Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Artis Logicae

John of St. Thomas

Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Artis Logicae

John of St. Thomas (1589–1644)

First published 1930

Prima pars artis Logicae (formal logic) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars prima.


Praefatio I: Praefatio

Praeludium I: QUO PROPONITUR DIALECTICAE DISPUTATIONIS EXERCITIUM ET PRAXIS

Praeludium II: ARTIS LOGICAE DIVISIO, ORDO, NECESSITAS

Liber I: DE HIS, QUAE SPECTANT AD PRIMAM OPERATIONEM INTELLECTUS

Caput I: DEFINITIO TERMINI

Caput II: DEFINITIO ET DIVISIO SIGNI

Caput III: DE QUIBUSDAM DIVISIONIBUS TERMINORUM

Caput IV: DE ALIIS DIVISIONIBUS TERMINORUM

Caput V: DE NOMINE

Caput VI: DE VERBO

Liber II: DE HIS, QUAE PERTINENT AD SECUNDAM OPERATIONEM INTELLECTUS

Caput I: DE ORATIONE IN COMMUNI ET EIUS DIVISIONE

Caput II: DE MODO SCIENDI

Caput III: DE DEFINITIONE

Caput IV: DE DIVISIONE

Caput V: DE ARGUMENTATIONE

Caput VI: DE PROPOSITIONE SIVE ENUNTIATIONE

Caput VII: DE DIVISIONIBUS PROPOSITIONIS

Caput VIII: DE MATERIA PROPOSITIONUM

Caput IX: DE PROPRIETATIBUS PROPOSITIONIS ET QUO ORDINE TRACTANDÆ SUNT

Caput X: DE SUPPOSITIONE

Caput XI: DE DIVISIONIBUS SUPPOSITIONIS

Caput XII: REGULAE SUPPOSITIONIS

Caput XIII: DE RELATIVIS

Caput XIV: DE AMPLIATIONE, RESTRICTIONE, ALIENATIONE

Caput XV: DE APPELLATIONE

Caput XVI: DE OPPOSITIONE

Caput XVII: DE CONDITIONIBUS REQUISITIS AD SPECIES OPPOSITARUM PROPOSITIONUM ET REGULIS COGNOSCENDI IPSAS OPPOSITIONES SPECIALES

Caput XVIII: DE AEQUIPOLLENTIA PROPOSITIONUM

Caput XIX: DE CONVERSIONE PROPOSITIONUM

Caput XX: DE MODALIBUS

Caput XXI: DE QUANTITATE, QUALITATE, OPPOSITIONE ET AEQUIPOLLENTIA MODALIUM

Rotuli I: ROTULI COMPOSITARUM MODALIUM

Rotuli II: ROTULI DIVISARUM CONSTANTIUM DICTO DE TERMINO COMMUNI

Caput XXII: DE REDUCTIONE MODALIUM AD SUAS DE INESSE

Caput XXIII: DE HYPOTHETICIS PROPOSITIONIBUS

Caput XXIV: DE EXPONIBILIBUS

Liber III: DE TERTIA OPERATIONE INTELLECTUS

Caput I: DE CONSEQUENTIA ET DIVISIONE EIUS

Caput II: DE INDUCTIONE

Caput III: DE ORDINE ET MODO RESOLVENDI TERMINOS PER ASCENSUM ET DESCENSUM

Caput IV: DE SYLLOGISMO EIUSQUE MATERIA ET FORMA

Caput V: DE DIVISIONE SYLLOGISMI PENES MATERIAM ET FORMAM

Caput VI: EXPLICANTUR OMNES TRES FIGURAE ET MODI SYLLOGISMORUM

Caput VII: DE REDUCTIONE SYLLOGISMORUM IMPERFECTORUM AD PERFECTOS

Caput VIII: DE SYLLOGISMO EXPOSITORIO

Caput IX: DE MODO INVENIENDI MEDIUM

Caput X: DE PRINCIPIIS, QUIBUS INNITITUR TOTA ARS SYLLOGIZANDI

Caput XI: QUIBUS PRINCIPIIS UNIVERSALITER INNITITUR BONITAS CONSEQUENTIAE

Caput XII: DE PRINCIPIIS DEFECTUUM MALAE CONSEQUENTIAE

Caput XIII: DE DEFECTIBUS IN PARTICULARI

Circa I: CIRCA SYLLOGISMUM.

Defectus I: DEFECTUS COMMUNES.

Caput XIV: DE FALLACIIS

Liber IV: SEQUUNTUR QUAESTIONES DISPUTANDAE AD ILLUSTRANDUM DIFFICULTATES ALIQUAS HUIUS TEXTUS

Quaestio I: DE TERMINO

Articulus I: UTRUM RECTO ORDINE DOCTRINAE INCIPIAT DIALECTICA A TERMINO

Articulus II: UTRUM SIT BONA DEFINITIO TERMINI ENUNTIATIVI, ET IN QUO EIUS FORMALITAS CONSISTAT

Articulus III: UTRUM DEFINITIO TERMINI SYLLOGISTICI BONA SIT, ET QUAE EIUS FORMALITAS

Articulus IV: QUOD SIT DEFINITUM TERMINI, ET PRO QUO SUPPONAT

Articulus V: UTRUM VOCES SIGNIFICENT PER PRIUS CONCEPTUS AN RES

Articulus VI: UTRUM TERMINUS HABEAT ALIQUAM DIVISIONEM ESSENTIALEM

Quaestio II: DE NOMINE

Articulus I: QUOMODO INTELLIGENDA SIT ILLA PARTICULA: „CUIUS NULLA PARS SIGNIFICAT SEPARATA”

Articulus II: UTRUM NOMEN INFINITUM RECTE EXCLUDATUR A RATIONE NOMINIS

Articulus III: UTRUM CASUS OBLIQUI RECTE EXCLUDANTUR A RATIONE NOMINIS

Quaestio III: DE VERBO

Articulus I: QUID SIT SIGNIFICARE CUM TEMPORE ET ABSOLVI A TEMPORE

Articulus II: UTRUM VERBUM POSSIT INFINITARI INTRA PROPOSITIONEM

Quaestio IV: DE ORATIONE ET MODO SCIENDI

Articulus I: UTRUM SIT BONA DEFINITIO ORATIONIS ET QUID SIT EIUS DEFINITUM

Articulus II: UTRUM DEFINITIO DEFINITIONIS RECTE SIT TRADITA

Articulus III: UTRUM DEFINITIO DIVISIONIS ET EA, QUAE AD DIVISIONEM PERTINENT, RECTE TRADANTUR

Quaestio V: DE ENUNTIATIONE

La oración perfecta la dividió santo Tomás en cinco especies, que numera 1. Periherm. lect. 7., a saber oración deprecativa, vocativa, optativa, interrogativa, enunciativa, las cuales todas son oraciones perfectas, porque generan sentido perfecto en el ánimo del oyente, esto es, no suspenso. Nosotros, empero, en lo presente solo tratamos de la enunciativa, que es más perfecta que las demás y conduce a explicar la verdad, lo cual toca propiamente al negocio lógico.

Articulus I: IN QUO CONSISTAT RATIO ENUNTIATIONIS, UT ABSTRAHIT A CATEGORICA ET HYPOTHETICA

SUPONEMOS lo que dijimos en el libro 2. cap. 6.: que la enunciación y la proposición, por uso de los sabios y común de los lógicos, se toman por lo mismo, aunque puedan connotar diversos respectos. Así pues, hablando de la enunciación en común, algunos estiman que no se distingue del acto judicativo, y así dicen que la proposición es el juicio mismo del intelecto, porque esto propiamente es capaz de verdad y de falsedad. Que, empero, sea significativa de la verdad o de la falsedad, solo estiman que conviene a la proposición vocal o escrita.

Otros, empero, distinguiendo entre el juicio, que es el asenso, y la enunciación o proposición sobre la que cae y se lleva el juicio, estiman que la esencia de la proposición en cuanto tal consiste en enunciar en absoluto las conexiones o repugnancias de las cosas, de lo cual se sigue como propiedad que sea significativa de lo verdadero o de lo falso.

