Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Quaestio XV: DEL INFINITO
Articulus I: QUÉ SEA EL INFINITO, Y EN QUÉ ESTÉ EL PUNTO DE LA DIFICULTAD
Articulus II: SI IMPLIQUE DARSE EL INFINITO EN ACTO SEGÚN LA CANTIDAD O LA INTENSIÓN
Articulus III: SE DESPACHAN LAS DIFICULTADES Y ARGUMENTOS CONTRA NUESTRA SENTENCIA
Liber III: ACERCA DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DEL LUGAR, DEL VACÍO Y DEL TIEMPO
Quaestio XVI: DEL LUGAR Y DEL UBI
Cuatro trataremos en esta cuestión: Primero de la quididad del lugar intrínseco y extrínseco, segundo del sujeto o cosa localizada a la que conviene estar en lugar, tercero de la repugnancia de dos cuerpos en el mismo lugar, cuarto de la repugnancia de un cuerpo en doble lugar.
Articulus I: QUÉ SEA EL LUGAR EXTRÍNSECO Y SU INMOVILIDAD
El lugar físicamente y propiamente aceptado significa aquello que por el movimiento local se adquiere. Y suele distinguirse doble lugar, uno extrínseco, otro intrínseco. Extrínseco es aquel cuerpo o superficie por la que se circunscribe y se contiene lo localizado mismo. Intrínseco es la presencia pasiva misma de la cosa localizada, que se dice ubi. Es, en efecto, el ubi forma o modo intrínseco proveniente del lugar extrínseco que circunscribe, del cual proviene principalmente la denominación de lo localizado. Y hay algunos que estiman que este ubi o presencia intrínseca fue ignoto a Aristóteles y a los antiguos, inventado empero por los más recientes, por esto de que Aristóteles 8. Phys. textu 59.1 y D. Tomás ibi2 et 1. p. q. 110. art. 3. et 2. Contra Gent. cap. 13. enseña que el movimiento local se termina a algo extrínseco. Por lo demás estos no atendieron a la frase y modo de hablar de D. Tomás, que en los seis últimos predicamentos no niega los modos que intrínsecamente afectan al sujeto, ut probavimus in Logica q. 19.3 Pero porque estos modos no son del todo absolutos, sino provenientes de algo extrínseco y de aquel como de denominante principal dependientes, pues el ubi es sujeción pasiva a aquello que circunscribe quasi activamente, por eso suele Divus Thomas decir que son algo extrínseco, no con todo son denominación extrínseca pura; de otro modo, en efecto, a menudo confiesa D. Tomás que se da el ubi y se sujeta en el móvil mismo. Pues el movimiento al ubi expresamente pone el Filósofo in hoc libro 5. cap. 1.4 et 5. Metaph. textu 14.5 et 11. Metaph.6 lect. 12. apud D. Thomam.7 Que, empero, se sujete en el móvil mismo, abiertamente dice opusc. 48. tract. de Ubi, cap. 1.8 diciendo «que el movimiento local subjetivamente está en aquello que se mueve; nada, empero, se adquiere en la cosa móvil sino el ubi, que es el respecto del lugar a lo localizado según que lo circunscribe». Y in q. 1. de Virtut. art. 11. ad 3.:9 «De otro modo», inquit, «puede inteligirse el movimiento según la esencia, si sea movimiento según cualquier adherente a la esencia, como decimos que el cuerpo esencialmente se mueve cuando se mueve según el lugar, porque de lugar a lugar se transfiere su sujeto». No, ergo, niega S. Tomás la presencia o ubi inherente a la cosa móvil misma, sino que niega que sea un modo tan absoluto que sea independiente del extrínseco que circunscribe y localiza, principalmente si se toma el ubi adecuadamente y de modo completo, ut magis explicabitur art. 2. et quaest. seq.
Así que en este primer artículo explicaremos primero el lugar extrínseco, que Aristóteles definió in hoc 4. libro cap. 4.,10 que el lugar es «el último del cuerpo ambiente inmóvil primero», esto es la superficie del cuerpo que inmediatamente o primero contiene y localiza algún localizado.
En cuya definición de Aristóteles tres dificultades han de explicarse. La primera es acerca del género del lugar, si sea superficie continente o espacio y distancia extendida; la segunda acerca de la diferencia del lugar, a saber cómo sea inmóvil y primero; la tercera, si estas partículas se tengan por modo de género y de diferencia o por modo de sujeto y de accidente.
Acerca de la primera dificultad, omitidas las opiniones de los antiguos que refiere e impugna Aristóteles hoc libro 4. cap. 1. et 2., consta que el lugar no puede ser algo que ataña a lo localizado mismo, ya como materia ya como forma ya como algún accidente intrínseco e independiente de ningún extrínseco, pues vemos mudarse lo localizado de lugar a lugar no perdido ningún intrínseco suyo. De donde resta que el lugar o debe colocarse en razón de espacio que es ocupado por el cuerpo, o en el género de superficie que circunscribe y contiene lo localizado.
Quienes, ergo, estiman que el lugar es el espacio mismo, de dos modos se han partido. Algunos, en efecto, de los antiguos dijeron que aquel espacio es algo real por modo de cierta dimensión indeterminada que tendría longitud, latitud y profundidad; y así, como es ocupado por el cuerpo que se localiza en tal espacio, se penetra tal dimensión con el cuerpo localizado. Otros, empero, dicen que este espacio que es ocupado por el cuerpo localizado no es algo real, sino que es capacidad rellenable de cuerpo, como la distancia imaginaria que rellena todo este universo. Cuya opinión valió apud muchos antiguos y más recientes, ut testantur Conimbric. hic,11 ni lejos están de aquella quienes dicen que el ubi se constituye por orden al espacio imaginario, lo cual principalmente verifican en el movimiento que se hace por el vacío positivo.
Por lo demás, que el lugar no consista en solo este espacio imaginario, coligimos ya del movimiento local mismo, que como sea real debe tender a algo real, y no solo al ubi precisamente12 y absolutamente tomado, porque el ubi no es algún modo absoluto o independiente del extrínseco que circunscribe, sino que de aquel resulta y en aquel localiza la cosa, ut dicemus art. seq. Ya también aquello coligimos del movimiento natural. Consta, en efecto, que las cosas naturales por el ímpetu mismo de la naturaleza tienden a ciertos y determinados lugares para que allí se conserven o de los contrarios se defiendan. Si, empero, el lugar fuera solo aquel espacio imaginario que es nada, no tendría más que conservar la cosa localizada en este espacio que en otro, ni más a aquello conduciría, pues es nada. Necesariamente, ergo, se requiere algo real para el lugar natural, y no un cuerpo que se penetre con otro, porque esto es imposible; ergo, que contenga y circunscriba a otro. Y como no pueda circunscribir sino por razón de la superficie ambiente, si en verdad el lugar debe adecuarse a lo localizado, ni decimos que el hombre exista en todo el aire, sino solo en aquella parte en la que se circunscribe, consecuentemente el lugar debe constituirse en la superficie ambiente, que es contigua al cuerpo.
Que si dices: ¿Por qué no digamos que el lugar es aquel cuerpo no por el que algo es circundado, sino en el que se sustenta, v. g. la sede en la que se sienta, la tierra en la que está: se responde que también entonces el cuerpo sustentante no tocaría lo localizado sino por la superficie del cuerpo sustentante. No con todo se dice lugar solo el cuerpo sustentante, porque no se adecua a lo localizado; solo, en efecto, según una parte toca, no empero circunscribe lo localizado. Se requiere, ergo, el cuerpo infra que sustenta y toca, pero no basta para la razón de lugar. De donde si algún cuerpo se pone en la última superficie del mundo, no estaría en lugar sino secundum quid y de parte.
La segunda dificultad es acerca de la inmovilidad del lugar, que se tiene como su diferencia. Y es una cosa cierta apud los autores, otra es dudosa.
ES CIERTO que el lugar absolutamente debe ser inmóvil, ya porque en esto se distingue el lugar del vaso, que el vaso contiene de modo móvil, se mueve, en efecto, con la cosa contenida, el lugar empero no se mueve; ya porque el lugar tiene razón de término a quo que se desampara y de término ad quem que se adquiere por el movimiento. Implica, empero, que el término a quo se mueva; así, en efecto, sería llevado por el movimiento del móvil mismo, no se desampararía. Similarmente el lugar que es término ad quem no se mueve, porque en aquel se siste el movimiento como en término. El lugar, ergo, como término del movimiento no se mueve; de otro modo si el lugar se moviera, a algún lugar debería moverse, y así se daría lugar del lugar, y de nuevo aquel otro lugar debería moverse a otro lugar, y así habría proceso in infinitum. En esto, ergo, todos convienen.
LA DIFICULTAD, EMPERO, ES por razón de qué convenga al lugar esta inmovilidad. En lo cual ocurre triple sentencia.
