Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Quaestio XV: DEL INFINITO
Articulus I: QUÉ SEA EL INFINITO, Y EN QUÉ ESTÉ EL PUNTO DE LA DIFICULTAD
Articulus II: SI IMPLIQUE DARSE EL INFINITO EN ACTO SEGÚN LA CANTIDAD O LA INTENSIÓN
Articulus III: SE DESPACHAN LAS DIFICULTADES Y ARGUMENTOS CONTRA NUESTRA SENTENCIA
Liber III: ACERCA DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DEL LUGAR, DEL VACÍO Y DEL TIEMPO
SUMA DEL TEXTO DEL LIBRO CUARTO DE LOS FÍSICOS DE ARISTÓTELES1
El intento del Filósofo en este libro, después de que supra determinó de la propiedad del ente móvil, que es el movimiento, es determinar de la doble medida, una del móvil mismo, otra del movimiento mismo. La medida extrínseca del móvil es el lugar, y porque lo opuesto del lugar es el vacío, trata primero del lugar, después del vacío. La medida, empero, del movimiento mismo es el tiempo, y así en tercer lugar trata del tiempo.
Se divide, empero, todo el libro en catorce capítulos. En los cinco primeros trata de la naturaleza del lugar, en los cuatro siguientes del vacío, en los cinco restantes del tiempo.
SUMA CAP. 1.
Así que, habiendo de inquirir la naturaleza del lugar, el Filósofo tres cosas hace en este capítulo: Primero premite que atañe al filósofo natural tratar del lugar. Segundo empieza la disputa del lugar hacia una y otra parte, primero ciertamente probando qué sea el lugar, después en la tercera parte del capítulo mostrando qué no sea el lugar.
ACERCA DE LO PRIMERO muestra que atañe al físico tratar del lugar, ya porque el estar en lugar es común a todos los entes naturales, ya porque atañe al físico tratar de todo movimiento, de los cuales uno es el movimiento local, que sin el lugar no puede conocerse.
ACERCA DE LO SEGUNDO muestra que se da el lugar tanto según la verdad de la cosa cuanto por las opiniones de los antiguos. Por la verdad de la cosa: Primero porque, permaneciendo el mismo lugar, vemos mudarse los cuerpos, como saliendo el agua del vaso subentra el aire; ergo el lugar es algo otro que los cuerpos contenidos. Segundo, porque el lugar de los graves y de los leves no solo muestra que el lugar es algo, sino que también tiene virtud de conservar lo localizado, y por esto aquellos cuerpos tienden a tales lugares para que allí se conserven. Por las opiniones, empero, de los antiguos aquello prueba: Primero por la opinión de aquellos que ponían el vacío; estos, en efecto, debían admitir el lugar, porque el vacío es el lugar privado de cuerpo. Segundo por la opinión de Hesíodo, que puso que primero había sido hecho cierto caos y confusión de las cosas, después la tierra ancha y espaciosa quasi como lugar y receptáculo de las cosas, porque todas creían estar en lugar, y así el lugar es algo también según la opinión de los antiguos.
ACERCA DE LO TERCERO pone razones para probar qué no sea el lugar. Primero: Pues si el lugar es algo, máximamente debe ser cuerpo, si en verdad tiene longitud, latitud y profundidad. No puede, empero, ser cuerpo, porque está a la vez con lo localizado; el cuerpo, empero, no puede estar a la vez con otro cuerpo. Después, porque cuanto es tiene razón de causa respecto de algo. El lugar, empero, respecto de lo localizado no es materia, pues lo localizado no consta de aquel; ni forma, porque de otro modo todos los localizados serían de la misma forma y especie; ni fin, pues más bien el lugar es por lo localizado; ni eficiente, pues más bien es término del movimiento; ergo nada. Ítem, porque todo lo que es está en lugar; ergo si el lugar es algo, estará en lugar, y aquel lugar en otro, y así in infinitum. Por último, porque si todo cuerpo está en lugar y en todo lugar hay cuerpo, ergo cuando lo localizado crece, crece también el lugar; de otro modo no se adecuará el lugar a lo localizado. Pero el lugar no puede crecer, porque es inmóvil; ergo no se da el lugar.
SUMA CAP. 2.
Antes de que Aristóteles determine qué sea el lugar, disputa dos en el presente capítulo: Primero, si el lugar sea materia o forma; segundo prueba que ni sea materia ni forma.