Otros estiman que la razón de proposición en cuanto tal no es enunciar de cualquier modo y en absoluto, sino enunciar uno de otro. Pero porque esto no se halla en la proposición hipotética, sino solo en la categórica, por eso dicen que la esencia de la proposición consiste precisamente en la enunciación común, esto es, significar el ser o el no ser.

DIGO PRIMERO: La enunciación no consiste en el juicio o asenso, sino que ha de distinguirse la proposición judicativa de la enunciativa, y de suyo el juicio puede ser posterior y seguirse a la enunciación.

Se deduce de D. Tomás 2. 2. q. 173. art. 2. y q. 12. de Veritate art. 7., donde dice que a veces se da lumen a alguien para juzgar, a veces, empero, para aceptar y ordenar o componer las especies preexistentes. Pero esta composición u ordenación de las especies preexistentes es la composición y ordenación de la enunciación, porque es composición de alguna verdad complexa significada, que no se halla sino en la enunciación. Ergo la enunciación se distingue del juicio.

Y LA RAZÓN ES MANIFIESTA, porque el juicio es el asenso del intelecto acerca de algo que es capaz de tal asenso y juicio. Solo, empero, es capaz de tal asenso alguna verdad complexa significada por la enunciación. Ergo el acto de juzgar se distingue de la formación de la enunciación.

La mayor consta, porque el juicio es aquello por lo que se determina el intelecto asintiendo que así es o no es. No puede, empero, pronunciar que así es o no es sino acerca de algo complexo que se conecta por el verbo, como consta por la experiencia, y esto es la enunciación. Primero, pues, se forma y se aprehende la enunciación, después, empero, se juzga. Por último consta que a veces aprehendemos alguna enunciación de cosas dudosas sin juicio alguno, como cuando decimos: «Los astros son pares», «el tesoro está en este lugar», de las cuales no sabemos juzgar ni determinar asertivamente.

Y nota que la enunciación, en razón del verbo de que consta, tiene tanto fuerza de copular los extremos como fuerza de expresar el juicio asertivo, y así no repugna que a veces el juicio y la enunciación se formen como en un único acto, como cuando digo: «El hombre es animal», expresando en «es» tanto la copulación como la aserción; a veces, empero, se separan, porque se toma «es» precisamente en fuerza de copular, no de asertar.

DIGO SEGUNDO: La razón de enunciación en común consiste en esto: que sea oración perfecta que expresa un objeto complexo acerca del cual puede llevarse el juicio, de lo cual se sigue que significa lo verdadero o lo falso.

Así, en esto, que es oración perfecta, se distingue de la oración imperfecta, que genera sentido suspenso. Por esto, empero, que digo «que expresa un objeto complexo» etc., se distingue de las demás oraciones perfectas, que no pueden expresar el objeto del juicio, como son las vocativas, las interrogativas, etc. Esta es la sentencia de santo Tomás 1. Periherm. lect. 7., donde dice que esta es la definición de la enunciación: «La enunciación es la oración en la que está lo verdadero o lo falso». Se dice, empero, que lo verdadero o lo falso está en la enunciación como en el signo, en la mente, empero, como en el sujeto, donde «en la mente» es lo mismo que en el juicio de la mente.

DIGO TERCERO: Significar lo verdadero o lo falso conviene a la enunciación como a signo, al juicio como a asenso; no empero la enunciación significa determinadamente lo verdadero o determinadamente lo falso en común, sino el objeto capaz de uno y otro.

DIGO ÚLTIMO: La verdad de la proposición formalmente, en la razón de adecuación o conformidad al ser o al no ser, consiste en lo indivisible y no admite más o menos; fundamentalmente, empero, en la razón de certeza y de firmeza, en la que esta conformidad y adecuación tiene inmutabilidad o mutabilidad, admite más y menos, y una verdad es mayor que otra y una proposición más verdadera que otra, esto es, más cierta y más firme en no mudar la verdad.

LA RAZÓN ES que entre el ser y el no ser no se da medio alguno ni latitud, pues se oponen contradictoriamente. Ergo la conformidad de la proposición al ser y la correspondencia a él, en cuanto se aparta del no ser mismo y no se conforma a aquel, o al contrario, no dice latitud alguna ni admite más ni menos. Mas la certeza y la firmeza, que fundan la verdad no cuanto a conformarse y corresponder, sino cuanto a la mutabilidad o inmutabilidad en el tener la verdad, admiten más y menos.

SE RESUELVEN LAS OBJECIONES.

Primero se objeta para probar que no se da proposición enunciativa distinta de la judicativa. Pues si se diera antes del juicio la enunciación, aquella sería verdadera o falsa en el significar, porque su esencia consiste en significar lo verdadero o lo falso.

SE RESPONDE que la verdad o la falsedad se hallan tanto en el juicio como en la enunciación: en aquel, asertada y juzgada; en esta, como significada y aprehendida. Y así en el juicio está como en el sujeto la verdad formal; en la enunciación, empero, como en el signo, como dice santo Tomás 1. Periherm. lect. 7. e in 1. dist. 19. q. 5. art. 1. ad 7.: «La verdad», dice, «propiamente se halla en la segunda operación y en su signo, que es la enunciación».

Segundo arguyes: Significar lo verdadero o lo falso conviene a otras cosas distintas de la enunciación; ergo no es su definición.

SE RESPONDE negando el antecedente. Significar lo verdadero o lo falso de otro modo se halla en el juicio, de otro en la enunciación. En el juicio, ciertamente, se expresa la verdad asertivamente; en la enunciación, empero, solo complexivamente.

Tercero se arguye: Significar lo verdadero o lo falso incluso por parte de la representación del objeto complexo no puede ser la esencia de la enunciación.

SE RESPONDE negando el antecedente. Hay amplia diferencia entre la semejanza natural del objeto simple y la del objeto complexo a modo de composición.

Último se arguye, porque la definición dada no conviene a todas las hipotéticas; ergo no está dada adecuadamente de la proposición en común.

El antecedente consta en esta condicional: «Si el hombre tiene alas, vuela», que no significa verdad, sino secuencia. Ergo no toda proposición significa la verdad o la falsedad.

Y se confirma, porque las proposiciones copulativas no dicen verdad distinta de la categórica, sino agregación de verdades.

SE RESPONDE que las proposiciones hipotéticas en cuanto tales pueden tener su verdad y falsedad distinta de la categórica, porque la verificación no se hace por predicación de uno de otro, sino por copulación o disyunción de varias categóricas. Si con todo la condicional se tiene en fuerza de consecuencia precisa, no importa verdad, sino ilación. A la confirmación se responderá en el art. 3.

Articulus II: UTRUM ENUNTIATIO CATEGORICA SIT ALIQUA SIMPLEX QUALITAS ET CONCEPTUS IN MENTE, VEL COMPOSITA FORMALITER

Esta dificultad pende de las que han de tratarse en 3. de Anima, donde se trata de las operaciones del intelecto. Pero porque también conduce a percibir plenamente por qué razón la proposición tiene ser de todo y el término tiene ser de parte, por eso suele tratarse en este lugar; pero por nosotros ha de discutirse brevemente y no a lo largo.

SUPONGO, pues, en esta dificultad que no hablamos del acto del juicio o asenso que cae sobre la enunciación misma; pues de este no dudamos que sea cualidad simple, esto es, un único acto del intelecto. Y la razón es que el acto del juicio formalmente no se compone, sino que juzga de los compuestos, más aún también de los discursados y probados por la tercera operación. De donde no consiste formalmente en la pluralidad de actos, sino que a lo sumo presupone varios actos de los que juzga. Y así en Dios y en los ángeles salvamos formalmente el acto del juicio, y con todo no es formalmente composición de actos. Hablamos, pues, de la enunciación que antecede al juicio como aprehendida, no como juzgada.