Primera. De Martinii in illustratione del presente capítulo. Quien dice que Aristóteles enseñó pugnantia, pues de una parte atribuye al lugar inmovilidad y de otra lo constituye en superficie; la superficie, empero, es móvil. Ni vale decir que es inmóvil no per se, sino por razón de la fijeza en el polo y en el centro del mundo, respecto de los cuales el lugar es inmóvil. Así, en efecto, el lugar no sería inmóvil per se, sino por accidente, esto es por otro; y consecuentemente no sería per se término del movimiento, porque el término del movimiento per se debe ser inmóvil. Ítem, porque o debe negarse que el movimiento local sea acción, o debe concederse acción sin término. Pues si es acción, necesariamente debe terminarse a algo en el móvil mismo que inmuta, cuando con todo el movimiento local según Aristóteles solo se termina a lo extrínseco, lo cual es nada hacer, pues aquello extrínseco no se hace, sino que se adquiere.13 Por lo cual él mismo constituye la inmovilidad del lugar en la inmovilidad del ubi, ut seq. art. veremos.
Pero estas son puerilidades para que a tan gran filósofo puedan oponerse. Y aquel primer fundamento se aduce y se resuelve por D. Tomás in 4. Phys. lect. 6.14 super textum 41.15 et opusc. 52.,16 ut statim afferemus en la solución de la siguiente dificultad. El segundo, empero, fundamento nada prueba, porque aquella acción no hace de nuevo la superficie ambiente, sino que hace en lo localizado mismo la sujeción o circunscripción pasiva a tal superficie, y esto es el ubi, que ni Aristóteles ni D. Tomás negaron, ut supra17 vimos. Pero porque es un modo ordenado y dependiente del extrínseco que circunscribe, se dice que el lugar extrínseco es término del movimiento, subinteligido con todo aquel modo intrínseco por el que a aquel extrínseco18 cuerpo ambiente pasivamente se sujeta el cuerpo.
Segundo, Escoto in Quodlib. 11. y en otros lugares constituye el lugar formalmente en la continencia activa misma del lugar a la cosa localizada, cuya continencia apud él es relación. Esta, empero, continencia y relación, aunque físicamente se mude sobreviniendo otra y otra superficie, con todo según equivalencia no se muda, porque en orden al movimiento local se tiene del mismo modo que si fuera una sola relación, como esta voz «hombre» se dice significar lo mismo aunque más a menudo se repita.
La tercera sentencia toma la inmovilidad del lugar por orden y connotación al espacio imaginario, que negativamente es inmóvil. Así Conimbric. hic cap. 5. q. 1. art. 2., Cabero tract. 4. disp. 1. dub. 1. A cuya sentencia acceden quienes dicen que la presencia definitiva en el lugar es inmóvil, porque se toma por orden a los polos del mundo verdaderos o imaginarios; la circunscriptiva, empero, no ser inmóvil. De lo cual videatur Fuente 4. Phys. q. 1. diffic. 1. art. 2. ad 1.
Por lo demás, porque D. Tomás 4. Phys. lect. 6. et opusc. 52. y en otros lugares, seguido a Aristóteles, también salva la inmovilidad del lugar de modo positivo en el lugar mismo y en el cuerpo ambiente, importa explicar la inmovilidad del lugar no solo negativamente, sino también positivamente. Para lo cual ha de notarse que el lugar no es sola la superficie como inherente al cuerpo localizante. Así, en efecto, no es más inmóvil que la superficie de lo localizado y se mueve movido el cuerpo mismo al que inhiere. Ni es la superficie misma como precisamente continente de otro. Así, en efecto, también se halla en el vaso que contiene el licor y se mueve con aquel; el lugar, empero, ut dixit Philosophus,19 es vaso inmóvil. Por lo cual el lugar debe ser superficie continente según el orden de sitio y de distancia y de posición en el universo. Esto, en efecto, precisamente con el nombre de lugar significamos y distinguimos los diversos lugares según las diversas posiciones en las que se ordenan. Por cuya razón también metafóricamente se toma el lugar para designar la diversa dignidad por la que los hombres se ordenan y se constituyen en la república.
DE ESTAS, ERGO, DICHAS de triple modo poder explicarse la inmovilidad del lugar: Primero, por razón de la distancia negativa que el lugar presupone, aunque no en aquella consista. Segundo, por razón de la coordinación que tiene la superficie último e inmediatamente ambiente con la superficie del primer localizante, que es el cielo. Tercero, por razón de la formalidad de término del movimiento. Aunque, en efecto, la superficie y el cuerpo ambiente puedan moverse en cuanto el cuerpo es móvil como los demás cuerpos localizados, con todo según que ejercen la formalidad de término a quo que se desampara o de término ad quem que se adquiere, bajo esta, digo, formalidad no puede ser móvil; esto según sí, como superficie de cuerpo móvil, según que no ejerce el oficio de lugar, no repugne moverse. Cuya última explicación se toma del Filósofo 5. Phys. textu 14.,20 lect. 1. apud D. Thomam,21 donde del mismo modo enseña del lugar y del término de la alteración y del aumento que no se mueven ni mueven según que son términos del movimiento. Y por esta razón tanto el lugar extrínseco mismo cuanto el modo intrínseco o ubi, en cuanto términos del movimiento, son inmóviles.
La segunda, empero, explicación de la inmovilidad del lugar se enseña por D. Tomás opusc. 52.22 y principalmente 4. Phys. lect. 6.,23 donde dice «que como el lugar propio sea parte del lugar común, importa aceptar el lugar propio de la nave en el agua del río en cuanto tiene orden a todo el río según que es inmóvil». Y subdit:24 «Así, ergo, aunque esta parte del aire que contenía o esta parte del agua efluya y se mueva en cuanto es esta agua, con todo según que esta agua tiene razón de lugar, a saber de sitio y de orden a todo el esférico del cielo, siempre permanece, como también se dice permanecer el mismo fuego cuanto a la forma, aunque según la materia se varíe consumidas y añadidas algunas maderas». Así que la superficie última que se adecua a lo localizado lo contiene y lo abarca como subordinada al primer localizante y ambiente, que es el cielo. Y así aunque sucedan diversas superficies ambientes de lo localizado, porque con todo suceden en la misma subordinación al primer localizante, que es el cielo, se dice permanecer el mismo lugar no según la razón de superficie absolutamente, sino como localizante por subordinación al primer localizante, como se dice permanecer el mismo fuego aunque poco a poco se consuma una materia y suceda otra, porque siempre sucede bajo el mismo orden a la forma. Y aunque el orden mismo, según que es cierta relación entitativamente considerada, se varíe en la materia misma o superficie en la que se funda, con todo esto no quita hablando absolutamente la unidad del lugar o la inmovilidad (lo mismo, en efecto, es la inmovilidad y la unidad en lo presente), porque solo se varía el orden entitativa y materialmente de parte del sujeto, no de parte del término formal y de la continuación bajo la misma forma y bajo el mismo primer localizante, como es el mismo río y el mismo animal aunque las partes sucedan.
Por último la primera explicación de la inmovilidad del lugar de allí consta, porque el lugar necesariamente supone alguna distancia negativa que rellene. Cuando, en efecto, ha sido producido este universo, rellenó positivamente lo que solo negativamente era distante, y el espacio capaz de cuerpo. De donde como suceden diversas superficies en aquel mismo espacio, tienen la inmovilidad presupuesta por razón de aquel espacio negativo que ocupan y rellenan; este, en efecto, siempre es inmóvil.
De las cuales se resuelven ALGUNAS OBJECIONES que suelen hacerse contra la inmovilidad del lugar: Primero, porque nada hay en el lugar que no sea móvil; la superficie, en efecto, se mueve y la distancia, que es relación sujeta en aquella. Que si el término mismo al que es esta relación de distancia no se mueve, esto es decir que el lugar solo terminativamente es inmóvil, no subjetivamente, y con todo el Filósofo dice que el lugar es superficie inmóvil primera. Ergo en la superficie misma último continente ha de ponerse la inmovilidad, y no solo en el término o en el primer localizante. Es más, el primer localizante mismo, que es el cielo, como perpetuamente se mueve, no puede decirse que es inmóvil y circundante y ambiente.
Segundo, porque si el lugar es inmóvil positivamente en razón de superficie, se seguiría que podría algo moverse no mudado el lugar; podría también algo mudar la distancia no variado el lugar. Por último, podría permaneciendo inmóvil mudar el lugar, las cuales todas son absurdas, pues lo mismo es moverse y mudar los lugares o al contrario. Lo primero es patente si alguno es llevado en la nave y con igual velocidad se mueve hacia la parte contraria, no muda el lugar respecto de la distancia de los polos y del centro, y con todo se mueve. Ergo puede algo moverse no mudado el lugar. Lo segundo es patente si Dios moviera todo el universo por el espacio imaginario, los cuerpos intra el universo mudarían el respecto y la distancia hacia aquella parte, aunque en sí permanecieran inmóviles. Lo tercero es patente si Dios quitara una superficie ambiente de la torre, restante el vacío, y después subrogara otra distinta, la torre estaría inmóvil y con todo mudaría el lugar, porque diversa superficie no continuada la abarcaría; ergo diverso sería el lugar.
A la primera objeción se responde ante todo que no milita contra la tercera explicación de la inmovilidad del lugar, porque aunque aquel cuerpo y la cosa que sirve a la localización pueda mudarse, con todo la formalidad y el oficio de lugar en cuanto es término que se desampara o se adquiere no se mueve. Según, empero, que procede contra la segunda explicación, decimos de D. Tomás 4. Phys. lect. 6.,25 donde resuelve este argumento, que la superficie y cuanto en la superficie está se varía según que es superficie, pero no según que es lugar, esto es, no según el orden o sitio en el todo inmóvil, que es todo el universo. Por lo cual el lugar no es inmóvil y uno sino con unidad de orden, no con unidad simpliciter y de todos los modos, en cuanto todas las superficies bajo la misma coordinación y término al primer localizante suceden.
