Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Quaestio XV: DEL INFINITO
Articulus I: QUÉ SEA EL INFINITO, Y EN QUÉ ESTÉ EL PUNTO DE LA DIFICULTAD
Articulus II: SI IMPLIQUE DARSE EL INFINITO EN ACTO SEGÚN LA CANTIDAD O LA INTENSIÓN
Articulus III: SE DESPACHAN LAS DIFICULTADES Y ARGUMENTOS CONTRA NUESTRA SENTENCIA
Liber III: ACERCA DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DEL LUGAR, DEL VACÍO Y DEL TIEMPO
Quaestio XVI: DEL LUGAR Y DEL UBI
Articulus I: QUÉ SEA EL LUGAR EXTRÍNSECO Y SU INMOVILIDAD
Articulus II: QUÉ SEA EL UBI O LUGAR INTRÍNSECO
Articulus III: SI A TODOS LOS CUERPOS CONVENGA ESTAR EN LUGAR Y TENER UBI
Articulus IV: SI DOS CUERPOS PUEDAN PENETRARSE EN EL MISMO LUGAR POR VIRTUD DIVINA
Articulus V: SI IMPLIQUE QUE UN CUERPO ESTÉ EN VARIOS LUGARES CIRCUNSCRIPTIVAMENTE
Hablamos de la presencia circunscriptiva, porque el estar en lugar un cuerpo circunscriptivamente y no en otro consta de la fe; pues el cuerpo de Cristo extensivamente está en el cielo y sacramentalmente en la Eucaristía. Pero porque la circunscripción así adecua la cosa localizada que supone en aquella la última superficie ultra la cual no se continúa ni se extiende, por eso tiene especial dificultad si la cosa una vez localizada y circunscrita pueda en otro lugar similarmente circunscribirse y por otra superficie terminarse permaneciendo la adecuación del lugar y la unidad de lo localizado. Y esto de doble modo puede hacerse: de un modo permaneciendo la misma substancia y cantidad del cuerpo y la misma superficie; de otro modo puesta doble cantidad en la misma substancia del cuerpo, de tal modo que según una se termine en un lugar y según otra en otro, no hecha ninguna división en la misma cantidad, sino otra sobreañadida.
Es, ergo, en esta dificultad doble sentencia entre la escuela de Divus Thomas y de Escoto. Pues Escoto in 4. dist. 10. q. 2. per totam tiene que no implica contradicción que un cuerpo circunscriptivamente esté en doble lugar. A quien además de su escuela siguen comúnmente los más recientes, ut Conimbric.,1 Suárez,2 Belarmino,3 Valentia,4 Rubio5 y otros, que se citan in Cursu Carmel. hic disp. 19. q. 8. Es más, muchos añaden que esta sentencia es más conforme a la verdad y a los principios de la fe, por los que se establece la real presencia del cuerpo de Cristo en la Eucaristía.
El fundamento de esta sentencia se reduce a tres cabezas: Primero de los efectos, porque de hecho así alguna vez aconteció; segundo por razón; tercero de los ejemplos.
Lo primero se prueba, porque ante todo cuando Cristo apareció a Pablo, fue visto por aquel en el propio cuerpo, ut argumentatur S. Thomas 3. p. q. 57. art. 6. ad 3., porque de otro modo no podría ser testigo de su resurrección; y con todo Cristo entonces no recedió del cielo, porque hasta el día del juicio no descendió, de allí según aquello de los Hechos: «Al que importa que el cielo reciba hasta el tiempo de la restitución de todas las cosas»6 Agustín7 dice que, hasta que el siglo se termine, arriba está el Señor. Ergo importó que entonces Cristo Señor no recediendo del cielo fuera visto en el aire por Pablo, y así existió en doble lugar. Omito otras visiones por las que Cristo Señor fue visto en las tierras o apareció en la Eucaristía. Estas, en efecto, pueden referirse no a la visión en el propio cuerpo, sino en alguno aparente, y por tanto no así prueban como aquella visión de Pablo.
