Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
Articulus III: A QUÉ OBJETOS SE EXTIENDA LA CAUSALIDAD DEL FIN, SI SOLO A LOS MEDIOS O TAMBIÉN AL AMOR MISMO DEL FIN
Quaestio XIV: DEL MOVIMIENTO Y DE LA ACCIÓN
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DEL MOVIMIENTO Y SUS CONSTITUTIVOS ESENCIALES
El movimiento, aunque de varios modos haya sido declarado por Aristóteles, con todo con única definición se define, a saber: «Acto del ente en potencia según que en potencia». Aunque, en efecto, haya dicho el Filósofo que el movimiento es acto de lo móvil como móvil, y de nuevo que es acto de lo activo y de lo pasivo según que tales son, con todo por estas no introduce nueva definición, sino que explica las dificultades oriundas de aquella definición, a saber cómo el movimiento atañe a lo móvil y al movente. Toda, empero, la definición traditada por Aristóteles a esto tiende, a mostrar que el movimiento es acto imperfecto, esto es aquel al que algo resta por adquirir, a diferencia de aquellas definiciones que traditaron los antiguos y el Filósofo reprueba, porque colocaban el movimiento bajo el no-ente o bajo la desigualdad o similares, según que del texto cap. 2.1 se colige.
Para la explicación, empero, de la definición traditada han de notarse las palabras de D. Tomás 3. Phys. lect. 2.,2 donde hablando de la naturaleza del movimiento dice que «antes de que algo se mueva está en potencia al acto perfecto, que es término del movimiento, y al imperfecto, que es el movimiento, como el agua antes de que empiece a calentarse está en potencia a calentarse y a ser cálida. Cuando, empero, se calienta, se reduce al acto imperfecto, que es el movimiento, pero respecto de sí aún permanece en potencia». Cuya doctrina también tradita el S. Doctor 11. Metaph. lect. 9.3
De lo cual se colige que la cosa puede considerarse en triple estado: Primero, en potencia solamente, sin alguna reducción al acto; segundo, en acto último; tercero, de modo medio, cuando está en parte en acto, en parte en potencia. Y cuando está en potencia solamente aún no se mueve; cuando está en acto perfecto o último, cesa el movimiento; cuando de modo medio se tiene, entonces está en el moverse y en el tránsito de uno a otro.
De estas, ergo, SE EXPLICA EL MOVIMIENTO por sus partes. Primero se dice «acto» quasi en lugar de género, y se toma acto por aquello que se distingue de la potencia, abstrayendo del acto perfecto o imperfecto. Y aunque el movimiento incluya algo de potencia, se pone con todo en el género de acto y no de potencia, porque el oficio principal del movimiento es reducir lo móvil al acto, aunque porque aquello lo hace como acto imperfecto, algo de potencialidad incluya. Se halla, empero, en el movimiento doble habitud de potencialidad: Una respecto de lo móvil o del sujeto recipiente del movimiento, en la cual conviene el movimiento con las demás formas, que también reducen el sujeto de la potencia al acto informándolo. Y para explicar esto se pone la siguiente partícula «del ente en potencia», esto es del sujeto existente en potencia. No, empero, se dice del cuerpo en potencia, para que no se suponga aquello que habrá de probarse del sujeto del movimiento, a saber que sea cuerpo, lo cual4 se prueba porque es divisible. La otra, empero, habitud de potencialidad en el movimiento es al ulterior término, en la cual se distingue de las restantes formas, que solo actúan el sujeto en cuanto está en potencia a sí; el movimiento, empero, actúa el sujeto no solo según que está en potencia a sí, sino según que está en potencia al ulterior término, y por eso se dice que es «del ente en potencia según que en potencia», como el bronce cuando se mueve a la forma de estatua no se actúa por el movimiento en cuanto bronce, sino en cuanto en potencia a la estatua. Así D. Tomás 3. Phys. lect. 2. § Manifestat.5
De cuya explicación se resuelven varias instancias que contra esta definición pueden objetarse. Pues puede argumentarse que es redundante, porque conviene a otras, y que es diminuta, porque no explica todas las que son de la esencia del movimiento. Y que convenga a otras se prueba. Pues conviene a todas las formas imperfectas que relinquen el sujeto en potencia a otras formas a las que se ordenan, y con todo no son movimiento, como la forma del embrión relinque la materia en potencia a la forma perfecta del caballo, y similarmente el calor como cuatro al calor perfecto como ocho, y con todo ni la forma del embrión ni el calor como cuatro son movimiento; ergo etc. Que, empero, sea diminuta se prueba, porque no explica algunas que son del concepto de movimiento, v. g. que sea del agente y en lo pasivo y al término ad quem, cuyas habitudes son esenciales al movimiento, pues el movimiento esencialmente es vía y tendencia de uno a otro. Ergo la definición dada por todas partes deficiente está.
A lo primero se responde que la forma imperfecta de doble modo puede tomarse: De un modo, porque es imperfecta en razón de forma comparativamente a otra más perfecta; de otro modo, porque no solo es imperfecta comparativamente a otra forma, sino que también tiene estado de potencia y de imperfección, que es tender a la forma como a término. Esto, en efecto, se requiere para que aquel acto así sea imperfecto que no sea término del movimiento. Por más que, en efecto, la forma sea imperfecta en razón de informar, si con todo no tiene aquel estado de imperfección que es tender, no es movimiento, sino término del movimiento; pues por esto mismo de que alguna forma informa y cesa de tender al ulterior término, cesa el movimiento. De donde el calor como cuatro, aunque sea imperfecto en el informar respecto del calor como ocho, con todo, si cesa de tender al calor como ocho, no informa como movimiento, sino como forma imperfecta; toda,6 en efecto, forma, incluso imperfecta en razón de forma, es término, no vía, aunque solo la forma perfecta sea término último. Y así se inteligie la definición del movimiento, que sea acto del ente en potencia según que en potencia, esto es según que tiene estado de potencia, que es tender al acto.
A lo segundo se responde que aquellas habitudes, aunque no se pongan expresamente, se ponen con todo virtualmente. Por esto, en efecto, de que se dice «del ente en potencia según que en potencia», se denota el sujeto que padece o se transmuta; así, en efecto, está en potencia mientras se muda de uno a otro. Donde, empero, hay pasión, virtualmente se insinúa la acción, porque la pasión no es sino transmutación por algún agente. Similarmente la habitud del término a quo al término ad quem se insinúa en la misma partícula «según que en potencia». Se inteligie, en efecto, que esté en habitud y potencia al ulterior término, que es el término ad quem, donde consecuentemente se insinúa el término a quo, porque no hay tránsito al término ad quem sino desde algún término a quo.
Explicada la definición del movimiento resta explicar si convenga a todo movimiento, tanto sucesivo cuanto instantáneo, tanto continuo cuanto discreto, lo cual es inquirir si la sucesión y la continuidad sean de la esencia del movimiento aquí definido.
De algunos, en efecto, la sentencia es que solo el MOVIMIENTO SUCESIVO en esta definición se incluye, no la mutación instantánea, como la generación substancial. Cuya sentencia parecen haber tenido algunos antiguos que, ut refert D. Thomas 11. Metaph. lect. 9.,7 decían que el movimiento es salida de la potencia al acto no de súbito. De los más recientes la tienen Mag. Soto 3. Phys. q. 1. concl. 3., a quien siguen Conimbric. 3. Phys. q. 1. art. 2. ad 3., aunque confiesen ser contra D. Tomás. El fundamento es que tales acciones instantáneas no son acto del ente en potencia, si en verdad en uno y el mismo instante se completa toda la mutación, y así toda está a la vez en acto, no en parte en acto, en parte en potencia, como se requiere para la razón de movimiento. Ítem, porque de otro modo la creación sería mutación, lo cual niega D. Tomás 1. p. q. 45. art. 2. ad 2. et 4.; pues es producción instantánea que hace transitar del no-ser al ser, y no menos tiene de potencia y de acto según diversas prioridades de naturaleza que la generación o la iluminación. Por último, porque de otro modo los actos inmanentes del intelecto y de la voluntad serían movimientos aquí definidos, si en verdad basta que sean mutaciones instantáneas y tengan acto y potencia según diversos instantes de naturaleza, no de tiempo.
Nihilómenos esta dificultad así la resuelve D. Tomás 5. Phys. lect. 2. in principio,8 donde dice: «Aristóteles supra in 3., donde definió el movimiento, aceptó el nombre de movimiento según que es común a todas las especies de mutación, y de este modo acepta aquí el nombre de mutación; el movimiento, empero, se acepta más estrictamente por cierta especie de mutación». Así Divus Thomas. De cuya doctrina se colige que en esta definición se define la mutación generalmente tomada, según que comprende la instantánea y la sucesiva. Y esta misma es la sentencia de Mag. Soto, ubi supra.