Y consiste EL SENTIDO Y PUNTO DE LA DIFICULTAD, cuando inquirimos si es cualidad compuesta o simple, en si es un acto múltiple que por unidad de orden y de continuación constituye y forma la enunciación, o si la formación de la enunciación se hace con un único acto, resultante con todo de la colación y composición de varios conceptos simples. No entra, empero, en controversia si es cualidad compuesta con composición física, como se compone el cuerpo de materia y forma; pues los conceptos de la mente no pueden así conjugarse entre sí, ya que todos son formas y actos, no empero uno materia y el otro forma.

Se dividen, pues, los AUTORES en la resolución de esta dificultad con razones casi iguales y problemáticas. Algunos, en efecto, estiman que no se requiere otra cosa para la formación de la enunciación sino que varios conceptos estén ordenados entre sí, como todos confiesan en la tercera operación, que es el discurso, que no se da alguna cualidad o concepto resultante de la ordenación de las proposiciones en la consecuencia y en las oraciones que constituyen el silogismo, sino que son varias enunciaciones ordenadas entre sí. Otros, empero, estiman que la enunciación se forma por algún concepto que ordena los conceptos simples o que resulta de aquellos ordenados. Y algunos estiman que solo se da un único acto, que no solo dirige y ordena los conceptos simples, sino que también representa toda la proposición. Otros, empero, ponen cuatro actos: tres que representen el sujeto, el predicado y la cópula según sí, y un cuarto que dirija y ordene entre sí aquellos conceptos; y en esto solo consiste formalmente la proposición, en los otros, empero, presupositivamente.

PARA LA RESOLUCIÓN de esta dificultad supongo que en la sentencia de santo Tomás es certísimo que la segunda operación del intelecto, en la que se forma la enunciación, produce un concepto o verbo distinto de los conceptos simples que se producen por la primera operación, y que aquel concepto producido por la segunda operación no solo tiene distinta ordenación, sino también distinta representación. Esto consta por lugares manifestísimos de D. Tomás. Pues en Quodlib. 5. art. 9. así dice: «Doble es la operación del intelecto según el Filósofo en 3. de Anima: una, ciertamente, que se llama inteligencia de los indivisibles. Otra, empero, es la operación del intelecto que compone y divide, según la cual forma el verbo. Y uno y otro de estos constituidos por el intelecto se llama verbo del corazón, de los cuales el primero se significa por el término incomplexo, el segundo por la oración». Y el opúsc. 13. dice: «El intelecto forma dos cosas según dos operaciones. Pues según su operación por la que se dice inteligencia de los indivisibles forma la definición; según, empero, la operación por la que compone y divide forma la enunciación o algo tal».

SUPUESTO ESTO SE RESPONDE que parece más probable en la sentencia de D. Tomás que el concepto de la segunda operación, por el que se forma la enunciación, es un único acto y concepto, no solo por unidad de orden, sino por unidad de cualidad, formado con todo de varios simples presupuestos. Lo opuesto, empero, también es probable y recibido entre los discípulos de D. Tomás, a saber, que sean varios conceptos en el ser de cualidad, compuestos solo por unidad de orden.

Pero lo PRIMERO lo siguen Cayetano 1. 2. q. 113. art. 7. § En la resp. ad 2. y el Ferrariense 1. Contra Gent. cap. 55. § Para evidencia de estas y el Mag. Soto en las Súmulas cap. de la Proposición y otros tomistas. Y mucho favorece santo Tomás en el lugar citado Contra Gent. cuando dice «que cuando algunas muchas se aceptan unidas de cualquier modo, se inteligen a la vez. Pues a la vez intelige (el intelecto) todo el continuo, no parte después de parte, y del mismo modo intelige el predicado y después el sujeto, porque según una sola especie del todo comprende todas las partes». Así D. Tomás. Y lo mismo precisamente enseña in 6. Metaph. lect. últ. y 1. p. q. 85. art. 4. y q. 58. art. 2., donde ha de ponderarse aquella causal: «porque según una sola especie del todo comprende todas las partes». Si, pues, por una sola especie que comprende el predicado y el sujeto conoce uno y otro, o aquella es expresa y así es un solo concepto, o es impresa y así, aunque por una sola especie impresa no repugne formar varios conceptos, con todo también puede formarse uno, si usamos adecuadamente de tal especie; más aún, cuando se toma a modo de todo, una especie postula un solo concepto.

DIRÁS 1. que santo Tomás habla de la proposición judicativa o del asenso mismo, no de la enunciación; 2. que habla de un solo concepto o especie por unidad de orden, no por unidad de entidad, si quiera 1. 2. q. 113. art. 7. ad 2. dice que «a la vez inteligimos el predicado y el sujeto, en cuanto se unen en el orden de una sola afirmación, y del mismo modo puede el libre albedrío moverse a la vez a dos, según que uno se ordena a otro». Consta, empero, que la voluntad se mueve con doble acto, y solo por unidad de orden, no que sea simpliciter un solo acto; ergo del mismo modo el intelecto cuando intelige el predicado y el sujeto.

Pero contra la primera solución está que el juicio o asenso no se compone de predicado y de sujeto, sino que cae sobre la enunciación compuesta diciendo «así es», como ya probamos arriba. Pero D. Tomás habla de aquel todo que se compone de predicado y de sujeto, y esto dice que se hace uno, como consta in 6. Metaph. cit., cuando dice que «cuando de los conceptos simples forma la composición o la división, intelige ambos como uno, en cuanto a saber de ellos se hace algo uno». Ergo D. Tomás habla de la enunciación misma en cuanto se forma y se compone de conceptos simples, esto es, de predicado y de sujeto, no por el juicio, que no forma la proposición, sino que cae sobre ella ya formada y juzga.

Contra la segunda solución óptimamente advierte Cayetano sobre aquel lugar 1. 2. que el libre albedrío no se mueve con un único acto a Dios y al pecado, aunque a la vez, porque uno es razón del otro. El ejemplo, empero, del intelecto dice más de lo que es preciso, porque dice también unidad de acto. Así Cayetano. De donde D. Tomás adujo el ejemplo del intelecto, en el que con un único acto o concepto se representan las cosas, para mostrar que no repugna que la voluntad en un instante, aunque con dos actos ordenados, pueda moverse. Pues de los lugares aducidos consta que santo Tomás puso la unidad de la especie o del concepto, y no solo la simultaneidad o la ordenación.

El FUNDAMENTO se toma de lo dicho, porque el intelecto puede con un único concepto o especie que tiene unidad representativa comprender varios bajo la razón de uno. Ergo como la segunda operación forma un nuevo concepto que mira a varios bajo la unidad de un compuesto y que tiene razón de todo, tiene razón suficiente para representar con un único concepto o especie. Y ciertamente, cuando uno se conoce con connotación y habitud a otro, uno y otro bajo aquella habitud pueden inteligirse con un único concepto entitativamente uno, aunque objetivamente incluya varios como unidos, como consta cuando se representa el accidente en concreto, como lo blanco connotando el cuerpo, o el todo connotando las partes, y en la opinión opuesta, cuando representa un término, p. ej. el sujeto, no en absoluto, sino como conveniente al predicado, y la cópula como conjugante a uno y otro. Pues si no representa así, nunca los unirá el intelecto, incluso por unidad de orden. Si, pues, con un único concepto entitativo pueden presentarse varios por unidad, uno directamente, otro en el connotado y como término de la habitud, ¿por qué no podrá un concepto uno formado de modo compositivo de varios presupuestos representar el todo mismo compuesto como unido y hecho uno? ¿Y por qué no atribuiremos al concepto de la segunda operación, que es más perfecto, aquello que al concepto de la primera operación que representa varios como uno, más aún a la visión externa que ve varios con una única visión? Por último, una única ciencia, que es un solo hábito entitativo, según la sentencia de D. Tomás 1. 2. q. 54. art. 4. ad 3. basta para alcanzar discursivamente todas las conclusiones de tal ciencia, como mostraremos en 2. p. Log. q. 27. art. 2. Ergo el mismo concepto entitativo bastará para alcanzar todos los términos que se cierran bajo una sola composición a modo de uno.

