Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
Quaestio II: DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES EN COMÚN
Articulus I: QUÉ SEA EL PRINCIPIO DE LA COSA NATURAL Y CÓMO SE DEFINA
Articulus II: SI LOS PRIMEROS PRINCIPIOS SEAN CONTRARIOS
Articulus III: SI LOS PRINCIPIOS NATURALES SEAN SOLO TRES
Quaestio III: DE LOS PRINCIPIOS EN PARTICULAR Y PRIMERO DE LA MATERIA PRIMA
Articulus I: SI SEA Y QUÉ SEA LA MATERIA PRIMA
Articulus II: SI LA MATERIA PRIMA DE SÍ ASÍ SEA PURA POTENCIA, QUE CAREZCA DE TODO ACTO FORMAL Y ENTITATIVO
Articulus III: SI LA MATERIA PUEDA EXISTIR SIN TODA FORMA, AL MENOS DE POTENCIA ABSOLUTA
Articulus IV: SE EXPLICAN LAS CONDICIONES PROPIAS DE LA MATERIA PRIMA
Quaestio IV: DE LA FORMA QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus I: QUÉ SEA LA FORMA Y CÓMO SE CONTENGA EN LA POTENCIA DE LA MATERIA Y SE EDUZCA DE AQUELLA
Articulus II: CUÁLES FORMAS SE EDUZCAN DE LA POTENCIA DE LA MATERIA
Quaestio V: DE LA PRIVACIÓN
Articulus I: QUÉ SEA LA PRIVACIÓN, SEGÚN QUE ES PRINCIPIO DEL ENTE NATURAL
Articulus II: SI EN LA MATERIA HAYA SOLO UNA PRIVACIÓN O VARIAS
Quaestio VI: DEL TODO COMPUESTO SUBSTANCIAL
Articulus I: CUÁLES SEAN LAS PARTES SUBSTANCIALES QUE COMPONEN EL TODO
Articulus II: SI EL TODO SE DISTINGA DE LAS PARTES TOMADAS A LA VEZ
Articulus III: QUÉ SEA LA UNIÓN DE LAS PARTES EN EL TODO
Quaestio VII: DE LA SUBSISTENCIA Y DE LA EXISTENCIA
Articulus I: QUÉ SEA LA SUBSISTENCIA QUE CONVIENE AL COMPUESTO MISMO
Articulus II: CÓMO LAS ACCIONES CONVENGAN A LOS SUPUESTOS
Articulus III: SI LA SUBSISTENCIA EN LAS COSAS COMPUESTAS SEA ÚNICO TÉRMINO SIMPLE O COMPUESTO DE VARIAS SUBSISTENCIAS
Articulus IV: SI LA EXISTENCIA SE DISTINGA A PARTE REI DE LA ESENCIA O DEL COMPUESTO
Articulus V: SI ÚNICA EXISTENCIA BASTE A TODO EL COMPUESTO
Quaestio VIII: DE LOS TÉRMINOS DE LA MAGNITUD Y DE LA PARVEDAD
Articulus I: SE EXPLICAN LOS PRINCIPIOS Y PRESUPUESTOS DE ESTA CUESTIÓN
Articulus II: DE QUÉ PACTO SE TERMINEN LOS CUERPOS NATURALES SEGÚN LA MAGNITUD
Articulus III: SI SE DÉ TÉRMINO DE PARVEDAD INTRÍNSECO TANTO EN LOS ANIMADOS CUANTO EN LOS INANIMADOS
Liber II: ACERCA DEL LIBRO SEGUNDO DE LOS FÍSICOS DE LA NATURALEZA Y DE LAS CAUSAS
Quaestio IX: DE LA NATURALEZA, DEL ARTE Y DE LO VIOLENTO
Articulus I: SE EXPLICA LA DEFINICIÓN DE LA NATURALEZA
Articulus II: EN CUÁLES SE HALLE LA RAZÓN DE NATURALEZA
Articulus III: SI SEA LEGÍTIMA LA DIFERENCIA CONSTITUIDA ENTRE LOS NATURALES Y LOS ARTIFICIALES
Articulus IV: CÓMO LO VIOLENTO SE DISTINGA DE LO NATURAL
Quaestio X: DE LA CAUSA EN COMÚN
Articulus I: CUÁL SEA LA DEFINICIÓN DE LA CAUSA EN COMÚN Y CUÁLES LAS CONDICIONES DE LA CAUSA
Articulus II: DE CUÁNTUPLE SEA LA CAUSA
Articulus III: SI TODA CAUSA DEBA SER PRIOR, MÁS PERFECTA Y DISTINTA DE SU CAUSADO
Articulus IV: SI LAS CAUSAS RECÍPROCAMENTE SEAN CAUSAS
Articulus V: SI DE DOBLE CAUSA TOTAL PUEDA PENDER EL MISMO EFECTO, O DOS FORMAS INFORMAR LA MISMA MATERIA
Quaestio XI: DE LA CAUSA MATERIAL, FORMAL Y EJEMPLAR
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA Y LA CAUSALIDAD MATERIAL
Articulus II: QUÉ SEA LA CAUSALIDAD DE LA FORMA Y SU EFECTO
Articulus III: A QUÉ GÉNERO DE CAUSA SE REDUCE LA IDEA O EL EJEMPLAR
Quaestio XII: DE LA CAUSA EFICIENTE
Articulus I: QUÉ SEA LA CAUSA EFICIENTE Y DE CUÁNTUPLE
Articulus II: SI EN LAS CAUSAS CRIADAS EL PRINCIPIO DE EFECTUAR UT QUO SEA ACCIDENTE
