Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Procede la cuestión de la acción transeúnte, porque de la inmanente no hay duda de que se sujeta en el agente; por esto, en efecto, es inmanente, porque no perfecciona sino al agente mismo. La transeúnte, empero, perfecciona no solo al agente emanando de aquel, sino que también perfecciona el efecto causándolo, y si el efecto se recibe en lo pasivo, también perfecciona lo pasivo mediante el efecto recibido. De donde porque denomina y perfecciona al agente y similarmente al efecto y a lo pasivo, INQUIRIMOS en cuál de aquellos esté inherivamente, aunque conste que del agente esté emanativamente. Que si la acción no tenga pasivo como la creación, porque el pasivo mismo o la materia lo efectúa, no lo supone, inquirimos si tal acción se identifique con el efecto, o esté en el agente mismo, no empero si esté en lo pasivo, porque carece de aquel.
En esta, ergo, dificultad HAY CONTIENDA ENTRE LA ESCUELA DE ESCOTO Y D. TOMÁS Y ENTRE LOS TOMISTAS MISMOS ENTRE SÍ, aunque de diversos fundamentos. Estima, en efecto, Escoto que la acción transeúnte se sujeta en el agente, ut patet in 4. dist. 13. q. 1. § Ea dictis, et dist. 43. q. 5. § De tertio, y en otros lugares, a quien sigue su escuela. Y se fundan en esto, que estiman que la acción predicamental es respecto del agente a lo pasivo y relación extrínsecamente adveniente, y como la pasión y la acción son respectos mutuamente opuestos, no pueden estar en el mismo extremo, de tal modo que uno y otro esté en lo pasivo o en el agente, sino uno en el agente, el otro en lo pasivo. Y puede esto más ampliamente urgir. Pues cualquiera que sea de la acción identificada con el movimiento, con todo es cierto que la relación del agente está en el agente y la relación del efecto o de lo pasivo en lo pasivo, pues consta que el agente realmente mira el término y lo pasivo, y al contrario. Ergo no menos que en los demás relativos la relación debe estar en los extremos mismos relatados; ergo también el fundamento de tales relaciones, que es la acción misma y la pasión, debe ponerse distintamente en el agente mismo y en lo pasivo, por esto de que el fundamento se identifica con la relación.
Entre los tomistas, empero, sigue la misma sentencia Cayetano 1. p. q. 25. art. 1. y Nazario ibi, controversia unica, y otros. Pero el fundamento de allí lo toman, porque la acción transeúnte es acto segundo que perfecciona y muda intrínsecamente al agente mismo; ergo debe estar subjetivamente en aquel. La consecuencia es patente, porque la perfección intrínseca debe sujetarse en aquello que denomina; esto, en efecto, es ser intrínseca, según que1 se distingue de la denominación extrínseca. El antecedente, empero, se prueba, ya porque la acción es acto y complemento de la potencia del agente, ut dicit D. Thomas 1. Contra Gent. cap. 9., porque se compara a la potencia como el acto segundo al primero; de donde concluye allí que la acción que no es substancia del agente inhiere en aquel como accidente en el sujeto; ya porque mayor y más próxima perfección del agente es el acto segundo que el primero, pues el acto primero está en potencia al segundo, y por aquel se reduce de la potencia al acto, quitada su potencialidad intrínseca, y consecuentemente apuesta la actualidad intrínseca. Como, ergo, el acto primero está subjetivamente en el agente, así también el acto segundo, que es la acción misma. Varias autoridades de S. Tomás al instante referiremos.
La segunda sentencia, que frecuente también es entre los tomistas, enseña que la acción subjetivamente está en lo pasivo o en el efecto. La cual tiene Ferrarense,2 Capreolo,3 Herveo,4 Soto,5 Soncinas6 y otros, quos citat et sequitur Cursus Carmel. hic disp. 17. q. 4. et 5. Lo mismo tiene P. Suárez disp. 48. Metaph. sect. 4. Quien añade que a la acción transeúnte bajo el concepto de acción por el que se distingue de la pasión no conviene sujeto de inherencia, sino solo de denominación y de emanación del agente. Si, con todo, algún sujeto de inherencia tiene, aquel es por razón de su término o efecto, con el cual la acción se identifica como modo de aquel y emanación o procesión de aquel mismo.