SE RESUELVEN LAS OBJECIONES de la sentencia contraria.

Nada menos la sentencia opuesta también es probable. Y el primer fundamento de ella se toma de esto: que nuestro intelecto es formalmente compositivo, y no solo objetivamente, esto es, no solo aprehende el objeto complexo —esto, en efecto, también lo hace el ángel—, sino que también con varios actos y conceptos aprehende aquello que el ángel con un único acto. Ergo no ha de decirse que forme la proposición con un único concepto; así, en efecto, no compondría formalmente ni compararía formalmente uno a otro, sino solo virtualmente. Mas el Divino Tomás explica esta composición del intelecto a modo de comparación, no a modo de unidad física, como consta in 6. Metaph. lect. últ. al final, donde dice que «aquella composición o división por la que el intelecto conjuga o divide sus concebidos está solo en el intelecto, no en las cosas; consiste, en efecto, en cierta comparación de dos conceptos, ya aquellos dos sean lo mismo según la cosa, ya diversos». Donde no pudo expresar más claramente que la composición y la división consisten no en una sola cualidad simple, sino en muchos conceptos ordenados y unidos.

Y lo mismo se toma de 1. p. q. 58. art. 4. ad 1., donde dice que en los ángeles no hay composición y división, aunque haya multitud de conceptos, «porque no cualquier multitud causa composición, sino aquella de cuyos uno no se atribuye a otro, lo cual en el ángel no se halla». Ergo la composición no puede perfeccionarse por la simple formación y producción de un solo concepto, sino por la atribución y composición de uno a otro, como también dice in 1. Periherm. lect. 3. que la verdad y la falsedad «no se hallan en la composición sino según que compara un concepto a otro». Y 1. p. q. 13. art. 12. dice que nuestro intelecto representa a Dios con diversos conceptos, cuya diversidad representa por la pluralidad del sujeto y del predicado. Ergo el sujeto y el predicado no se representan con un único concepto por el que se forma la proposición.

Por último, la oración es aquella que se subordina a varios conceptos; así, en efecto, se distingue del término. Ergo no se sujeta a un solo concepto.

El segundo fundamento es procediendo de lo semejante, porque el silogismo, aunque se componga de varias proposiciones a modo de uno, no se forma con todo por una única cualidad, sino por varias ordenadas entre sí, y del mismo modo la proposición hipotética, que no es una sino por unidad de orden. ¿Por qué, pues, la proposición categórica no se formará suficientemente por la coordinación y comparación de los conceptos de los que consta? Por último, la proposición vocal está compuesta de varias voces; ergo también la mental. Se prueba la consecuencia, porque D. Tomás 1. p. q. 85. art. 5. en el argumento «sed contra» prueba que en la mente hay composición por esto, que en las voces hay composición.

Por último se acumulan inconvenientes, porque se sigue que no esté formalmente en el intelecto la razón de verbo o de cópula y la razón de sujeto y de predicado, porque el mismo concepto entitativo no puede ser aquello de lo que algo se dice, y aquello que se dice, y la cópula por la que se dice. Se sigue que el mismo concepto puede ser noticia intuitiva y abstractiva, clara y oscura, como cuando digo «la piedra no es ángel o no es Dios»: la piedra la veo claramente, al ángel y a Dios no los veo, sino que los alcanzo oscuramente. Por último, en las proposiciones negativas, como cuando digo «el hombre no es leño», no puede una única especie representarme al hombre y al leño, pues uno se niega y se separa del otro; ergo deben concurrir varias especies, ergo también varios conceptos.

Estas son las que hacen probable esta parte, pero no convencen del todo; de donde, sosteniendo la primera sentencia, se responde a ellas.

Al primer fundamento podemos decir con una sola palabra que la proposición se dice formalmente compuesta no por formalidad de varias entidades y por composición de ordenación de conceptos, sino por formación de uno a partir de varios presupuestos, de cuya colación y comparación se forma y resulta una tercera especie o concepto, como de las especies del monte y del oro se forma la especie del monte áureo, la cual con todo no es una por unidad de orden, sino por unidad entitativa. Y este modo de formar una especie a partir de varias colacionadas y comparadas entre sí es muy diverso del concepto simple y de la especie del ángel. El ángel, en efecto, no solo tiene concepto simple entitativo, sino que tampoco está formado aquel concepto de varios colacionados y comparados entre sí, sino a partir de la eficacia natural misma y de la luz indivisible, representando uno representa todas las que le convienen. Así, no negamos a todos los lugares de D. Tomás que se requiera comparación y colación de conceptos para la formación de las proposiciones, sino que decimos que de tal formación y colación se produce un solo verbo o concepto, que es el término que procede por la segunda operación del modo en que el mismo D. Tomás 1. p. q. 12. art. 9. ad 2. dice que de las especies del monte y del oro se forma la especie del monte áureo. Y q. 13. art. 12. dice expresamente que nuestro intelecto representa la pluralidad de los nombres divinos por la pluralidad del predicado y del sujeto, la unidad o identidad, empero, la representa por la composición. Manifiestamente, pues, además de la pluralidad de los conceptos de sujeto y de predicado pone la unidad o identidad en la que consiste la composición misma. Y porque esta identidad y unidad de la composición se forma de la colación de varios, como elaborada por arte y formada por el intelecto que presupone varios, no a partir de la primera y natural eficacia que representa todas aquellas, por eso dista mucho del concepto del ángel, que es más simple y más eficaz en el representar la proposición, porque no se forma y resulta de varios presupuestos y antes concebidos.

Al segundo fundamento se responde que es diversa la razón entre la proposición hipotética o el silogismo por una parte y la categórica por otra. Pues la categórica es aquello que de por sí primero forma la segunda operación de nuestro intelecto. De donde, como aquella operación produce un verbo y un concepto distinto de la primera operación, es preciso que forme tal composición por producción de una sola cualidad, y no solo una por unidad de orden los conceptos de la primera operación. Después, empero, para conjugar varias proposiciones categóricas ya formadas o para moverse de una a otra por el discurso, basta coordinar entre sí las proposiciones y no se requiere producir otra cualidad nueva a modo de una sola representación, sino de ordenación o de tránsito de uno a otro, lo cual exige pluralidad. Y ulteriormente podemos investigar la razón de esto a partir de la doctrina de santo Tomás 1. p. q. 85. art. 5., donde enseña que la composición del intelecto es signo de la identidad de las que se componen. Pues el intelecto no atribuye uno a otro sino representando la identidad por la que se unen el predicado y el sujeto en uno, que se significa a modo del que tiene, «y según esta razón de identidad», dice D. Tomás ad 3., «nuestro intelecto compone uno a otro prediciendo». La cual identidad, tanto en las predicaciones accidentales como en las sustanciales, enseña santo Tomás que interviene 1. p. q. 13. art. 12., y que esta unidad o identidad se representa por la composición. De lo cual elicitamos que en aquella composición que se hace por identidad de los extremos o por remoción de la identidad hay fundamento suficiente para que con una única representación se representen todas aquellas partes identificadas, como por la especie del todo se representan las partes; y así acontece en la proposición categórica. En la hipotética, empero, y mucho menos en el silogismo, no intercede predicación de uno de otro ni identidad de los extremos, sino que se ordenan entre sí varias proposiciones; de donde no hay fundamento para atribuir sino unidad de orden entre las proposiciones mismas.

A aquello que se añade de la composición de las voces se responde que las voces no representan sino por imposición. No está, empero, impuesta una sola voz a representar la proposición íntegra; de donde es preciso que por continuación y ordenación de las voces signifiquemos la composición misma de la mente. En la mente, empero, el intelecto intelige a la vez el predicado y el sujeto, como a partir de D. Tomás dijimos arriba, no empero por continuación y sucesión. De donde, cuando D. Tomás a partir de la composición de las voces prueba la composición en la mente, habla de la composición por parte de la cosa significada, no empero por parte de la representación, porque aunque tanto en la voz como en la mente uno se atribuya a otro, con todo en la mente se forma la especie del todo en el que aquellas partes se atribuyen, no empero así se forma en la voz.