Articulus III: SI EL ACCIDENTE NECESITE DE PECULIAR INFLUJO DE LA SUBSTANCIA PARA OPERAR
Articulus IV: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL EFICIENTE
Appendix I: De la dimanación.
Quaestio XIII: DEL FIN
Articulus I: SI LA APREHENSIÓN DEL FIN SEA RAZÓN DE CAUSAR O SOLO CONDICIÓN
Articulus II: CUÁL SEA LA CAUSALIDAD DEL FIN
De esta dificultad pende otra, que juntamente con aquella misma quedará declarada, a saber si el fin sea verdadera y física causa. Se tienen, en efecto, correlativamente causa y causalidad, y en tanto es verdadera y física causa en cuanto tiene verdadera y física causalidad.
DOS, EMPERO, SUPONEMOS en lo presente: Lo primero es que casi todos inteligien que algo metafórico e impropiamente dicho interviene en la causalidad del fin, ya porque aquello expresamente enseña Aristóteles 1. de Generat. textu 55.1 diciendo que «aquello cuius gratia no es activo; pues la sanidad no es factivo sino según metáfora». Ya porque el fin no mueve sino según que en la cognición y por tanto de modo intencional, que se distingue del natural y del móvil. Ya también porque el fin mueve como término en el que pondera la acción para que allí se termine, no como principio de la acción. De donde para que se vuelva principio importa extraerse de la realidad de la existencia a la aprehensión objetiva. Ya por último porque el fin mueve aliciendo y atrayendo. La atracción, empero, no es moción propia, porque la moción es algún tránsito; aquella, empero, atracción solo es conveniencia y simpatía de uno a otro para que se atraiga por aquel, lo cual no sino translaticiamente se dice moción.
Segundo supongo que, ut latius dicemus seq. art., la causalidad del fin se extiende tanto al operante cuanto a sus efectos, aunque diversamente. Pues los efectos y las acciones del agente el fin los mira como causados por sí; al agente, empero, u operante como móvil por sí. Y así dice D. Tomás q. 5. de Potentia art. 1.2 que «el fin no es causa sino según que mueve al eficiente a obrar». De donde también el fin se dice causa de las causas, porque mueve a las demás causas a obrar.
Y la razón es que el agente no opera sino como determinado a algo que opere; de otro modo por caso y por accidente obrará. Se determina, empero, por el fin, que es el término al que tiende el agente. Ergo la moción del fin debe mirar las acciones y los efectos como cosa habiendo de causarse de tal modo que también mire al agente mismo como móvil que determina para que opere. En los agentes mismos, empero, porque unos son ejecutantes, otros imperantes y dirigentes, el fin no puede inmediatamente mover a aquel agente que es puramente ejecutivo y carece de cognición, sino a aquel que se dirige y se mueve al fin, de cuya dirección se mueven los agentes ejecutivos. No, en efecto, la bondad del fin puede mover sino a algún apetito. El apetito, empero, o es innato o elicito. El innato debe ser dirigido por alguno que lo dirija al fin, porque él mismo no se dirige. El elicito, empero, supone cognición; en esto, en efecto, consiste que sea elicito. Y así la primera moción del fin debe ser al apetito que se dirige al fin, después a los agentes que son dirigidos por otro, porque todo lo que es dirigido no por sí supone otro por el que se dirija; como no hay proceso al infinito, importa venir a alguno que se dirija al fin, y este es el apetito racional.