La razón, empero, es que también la mutación instantánea es acto del ente en potencia según que en potencia, porque en la generación substancial la materia, que tiene razón de sujeto, está en potencia de mutación y de tránsito de una forma a otra. Ergo la mutación misma tiene cuanto se requiere para la razón de movimiento así definido, si en verdad es acto del existente en potencia, que supone el sujeto mismo como existente en potencia, a saber la materia prima, y de la potencia transitar al acto, en cuanto en el mismo instante se da el hacerse y el factum esse, y relinquiando un término a quo y transitando al término ad quem. Ergo la mutación instantánea también en la definición del movimiento se comprende. Por lo cual el Filósofo en esta definición del movimiento puso ejemplos en todas las mutaciones, alteración, aumento, movimiento local y generación, ut patet in hoc 3. libro, lect. 2. apud D. Thomam.9 De donde no aceptó la generación de modo lato, según que también comprende la alteración antecedente. Pues habiendo puesto ejemplo en la alteración y el aumento, no podía de nuevo con el nombre de generación inteligir la alteración.
Por lo demás, hablando de la mutación instantánea del acto inmanente intencional, aquella se excluye del movimiento físico aquí definido, ut patet per Aristotelem 3. de Anima textu 28.,10 donde hablando de sentir e inteligir dice «que otra es la especie de movimiento; el movimiento, en efecto, es acto de lo imperfecto, simpliciter empero otro es el acto que es de lo perfecto», donde11 S. Tomás explicando este texto dice «que el movimiento físico es acto del existente en potencia, porque a saber recediendo de un contrario, mientras se mueve, no atinge el otro contrario, que es término del movimiento, sino que está en potencia a aquel. Y porque todo lo que está en potencia, en cuanto de este modo, es imperfecto, por eso aquel movimiento es acto de lo imperfecto. Pero este otro movimiento es acto de lo perfecto; es, en efecto, operación del sentido ya hecho en acto por su especie». Así D. Tomás. Y similarmente videri potest 1. p. q. 18. art. 1. Donde suficientemente profundamente explica la naturaleza del movimiento, porque en tanto se dice estar en potencia en cuanto el sujeto del movimiento así recede de un contrario que aún no atinge el otro, sino que de algún modo está en potencia a aquel, y esto es ser acto de lo imperfecto, esto es ser acto del sujeto puesto en tal disposición que aún no tiene la forma ni la atinge. Cuando, empero, algo opera atingiendo en acto la forma misma que aquella operación tiene, no es movimiento de la potencia al acto, sino que tiene el acto, y por eso no se contiene en esta definición del movimiento, que es acto del existente en potencia según que en potencia. Los actos, empero, inmanentes versan acerca del objeto incluso cuando en acto lo tienen; es más, entonces perfectamente operan acerca del objeto cuando más se actúan por aquel y lo poseen. Ergo tal operación no consiste en el movimiento físico definido que procede de la potencia al acto, y por eso se dice movimiento de lo perfecto, esto es no existente en potencia. De donde es patente que la operación de sí no requiere potencialidad en aquel del que procede, sino que puede salvarse con suma actualidad; se halla, en efecto, operación removido el movimiento, cuando el operante no mira el objeto como no habido, sino que también teniéndolo opera acerca de aquel conociendo o amando.
A los argumentos puestos supra se responde: A lo primero, que aunque en el mismo instante de la generación a la vez esté el hacerse y el factum esse, con todo verdaderamente se halla tránsito y mutación de la potencia al acto según diversos instantes y prioridades de naturaleza; se muda, en efecto, algo del no-ser al ser. En el acto, empero, inmanente por esto precisamente de que es inmanente no se hace tránsito de la potencia al acto acerca del objeto conocido, sino por accidente, si el objeto no está suficientemente unido o habido en la potencia misma; per se, en efecto, hablando cuanto más en acto se tiene el objeto mismo, tanto más perfecta es la operación acerca de aquel. Y aunque se produzca la especie expresada, a la cual está en potencia por la especie impresa, con todo no consiste la razón del acto inmanente en tal producción. Pues aunque no se produzca tal especie expresada, como no se produce en el sentido externo, o incluso después de que está producida en el intelecto, se da verdadera operación de cognición acerca del objeto; de lo cual más ampliamente se dirá in 3. de Anima.12
A lo segundo de la creación se responde que no es mutación, porque le falta el sujeto, sin el cual no se da acto del existente en potencia, y por tanto le falta una parte de la definición del movimiento. Se dice con todo mutación no de parte del sujeto, sino de parte del término que transita del no-ser al ser, lo cual es significarse por modo de movimiento, ut dicit S. Thomas 1. p. q. 45. art. 2. ad 3.
Lo que, empero, atañe A LA CONTINUIDAD DEL MOVIMIENTO, si sea de la esencia del movimiento que sea continuo, o si también se incluya en esta definición el movimiento discreto, se responde que el movimiento discreto uno se halla en los naturales, otro en los espirituales. En los espirituales no es otra cosa que pluralidad de operaciones indivisibles, y así está extra la latitud del movimiento físico, que debe ser divisible. En los naturales, empero, el movimiento discreto no es otra cosa que varios movimientos continuos interrumpidos, como la cantidad continua hecha la división se vuelve discreta. Hay con todo diferencia en esto, que la cantidad discreta aunque por virtud de la división y de la multitud solamente no constituya especie particular de cantidad, porque con todo induye diversa ordenación de las partes divididas y mensuración, por eso el número constituye diversa especie de cantidad. El movimiento, empero, discreto no induye diversa razón de saliente de la potencia al acto, sino solo aquella que tiene el continuo, por cuya interrupción se vuelve discreto, y así no constituye especie distinta, sino que se reduce a la especie del continuo.
Que si por último inquieres si el MOVIMIENTO LOCAL DEL ÁNGEL se incluya en el movimiento físico aquí definido, se responde que en la sentencia de D. Tomás el movimiento del ángel se hace por la concepción misma del intelecto, según que tiene eficacia de transmutar algo, y así la acción misma de mover del ángel es concepción del intelecto, ut expresse affirmat S. Doctor opusc. 11. art. 3.13 De donde consecuentemente debe removerse el movimiento local del ángel de la razón de movimiento físico como el acto mismo del intelecto. Aún, con todo, abstrayendo de esto, aunque el movimiento local sea algo además de la concepción del intelecto, se excluye con todo del movimiento físico, incluso cuando es movimiento continuo en el ángel, porque no es simpliciter divisible, sino solo de parte del sujeto en el que está el movimiento, porque, ut dicit D. Thomas 1. p. q. 53. art. 1. ad 1., el ángel mientras se mueve en parte está en el término a quo y en parte en el término ad quem, de modo con todo que la parcialidad no se refiera a la substancia del ángel, sino al lugar, porque al principio del movimiento continuo el ángel está en todo el lugar divisible del que empieza a moverse, pero mientras está en el moverse mismo está en parte del primer lugar que desampara y en parte del segundo lugar que ocupa, aunque14 él mismo y su acto no se extienda por el lugar en el que se mueve. Así que el movimiento del ángel es indivisible subjetivamente, divisible empero terminativamente o15 de parte del efecto. Pero de esto más ampliamente atañe a los teólogos y16 videri possunt las que decimos 2. tom. 1. p. disp. 20.
Articulus II: SI EL MOVIMIENTO SE DISTINGA DE LA ACCIÓN Y DE LA PASIÓN, DEL TÉRMINO A QUO Y AD QUEM
Todas las habitudes que en el movimiento se hallan se reducen a estas cuatro, por esto de que en todo movimiento o mutación, ut inquit D. Thomas q. 3. de Potentia art. 3.,1 hay doble proceso, a saber entre los términos a quo y ad quem y entre el movente y lo móvil. INQUIRIMOS, ERGO, cómo se distinga el movimiento de la acción, y cómo también se distinga del término.
Y CUANTO A LO PRIMERO a triple sentencia se reducen varios dictámenes de los autores. La primera afirma que la acción y la pasión entre sí y del movimiento se distinguen realmente. Así sienten los que estiman que la acción está en el agente y la pasión en lo pasivo, de lo cual seq. art. trataremos. La misma sentencia comúnmente sigue la escuela de Escoto, en la cual se distingue la acción predicamental y la acción física, y la acción predicamental la constituyen en el respecto del agente a lo pasivo, porque por tal acción formalmente se constituye el agente en orden a lo pasivo, y así apud ellos la acción predicamental no es producción del término, sino relación formal del agente a lo pasivo, de donde distinguen realmente la acción y la pasión entre sí y del movimiento. La acción, empero, física se toma por ellos por la forma fluente misma, que según que mira a lo pasivo se dice pasión físicamente, y según que es del agente, acción. Y así tales respectos no constituyen al agente mismo a lo pasivo, sino al movimiento mismo o a la forma fluente, con la cual algunos piensan identificarse estos respectos, otros empero también diferir piensan, y solo identificarse con el movimiento como con sujeto. De cuya sentencia de los escotistas videri potest Fuente libro 3. Phys. q. 2. fere per totam.