ACERCA DE LO PRIMERO propone doble razón: La primera para probar que el lugar sea forma, la segunda para probar que sea materia. La primera es que el lugar es doble, uno común, otro propio; común, en el que todos los cuerpos están, como el cielo es lugar común de todos los que bajo aquel están. Propio es el que se adecua a cada cosa; de este modo, empero, es el término de la cosa. Pero la forma es término de cada una, porque por la forma se termina la materia. Ergo el lugar es forma. Cuya razón, con todo, no concluye, pues asume una y otra afirmativa en segunda figura.
La segunda razón deduce de Platón para probar que el lugar sea materia, porque el lugar es el espacio entre los términos de la cosa contenientes, el cual no es algo sensible, porque permanece el mismo recediendo los cuerpos sensibles, y así aquel espacio es por modo de dimensión interminada. Esto, empero, tiene razón de materia, porque es algo terminable por la línea y la superficie, que terminan la magnitud. Ergo el lugar tiene razón de materia y de receptivo.
ACERCA DE LO SEGUNDO obicia para probar que el lugar no sea materia ni forma. Primero, porque la materia y la forma no se separan de aquello de lo que son; el lugar, empero, se separa de lo localizado o lo localizado del lugar. Segundo, porque el lugar es algo extra lo localizado, si en verdad lo localizado se dice estar en lugar; la materia, empero, y la forma no están extra el compuesto. Por último, si el lugar es materia y forma, será intrínseco a lo localizado, y así se moverá cuando se mueve lo localizado. Pero lo que se mueve está en lugar; ergo, si el lugar es materia y forma, el lugar estará en lugar.
SUMA CAP. 3.
Desde este capítulo empieza el Filósofo a determinar su sentencia del lugar, y en el capítulo mismo premite algunas notables; en el siguiente tradita la resolución. Premité, ergo, tres: Primero, de cuántos modos algo pueda estar en otro; segundo, si de algún modo pueda estar en sí mismo; tercero: Responde a dos dudas que han sido objetadas.
ACERCA DE LO PRIMERO dice de ocho modos algo estar en otro: Primero, como una parte en el todo, como el dedo en la mano. Segundo al contrario, como el todo en las partes. Tercero, como la especie en el género, como el hombre se contiene en el animal. Cuarto al contrario, como el género en la especie, como el animal en el hombre. Quinto, como la forma en la materia, ya accidental ya substancial. Sexto, como las cosas están en su eficiente, imperante o movente, como el reino en el rey. Séptimo, como el amante en lo amado o en su fin. Octavo, como en el vaso o continente y como lo localizado en el lugar, al cual modo se reduce el estar en algo como en el tiempo que mide.
ACERCA DE LO SEGUNDO inquiere si algo pueda estar en sí mismo. Y responde que de doble modo puede algo estar en sí mismo: De un modo primero y per se, esto es por razón de sí inmediatamente; de otro modo según otro, esto es según la parte, en cuanto en algún todo hay partes de las que una está en otra.
De este segundo modo dice bien poderse decir que algo está en sí mismo, como si se acepta este todo, a saber el ánfora de vino se dice estar en sí misma y no en otro vaso. Pero esto es por razón de la parte, en cuanto el vino está en el ánfora, el ánfora empero no en otro. Al contrario, empero, del primer modo nada se dice estar en sí mismo, ni per se ni por accidente. No per se, porque si algo inmediatamente está en sí mismo, inmediatamente y per se primero será continente y contenido. No está algo en sí mismo por accidente, porque el estar por accidente es estar por razón de aquello que está per se, como el alma se dice estar por accidente en lugar por razón del cuerpo, que está per se. De donde si de este modo algo está en sí mismo por accidente, se sigue que dos cuerpos están en el mismo lugar, a saber aquello por razón de lo cual está en sí mismo, y él mismo.
ACERCA DE LO TERCERO resuelve primero la razón de Zenón inducida, a saber que si el lugar fuera algo, también el lugar estaría en otro lugar, y así in infinitum. Responde que no se sigue, porque el lugar no está en otro por modo de lugar, sino por modo de forma accidental informante; es, en efecto, superficie que inhiere en el cuerpo, pero contiene lo localizado. Segundo resuelve la duda puesta del lugar, si sea materia o forma, y dice que el lugar no puede ser materia o forma de lo localizado, porque el lugar es quasi vaso que contiene y abarca lo localizado; la materia, empero, y la forma son partes intrínsecas de aquel en el que están.
SUMA CAP. 4.
