Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Artis Logicae
John of St. Thomas (1589–1644)
First published 1930
Prima pars artis Logicae (formal logic) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars prima.
Praefatio I: Praefatio
Praeludium I: QUO PROPONITUR DIALECTICAE DISPUTATIONIS EXERCITIUM ET PRAXIS
Praeludium II: ARTIS LOGICAE DIVISIO, ORDO, NECESSITAS
Liber I: DE HIS, QUAE SPECTANT AD PRIMAM OPERATIONEM INTELLECTUS
Caput I: DEFINITIO TERMINI
Caput II: DEFINITIO ET DIVISIO SIGNI
Caput III: DE QUIBUSDAM DIVISIONIBUS TERMINORUM
Caput IV: DE ALIIS DIVISIONIBUS TERMINORUM
Caput V: DE NOMINE
Caput VI: DE VERBO
Liber II: DE HIS, QUAE PERTINENT AD SECUNDAM OPERATIONEM INTELLECTUS
Caput I: DE ORATIONE IN COMMUNI ET EIUS DIVISIONE
La oración se define por Aristóteles: «La oración es voz significativa ad plácitum, cuyas partes separadas significan algo como dicción, no como afirmación y negación». Así Aristóteles 1. Periherm.1 y D. Tomás ibid. lect. 6.2
Se define aquí la oración en común tanto respecto de la oración perfecta como de la imperfecta, simple o hipotética. Y las tres primeras partículas están explicadas en la definición del término. Aquella partícula, empero, „cuyas partes significan separadas” no puede explicarse mejor que diciendo que la oración se subordina a un concepto compuesto, como se elice de D. Tomás, 1. Periherm. lect. 6.3, de modo que también dentro de la oración misma se tengan partes que la componen, las cuales correspondan a conceptos distintos y separados como componentes de un todo. Y en razón de lo primero, las dicciones de figura compuesta, como respublica, signifer, etc., no son oración, porque no responden a un doble concepto, sino a uno, aunque las voces separadas de la oración signifiquen cosas diversas. En razón, empero, de lo segundo se distingue la oración del término complejo, porque el término complejo tiene también partes significantes y varios conceptos, pero a modo de parte que compone ulteriormente, no a modo de todo compuesto.
La última partícula la ponen Aristóteles y D. Tomás para designar que las partes de la oración al menos deben ser significativas „como dicción”, esto es, como término, y no se requiere que sean afirmación y negación. Pues aunque la oración sea hipotética y tenga partes que constan de afirmación y negación, con todo, porque también la afirmación y la negación simples son oración y deben resolverse en partes significativas que significan solo como término simple y no como afirmación, por eso para definir la oración en común se pone lo que es común a toda oración, a saber, tener partes que sean términos o dicciones simples.
Se divide, empero, la oración por su primera división en perfecta e imperfecta. Oración perfecta se dice, según el Divino Tomás 1. Periherm. lect. 7.4, aquella «que genera en el ánimo del oyente un sentido perfecto»; imperfecta, «la que genera un sentido imperfecto».
Se dice, empero, sentido perfecto o imperfecto no porque una importe asenso y la otra no, una lo verdadero o lo falso y la otra no, sino precisamente por esto: que una, a saber la perfecta, no deja suspenso al intelecto y como esperando el sentido entero de la oración, sino que completa perfectamente y expresa la sentencia íntegra, como cuando digo: «Dios es el sumo bien». Imperfecta, empero, la que no explica el sentido íntegro, sino que como suspende al intelecto, como cuando digo: «Pedro disputando», «si durmierais», «cuando pasaba», y semejantes. Las cuales oraciones son muy afines a los términos complejos y solo diferencian por el modo de componer y de conjugar los términos, porque en la oración se conjugan a modo de todo, aunque imperfecto y con suspensión; en el término complejo, a modo de parte compuesta.
Caput II: DE MODO SCIENDI
Antes de tratar de la oración perfecta principal, que es la proposición, es preciso tratar del modo de saber. Pues aunque varias de las cosas que pertenecen al modo de saber se hallen en la tercera operación del intelecto, a saber la argumentación; con todo, porque también otras se hallan en la segunda operación y algunas pertenecen incluso a la oración imperfecta, por eso el modo de saber en género no se determina a la oración perfecta o imperfecta, y así, oportunamente, antes de tratar de la oración perfecta de modo determinado, tratamos del modo de saber en común, que puede hallarse tanto en la oración perfecta como en la imperfecta.