Y de aquí se toma el fundamento de esta sentencia. Pues la acción se identifica con el movimiento y con el término del movimiento, y no se da otra acción, ni es más necesaria que aquella que con el movimiento se identifica. El movimiento, empero, y el término producido no están en el agente, sino extra aquel; ergo tampoco la acción en el agente; la acción, en efecto, está donde está aquello con lo que se identifica. El discurso todo consta de lo supra7 dicho, donde quedó probado que la acción se identifica con el movimiento, y que el movimiento está en lo móvil o pasivo como en sujeto, lo cual también afirma el Filósofo hoc libro cap. 3.,8 de otro modo9 el agente como agente se movería o padecería. Que, empero, no sea otra acción que aquella que se identifica con el movimiento, consta, ya porque el Filósofo no hace mención de otra acción; si, empero, se diera otra acción de parte del agente y otra de parte del movimiento o de lo pasivo, ¿cómo diría Aristóteles que la acción, aunque sea acto del agente y lo denomine, con todo está en lo pasivo, porque el acto de uno puede estar en otro según diversa razón? Ya también lo mismo consta, porque poner dos acciones, una en lo pasivo, otra en el agente, del todo superfluo parece. Si, en efecto, la acción que está en el efecto o en lo pasivo egrede de la acción que está en el agente, ¿por qué no podrá inmediatamente egreder del acto primero mismo, si en verdad inmediatamente de aquel egrede aquella acción que está en el agente? Y con todo aquella acción que está en el agente no es la última razón por la que egrede el efecto; esta, en efecto, es la procesión misma y egresión del efecto, que no está en el agente, sino en el efecto procedente. Ergo sin fundamento se pone la acción en el agente, si en verdad no es la última razón misma de causar y de proceder en el efecto mismo, y así no es la acción de la que hablamos en lo presente. Por último aquella acción que está en el agente debe emanar de aquel; ergo el mismo obra en sí mismo, y así a la vez está en acto y en potencia respecto de lo mismo, en acto para obrar y en potencia para recibir.
Por último urgen por esta parte algunos lugares de Aristóteles y de D. Tomás. Pues Aristóteles in hoc 3. libro textu 20.10 enseña que no es inconveniente que el acto de uno esté en otro, como la doctrina en el que aprende. Y 9. Metaph. textu 16.11 dice «que la edificación está en lo edificado». Y 2. de Anima textu 139.:12 «Del agente», dice, «y del movente la operación en el paciente mismo se suscita e inhiere, y por tanto la acción y la pasión no está en el agente, sino en aquel que padece etc.». Sobre cuyos lugares lo mismo afirma expresamente D. Tomás y in q. 14. de Veritate art. 3.13 et 10. de Potentia art. 1.14 et 2. Contra Gent. cap. 1. Por último esta diferencia pone D. Tomás entre la acción inmanente y la transeúnte, que la acción inmanente primero y per se perfecciona al agente mismo, la transeúnte empero primero y per se perfecciona a lo pasivo mismo, ni es perfección del agente, sino de lo movido, ut expresse docet 1. p. q. 18. art. 3. ad 1. et q. 54. art. 2. et 1. 2. q. 3. art. 2. ad 3. et 1. Contra Gent. cap. 100. Ergo repugna que la acción transeúnte esté en el agente; de otro modo de sí sería perfección del agente, porque aquello primero y per se perfecciona en lo que primero y per se está, lo cual es quitar la diferencia entre la acción inmanente y la transeúnte, que adecuadamente dividen la acción como tal.
NIHILÓMENOS NUESTRA RESOLUCIÓN SEA: Según la mente de D. Tomás la acción según la razón propia de acción no pide sujeto de inherencia, sino de emanación, de tal modo que para denominar algo agente por accidente se tiene que inhiera. Verdaderamente, con todo, y en la cosa la acción emanante debe importar doble formalidad, de las que una actúe e inhiera en el agente, otra en el término y mediante el término en lo pasivo, si el término sea algo dependiente del sujeto.
Así que la acción en los agentes criados, en los que por modo de emanación se tiene y accidentalmente conviene al agente, incoativamente está en el agente y consumativamente en el término o efecto, no según la misma entidad modal o formalidad; esto, en efecto, es imposible, pues es diverso sujeto, sino según diversa, que con cierto orden son una: a aquel modo en que D. Tomás y los teólogos 1. 2. q. 50. art. 3. dicen que la virtud moral que modera las pasiones está en doble potencia, a saber en la voluntad imperante incoativamente y en el apetito eliciente de las pasiones moderadas consumativamente. Y porque la denominación de virtud se hace simpliciter de aquello donde consumativamente está la virtud, por eso simpliciter se dice estar la virtud en el apetito sensitivo. Del mismo modo la acción, que es causalidad emanante del agente, en cuanto vuelve al agente actuado en acto segundo y transmutado del ocio al acto, relinque la formalidad de la acción en el agente que incoa el efecto mismo. Según, empero, que vuelve el efecto en acto segundo causado y procedente de la causa, pone la formalidad en el efecto por la que la acción se vuelve consumada, y de allí se hace la denominación de obrar; ni, en efecto, algo se dice obrar ante el efecto, y por razón de esto simpliciter la acción está en el término.