El segundo fundamento es de la razón, que se toma de la respuesta o improbación de la implicación contraria. Parecen, en efecto, muy débiles las razones por las que esta implicación se prueba, y si algo prueban, también probarían que el cuerpo de Cristo no puede indivisiblemente estar en varias hostias. Pues lo que se dice, que el lugar circunscriptivo así adecuadamente termina y comprende el cuerpo que extra aquel no permite estar circunscriptivamente, del mismo modo prueba que no permite estar sacramentalmente. Pues si puede exceder aquellos términos circunscriptivos existiendo en otra parte indivisiblemente, ¿qué importa que los exceda existiendo en otra parte divisiblemente atendiendo precisamente a la adecuación de la primera circunscripción? Además de que8 puede decirse que está adecuadamente en un lugar con adecuación natural y en orden a la potencia natural, no en orden a la sobrenatural, como el intelecto naturalmente inteligie a Dios de las criaturas, sobrenaturalmente en sí mismo. Que, empero, se añade seguirse que el mismo cuerpo estaría dividido si se pusiera en doble lugar, o que también podría el mismo cuerpo estar en infinitos lugares si una vez puede estar en dos, porque es la misma razón de los infinitos, uno y otro se sigue del mismo modo en el cuerpo de Cristo sacramentado, y allí han de resolverse estos inconvenientes. Pues también se sigue que pueda estar en infinitas hostias sin término. Ni con todo se sigue que si un cuerpo esté en infinitos lugares esté en todas partes como Dios, porque ni de sí mismo ni primero y per se estaría en todas partes; Dios, en efecto, así está todo en todo lugar que está todo en toda parte del lugar, y así todo está en todas partes; aquel, empero, cuerpo está en cualquier lugar por sus partes. Similarmente no se sigue que el cuerpo de Cristo esté dividido e indiviso por esto de que está en el cielo y extra el cielo bajo cantidad ajena, a saber bajo las especies del pan. ¿Por qué, ergo, estará dividido si esté en otra parte bajo cantidad propia, principalmente si tuviera doble cantidad? Además de que solo se sigue esta división cuanto al lugar y a la circunscripción, no cuanto a la entidad y a la substancia, porque esta no se toma de la multiplicación de los lugares, que es accidental.
El tercer fundamento se toma de los ejemplos. Pues ante todo puede el mismo cuerpo estar en doble lugar, uno divisible, otro indivisible, ut patet in el cuerpo de Cristo; ergo puede pender de doble presencia, una natural, otra sobrenatural e indivisible, de las que cualquiera adecuada y totalmente en su género vuelve presente a aquel cuerpo. Ergo similarmente podrá pender de doble presencia circunscriptiva, aunque una y otra sea adecuada. Ni, en efecto, por esto de que sea circunscriptiva algo más añade sobre la otra circunscripción que multiplicar los lugares mismos, que solo accidentalmente se tienen a la multiplicación de la substancia. Ítem no repugna que el mismo cuerpo se afecte por doble cantidad o por doble blancura o calor, ni repugna que la misma naturaleza se termine por doble subsistencia divina; ergo tampoco repugnará circunscribirse por doble ubi, aunque uno y otro sea adecuado y suficiente. Se confirma, porque la unidad del lugar está con la duplicidad del cuerpo, ut patet cuando dos cuerpos se penetran. Ergo también la duplicidad del lugar estará con la unidad del cuerpo. La consecuencia es patente, porque si la diversidad de los cuerpos pende de la diversidad del lugar, también la unidad pendará de la unidad, y al contrario si la unidad no pende, ut manifestum est, tampoco pendará la diversidad, sino que le será accidental.