Así pues, el modo de saber en común se define: «oración manifestativa de algo ignoto». Donde nota que otra cosa es manifestar y otra significar. Pues aunque el signo parezca manifestar a la potencia la cosa significada, con todo otra cosa es el manifestar de que tratamos en lo presente, y otra el significar en absoluto. Lo manifiesto, en efecto, se toma de dos modos: de un modo, como se opone a lo oscuro; de otro, como se opone a lo incógnito y no aplicado a la potencia cognoscente. Del primer modo la manifestación se hace por algo más conocido y más claro, con lo cual se quita aquella oscuridad; y así manifestar lo ignoto en nuestro intelecto pertenece al modo de saber, con tal que ello se haga por oración. Pues la manifestación que se hace por una razón formal que manifiesta de modo simple, como la autoridad del que dice manifiesta lo creíble, no es modo de saber, porque no es oración o explicación compleja, esto es, ordenada a la ciencia, que tiene modo ilativo. Del segundo modo la manifestación se hace por algún medio o instrumento que nos aplica el objeto no aplicado; y de este modo el manifestar pertenece al signo o a lo representativo, hablando comúnmente.
Cuando, pues, algo ignoto u oscuro necesita explicación por alguna oración que explique y quite aquella oscuridad, tal oración se dice modo de saber, porque toda manifestación se llama ciencia o se ordena a la ciencia. Dos son, empero, las cosas que pueden manifestarse al intelecto por oración, a saber, o algo incomplejo o alguna verdad compleja. Lo que es incomplejo, como hombre, cielo, tierra, etc., se explica por la definición, cuanto a la oscuridad de su quididad, o por la división, cuanto a la confusión de las partes o de la muchedumbre que se contiene en alguna cosa. La verdad compleja, empero, si es oscura o dudosa, se manifiesta por la prueba. La prueba, empero, se hace por discurso y consecuencia, y así es argumentación.
De donde el modo de saber se divide adecuadamente en definición, división y argumentación por parte de las cosas manifestables. Por cuya razón a veces se dice que la definición y la división pertenecen a la primera operación o aprehensión simple, en razón de su objeto, que manifiestan, el cual es algo incomplejo.
Caput III: DE DEFINITIONE
La definición es «oración que expone la naturaleza de la cosa o la significación del término». Como cuando digo: «El hombre es animal racional», explico la naturaleza del hombre, que en aquel término „hombre” no se explicaba. Y cuando digo: «Lo blanco es lo que tiene blancura», no explico la naturaleza de lo blanco, sino la significación del nombre, porque es lo mismo que si dijera: «Blanco es la voz que significa aquello que tiene blancura». A la definición corresponde lo definido como su objeto, que con ella se convierte.
De donde es preciso explicar tres cosas: Primera, qué condiciones se requieren para que alguna definición sea buena; segunda, qué condiciones se requieren para que algo sea definido; tercera, de cuántas clases es la definición y de cuántos modos se hace.
Acerca de lo primero se requieren tres condiciones para una buena definición:
LA PRIMERA es que la definición debe entregarse por género y diferencia. Y porque esta condición no solo abarca la definición esencial, en la cual propiamente se hallan el género y la diferencia, sino también la accidental y la descriptiva, en la cual no hay propiamente género y diferencia, sino algo en lugar de aquello, por eso entendemos con el nombre de género algo común, con el nombre de diferencia algo distintivo particular. Y así el sentido es que toda buena definición, para explicar alguna naturaleza, debe explicarla por lo que le es común con otras y por lo que le es propio y la distingue de las demás; así, en efecto, abarca toda la naturaleza de la cosa.
LA SEGUNDA condición es que la definición debe significar más claramente que lo definido, porque lo manifiesta. Y de ahí se infiere que lo definido no debe entrar en la definición, porque así no se hace más clara, sino más perpleja; como en aquella definición del hombre, que es animal racional, no se añadiría bien «animal racional, que es hombre».
LA TERCERA condición es que la definición no sea redundante ni diminuta. Pues si algo tiene más que lo definido o menos, por eso mismo no explica su naturaleza; le atribuye, en efecto, algo que no tiene, o le quita lo que tiene. Y así la definición no puede convenir a otro que a lo definido, y de este modo es óptimo lugar de argüir de la definición a lo definido y al contrario.
Acerca de lo segundo se requieren también tres condiciones para que algo sea definido, o para que pueda definirse:
PRIMERA, que sea uno de por sí, esto es, una esencia. Pues si explica varias esencias, no es un definido, sino varios. Y por eso, antes de que algo se defina, hay que quitar la equivocidad y la confusión de la pluralidad, y entonces hay que definir cada uno. Si, empero, varios se tienen a modo de uno y concurren a constituir una esencia, o uno se tiene como cosa y el otro como modo de aquella, no repugna que se comprendan con una única definición.
LA SEGUNDA condición es que lo definido sea universal. Pues como solo se define la quididad y la naturaleza, los singulares, que sobre la naturaleza añaden condiciones individuales, no pueden definirse, como tampoco caer bajo la ciencia, aunque la singularidad en común pueda definirse, porque entonces se toma como cierta quididad y naturaleza.