Y que esta sea la MENTE DE D. TOMÁS consta de la colación de los lugares mismos en los que trata de esta cosa. Pues ante todo, que la acción del propio concepto de acción no postule sujeto de inherencia, sino de emanación, consta ex 1. dist. 32. q. 1. art. 1.,15 donde dice «que si por imposible se pusiera haber alguna acción que no fuera accidente, no sería inherente, y con todo denominaría al agente, y entonces el agente se denominaría por aquello que de aquel es y en aquel no está como inherente». Ergo del propio concepto de la acción, según que precisamente denomina al agente, no dice sujeto de inherencia, sino de emanación, aunque porque es accidente, en la verdad de la cosa inhiera, lo cual también abiertamente dice in q. 7. de Potentia art. 9. ad 7.16 et q. 8. art. 2.17 Ítem también, que deba ponerse la acción en el agente en cuanto importa el acto segundo que inmuta el acto primero mismo, consta, porque 1. p. q. 54. art. 1. dice «que la acción es actualidad de la virtud». Y 2. Contra Gent. cap. 9., «que la acción es complemento de la potencia» y con todo, porque no es actualidad completa y consumada en el agente mismo, sino en el efecto al que se deriva, dice in dicta q. 54. art. 2. que la acción transeúnte no puede ser el ser mismo del agente, porque el ser se significa intra la cosa, la acción empero es eflujo al acto del agente. Después in 2. Contra Gent. cap. 35. et in 2. dist. 1. q. 1. art. 5. ad 11.,18 dice «que el agente obra por acción media, que no es la esencia del operante mismo, y en tales no puede seguirse efecto nuevo sin nueva acción, y la novedad de la acción hace alguna mutación en el agente según que sale del ocio al acto». Ergo siente D. Tomás que la acción algo intrínseco pone en el agente, y no solo extrínsecamente lo denomina; de otro modo no diría que pone mutación en aquel. Y conformemente a esto distingue S. Tomás la creación según que es acción y según que es pasión, o la acción como efectuada y como eficiente in 1. dist. 40. q. 1. art. 1. ad 1.,19 para que inteligamos que la acción a uno y otro atañe e importa no una, sino doble formalidad, una en el agente según que es acción agente, otra en el efecto o pasivo según que es acción efectuada. Lo cual por último con expresas palabras afirma in 2. dist. 40. q. 1. art. 4. ad 1.,20 donde dice que la acción y la pasión no pueden ser el mismo accidente en número, porque la acción está en el agente y la pasión en el paciente. Y como de otro modo pone con el Filósofo 3. Phys. lect. 5.21 y en otros lugares supra22 citados que la acción y la pasión se identifican con el movimiento, y que la acción transeúnte es propia perfección de lo operado, consecuentemente importa confesar que la acción apud D. Tomás importa doble formalidad, una en el agente, otra en lo pasivo o término, donde se consuma la acción, y por razón de la cual se dice que el agente se denomina de algo extrínseco, a saber del efecto, ut dicit in opusc. 48. tract. de Actione23 et in 3. Phys. lect. 5.24 Cuyo25 efecto está en la materia o en lo pasivo, y así simpliciter y absolutamente la acción está en lo pasivo, porque allí está consumativamente y de allí se hace la denominación del agente.
Ni puede responderse que cuando dice D. Tomás que la acción y la pasión no son el mismo accidente en número, habla de la acción como moral y libre, y así es acción inmanente. Cuando, empero, dice que la acción está en el agente se inteligie por razón de alguna comodidad extrínseca que al agente proviene de la acción, porque al menos se propaga su especie. Pero contra la primera solución está que D. Tomás primero habla en común de la acción y de la pasión y del movimiento. Después a la letra habla de la acción que infiere pasión, a saber de los que crucificaban a Cristo, y que es accidente y en número distinto de la pasión. La acción, empero, inmanente ni infiere pasión ni pone en otro sujeto accidente distinto en número. Si, empero, hablara de la acción en el ser moral y no en el ser físico, más bien se dirían un accidente en número en el ser moral la acción y la pasión que varios. Contra la segunda, empero, solución se instancia que la acción en cuanto accidente inhiere en el agente, ut dicit S. Thomas; ergo en vano se explica aquello del emolumento extrínseco; esto, en efecto, no inhiere en el agente, y así por razón de tal emolumento no asignaría S. Tomás el sujeto que a la acción conviene en cuanto accidente.
