progresivo por aquella razón general, porque si el cuerpo ocupa espacio en el vacío, por esto mismo de que recede de aquel espacio lo relinque vacío, y así naturalmente haría el vacío por el movimiento.
Por último: Más libre del lugar es el espíritu que el cuerpo; pero el espíritu no se movería en el vacío; ergo tampoco el cuerpo. La menor se prueba, porque el espíritu se mueve adquiriendo el ubi espiritual, que resulta no de la circunscripción pasiva, sino de la operación de su virtud o de la aplicación a operar, ut docet D. Thomas 1. p. q. 52. y comúnmente los tomistas. Pero en el vacío no puede operar acerca de algo; ergo ningún ubi puede adquirir ni algún término del movimiento.
A LO PRIMERO SE RESPONDE que el movimiento en el vacío puede adquirir el ubi, y si no actual y formalmente circunscriptivo, virtualmente con todo o inadecuadamente o reductivamente.
De doble modo, en efecto, puede inteligirse el vacío y el movimiento en aquel: De un modo, de tal manera que el vacío se haga intra este universo, y aunque se quite la superficie inmediatamente ambiente, no con todo se quite la superficie misma del primer localizante, a saber del cielo, bajo el cual puede moverse el cuerpo, aunque no inmediatamente se circunscriba, sino que esté en el vacío. Y así el movimiento hecho en tal vacío adquiere el ubi circunscriptivo con circunscripción mediata y superior, porque aunque no adquiera el lugar formal, esto es el adecuado e inmediatamente que lo circunscribe, adquiere con todo el lugar mediatamente que circunscribe; y esto llamamos ubi virtualmente circunscriptivo. De otro modo puede moverse algo en el vacío que está extra todo el universo, y entonces no puede adquirir el ubi según que dice circunscripción localizada mediata o inmediata, sino que solo puede adquirir alguna razón de distancia o de proximidad respecto de otro cuerpo del que recede o al que se aproxima. Ni, en efecto, el movimiento local es solo al lugar, ut dicit D. Thomas opusc. 52.,5 sino también alrededor del lugar.
De aquí, empero, coligimos que al movimiento local no solo atañe adquirir el ubi que simpliciter y perfectamente sea circunscriptivo, sino también el que imperfecta o inadecuadamente y solo reductivamente sea ubi circunscriptivo. Aquel se dice ubi adecuada y perfectamente en el que se hallan todas las condiciones requeridas al ubi circunscriptivo; aquel, empero, inadecuada e imperfectamente en el que no se hallan todas, sino solo alguna. Requiere, empero, el ubi circunscriptivo dos condiciones: Una es que se dé algún cuerpo extrínseco que circunscribe; otra, que se dé alguna distancia o proximidad respecto de algún término fijo e inmóvil. Ni, en efecto, sola la circundación del cuerpo extrínseco basta para el lugar; esto, en efecto, también se halla en el vaso respecto de aquello que contiene y en el vestido respecto de aquello que circunda, y ninguno de los dos es lugar, porque con el móvil mismo se lleva, no se adquiere o se relinque. Por razón, empero, de la distancia tiene el lugar aquello que es propio del lugar, a saber adquirir diversa situación o distancia y relinquir otra; y esta no se lleva con el móvil mismo cuando se mueve, y por eso se llama inmóvil. Removido, ergo, el cuerpo que circunscribe en el vacío, puede permanecer el orden de proximidad o de distancia a otro cuerpo alrededor del cual o junto al cual se mueva algún cuerpo. Y esto es adquirir el ubi inadecuadamente o cuanto a algo, y no cuanto a todas las cosas, esto es no cuanto a la circunscripción, sino cuanto a la distancia. Y decimos adquirirse también algún modo que sea reductiva e imperfectamente ubi, cuando así se mueve algo en el vacío, porque la relación de distancia o de proximidad no puede inmediatamente fundarse en el cuerpo móvil mismo, porque es indiferente a esta o aquella distancia o proximidad, y así requiere algún modo o determinación que de nuevo sobreviene, en el cual esta diversa relación se funde o se mude. Lo cual de allí también coligimos darse, porque el cielo está en potencia al ubi y no al ser, ut ex Philosopho saepe docet S. Thomas y videri potest in 2. dist. 1. q. 1. art. 5. ad 8. secundo loco,6 y con todo el ubi del último cielo no es circunscriptivo adecuadamente. Y aunque en el espacio vacío mismo la distancia positiva no esté, puede con todo en el cuerpo mismo que se mueve en el vacío fundarse distancia positiva respecto de otro cuerpo del que recede o al que se aproxima, y así positivamente moverse. Que si ningún otro cuerpo haya sido criado por Dios sino solo uno en el espacio imaginario, tal cuerpo no podrá moverse con movimiento local positivo, porque se quita toda diferencia de lugares, como también sienten Conimbric. hic cap. 9. q. 4. art. 2. § Ad rationes. Pero esto es por accidente, porque falta la materia acerca de la cual se produzca el ubi ya perfecto ya imperfecto, como el fuego por defecto de materia no alterará ni generará. Y así también salvamos el dicho de D. Tomás, que el movimiento local siempre es a lo extrínseco, esto es o al extrínseco que circunscribe o al extrínseco distante o próximo, siempre con todo suponiendo que se produzca algún modo intrínseco al móvil mismo hacia tal extrínseco, y esto se llama ubi. Y así es patente a todas las réplicas de la primera objeción.