En este capítulo resolutivamente tradita el Filósofo su sentencia acerca de la quididad del lugar. Consiste, empero, la esencia en conocer el género y la diferencia y de allí eliciar la definición íntegra. Y porque de allí se siguen las pasiones, que son más notorias cuanto a nosotros y por aquellas ascendemos al conocimiento de la esencia, primero premite algunas afecciones o pasiones del lugar, segundo tradita su género, tercero la diferencia, cuarto elicia la definición íntegra.
ACERCA DE LO PRIMERO explica ante todo cuatro afecciones del lugar: Primera, que el lugar contiene lo localizado y no sea algo de lo localizado; segunda, que el lugar propio sea igual a lo localizado; tercera, que a lo localizado nunca falte algún lugar, pues uno sucede a otro; cuarta, que en el lugar se halla alguna diferencia de arriba y de abajo, o porque en diversos lugares uno es superior, otro inferior, o porque en el mismo lugar una parte es superior, otra inferior. Por último colige que para el lugar se requiere razón de extremidad no continua, sino contigua a lo localizado, como es patente en el lugar propio, que está adecuado a lo localizado; solo, empero, se le adecua por la última extremidad que lo toca. Se requiere, empero, que sea contigua; pues si es continua, será como la parte en el todo, no como continente respecto del contenido y local respecto de lo localizado.
ACERCA DE LO SEGUNDO investiga el género del lugar proponiendo que el lugar debe ser uno de cuatro: O, en efecto, el lugar es materia o forma o el espacio entre las extremidades del continente o por último alguna superficie del cuerpo continente mismo. De estos cuatro el lugar no puede ser materia ni forma ni espacio; ergo la superficie como continente, y esta es el género del lugar.
Que no sea forma ni materia prueba, porque son partes existentes en la cosa que componen, ni de aquella se separan; el lugar, empero, no compone lo localizado, sino que está en el cuerpo continente.
Que no sea aquel espacio entre las extremidades del continente prueba, porque de otro modo se seguiría que el lugar puede mudarse, y como no se muda sino a lugar, el lugar estará en lugar. La secuela, empero, es patente, porque si el agua está en el vaso, el lugar del agua será aquel intervalo que está entre las extremidades del vaso y el agua; aquel, empero, intervalo no está sino donde está el vaso. Ergo mudado el vaso se mudará aquel intervalo, y por tanto se mudará el lugar.
ACERCA DE LO TERCERO se establece la diferencia del lugar, en esto de que sea inmóvil. En esto, en efecto, difiere el vaso del lugar, que el vaso que contiene el agua se muda cuando se mueve el agua; el lugar, empero, no se muda; debería, en efecto, mudarse a lugar; por lo cual el lugar es como vaso inmóvil, como todo el río respecto de la nave, no como el agua que próximamente circunda la nave.
ACERCA DE LO CUARTO infiere la definición íntegra del lugar, que el lugar es «superficie inmóvil primera del cuerpo continente». Se dice superficie del cuerpo continente, porque el lugar se adecua a lo localizado, y son a la vez contiguas, no continuas. Se dice inmóvil por la razón ya dicha. Se dice primera a diferencia del lugar común; respecto, en efecto, de lo localizado la primera superficie que ocurre extra es el lugar propio.
SUMA CAP. 5.
Explicada la naturaleza del lugar dos hace el Filósofo en este capítulo: Primero declara cómo los diversos cuerpos estén en lugar y de cuántos modos aquello acontezca. Segundo resuelve las dudas puestas supra cap. 1.
ACERCA DE LO PRIMERO consta que todos los cuerpos están en lugar como localizados y contenidos en aquel; solo, empero, el último cuerpo o esfera es continente de los demás, no contenido. Y de esta es toda la dificultad, cómo esté en lugar. Pues de una parte se mueve localmente, de otra no está en lugar, porque no es contenido por alguno.
Para resolver esta dificultad premite que algunos están en lugar en acto, algunos en potencia. En acto, como cuando el cuerpo continente está dividido del contenido y le es contiguo. En potencia, como cuando no está en acto dividido ni contiguo, sino continuo; porque, con todo, puede dividirse y contigarse, se dice contener en potencia.
Dice, ergo, que la última esfera está en lugar por accidente y en potencia, no per se y en acto. Como, en efecto, todas las partes se circungiran, no se da última que sea continente de otra, sino que cualquiera se continúa a otra y es contenida en potencia por aquella.
ACERCA DE LO SEGUNDO responde el Filósofo a las razones puestas supra, después da la razón de por qué los cuerpos tienden a los lugares naturales y en aquellos descansan.