La segunda sentencia no reconoce sino distinción de razón entre la acción y la pasión y el movimiento. Pero aún se dividen. Pues algunos estiman que no se distinguen sino por razón, porque el movimiento se tiene como grado superior respecto de la acción y de la pasión. Lo cual se atribuye a Mag. Soto 3. Phys. q. 2. concl. 3. § Quaeritur, y tiene Cabero 3. Phys. disp. 1. dub. 2. Otros, empero, estiman que el movimiento se tiene a la acción y a la pasión no como género, pues son predicamentos primero diversos y el movimiento es postpredicamento, sino como algo presupuesto a la acción y a la pasión, con el cual con todo se identifica de tal modo que solo por razón raciocinada de aquel se distinguen. Así Rubio 3. Phys. tract. 1. q. 7. n. 48. y P. Suárez disp. 49. Metaph. sect. 2., que también añade n. 13. que aunque la acción y la pasión diferencien por razón raciocinada, el movimiento con todo y la pasión ni por razón raciocinada diferencian, sino solo por apelación del nombre, por esto de que la misma definición tiene apud el Filósofo el movimiento y la pasión, y D. Tomás 1. 2. q. 1. art. 3. dice «que la calefacción pasión no es otra cosa que el movimiento al calor».
La tercera sentencia es que la acción, la pasión y el movimiento se distinguen a parte rei, no con todo con distinción real como cosa de cosa, sino con distinción modal. Es común de los tomistas ut videri potest apud Nazario 1. p. q. 25. art. 1., Araújo 5. Metaph. q. 1. art. 4., Collegium Carmel. 3. Phys. disp. 17. q. 2. § 2., donde varios se citan.
ACERCA DEL SEGUNDO RESPECTO, esto es la habitud entre el término a quo y ad quem en el movimiento, también varían los autores. Pues algunos distinguen el movimiento del término ad quem solo por razón raciocinada. Toman, en efecto, el movimiento por la entidad misma o forma fluente, que solo difiere del término por razón de estado, porque a saber o está en vía o está en término, en la mutación o en el mutato esse. Otros al opuesto distinguen el movimiento del término realmente, porque de veras el movimiento no es forma fluente. Pues la forma no fluye, sino que se hace totalmente de nuevo; el movimiento, empero, se tiene como vía o tendencia a esta forma. De donde vemos separarse el movimiento del término y al contrario; pues empezando el movimiento hay movimiento sin término, y cesando el movimiento hay término sin movimiento; ergo se distinguen, porque se separan. Otros por último estiman distinguirse el movimiento del término modalmente o formalmente; realmente, empero, el movimiento no es algo además de las cosas a las que es el movimiento.
DIGO PRIMERO: La acción y la pasión no miran el movimiento como género y grado esencial a sí, sino que son condiciones intrínsecas del movimiento mismo y a aquel como a sujeto convenientes.
Se toma de Aristóteles 3. Phys. textu 22.,2 donde dice «que del todo ni la doctrina es lo mismo que la disciplina ni la acción lo mismo que la pasión, sino el movimiento al que estas inhieren». Y Divus Thomas 3. Phys. lect. 5.3 dice «que como el movimiento abstrae de la razón de acción y de pasión, no se contiene en el predicamento de la acción ni de la pasión, ut aliqui dixerunt».
Y además de la razón insinuada, que la acción y la pasión son predicamentos primero diversos y así no tienen género sobre sí, se deduce el FUNDAMENTO DE LA CONCLUSIÓN de esto, que la acción y la pasión se identifican con el movimiento a parte rei. Ergo no pueden mirarlo por género, a no ser que se multiplique en ellas el movimiento. Lo cual es falso, ut probat Philosophus ibi, porque de otro modo si fueran dos movimientos, la acción volvería el movimiento sujeto en el que está, y así, si el sujeto es el agente, se movería en cuanto agente, lo cual es falso, porque el agente como agente solo mueve. Si, empero, está en lo pasivo, se movería lo pasivo con doble movimiento respecto de uno y el mismo término, lo cual es falso. No, ergo, se multiplica el movimiento en la acción y en la pasión, y consecuentemente el movimiento no es género a aquellas. Repugna, en efecto, que algo sea género a dos especies y no se multiplique en aquellas, si en verdad se coarta y se divide por las diferencias de tales especies; de donde si no se divide, sino que se identifica con una y otra especie, no es género de aquellas, sino algo presupuesto. Y esto es lo que dijo el Filósofo, que la acción y la pasión son lo mismo que el movimiento al que estas inhieren. Inherir, empero, a aquel denota que tiene razón de sujeto o de presupuesto, no de sujeto como quod sino como quo, como condiciones necesarias del movimiento, si en verdad el movimiento esencialmente es flujo y cierta tendencia, que necesariamente requiere fluir de alguno y tender a algo en algún sujeto, lo cual es incluir acción y pasión. Y como en el término mismo in facto esse la acción, que se identifica con el término, tiene la entidad misma del término a modo de sujeto y de cosa con la que se identifica, así también el movimiento mismo, que es término in fieri, tiene la acción quasi formalidad identificada a sí.
QUE SI DICES que no repugna que el grado genérico, corrompida la especie, permanezca en otra especie que está bajo el mismo género, como cuando el círculo transita a semicírculo no corrompida la razón de figura, que es grado genérico. Ergo no repugnará también que el mismo movimiento se identifique con la acción y la pasión al menos entitativamente, aunque se multiplique formalmente el movimiento en otra especie que está bajo la de acción y de pasión. Pero contra está, porque implica que, corrompido el grado específico, permanezca el mismo grado genérico, porque de la misma forma proviene el grado genérico y el específico. Corrompida, ergo, la forma ni el grado específico permanece ni el genérico, aunque podría permanecer similar grado, porque una y otra especie está bajo el mismo género, pero no el mismo en número.4 Si, empero, se dice multiplicarse el movimiento formalmente, pero no entitativamente, ergo se multiplicará su efecto formal, y así con doble movimiento se moverá también respecto del mismo término, lo cual como inconveniente infiere Aristóteles in hoc libro textu 19.5
DIGO SEGUNDO: La acción y la pasión no se distinguen con sola distinción de razón, sino con distinción modal o formal real, tanto entre sí cuanto del movimiento.
Cuya distinción formal no es aquella que pone Escoto,6 por la que dijo distinguirse a parte rei aquellas de las que una no es del concepto de la otra, sino que la distinción formal de la que hablamos es lo mismo que la distinción modal, que por todos se admite.
La conclusión, ergo, puesta es de D. Tomás, que afirma que la acción y la pasión importan diversas habitudes del movimiento y, removido el movimiento, nada permanece sino la habitud de origen y de recepción, ut patet 1. p. q. 28. art. 3. ad 1. et q. 41. art. 1. ad 2. et q. 45. art. 2. ad 2., donde dice «que la acción y la pasión convienen en la substancia del movimiento y diferencian solo según diversas habitudes, ut dicitur 3. Phys.7 Y así importa que, sustraído el movimiento, no permanezcan sino las diversas habitudes». Y lo mismo repite art. 3. seq.
De lo cual se toma el FUNDAMENTO de esta sentencia, porque en la acción y en la pasión se importan diversas habitudes al movente y a lo móvil según razón de origen y de recepción. O, ergo, estas habitudes son relaciones predicamentales y según el ser o según el decir. Si lo primero, es manifiesto que algo añaden al movimiento, porque la relación es algo además de su fundamento. Si lo segundo, ergo son algo absoluto que funda aquella relación, y así como fundan relaciones diversas, como que a diversos términos se tienen, no podrán del todo ser el mismo fundamento, sino que importa que se distingan no menos que las relaciones mismas fundadas. Ítem puede darse acción sin movimiento, ut patet in la creación, ut S. Thomas affirmat 1. p. q. 45. art. 2. et 3. Ergo la acción de su concepto difiere del movimiento como algo a parte rei distinto. El movimiento, en efecto, no se tiene como género, sino a modo de sujeto respecto de la acción, ut dictum est. Si, ergo, de su naturaleza a veces puede separarse del movimiento, es signo de que a parte rei se distingue. Por omitir que la acción y la pasión son predicamentos distintos; ergo postulan distinción más que de razón, porque como los predicamentos son coordinaciones de entes reales, donde hay predicamentos distintos debe haber series distintas de realidades y consecuentemente diversa realidad al menos modal.
Del mismo principio consta que deben distinguirse la pasión y el movimiento, porque se importa en aquellas diversa habitud. Pues la pasión mira al sujeto como recipiente del agente, y así su habitud es entre el sujeto y el agente; se dice, en efecto, que algo padece por esto de que se atrae al agente, ut dicit S. Thomas 1. 2. q. 22. art. 1. El movimiento, empero, mira al término por modo de tránsito y de tendencia a aquel de lo imperfecto a lo perfecto, y así mira al término por modo de tránsito entre el término a quo y ad quem, no la forma por modo de recepción del agente; ergo diversas habitudes importa.
Que, empero, la distinción de estos tres no sea sino modal, de allí se prueba, porque para que aquella realidad del movimiento se diga acción no se requiere realidad sobreañadida, sino que la misma se tenga al agente según razón de origen de aquel; solo, ergo, es algún modo, no realidad distinta, sino nueva respectividad y modificación de la misma realidad. Y consta también de esto, que con el mismo acto con el que impelo o percuto a otro, aquel se dice percutido o impulsado. No, ergo, se requiere acto o realidad distinta para que el movimiento sea acto de lo activo y acto de lo pasivo, sino que basta distinta modalidad.
DIGO TERCERO: Considerando el movimiento respecto del término ad quem, el movimiento entitativamente no se distingue de aquel realmente, sino modalmente por razón de diverso estado, imperfecto y perfecto, fieri e in facto esse; puede con todo según otra consideración reducirse al predicamento de la acción y de la pasión, y similarmente es postpredicamento.