LA TERCERA condición es que todo definido, si se define con definición rigurosa y propia, sea alguna especie contenida bajo algún género, por cuanto toda definición propia consta de género y diferencia, y así debe entregarse de algo que se contenga bajo el género, salvo que quizá se defina por causas o habitudes extrínsecas, lo cual no importa una definición tan rigurosa.
Es, empero, doble lo definido, a saber, remoto y próximo. Lo cual se explica diversamente por diversos, según que consideran de diverso modo la razón de próximo y de remoto. Algunos, en efecto, dicen que lo definido próximo es el nombre mismo o el término que significa la cosa definida, y lo remoto la cosa misma significada. Como si la definición es que el hombre es animal racional, el término „hombre” es lo definido próximo, y la cosa significada lo remoto, por cuanto las cosas se nos acercan mediante los términos; de donde en la definición quid nominis solo hay un único definido. Otros dicen que lo definido próximo es la naturaleza misma y la quididad, que cae inmediatamente bajo la definición, y lo remoto aquellas cosas en las que se halla tal naturaleza, a saber, los individuos. Pues cuando defino al hombre, se define inmediatamente la naturaleza humana, remotamente Pedro y los demás individuos de ella. De ambos modos puede decirse.
Acerca de lo tercero, la definición es múltiple.
PRIMERO se divide en definición quid nominis y quid rei. Aquella es definición quid nominis que explica la significación del nombre, de donde se acerca máximamente a la razón de etimología; definición quid rei, la que explica la naturaleza de la cosa significada. Como si defino lo blanco, que es lo mismo que lo que tiene blancura, es definición quid nominis. Si, empero, digo que es disgregativo de la vista, es definición quid rei; pues explica qué sea la cosa misma; la primera, empero, qué significa el nombre. Y en esta distinción de la definición quid nominis y quid rei procedemos siempre en sentido formal y de por sí. Pues no negamos que de la definición quid rei lleguemos también al conocimiento de la significación propia, y a menudo no puede explicarse la significación del nombre sino declarando la cosa misma. Pero por aquello que cada definición explica directa y de por sí hay que juzgar cuál sea definición del nombre o de la cosa.
SEGUNDO la definición quid rei se divide en esencial, descriptiva y causal. La definición esencial o quiditativa es la oración que explica alguna cosa por sus partes o predicados esenciales, como: «El hombre es animal racional». Como, empero, en cada cosa se consideran partes físicas, como materia y forma, y partes metafísicas, como género y diferencia, también es doble la definición quiditativa, a saber, física, que se entrega por materia y forma, y metafísica, que se entrega por género y diferencia, aunque también en la física la materia se ponga en lugar del género y la forma en lugar de la diferencia, para que así se verifique que toda definición consta de género y diferencia o de algo en lugar del género y de la diferencia. La definición descriptiva es la que se entrega por sus accidentes, ya propios, ya comunes, como si dices: «El hombre es animal risible», o «animal bípedo». La definición causal es la que se entrega por causas extrínsecas; las cuales causas extrínsecas son dos, a saber, eficiente y final, como se dirá en 2. Phys.1, porque no constituyen la naturaleza, sino que están fuera de ella (pues la materia y la forma son causas intrínsecas), como si definieras el alma humana, que es forma creada por Dios para la beatitud, «por Dios» es causa eficiente, «para la beatitud» es el fin.
Caput IV: DE DIVISIONE
La división es «oración que distribuye alguna cosa por sus miembros o el término por varias significaciones»; como si dijera: «Del animal, uno es racional, otro irracional»; «canis significa el astro y significa el animal».
Y porque la división se ordena a manifestar por la distribución la confusión de lo dividido, como la definición a manifestar la quididad, se exigen tres condiciones para una buena división: Primera, que cada miembro sea inferior, esto es, menor que lo dividido; pues todo todo es mayor que su parte. Segunda, que todos los miembros dividentes a la vez agoten o adecúen todo lo dividido, porque en el todo no hay otra cosa que todas sus partes a la vez. Tercera, que los miembros dividentes tengan entre sí alguna oposición al menos formal, porque si no tuvieran oposición alguna, tampoco tendrían distinción, sino identidad, y así no serían miembros diversos. Todas estas condiciones pueden verse en esta división: Del animal, uno racional, otro irracional; y en esta: De los bienes, uno honesto, otro útil, otro delectable.
