Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Philosophiae Naturalis
John of St. Thomas (1589–1644)
Prima pars philosophiae naturalis (de ente mobili in communi) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus II-I, pars prima.
Preface I: Lectoribus
Preface II: Proemium
Preface III: Ordo Primae Partis Philosophiae
Quaestio I: De scientia philosophiae et ordine cognoscendi
Articulus I: UTRUM ENS MOBILE SIT OBIECTUM FORMALE PHILOSOPHIAE
Articulus II: SI LA FILOSOFÍA SEA DE UNA ESPECIE ÁTOMA EN RAZÓN DE CIENCIA
Articulus III: SI LO MÁS UNIVERSAL, Y POR TANTO EL ENTE MISMO COMO TAL, SEA LO PRIMERO CONOCIDO POR NUESTRO INTELECTO
Liber I: ACERCA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE LOS PRINCIPIOS DE LAS COSAS NATURALES
SUMA DEL TEXTO DEL LIBRO PRIMERO DE LOS FÍSICOS DE ARISTÓTELES1
Lo intentado del Filósofo en este primer libro es: Primero, traditar el orden y el método de proceder en esta ciencia, segundo, investigar los principios de las cosas naturales refiriendo y refutando las sentencias de los filósofos veteres, tercero por último, estableciendo y probando la sentencia propia.
SUMA DEL CAP. 1.
Así pues, en el primer capítulo propone el orden y el método de la doctrina en las ciencias, a saber que primero se proceda de las causas y de los principios, después entre los principios se asuman aquellas que nos son más notorias y más manifiestas; procede, en efecto, el orden de la doctrina de las más fáciles y más notorias. Tercero dice que nos son más notorias aquellas que son más confusas y universales, y así de los más universales ha de procederse, de cuya cosa aporta tres indicios: El primero, porque el todo es más notorio que la parte según la cognición confusa, el universal empero es cierto todo. El segundo, porque en el definido y en los definientes primero conocemos el definido mismo como cierto todo, después los definientes en cuanto sus partes. El tercero, porque los niños al principio no disciernen, estimando a todos los varones padres y a todas las hembras madres. Después, empero, empiezan a discernir cada uno.
SUMA DEL CAP. 2.
Desde el segundo capítulo hasta el cuarto empieza a aportar e impugnar las sentencias de los antiguos acerca de los principios naturales. Y en este capítulo segundo primero aporta las opiniones de los veteres en género, después especialmente trata contra Parménides y Meliso.
Cuanto a lo primero generalmente reduce las opiniones de los antiguos acerca de los principios naturales a dos cabezas. Pues algunos pusieron que se da solo un principio de las cosas naturales, otros varios.
De estos que ponían un principio, algunos pusieron aquel inmóvil, como Parménides y Meliso, otros móvil, como los físicos más antiguos, que también están muy divididos. Pues algunos decían que este principio es el aire, como Diógenes, otros el agua como Tales, otros el fuego como Heráclito. Ninguno, empero, de aquellos puso que sola la tierra sea el primer principio, porque por su grosería más estimaban que fuera compuesta que simple, los primeros principios empero deben ser simples, para que de ellos se compongan los otros, — aunque otros más antiguos, a los que llamaron teólogos y poetas, dijeron que la tierra es la substancia y la naturaleza de todas las cosas, ut libro 2. lect. 2., ex Philosopho nota D. Tomás2.
De aquellos, empero, que ponían ser varios los principios de las cosas naturales, algunos dijeron ser finitos, otros infinitos. Los que finitos, algunos dijeron ser dos, como el fuego y la tierra, otros tres, a saber aire, fuego y agua, rechazando la tierra por su grosería, otros todos los cuatro elementos, y también la lid y la amistad como Empédocles. Los que pusieron infinitos también están divididos. Pues algunos, como Demócrito, pusieron infinitos indivisibles o átomos, que eran de la misma naturaleza, diferían empero según la figura y la forma, y de su diversa posición y combinación resultan las diversas cosas. Otros, como Anaxágoras, pusieron infinitos principios, no empero indivisibles ni del mismo género, sino infinitas partes mínimas, v. g. de carne y de hueso y de otros de este modo, por esto de que decían inherir en cada cosa todas las que de aquella pueden hacerse, y como puedan hacerse infinitas según las diversas generaciones de cada cosa, importa que en aquella haya infinitas, y como no se hagan de la nada, sino de algo, importa que aquellas infinitas estén en acto.