Y cuando se dice que esto no es que el lugar sea inmóvil subjetivamente, sino terminativamente: se responde que el lugar no se dice subjetivamente inmóvil absolutamente, sino según la unidad de orden en el sujeto mismo, según que dice habitud a aquel término y según que está bajo aquel, como el fuego se dice el mismo en número por la continuación de la materia bajo la misma forma, y el río el mismo en número por la continuación del agua en el mismo curso. Así el lugar se dice el mismo e inmóvil en cuanto se coordina bajo el mismo término y situación. Cuando, empero, el Filósofo dice que el lugar es superficie inmóvil primera, «primera» designa la superficie última e inmediata a lo localizado mismo (corruptamente, en efecto, algunos leen inmóvil «primero», cuando el texto dice inmóvil «primera») insinuando por esto que la superficie última no induye razón de lugar sino según que induye el modo de inmovilidad, esto es, no según sí, sino según que está bajo el término fijo e inmóvil y según que ejerce el oficio de lugar que por el movimiento se adquiere o se relinque. Y aunque el cielo mismo, que es el primer localizante, se mueva, con todo porque no según sí todo se mueve, sino siempre en el mismo sitio, permaneciendo también inmóviles los puntos polares, por eso siempre se da algo respecto de lo cual el lugar sea inmóvil con inmovilidad de orden, aunque no absolutamente y26 entitativamente en sí.
A la segunda se niega la secuela. Y a la primera prueba se responde que en aquel caso aquel no se mueve con movimiento progresivo y recto, sino que solo eleva los pies y deprime subentrando la nave, como quien salta hacia arriba, por esto de que el ímpetu de la nave que desampara y la velocidad igual que tiende al contrario mutuamente se impiden para que no progrese ultra, sino solo para que bajo la misma distancia eleve los pies. Ni obsta que se fatigue, porque también aquel movimiento quasi de saltación hacia arriba y hacia abajo en el mismo lugar puede fatigar. A la segunda se dice que si todo el universo se moviera por Dios, todas las que intra aquel están también se moverían con movimiento por accidente, como quienes son llevados en el carro, aunque no se muevan con movimiento propio. A la tercera se responde que en aquel caso se muda el lugar de real en imaginario y al contrario, no según diverso sitio y distancia ni27 según diversos lugares reales, esto es diversas superficies en diverso sitio. Y por eso la cosa localizada permanece inmóvil, y solo el cuerpo ambiente se muda no sucediendo otro cuerpo. Cuando, empero, suceden diversas superficies en la misma distancia, entonces se mudan las cosas que ejercen el oficio de lugar, no la razón formal misma del lugar y su oficio, ut dictum est, como el artífice cuando en la misma obra habiendo de hacerse muda diversos instrumentos.
Que si inquieres si el lugar natural añada algo sobre el lugar comúnmente dicho: se responde de D. Tomás opusc. 52.28 et 4. Phys. lect. 8.29 que añade virtud conservativa o formativa de lo localizado, cuya virtud se deriva del cielo como del primer localizante, en cuanto según mayor o menor distancia del cielo y de los aspectos de los planetas los cuerpos inferiores reciben influjos convenientes y proporcionados. Algunas, en efecto, hay que requieren mayor calor, otras menor, o similarmente humedad o sequedad u otras cualidades similares, que según la diversa situación y distancia del cielo diversamente se distribuyen y se temperan, y por eso el lugar dotado de tal temperamento es apetecido por tal localizado como conveniente, principalmente según la naturaleza del elemento predominante; la conservación, en efecto, de los elementos máximamente se intenta por la naturaleza en el universo.
De estas queda resuelta la tercera dificultad, a saber si esta definición del lugar sea por género y diferencia o por sujeto y accidente.
SE RESPONDE, EN EFECTO, que la superficie no puede ser género del lugar, pues la superficie es especie de la cantidad continua que tiene posición en aquella; el lugar, empero, es extrínsecamente mensurante y cuanto por accidente, ut ex D. Thoma 5. Metaph. lect. 15.30 dijimos in Logica q. 16.31 Por lo cual el lugar no se pone subalternadamente bajo la superficie, sino que la superficie es su sujeto, per se con todo y necesariamente requerida materialmente y de parte del sujeto, como lo blanco per se de parte del sujeto requiere el cuerpo. Por cuya razón se inteligie D. Tomás in 2. dist. 12. q. 1. art. 5. ad 2.32 donde dice «que el lugar por esencia es la superficie del cuerpo localizante». Puede, con todo, reducirse a definición metafísica diciendo «que el lugar es lo inmediato continente o ambiente inmóvilmente».
Si pides cuáles sean las propiedades del lugar, se responde que cuatro pone el Filósofo en este libro: Primero contener lo localizado (a saber actualmente), segundo ser igual a lo localizado (a saber con igualdad de lo contiguo), tercero que el lugar nunca falte a lo localizado, cuarto que en todo lugar se halle arriba y abajo. Añaden otros que el lugar sea término extrínseco del movimiento, y que el lugar y lo localizado puedan separarse, y por último que el lugar sea conservativo de lo localizado, lo cual atañe al lugar natural.
Articulus II: QUÉ SEA EL UBI O LUGAR INTRÍNSECO
Con el nombre de ubi inteligimos aquello que se adquiere o se pone en lo localizado por esto de que se sujeta al lugar extrínseco. De lo cual algunas tocamos in Logica q. 19.1 y otras a este lugar reservamos. Principalmente, empero, han de tratarse tres: Primero, qué sea este ubi; segundo, en cuáles esté; tercero, de cuántuple sea.
Acerca de lo primero ha de advertirse que principalmente coligimos darse este ubi del movimiento local mismo. Por el movimiento mismo, en efecto, se adquiere alguna distancia o presencia en la que se constituye lo móvil, y como se sujete en lo móvil, importa que en el mismo se sujete algún término del movimiento. Es, en efecto, el movimiento el hacerse o vía a algún término; ergo si es el hacerse mismo, importa poner algún factum esse, pues el movimiento no es además de las cosas a las que es el movimiento. Similarmente no puede inteligirse que alguno se mueva al lugar sino que en sí se inmute y se sujete o se aplique al lugar mismo. Cuya sujeción y aplicación al menos importa alguna nueva relación al lugar al que de nuevo se sujeta, que antes no estaba en el cuerpo cuando no estaba aplicado a tal lugar. La relación, empero, nueva exige nuevo fundamento próximo, y este es el cuerpo mismo según sí, porque este es indiferente para que esté en este lugar o esté ausente de aquel. Ergo es algo sobreañadido al cuerpo, y esto llamamos ubi, por el que algún cuerpo se afecta por modo de aplicación y de sujeción al extrínseco que circunscribe, que es el lugar. Así que de estos dos principios, a saber del movimiento y de la relación de conjunción o aplicación al lugar, coligimos darse el ubi.
DE LO CUAL SE COLIGE que el ubi circunscriptivo no puede ser algún modo absoluto del todo independiente de todo extrínseco. Lo cual algunos así explican, que el ubi ni penda del espacio imaginario ni del espacio verdadero o del cuerpo extrínsecamente que circunscribe ni de los puntos fijos del universo; sino que definen el ubi, «que sea modo inmóvil del cuerpo móvil». Otros, empero, explican el ubi al menos por orden a alguna distancia o espacio imaginario o a los puntos fijos del universo, no con todo por orden al cuerpo que circunscribe, pues sin aquel puede hallarse el ubi, como también el movimiento, ut patet cuando algo se mueve en el vacío. Cuya dependencia, con todo, niega la primera sentencia, porque no puede el ubi depender y tener conexión con el espacio imaginario, porque es nada y algo ficto.
Por lo demás la primera sentencia del todo es ininteligible, porque o estima que el ubi es modo inmóvil porque no se mueva también terminativamente, esto es como término que se adquiere o se desampara por el movimiento; o porque no se mueve subjetivamente, porque aunque se pierda o se adquiera, no con todo entonces se mueve, porque no se lleva con la cosa misma que se mueve. Del primer modo consta que el ubi no es modo inmóvil, pues se adquiere de nuevo cuando algo se mueve al lugar y se pierde cuando recede del lugar. Del segundo modo es cierto que el ubi no se mueve, sino que el cuerpo es el que se mueve adquiriendo o relinquiando el ubi. Importa, con todo, dar la causa de esta inmovilidad, que no es otra sino porque el ubi constituye el cuerpo en tal espacio o distancia, ni indiferentemente se tiene tal ubi a diversos espacios. Y así como el espacio es inmóvil, también el ubi que a tal espacio se determina se dirá inmóvil. Ergo no puede el ubi ponerse del todo independiente de todo extrínseco, ya sea espacio negativo ya positivo.