A lo último se responde que el primer inconveniente de ningún modo se sigue. Se da, en efecto, predicado y sujeto y cópula formalmente tanto antecedente a la formación de la proposición misma, como cuando de la coordinación y colación de aquellos conceptos de nombre y de verbo se forma la proposición, en el concepto mismo o especie formada, en la que se representa el predicado y el sujeto y la cópula a modo de identidad y de unidad del todo, como en la especie del monte áureo se representa el monte y el oro, y en la especie de toda la casa las ventanas y las columnas, etc.

Al segundo inconveniente se dice que no repugna que la misma cualidad formada de varios represente intuitiva y abstractivamente respecto de diversos, a saber, del predicado y del sujeto, no respecto del mismo. Y segundo: Lo intuitivo y lo abstractivo solo se hallan en las noticias simples, no en la composición misma o en el discurso, y así presupositivamente se suponen diversas noticias, intuitiva y abstractiva, clara y oscura. En la composición misma, empero, solo se atiende a la identidad o diferencia de estas, bajo cuya razón en un solo concepto se adunan la identidad o las diferencias, aunque nunca respecto del mismo la noticia aprehensiva y simple sea clara y oscura. Que, empero, diversas especies impresas puedan concurrir a una sola proposición presupositivamente no arguye que no pueda formarse una tercera especie o concepto que las represente a modo de un solo todo, como de las especies del oro y del monte, que son diversas, se forma una sola especie y el concepto del monte áureo; pues el intelecto, como puede dividir las que están unidas, así también suele unir las diversas en su concepto.

Articulus III: UTRUM DIVISIO IN HYPOTHETICAM ET CATEGORICAM SIT ESSENTIALIS ET UNIVOCA

Que esta división sea ANÁLOGA lo piensan diversos autores movidos por varios fundamentos. Algunos parecen tomarlo de D. Tomás, que expresamente parece enseñarlo en el opúsc. 48. trat. de la Enunciación cap. 6. y 1. Periherm. lect. 8., por cuanto la proposición hipotética no es simpliciter una, sino una por conjunción, como dice el Filósofo allí mismo, cap. de la Enunciación. Es, empero, la misma la razón de ente y de un ente; ergo lo que no es simpliciter una proposición no es simpliciter proposición.

Otros por otro fundamento, porque estiman que al menos las proposiciones copulativas y disyuntivas no son en rigor proposiciones hipotéticas, porque no significan conexión enunciativa, sino que solo contienen proposiciones conjuntas, y ciertamente accidentalmente, esto es, por sola simultaneidad de la proferición.

DIGO PRIMERO: La división de la proposición en categórica e hipotética es sustancialmente de género en especies; tiene, con todo, cierto modo de división análoga.

Es la más común entre los tomistas, y se toma de D. Tomás opúsc. 48. trat. de la Enunciación cap. 6., donde primero dice que esta división es como lo análogo en sus analogados (donde «ut» designa el modo), después, empero, añade que esta división divide la proposición cuanto a la sustancia, porque la divide por parte de la copulación o conjunción; la división, empero, en afirmativa y negativa divide cuanto a la cualidad; la división, por último, en universal y particular divide cuanto a la cantidad. Siente, pues, D. Tomás que la hipotética pertenece a la sustancia de la proposición, y así en ella se salva unívocamente la proposición, porque se salva su sustancia. De donde por último añade que cuando interrogamos qué sea la proposición, interrogamos de la sustancia de la proposición, y así respondemos que es «categórica e hipotética». Ergo quien dice proposición hipotética dice la sustancia de la proposición. Y nada menos, porque por parte de la cosa significada la categórica y la hipotética se tienen como uno y muchos, y una por prius y otra por posterius, se dice que tiene modo de analogía, como después explicaremos.

El FUNDAMENTO DE LA CONCLUSIÓN consiste en esto: que la proposición hipotética tiene todo lo que se requiere para la razón esencial de enunciación, en cuanto es hipotética. Pues como tal es oración perfecta, y no bajo la especie de optativa o de interrogativa o de las otras; ergo de enunciativa.

El antecedente consta: Pues que sea oración es manifiesto, ya que tiene partes significativas y no es sola dicción, sino que es modo de saber. Que sea perfecta consta porque no deja suspenso el sentido en el oyente, sino perfecto, como cuando digo: «Pedro corre y Juan está sentado»; «Si Pedro corre, Pedro se mueve».

El consecuente, empero, consta: Tanto discurriendo por las especies de la oración perfecta que arriba, al inicio de esta cuest., pusimos a partir de D. Tomás. Pues por la proposición hipotética no se hace oración optativa ni vocativa ni imperativa ni interrogativa, como consta en esta proposición: «Si el hombre corre, se mueve», «Juan lee y Pablo disputa»; ergo debe ser enunciativa. Tanto también porque la hipotética, en cuanto tal, significa verdad o falsedad distinta de la categórica, porque no solo se lleva el juicio de cualquier categórica, sino también de la conjunción hipotética misma, no cuanto a la disposición de la ilación como en la consecuencia, sino cuanto a que así sea o no sea, como consta en esta proposición: «Si el hombre fuera caballo, sería hinnible». Pues de las categóricas singulares se forma juicio falso; de toda la hipotética, empero, verdadero. Y lo mismo es en la copulativa y en las demás hipotéticas. Ergo es signo de que la hipotética en cuanto tal pertenece a la razón de enunciación, si quiera significa lo verdadero o lo falso disyunto de la categórica, que es la esencia de la enunciación. Por lo cual, como el término complexo y el incomplexo convienen unívocamente, aunque uno signifique la cosa compuesta, el otro la simple, así la hipotética y la categórica convienen unívocamente en el significar la verdad, aunque una sea simple, la otra compuesta.

DIGO SEGUNDO: Las copulativas y las disyuntivas verdaderamente y en todo rigor son proposiciones hipotéticas.

Esto consta expresamente de D. Tomás opúsc. 48. trat. de la Enunciación cap. 14. «Se divide», dice, la proposición «hipotética en tres especies, porque cierta es condicional, cierta disyuntiva, cierta copulativa». Y lo mismo tiene en el mismo opúsc. trat. del Silogismo simpliciter cap. 16.

Y LA RAZÓN DE ESTO ES que a aquellas conviene la definición de la hipotética, que según D. Tomás se define «que sea aquella que tiene dos categóricas como partes principales suyas»; esto, empero, aparece manifestísimamente en la proposición copulativa y en la disyuntiva. Asimismo: Porque la verdad de la copulativa y de la disyuntiva y el juicio que de ellas se da es diverso de la verdad y del juicio que se da de la categórica; más, en efecto, se requiere para verificar una que otra. Pues para verificar la disyuntiva basta que se verifique una de las partes; para la copulativa es necesario que se verifiquen una y otra parte. Es, empero, diverso el juicio y diversa la verdad de cada proposición categórica aparte que de la simultaneidad de una y otra, y de esto, que no solo uno, sino también el otro así sea. Mucho mejor aparece esto en la disyuntiva. Pues existiendo falsa una de las partes, toda la disyuntiva es verdadera. Ergo otra cosa es el juicio y otra la verdad del todo y otra la de la parte.

SE RESUELVEN LAS OBJECIONES.

Primero se arguye: Pues D. Tomás afirma expresamente que la división de la proposición en categórica e hipotética es de lo análogo en los analogados, como consta en el opúsc. 48. trat. de la Enunciación cap. 6., por cuanto la enunciación categórica es simpliciter una, la hipotética, empero, una por conjunción.

Lo mismo tiene in 1. Periherm. lect. 8., donde dice que «la enunciación es una en absoluto la que significa uno de uno, o según qué, a saber la que es una por conjunción». Ergo contra D. Tomás decimos que esta división es unívoca.