Y primero responde a la sexta, si el lugar fuera algo que se aumentaría aumentado el cuerpo, y dice que esta razón procede del mismo modo que si el lugar fuera el espacio entre las extremidades del cuerpo continente. Como, empero, sea superficie continente, no crece aumentado el cuerpo, sino que cede a aquel para que ocupe mayor lugar. A la primera responde que el lugar no es cuerpo, sino término o superficie del cuerpo que contiene a otro. Por último a la tercera, que si el lugar fuera algo también estaría en lugar, responde que el lugar está en aquel como la superficie en el cuerpo al que inhiere, no como lo localizado en el lugar.
Después asigna de lo dicho por qué los cuerpos se muevan naturalmente a sus lugares y descansen en aquellos. Porque, en efecto, el lugar se tiene como continente, y las cosas en el universo se sitúan por orden natural de tal modo que una inmediatamente esté sobre otra según su naturaleza y proporción, consecuentemente apetecer el lugar propio es apetecer aquello que es más proporcionado a su naturaleza, a saber su continente inmediato y connatural. Similarmente del mismo se toma la razón de por qué las cosas naturales descansen en el lugar propio, a saber porque llegan al término más connatural y proporcionado a sí.
SUMA CAP. 6.
Desde este capítulo empieza la SEGUNDA PARTE DE ESTE LIBRO, que es del vacío, en cuyo tratado con tal orden procede el Filósofo, que primero disputa hacia una y otra parte si sea o no sea el vacío según las diversas opiniones de los antiguos, y esto in cap. 6. Después cap. 7., explicado qué signifique el vacío según las opiniones de los antiguos, resuelve las razones de aquellos que ponían el vacío. Y por último cap. 8. et 9. muestra que el vacío no es en la naturaleza.
Así que en este capítulo 6. dos hace el Filósofo: Primero muestra que atañe al natural tratar del vacío. Segundo disputa hacia una y otra parte si se dé el vacío.
ACERCA DE LO PRIMERO consta que atañe al natural tratar del vacío, porque atañe tratar del lugar; el lugar, empero, que carece de todo localizado es el vacío.
ACERCA DE LO SEGUNDO refiere ante todo la opinión de Anaxágoras, que contendía que no se da el vacío, pero con todo sus razones solo probaban que el aire no es vacío, sino verdadero cuerpo, con el ejemplo de los odres inflados, que resisten a la compresión a no ser que se emita el aire. Los antiguos, empero, que ponían el vacío no decían que aquel fuera aire, sino espacio carente de todo cuerpo, cual es extra el universo o cual ponían Leucipo y Demócrito para que los cuerpos se discontinúen, porque si todas las cosas fueran pleno, pensaban que todos los cuerpos se continuarían y serían uno.
Así, ergo, rechazada la sentencia de Anaxágoras pone las razones de aquellos que decían darse el vacío. Primera, porque si no se diera el vacío, no se daría movimiento en lugar; pues el cuerpo que se mueve o se recibe en algún espacio pleno o vacío. Si esto segundo, se tiene lo intentado. Si lo primero, ergo se penetran dos cuerpos, lo cual es imposible. Segunda razón es que en la condensación las partes se comprimen y no se penetran; ergo se daban algunas vacuidades no repletas de partes, a las que las partes comprimidas subentran. Tercera: Los vivientes se aumentan tomado el alimento, y el alimento es cuerpo que no puede penetrarse con el cuerpo del viviente; ergo en algunas vacuidades o poros entra; se da, ergo, el vacío. Cuarta: Si en un vaso lleno de ceniza se infunde agua, tanta agua capta cuanta sin ceniza. Ergo alguna vacuidad hay entre las partes de la ceniza, por las que el agua se recibe; penetrarse, en efecto, con la ceniza no puede.
SUMA CAP. 7.
En este capítulo dos intenta el Filósofo: Primero, declarar qué se inteligia con el nombre de vacío; segundo, instar las razones del capítulo precedente mostrando que no son eficaces.