Añaden algunos una cuarta condición, a saber, que la división se haga solo en dos miembros dividentes o al menos en los menos posibles. Pero aunque sea verdad que toda división puede reducirse a dos miembros si se entrega por contradictorios, como: De los bienes, uno honesto, otro no honesto, con todo esto no es siempre necesario para la bondad de la división. Sino que, cuando algún género se distribuye por especies sujetas de igual a igual e inmediatamente, puede dividirse en aquellas. Si, empero, no se divide en varias sujetas inmediata y de igual a igual, debe hacerse la división en dos miembros o en los menos posibles, y después distribuirse en otros inferiores; como la sustancia no se dividiría bien en hombre, planta y ángel, sino con cierto orden en corporal y espiritual, la corporal en viviente y no viviente, etc.
Las especies o modos de la división son muchas. Pues como la división distribuye el todo, y el todo se dice de muchos modos, así también la división. Se da, en efecto, todo esencial, todo integral, todo universal, todo potencial, y así pueden multiplicarse las especies de las divisiones.
Y para que puedas comprenderlas todas brevemente, haz dos líneas u órdenes. Una línea es de las divisiones de por sí; otra de las divisiones por accidente o accidentales. En la división DE POR SÍ incluye cinco especies, que se recogen de este modo: Pues todo lo que se divide o es voz significante respecto de sus significaciones, o es la cosa significada. Si lo primero, es división del nombre; si lo segundo, es división de la cosa. La cosa, empero, que es todo, puede compararse o a las partes por las que se integra, o a las partes por las que se constituye esencialmente, o a las partes a ella sujetas. Si se hace del primer modo, es partición, por la que algo se divide por partes integrantes, como si dices: El cuerpo humano se divide en cabeza, pecho y pies; el universo en ángeles, cuerpos corruptibles e incorruptibles. Si del segundo modo, es división esencial en sus constituyentes, como si dices: Del hombre, una parte es el alma, otra el cuerpo; o del hombre, un extremo es animal, el otro racional. Si del tercer modo, o se hace en partes a ella sujetas según la predicación o según la potestad. Si según la predicación, es del género en las especies, porque de las especies se predica el género como de inferiores. A la cual pertenece también la división del género por diferencias; más aún, parece ser la misma, porque el género no se divide en las diferencias, sino que por las diferencias se divide en las especies, y se explica mejor cuando se hace por diferencias, como: De los animales, uno racional, otro irracional. Y esta es la división propriísima y quiditativa, por cuanto es de aquellas cosas en las que y por las que el género se contrae esencialmente, y en la cual lo dividido se predica de los miembros dividentes. Si se hace la división en partes sujetas que se tienen como potencias, es división del todo potencial, como si dices: Del alma, uno intelectivo, otro apetitivo; de la prudencia, uno judicativo, otro consiliativo, otro imperativo; la cual división es según los diversos oficios o potencias de la cosa.
En la línea de las divisiones POR ACCIDENTE, aunque las divisiones puedan multiplicarse infinitamente, porque de lo que es por accidente no se da regla cierta, con todo las más frecuentes son tres: Primera es la división del sujeto en los accidentes, como: De los animales, uno blanco, otro negro. Segunda, a la inversa, del accidente en los sujetos, como: De los blancos, uno la nieve, otro la leche. Tercera, del accidente en los accidentes, como: De los blancos, uno dulce, otro amargo, etc.
Las reglas de la división o lugares de argüir son tres, que se deducen de las condiciones de la buena división. Primera: De lo dividido a la división y al contrario vale la consecuencia afirmativa o negativamente. Consta, porque se tienen convertiblemente. Segunda: Del todo dividido con la negación de un miembro, si la división es bimembre, o de varios, si es múltiple, a la posición del miembro que resta, la consecuencia es buena, como: El caballo es animal y no es racional, ergo irracional. Tercera: Cuando los miembros están realmente opuestos, vale bien de la posición de un miembro a la negación del otro. Consta, porque los opuestos no pueden ser a la vez, al menos hablando naturalmente y de por sí.
Caput V: DE ARGUMENTATIONE
De esta tercera especie del modo de saber nos toca tratar en el tercer libro, al cual pertenece directamente, pues toca a la tercera operación del intelecto. Para lo presente, donde hemos distinguido las especies del modo de saber, basta notar estas tres cosas:
LO PRIMERO es la definición de la argumentación, que es «oración en la cual, dado uno, se sigue otro», como si digo: Pedro es animal, ergo es cuerpo. Por lo cual la argumentación debe componerse y constar de tres, a saber, el antecedente como premisa que infiere, y el consecuente como lo inferido, y la nota de ilación, que es la conjunción del antecedente y del consecuente que denota la ilación o secuela.