Y se confirma, porque la hipotética se dice una según qué o una por conjunción, en cuanto significa varios, unidos con todo por cierta conjunción. Ergo al menos en la razón de signo la proposición hipotética es una según qué. Ergo también en la razón de proposición; pues la proposición esencialmente es signo. Si, pues, en la razón de signo no es una simpliciter, sino según qué, también en la razón de proposición, que esencialmente es signo, no será una simpliciter, sino según qué.

SE RESPONDE que santo Tomás en aquel opúsculo no dijo en absoluto que esta división sea de lo análogo en los analogados, sino que se divide «como lo análogo en los analogados», lo cual es tener el modo de la división de analogía, aunque no la sustancia. Como también enseña santo Tomás in q. 9. de Potentia art. 2. ad 6. que la división de la sustancia en primera y segunda no es de género en especies, sino más bien de lo análogo en los analogados. Y con todo, como veremos en la Lógica, comúnmente se tiene que esta división es unívoca, y se expone a D. Tomás de la división análoga cuanto al modo.

Esta univocación cuanto a la sustancia y analogía cuanto al modo consiste en esto: que en la proposición se consideran dos cosas: una cuanto a la sustancia, esto es, la significación de lo verdadero o de lo falso o del objeto complexo como enunciable y judicable, y en esto convienen unívocamente la categórica y la hipotética, como dijimos. Otra por parte de la identidad y de la unidad de la oración, en cuanto es significativa en absoluto, y esto se tiene por parte de la materia, a saber, de la oración significativa, como en el término que sea complexo o incomplexo. Y cuanto a esto se da modo de analogía, en cuanto la hipotética se constituye de la categórica, y por prius se halla la verdad en la categórica que en la hipotética. Pero no todo prius y posterius infiere analogía verdadera, como consta en los números, de los cuales uno es anterior a otro y compone al otro, y con todo no se analogan en la razón de número, sino que el prius y el posterius en el participar la razón superior hace analogía. Y esta explicación se toma del mismo D. Tomás 1. Periherm. lect. 8., donde dice: «Manifiesto es que la enunciación que es una por conjunción es también varias, varias, empero, en cuanto significa varios, y no uno». Y más abajo: «Cierta enunciación es simpliciter una, en cuanto significa uno; cierta simpliciter varias, en cuanto significa varios, pero es una según qué, en cuanto es una por conjunción». Ergo solo por parte de la cosa significada y de la unidad o identidad la significación se dice ser simpliciter una o según qué; en la razón, empero, de la verdad asertada y enunciada D. Tomás no niega que sea simpliciter una la verdad hipotética.

A la confirmación se responde primero que, aunque la razón de signo, que es superior, sea análoga, no se sigue que la razón inferior no sea unívoca, como consta en el ente, en el que análogamente convienen el hombre y la planta, no empero en la razón de viviente o de sustancia. Segundo se dice que la razón de signo no es género del artefacto lógico en absoluto, sino en la razón de signo artificioso. Y así en la enunciación simple y complexa puede multiplicarse la razón de signo como materialmente y tomada en absoluto; en la razón, empero, de complexo enunciable artificioso tener unidad simpliciter, en cuanto significa una sola verdad, aunque sea hipotética, como el término complexo y el incomplexo se univocan en la razón de término, como la casa que tiene una sola aula o la que tiene veinte unívocamente son casa.

Segundo se arguye: La proposición hipotética no es un único concepto de la mente o cualidad simple, sino varios conceptos ordenados; la categórica, empero, es un solo concepto simple, como tiene la opinión probable; ergo no convienen unívocamente.

SE RESPONDE que el argumento prueba que en el ser de cualidad o en el ser entitativo y físico la hipotética y la categórica se tienen como uno y muchos, que según qué y por unidad de orden son uno. Por lo demás, artificial y lógicamente en la razón de enunciar la verdad convienen unívocamente. Y así en la razón de artefacto enunciable simpliciter es uno y de por sí la proposición hipotética. Como el vaso de oro hecho de una única y continua cantidad de oro o compactado de varias partes divididas convienen unívocamente en la razón de artefacto, aunque no en la razón de cantidad física y de una sola sustancia. Y la razón de término, que se halla en la primera operación, y la oración o el silogismo, que se hallan en la tercera, convienen unívocamente en la razón de artefacto lógico, aunque no en la unidad física.

A la confirmación se responde que, aunque la hipotética se componga de aquello que es formal en la categórica, con todo esto mismo formal materialmente, y no formalmente, es componente. Pues se dice que formalmente compone cuando su formalidad y esencia consiste en la razón de parte componente, como la materia y la forma en los físicos, y así no se condivide contra el todo, sino que se incluye en aquel. Cuando, empero, algo en sí es cierto todo, aunque según lo formal que tiene pueda componer otro que esencialmente postula aquello para su composición, no se dice que formalmente sea componente, aunque con su formal componga, porque formalmente no es parte. Y así puede ser especie compartida respecto de aquello que compone, como el binario y el ternario son especies del número, y con todo el ternario se constituye esencialmente del binario.

Último se arguye contra la segunda conclusión, porque la copulativa y la disyuntiva no son una sola proposición, sino múltiple, conjuntas solo por simultaneidad de la proferición, porque no tienen otra verdad que la de sus categóricas tomadas a la vez o disyuntas. Tal conjunción o disyunción, empero, no hace proposición distinta, sino agregación de varias; ergo no son especies de la enunciación.

Se prueba el antecedente, porque además de la agregación de las verdades categóricas no hay otra verdad de la copulativa sino significar que una y otra categórica es verdadera, o si es disyuntiva, que una de ellas es verdadera. Esta proposición, empero: «Una y otra de aquellas proposiciones es verdadera» es cierta tercera verdad categórica. Ergo nunca se dará verdad hipotética que en cuanto tal sea especie distinta de la categórica, sino que si tiene verdad distinta, aquella es como refleja, que se explica por aquella categórica: «Una y otra es verdadera» o: «Una de ellas es verdadera».

SE RESPONDE: Se niega la mayor. Y a la prueba se dice que de aquella agregación de verdades categóricas hecha disyuntiva o copulativamente resulta otra verdad, que porque pende de las verdades categóricas se dice verdad hipotética, porque tiene las categóricas como partes principales suyas. Y aunque la significación refleja y en acto signado, por la que se dice que una y otra es verdadera, se explique por una categórica, no quita que el objeto significado por aquella refleja, que es la hipotética misma, en sí sea cierta verdad no categórica, sino hipotética. Pues aquella refleja categórica no es verdadera sino porque es verdadero aquello que se significa por ella. Se significa, empero, que no solo una, sino también la otra proposición es verdadera, lo cual es verdad hipotética, y no simple. Que si bastara para quitar la verdad hipotética aquella explicación refleja por una categórica, también la condicional misma no sería hipotética, y el silogismo no sería oración que consta de proposiciones, porque reflejamente definimos la condicional por una categórica diciendo que es la conjunción de varias proposiciones por la partícula „si”, y que el silogismo es oración que infiere de las premisas la conclusión. No se sigue, empero, de esto que el silogismo no sea oración compuesta, y que la condicional no sea verdaderamente hipotética.

Articulus IV: UTRUM DIVISIONES IN AFFIRMATIVAM ET NEGATIVAM, IN UNIVERSALEM ET PARTICULAREM, SINT BONAE ET ESSENTIALES

Algunos estiman que la división en afirmativa y negativa es accidental, porque es división según la cualidad de la proposición; la cualidad, empero, presupone la esencia y la sustancia de la cosa. Consiste, empero, la cualidad de la proposición en afirmar y negar, como la cantidad en la universalidad y la particularidad. Otros estiman que es analógica, porque se entrega por prius y posterius; la afirmación, en efecto, es anterior a la negación. De la división, empero, en universal y particular casi todos convienen en que es accidental.

NADA MENOS la sentencia expresa de santo Tomás es que la división de la proposición en afirmativa y negativa es unívoca y de género en especies. Así tiene in 1. Periherm. lect. 8. y más evidentemente opúsc. 48. trat. de la Enunciación cap. 6. En la sentencia de santo Tomás consta con claridad que esta división es esencial y unívoca. Trat. de la Enunciación cap. 6. después de decir que es división de género en especies, añade más abajo que «esta división pertenece a la cualidad de la enunciación, cualidad a saber esencial, según que la diferencia significa un cual qué».