ACERCA DE LO PRIMERO asigna cómo se acepte el vacío según la común acepción de los hombres, después cómo según los platónicos, por último cómo según la sentencia que sigue. Comúnmente, ergo, se decía el vacío el lugar en el que no hay nada; aceptaban, en efecto, los antiguos por lo mismo el cuerpo tangible y el ente, porque nada además de los cuerpos pensaban darse. Remueve, empero, esta acepción, porque como apud los antiguos solo el cuerpo tangible se decía ser cuerpo, si en algún espacio se pusiera el color o el sonido, esto es un cuerpo con color o con sonido, pero no con cualidades tangibles, aquello sería vacío, porque carecería de cuerpo tangible, y con todo en aquel no habría nada, porque habría algún cuerpo. Al contrario, empero, los platónicos decían que el vacío es aquello en lo que no hay esto algo ni substancia alguna corpórea. Y como esto algo sea por la forma, decían algunos que el vacío es la materia de los cuerpos. Lo cual reprueba, porque la materia no se separa del cuerpo que compone; el lugar, empero, y el vacío se separan del cuerpo localizado ni lo componen. De la sentencia propia, empero, dice que el vacío es el lugar privado de cuerpo, y consecuentemente apto a rellenarse, de donde ni es espacio separado del cuerpo ni intrínseco a aquel.
ACERCA DE LO SEGUNDO insta las razones hechas supra, que no concluyen. No la primera, porque el movimiento local ni está en el vacío ni en el pleno penetrándolo, sino porque el pleno cede al cuerpo entrando el aire mismo o el agua impeliendo las demás partes, o también adensándose. No la segunda, porque la condensación se hace por compresión de las partes, que se reciben, no en algunas vacuidades, sino en poros plenos de aire o de otro cuerpo tenue, que por la compresión se excluye. No la tercera, porque el aumento en los vivientes no requiere vacuidades en las que entre el alimento, sino que basta que entre en poros que están plenos de aire o de otro cuerpo tenue, que se excluye por el alimento. No la cuarta, porque en la ceniza no importa poner vacuidades, sino partes plenas de aire, que se excluye por el agua.
SUMA CAP. 8.
En este capítulo y en el siguiente prueba el Filósofo que no se da el vacío. En este ciertamente capítulo con razones pedidas del movimiento muestra que no se da el vacío separado de los cuerpos, como en el que se haga el movimiento. En el siguiente, empero, también abstrayendo del movimiento, y similarmente que no se da algún vacío intra los cuerpos mismos por la condensación.
Así que en este capítulo procede por doble vía para negar el vacío. La primera es de la razón misma del movimiento natural, la segunda de la razón de la velocidad y de la tardidad.
ACERCA DE LO PRIMERO muestra que no debe ponerse el vacío por el movimiento, como decían los antiguos; es más, el vacío obsta al movimiento, porque el movimiento natural se hace a algo determinado para que allí mejor se conserve la cosa; el vacío, empero, no conduce a la conservación. Ni hay razón de por qué el cuerpo se mueva más a esta parte que a aquella, pues entonces ninguna diferencia habría de las partes. Si, empero, no hay movimiento natural puesto el vacío, porque no hay diferencia de lugares hacia la cual se haga la inclinación, tampoco habrá movimiento violento, porque este es cierta declinación del movimiento natural, ni tampoco se dará el movimiento de proyección, porque los proyectados son llevados extra el que proyecta por la repercusión del aire, que por el impulso mismo impide que la piedra, v. g., descienda hacia abajo llevándola, lo cual todo se quita puesto el vacío.
ACERCA DE LO SEGUNDO prueba que no se da movimiento por la razón misma de la velocidad en el vacío; la velocidad, en efecto, o la tardidad proviene o porque el medio es más raro o porque lo móvil es más ponderoso. Y de una y otra parte se sigue que en el vacío el movimiento será tan veloz que se haga en instante.
De parte ciertamente del medio, porque la misma es la proporción del movimiento hecho por un medio más craso al que se hace por un medio más raro, que hay entre la crasitud misma y la tenueidad del medio, como si v. g. el medio sea duplamente más raro, lo móvil se llevará duplamente más veloz. Ergo donde ninguna es la proporción de la rareza del medio a la crasitud, ninguna será la proporción de la celeridad. Del vacío, empero, al pleno ninguna es la proporción en tenueidad; ergo ninguna será la proporción en la celeridad del movimiento, y consecuentemente, si en el medio pleno se consume tiempo, en el vacío ninguno se consumirá.
De parte, empero, del móvil mismo lo mismo se muestra, porque por eso lo móvil cuanto más ponderoso es y de figura más acomodada más velozmente se mueve, porque más vehementemente hiende el aire o el cuerpo medio. Ergo donde ningún medio hay que se hienda, como en el vacío, nada obstará para que con suma velocidad se lleve; es más, tanto descenderá lo menos grave cuanto lo más grave, lo cual es absurdo.