En el segundo lugar especialmente desciende en este capítulo a impugnar la opinión de Parménides y de Meliso, cuya opinión, porque ponía un principio inmóvil, no pertenece al físico, que solo trata de los móviles, sino al metafísico. De allí con todo, pedidas las razones, muestra que aquel principio natural de lo que se hacen las restantes no puede ser uno ni inmóvil, y los impugna de la equivocación por la que procedían, porque no aparece cómo tomaban la razón de ente por substancia o accidente, o por cuál accidente, ni tampoco por qué razón tomarían uno por uno por continuación, o por uno indivisible. De donde porque de la equivocación de uno y de ente procedieron estos filósofos, no por el físico, que no trata de uno y de ente, sino por el metafísico deben confutarse.
SUMA DEL CAP. 3.
En el tercer capítulo resuelve las razones de Parménides y de Meliso mostrando que no solo pecan asumiendo lo falso, sino también procediendo contra la forma de argumentar.
SUMA DEL CAP. 4.
En el cuarto capítulo empieza a tratar contra los otros filósofos, que se llaman Físicos, que de los principios como de móviles sentían.
Y propone dos géneros de estos filósofos: Algunos, en efecto, ponían un principio material, v. g. alguno de los elementos. Para la separación, empero, y la distinción de las cosas ponían algunos concurrir dos contrarios, pongamos lo raro o lo denso, o lo pequeño o lo grande, o con una palabra diciendo cualquier excelencia y defecto.
Otros, empero, físicos pusieron que las cosas naturales se hacen de algún principio en el que todas estaban confundidas, pero por cierta segregación decían hacerse de nuevo emergiendo de aquella confusión. Y en esto convenían Anaximandro, Empédocles y Anaxágoras, pero diferían, porque Anaximandro solo aquel uno en el que todas estaban confundidas y commixtas decía ser principio, no empero aquellos muchos que en él había. Pero Anaxágoras también aquellos muchos allí contenidos decía ser principios, y aquellos muchos decía ser infinitas partes mínimas que en cada cosa preexistían, y de su segregación se decían hacerse las cosas. Decían, en efecto, estos filósofos que de la nada nada se hace, y consecuentemente de algo, y aquel algo decían ser ente en acto, porque «ente solo en potencia» no reconocían. De donde si del agua se hacía el aire, decían que el aire preexistía en el agua. Pero porque de nuevo repugna al sentido decir que en el agua esté el aire o el fuego que de aquel se generan, por eso para evitar esto decía Anaxágoras que en cualquier cosa están permixtas infinitas partes insensibles y mínimas de aquellas que de tal cosa pueden hacerse. Y porque pueden hacerse infinitas, por eso decían darse infinitas partes mínimas.
Contra esta, ergo, opinión de Anaxágoras disputa el Filósofo en este capítulo, y para esto hace tres: Primero propone su razón o fundamento, segundo con cinco razones lo impugna, y con ocasión de estas partes mínimas trata de los términos de la magnitud y de la pequeñez en las cosas. Tercero por último muestra que el motivo de Anaxágoras procedió de un mal intelecto de su posición.
SUMA DEL CAP. 5.
En el capítulo quinto empieza a traditar la sentencia propia acerca de los principios de las cosas naturales. Y primero procede disputativamente premitiendo en este y en el siguiente capítulo ciertas que también apud los antiguos fueron admitidas acerca de los principios. Y por último en el séptimo capítulo resuelve la verdad. Premite, empero, dos: Lo primero en este capítulo de la contrariedad de los principios, lo segundo en el siguiente de su número.
Así pues, en este capítulo quinto muestra que los principios naturales deben ser contrarios. Todos, en efecto, LOS FILÓSOFOS ANTIGUOS reconocieron alguna contrariedad para que se hiciera la segregación y la distinción en las naturalezas, aunque en asignarla disientan. Pues v. g. los que decían que todo este universo es un ente y una substancia inmóvil decían que la pluralidad de las cosas solo es según el sentido, y por eso solo inducían la contrariedad según el sentido, como lo cálido y lo frío. Los que, empero, ponían un principio móvil material ponían lo raro y lo denso, para que de aquel se hicieran los otros. Los que ponían principios infinitos indivisibles ponían el vacío y lo lleno, en cuanto los indivisibles dejaban ciertas partes vacías, ciertas llenas. Los que, empero, ponían infinitos divisibles, a saber partes mínimas, por contrariedad asignaban alguna congregación y segregación según la cual aquellas partes hicieran algo uno o se segregaran. Así que todos reconocían alguna contrariedad en los principios.
Por último aquella muestra el Filósofo DE LA INDICACIÓN Y DE LA EXPERIENCIA, tanto de la condición misma de los principios, porque los principios no son de otros ni de uno y otro, y todos los otros son de ellos, la cual condición también conviene a los contrarios; tanto de la generación y de la corrupción mismas, que sin contrariedad, esto es sin el ser y el no ser, no se da, como consta por la experiencia.