Se toma esta conclusión de Divus Thomas 3. Phys. lect. 5.,8 donde dice: «Cuanto a aquello que hay en la naturaleza de las cosas del movimiento (esto es cuanto a la entidad), el movimiento se pone por reducción en aquel género que termina el movimiento, que se reduce a lo perfecto; pero cuanto a aquello que la razón comprende acerca del movimiento, a saber cierto medio entre dos términos, así ya se implica la razón de causa y de efecto; pues reducirse algo de la potencia al acto no es sino por alguna causa agente. Y según estas el movimiento atañe al predicamento de la acción y de la pasión». Lo mismo repite in 5. Phys. lect. 3. § 1.9
Así que que el movimiento se reduzca al predicamento de su término y no se distinga realmente de aquel, de allí consta, porque el movimiento y su término solo diferencian como el fieri y el factum esse, como la cosa en tendencia y en término, en potencia y en acto. Si, empero, fuera diversa cosa in fieri e in facto esse, nunca se verificaría que esta cosa, que ahora está consumada, alguna vez estuvo incoada y in fieri. De donde si aquella cosa que está in facto esse se distingue de aquella que está in fieri, aquella que está in facto esse solo en aquel instante se haría, no empero por el movimiento, porque cuanto por el movimiento y el fieri antecedentemente se tuviera pertenecería a otra realidad. Y no basta sola la distinción de razón, como es entre el género y la diferencia, porque allí solo interviene potencia lógica y según composición del intelecto, porque uno y otro grado se radica en la misma forma. El movimiento, empero, dice potencia física al término según real tránsito y sucesión de uno a otro, lo cual sin alguna distinción al menos de diverso estado no puede inteligirse. Porque, empero, este tránsito y mutación no está sin origen de alguno y recepción en alguno en el que se hace la mutación, necesariamente se reduce a la acción y a la pasión, según que se identifica con aquellas.
Que por último el movimiento también sea postpredicamento, de allí consta, porque el movimiento puede tomarse de doble modo: De un modo por aquello con lo que se identifica, ya sea la forma misma a la que tiende, ya la acción y la pasión sin las cuales no tiende. Segundo, por el estado mismo o condición en la que constituye la forma o la acción. Es, en efecto, el movimiento cierto estado opuesto a la quietud; el término, en efecto, del movimiento no solo es la cosa misma a la que se tiende, sino también la quietud en aquella, ut notat S. Thomas 1. p. q. 5. art. 6. Así, ergo, el movimiento según que nombra cierto estado opuesto a la quietud, como sea estado o condición que consecuta a varios géneros, se dice postpredicamento, porque el postpredicamento es alguna condición o razón consecuta a varios predicamentos, ut in Logica10 dijimos. El movimiento, empero, por la cosa con la que se identifica como lo imperfecto con lo perfecto o como medio entre el agente y el paciente se reduce a aquellos predicamentos con los que se identifica.
DIGO POR ÚLTIMO: El movimiento estrictamente tomado como condistinto de la mutación generalmente dicha añade sobre la mutación estas tres: Primero, que sea entre términos positivamente contrarios, y no solo entre la privación y la forma. Segundo, que tenga por sujeto algún ente en acto completo, aunque la mutación se salve en sola la materia prima. Tercero, que se tenga como flujo entre dos términos o mutaciones.
En un movimiento, en efecto, se incluyen dos mutaciones, a saber de parte del término a quo la corrupción, y de parte del término ad quem la generación.
De esta conclusión trataremos infra libro 5. q. 19.11 Entretanto videri potest S. Thomas q. 28. de Veritate art. 1.,12 donde así dice: «Hay diferencia entre el movimiento y la mutación. Pues el movimiento es uno, por el que algo afirmativamente significado se aparta y otro afirmativamente significado se adquiere; es, en efecto, el movimiento de sujeto a sujeto, ut dicitur in 5. Phys.13 De donde uno es el movimiento de alteración por el que se aparta lo blanco y se adquiere lo negro. Pero en las mutaciones, que son generación y corrupción, de otro modo se tiene. Pues la generación es mutación de no-sujeto a sujeto, como de no-blanco a blanco. La corrupción, empero, es mutación de sujeto a no-sujeto, como de blanco a no-blanco. Y por eso en el apartamiento de uno y la adepción de otro importa inteligirse dos mutaciones, de las que una sea generación, otra corrupción o simpliciter o secundum quid. Así, ergo, el mismo movimiento se figura por la ablación de uno y la inducción de otro; no, empero, se significa la misma mutación, sino diversa». Similares tiene 5. Phys. lect. 2.14 Y bien nota que, para que se dé doble mutación, a saber corrupción y generación, importa que el término a quo sea algo positivo que por la corrupción se quite. Si, empero, el término a quo sea privación, su corrupción no es mutación distinta de la generación de la forma, porque la privación no se corrompe transitando del ser al no-ser, pues no tiene ser, sino que por la producción misma de la forma introducida en el sujeto la privación se disuelve. Entonces, ergo, intercede la corrupción como mutación real cuando de parte del término a quo hay algo positivo incompatible con el término ad quem, que debe mudarse del ser al no-ser. Y por eso, porque el movimiento es entre dos términos positivos, incluye aquella doble mutación de corrupción de uno y de generación de otro. Y porque es entre términos contrariamente o positivamente opuestos, que son accidentes (a la substancia,15 en efecto, nada es contrario), por eso se requiere que el sujeto del movimiento sea ente en acto o substancia completa, y no solo materia prima, como basta para la generación substancial.
SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.
Por la primera sentencia se argumenta: Porque la acción y la pasión son predicamentos distintos; ergo deben distinguirse realmente, si en verdad solo las entidades reales constituyen los predicamentos.
Se confirma, porque la forma fluente y manante de algún agente podría emanar de otro y recibirse en otro sujeto; ergo aquellas dependencias de la acción y de la pasión podrían variarse en la entidad misma de la forma; ergo no se identifican con aquella, sino que realmente se distinguen.
SE RESPONDE que para la distinción de los predicamentos basta la distinción y entidad16 modal, como el dónde y el sitio respecto de la substancia o de la cantidad, y en la sentencia de muchos la relación respecto del fundamento.
A la confirmación se responde que, dado que la misma forma en número pudiera proceder de otro agente, solo se sigue que aquel modo de acción y de pasión podría ser otro, no empero que sea realidad y no modo. Esta, en efecto, es la naturaleza de los modos, que aunque se identifique con la cosa, con todo pueden perderse o dejar de ser permaneciendo la cosa misma, aunque no puedan separadamente existir sin la cosa, ut patet in el dónde y el sitio y las relaciones, que se pierden o se ponen no pereciendo el sujeto, y con todo se identifican como modos.
Por la segunda sentencia se argumenta para probar que el movimiento sea género a la acción y a la pasión: Primero, porque no pueden de otro modo conectarse la acción y la pasión con el movimiento sino según predicación esencial; de otro modo accidentalmente convendrían al movimiento. Segundo, porque la acción misma esencialmente es cierta mutación, porque por aquella el agente se muda de no-agente en agente, y similarmente por la pasión se muda el paciente, y se tienen por modo de vía y de flujo, porque no duran sino mientras el efecto se produce y está in fieri; ergo tienen toda la razón de movimiento. Por último, el movimiento no puede ser sujeto de la acción o de la pasión, porque no se denomina de aquellas; ni, en efecto, el movimiento se dice agente o paciente; ergo no le tributan efecto formal, y así no lo tienen por sujeto, sino por género.
SE RESPONDE que la conexión entre la acción y la pasión con el movimiento no es conexión de género con diferencia o especie, sino de modo con la cosa modificada, a la cual se requiere intrínsecamente, como la figura requiere la cantidad, la subsistencia la substancia, el tiempo requiere el movimiento como algo presupuesto esencialmente, y la fe requiere la oscuridad intrínsecamente, no como constitutivo sino como modificativo de sí.
A la segunda prueba se dice que la acción, aunque subjetivamente esté en el agente, no muda al agente mismo como movimiento, sino que es la actualidad o forma que constituye al agente no movido, sino movente, como también la forma substancial o accidental constituye algo como forma, no como movimiento. Si, con todo, la causa criada se mueve para esto, para que obre, aquella moción no es formalmente por la acción de aquella, sino por el concurso o auxilio de la causa superior movente.
A la tercera prueba se dice que el movimiento no es sujeto de la acción denominativamente y como quod, sino identificativamente y como sujeto quo, como también la relación se identifica con el fundamento y lo tiene como sujeto de identificación; el sujeto, empero, de inherencia es el supuesto mismo en el que está tal fundamento, y similarmente la figura se identifica con la cantidad, pero denomina como sujeto a la substancia, porque17 de aquella se sustenta.