SUMA CAP. 9.
En este capítulo dos prueba el Filósofo: Lo primero es que no se da el vacío incluso prescindiendo del movimiento; lo segundo que no se da el vacío intra los cuerpos mismos por razón de la condensación o de la rareza.
CUANTO A LO PRIMERO muestra que en el vacío no hay cuerpo que ceda al cuerpo si en aquel se pone. Ergo si el vacío se constituye por ciertas dimensiones interminadas, como decían los antiguos, el cuerpo que se pone en aquel vacío se penetrará con aquellas dimensiones, cuando con todo no menos aquellas dimensiones repugnan a la penetración por razón de la cantidad que si fuera cuerpo sensible.
CUANTO A LO SEGUNDO decían los antiguos que no se adensan los cuerpos sino porque las partes se comprimen y rellenan algunas vacuidades para no penetrarse, y así se da el vacío. Cuyo modo de poner el vacío por razón de la densidad y de la rareza de allí improba, porque o se inteligie que aquellas vacuidades o poros carecen de todo cuerpo, o no ser algo distinto del cuerpo mismo, sino subentrar las partes mismas del cuerpo y causar la rareza.
Si se pone lo primero, el mismo vacío que hasta aquí ha sido impugnado, si en verdad como se dice carece de todo cuerpo.
Si lo segundo, ante todo este vacío no se tendría como espacio en el que la cosa se moviera, sino que estaría anexo al cuerpo mismo y se movería con aquel; el vacío, empero, no puede moverse. Después tal vacío, como sea vacío de rareza, no sería causa de todo movimiento, sino solo del movimiento hacia arriba; al movimiento, empero, hacia abajo no se asignaría causa por razón del vacío.
A la razón, empero, de los antiguos responde mostrando que lo raro y lo denso no se hacen por ninguna adición y substracción de materia, sino por esto, que la misma materia reciba ahora mayores, ahora menores dimensiones. Como, en efecto, la misma materia está sujeta ahora a una forma, ahora a otra, y la misma está en potencia a diversos contrarios, así bajo la dimensión grande y pequeña está la misma materia, porque lo grande y lo pequeño son ciertos contrarios. Y como lo cálido se hace más cálido no por esto, que alguna parte que no era cálida se vuelva cálida, sino porque toda la materia más se reduce al acto de lo cálido, así es en lo raro y lo denso. No, en efecto, se añaden o se substraen partes, sino que la misma materia recibe mayores o menores dimensiones y se transmuta de lo imperfecto a lo perfecto o al contrario en el tener las dimensiones.
SUMA CAP. 10.
En este capítulo empieza la TERCERA PARTE DE ESTE LIBRO, en la que se trata del tiempo. Y procede Aristóteles con tal orden, que primero disputa hacia una y otra parte si sea el tiempo, y refiere las opiniones de los antiguos acerca de aquel. Segundo tradita su resolución. Tercero resuelve las afecciones del tiempo y algunas dudas acerca de su existencia y unidad.
En este, ergo, capítulo tres hace: Primero propone dos razones para probar que no se da el tiempo; segundo para inquirir si se dé un solo ahora en todo el tiempo; tercero refiere e impugna tres opiniones acerca de la quididad del tiempo.
ACERCA DE LO PRIMERO prueba que no se da el tiempo con doble razón: Primero porque el tiempo se compone de aquellas que no son, a saber del pretérito y del futuro; ergo él mismo nada real es. Segundo: De cualquier cosa divisible existente importa que alguna parte exista. Pero del tiempo ninguna parte existe; pues cierta parte es pretérita, otra futura; el instante, empero, no es parte, sino unión de las partes. Ergo el tiempo nada es.
ACERCA DE LO SEGUNDO obicia hacia una y otra parte, si sea el mismo ahora en todo el tiempo o diverso. Pues que no sea otro y otro prueba, porque o serían a la vez aquellos dos ahoras o sucesivamente. No a la vez, porque dos partes del tiempo no están a la vez sino que una contenga a otra y sea mayor que otra, como el año contiene el mes, el mes el día; un ahora, empero, no es mayor que otro, pues uno y otro es indivisible. Ni sucesivamente, porque así se corrompería un ahora en el otro sucesor, y esto no se da, pues inmediatamente después no hay otro ahora. Que, empero, no sea el mismo ahora, muestra, porque de ninguna cosa divisible finita hay que dar solo un término, sino al menos dos. El tiempo, empero, es algo finito; ergo debe tener varios ahoras, al menos como extremidades.