La sentencia opuesta perpetuamente se defiende por D. Tomás en muchos lugares, ut in 4. dist. 10. q. 1. art. 3. quaestiunc. 2.9 y más abiertamente dist. 44. q. 2. art. 2. quaestiunc. 3. ad 4.,10 donde dice «que un cuerpo estar a la vez localmente en dos lugares no puede hacerse por milagro»; et Quodlib. 3. art. 2.,11 donde dice «que el cuerpo estar en doble lugar circunscriptivamente es poner dos contradictorios a la vez». Lo mismo insinúa 3. p. q. 75. art. 1. in argumento 3. adiuncta eius solutione, et opusc. 70. q. 4. art. 4.12 Siguen a D. Tomás comúnmente todos sus discípulos, y además S. Buenaventura in 4. dist. 49. art. de Dote subtilitatis,13 Durando in 4. dist. 10. q. 4. n. 8., Herveo,14 Paludano,15 Egidio,16 el Abulense17 y otros, a quienes sigue P. Vázquez 3. p. tom. 3. disp. 189. cap. 5. et Mag. Lorca in manuscriptis de Eucharistia, ut citat Cabero hic disp. 1. dub. 5.
De las varias, empero, implicaciones que se aducen, a aquella como a la principal se revocan las restantes, porque así un cuerpo existente bajo única cantidad se adecua por una circunscripción que, si se pone en doble lugar circunscriptivamente, se dividirá su cantidad y consecuentemente el cuerpo mismo; y así será a la vez el mismo y diverso. Y18 cuando la adecuación es tal que si se multiplica se destruye la unidad del sujeto, implica que permaneciendo tal unidad se exceda aquella adecuación. Que, ergo, la cantidad se divida por esto mismo de que se pone de aquel modo en doble lugar, de allí se prueba, porque aquel cuerpo así puesto en doble lugar tendría doble superficie terminante, ante todo19 si se pone en doble lugar inmediato, de tal modo que, si a la vez accedieran, se tocarían con verdadero contacto, como también tocan aquellos lugares en los que se ponen; de otro modo no se localizarían en doble lugar si en uno y otro no tuvieran contacto a dichos lugares. Aquellas, empero, se tocan cuyos extremos o superficies están a la vez, ut dicitur 5. Phys. cap. 3.20 Ergo si aquel cuerpo se pone en doble lugar, doble superficie debe tener, si en verdad si se pusiera en lugar inmediato a sí verdaderamente sería contiguo a sí y verdadero contacto tendría a sí, como tienen dos manos, y como tiene verdadero contacto al cuerpo que lo circunscribe en doble lugar. Si, en efecto, se penetraran, por esto mismo no estaría en doble lugar, lo cual es destruir el caso. Puede, empero, ponerse en lugar inmediato a sí si una vez puede ponerse en doble remoto. Pero aquellas se dicen tener contacto y ser contiguas cuyos extremos están a la vez; aquellas empero continuas, que por término común se copulan. Ergo aquel cuerpo puesto en doble lugar inmediato a sí entre sí21 verdadero contacto tendrá, y por tanto doble superficie. No, ergo, permaneciendo la misma cantidad o superficie puede ponerse en doble lugar de modo circunscriptivo.
Y más ampliamente esto es patente, porque si se pone el cuerpo en doble lugar remoto de sí, v. g. en Roma y en Alcalá, por esto mismo la cantidad de aquel cuerpo permanece dividida; ergo no puede permanecer la misma.
La consecuencia es manifiesta, y el antecedente se prueba, porque aquella cantidad se discontinúa; ergo se divide. Entonces, en efecto, se discontinúa la cantidad cuando entre esta y esta cantidad se interpone algún cuerpo medio que no se continúa con tal cantidad; pero puesto el cuerpo en Roma y en Alcalá, entre el cuerpo que está en Roma y en Alcalá yace el aire o muchos otros cuerpos, de los cuales ninguno se continúa con aquel. El aire, en efecto, que abarca el cuerpo en Roma es contiguo a aquel como su lugar, no continuo, y similarmente el aire que está en Alcalá. Ergo se discontinúa la cantidad de este cuerpo por esto mismo de que se pone en doble lugar, y así es cantidad dividida, no la misma. Y así es contradicción que el mismo cuerpo o la misma cantidad se ponga en doble lugar y no permanezca dividida.