Tercero se argumenta para probar que el movimiento y la acción solo se distingan por razón, porque el movimiento es acto de lo activo como de este, y de lo pasivo como en este. Ergo para que sea acción no necesita de nueva entidad o modo, sino solo de sí mismo como dependiente o recipiente de aquello de lo que es, como también la existencia no se distingue de la esencia sino por razón, porque es la entidad de la esencia como producida y dependiente del agente. Después, porque si fueran tres formalidades, acción, pasión y movimiento, se movería lo móvil con tres mutaciones cuantas veces se mueve a un término, porque recibe todas aquellas. Por último, a esto hacen las autoridades supra aducidas del Filósofo y de D. Tomás refiriendo esta sentencia ex P. Suárez.18
SE RESPONDE que el movimiento no necesita de nueva realidad para que se diga acción, sino de distinta formalidad, porque en la acción se importa el origen del movimiento mismo y la causalidad del agente, que algo sobreañade al efecto; la existencia, empero, si no se distingue de la esencia en la sentencia de aquellos autores, no es porque importe respecto al que produce, sino porque sin la existencia la entidad de la esencia permanece en estado de posibilidad, y no como ente real. En lo cual, con todo, consecuentemente deberían decir estos autores que la acción, si se identifica con la cosa producida, no se distingue de aquella sino por razón, porque sin la acción la cosa producida es nada; si, con todo, se inteligie que la causalidad o acción se distingue de la cosa que produce, ¿por qué no también la existencia, que es término de la acción?
A la segunda prueba se dice que no se mueve lo móvil con tres movimientos, porque la acción y la pasión no son movimientos distintos, sino condiciones o modos del único movimiento por el que se mueve lo móvil a un término.
A las autoridades del Filósofo y de D. Tomás se responde que la definición del movimiento, cuando se define que es acto del ente en potencia etc., no es la misma que la definición de la pasión. Cuando, empero, se dice que el movimiento es acto de lo móvil, no se define allí el movimiento, sino que se explica su orden al sujeto, en el cual conviene con la pasión. Y cuando dice D. Tomás que la pasión no es otra cosa que el movimiento, se inteligie entitativamente y según comparación al sujeto, no según toda formalidad, ut explicatum est.19
Articulus III: QUÉ SEA LA ACCIÓN Y DE CUÁNTUPLE, Y QUÉ SEA SU TÉRMINO FORMAL
Como sea notísimo apud todos que la acción es acto segundo del agente mismo, ut docet Philosophus in hoc 3. libro textu 19.,1 el acto, empero, tiene dos oficios, a saber informar respecto del sujeto y originar o emitir de sí el efecto, lo cual atañe al término, uno y otro en la acción ha de explicarse: En este ciertamente artículo aquello que es propio de la acción, a saber respecto del término o efecto que de sí emite; en el siguiente, empero, aquello que es común a la acción en cuanto es accidente, a saber en qué sujeto esté, si en el principio del que se emite, que es el agente, o en el sujeto en el que su término se recibe, que es lo pasivo.
En lo presente, ergo, la razón propia de la acción por algunas dudas explicaremos: Primero, cuál sea la definición de la acción. Segundo, si sea de su razón que produzca el término, o solo que una o de algún modo atinga. Tercero, qué sea el término formal del que se especifica. Cuarto de su división en creativa y eductiva. Quinto de su división en transeúnte e inmanente.
Primero, ergo, inquirirás cuál sea la definición de la acción tanto físicamente cuanto lógicamente o metafísicamente.
Se responde que la acción puede definirse o cuanto a la forma misma, que es la acción quasi in actu signato, o cuanto al ejercicio de la forma misma, que es obrar. Y ciertamente obrar, ut dicit S. Thomas q. 2. de Potentia art. 1.,2 no es otra cosa que «comunicar aquello por lo que el agente está en acto según que es posible». Cuya definición abraza todo obrar tanto criado cuanto increado, tanto intra Dios cuanto ad extra, aunque diversamente. Pues las cosas criadas y la acción de Dios a la criatura comunican aquello que está en el agente con alguna multiplicación y división, ni pueden comunicar todo lo que está en el agente, y totalmente, porque se hace con alguna limitación al menos de parte de la cosa comunicada, por esto mismo de que es criada. La comunicación, empero, de Dios ad intra porque es perfectísima y sin ninguna limitación de parte del que comunica y de la cosa comunicada, por eso el agente se comunica todo.
La acción, empero, tomada por la forma variamente suele definirse: Primero, que la acción es «acto de lo activo según que es activo», ut dicitur 3. Phys. textu 19.3 Segundo, que la acción es «aquello por lo que se denomina obrar», o ut dicit auctor sex principiorum4 y D. Tomás opusc. 48. tract. de Actione:5 «La acción es la forma por la que en aquello que se sujeta nos denominamos obrar». Donde se define la acción relativamente a lo pasivo que se sujeta, que es la definición de la acción predicamental o lógicamente considerada. Tercero puede decirse la acción «causalidad del agente, o aquello por lo que causa el efecto», o ut definit S. Thomas 3. Phys. lect. 5.,6 es acto del agente en otro, y 1. p. q. 54. art. 2.: «La acción es eflujo al acto del agente». Por último puede definirse la acción, que es «actualidad de la virtud», ut dicit D. Thomas eadem quaest. art. 1.
Segundo dudarás en qué consista la formalidad de la acción, si en razón de producción del efecto, o de unión de aquel a lo pasivo o de educción, o en qué por último consista.
Se responde que, ut supra diximus q. 12. art. 4.7 y enseña D. Tomás opusc. 48. cap. de Actione,8 del concepto de la acción es la actual emanación o emisión de algo del agente. Distingue, empero, D. Tomás doble género de acción, uno que es con innovación y movimiento, otro sin aquel por simple eflujo de algo de su principio, ut patet in Quodlib. 4. art. 9.9 et opusc. 15. cap. 9.10 En las causas, empero, criadas la acción o eflujo es medio entre el agente y el efecto quasi accidentalmente, y no substancialmente a aquel conveniente, no como cosa producida, sino como modo o razón misma de producir. De lo cual videri potest D. Thomas 2. Contra Gent. cap. 35. et in 2. dist. 1. q. 1. art. 5. ad 11.11 et 1. p. q. 25. art. 1. ad 3.
De lo cual consta qué sea del concepto formal de la acción precisamente según que es acción, qué empero ataña al modo especial o connotación de aquella en cuanto tal acción es. De la razón, en efecto, de la acción según que es causalidad del agente precisamente es que sea actualidad por modo de emanación u origen del efecto mismo del agente con dependencia del efecto de aquel. Y esta habitud del agente al efecto, mediante la cual el efecto pende de aquel, es de la razón intrínseca de la acción, que es causalidad, y así siempre requiere alguna novedad al menos cuanto al modo y a la dependencia en el término mismo respecto del agente. Se sobreañaden, empero, a la acción otros respectos o connotaciones, o respecto de lo pasivo o respecto del término a quo, en los cuales formalmente no consiste la acción, aunque aquellos admita y por aquellos pueda dividirse, v. g. que la acción sea producción o reproducción, educción o inducción, ya unión ya inmutación. Todas estas importan diversas connotaciones de la acción y diversos respectos, v. g. que sea producción importa la acción con novedad del ser mismo en el término, de tal modo que en las cosas criadas transita del no-ser al ser cuando se produce. La reproducción dice la acción connotando que la cosa fue. Y se salva la acción sin producción de nueva entidad en el término, ut patet in la transubstanciación, que convierte algo en lo preexistente. Y la intensión se salva sin producción de nueva cualidad, solo por nueva unión de aquella al sujeto en la opinión de los tomistas, de la cual in libris de Generat.12 Ítem que la acción sea educción de la forma o inducción o unión de aquella o también mutación o movimiento conviene a la acción según respecto a lo pasivo o sujeto del que la forma se educe o al que se une. De donde sin tal connotación se salva la razón de acción solo por el orden del agente al efecto; de donde solo convienen estas a la acción según que tal es, a saber según que operante dependientemente de la materia o13 según que es mutación.
Tercero dudarás cuál haya de decirse término formal del que se toma la especificación o diversidad de la acción.
Se responde que en la sentencia de Divus Thomas es cierto que la acción se especifica tanto del principio cuanto del término, ut patet in 1. p. q. 77. art. 3. Y aunque frecuentemente también diga D. Tomás que la especificación de la acción según que es acción se toma del principio, según empero que es pasión o movimiento se toma del término, ut in 1. 2. q. 1. art. 3., con todo por esto no niega que también la acción se especifique del término, pues la naturaleza misma de la acción está instituida y ordenada esencialmente al término, pues es causalidad que esencialmente mira lo causado. Pero quiere explicar Divus Thomas la razón especial de la acción según que es acción, porque mirar el término es común a la acción y a la pasión, pero mirarlo bajo razón de origen de algún principio, esto es propio de la acción. Y por eso también cuando la acción se especifica del término, se especifica también de aquel según que de algún modo tiene razón de principio, en cuanto el término precede en el principio mismo de operar, como en la intención o proporción de la virtud,14 para que se principie la acción, porque no puede principiarse de alguna forma sino según que proporcionada y ordenada a tal término. Lo cual explicó S. Tomás 1. p. q. 105. art. 5., donde dice «que el fin, el agente y la forma se tienen como principio de la acción, pero con cierto orden. Pues el primer principio de la acción es el fin, que mueve al agente; segundo, empero, el agente; tercero, empero, la forma de aquello que por el agente se aplica a obrar». Por lo cual cuando D. Tomás dice especificarse la acción del principio, allí incluye también que se especifique del término, a saber según que se contiene en el principio.