ACERCA DE LO TERCERO refiere tres opiniones: Primera, que el tiempo es la circulación del cielo; segunda, que el tiempo es el cielo mismo; tercera, que el tiempo es el movimiento.
La primera refuta, porque la parte del tiempo también es tiempo; la parte, empero, de la circulación no es circulación. La segunda impugna, porque sus autores dicen que el tiempo es el cielo porque todas las cosas están bajo el cielo y todas están sujetas al tiempo; ergo el tiempo es el cielo. Donde hay doble defecto, porque se argumenta de puras afirmativas en segunda figura, y con equivocación de existir en el cielo como en lugar o en el tiempo como en duración. La tercera de allí arguye, porque el movimiento está en la cosa movida; el tiempo, empero, se dice estar en todas partes y apud todas las cosas.
SUMA CAP. 11.
En este capítulo accede el Filósofo a explicar la naturaleza del tiempo. Y tres hace: Primero premite cierta suposición, segundo tradita y explica la definición del tiempo, tercero muestra qué sea el instante o ahora, lo cual también atañe a la noticia del tiempo.
ACERCA DE LO PRIMERO supone que, aunque el tiempo no sea cualquier movimiento, con todo no se halla sin movimiento, cuyo signo es que quienes no perciben el movimiento, como quienes duermen largo tiempo, no perciben el tiempo, porque conjugan el último tiempo en que empezaron a dormir con aquel en que se despiertan.
ACERCA DE LO SEGUNDO colige la definición del tiempo, que sea «número del movimiento según lo anterior y lo posterior». Consta, en efecto, que, porque el tiempo sin algún movimiento no percibimos, y cuando percibimos el tiempo algún movimiento inteligimos, que el tiempo es algo del movimiento. El tiempo, empero, no consecuta ni es algo del movimiento sino por razón de lo anterior y de lo posterior, porque entonces conocemos el tiempo cuando conocemos en el movimiento la razón de lo anterior y de lo posterior. Si, en efecto, aceptamos el mismo ahora sin algo que sea anterior y posterior, no hacemos tiempo. Distinguir, empero, lo anterior y lo posterior en el movimiento no es sino por numeración. Así que el tiempo será numeración o número del movimiento según lo anterior y lo posterior; y esta su definición.
ACERCA DE LO TERCERO declara qué sea el instante o ahora. Es, en efecto, aquello que es lo mismo en el tiempo. Las partes, en efecto, transitan, pero aquello que a la vez existe de todo el tiempo es el ahora. Esto, empero, es en parte lo mismo, en parte diverso en el tiempo. Es lo mismo en cuanto la cosa movida, con la cual se identifica el mutatum esse y el tiempo, permanece la misma. Es diverso en cuanto se sujeta a otra y otra sucesión. De lo cual infiere verificarse tres que se atribuyen al instante: Primero, que no se da el tiempo sino el instante, y al contrario; segundo, que el instante distingue y continúa las partes del tiempo; tercero, que el ahora no sea parte del tiempo.
La razón de lo primero es que el instante es como la unidad; el tiempo, empero, es número. No se halla, empero, número sin unidad. La razón de lo segundo es que el instante se compara al tiempo como lo móvil al movimiento y como el punto a la línea. De la unidad, empero, y de la continuidad de lo móvil pende la unidad del movimiento; del punto, empero, se continúan las partes de la línea; ergo también del instante las partes del tiempo. La razón de lo tercero es que, como el punto no es parte de la línea, así el instante, como sea indivisible, no es parte del movimiento, sino que lo continúa o lo termina.
SUMA CAP. 12.
Explicada la naturaleza del tiempo explica en este capítulo algunos de sus atributos o propiedades. Y primero numera cinco propiedades del tiempo. Segundo compara el tiempo a aquellas que por el tiempo se miden.
ACERCA DE LO PRIMERO, la primera propiedad del tiempo es que se dé en aquel un mínimo por aquella parte que es número, no en cuanto continuo, como al número conviene el mínimo, a saber el binario, que en otro número no es partible. La segunda propiedad es que el tiempo se dice largo y breve, mucho o poco por la continuidad del movimiento, pero no veloz o tardo; esto, en efecto, se dice por orden a la medida del tiempo; el tiempo, empero, no se mide por el tiempo. La tercera, que el tiempo sea de algún modo el mismo, de algún modo diverso: El mismo, porque es un movimiento que mide a los demás; diverso por las diversas partes anteriores y posteriores. La cuarta, que el mismo tiempo vuelve, no en número, sino en especie, como la misma primavera y el mismo estío. La quinta, que como el movimiento designamos por el tiempo, así el tiempo por el movimiento, como la cosa numerada designamos por el número y de nuevo el número por la cosa numerada.