LA DIFICULTAD, ERGO, PRESENTE a esto solo se reduce, a que expliquemos qué sea verdadera y propiamente aquello que metafórica e impropiamente llamamos moción en la causalidad del fin. Importa, en efecto, que sea verdadera causalidad y propia, aunque sea metafóricamente acción o moción, como Cristo se dice león metafóricamente por la fortaleza, no porque en él haya metafóricamente fortaleza, sino que es metafóricamente leonina, verdaderamente empero divina. Similarmente la finalización metafóricamente se dice moción, verdaderamente empero causalidad del fin, e inquirimos qué sea aquello verdaderamente.
Variamente acerca de esto sienten los AUTORES. Las sentencias, empero, principales se reducen a cinco: La primera aserta consistir en una cualidad, a saber en algún acto del intelecto o de la voluntad, esto es en la cognición excitante o en la volición o intención del fin mismo. Así Cabero hic tract. 2. disp. 6. dubit. 3.
La segunda aserta ser la acción misma del agente, sobre todo de la voluntad operante, cuya acción bajo respecto de egresión y de dependencia del agente se dice acción, bajo dependencia del fin es finalización. Qué sea, empero, esta dependencia del fin resta por explicar. Así Suárez disp. 23. Metaph. sect. 4., Rubio 2. Phys. tract. de Causa finali q. 3. n. 30., Carmel. hic disp. 14. q. 5. § 2. y varios tomistas ad 1. 2. q. 1. art. 1. Y a lo mismo se reduce la sentencia de los escotistas, que la causalidad del fin fundamentalmente tomada es lo mismo que la acción de la voluntad por la que elige o impera los medios; formalmente, empero, es relación distinta de la relación de la causa eficiente, como el fin mismo se distingue, y esta se sujeta en la causa misma y se termina al efecto. Así Fuente 2. Phys. q. 7. diffic. 3. art. 2. Pero es admirable que el fundamento de esta relación se diga ser la acción misma del eficiente, y con todo se diga sujetarse en el fin mismo. ¿Cómo estas coheren, pues la relación nunca se separa del fundamento?
La tercera sentencia dice que la causalidad del fin es algo medio entre el fin y lo finalizado resultante del fin, como la acción es medio entre el eficiente y el efecto. Cuya sentencia haber placido a algunos más recientes refieren Fonseca y Conimbric. Pero ni ellos mismos parecen aborrecerla. Pues Fonseca 5. Metaph. cap. 2. q. 10. sect. 3. et 4., Conimbric. 2. Phys. cap. 7. q. 6. art. 2. dicen que la causalidad del fin es modo del fin mismo, aunque de aquel realmente indistinto. Y q. 21. art. 3. ad 2. dicen que la acción del intelecto mismo que propone a la voluntad el fin precede a la causalidad del fin, y así no ponen en la acción la verdad de esta metáfora.
La cuarta sentencia no distingue la causalidad del fin de la bondad del fin mismo sino según cierta moralidad, en cuanto la bondad del fin atrae e intencionalmente efectúa que el efecto del agente se haga a intuición de aquella y así de aquella penda. Así Egidio lib. 1. de Fine in communi q. 6. art. 6. § 3. Lo cual todo no parece diferir de la excitación y proposición del objeto por el intelecto, ut docet prima sententia.
La última sentencia constituye la causalidad del fin en cierto conflado de causalidad física y moral: física, en cuanto la dependencia de lo finalizado del fin es real; moral, empero, en cuanto pende al menos como de condición de la existencia objetiva e intencional. Así Araújo 8. Metaph. q. 9. art. 2.
SEA ÚNICA CONCLUSIÓN: La moción metafórica por la que el fin se dice causar según verdad es el primer amor del fin como pasivamente pendente de lo apetecible, no como activamente elicito por la voluntad.