El FUNDAMENTO de esta sentencia. Cuanto a esto, que sea unívoca, lo prueba D. Tomás contra Alejandro, porque tanto la afirmativa como la negativa participan igualmente la razón esencial de enunciación, a saber «significar lo verdadero o lo falso». Tan propia y esencialmente, en efecto, significa lo verdadero o lo falso la proposición afirmativa como la negativa.

Que, empero, la división sea esencial, no accidental, se prueba de que es división según la forma esencial de la proposición, que es la copulación de los extremos significativa de la verdad, en cuanto se funda en la conveniencia o disconveniencia de aquellos entre sí. Pues antes de la conveniencia o disconveniencia de los extremos ninguna sustancia de enunciación puede concebirse. Entonces, empero, primero y esencialmente se concibe y se constituye la razón misma de enunciación, cuando se inteligen los extremos unidos en orden a la verdad. Ergo la diferencia esencial en la razón de esta unión hace diferencia esencial en la razón de enunciación. Por esta razón, en efecto, la hipotética diferencia esencialmente de la categórica, porque diferencia en la razón y el modo de copular y de componer. Pero la copulación negativa diferencia esencialmente de la afirmativa, pues la negación se opone esencialmente a la afirmación, si quiera la destruye totalmente.

DIGO SEGUNDO: La división de la proposición según la cantidad, a saber en universal, particular, etc., no es esencial, sino accidental.

SUPONEMOS que la cantidad de la proposición no se halla en toda proposición, sino solo en la proposición que consta de término común. Pues si consta de sujeto singular, la proposición no es cuanta, porque la cantidad en las proposiciones se atiende según la extensión del sujeto a más o a menos. La proposición singular, empero, carece de extensión, porque solo conviene a uno; de donde es como indivisible en el género de la cantidad de la proposición.

De lo cual SE DEDUCE MANIFIESTAMENTE que esta división según la cantidad es accidental. Tanto porque no se toma según aquello que es esencial en la proposición, a saber según la significación de la verdad o la copulación de los extremos, sino según la extensión del sujeto a aquellos a los que puede convenir el predicado. Tanto porque, si puede hallarse toda la esencia de la proposición en el individuo sin aquella cantidad, como en la proposición singular, ergo la división según la cantidad no es esencial.

Y SI DICES: Pues pueden algunas proposiciones diferenciar específicamente solo en razón de la cantidad, como si dices: «Todo hombre es blanco», «algún hombre es blanco», la primera es falsa y la segunda verdadera, y solo en razón de la cantidad. Ergo la diversa cantidad hace discrimen esencial y específico.

Se responde negando el antecedente, porque la verdad y la falsedad no son diferencias esenciales, como dijimos arriba. De donde de esto precisamente, que una sea verdadera y la otra falsa por variación de la cantidad, no se sigue que sean esencialmente diversas. Y sobre todo esto es verdadero cuanto a la diferencia esencial de la proposición por parte de la forma y de la composición artificiosa; así, en efecto, no hay diferencia esencial entre aquellas dos proposiciones. Por parte, empero, de la materia, a saber porque la cosa significada es diversa, no hay alguna repugnancia en que algunas proposiciones puedan diferenciar específicamente, porque significan cosas distintas específicamente; pero esto no es en razón de la cantidad, sino que, aunque sean de la misma cantidad, de este modo diferencian específicamente, como si dices: «Todo hombre es animal», «todo caballo es hinnible».

SE RESUELVEN LAS OBJECIONES.

Primero se arguye para probar que no se divide rectamente la proposición en afirmativa y negativa. Pues la afirmación y la negación se explican por el ser y el no ser; se afirma, en efecto, diciendo que algo es, y se niega diciendo que no es. Pero al ser y al no ser no puede darse algo común o algún tercero medio entre aquellos, pues se oponen inmediatamente. Ergo esta división ni es buena ni unívoca, pues al ser y al no ser nada es unívoco.

Y se confirma, porque la afirmación y la negación se entregan por prius y posterius. La afirmación, en efecto, es anterior a la negación; pues la negación se funda en la afirmación, como consta de Aristóteles 1. Periherm. cap. de la Enunciación y de D. Tomás allí lect. 8. Ergo no es división de género en especies, sino de lo análogo en los analogados. El consecuente consta, porque las especies de un solo género son a la vez por naturaleza, como se dice en los Pospredicamentos; ergo no puede entregarse la división del género según especies que se tengan como prius y posterius.

SE RESPONDE que en aquel argumento algunos se atormentan mal, pero sin fundamento. Concedo, en efecto, que entre el ser y el no ser no se da medio ni puede abstraerse algo común. Pero entre «significar el ser o el no ser» puede darse algo común que abstrae de uno y otro, a saber significar los extremos complexos y unirlos, los cuales después se significan determinadamente unidos según la afirmación o la negación, de las cuales una significa el ser, la otra significa el no ser. Así, el ser mismo y el no ser se oponen contradictoriamente; la significación misma que afirma y la significación que niega no se oponen contradictoriamente, sino contrariamente, porque una y otra significación es positiva, y se tienen como dos especies de significación artificiosa y complexa, y esta significación complexa enunciativamente es la razón común a aquellas.

A la confirmación se responde a partir de la doctrina de santo Tomás 1. Periherm. lect. 8. y opúsc. 48., donde resuelve este mismo argumento: que no todo prius y posterius constituye analogía, como consta en las especies del número; un número, en efecto, es anterior a otro, y con todo unívocamente son números. Y la potencia y el hábito y el acto tienen razón de anterior y de posterior, y con todo unívocamente son cualidad. Pero aquella prioridad que hace participar desigualmente la razón superior, de modo que en uno esté más principalmente y de por sí, en otro según qué y por accidente, hace analogía, como «ente» respecto de la sustancia y del accidente, «sano» respecto del animal y de la hierba; en uno, en efecto, se halla por prius, en otro por posterius. Y se dice que las especies de un solo género son a la vez por naturaleza con simultaneidad de participar la razón superior, no con simultaneidad de existir entre sí.

Segundo se arguye: No puede lo mismo dividido dividirse con doble división esencial, si quiera las diferencias esenciales dividen por igual el género y se oponen adecuadamente entre sí intra del mismo género. Pero la proposición se divide esencialmente en categórica e hipotética, como se ha dicho en el art. prec.; ergo no puede de nuevo dividirse esencialmente en afirmativa y negativa, ya que una división no se contiene bajo la otra.

Y se confirma, porque de los géneros no puestos subalternadamente no pueden ser las mismas las especies, como se dice en los Antepredicamentos. Pero la categórica y la hipotética son géneros no puestos subalternadamente; ergo no pueden dividirse con las mismas diferencias esenciales, sino que una y otra puede dividirse en afirmativa y negativa, y de nuevo tanto la afirmativa como la negativa en categórica e hipotética. Ergo estas divisiones no pueden ser esenciales, sino accidentales.

SE RESPONDE ante todo que ningún inconveniente es que lo mismo se divida con varias divisiones esenciales inmediatas, cuando son divisiones inadecuadas, a saber cuando alguna esencia se constituye de varias formalidades, cada una de las cuales es partible en algunas especies. La cual es doctrina de santo Tomás 1. 2. q. 95. art. 4. c., donde dice que «son muchas las de la razón de la ley humana, según cualquiera de las cuales la ley humana puede dividirse propia y de por sí». Y allí numera diversas divisiones de por sí y esenciales de la ley humana según consideraciones inadecuadas. Más aún, en las divisiones de los predicamentos no es necesario que toda división se haga por dos especies adecuadas, sino por varias, por las que el mismo género puede dividirse, como el animal puede dividirse en gresible y volátil, y de nuevo en reptil y natátil y en muchas y varias especies esenciales. Y del mismo modo la cualidad se divide inmediatamente en hábito y disposición, en potencia e impotencia, etc.