Inquirimos, ergo, cuál sea la formalidad del término o principio de la que se especifica la acción. Pues acerca del mismo término materialmente poder versar diversas acciones es cierto, como al mismo lugar material puede terminarse el movimiento de ascenso o de descenso etc. Acerca de esto, ergo, solo dice D. Tomás q. 77. cit. que no cualquier diversidad de objetos diversifica las potencias, sino la diferencia de aquello a lo que per se mira la potencia. Y lo mismo proporcionalmente ha de decirse de las acciones; pues las potencias no sino mediante los actos se especifican. Aquello, ergo, llamamos término formal a lo que per se por la acción o la potencia se mira. Pues el término formal se dice no según su entidad solamente, sino bajo aquella formalidad y razón por la que conduce a especificar esta acción, y para que se atinga por esta más bien que por otra, como decimos que el objeto formal de la vista es el cuerpo en cuanto colorado o lúcido, del tacto empero en cuanto cálido o frío. Si, empero, siempre se requiera en el término, para que sea término formalmente distinto de otro, alguna razón por la que como nueva entidad o modo que se produzca, o si empero baste distinta razón sub qua o nuevo respecto al término a quo, o nueva dependencia del agente, a esto responderemos infra q. 19. art. 1.15
Cuarto dudarás cuál sea la división de la acción en creativa y eductiva, y cómo diferencien.
Se responde que la diferencia de estas acciones de sus definiciones se conoce. Es, en efecto, acción creativa la que opera el efecto no supuesto ningún sujeto, sino de la nada. La acción, empero, eductiva es la que produce el efecto de algún sujeto presupuesto, inmutando y reduciendo la potencialidad de aquel al acto. De lo cual se colige que no puede algo por la misma acción a la vez educirse y crearse; sería, en efecto, proceder de la nada y de algo. Que, empero, algunos dicen que aunque cualquier acción no pueda a la vez proceder de la nada y de algo, con todo porque en la producción de alguna substancia muchas acciones concurren, v. g. la creación de la materia, la educción de la forma, la unión de aquella etc., toda la colección de acciones se dice de ningún otro presupuesto, aunque cualquier acción divisim no pueda a la vez ser eductiva y creativa: esto nada es, ya porque esto mismo se hallará en cualquier efecto accidental; pues también cuando se produce lo blanco, toda la colección de acciones que a aquel se prerrequieren, como la producción del sujeto, de la forma de la blancura y la unión de aquella, no presupone otro sujeto del que toda aquella colección se haga; ya también porque la producción de la substancia no consiste en la colección de varias acciones, sino en aquella por la que se atinge lo último, como la acción que produce el caballo no consiste en la acción por la que desde el inicio fue producida la materia, sino por la que ahora se genera el caballo; aquella, en efecto, fue presupuesta no solo al caballo, sino a todas las que de aquella materia podrían generarse. Es cierto, con todo, que en la colección de todas las acciones que a algo se requieren incluso de la materia prima, algo de creación se envuelve.
Si, empero, la acción de crear sea predicamental, aunque no diga orden a lo pasivo sino al efecto, pende de aquellas que art. seq. habrán de tratarse, si esta acción esté en el agente o en el efecto en cuanto es creado, y si el predicamento de la acción solo por el orden al efecto se constituya, o si también requiera orden a lo pasivo y a la pasión. De lo cual allí diremos, y16 más ampliamente 2. tom. 1. p. disp. 18. art. 2.
Por último dudarás cuál sea la división de la acción en inmanente y transeúnte, y si la inmanente sea verdadera acción.
Se responde que si hablamos de la acción física, que con el movimiento y la pasión está conjugada, es cierto que no conviene a la acción inmanente, porque de sí no requiere movimiento en el agente mismo, sino que tanto más perfecta es cuanto más supone al agente mismo en acto. De donde se halla operación inmanente, como la cognición, sin alguna transmutación pasiva del sujeto, sino precisamente por el orden al objeto, porque la pasión no se pone en algún sujeto sino cuando se produce algún término o forma que en aquel se reciba. La cognición, empero, inmanente, según que es inmanente, per se no requiere producción del término, ut patet in el sentido externo, que no produce en sí algún término o imagen en la que perfeccione la sensación, sino que inmediatamente siente el término externo, ut in lib. de Anima17 se dirá. Que si a veces la acción inmanente produce término, no es precisamente porque inmanente, sino porque virtualmente transeúnte, o porque es dicente18 o expresiva en el intelecto o espirativa en la voluntad.
De lo cual ulteriormente se hace discurso para negar que la acción inmanente formal y puramente sea acción del predicamento de la acción, aunque virtualmente pueda ser acción. La razón es que la acción que es del predicamento de la acción solo debe ser causalidad del agente y connotar orden a lo pasivo. La causalidad, empero, del agente nunca es lo último que intenta el agente y donde cesa su fin, sino que es medio por el que tiende al término producido o de nuevo puesto, por el cual es la acción misma. La operación, empero, inmanente es el último acto que se intenta por el operante; entonces, en efecto, está en acto simpliciter cognoscente cuando en acto opera e inteligie. De donde la felicidad o beatitud, que es la última perfección del hombre, en el acto mismo de inteligir consiste, y la perfección del viviente en la operación de la vida está, no en alguna quietud, sino que la operación misma por sí misma se busca, no por algún término. Pues aunque se produzca algún término, v. g. el verbo, aún la perfección de inteligir no está en la producción de tal término, sino en la contemplación en el verbo ya producido. Ergo la operación inmanente no se tiene por modo de medio y de vía por la que algún término se adquiere, sino más bien ella misma es la última actualidad que intenta el operante, y así no es del género de la acción predicamental, ya la que infiere pasión, ya la que se tiene por modo de causalidad solamente, porque no se busca por el término habiendo de causarse, sino por su actualidad. Y esta doctrina es de D. Tomás, ut videri potest 1. Contra Gent. cap. 100. donde dice: «Digo, empero, operación que permanece en aquel mismo aquella por la que no se hace otro además de la operación misma, como ver y oír. Tales, en efecto, perfecciones son de aquellos de quienes son las operaciones, y pueden ser últimos, porque no se ordenan a algún hecho que sea fin. La operación, empero, o acción de la que se sigue algo además de aquella misma es perfección de lo operado, no del operante, y se compara a aquel como a fin». Donde abiertamente tradita nuestra doctrina de por qué esta acción no es del predicamento de la acción, porque no es puramente causalidad del agente, por esto de que no se tiene como medio y vía, sino como último y fin. La acción, empero, predicamento, ut dicit S. Thomas in 1. dist. 8. q. 4. art. 3. ad 3.,19 dice algo fluente del agente con movimiento. Lo que, ergo, no se tiene como fluente y vía, con imperfección y movimiento, o como precisamente fluente y tendente a ulterior perfección, sino más bien ella misma es lo último, tal no es acción predicamento. De donde expresamente la rechaza del predicamento de la acción D. Tomás opusc. 48. tract. de Actione.20
Que si inquieres cómo, ergo, se produce esta entidad que decimos acción inmanente; si, en efecto, es efecto, ergo supone causalidad por la que proceda del eficiente; si, empero, no es efecto, ergo o es la causalidad misma y acción o entidad increada o nada: se responde que tales actos inmanentes son virtualmente acciones, aunque formalmente sean cualidades. Y por aquella parte por la que son acciones, por sí mismos emanan como las acciones. Y como las pasiones propias de la substancia emanan y las relaciones del fundamento, de aquel modo se tienen aquellas cualidades que son actos inmanentes respecto de la potencia, porque también tienen oficio y fuerza de acción, aunque eminentemente o virtualmente. Y de esto es signo que la intelección por sí misma es también dicción y producción del verbo, ut tractari solet 1. p. q. 27. y diremos in libro de Anima,21 de tal modo que decir no se distingue realmente de inteligir. La dicción, empero, y la producción del verbo es causalidad de aquel, porque tiene la imagen misma del verbo por término y semejanza expresada. Ergo por sí misma puede emanar sin otra acción distinta, sino que ella misma tiene el privilegio de la acción. Similarmente la concepción práctica del intelecto tiene fuerza de mover incluso extra sí, lo cual no se hace sino por acción transeúnte, como dice D. Tomás que los ángeles con su imperio, que es concepción del intelecto, mueven el cielo, opusc. 11. art. 3.22 No, ergo, es extraño a la acción inmanente que tenga fuerza de transeúnte, y por aquella parte emana por sí misma de la potencia.
Articulus IV: SI LA ACCIÓN TRANSEÚNTE SUBJETIVAMENTE ESTÉ EN EL AGENTE
Procede la cuestión de la acción transeúnte, porque de la inmanente no hay duda de que se sujeta en el agente; por esto, en efecto, es inmanente, porque no perfecciona sino al agente mismo. La transeúnte, empero, perfecciona no solo al agente emanando de aquel, sino que también perfecciona el efecto causándolo, y si el efecto se recibe en lo pasivo, también perfecciona lo pasivo mediante el efecto recibido. De donde porque denomina y perfecciona al agente y similarmente al efecto y a lo pasivo, INQUIRIMOS en cuál de aquellos esté inherivamente, aunque conste que del agente esté emanativamente. Que si la acción no tenga pasivo como la creación, porque el pasivo mismo o la materia lo efectúa, no lo supone, inquirimos si tal acción se identifique con el efecto, o esté en el agente mismo, no empero si esté en lo pasivo, porque carece de aquel.