La segunda, empero, sentencia en esto deficiente está, que no distingue en el ubi circunscriptivo aquello que es de la circunscripción y aquello que es de la presencia definitiva y determinada. Para que, en efecto, sea circunscriptivo, necesariamente pende de algún que circunscribe; para que, empero, precisamente sea definitivo y determinado, no se requiere cuerpo que circunscriba, sino que basta la limitación en sí por la que así esté aquí que no en otra parte. Para que, empero, positivamente se coordine a otro, se requiere algún respecto al lugar o cuerpo separado o remoto, respecto del cual el movimiento local pueda adquirir alguna proximidad o distancia positiva, aunque no circunscripción; por cuya razón salvaremos el movimiento local en el vacío quaest. seq., por razón de la distancia o proximidad positiva. Que si ni esta pueda adquirirse, porque no se da algún otro cuerpo respecto del cual se dé distancia o proximidad positiva, ni circunscripción, cesará todo movimiento positivo.
DE DONDE ES PATENTE A LOS FUNDAMENTOS OPUESTOS: Se dice, en efecto, al fundamento de la primera sentencia que el ubi no pende de aquel espacio negativo como de causa o constitutivo, sino como de negación necesariamente prerrequerida, por esto de que no puede hallarse alguna distancia positiva extendida sino rellenando la distancia negativa y así suponiéndola. El ubi, empero, necesariamente importa orden a la distancia, como también el hombre necesariamente requiere la negación del caballo y la fe la negación de la evidencia, que es la oscuridad, y la materia prima la negación de ulterior sujeto.
Al fundamento de la segunda sentencia diremos más ampliamente quaest. seq. tratando cómo se haga el movimiento en el vacío. Basta ahora decir que, removido el cuerpo que circunscribe, no permanece el ubi circunscriptivo adecuada y formalmente según que es circunscriptivo. Puede, con todo, permanecer inadecuada y secundum quid, según que importa orden de proximidad o de distancia al cuerpo que no circunscribe, por esto de que el movimiento no solo es al lugar, sino también alrededor o cerca del lugar, ut ex D. Thoma opusc. 52.2 diremos. Y3 puede también permanecer según que es definitivo de la presencia, ut supra4 dijimos.
Acerca de la segunda dificultad, a saber en cuáles se halle el ubi, puede haber dificultad tanto respecto de los diversos sujetos, cuáles sean capaces de tener ubi, cuanto respecto de una y la misma cosa, si todas las que estén en alguna cosa, ya accidentes ya partes, tengan diversos ubi, o si baste uno para que estén en lugar.
Y cuanto a lo primero, pende de las que habrán de decirse seq. art., donde inquirimos cuáles cosas estén en lugar; aquellas, en efecto, tendrán ubi.
Acerca de lo segundo algunos afirman que tantos se dan ubi en el cuerpo cuantos entes, ut ex P. Suárez disp. 51. Metaph. sect. 5. et Valentia 3. p. disp. 6. q. 4. punct. 1. et ex aliis asserit Cabero hoc disp. 2. dub. 3., y aquello deducen del movimiento, porque todas aquellas se mueven, ya per se ya por accidente; ergo todas adquieren el ubi, que es término de tal movimiento. Y después, porque si todas las cualidades se separan de la cantidad, cualquiera tendría su ubi; ergo también ahora, cuando están conjugadas a aquella.
NIHILÓMENOS, como todas las que en algún cuerpo se contienen estén en lugar mediante la cantidad, ut docet S. Thomas in 4. dist. 10. q. 1. art. 1. ad 5.5 et dist. 44. q. 2. art. 2. quaestiunc. 5.6 et Quodlib. 7. art. 8.,7 HA DE DECIRSE que, como basta una cantidad para extender todas las partes y accidentes que están en el sujeto, así basta un único ubi para conmensurarlas al lugar. El cual ciertamente sea único adecuada y simpliciter, virtualmente empero y en potencia múltiple, como son muchas las partes en la cantidad, porque el ubi es modo resultante de la circunscripción del lugar en la cosa localizada. Ergo el ubi es solo una circunscripción y extensión al lugar. Porque hay solo una cantidad en la cosa circunscrita, solo resultará un ubi.
Que si dices que hay diversa razón de la cantidad y del ubi, porque la cantidad no puede multiplicarse en el mismo sujeto, de otro modo habría varias cantidades penetrativamente, y similarmente la cantidad es accidente real que puede afectar a todas las partes de la materia. Al contrario, empero, varios ubi no importan alguna penetración, y como sean modos no pueden identificarse con varias cosas distintas.
Contra está, porque el ubi no se identifica inmediatamente sino con la cantidad, por esto de que el ubi circunscriptivo no conviene a alguno sino según que está cuantificado; la cantidad, empero, es una para todas las que pueden extenderse en el sujeto; ergo también el mismo ubi, como porque la figura es modo de la cantidad, la misma basta para todas las partes de lo figurado, con las cuales no se identifica aquel modo sino mediatamente y por la cantidad.
Y más se urge, porque las cosas están en lugar mediante la última superficie por la que se contiguan y tocan el lugar ambiente. Esta, empero, superficie último tangente es una y denomina a todas las que en el cuerpo están para que se digan localizadas o tocadas por aquella. Ergo también el único ubi de esta superficie basta para que todas se denominen ubicadas. Y principalmente esto aparece en nuestra alma, que es substancia espiritual, y en los accidentes sobrenaturales que en aquella están. Del movimiento, en efecto, corpóreo por el que se mueve el hombre no puede producirse un ubi espiritual o sobrenatural, pues por el movimiento corpóreo solo se produce el ubi corpóreo, que con la substancia espiritual y la entidad sobrenatural no puede identificarse, y con todo estas se mueven por accidente movidos nosotros. Ergo para el movimiento por accidente no se requiere ubi distinto en8 todas las cosas que se mueven en aquella cosa.
Si, empero, también en el cuerpo de Cristo sacramentado se dé movimiento por accidente y ubi por accidente cuando se mueve la hostia? Se responde de Divus Thomas 3. p. q. 76. art. 6. et in 4. dist. 10. q. 1. art. 3. quaestiunc. 4.,9 que dos son los modos de estar en lugar y de adquirir el lugar por accidente. De un modo, porque aunque algo esté en lugar per se, con todo se mueve al movimiento de otro, como cuando es llevado en el carro o en la nave, y de este modo Cristo no se mueve por accidente al movimiento de la hostia, porque Cristo no está allí como en lugar, ni aquel movimiento puede producir un ubi indivisible y sacramental, sino corpóreo y divisible en la hostia, a la que se conjuga el cuerpo de Cristo como el ángel a la piedra que se mueve. De otro modo se mueve algo por accidente, porque ni se mueve per se ni está en lugar per se, como se dicen moverse las formas, aunque espirituales sean, conjugadas a los cuerpos, y de este modo se mueve Cristo por accidente en el Sacramento. Estas, en efecto, se supone que no están circunscriptivamente por propio ubi, sino por ajeno y por conjunción a otro.
A LOS FUNDAMENTOS OPUESTOS es patente de lo dicho. Se dice, en efecto, a lo primero que todas aquellas que por accidente están en lugar se mueven por accidente y al movimiento de otro. Y así si tienen la misma cantidad, también con el mismo ubi se conmensuran al lugar y de aquel se afectan mediatamente, como por la cantidad.
Al segundo se responde que las cualidades y las demás formas separadas de la cantidad no se afectan por ubi circunscriptivo, ni per se, porque carecen de cantidad, ni por accidente, porque no se conjugan a alguno que tenga cantidad. Por lo cual o no estarán en lugar o estarán de modo indivisible como las cosas espirituales, o de otro modo de presencia ignoto a nosotros, a este con todo reducible.
Acerca de la tercera dificultad, a saber de cuántuple sea el ubi, ha de suponerse que, como el ubi diga modo de existir en lugar, de aquel modo ha de dividirse el ubi por el que la razón misma de existir en lugar. Consta, empero, que no toda presencia constituye ubi, como es patente de la presencia de sola la unión, como el alma está presente al cuerpo y la divinidad a Cristo; ni, en efecto, se dicen presencia por razón del ubi, sino por razón de la unión. Porque, ergo, la presencia ubicable se dice por orden al lugar, y según D. Tomás 1. p. q. 52. art. 1. el estar en lugar se dice equívocamente de los cuerpos y de los espíritus, porque los espíritus están en lugar no como conmensurados y sujetos al lugar, sino como sujetando a sí el lugar, por eso el ubi se dice equívocamente del ubi espiritual y del ubi corpóreo. Así que si se toma el ubi en común por cualquier presencia al lugar, así suele dividirse en circunscriptivo y definitivo y sobrenatural o sacramental. Omitimos, empero, la presencia de Dios a los lugares, ya porque no es criada ni predicamental, sino la substancia de Dios, ya porque no es ubi, sino en todas partes. Ni10 en efecto Dios es localizado por alguno, sino que hace todos los lugares.