ACERCA DE LO SEGUNDO compara el tiempo a tres, a saber al movimiento o al moverse, a las cosas que se sujetan al movimiento, a la quietud, que es opuesta al movimiento. Al movimiento se compara en cuanto el movimiento es aquello que primero y per se se mide por el tiempo; a las cosas que están en el tiempo, en cuanto en su duración se sujetan al movimiento. Y como en el número algunas se contienen como partes del número, algunas como numeradas por aquel, así en el tiempo, que es número, algunas se contienen como partes, como el día es parte del mes y el mes del año, algunas como medidas por el tiempo, como las cosas que se sustraen al tiempo. Por último enseña que la quietud se mide por el tiempo como el movimiento, por esto de que la quietud no es pura negación del movimiento, sino privación en sujeto apto a moverse, y así atañe a la misma medida.
SUMA CAP. 13.
En este capítulo explica el Filósofo dos: Primero algunos adverbios que significan o connotan el tiempo; segundo, cómo el tiempo más se dice causa de la corrupción que de la generación.
ACERCA DE LO PRIMERO explica qué signifique el ahora o instante, ya, hace poco, de súbito, y similares. El ahora se toma de doble modo: De un modo por el indivisible que copula las partes del tiempo, como el punto de la línea; de otro modo por aquello que es vecino al tiempo presente e insta para que se haga. Y lo mismo significa ya. Hace poco significa el pretérito vecino al tiempo presente. Antaño el pretérito remoto. De súbito, cuando el tiempo en que se hace es casi insensible.
ACERCA DE LO SEGUNDO, el tiempo se dice causa de la corrupción porque es número del movimiento. La mutación, empero, o movimiento directamente remueve algo de su disposición, y por eso más se da a conocer por la corrupción, por la que algo se remueve de su estado, que por la generación, por la que se induce al ser.
SUMA CAP. 14.
Dos hace Aristóteles en este último capítulo: Primero explica ulteriormente lo que había dicho cap. 12, que todo movimiento está en el tiempo. Segundo resuelve tres dudas que conducen a la más perfecta explicación del tiempo.
ACERCA DE LO PRIMERO muestra que todo movimiento está en el tiempo con doble signo: Ya porque en todo movimiento se halla lo veloz o lo tardo, lo cual por cierto se toma por orden a mucho o poco tiempo en el movimiento; ya porque en todo movimiento se halla lo anterior y lo posterior, lo cual se designa según la distancia a algún ahora respecto del pretérito y del futuro, y esto atañe al tiempo.
ACERCA DE LO SEGUNDO mueve tres dudas: Primera, cómo el tiempo se tenga al alma, esto es si penda de la cognición; segunda, cómo el tiempo se diga estar en todas partes, en la tierra, en el mar etc.; tercera de la unidad del tiempo, a saber si sea uno y en qué movimiento esté.
Responde el Filósofo primero a la segunda cuestión, que es más fácil, que el tiempo se dice estar en todas partes porque en todas partes hay algún movimiento, ya en acto ya en potencia; pues también cuando algo descansa, se somete al tiempo.
A la primera pone la razón de dudar, que parece el tiempo pender del alma por esto de que es número. El número, empero, pende del que numera; el que numera, empero, es el alma; ergo pende el tiempo de su cognición. Resuelve, empero, diciendo que el tiempo de cualquier modo es ente extra el alma, en cuanto en el movimiento se halla lo anterior y lo posterior, que por el alma es numerable. Pero porque no tiene ser fijo en la cosa, sino transiente, por eso la totalidad o razón perfecta del tiempo no se halla sino en el alma; en la cosa, empero, solo está imperfectamente.
A la tercera duda responde que, como el tiempo sea medida, debe estar en el movimiento más regular y perfecto. El primer movimiento, empero, entre los demás es el movimiento local, y entre los locales el circular, y entre los circulares el movimiento diurno, que es del primer móvil; en aquel, ergo, está el tiempo. Y a esto concuerdan las que se dicen del tiempo, a saber que todas las cosas están en el tiempo y se sujetan a aquel y se consumen por el tiempo, y que el tiempo se revoluciona, y similares, que convienen al movimiento del cielo, y tal tiempo es uno.