En esta, ergo, dificultad HAY CONTIENDA ENTRE LA ESCUELA DE ESCOTO Y D. TOMÁS Y ENTRE LOS TOMISTAS MISMOS ENTRE SÍ, aunque de diversos fundamentos. Estima, en efecto, Escoto que la acción transeúnte se sujeta en el agente, ut patet in 4. dist. 13. q. 1. § Ea dictis, et dist. 43. q. 5. § De tertio, y en otros lugares, a quien sigue su escuela. Y se fundan en esto, que estiman que la acción predicamental es respecto del agente a lo pasivo y relación extrínsecamente adveniente, y como la pasión y la acción son respectos mutuamente opuestos, no pueden estar en el mismo extremo, de tal modo que uno y otro esté en lo pasivo o en el agente, sino uno en el agente, el otro en lo pasivo. Y puede esto más ampliamente urgir. Pues cualquiera que sea de la acción identificada con el movimiento, con todo es cierto que la relación del agente está en el agente y la relación del efecto o de lo pasivo en lo pasivo, pues consta que el agente realmente mira el término y lo pasivo, y al contrario. Ergo no menos que en los demás relativos la relación debe estar en los extremos mismos relatados; ergo también el fundamento de tales relaciones, que es la acción misma y la pasión, debe ponerse distintamente en el agente mismo y en lo pasivo, por esto de que el fundamento se identifica con la relación.
Entre los tomistas, empero, sigue la misma sentencia Cayetano 1. p. q. 25. art. 1. y Nazario ibi, controversia unica, y otros. Pero el fundamento de allí lo toman, porque la acción transeúnte es acto segundo que perfecciona y muda intrínsecamente al agente mismo; ergo debe estar subjetivamente en aquel. La consecuencia es patente, porque la perfección intrínseca debe sujetarse en aquello que denomina; esto, en efecto, es ser intrínseca, según que1 se distingue de la denominación extrínseca. El antecedente, empero, se prueba, ya porque la acción es acto y complemento de la potencia del agente, ut dicit D. Thomas 1. Contra Gent. cap. 9., porque se compara a la potencia como el acto segundo al primero; de donde concluye allí que la acción que no es substancia del agente inhiere en aquel como accidente en el sujeto; ya porque mayor y más próxima perfección del agente es el acto segundo que el primero, pues el acto primero está en potencia al segundo, y por aquel se reduce de la potencia al acto, quitada su potencialidad intrínseca, y consecuentemente apuesta la actualidad intrínseca. Como, ergo, el acto primero está subjetivamente en el agente, así también el acto segundo, que es la acción misma. Varias autoridades de S. Tomás al instante referiremos.
La segunda sentencia, que frecuente también es entre los tomistas, enseña que la acción subjetivamente está en lo pasivo o en el efecto. La cual tiene Ferrarense,2 Capreolo,3 Herveo,4 Soto,5 Soncinas6 y otros, quos citat et sequitur Cursus Carmel. hic disp. 17. q. 4. et 5. Lo mismo tiene P. Suárez disp. 48. Metaph. sect. 4. Quien añade que a la acción transeúnte bajo el concepto de acción por el que se distingue de la pasión no conviene sujeto de inherencia, sino solo de denominación y de emanación del agente. Si, con todo, algún sujeto de inherencia tiene, aquel es por razón de su término o efecto, con el cual la acción se identifica como modo de aquel y emanación o procesión de aquel mismo.
Y de aquí se toma el fundamento de esta sentencia. Pues la acción se identifica con el movimiento y con el término del movimiento, y no se da otra acción, ni es más necesaria que aquella que con el movimiento se identifica. El movimiento, empero, y el término producido no están en el agente, sino extra aquel; ergo tampoco la acción en el agente; la acción, en efecto, está donde está aquello con lo que se identifica. El discurso todo consta de lo supra7 dicho, donde quedó probado que la acción se identifica con el movimiento, y que el movimiento está en lo móvil o pasivo como en sujeto, lo cual también afirma el Filósofo hoc libro cap. 3.,8 de otro modo9 el agente como agente se movería o padecería. Que, empero, no sea otra acción que aquella que se identifica con el movimiento, consta, ya porque el Filósofo no hace mención de otra acción; si, empero, se diera otra acción de parte del agente y otra de parte del movimiento o de lo pasivo, ¿cómo diría Aristóteles que la acción, aunque sea acto del agente y lo denomine, con todo está en lo pasivo, porque el acto de uno puede estar en otro según diversa razón? Ya también lo mismo consta, porque poner dos acciones, una en lo pasivo, otra en el agente, del todo superfluo parece. Si, en efecto, la acción que está en el efecto o en lo pasivo egrede de la acción que está en el agente, ¿por qué no podrá inmediatamente egreder del acto primero mismo, si en verdad inmediatamente de aquel egrede aquella acción que está en el agente? Y con todo aquella acción que está en el agente no es la última razón por la que egrede el efecto; esta, en efecto, es la procesión misma y egresión del efecto, que no está en el agente, sino en el efecto procedente. Ergo sin fundamento se pone la acción en el agente, si en verdad no es la última razón misma de causar y de proceder en el efecto mismo, y así no es la acción de la que hablamos en lo presente. Por último aquella acción que está en el agente debe emanar de aquel; ergo el mismo obra en sí mismo, y así a la vez está en acto y en potencia respecto de lo mismo, en acto para obrar y en potencia para recibir.
Por último urgen por esta parte algunos lugares de Aristóteles y de D. Tomás. Pues Aristóteles in hoc 3. libro textu 20.10 enseña que no es inconveniente que el acto de uno esté en otro, como la doctrina en el que aprende. Y 9. Metaph. textu 16.11 dice «que la edificación está en lo edificado». Y 2. de Anima textu 139.:12 «Del agente», dice, «y del movente la operación en el paciente mismo se suscita e inhiere, y por tanto la acción y la pasión no está en el agente, sino en aquel que padece etc.». Sobre cuyos lugares lo mismo afirma expresamente D. Tomás y in q. 14. de Veritate art. 3.13 et 10. de Potentia art. 1.14 et 2. Contra Gent. cap. 1. Por último esta diferencia pone D. Tomás entre la acción inmanente y la transeúnte, que la acción inmanente primero y per se perfecciona al agente mismo, la transeúnte empero primero y per se perfecciona a lo pasivo mismo, ni es perfección del agente, sino de lo movido, ut expresse docet 1. p. q. 18. art. 3. ad 1. et q. 54. art. 2. et 1. 2. q. 3. art. 2. ad 3. et 1. Contra Gent. cap. 100. Ergo repugna que la acción transeúnte esté en el agente; de otro modo de sí sería perfección del agente, porque aquello primero y per se perfecciona en lo que primero y per se está, lo cual es quitar la diferencia entre la acción inmanente y la transeúnte, que adecuadamente dividen la acción como tal.
NIHILÓMENOS NUESTRA RESOLUCIÓN SEA: Según la mente de D. Tomás la acción según la razón propia de acción no pide sujeto de inherencia, sino de emanación, de tal modo que para denominar algo agente por accidente se tiene que inhiera. Verdaderamente, con todo, y en la cosa la acción emanante debe importar doble formalidad, de las que una actúe e inhiera en el agente, otra en el término y mediante el término en lo pasivo, si el término sea algo dependiente del sujeto.
Así que la acción en los agentes criados, en los que por modo de emanación se tiene y accidentalmente conviene al agente, incoativamente está en el agente y consumativamente en el término o efecto, no según la misma entidad modal o formalidad; esto, en efecto, es imposible, pues es diverso sujeto, sino según diversa, que con cierto orden son una: a aquel modo en que D. Tomás y los teólogos 1. 2. q. 50. art. 3. dicen que la virtud moral que modera las pasiones está en doble potencia, a saber en la voluntad imperante incoativamente y en el apetito eliciente de las pasiones moderadas consumativamente. Y porque la denominación de virtud se hace simpliciter de aquello donde consumativamente está la virtud, por eso simpliciter se dice estar la virtud en el apetito sensitivo. Del mismo modo la acción, que es causalidad emanante del agente, en cuanto vuelve al agente actuado en acto segundo y transmutado del ocio al acto, relinque la formalidad de la acción en el agente que incoa el efecto mismo. Según, empero, que vuelve el efecto en acto segundo causado y procedente de la causa, pone la formalidad en el efecto por la que la acción se vuelve consumada, y de allí se hace la denominación de obrar; ni, en efecto, algo se dice obrar ante el efecto, y por razón de esto simpliciter la acción está en el término.