El UBI CIRCUNSCRIPTIVO se define, que es «circunscripción pasiva del cuerpo proveniente de la circunscripción activa del lugar». El UBI DEFINITIVO es aquel «que así pone determinadamente en una parte del mundo que no en otra», ut explicat S. Thomas opusc. 48. tract. de Ubi, cap. 1.;11 no con todo tal ubi proviene de alguna conmensuración o sujeción al lugar. El UBI SACRAMENTAL «es aquel modo indivisible que conviene al cuerpo de Cristo según la presencia a las especies sacramentales», el cual es sobrenatural a la cantidad de Cristo, por esto de que sobre la naturaleza del cuerpo es estar presente no localmente, sino indivisiblemente, ni por algún principio puede hacerse. No con todo es aquella presencia definitiva, ut S. Thomas docet in 4. dist. 10. q. 1. art. 3. quaestiunc. 2.,12 porque no así se determina a estas especies que no esté en otras, sino que dondequiera que está el pan allí puede estar, o dondequiera que Dios quiera convertir algo en aquel; y así no da presencia definitiva, sino que porque carecemos de otro nombre, la llamamos sacramental. Y porque es sobrenatural, a aquella reducimos toda otra presencia u otros ubi que sobrenaturalmente por Dios pueden tributarse a las cosas criadas.
Por estas suele el ubi circunscriptivo decirse por D. Tomás opusc. cit. propiamente ser ubi. Y similarmente in 1. dist. 37. q. 3. art. 1. ad 1.13 dice «que a la cosa incorpórea propiamente no conviene estar en lugar». Las otras, ergo, que se dicen ubi, solo propiamente dicen presencia de la cosa al lugar, pero no propiamente se dicen ubicar, porque la ubicación importa la presencia como medida por el lugar y que pone distancia o proximidad en la cosa localizada respecto de los demás, cuyo modo de ubicación en el ubi espiritual no se halla. Y así, como la acción predicamental propiamente se dice aquella que infiere pasión, aunque en cuanto causalidad del agente también convenga a la acción que no infiere pasión sino que precisamente produce el efecto, y como el Cuando propiamente no se dice de cualquier duración sino de la duración temporal por la que algo según diversa sucesión se mide y se cuandea: Así no se dice propiamente ubicarse algo por cualquier presencia al lugar, sino por aquella por la que se conmensura al lugar y por la que según la mensuración de la distancia o proximidad positiva se distingue.
Articulus III: SI A TODOS LOS CUERPOS CONVENGA ESTAR EN LUGAR Y TENER UBI
Suponemos que ningún cuerpo se compara al lugar conmensurativamente sino mediante la cantidad y el modo propio de la cantidad. Removida, empero, la cantidad o el modo extensivo de aquella, la cosa no se conmensura al lugar. De donde dice D. Tomás in 4. dist. 10. q. 1. art. 1. ad 5.,1 «que ningún cuerpo se compara al lugar sino mediante las dimensiones de la cantidad». Por lo cual si, removida la cantidad, alguna substancia se conservara por Dios, como ahora el cuerpo de Cristo sin el modo de la cantidad se pone en el Sacramento, tal cuerpo no estará en lugar, sino que permanecerá como parte del universo sin lugar, como el cuerpo de Cristo no está en lugar por las propias dimensiones, sino por la cantidad de la hostia. Y así dice Agustín epist. 57.,2 «que si se quitan los espacios de los cuerpos, en ninguna parte estarán, y porque en ninguna parte estarán, ni serán». Se inteligie, en efecto, que no serán, cuanto es de su naturaleza, sino que por Dios se conserven.
DE LO CUAL SE COLIGE: PRIMERO, que el cuerpo puesto en el vacío o extra todo el universo no está en lugar, no ciertamente por defecto de la extensión propia, sino por defecto de la extensión que circunscribe; sin circunscripción, en efecto, no se da lugar positivo. Qué, empero, se adquiera por el movimiento local en el vacío, diremos quaest. seq.
SEGUNDO SE COLIGE que el punto separado no está per se en lugar; carece, en efecto, de cantidad, y aquello se dice estar per se en lugar que puede per se moverse de lugar. El punto, empero, no puede per se moverse de lugar, ut dicemus infra q. 20. art. ult., porque corresponde solo al indivisible del lugar. Si, empero, se moviera per se, inmediatamente después correspondería a otro indivisible; no se dan, empero, dos indivisibles inmediatamente. Solo, ergo, el punto está por accidente en lugar por razón de las partes que se ponen en lugar.
TERCERO SE COLIGE que solo aquello está per se en lugar que per se se afecta por la cantidad. Y así las formas, ya substanciales ya accidentales, no están en lugar per se, sino por accidente por razón del todo en el que están y de la cantidad por la que se afectan en el todo mismo. Y así D. Tomás 4. Phys. lect. 7.3 circa textum 45.4 dice «que algunas están en lugar por accidente, como las almas y todas las formas». Y lo mismo tiene in 4. dist. 10. q. 1. art. 3. quaestiunc. 4.5 Y así dijimos praec. art. que aquellas que se afectan por única cantidad tienen un único ubi que afecta inmediatamente al todo mismo, al cual primero y per se conviene la cantidad, mediatamente empero y por accidente aquellas que a tal todo convienen y se afectan por la cantidad. Como también conviene la misma figura y sitio al todo y a las partes, porque la figura, el sitio y el ubi o circunscripción son modos de la cantidad misma, y así afectan y se varían o no se varían del modo en que la cantidad. Si algo, empero, existe unido al cuerpo que no se afecta por la cantidad, ni mediatamente ni inmediatamente, como cualquier espíritu unido al cuerpo, o como forma o como agente, o como el cuerpo de Cristo está en el Sacramento, movido aquel cuerpo se dice moverse por accidente, no porque por virtud de tal movimiento adquiera o pierda algún ubi espiritual, pues esto no puede hacerse por virtud del movimiento corpóreo, sino solo por razón de concomitancia se dicen moverse, por esto de que por virtud de su unión se dicen estar donde está el cuerpo al que se unen, no empero por participación del efecto formal de la circunscripción o de la existencia en lugar. Y así en sí no mudan la presencia úbica, sino que continúan la unión al cuerpo que muda el lugar y la distancia; de sí, empero, nada de distancia o de extensión o de ubicación tienen. De lo cual videatur D. Thomas cit. loco, dist. 10. q. 1. art. 3.
Entre los cuerpos, ergo, que per se tienen cantidad de modo divisible extendido solo hay dificultad de cómo el último cuerpo de todo el universo exista en lugar, que los antiguos estimaban ser el primer móvil, nosotros empero inteligimos ser el cielo empíreo. Pues de una parte parece estar en lugar, porque se mueve de lugar o al menos puede moverse por Dios; ergo debe estar en lugar, pues por el movimiento local se adquiere el lugar. De otra, empero, parte no se circunscribe ni se contiene por lugar, porque es el último que contiene todas las cosas; ergo no está en lugar circunscriptivamente. Ni puede decirse que está en lugar por razón del centro alrededor del cual se movería, o de la superficie del cuerpo inferior que inmediatamente toca. Esto, en efecto, no es estar en lugar circunscriptivamente, sino alrededor del lugar, lo cual también puede tener el cuerpo puesto en el vacío; el cuerpo, en efecto, inferior puesto es circunscrito por el superior, no circunscribe. Nosotros, empero, inquirimos cómo aquel cielo esté en lugar circunscriptivamente.
En esta dificultad algunos sienten que el último cuerpo no está en lugar, ni per se ni por accidente, sino que solo rellena el espacio imaginario, lo cual también algunos más recientes siguen. Otros tributaron lugar al cielo. Pero porque el lugar es inmóvil, algunos asignaron el centro por lugar del cielo, porque es inmóvil. Otros atendiendo a la superficie, que también atañe al lugar, dijeron que la superficie inferior del cielo es su lugar. A la cual, con todo, no conviene circunscribir, pues no es superior, sino ser circunscrita.
Así que la sentencia es de Aristóteles in hoc libro cap. 5.6 que la última esfera está en lugar por accidente por razón de sus partes, que con todo no están en acto en lugar, sino en potencia, lo cual es decir que el cielo simpliciter no está en acto en lugar, sino en potencia, lo cual basta para que pueda moverse con movimiento circular. Se dicen, empero, las partes del cielo estar en lugar en potencia en cuanto todas existen en el continuo, una después de otra, y una se une a otra en círculo. Y por razón de esta continuación o concatenación una contiene a otra por continuación, no por circunscripción, porque dividida y contigua no está. Y por eso solo en potencia se dicen aquellas partes estar en lugar, porque para que estén en acto circunscritas una por otra solo les falta la división por la que se vuelvan contiguas aquellas que son continuas. Así enseña el Filósofo cit. loco, donde dice «que, cuando aquello que es de partes similares es continuo, entonces las partes en potencia están en lugar; pero cuando están separadas y, como acontece en el cúmulo, se tocan, entonces en lugar están en acto». Y subdit: «El cielo, empero, no está en alguna parte todo ni está en algún lugar, si ningún cuerpo lo contiene, sino que aquello por lo que se mueve, esto también es el lugar para las partes; pues otra de las partes a otra adhiere, otra empero por accidente, como el alma y el cielo. Todas, en efecto, las partes de algún modo están en lugar, pues de todas partes una contiene a otra». Donde abiertamente enseña que las partes del cielo no absolutamente están en lugar, sino de algún modo, en cuanto una contiene o cohiere a otra. Y con todo porque estas partes están en acto en el continuo y no separadas, por eso no están en acto en lugar como circunscritas, sino que están en potencia en lugar, porque pueden dividirse y una ponerse contigua con otra y circunscribirla; en acto, empero, son continuas, no contiguas. Lo mismo enseña D. Tomás in hoc libro lect. 7.7 et opusc. 52.8 Así que en el cielo no podemos considerar sino o lo que está sobre aquel o extra aquel, o lo que está infra aquel y por aquel contenido, o lo que está en aquel como partes suyas. No puede decirse que el último cielo esté en lugar porque sobre o extra aquel se dé algún cuerpo continente, pues él mismo es el último. Ni que esté en lugar porque intra aquel se dé algo contenido; esto, en efecto, más bien es lo localizado.