A ESTA RAZÓN DE TRIPLE MODO PUEDE RESPONDERSE: Primero instándola; pues también la cantidad del cuerpo de Cristo está en el cielo y en el Sacramento, ni con todo está dividida ni es otra. Ergo similarmente no estará dividida por esto de que se ponga circunscriptivamente en doble lugar. Segundo diciendo que de esta posición en doble lugar no se sigue división intrínseca en la cantidad o en el cuerpo, sino solo extrínseca según doble ubicación o lugar, lo cual es verdaderísimo. Tercero, que al menos no repugnará que el cuerpo esté en doble lugar si a aquel se tribuya por Dios doble cantidad, lo cual ninguna repugnancia envuelve.
A la primera instancia se responde que el cuerpo de Cristo en el Sacramento tiene la misma cantidad y superficie que en el cielo, porque de modo indivisible e incircunscripto aquella tiene en el Sacramento. Y así bien está que sea la misma superficie, porque del modo mismo de existir no se divide ni se discontinúa, sino que existe a modo de substancia en el Sacramento sin ningún contacto a otros cuerpos. Y así no corre el argumento contra el modo de existir sacramental, como contra el modo circunscriptivo en doble lugar, porque no divide la superficie por esto mismo de que no la pone de modo divisible en otro lugar. Ni importa reducir la explicación de este misterio a aquellas angustias que padece la existencia en doble lugar circunscriptivo. Se hace, en efecto, aquel misterio menos inteligible principalmente a los filósofos si se inteligie el cuerpo de Cristo a modo de cuerpo dividido en doble lugar, o si pende la inteligencia de este misterio de la posición del cuerpo en doble lugar circunscriptivamente. Aunque, en efecto, esto parezca volver más inteligible la existencia doble del cuerpo en el cielo y en el Sacramento, menos con todo inteligible vuelve la identidad del mismo cuerpo, porque duplicada la circunscripción se discontinúa.
A la segunda instancia se responde que no es inteligible aquella doble ubicación y circunscripción sin discontinuación y división de la cantidad, porque nada otro es dividirse la cantidad que así ponerse en lugar que se interpone otro cuerpo medio no continuado con aquellos extremos, como necesariamente se sigue puesto el cuerpo en aquel doble lugar por modo de contacto y de circunscripción, ut22 se ha mostrado.
A la tercera instancia se dice que la implicación aducida no corre si un cuerpo tiene doble cantidad. Y aquello parece sentir D. Tomás Quodlib. 3. art. 2.,23 donde pone el argumento «que la dimensión del pan podía convertirse en la cantidad del cuerpo de Cristo, como la substancia del pan en la substancia del cuerpo de Cristo». Y responde «que si la dimensión de este cuerpo se convirtiera en aquella dimensión de otro cuerpo, ya no serán dos dimensiones, sino una solamente; y así no se conmensuraría a diversos lugares, sino a uno solamente». Ergo a contrario sensu, si se diera doble dimensión, no repugnaría conmensurarse a doble lugar. Y como ahora el cuerpo de Cristo mediante la dimensión del pan a la que se liga está en doble lugar, uno per se, esto es por la propia dimensión en el cielo, otro por accidente, esto es por cantidad ajena en la tierra, así si tal dimensión u otra similar y de la misma figura con la dimensión propia del cuerpo de Cristo no se le ligara extrínsecamente, sino que por inherencia intrínseca se uniera, no menos podría estar en doble lugar, uno per se, otro por accidente por razón de aquella doble cantidad inherente a sí. Si, empero, esto sea posible de potencia absoluta, que doble cantidad se tribuya al mismo cuerpo por inherencia intrínseca, no disputo en lo presente, ni en ello hallo abierta repugnancia, para que, como se liga la cantidad ajena del pan al cuerpo de Cristo, así pueda inherirle otra de similar figura y extensión con la suya propia, de24 la cual sola se individuaría, no de la segunda. Pero lo que decimos es que, permaneciendo la misma cantidad, repugna ponerse circunscriptivamente en diverso lugar, porque esto es lo mismo que dividirse; si con todo se diera doble cantidad, ninguna implicación corre ni25 entonces se circunscribiría adecuadamente por un lugar, sino por doble según la doble cantidad.