Esta conclusión uno supone y otro declara. Supone que la causalidad del fin, aunque metafóricamente sea moción, verdaderamente con todo es causalidad real, porque de otro modo, si todo lo que se da en la causalidad del fin fuera metafórico y nada real, el fin no sería verdadera causa física, con todo es la principal y primera de las causas; es más, por excelencia es aquello cuius causa o cuius gratia se hacen las demás. Ergo si ninguna verdadera causalidad tiene, no es verdadera causa.
Que, empero, haya de explicarse la causalidad del fin por el ser apetecido y amado pasivamente, lo cual en la cosa es el amor mismo elicito por la voluntad, no como elicitive por la voluntad, sino como pasivamente del peso mismo de lo apetecible, se toma de D. Tomás q. 22. de Veritate art. 2.,3 donde dice «que como influir de la causa eficiente es obrar, así influir de la causa final es ser apetecido y deseado». Y 1. Contra Gent. cap. 75. ratione 5. dice «que la causalidad del fin consiste en esto, que por aquel se desean las demás, y así cuanto el fin es más perfecto y más querido, tanto la voluntad del que quiere el fin a más se extiende». Y 1. 2. q. 28. art. 6. dice «que todo agente obra por algún fin, el fin empero es el bien deseado y amado para cada uno; ergo es manifiesto que todo agente obra cualquier acción de algún amor». Siente, ergo, D. Tomás que el influxo y la causalidad del fin mediante el amor se difunde; ni, en efecto, la bondad finalizante se difunde realmente, esto es no por propagación de sí y producción de otro bien, sino por su afecto y ordenación al bien mismo. Lo mismo expresó Escoto q. 4. prologi § Aliter dicitur,4 donde dice «que el fin no es causa sino en cuanto amado y deseado mueve al eficiente a efectuar».
LA RAZÓN DE LA CONCLUSIÓN ES que el fin finaliza en cuanto apetecible y bien. El bien, empero, es aquello que todas las cosas apetecen, ut definit Philosophus.5 Ergo si la acción de la apetecibilidad es causa, la reducción de aquella al acto será la causalidad formal; lo apetecible, empero, formalmente se reduce al acto por ser actualmente apetecido; la actualidad, en efecto, propia de lo apetecible es ser apetecido en acto. Ítem porque el fin no finaliza sino según que en la intención; ergo su causalidad intra la voluntad misma debe estar, no en algo extra la voluntad. Ni aparece otro que el acto mismo de la voluntad por el que el fin se vuelve amado. Pues cualquier otro que sea, ya algún hábito ya la potencia de la voluntad, es menor actualidad que la que se requiere para el influxo actual. Los demás, empero, actos posteriores a este amor son causados por el fin más bien que causalidad de aquel. Es más, el amor mismo del fin como elicito por la voluntad es causado por el fin; según, empero, que pasivamente pende del peso mismo de lo apetecible es causalidad del fin, ut statim magis explicabitur.
Para que, empero, esto se perciba de raíz, ha de advertirse que el amor o apetito actual pende de doble principio, a saber de lo apetecible como atrayente y eficiente del apetito, lo cual se explica por modo de cierto peso o espiración inclinante iuxta illud Augustini:6 «Mi peso es mi amor; por él soy llevado a dondequiera que soy llevado». Y así la voluntad se hace ponderosa de la conjugación misma e inmutación de lo apetecible. — Segundo pende el amor del apetente o de la voluntad eliciente, cuando es apetito elicito, como cuando es innato pende del que instituye la naturaleza y dirige al fin. Y ciertamente aquel acto o amor, según que es acto u operación de la causa, mira a aquella como eficiencia o acción. Según, empero, que pende del objeto, aún funda doble habitud: Una de especificación, que propiamente mira a aquel como objeto por modo de especificativo y atañe al género de causa formal extrínseca. Otra es habitud de finalización, en cuanto aquel acto, también después de que está especificado, mira a otro a cuya intuición y gratia se haga, o si a intuición de sí se hace, en sí tiene razón de fin distinta de la razón de objeto. Así que la dependencia del acto del objeto es común tanto al objeto que es fin cuanto al que no es fin, y solo consiste en la dependencia de aquel como determinante de