Y así dice D. Tomás opusc. 52.,9 «que el movimiento local no solo está en el lugar, sino alrededor del lugar», de lo cual más explicadamente diremos seq. quaest.
Al tercero se responde que, ut notat S. Thomas 4. Phys. lect. 7.,10 al primer movimiento conviene menos de potencia y de variación de lugares en el móvil mismo y menos de difformidad, y así cuanto menos en acto se varían los lugares en lo móvil, más se accede a la uniformidad y a la inmovilidad. De donde no se sigue que el movimiento más actual y más perfecto más se diga poner algo en lugar, porque el estar en acto en lugar es estar sujeto circunscrito y limitado por el localizante. Y por eso porque el primer movimiento es más noble y del primer continente no contenido por otro, por eso no le conviene poner tal cuerpo en acto en lugar, esto es sujetar en acto al lugar, sino solo en potencia; menos, en efecto, de perfección es estar en acto dependiente que en potencia, aunque el modo de distancia o de proximidad en acto ponga.
Al último se responde que a las partes del cielo conviene tener ubi determinado y designado cuanto a aquello que es de la definición en el ubi, no cuanto a aquello que es de la circunscripción. Esto, en efecto, es el ubi inadecuadamente tomado en los cuerpos a diferencia del ubi definitivo en los ángeles, que así están en un lugar que no en otro, sin alguna con todo distancia o proximidad positiva en orden a otro, porque la distancia dice mensuración de extensión, que no puede tomarse de un ángel a un cuerpo o al contrario. En los cuerpos, empero, aunque no estén circunscritos, puede tomarse esta distancia y medida de extensión a otros cuerpos, y aquello por el movimiento local puede variarse en el vacío, ut dicemus quaest. seq.
Articulus IV: SI DOS CUERPOS PUEDAN PENETRARSE EN EL MISMO LUGAR POR VIRTUD DIVINA
TRIPLE ES LA SENTENCIA en esta parte: Dos extremas y una media. La primera extrema estima que también naturalmente pueden dos cuerpos penetrarse. La razón es, ya porque no es de la esencia de la cantidad que el otro cuerpo siempre expulse, ya porque varias experiencias parecen comprobarlo; vemos, en efecto, que el vaso lleno de ceniza recibe tanta agua cuanta sin ceniza. El hierro candente recibe el fuego intra sí, y el pan humedecido recibe el agua, y el vaso lleno de agua recibe monedas y no se derrama, las cuales todas sin alguna penetración de cuerpos no pueden acontecer.
La segunda sentencia extrema es de Durando in 4. dist. 44. q. 6. n. 7. et 8., que dice ser probable que ni por la potencia divina dos cuerpos puedan penetrarse. El fundamento similarmente es ya de la razón, ya de los ejemplos.
Por la razón ciertamente, porque el efecto formal no puede impedirse permaneciendo la forma; es, empero, efecto formal de la cantidad ocupar el lugar, y permaneciendo la ocupación del lugar se sigue como efecto privativo la expulsión del otro cuerpo; ergo este segundo efecto no puede impedirse permaneciendo el primero. Consta, empero, que en lo presente hablamos de la penetración de los cuerpos que ocupan el lugar; pues removida la ocupación del lugar, como en el cuerpo de Cristo sacramentado, no hay duda de que pueda estar a la vez con otra cantidad.
La sentencia media, que es de D. Tomás y de los tomistas, tiene que naturalmente dos cuerpos no pueden penetrarse, poder con todo por virtud divina, porque el efecto formal primario de la cantidad es la extensión de las partes en orden al todo, no la expulsión del otro cuerpo, que es efecto secundario e impedible.
Al fundamento de la primera sentencia se responde que las experiencias aducidas no concluyen penetración, sino poros y exclusión del aire.
Al primer fundamento de Durando se responde que el efecto formal primario de la cantidad, a saber la extensión de las partes en orden al todo, no se impide si se impide el contacto de un cuerpo respecto de otro, sino en la razón misma de la información substancial en la materia, que es información de la primera actualidad, y así no puede suponer otra anterior, de donde la forma que sobreviene segundo e informa repugna que sea substancial, esto es que dé el primer ser, ut supra diximus q. 11.1
Al segundo fundamento de los ejemplos se responde: A lo primero: Hay máxima disparidad, por esto de que la razón misma de la sucesión esencialmente pide que una parte esté después de otra; de donde de cualquier modo que se pongan las partes estar a la vez o penetrarse, se quita la sucesión. Al contrario, empero, la razón de la cantidad permanente no consiste en el contacto a otros cuerpos y puede, permaneciendo la cantidad, perder el contacto absolutamente como el cuerpo de Cristo en el Sacramento, o permaneciendo el contacto a uno impedirse de tener contacto hacia el otro, y así estar a la vez con aquel en el mismo lugar, no tocando a aquel según la superficie, sino también según las partes divisibles, por lo cual no se quita la extensión en orden al todo, que es el efecto primario de la cantidad, ni en orden al lugar, porque puede permanecer el contacto al lugar e impedirse respecto de otro cuerpo, ut dictum est.
Al segundo ejemplo se dice que si Dios redujera toda la cantidad de un brazo al lugar del dedo, aquella cantidad extrínsecamente y en orden al lugar sería igual a su parte, pero radical e intrínsecamente en orden al todo sería mayor, porque tiene más partes y de sí pide mayor extensión en el lugar que su parte, aunque de hecho no lo ocupe.
Articulus V: SI IMPLIQUE QUE UN CUERPO ESTÉ EN VARIOS LUGARES CIRCUNSCRIPTIVAMENTE
Hablamos de la presencia circunscriptiva, porque el estar en lugar un cuerpo circunscriptivamente y no en otro consta de la fe; pues el cuerpo de Cristo extensivamente está en el cielo y sacramentalmente en la Eucaristía. Pero porque la circunscripción así adecua la cosa localizada que supone en aquella la última superficie ultra la cual no se continúa ni se extiende, por eso tiene especial dificultad si la cosa una vez localizada y circunscrita pueda en otro lugar similarmente circunscribirse y por otra superficie terminarse permaneciendo la adecuación del lugar y la unidad de lo localizado. Y esto de doble modo puede hacerse: de un modo permaneciendo la misma substancia y cantidad del cuerpo y la misma superficie; de otro modo puesta doble cantidad en la misma substancia del cuerpo, de tal modo que según una se termine en un lugar y según otra en otro, no hecha ninguna división en la misma cantidad, sino otra sobreañadida.
Es, ergo, en esta dificultad doble sentencia entre la escuela de Divus Thomas y de Escoto. Pues Escoto in 4. dist. 10. q. 2. per totam tiene que no implica contradicción que un cuerpo circunscriptivamente esté en doble lugar. A quien además de su escuela siguen comúnmente los más recientes, ut Conimbric.,1 Suárez,2 Belarmino,3 Valentia,4 Rubio5 y otros, que se citan in Cursu Carmel. hic disp. 19. q. 8. Es más, muchos añaden que esta sentencia es más conforme a la verdad y a los principios de la fe, por los que se establece la real presencia del cuerpo de Cristo en la Eucaristía.
El fundamento de esta sentencia se reduce a tres cabezas: Primero de los efectos, porque de hecho así alguna vez aconteció; segundo por razón; tercero de los ejemplos.
Lo primero se prueba, porque ante todo cuando Cristo apareció a Pablo, fue visto por aquel en el propio cuerpo, ut argumentatur S. Thomas 3. p. q. 57. art. 6. ad 3., porque de otro modo no podría ser testigo de su resurrección; y con todo Cristo entonces no recedió del cielo, porque hasta el día del juicio no descendió, de allí según aquello de los Hechos: «Al que importa que el cielo reciba hasta el tiempo de la restitución de todas las cosas»6 Agustín7 dice que, hasta que el siglo se termine, arriba está el Señor. Ergo importó que entonces Cristo Señor no recediendo del cielo fuera visto en el aire por Pablo, y así existió en doble lugar. Omito otras visiones por las que Cristo Señor fue visto en las tierras o apareció en la Eucaristía. Estas, en efecto, pueden referirse no a la visión en el propio cuerpo, sino en alguno aparente, y por tanto no así prueban como aquella visión de Pablo.