Omito varias OTRAS RAZONES deducidas del inconveniente, en cuya resolución mucho laboran los autores opuestos, v. g. que si se pone un cuerpo en doble lugar, podrá moverse el mismo cuerpo con movimientos contrarios, y aquí tener sumo frío si se pone entre nieves, allí sumo calor si entre fuegos, aquí matar o ser muerto, en otra parte no, aquí perecer de hambre, allí saciarse, y muchos similares que fácilmente pueden considerarse. Cuyos absurdos los autores opuestos con aquella distinción resuelven, que aquellos accidentes que penden del lugar, como moverse hacia arriba y hacia abajo, ser flagelado y percutido y similares, así convienen en un lugar que no en otro. Los que, empero, de la distancia local no penden, como estar muerto y vivo, cálido y frío, si convienen en un lugar convienen también en otro, lo cual con todo en singular explicarse bastante difícil es, principalmente como varios de estos que del lugar no penden se opongan privativamente. Pero en esto no hacemos fuerza.
Al primer fundamento DE LA SENTENCIA OPUESTA se responde que cuando Cristo Señor apareció a Pablo, corporalmente ciertamente apareció, como convence la razón de S. Tomás; de otro modo no podría Pablo ser testigo de la resurrección como los demás Apóstoles si el verdadero cuerpo de Cristo mismo no hubiera visto. Pero si esta aparición se hizo en el aire (de la Escritura, en efecto, no consta haber visto a Cristo en el aire o en el cielo mismo, sino solo que una luz del cielo lo circundó), de veras descendió el cuerpo de Cristo del cielo. Ni lo opuesto de aquellas autoridades de ningún modo se deduce. Solo, en efecto, prueban que Cristo está en el cielo hasta el día del juicio como en lugar debido a sí para gloria y honor, como al rey se debe el trono, no con todo porque sea necesario siempre allí sentarse y nunca moverse. De donde notantemente la Escritura dice: «Al que importa que el cielo reciba», no con todo añade al que importa siempre retener. Y Agustín26 dice que arriba está el Señor hasta que el siglo se termine, cuanto a la habitación debida a sí, no cuanto a la ligadura local. Ni, en efecto, tiene el cielo por cárcel, sino por gloria, que de ningún modo se disminuye a los beatos por el descenso de Cristo, porque igualmente bien verán su cuerpo aunque descendiera a este mundo inferior. De las demás apariciones de Cristo no así consta haber descendido en el propio cuerpo, sino según alguna aparición o por algún ángel en cuerpo asumido. Si con todo verdaderamente a algunos apareció en el propio cuerpo, de veras a aquellos descendió. Principalmente, empero, en la Eucaristía no parece aparecer Cristo en el propio cuerpo, sino formarse del aire circundante algún cuerpo en especie de carne o de niño o algo similar, en el cual aparece, ut constat ex D. Thoma 3. p. q. 76. art. 8. Que si quisiera Cristo Señor en la Eucaristía demostrar el cuerpo propio en especie propia, aquello debería hacerse descendiendo del cielo.