LO SEGUNDO es que las especies de la argumentación son cuatro, a saber, silogismo, entimema, inducción y ejemplo. Y pueden reducirse a dos, a saber, al silogismo y a la inducción; pues el entimema es cierto silogismo imperfecto o truncado, y el ejemplo es cierta parte de la inducción. Se divide, empero, la argumentación en estas especies en cuanto es manifestativa de la verdad, en lo cual consiste su quididad. Solo dos son, empero, las vías de manifestar la verdad, a saber, o discurriendo a partir de principios conocidos por el intelecto, o deduciendo a lo sensible o a los singulares, porque allí está el origen de toda nuestra noticia. Si se hace del primer modo, es por silogismo, que consta de tres proposiciones, mayor, menor y consecuente, o de dos, si es entimema, a saber, antecedente y consecuente, y por eso es silogismo imperfecto, porque pone una proposición por antecedente, y el silogismo dos, cuya toda fuerza de inferir consiste en la unión de algunos en un tercero, de donde infiere la unión de ellos entre sí. Si del segundo modo, es inducción, que no a partir de la conexión con un tercero, sino a partir de varios singulares suficientemente enumerados infiere que universalmente se hace así en todos. Y a esto se reduce el ejemplo, que de un singular infiere no lo universal, sino otro semejante.
LO TERCERO es que se dan otras divisiones de la argumentación además de estas especies. Como por parte de la nota de ilación una argumentación es racional, a saber, la que se hace por la partícula „ergo”, como: El hombre es animal, ergo es viviente; otra condicional, que se hace por la partícula „si”, como: Si el sol luce, es de día; otra causal, que se hace por la partícula „porque”, como: Porque el hombre es racional, es risible. Y difiere entre estas tres que para la verdad de la condicional basta que sea buena la consecuencia, aunque los extremos sean falsos, como esta condicional es verdadera: «Si el hombre vuela, tiene alas», y con todo los extremos son falsos. Para la verdad de la racional se requiere que el antecedente y el consecuente sean verdaderos. Para la verdad, digo; pues para la bondad de la consecuencia también de lo falso puede seguirse lo verdadero, como diremos en el lib. 3.1 Para la verdad de la causal, que los extremos sean verdaderos y que el antecedente sea causa del consecuente; es, en efecto, verdadero que el hombre es animal y es risible, pero falso que porque es animal sea risible.
Por parte, empero, de la cualidad la consecuencia se divide en buena y mala. Consecuencia buena es aquella en la que el antecedente infiere el consecuente de tal modo que no puede el antecedente ser verdadero y el consecuente falso. Consecuencia mala es aquella en la que el antecedente no infiere el consecuente, aunque parezca o se signifique que se infiere, en razón de cuya significación se denomina consecuencia, pero mala, porque no infiere, sino que se da antecedente verdadero y consecuente falso.
De las reglas de las consecuencias para discernir las buenas de las malas diremos en el lib. 3., donde hay que tratar de propósito de los defectos de la consecuencia.2
Caput VI: DE PROPOSITIONE SIVE ENUNTIATIONE
La especie principal de la oración perfecta es la enunciación o proposición, y de ella hay en la Dialéctica gran tratado, porque sirve sobre todo al silogismo y al discurso. Y tomamos por lo mismo proposición y enunciación, porque así lo obtuvo el uso incluso entre los sabios, como consta en las disputas comunes, en las que usamos más del nombre de proposición que de enunciación. Y así también usa santo Tomás 1. p. q. 13. art. 12. del nombre de proposición por enunciación. En otra parte, empero, distinguió el oficio de la proposición del oficio simple de la enunciación con Aristóteles 1. Poster. lect. 5.1 y opúsc. 48. trat. de Syllogismo simpliciter cap. 1.2, a saber, que la proposición añade sobre la enunciación el que se proponga para inferir algo en la argumentación.
Se define, pues, la enunciación: «oración que significa lo verdadero o lo falso indicando», como cuando digo: «El hombre es animal». Así a partir de Aristóteles 1. Periherm.3 D. Tomás lect. 7.4. „Oración” se pone en lugar del género; „significar lo verdadero o lo falso” en lugar de la diferencia, por la cual se distingue la enunciación de las demás oraciones, ya imperfectas, ya perfectas que no explican la verdad. La partícula „indicando” se pone no porque se halle formalmente en toda proposición, sino para designar de qué modo el verbo en la proposición simple sirve para significar lo verdadero o lo falso, esto es, a modo de aserción, lo cual comúnmente se hace con el verbo de modo indicativo, o a ello debe reducirse; la verdad, empero, en la enunciación simple se significa asertivamente, ya afirmando, ya negando. En las hipotéticas, empero, aunque no siempre se proceda asertivamente, como en las condicionales de modo no indicativo, p. ej. «Si hirieras a Pedro, te mataría», y semejantes, con todo, por algún sentido sobreentendido puede reducirse la verdad de las proposiciones a la aserción, del modo en que puede reducirse a las categóricas.