El segundo fundamento es de la razón, que se toma de la respuesta o improbación de la implicación contraria. Parecen, en efecto, muy débiles las razones por las que esta implicación se prueba, y si algo prueban, también probarían que el cuerpo de Cristo no puede indivisiblemente estar en varias hostias. Pues lo que se dice, que el lugar circunscriptivo así adecuadamente termina y comprende el cuerpo que extra aquel no permite estar circunscriptivamente, del mismo modo prueba que no permite estar sacramentalmente. Pues si puede exceder aquellos términos circunscriptivos existiendo en otra parte indivisiblemente, ¿qué importa que los exceda existiendo en otra parte divisiblemente atendiendo precisamente a la adecuación de la primera circunscripción? Además de que8 puede decirse que está adecuadamente en un lugar con adecuación natural y en orden a la potencia natural, no en orden a la sobrenatural, como el intelecto naturalmente inteligie a Dios de las criaturas, sobrenaturalmente en sí mismo. Que, empero, se añade seguirse que el mismo cuerpo estaría dividido si se pusiera en doble lugar, o que también podría el mismo cuerpo estar en infinitos lugares si una vez puede estar en dos, porque es la misma razón de los infinitos, uno y otro se sigue del mismo modo en el cuerpo de Cristo sacramentado, y allí han de resolverse estos inconvenientes. Pues también se sigue que pueda estar en infinitas hostias sin término. Ni con todo se sigue que si un cuerpo esté en infinitos lugares esté en todas partes como Dios, porque ni de sí mismo ni primero y per se estaría en todas partes; Dios, en efecto, así está todo en todo lugar que está todo en toda parte del lugar, y así todo está en todas partes; aquel, empero, cuerpo está en cualquier lugar por sus partes. Similarmente no se sigue que el cuerpo de Cristo esté dividido e indiviso por esto de que está en el cielo y extra el cielo bajo cantidad ajena, a saber bajo las especies del pan. ¿Por qué, ergo, estará dividido si esté en otra parte bajo cantidad propia, principalmente si tuviera doble cantidad? Además de que solo se sigue esta división cuanto al lugar y a la circunscripción, no cuanto a la entidad y a la substancia, porque esta no se toma de la multiplicación de los lugares, que es accidental.
El tercer fundamento se toma de los ejemplos. Pues ante todo puede el mismo cuerpo estar en doble lugar, uno divisible, otro indivisible, ut patet in el cuerpo de Cristo; ergo puede pender de doble presencia, una natural, otra sobrenatural e indivisible, de las que cualquiera adecuada y totalmente en su género vuelve presente a aquel cuerpo. Ergo similarmente podrá pender de doble presencia circunscriptiva, aunque una y otra sea adecuada. Ni, en efecto, por esto de que sea circunscriptiva algo más añade sobre la otra circunscripción que multiplicar los lugares mismos, que solo accidentalmente se tienen a la multiplicación de la substancia. Ítem no repugna que el mismo cuerpo se afecte por doble cantidad o por doble blancura o calor, ni repugna que la misma naturaleza se termine por doble subsistencia divina; ergo tampoco repugnará circunscribirse por doble ubi, aunque uno y otro sea adecuado y suficiente. Se confirma, porque la unidad del lugar está con la duplicidad del cuerpo, ut patet cuando dos cuerpos se penetran. Ergo también la duplicidad del lugar estará con la unidad del cuerpo. La consecuencia es patente, porque si la diversidad de los cuerpos pende de la diversidad del lugar, también la unidad pendará de la unidad, y al contrario si la unidad no pende, ut manifestum est, tampoco pendará la diversidad, sino que le será accidental.
La sentencia opuesta perpetuamente se defiende por D. Tomás en muchos lugares, ut in 4. dist. 10. q. 1. art. 3. quaestiunc. 2.9 y más abiertamente dist. 44. q. 2. art. 2. quaestiunc. 3. ad 4.,10 donde dice «que un cuerpo estar a la vez localmente en dos lugares no puede hacerse por milagro»; et Quodlib. 3. art. 2.,11 donde dice «que el cuerpo estar en doble lugar circunscriptivamente es poner dos contradictorios a la vez». Lo mismo insinúa 3. p. q. 75. art. 1. in argumento 3. adiuncta eius solutione, et opusc. 70. q. 4. art. 4.12 Siguen a D. Tomás comúnmente todos sus discípulos, y además S. Buenaventura in 4. dist. 49. art. de Dote subtilitatis,13 Durando in 4. dist. 10. q. 4. n. 8., Herveo,14 Paludano,15 Egidio,16 el Abulense17 y otros, a quienes sigue P. Vázquez 3. p. tom. 3. disp. 189. cap. 5. et Mag. Lorca in manuscriptis de Eucharistia, ut citat Cabero hic disp. 1. dub. 5.
De las varias, empero, implicaciones que se aducen, a aquella como a la principal se revocan las restantes, porque así un cuerpo existente bajo única cantidad se adecua por una circunscripción que, si se pone en doble lugar circunscriptivamente, se dividirá su cantidad y consecuentemente el cuerpo mismo; y así será a la vez el mismo y diverso. Y18 cuando la adecuación es tal que si se multiplica se destruye la unidad del sujeto, implica que permaneciendo tal unidad se exceda aquella adecuación. Que, ergo, la cantidad se divida por esto mismo de que se pone de aquel modo en doble lugar, de allí se prueba, porque aquel cuerpo así puesto en doble lugar tendría doble superficie terminante, ante todo19 si se pone en doble lugar inmediato, de tal modo que, si a la vez accedieran, se tocarían con verdadero contacto, como también tocan aquellos lugares en los que se ponen; de otro modo no se localizarían en doble lugar si en uno y otro no tuvieran contacto a dichos lugares. Aquellas, empero, se tocan cuyos extremos o superficies están a la vez, ut dicitur 5. Phys. cap. 3.20 Ergo si aquel cuerpo se pone en doble lugar, doble superficie debe tener, si en verdad si se pusiera en lugar inmediato a sí verdaderamente sería contiguo a sí y verdadero contacto tendría a sí, como tienen dos manos, y como tiene verdadero contacto al cuerpo que lo circunscribe en doble lugar. Si, en efecto, se penetraran, por esto mismo no estaría en doble lugar, lo cual es destruir el caso. Puede, empero, ponerse en lugar inmediato a sí si una vez puede ponerse en doble remoto. Pero aquellas se dicen tener contacto y ser contiguas cuyos extremos están a la vez; aquellas empero continuas, que por término común se copulan. Ergo aquel cuerpo puesto en doble lugar inmediato a sí entre sí21 verdadero contacto tendrá, y por tanto doble superficie. No, ergo, permaneciendo la misma cantidad o superficie puede ponerse en doble lugar de modo circunscriptivo.
Y más ampliamente esto es patente, porque si se pone el cuerpo en doble lugar remoto de sí, v. g. en Roma y en Alcalá, por esto mismo la cantidad de aquel cuerpo permanece dividida; ergo no puede permanecer la misma.
La consecuencia es manifiesta, y el antecedente se prueba, porque aquella cantidad se discontinúa; ergo se divide. Entonces, en efecto, se discontinúa la cantidad cuando entre esta y esta cantidad se interpone algún cuerpo medio que no se continúa con tal cantidad; pero puesto el cuerpo en Roma y en Alcalá, entre el cuerpo que está en Roma y en Alcalá yace el aire o muchos otros cuerpos, de los cuales ninguno se continúa con aquel. El aire, en efecto, que abarca el cuerpo en Roma es contiguo a aquel como su lugar, no continuo, y similarmente el aire que está en Alcalá. Ergo se discontinúa la cantidad de este cuerpo por esto mismo de que se pone en doble lugar, y así es cantidad dividida, no la misma. Y así es contradicción que el mismo cuerpo o la misma cantidad se ponga en doble lugar y no permanezca dividida.
A ESTA RAZÓN DE TRIPLE MODO PUEDE RESPONDERSE: Primero instándola; pues también la cantidad del cuerpo de Cristo está en el cielo y en el Sacramento, ni con todo está dividida ni es otra. Ergo similarmente no estará dividida por esto de que se ponga circunscriptivamente en doble lugar. Segundo diciendo que de esta posición en doble lugar no se sigue división intrínseca en la cantidad o en el cuerpo, sino solo extrínseca según doble ubicación o lugar, lo cual es verdaderísimo. Tercero, que al menos no repugnará que el cuerpo esté en doble lugar si a aquel se tribuya por Dios doble cantidad, lo cual ninguna repugnancia envuelve.
A la primera instancia se responde que el cuerpo de Cristo en el Sacramento tiene la misma cantidad y superficie que en el cielo, porque de modo indivisible e incircunscripto aquella tiene en el Sacramento. Y así bien está que sea la misma superficie, porque del modo mismo de existir no se divide ni se discontinúa, sino que existe a modo de substancia en el Sacramento sin ningún contacto a otros cuerpos. Y así no corre el argumento contra el modo de existir sacramental, como contra el modo circunscriptivo en doble lugar, porque no divide la superficie por esto mismo de que no la pone de modo divisible en otro lugar. Ni importa reducir la explicación de este misterio a aquellas angustias que padece la existencia en doble lugar circunscriptivo. Se hace, en efecto, aquel misterio menos inteligible principalmente a los filósofos si se inteligie el cuerpo de Cristo a modo de cuerpo dividido en doble lugar, o si pende la inteligencia de este misterio de la posición del cuerpo en doble lugar circunscriptivamente. Aunque, en efecto, esto parezca volver más inteligible la existencia doble del cuerpo en el cielo y en el Sacramento, menos con todo inteligible vuelve la identidad del mismo cuerpo, porque duplicada la circunscripción se discontinúa.