la especie del acto. El fin, empero, no constituye la especie, sino que mueve al agente al ejercicio de la acción, y porque no puede ejercer la acción sino por alguna inclinación, que generalmente se dice apetito, ni la inclinación puede tender sino a algo cierto, primero es necesario que la inclinación se vuelva proporcionada respecto de aquel término al que tiende. Y aquella proporción o inmutación vuelve la inclinación quasi conjugada a lo apetecible mismo. Y así la inclinación hecha ponderosa tiende al fin, y cuanto más hace que algún bien pondere en más acciones, tanto más universal y más perfecto es el fin, y si hace ponderar en todas, entonces es fin último y se dice apetecerse y amarse con todo el corazón, es más, también amarse con caridad, porque la caridad añade sobre el amor comúnmente dicho la estimación de la cosa querida quasi de gran y caro precio, ut dicit S. Thomas 1. 2. q. 26. art. 3. Por lo cual esta inmutación o peso de lo apetecible en la voluntad en la cosa se hace por el acto de amor. Pero en cuanto es perfectamente de la voluntad, se dice elicita de la voluntad y efecto del fin; en cuanto, empero, es de lo apetecible y se subordina a aquel para amar, es causalidad del fin; el fin,7 en efecto, es lo apetecible mismo, y de aquel debe ser la causalidad final. Y según esta razón es del objeto propuesto y precede a la razón de aquel según que es elicitive de la voluntad, como la espiración al amor perfecto, la dicción a la intelección.
Y esto mismo reconoció D. Tomás in loco nuper cit. art. 2., donde dice «que lo apetecible da al apetito primero ciertamente cierta coaptación a aquel, que es cierta complacencia de lo apetecible, de la cual se sigue el movimiento a lo apetecible, y de esta inmutación del apetito por lo apetecible el amor se nombra pasión». Y en la solución ad 3., habiendo objetado que el amor no importa el movimiento mismo del apetito, sino el principio del movimiento, y así no es pasión y movimiento, responde «que el amor, aunque no nombre el movimiento del apetito que tiende a lo apetecible, nombra con todo el movimiento del apetito por el que se inmuta por lo apetecible para que le complezca lo apetecible». Precede, ergo, la inmutación a la complacencia, porque se inmuta para que plazca, y así es causalidad del fin, porque lo apetecible se vuelve actualmente amado o apetecido, no por denominación extrínseca tomada de la acción de amar —así, en efecto, consecuta a aquella, y no es algo real—, sino de la inmutación por la que lo apetecible se vuelve conjugado al apetito mismo y aquel apetito coaptado a lo apetecible mismo; y así lo apetecible mismo se tiene como gravedad y peso de la voluntad, tanto respecto de sí cuanto de los demás. Y convenientemente así se pone la causalidad del fin, porque el fin es causa movente de modo inmóvil, no moviéndose a sí, sino inmutando a otras, ut patet 12. Metaph. textu 37.,8 lect. 7. apud D. Thomam.9 Y así su causalidad no debe buscarse en el fin mismo ni en algún movimiento que de aquel egrede, sino en el efecto mismo de aquel, a saber en el amor mismo, que es efecto y causalidad del fin según diversas habitudes y consideraciones, como también porque Dios inmóvilmente opera por sí mismo, es acto último de operar; la acción, empero, operada ad extra es efecto de Dios, y no algo medio entre el efecto y la causa.
SE RESUELVEN LOS ARGUMENTOS.
PRIMERO objetarás: Ningún efecto puede coincidir con su causalidad, si en verdad la causalidad es razón que influye en el efecto y la salida misma de la cosa causada. Pero el amor es efecto del fin, aunque sea el primero por el que el fin se ama, porque por el fin mismo se alicia y se determina la voluntad a amar el fin. Ergo el amor mismo no es causalidad del fin, sino causado.
SEGUNDO: El fin propuesto por la cognición excita el apetito al amor. Ergo ante el amor mismo tiene que causar y tiene causalidad, a saber la excitación misma.
El antecedente consta, porque la voluntad en el amor del fin pende esencialmente de la proposición y ostensión del objeto; ergo algo influye el objeto o el fin en aquel amor, y así ante el acto de la voluntad el fin tiene causalidad; ergo no consiste en solo el amor.