Para que, empero, conste qué sea significar lo verdadero, nota a partir de D. Tomás 1. Periherm. lect. 7.5 que la verdad está en la enunciación como en signo del intelecto verdadero o falso; pero como en sujeto lo verdadero o lo falso está en la mente (esto es, en el juicio de la mente), como se dice en 6. Metaph.6; en el objeto, empero, como en causa, porque, como se dice en el libro de los Predicamentos, de que la cosa es o no es, la oración es verdadera o falsa.7 Habla, empero, aquí D. Tomás de la enunciación vocal o no indicativa cuando dice que en la enunciación está la verdad como en signo del intelecto verdadero o falso; pues hablando de la enunciación judicativa mental, en aquella está la verdad como en sujeto.
Con todo, porque también la judicativa mental es significativa y representativa de la verdad objetiva, decimos ulteriormente que significar lo verdadero o lo falso en la proposición mental no es otra cosa que significar a modo de lo que compone o divide, de modo que se signifique algo como judicable; como de esto, que algún predicado se copula o se disyunge del sujeto, resulta que se conforme y se adecúe o no se conforme a la cosa misma, no solo con conformidad o difformidad de asimilación, sino de atribución y de conjunción del predicado con el sujeto; pues la asimilación a la cosa extra se halla también en la aprehensión simple. Y así enseña santo Tomás 1. p. q. 16. art. 2. que la aprehensión simple o el sentido es verdadero, pero no conoce lo verdadero, porque no conoce la conformidad de la verdad, porque no aplica algo a algo ni lo remueve de ello. Por lo cual significar la aplicación de uno a otro, o más bien significar la cosa aplicando uno a otro a modo de judicable, es significar lo verdadero o lo falso. La verdad misma de la proposición, empero, no es la significación misma de lo verdadero o de lo falso, sino la conformidad o adecuación con la cosa significada que resulta de tal significación, lo cual todo quisieron significar con una sola palabra quienes dijeron que significar lo verdadero es significar que la cosa es tal cual la cosa se tiene, y significar lo falso, significar de otro modo que como la cosa se tiene. Esto, empero, no es solo significar de algún modo como el sincategorema, ni solo algo simple como el categorema, sino algo compuesto o algo que es aplicación de uno a otro, que es la oración enunciativa. Cómo, empero, la verdad misma o la falsedad no sean la esencia de la proposición, sino la significación de la que resulta la verdad o la falsedad; y cómo una verdad formalmente no sea mayor ni menor que otra, lo diremos infra, q. 5.
Pero advierte que hay algunas proposiciones que se falsifican o destruyen su verdad, como también otras que destruyen su posibilidad o su necesidad. Y esto acontece cuando de la verificación misma de la proposición se sigue que sea falsa, esto es, de que sea así como por ella se significa; como si digo: «Toda proposición es falsa», o «Esta proposición es falsa», demostrándola a ella misma; pues de que sea así como significa se sigue que ella misma es falsa. Y tales proposiciones son falsas simpliciter, porque aunque tengan verificación, aquella, con todo, no es verdad simpliciter, porque de ella se sigue falsedad; el mal, empero, es por cualquier defecto, y aquello de donde se sigue lo falso no es verdadero simpliciter.
Caput VII: DE DIVISIONIBUS PROPOSITIONIS
Omitida la división de la proposición en verdadera y falsa, que simpliciter no es división, pues puede convenir a la misma proposición; más aún, la verdad y la falsedad no están formalmente en la proposición misma en cuanto es enunciativa, sino en cuanto es judicativa. El juicio, empero, pertenece al asenso y al disenso; la enunciación, a la copulación de los extremos, sobre la cual cae el juicio de asenso como sobre materia, como diremos q. 5. art. 1. Omitida, pues, esta división y tratando solo de la proposición en cuanto es enunciativa, todas las divisiones de la proposición se reducen a cuatro principales como a capítulos.
La primera división es en proposición categórica e hipotética, que es división esencial, como diremos en el lugar predicho; pues se tiene por parte de las partes esenciales de las que consta. Es, en efecto, proposición categórica la que tiene sujeto, cópula del verbo y predicado como partes principales suyas. Pues toda proposición debe constar de verbo, como enseña Aristóteles 1. Periherm. cap. 5.1 y con él D. Tomás ibid. lect. 1.2 y 8.3 Sujeto se dice aquello de lo que algo se dice; predicado, lo que de algo se dice; como en esta proposición: «El hombre es blanco», «hombre» se dice sujeto, «blanco» predicado y «es» cópula verbal. Y porque de estas como de principales consta esta proposición, se dice categórica, esto es, predicativa, y por otros se dice simple, porque solo se compone de verbo y de nombre, como dice santo Tomás lect. 8.4 cit.; ni hay, en efecto, otra composición más simple. Hipotética, que por otros se dice compuesta o una por conjunción, se dice aquella que tiene dos categóricas como partes principales suyas, como «Si el hombre corre, el hombre se mueve». Y así diferencian la hipotética y la categórica según las cópulas y según los extremos copulados, porque la hipotética no une con el verbo, sino con la partícula „y”, o „si” y semejantes; ni une inmediatamente términos, sino proposiciones. Estas cópulas y partes, empero, diferencian esencialmente en el modo de copular.