Y que esta sea la MENTE DE D. TOMÁS consta de la colación de los lugares mismos en los que trata de esta cosa. Pues ante todo, que la acción del propio concepto de acción no postule sujeto de inherencia, sino de emanación, consta ex 1. dist. 32. q. 1. art. 1.,15 donde dice «que si por imposible se pusiera haber alguna acción que no fuera accidente, no sería inherente, y con todo denominaría al agente, y entonces el agente se denominaría por aquello que de aquel es y en aquel no está como inherente». Ergo del propio concepto de la acción, según que precisamente denomina al agente, no dice sujeto de inherencia, sino de emanación, aunque porque es accidente, en la verdad de la cosa inhiera, lo cual también abiertamente dice in q. 7. de Potentia art. 9. ad 7.16 et q. 8. art. 2.17 Ítem también, que deba ponerse la acción en el agente en cuanto importa el acto segundo que inmuta el acto primero mismo, consta, porque 1. p. q. 54. art. 1. dice «que la acción es actualidad de la virtud». Y 2. Contra Gent. cap. 9., «que la acción es complemento de la potencia» y con todo, porque no es actualidad completa y consumada en el agente mismo, sino en el efecto al que se deriva, dice in dicta q. 54. art. 2. que la acción transeúnte no puede ser el ser mismo del agente, porque el ser se significa intra la cosa, la acción empero es eflujo al acto del agente. Después in 2. Contra Gent. cap. 35. et in 2. dist. 1. q. 1. art. 5. ad 11.,18 dice «que el agente obra por acción media, que no es la esencia del operante mismo, y en tales no puede seguirse efecto nuevo sin nueva acción, y la novedad de la acción hace alguna mutación en el agente según que sale del ocio al acto». Ergo siente D. Tomás que la acción algo intrínseco pone en el agente, y no solo extrínsecamente lo denomina; de otro modo no diría que pone mutación en aquel. Y conformemente a esto distingue S. Tomás la creación según que es acción y según que es pasión, o la acción como efectuada y como eficiente in 1. dist. 40. q. 1. art. 1. ad 1.,19 para que inteligamos que la acción a uno y otro atañe e importa no una, sino doble formalidad, una en el agente según que es acción agente, otra en el efecto o pasivo según que es acción efectuada. Lo cual por último con expresas palabras afirma in 2. dist. 40. q. 1. art. 4. ad 1.,20 donde dice que la acción y la pasión no pueden ser el mismo accidente en número, porque la acción está en el agente y la pasión en el paciente. Y como de otro modo pone con el Filósofo 3. Phys. lect. 5.21 y en otros lugares supra22 citados que la acción y la pasión se identifican con el movimiento, y que la acción transeúnte es propia perfección de lo operado, consecuentemente importa confesar que la acción apud D. Tomás importa doble formalidad, una en el agente, otra en lo pasivo o término, donde se consuma la acción, y por razón de la cual se dice que el agente se denomina de algo extrínseco, a saber del efecto, ut dicit in opusc. 48. tract. de Actione23 et in 3. Phys. lect. 5.24 Cuyo25 efecto está en la materia o en lo pasivo, y así simpliciter y absolutamente la acción está en lo pasivo, porque allí está consumativamente y de allí se hace la denominación del agente.
Ni puede responderse que cuando dice D. Tomás que la acción y la pasión no son el mismo accidente en número, habla de la acción como moral y libre, y así es acción inmanente. Cuando, empero, dice que la acción está en el agente se inteligie por razón de alguna comodidad extrínseca que al agente proviene de la acción, porque al menos se propaga su especie. Pero contra la primera solución está que D. Tomás primero habla en común de la acción y de la pasión y del movimiento. Después a la letra habla de la acción que infiere pasión, a saber de los que crucificaban a Cristo, y que es accidente y en número distinto de la pasión. La acción, empero, inmanente ni infiere pasión ni pone en otro sujeto accidente distinto en número. Si, empero, hablara de la acción en el ser moral y no en el ser físico, más bien se dirían un accidente en número en el ser moral la acción y la pasión que varios. Contra la segunda, empero, solución se instancia que la acción en cuanto accidente inhiere en el agente, ut dicit S. Thomas; ergo en vano se explica aquello del emolumento extrínseco; esto, en efecto, no inhiere en el agente, y así por razón de tal emolumento no asignaría S. Tomás el sujeto que a la acción conviene en cuanto accidente.
De lo cual queda explicado el FUNDAMENTO DE ESTA SENTENCIA. Se toma, en efecto, de los fundamentos de una y otra sentencia aducida, que prueban requerirse la acción y darse tanto en el agente cuanto en lo pasivo. Ni, en efecto, se salva la acción sin que sea actualidad segunda del agente y reduzca el acto primero de la potencia al acto y del ocio a la operación. Esto, empero, es alguna perfección del agente mismo y mutación, y no sola denominación extrínseca. Como, en efecto, intrínsecamente el agente está en potencia y en acto primero para operar, así importa que se reduzca intrínsecamente al acto segundo y se mude al acto mientras en acto opera; debe, ergo, esta actualidad de la acción estar en el agente. Por lo demás allí no se consuma la acción y la causalidad del agente sino que el efecto mismo proceda y emane en acto de aquel. Y así el origen mismo del movimiento y del término producido con el movimiento mismo y el término debe identificarse; aquel, empero, origen de otro es acción efectuada y causalidad, y así la formalidad de la acción según que procesión y origen del movimiento con el término y el movimiento debe identificarse, y allí se consuma la acción, porque allí se termina.
SOLO RESTA RESPONDER a los argumentos de la segunda sentencia por aquella parte, porque intentan mostrar que sobra esta doble acción. Pues los argumentos por la primera sentencia solo muestran que importa que alguna actualidad y formalidad de la acción esté en el agente, no empero toda, ni allí consumarse, ut dictum est.
Al primero, ergo, de la segunda sentencia se responde que la acción efectuada se identifica con el movimiento y el término producido, pero no la acción eficiente, que es el acto segundo del agente.
Y a las instancias que se aducen para probar que no hay doble acción, se responde a la primera que Aristóteles no estuvo solícito de explicar cómo la acción esté en el agente, sino en lo pasivo, por esto de que en lo pasivo la acción está consumativamente, y de allí se acepta la denominación de obrar completa y perfecta. Y por eso solo explicó cómo la acción está en lo pasivo; esto, en efecto, solo tenía dificultad y a su instituto servía, pues principalmente trataba del movimiento y de la acción según que es condición identificada con el movimiento, y así solo está en lo pasivo.
A la segunda instancia se dice que no sobran estas dos acciones, porque cualquiera de ellas no es completa y perfecta, sino que una y otra se requiere para la razón consumada de obrar por la razón dicha. Y tanto la acción efectuada misma cuanto la acción misma del agente, o una y otra formalidad, egrede del agente no por otra acción, porque una y otra completa la misma acción y una y otra atañe a la razón de causalidad, sino una por modo de actualidad del agente, otra por modo de actualidad de lo pasivo, no empero una como efecto, otra como toda la causalidad, sino una y otra como condición y razón que atañe a la misma causalidad. No, con todo, una y otra inmediatamente egrede, sino con cierto orden, porque se incoa en la acción del agente la razón y causalidad de obrar, se consuma con todo en la acción de parte del efecto. Y así no se prueba que la acción del agente no ataña a la razón de causalidad y sea razón de operar, sino que no atañe como última y consumativa razón de aquella misma. Y así la acción de parte del agente es formal egresión y formal causalidad incoativa y activamente, no consumativa y formalmente.
A la tercera instancia se responde que por la egresión misma del efecto suficientemente se constituye el agente en razón de obrar consumativa y denominativamente, no empero incoativa y activamente o por modo de acto segundo del agente. Esto, en efecto, necesariamente se supone a la acción efectuada, como la fe necesariamente supone la pía afección y la virtud en el apetito sensitivo la disposición de imperar en la voluntad. Y por eso la acción transeúnte no se dice perfeccionar al agente mismo, sino a lo pasivo o al efecto, porque allí se consuma la acción, aunque en el agente se incoa y al término se ordena.
A la cuarta instancia se responde que aquella actualidad en el agente emana de aquel no como término o efecto, sino como modo o causalidad incoada. Y tal modo no emana del agente mismo según que está en potencia puramente, sino según que está en potencia movida por Dios y por otras causas superiores, por las que las inferiores se determinan y se actúan para que emane de aquellas la actualidad de la acción, que de nuevo en la potencialidad misma del acto primero se recibe actuándola por modo de acto segundo; y así no está en potencia y en acto según lo mismo.
A los lugares de D. Tomás se responde que habla él mismo como también Aristóteles de la acción efectuada según que es consumada y completa razón de obrar, de la cual se hace la denominación. Y cuando pone la diferencia entre la acción inmanente y la transeúnte, que aquella es perfección del agente, no esta, habla de la perfección consumada y completa de obrar; esta, en efecto, se consuma en el agente cuando es inmanente, en el efecto empero y en lo pasivo cuando es transeúnte. Incoativamente, empero, está en el agente mismo, ut dictum est, y porque una y otra de estas acciones atañe a constituir la causalidad misma del agente, una incoativamente, otra consumativamente, al mismo predicamento de la acción se reduce también aquella acción que está en el agente, como la pía afección a la fe, y la disposición de la voluntad a la virtud que está en el apetito. Simpliciter,26 empero, y consumativamente la acción está en lo pasivo.