Al segundo consta en qué consista la implicación de existir en doble lugar circunscriptivamente, la cual con todo no se sigue de esto, que sacramentalmente esté Cristo en la Eucaristía y de modo cuantitativo en el cielo. De allí, en efecto, no se sigue que esté bajo doble terminación adecuada a sí en el mismo género de circunscripción, sino bajo diverso género y según diverso modo, uno divisible, otro indivisible. Ni resulta alguna división y multiplicación de la superficie o de la cantidad en el cuerpo de Cristo, pues en el Sacramento no está en lugar por contacto a otros cuerpos ni de modo divisible, y consecuentemente tampoco tal separación de lugares hace división o discontinuación. Cuando, empero, se insta que tampoco permanecerá dividido aquel cuerpo si allí permaneciera bajo propia especie, se niega la consecuencia. Y la disparidad consta de lo dicho, porque aquella cantidad ajena no discontinúa ni divide la propia por la que Cristo está en el cielo, pues es cantidad distinta. Si, empero, la cantidad propia allí se pone de modo circunscriptivo, por esto mismo también se pone de modo divisivo, porque se pone de modo divisible según diversa terminación y localización, lo cual no puede estar sin discontinuación de la cantidad. Si, empero, de modo indivisible en otro lugar se pone, no añade nueva terminación por la que nuevo contacto tenga y consecuentemente ni discontinuación, sino que la misma superficie y cantidad bajo modo indivisible pone. Y aunque aquella discontinuación sea cuanto al lugar, esencialmente con todo le está anexa la discontinuación de la cantidad, que consiste en la doble terminación. Dividida, empero, la cantidad se divide el cuerpo, cuya individuación pende de la designación de la cantidad y de la indivisión de aquella como de condición per se requerida, ut in libris de Generat.27 se dirá. Pero con todo la implicación puesta corre presupuesto que sea la misma cantidad en el cuerpo existente en doble lugar, y no de otro modo.
Al tercero se responde que cuanto atañe al primer ejemplo ya bastante se ha dicho, que aquella presencia sacramental no es presencia propia del cuerpo, sino de diverso género, y por eso respecto de aquella no corre la implicación aducida; ni, en efecto, divide la cantidad, ut dictum est.
Al segundo ejemplo decimos que no es contra nosotros, porque si al mismo cuerpo se atribuye doble cantidad, no repugnará estar en doble lugar sin división de la misma cantidad, en lo cual consiste la implicación aducida.
Al tercer ejemplo decimos que las personalidades divinas no tienen oposición relativa sino entre sí, no respecto de la naturaleza que terminan o asumen, pues de la misma perfección y eminencia proviene en las personas mismas terminar la naturaleza ajena. Del mismo, en efecto, modo la persona del Padre puede terminar la humanidad asumida como la persona del Hijo. Al contrario, empero, la diversidad del lugar circunscriptivo discontinúa la cantidad, porque no puede de otro modo inteligirse la existencia en lugar distante sino con discontinuación de la cantidad o división, con la cual no está la identidad de la misma cantidad, que es la implicación aducida.
A la confirmación se responde de D. Tomás in 4. dist. 44. supra cit.,28 donde pone el mismo argumento, que con la unidad del lugar extrínseco está la diversidad de la cantidad, con la diversidad empero del lugar no está la unidad, por esto de que basta para discontinuar y dividir la cantidad la discontinuación del lugar, ut probatum est. Al contrario, empero, la unidad del lugar no basta para constituir la unidad de la cantidad si de otro modo el sujeto en el que está la cantidad no es uno. Los accidentes, en efecto, máximamente tienen su unidad de la unidad del sujeto, aunque la cantidad también penda de la unidad del lugar, sin la cual se discontinúa y se divide. Por lo cual la unidad de la cantidad pende de dos, a saber de la unidad del sujeto y del lugar, y quitado cualquiera se disuelve la unidad, porque el mal de cualquier defecto. Y por eso bien está con la diversidad de la cantidad la penetración y la existencia en el mismo lugar, porque por el diverso sujeto aquella cantidad se supone diversa; no empero está con la diversidad circunscriptiva del lugar la unidad de la cantidad, porque la diversa circunscripción discontinúa.