De lo cual queda explicado el FUNDAMENTO DE ESTA SENTENCIA. Se toma, en efecto, de los fundamentos de una y otra sentencia aducida, que prueban requerirse la acción y darse tanto en el agente cuanto en lo pasivo. Ni, en efecto, se salva la acción sin que sea actualidad segunda del agente y reduzca el acto primero de la potencia al acto y del ocio a la operación. Esto, empero, es alguna perfección del agente mismo y mutación, y no sola denominación extrínseca. Como, en efecto, intrínsecamente el agente está en potencia y en acto primero para operar, así importa que se reduzca intrínsecamente al acto segundo y se mude al acto mientras en acto opera; debe, ergo, esta actualidad de la acción estar en el agente. Por lo demás allí no se consuma la acción y la causalidad del agente sino que el efecto mismo proceda y emane en acto de aquel. Y así el origen mismo del movimiento y del término producido con el movimiento mismo y el término debe identificarse; aquel, empero, origen de otro es acción efectuada y causalidad, y así la formalidad de la acción según que procesión y origen del movimiento con el término y el movimiento debe identificarse, y allí se consuma la acción, porque allí se termina.
SOLO RESTA RESPONDER a los argumentos de la segunda sentencia por aquella parte, porque intentan mostrar que sobra esta doble acción. Pues los argumentos por la primera sentencia solo muestran que importa que alguna actualidad y formalidad de la acción esté en el agente, no empero toda, ni allí consumarse, ut dictum est.
Al primero, ergo, de la segunda sentencia se responde que la acción efectuada se identifica con el movimiento y el término producido, pero no la acción eficiente, que es el acto segundo del agente.
Y a las instancias que se aducen para probar que no hay doble acción, se responde a la primera que Aristóteles no estuvo solícito de explicar cómo la acción esté en el agente, sino en lo pasivo, por esto de que en lo pasivo la acción está consumativamente, y de allí se acepta la denominación de obrar completa y perfecta. Y por eso solo explicó cómo la acción está en lo pasivo; esto, en efecto, solo tenía dificultad y a su instituto servía, pues principalmente trataba del movimiento y de la acción según que es condición identificada con el movimiento, y así solo está en lo pasivo.
A la segunda instancia se dice que no sobran estas dos acciones, porque cualquiera de ellas no es completa y perfecta, sino que una y otra se requiere para la razón consumada de obrar por la razón dicha. Y tanto la acción efectuada misma cuanto la acción misma del agente, o una y otra formalidad, egrede del agente no por otra acción, porque una y otra completa la misma acción y una y otra atañe a la razón de causalidad, sino una por modo de actualidad del agente, otra por modo de actualidad de lo pasivo, no empero una como efecto, otra como toda la causalidad, sino una y otra como condición y razón que atañe a la misma causalidad. No, con todo, una y otra inmediatamente egrede, sino con cierto orden, porque se incoa en la acción del agente la razón y causalidad de obrar, se consuma con todo en la acción de parte del efecto. Y así no se prueba que la acción del agente no ataña a la razón de causalidad y sea razón de operar, sino que no atañe como última y consumativa razón de aquella misma. Y así la acción de parte del agente es formal egresión y formal causalidad incoativa y activamente, no consumativa y formalmente.
A la tercera instancia se responde que por la egresión misma del efecto suficientemente se constituye el agente en razón de obrar consumativa y denominativamente, no empero incoativa y activamente o por modo de acto segundo del agente. Esto, en efecto, necesariamente se supone a la acción efectuada, como la fe necesariamente supone la pía afección y la virtud en el apetito sensitivo la disposición de imperar en la voluntad. Y por eso la acción transeúnte no se dice perfeccionar al agente mismo, sino a lo pasivo o al efecto, porque allí se consuma la acción, aunque en el agente se incoa y al término se ordena.
A la cuarta instancia se responde que aquella actualidad en el agente emana de aquel no como término o efecto, sino como modo o causalidad incoada. Y tal modo no emana del agente mismo según que está en potencia puramente, sino según que está en potencia movida por Dios y por otras causas superiores, por las que las inferiores se determinan y se actúan para que emane de aquellas la actualidad de la acción, que de nuevo en la potencialidad misma del acto primero se recibe actuándola por modo de acto segundo; y así no está en potencia y en acto según lo mismo.
A los lugares de D. Tomás se responde que habla él mismo como también Aristóteles de la acción efectuada según que es consumada y completa razón de obrar, de la cual se hace la denominación. Y cuando pone la diferencia entre la acción inmanente y la transeúnte, que aquella es perfección del agente, no esta, habla de la perfección consumada y completa de obrar; esta, en efecto, se consuma en el agente cuando es inmanente, en el efecto empero y en lo pasivo cuando es transeúnte. Incoativamente, empero, está en el agente mismo, ut dictum est, y porque una y otra de estas acciones atañe a constituir la causalidad misma del agente, una incoativamente, otra consumativamente, al mismo predicamento de la acción se reduce también aquella acción que está en el agente, como la pía afección a la fe, y la disposición de la voluntad a la virtud que está en el apetito. Simpliciter,26 empero, y consumativamente la acción está en lo pasivo.