TERCERO: Porque la razón del fin para que cause es su apetecibilidad real, y no el ser intencional de la aprehensión; ergo la causalidad debe ser algo real correspondiente a esta razón formal; de otro modo, si la causalidad real no es, la causa final misma no será. Pero ser actualmente amado o apetecido no es algo real, sino denominación extrínseca; ergo no puede ser causalidad verdadera del fin, como tampoco el ser conocido mismo.
CUARTO: Porque la causalidad del fin es moral y cierta moción metafórica. Pero la causalidad moral no es algo positivo que emana de la causa; de otro modo sería algo físico, y no moral, y moción real, no metafórica. Ergo no es el acto mismo de la voluntad o el amor incluso según que pende del fin. Pues aquella dependencia del fin o es real y física o no. Si no, ergo según que así no pende realmente del fin, ni la causalidad del fin es algo real. Si, empero, es dependencia física, ¿por qué no se dirá moción real, sino metafórica también según que pende del fin?
QUINTO: Esta acción de la voluntad es también causalidad del eficiente, y bajo aquella razón por la que es del eficiente no es causalidad final, sino más bien efecto del fin mismo; de otro modo se confundirían estas causalidades, si bajo aquella razón por la que es causalidad del eficiente fuera causalidad del fin. Ergo algo debe darse además de la razón de acción para que se vuelva causalidad del fin, porque si nada más se añade, una formalmente será la otra. Aquello, empero, que se añade debe ser algo real, al menos como modo, y así importa explicar qué sea, y en vano nos refugiaremos a la moción metafórica si se da modo real además del modo de la acción y de la causalidad del eficiente, el cual con todo no puede proceder del fin, pues el fin a veces realmente no existe; la aprehensión, empero, solo se tiene como condición, no como razón de causar.
POR ÚLTIMO: El fin opera aliciendo y atrayendo la voluntad para que quiera; ergo la causalidad no puede ser la volición, porque por la volición no alicia a querer, sino que ya está aliciada; ergo no es causalidad de aliciar.
A LO PRIMERO se responde que el amor según diversas consideraciones es causalidad y efecto del fin. Pues según que activamente se elicita del apetito, es efecto del fin; gratia, en efecto, del fin opera la voluntad; de otro modo no amaría el fin por el fin, lo cual sería no tenerlo por fin. Cuando, empero, este amor del fin pasivamente se tiene al objeto apetecible, en cuanto se connaturaliza a aquel y se acepta por la voluntad como peso de su inclinación que inmuta a complecer, así es causalidad del fin y razón de apetecer y de ejecutar lo demás; de lo cual más ampliamente diremos en la solución a lo último.
A LO SEGUNDO se responde que la cognición misma o el objeto como conocido causa el amor, y el amor pende de aquel según doble consideración, y como acto, en cuanto la acción elicita es de la voluntad, y como causalidad, en cuanto es cierta inmutación pasiva y connaturalidad de lo apetecible mismo en el apetito, y según que causalidad pende y se causa del fin que excita por la cognición inmediatamente por sí misma, como la acción y toda otra causalidad de su causa es inmediatamente por sí misma. Según, empero, que aquel amor es acción elicita, se causa por el fin como efecto mediante la inmutación misma pasiva del apetito por10 el objeto propuesto, que es la causalidad del fin mismo. Cómo, empero, esta inmutación pasiva de lo apetecible hacia el apetito preceda al amor según que es acción, al instante explicaremos.
A LO TERCERO se responde que la causalidad del fin es real, según que «real» se distingue contra el ente de razón, no según que se distingue contra «intencional». Importa, en efecto, que el fin cause mediante la cognición como proponiendo y moviendo a la voluntad, cuya moción es intencional, verdaderamente con todo existente en la cosa y que tiene verdadero efecto en la voluntad, a saber el amor, no solo como acción elicita de la voluntad, sino también según que es pasión de lo apetecible. Y cuando se dice que ser amado es denominación extrínseca, distingo: en el objeto ad extra ser amado es denominación, concedo; en el afecto, empero, interior mismo ser amado, que es lo mismo que lo apetecible mismo estar conjugado a la voluntad y espirar o ponderar en aquella al amor de sí y de los demás, así niego. Verdaderamente, en efecto, el efecto de lo apetecible mismo pende y se determina, y esto se llama amor pasivamente, a saber11 el afecto mismo según que dependiente del peso del objeto.