A lo segundo se niega la secuela de D. Tomás in 4. dist. 44. q. 2. art. 3. quaestiunc. 3. ad 2.,7 donde enseña que la resistencia no se toma solo de parte del medio al movimiento, sino también de parte de lo móvil al movente y de parte de los lugares entre sí, porque, como tengan alguna distancia que es como contrariedad positiva, aquella no puede vencerse en instante, sino en tiempo. Las razones, empero, del Filósofo in cap. 8. huius libri solo proceden contra algunos que toda la resistencia del movimiento ponían de parte del medio; así, en efecto, quitado todo medio se quitaba toda razón de resistencia. Consta, con todo, que no de allí solo nace la resistencia o la distancia habiendo de vencerse con tiempo, ut patet ya en el cielo mismo, en el cual no hay resistencia al movimiento de parte del medio, y con todo consume tiempo; ya también porque si del cielo hasta la tierra hubiera vacío y se moviera una piedra de un palmo, si en único instante se moviera del cielo a la tierra, en el mismo instante estaría presente a la vez al cielo y a la tierra y a la distancia intermedia, cuando con todo solo es de un palmo. Si, empero, en diverso instante está en el cielo y en la tierra, ya se mueve en tiempo, porque entre dos instantes hay tiempo medio. Y así es patente a las razones en contrario. Ni, en efecto, toda la razón de resistencia o la mayor facilidad de moverse es por razón del medio que resiste, aunque de allí se tome alguna parte de la resistencia, sino que se toma también ella misma de la existencia de los lugares y la mayor o menor facilidad del movimiento del mayor peso o de la virtud del movente.
A lo tercero se responde que extra el cielo no habría movimiento natural por razón de la gravedad o de la levedad, porque allí no se da centro o lugar natural conservativo al que inclinan estas virtudes, y consecuentemente tampoco se dará el movimiento violento opuesto a aquel. Podrá, con todo, darse movimiento progresivo como en el cuerpo de Cristo que asciende ultra el cielo, o también por impulso impreso al cuerpo mismo, no al aire que lleva. Que, empero, entonces del movimiento del cuerpo se relinque el vacío no obsta, porque esto no es hacer el vacío removiendo los cuerpos para que no lo rellenen, sino, presupuesto ya el vacío, mudar la distancia propia.
A lo último se responde que D. Tomás in illo Quodlib. 6. supra cit.8 enseña que el ángel puede estar en el convexo del cielo empíreo, como el cuerpo glorioso, que ultra el cielo puede moverse. Qué, empero, adquiera el ángel en aquel vacío pende de las diversas sentencias de cómo el ángel esté en lugar y qué sea el ubi espiritual, lo cual no atañe al físico, sino al teólogo. En la sentencia de Divus Thomas, que el ángel está en lugar por el ubi recibido en sí, mediante con todo el contacto no formal, que es por la cantidad, sino virtual, que es por la operación, en cuanto puede extra sí obrar hacia el cuerpo, como el alma informar la materia, ha de decirse que el ángel en el vacío podrá moverse a algún cuerpo que esté distante de sí con movimiento discreto, no transitando por el medio, porque no se da algún cuerpo al que asista y que con su operación continuada toque. Si, empero, ningún cuerpo haya en la naturaleza de las cosas, no podrá moverse, como tampoco estar en lugar operativamente, lo cual con todo es por accidente por defecto de la materia acerca de la cual opera, como el alma removido el cuerpo no puede informar. Ni con todo puede el ángel en el vacío adquirir distancia o proximidad, como el cuerpo que se mueve por el vacío, por esto de que el ángel no puede fundar distancia positiva inmediatamente en sí, pues carece de toda ocupación de lugar y de divisibilidad, sino que solo puede fundarla mediatamente, esto es mediante el cuerpo al que asiste o9 al que se aplicará a operar.