La segunda división es por parte de la cantidad de la proposición en universal, particular, indefinida y singular. Y como en las cosas naturales la cantidad de la cosa sigue a la materia, así en las proposiciones la cantidad sigue al sujeto, que es como materia respecto del predicado y de la cópula. Consta, empero, que la extensión de la proposición o su cantidad se toma según la pluralidad y extensión de los sujetos a los que conviene el predicado. De donde esta división es accidental. Así pues, proposición universal es aquella en la que el sujeto de la proposición es afectado por algún signo universal. Los signos universales son todo, ninguno, cualquiera, ninguno de los dos y semejantes, que importan distribución por varios; de donde tales signos no se afijan sino al término común, como «Todo hombre disputa».
Pero advierte que en la proposición se distingue a veces el sujeto de la distribución del sujeto de la predicación o enunciación; como en esta proposición: «De cualquier hombre el caballo corre», donde la carrera se predica del caballo como de sujeto, pero la distribución no conviene al sujeto, sino al hombre. Así, aquel sujeto de la proposición al que se afija el signo de distribución se dice sujeto de la distribución. Pero esta distribución y universalidad es distribución simpliciter cuando no depende ni se restringe por otro término antecedente, cuya resolución deba darse antes que la resolución del término distribuido. Es, empero, distribución según qué cuando depende de otra resolución anterior, como si digo: «Del hombre cualquier caballo corre», aunque «caballo» sea afectado por el signo de distribución, con todo no es universal simpliciter, porque se restringe por «del hombre». Y no podemos resolver, esto es, descender bajo aquel término „caballo”, antes de descender bajo aquel término „hombre”, como mostraremos claramente en el lib. 3., en el trat. de la Inducción.5 Y así la universalidad de las proposiciones es simpliciter tal cuando en su distribución y resolución o descenso es independiente de alguna resolución anterior de otro término; cuando, empero, es dependiente, es universalidad según qué.
Proposición particular es aquella en la que el sujeto es afectado por un signo particular, como «Cierto hombre disputa». Los signos particulares son cierto, alguno, el otro y semejantes, que hacen convenir a varios, pero no distributivamente. Proposición indefinida es aquella en la que el sujeto es término común y no es afectado por signo alguno, como «El hombre disputa». Proposición singular es aquella en la que el sujeto es término singular, o término común afectado por signo de singularidad, como «Pedro disputa», «este hombre disputa». Término singular, empero, es el que puede predicarse de uno solo y no de varios.
La tercera división es en proposición afirmativa y negativa, que D. Tomás 1. Periherm. lect. 8.6 llama del género en las especies. Proposición afirmativa es aquella en la que el predicado se afirma del sujeto, como «El hombre es blanco»; negativa, aquella en la que el predicado se niega del sujeto; y así la afirmación hace composición, la negación, empero, división.
Como, pues, la afirmación y la negación se atienden según la cópula, es preciso advertir que la cópula es doble: una principal, que une el predicado al sujeto; otra menos principal (que también llaman de implicación), que es parte del extremo, como cuando digo: «Pedro, que es docto, es justo», aquello „que es” se tiene por parte del sujeto y constituye un extremo, sobre el cual cae la cópula que une el predicado, y esta es la principal. La cópula principal, una es simple, otra compleja: simple, como cuando pongo una sola, p. ej. «Pedro es justo»; compleja, como cuando se pone doble, p. ej. «Pedro es o fue justo». Y ciertamente en las cópulas complejas, si ambas se niegan o ambas se afirman, consta con claridad que toda la proposición es afirmativa o negativa, como «Pedro ni es ni fue blanco» es negativa simpliciter; «Pedro es y fue blanco», afirmativa simpliciter. Si, empero, una se afirma y la otra se niega, como si dices: «Pedro es o no fue blanco», formalmente es de cualidad mixta; virtualmente, empero, se dirá afirmativa aquella que de suyo infiere una afirmativa, y virtualmente negativa aquella que se infiere de una negativa. Cuya razón es que si una proposición infiere una afirmativa, aquella proposición inferida no puede verificarse sino que supongan los extremos; ergo es preciso que también en su antecedente supongan los extremos, porque no puede el antecedente ser verdadero y el consecuente falso en buena consecuencia. Ergo es preciso que tal proposición, que infiere una afirmativa por buena consecuencia, sea virtualmente afirmativa, esto es, exija para su verificación lo mismo que exige la afirmativa, a saber, la suposición de los extremos. P. ej., esta proposición: «Pedro es y no fue blanco» es virtualmente afirmativa, porque infiere esta: «Pedro es blanco», que es absolutamente afirmativa.