SUMA DEL CAP. 6.
En el capítulo sexto premite lo segundo del número de los principios. Acerca de lo cual hace tres: PRIMERO muestra que los principios por esto de que son contrarios ni son solo uno ni infinitos. No son solo uno, porque la contrariedad versa entre varios. No son infinitos, tanto porque lo infinito es ignoto; tanto porque los principios son los primeros contrarios, estos empero solo están en el género de la substancia, y así no son infinitos; tanto por último porque si son infinitos todos los contrarios serán principios, lo cual es falso, porque muchos contrarios son de otros anteriores, como lo dulce y lo amargo de lo cálido y lo seco, y así no son primeros principios. Repugna, ergo, que sean primeros principios infinitos; lo infinito, en efecto, abarca todas.
SEGUNDO muestra que los principios no pueden ser solo dos, porque los principios son contrarios entre sí. Ergo es oportuno que se dé algún tercero en el que se sujeten y acerca del cual ejerzan la oposición, y así más que dos principios deben ser.
TERCERO muestra que no son más que tres, porque bastan dos contrarios y un sujeto para que de los contrarios se diga hacerse algo. Ergo no es necesario poner más que el sujeto y la forma y el contrario de la forma, que es la privación. Y para esto congere varias otras razones.
SUMA DEL CAP. 7.
En el capítulo séptimo determinadamente resuelve la verdad.
Y PRIMERO procede de la generación misma o del hacerse de la cosa mostrando que para aquello se requieren tres, a saber el sujeto de lo que algo se hace, el opuesto de donde se hace, y el término que de nuevo se hace. Y por cierto que se dé el término es manifestísimo, como vemos que las cosas se hacen de nuevo. Que, empero, se haga del sujeto y de la privación consta porque en todo hacerse algo permanece, a saber lo que se hace de nuevo, y algo no permanece, a saber aquello que antes era; ergo requiere la privación de aquello que antes era y la posición de esto que ahora se hace. Y porque se hace de algo, no de la nada, como de la nada nada se hace, se sigue que para el hacerse se requieran tres, el sujeto, la forma y el opuesto de la forma, a saber la privación.
SEGUNDO colige de estos principios de las cosas naturales que dos son distintos entre sí y per se requeridos, de los que a saber consta la cosa misma, a saber la materia y la forma. En estas, en efecto, se resuelve cada uno como en las partes componentes. Otro principio se requiere distinto de razón, a saber la privación, y se dice principio por accidente respecto de aquello que de nuevo se hace, como del hombre músico per se es causa el hombre y la música, pero que antes hubiera sido no músico es por accidente para la constitución del hombre músico mismo.
SUMA DEL CAP. 8.
En el capítulo octavo excluye los errores de los antiguos acerca de la materia y en el capítulo noveno los errores acerca de la privación.
Y en efecto de la ignorancia de la materia los antiguos quitaban la generación substancial y solo admitían la accidental, llevados de aquella razón, porque nada puede hacerse simpliciter o substancialmente, ni del ente ni del no ente. No del ente, porque si ya es, no se hace; no del no ente, porque de la nada nada se hace. Muestra, empero, el Filósofo que ellos no distinguieron entre el ente en potencia y en acto. Del ente, en efecto, en potencia se hace el ente en acto, y este ente en potencia es la materia, que ni es nada ni es aquel ente en acto que se hace, sino que es ente en potencia a aquellas formas que en aquella de nuevo se educen.
SUMA DEL CAP. 9.
En el capítulo noveno y último excluye los errores que apud los antiguos acerca de la privación se habían deslizado. Aunque, en efecto, algunos antiguos confesaran darse la materia, con todo no distinguían de aquella la privación. Y así decían que la materia es no ente, porque la veían privada de toda forma, y así decían que algo se hace del no ente, porque se hacía de la materia. Y en esto fue inducido Platón de la razón de Parménides, porque cuanto es además del ente es no ente; la materia es además del ente, como no es ente en acto, ergo no es ente, y así no distinguía entre la materia y la privación. Aristóteles, empero, muestra que la materia no es por cierto ente en acto, ni con todo es privación, sino ente en potencia, porque la privación no apetece la forma ni está en potencia a la forma, sino que a aquella se opone y la destruye; la materia, empero, a la vez está con la forma recibiendo aquella y componiendo el todo mismo. No es, ergo, lo mismo la privación que la materia, aunque a la materia inhiera la privación cuando no tiene forma. De donde define la materia, que es el primer sujeto de lo que algo se hace, como inhiere no según accidente.