Que si instas: Pues la pasión es posterior a la acción; ergo no puede la causalidad del fin ser el amor como pasión y su efecto como acción, pues la causalidad es prior que el efecto, no consecuta a aquel. Se responde que la pasión consecuta a la acción no puede ser causalidad del fin, sino efecto, mucho más que la acción misma a la que tal pasión consecuta. Y así el amor según que es acto inmanente recibido pasivamente en la voluntad, después de que se elicita de aquella, no es causalidad del fin, sino efecto. Cuando, empero, aquello que decimos ser causalidad del fin es la pasión o espiración de lo apetecible en el apetito, que influye en la eliciciencia del amor perfecto, en cuanto el apetito se vuelve inmutado por lo apetecible o determinado y quasi ponderoso hecho por lo apetecible para que tienda a aquel y a lo demás por aquel. Y así dice D. Tomás 1. 2. q. 26. art. 2. que la primera inmutación del apetito por lo apetecible se llama amor. De donde tal pasión no es inferida de la acción, sino acto como espirante, esto es, por virtud del objeto ponderante y que da principio de la acción o inclinación, que es el amor perfecto, ut docet ibidem S. Thomas solutione ad 1. Y de allí infiere ibidem art. 3. ad 4. que más puede el hombre tender a Dios por el amor pasivamente de algún modo atraído por Dios mismo, que a esto pueda conducirlo la razón propia. Por lo cual esta inmutación de la potencia por el objeto sin eliciciencia del acto no es; es más,12 real e idénticamente es el acto elicito mismo, pero según que de la potencia se elicita, perfecta y consumadamente es eliciciencia del amor; según que del objeto que se conjuga a la voluntad por el acto, como espiración es y peso del objeto y de la proposición del objeto pendente, así se dice pasión, no ciertamente seguida de la acción, sino espirada por el objeto y la voluntad para que el acto de amor perfectamente se elicite.
A LO CUARTO se responde que la causalidad del fin es metafóricamente acción, ut dicit Philosophus 1. de Generat. textu 55.,13 pero no metafóricamente es causalidad, sicut iam supra dictum est. En cuanto, ergo, es verdadera causalidad, también verdadera y real mutación importa, e idénticamente es lo mismo que el acto de amor; es,14 en efecto, espiración, que no se distingue del amor, como tampoco la dicción en el intelecto de la cognición. Formalmente, empero, es verdadera dependencia de lo apetecible mismo como espirante, por razón de la cual se dice moción moral, pero verdadera dependencia.
A LO QUINTO se responde que la causalidad del fin no es la causalidad misma del eficiente formalmente, sino idénticamente. Aquello, empero, que formalmente añade es verdadera y real dependencia del objeto, no en cuanto especificante, sino en cuanto espirante y conjugándose al apetito para que pondere y se incline a lo demás. Y como el acto del intelecto pende de la virtud intelectiva eficientemente y de la presencia del objeto formalmente, y con todo verdaderamente pende del objeto en su género, de tal modo que el término de la cognición se asimila a aquel, así aquel amor pende y de la potencia eliciente y del objeto ponderante o espirante la inclinación al objeto. Y esto no lo hace el objeto sino conjugado y coaptado al apetito mismo, y tal conjugación o dependencia y orden a lo apetecible es algo real en el efecto mismo como dependiente de lo apetecible, y así es causalidad del fin, porque comunica a la voluntad el peso y la inclinación para que por razón de sí se apetezcan las demás.
A LO ÚLTIMO se responde que es verdadero que el fin atrae y alicia a la voluntad, y esta atracción es para que la voluntad quiera. Pero en aquella volición hay dos: Uno, que es causado por el fin; otro, que es razón de causar. Ni es admirable que la causalidad se identifique con lo causado, porque también la acción se identifica con el efecto. Aquello, ergo, que es de eliciciencia o de acción en aquella volición es causado por el fin; lo que, empero, es de coaptación y de conjugación con lo apetecible o de orden a aquel, por lo que se vuelve ponderante en el apetito para que se incline a sí y a lo demás, esto se dice atracción por modo de causalidad al acto, ut explicatum est. De donde15 esta atracción y causalidad idéntica y realmente es el acto mismo de amor; formalmente es el orden o dependencia de aquel del objeto apetecible propuesto como ponderante en la voluntad.