Segundo puede responderse que la afirmación y la negación no son división inmediata de la proposición, sino subdivisión de ella. Primero, en efecto, se divide en categórica e hipotética; la categórica, empero, en afirmativa y negativa. Lo cual del Filósofo in 1. Periherm. cap. de la Enunciación tomó D. Tomás allí lect. 8. diciendo que «cierta enunciación es una simple, cierta una por conjunción». Y enseguida añade: «Otra subdivisión de la enunciación es que, si la enunciación es una, o es afirmación o negación». Lo cual enseguida se explicará más ampliamente.

A la confirmación se responde a partir de esta última solución que la regla antepredicamental no tiene aquí lugar, pues son géneros puestos subalternadamente la división en categórica e hipotética y la subdivisión de la categórica en afirmativa y negativa.

Y cuando se insta que también la hipotética se divide en afirmativa y negativa, se responde primero que las hipotéticas no se dicen de por sí afirmativas o negativas sino en razón de sus categóricas, de las que constan. Pues las cópulas hipotéticas mismas propiamente no se niegan, sino las cópulas verbales, de cuya negación también las proposiciones hipotéticas se vuelven negativas. De donde, cuando se hacen contradictorias en las hipotéticas, las negaciones se ponen en las cópulas categóricas, no en las hipotéticas (salvo quizá que la negación se anteponga a toda la enunciación); como si dices esta copulativa: «Pedro corre y Juan lee», su contradictoria será esta disyuntiva: «Pedro no corre, o Juan no lee», como bien advierte el Mag. Soto lib. 3. Súmul. cap. 9. not. 5., donde las cópulas hipotéticas, a saber «et» y «vel», en uno y otro lado no se niegan.

Segundo se responde que, si la hipotética de por sí se divide en afirmativa y negativa, tal afirmación y negación es muy diversa de la afirmación y de la negación que divide a la categórica, porque las cópulas categóricas e hipotéticas son muy diversas, y así no son capaces de afirmación y de negación según la misma razón. Pues la cópula categórica es verbo; la cópula, empero, de la hipotética es modo, como «et», «vel», «si». Como la cualidad que es disposición en el género se divide en disposición permanente, que es hábito, y en la que transita, que es solo disposición; y con todo, cuando la cualidad se divide también en pasión y cualidad pasible según esto, que sea permanente y transitante, no se divide con las mismas diferencias de permanente y de transitante con las que la disposición, sino con diversas.

Último se arguye: Pues algunas proposiciones son a la vez afirmativas y negativas o de cualidad mixta, como esta proposición: «Pedro es y no fue blanco». Ergo esta división no es esencial, porque dos diferencias esenciales no pueden convenir al mismo individuo. Ni puede decirse que aquella es doble proposición y no una; pues en contra está que solo consta de un sujeto y un predicado y puede juzgarse con un único juicio. Ergo es única formalmente, aunque virtualmente pueda ser múltiple, porque de ella pueden formarse muchas.

Y se confirma, porque la proposición afirmativa y la negativa pueden ser sinónimas, como «el hombre es racional», «el hombre no es irracional»; ergo son de la misma especie. Consta el consecuente porque miran al mismo objeto; del objeto, empero, se toma la especie.

SE RESPONDE que en las proposiciones de cualidad mixta virtualmente se halla doble proposición, porque es como doble, aunque se diga del mismo sujeto, por cuanto se multiplica la cópula. Pero con todo, porque formalmente es una única proposición, se dirá que pertenece a la especie de la afirmativa aquella proposición de cualidad mixta que infiere una afirmativa, y pertenecerá a la negativa aquella que se infiere de una negativa, como dijimos en el texto en el cap. de las Divisiones de la proposición. Y así no se constituye una única proposición formalmente en doble especie, sino formalmente en una sola solamente; virtualmente, empero, porque es doble, en dos.

A la confirmación se responde que aquellas dos proposiciones, aunque sean de la misma especie por parte de la materia o del sujeto considerado materialmente, con todo por parte de la forma y del modo artificioso de enunciar son diversas, lo cual es ser de la misma especie posteriorísticamente, diversas, empero, priorísticamente; como del mismo objeto y materia puede hacerse un entimema y un silogismo, que en la razón de oración artificiosa y de consecuencia son de diversa especie; posteriorísticamente, empero, entonces serán de la misma razón.

Quaestio VI: DE SUPPOSITIONE ET ALIIS PROPRIETATIBUS PARTIUM ENUNTIATIONIS

Articulus I: UTRUM DEFINITIO SUPPOSITIONIS SIT BONA

Articulus II: UTRUM SUPPOSITIO IMPROPRIA REPERIATUR IN CONCEPTU MENTIS ULTIMATO

Articulus III: QUAE SINT NOTANDA CIRCA ALIAS SPECIES SUPPOSITIONIS ET PROPRIETATES LOGICALES

Articulus IV: UTRUM REGULAE APPELLATIONIS TRADITAE IN TEXTU VERAE SINT

Quaestio VII: DE OPPOSITIONE ET CONVERSIONE PROPOSITIONUM

Articulus I: UTRUM OPPOSITIO CONTRADICTORIA SIT MAXIMA INTER OMNES OPPOSITIONES

Articulus II: UTRUM DARI POSSINT ALIQUAE CONTRADICTORIAE, QUAE SIMUL SINT VERAE AUT FALSAE

Articulus III: UTRUM REGULAE CONVERSIONIS SINT RECTE ASSIGNATAE

Quaestio VIII: DE CONSEQUENTIA ET SYLLOGISMO

Articulus I: UTRUM RECTE ASSIGNETUR DIFFERENTIA INTER CONSEQUENTIAM BONAM ET MALAM

Articulus II: UTRUM INDUCTIO SIT CONSEQUENTIA FORMALIS

Articulus III: UTRUM CONCLUSIO SIT DE ESSENTIA SYLLOGISMI, AN SOLUM PRAEMISSAE

Articulus IV: UTRUM SYLLOGISMUS RECTE DIVIDATUR IN PERFECTUM ET IMPERFECTUM

Appendix I: AD SECUNDAM PARTEM SUMMULARUM

Quaestio I: DE TERMINO

Articulus I: UTRUM RECTO ORDINE DOCTRINAE INCIPIAT DIALECTICA A TERMINO

Articulus II: UTRUM SIT BONA DEFINITIO TERMINI ENUNTIATIVI ET IN QUO EIUS FORMALITAS CONSISTAT

Articulus III: UTRUM VOCES SIGNIFICENT PER PRIUS CONCEPTUS AN RES

Articulus IV: UTRUM TERMINUS HABEAT ALIQUAM DIVISIONEM ESSENTIALEM

Quaestio II: DE NOMINE

Articulus I: QUOMODO INTELLIGENDA SIT ILLA PARTICULA: „CUIUS NULLA PARS SIGNIFICAT SEPARATA”

Articulus II: UTRUM NOMEN INFINITUM SIT NOMEN

Articulus III: UTRUM CASUS OBLIQUI RECTE EXCLUDANTUR A RATIONE NOMINIS

Quaestio III: DE VERBO

Articulus I: QUID SIT SIGNIFICARE CUM TEMPORE ET ABSOLVI A TEMPORE

Articulus II: UTRUM VERBUM INFINITARI POSSIT INTRA PROPOSITIONEM

Quaestio IV: DE ORATIONE ET MODO SCIENDI

Articulus I: UTRUM SIT BONA DEFINITIO ORATIONIS, ET QUID SIT EIUS DEFINITUM

Articulus II: UTRUM DEFINITIO DEFINITIONIS RECTE SIT TRADITA

Articulus III: UTRUM DEFINITIO DIVISIONIS ET EA, QUAE AD DIVISIONEM PERTINENT, RECTE TRADANTUR

Quaestio V: DE ENUNTIATIONE

Articulus I: IN QUO CONSISTAT RATIO ENUNTIATIONIS IN COMMUNI

Appendix II: In fine omnium illustrationum

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