A la segunda instancia se responde que no es inteligible aquella doble ubicación y circunscripción sin discontinuación y división de la cantidad, porque nada otro es dividirse la cantidad que así ponerse en lugar que se interpone otro cuerpo medio no continuado con aquellos extremos, como necesariamente se sigue puesto el cuerpo en aquel doble lugar por modo de contacto y de circunscripción, ut22 se ha mostrado.
A la tercera instancia se dice que la implicación aducida no corre si un cuerpo tiene doble cantidad. Y aquello parece sentir D. Tomás Quodlib. 3. art. 2.,23 donde pone el argumento «que la dimensión del pan podía convertirse en la cantidad del cuerpo de Cristo, como la substancia del pan en la substancia del cuerpo de Cristo». Y responde «que si la dimensión de este cuerpo se convirtiera en aquella dimensión de otro cuerpo, ya no serán dos dimensiones, sino una solamente; y así no se conmensuraría a diversos lugares, sino a uno solamente». Ergo a contrario sensu, si se diera doble dimensión, no repugnaría conmensurarse a doble lugar. Y como ahora el cuerpo de Cristo mediante la dimensión del pan a la que se liga está en doble lugar, uno per se, esto es por la propia dimensión en el cielo, otro por accidente, esto es por cantidad ajena en la tierra, así si tal dimensión u otra similar y de la misma figura con la dimensión propia del cuerpo de Cristo no se le ligara extrínsecamente, sino que por inherencia intrínseca se uniera, no menos podría estar en doble lugar, uno per se, otro por accidente por razón de aquella doble cantidad inherente a sí. Si, empero, esto sea posible de potencia absoluta, que doble cantidad se tribuya al mismo cuerpo por inherencia intrínseca, no disputo en lo presente, ni en ello hallo abierta repugnancia, para que, como se liga la cantidad ajena del pan al cuerpo de Cristo, así pueda inherirle otra de similar figura y extensión con la suya propia, de24 la cual sola se individuaría, no de la segunda. Pero lo que decimos es que, permaneciendo la misma cantidad, repugna ponerse circunscriptivamente en diverso lugar, porque esto es lo mismo que dividirse; si con todo se diera doble cantidad, ninguna implicación corre ni25 entonces se circunscribiría adecuadamente por un lugar, sino por doble según la doble cantidad.
Omito varias OTRAS RAZONES deducidas del inconveniente, en cuya resolución mucho laboran los autores opuestos, v. g. que si se pone un cuerpo en doble lugar, podrá moverse el mismo cuerpo con movimientos contrarios, y aquí tener sumo frío si se pone entre nieves, allí sumo calor si entre fuegos, aquí matar o ser muerto, en otra parte no, aquí perecer de hambre, allí saciarse, y muchos similares que fácilmente pueden considerarse. Cuyos absurdos los autores opuestos con aquella distinción resuelven, que aquellos accidentes que penden del lugar, como moverse hacia arriba y hacia abajo, ser flagelado y percutido y similares, así convienen en un lugar que no en otro. Los que, empero, de la distancia local no penden, como estar muerto y vivo, cálido y frío, si convienen en un lugar convienen también en otro, lo cual con todo en singular explicarse bastante difícil es, principalmente como varios de estos que del lugar no penden se opongan privativamente. Pero en esto no hacemos fuerza.
Al primer fundamento DE LA SENTENCIA OPUESTA se responde que cuando Cristo Señor apareció a Pablo, corporalmente ciertamente apareció, como convence la razón de S. Tomás; de otro modo no podría Pablo ser testigo de la resurrección como los demás Apóstoles si el verdadero cuerpo de Cristo mismo no hubiera visto. Pero si esta aparición se hizo en el aire (de la Escritura, en efecto, no consta haber visto a Cristo en el aire o en el cielo mismo, sino solo que una luz del cielo lo circundó), de veras descendió el cuerpo de Cristo del cielo. Ni lo opuesto de aquellas autoridades de ningún modo se deduce. Solo, en efecto, prueban que Cristo está en el cielo hasta el día del juicio como en lugar debido a sí para gloria y honor, como al rey se debe el trono, no con todo porque sea necesario siempre allí sentarse y nunca moverse. De donde notantemente la Escritura dice: «Al que importa que el cielo reciba», no con todo añade al que importa siempre retener. Y Agustín26 dice que arriba está el Señor hasta que el siglo se termine, cuanto a la habitación debida a sí, no cuanto a la ligadura local. Ni, en efecto, tiene el cielo por cárcel, sino por gloria, que de ningún modo se disminuye a los beatos por el descenso de Cristo, porque igualmente bien verán su cuerpo aunque descendiera a este mundo inferior. De las demás apariciones de Cristo no así consta haber descendido en el propio cuerpo, sino según alguna aparición o por algún ángel en cuerpo asumido. Si con todo verdaderamente a algunos apareció en el propio cuerpo, de veras a aquellos descendió. Principalmente, empero, en la Eucaristía no parece aparecer Cristo en el propio cuerpo, sino formarse del aire circundante algún cuerpo en especie de carne o de niño o algo similar, en el cual aparece, ut constat ex D. Thoma 3. p. q. 76. art. 8. Que si quisiera Cristo Señor en la Eucaristía demostrar el cuerpo propio en especie propia, aquello debería hacerse descendiendo del cielo.
Al segundo consta en qué consista la implicación de existir en doble lugar circunscriptivamente, la cual con todo no se sigue de esto, que sacramentalmente esté Cristo en la Eucaristía y de modo cuantitativo en el cielo. De allí, en efecto, no se sigue que esté bajo doble terminación adecuada a sí en el mismo género de circunscripción, sino bajo diverso género y según diverso modo, uno divisible, otro indivisible. Ni resulta alguna división y multiplicación de la superficie o de la cantidad en el cuerpo de Cristo, pues en el Sacramento no está en lugar por contacto a otros cuerpos ni de modo divisible, y consecuentemente tampoco tal separación de lugares hace división o discontinuación. Cuando, empero, se insta que tampoco permanecerá dividido aquel cuerpo si allí permaneciera bajo propia especie, se niega la consecuencia. Y la disparidad consta de lo dicho, porque aquella cantidad ajena no discontinúa ni divide la propia por la que Cristo está en el cielo, pues es cantidad distinta. Si, empero, la cantidad propia allí se pone de modo circunscriptivo, por esto mismo también se pone de modo divisivo, porque se pone de modo divisible según diversa terminación y localización, lo cual no puede estar sin discontinuación de la cantidad. Si, empero, de modo indivisible en otro lugar se pone, no añade nueva terminación por la que nuevo contacto tenga y consecuentemente ni discontinuación, sino que la misma superficie y cantidad bajo modo indivisible pone. Y aunque aquella discontinuación sea cuanto al lugar, esencialmente con todo le está anexa la discontinuación de la cantidad, que consiste en la doble terminación. Dividida, empero, la cantidad se divide el cuerpo, cuya individuación pende de la designación de la cantidad y de la indivisión de aquella como de condición per se requerida, ut in libris de Generat.27 se dirá. Pero con todo la implicación puesta corre presupuesto que sea la misma cantidad en el cuerpo existente en doble lugar, y no de otro modo.
Al tercero se responde que cuanto atañe al primer ejemplo ya bastante se ha dicho, que aquella presencia sacramental no es presencia propia del cuerpo, sino de diverso género, y por eso respecto de aquella no corre la implicación aducida; ni, en efecto, divide la cantidad, ut dictum est.
Al segundo ejemplo decimos que no es contra nosotros, porque si al mismo cuerpo se atribuye doble cantidad, no repugnará estar en doble lugar sin división de la misma cantidad, en lo cual consiste la implicación aducida.
Al tercer ejemplo decimos que las personalidades divinas no tienen oposición relativa sino entre sí, no respecto de la naturaleza que terminan o asumen, pues de la misma perfección y eminencia proviene en las personas mismas terminar la naturaleza ajena. Del mismo, en efecto, modo la persona del Padre puede terminar la humanidad asumida como la persona del Hijo. Al contrario, empero, la diversidad del lugar circunscriptivo discontinúa la cantidad, porque no puede de otro modo inteligirse la existencia en lugar distante sino con discontinuación de la cantidad o división, con la cual no está la identidad de la misma cantidad, que es la implicación aducida.
A la confirmación se responde de D. Tomás in 4. dist. 44. supra cit.,28 donde pone el mismo argumento, que con la unidad del lugar extrínseco está la diversidad de la cantidad, con la diversidad empero del lugar no está la unidad, por esto de que basta para discontinuar y dividir la cantidad la discontinuación del lugar, ut probatum est. Al contrario, empero, la unidad del lugar no basta para constituir la unidad de la cantidad si de otro modo el sujeto en el que está la cantidad no es uno. Los accidentes, en efecto, máximamente tienen su unidad de la unidad del sujeto, aunque la cantidad también penda de la unidad del lugar, sin la cual se discontinúa y se divide. Por lo cual la unidad de la cantidad pende de dos, a saber de la unidad del sujeto y del lugar, y quitado cualquiera se disuelve la unidad, porque el mal de cualquier defecto. Y por eso bien está con la diversidad de la cantidad la penetración y la existencia en el mismo lugar, porque por el diverso sujeto aquella cantidad se supone diversa; no empero está con la diversidad circunscriptiva del lugar la unidad de la cantidad, porque la diversa circunscripción discontinúa.