Al contrario, empero, si una proposición se infiere de una negativa, se dice virtualmente negativa, aunque en sí sea de cualidad mixta, porque no exige para su verificación sino lo que exige la negativa, a saber, que se verifique7 sin suposición de los extremos, por cuanto se infiere de una negativa, que se verifica sin suposición de los extremos, y por consiguiente del mismo modo se verificará aquella que infiere, porque en buena consecuencia, si el antecedente es verdadero, el consecuente no puede ser falso; como esta: «Pedro es o no fue blanco» se infiere de esta: «Pedro no fue blanco», y así la primera es virtualmente negativa.8
La proposición negativa, como consta de cópula negada, y la negación es de naturaleza malignante, que destruye cuanto halla después de sí, consiguientemente la negación duplicada efectúa la afirmación, porque la primera negación destruye la segunda. Y del mismo modo, como la negación tiene fuerza de distribuir, si halla el sujeto distribuido, quita su distribución, lo que los dialécticos llaman inmovilizar; y así la negación movilita, esto es, lo distribuido inmovilizado, e inmovilita lo mobilitado, esto es, lo distribuido, como si dices: «No todo hombre disputa», «no todo» es lo mismo que „cierto”, particular, de lo cual en el cap. de la Equipolencia.9
La cuarta división es en proposición de inherencia10 y modal. Proposición modal es aquella en la que el verbo o la cópula es afectado por alguno de estos cuatro modos, a saber, necesariamente, contingentemente, posiblemente, imposiblemente, porque estos modos afectan al verbo mismo cuanto a la razón y modificación de componer la proposición y de copular. La proposición de inherencia, empero, es aquella que sin tales modos copula y compone un extremo con otro, aunque conste de otros adverbios que modifican el verbo o el predicado, como estas proposiciones: «Pedro es blanco», «Pedro vive justamente» son de inherencia; estas, empero, modales: «Pedro disputa contingentemente», «ve necesariamente», etc. De estas modales diremos más ampliamente al tratar de las oposiciones.11
Todas estas divisiones se hacen y se toman por parte de la cópula, excepto aquella que es en universal y particular, etc., que se toma según la cantidad por parte del sujeto. Pues la categórica y la hipotética se distinguen según la cópula, porque la categórica consta de cópula verbal, la hipotética de la conjunción de proposiciones. Asimismo la afirmativa consta de cópula afirmada, la negativa de cópula negada. La modal consta de cópula modificada con modificación que toca a la composición misma; la proposición de inherencia, de cópula simple y absoluta.
Caput VIII: DE MATERIA PROPOSITIONUM
En la proposición el sujeto tiene razón de materia como parcial respecto del predicado, porque el predicado se dice del sujeto y como se recibe en él. A su vez el sujeto y el predicado se dicen como materia de la cópula, porque según la habitud y conveniencia del predicado al sujeto se hace o no se hace del modo debido la unión misma entre el predicado y el sujeto. Y esta habitud de los términos de los que, como de materia, se compone la proposición, se dice en absoluto materia de las proposiciones.
Y es triple: una natural, otra contingente, otra remota. Natural, en la que un término es de la esencia del otro; y así o funda habitud esencial, como si dices: «El hombre es animal», o necesaria de la pasión propia, como «El hombre es risible». Contingente, en la que el predicado conviene accidentalmente al sujeto y puede estar y no estar sin corrupción del sujeto, como «Pedro es justo». Remota, en la que el predicado repugna al sujeto, como «El hombre es piedra». Y basta la repugnancia natural; pues sobrenaturalmente aquello que estaba en materia remota, a saber Dios y el hombre, se hizo en materia natural, después que el Verbo se hizo hombre.
La predicación, una idéntica, otra formal; asimismo una directa, otra indirecta. Idéntica, en la que lo mismo se predica de sí mismo, o el sinónimo del sinónimo, como «El hombre es hombre». Formal, en la que se predica la forma o algo a semejanza de forma de algo, como «El hombre es justo», «el hombre es animal». Predicación directa es aquella en la que se predica lo que tiene razón de forma de lo que tiene razón de sujeto, ya sea forma esencial, como la definición o parte de la definición de lo definido y lo superior de lo inferior, ya sea forma accidental del sujeto; de donde también la predicación directa, una es esencial, otra accidental. Predicación indirecta es aquella en la que, a la inversa, el sujeto se dice de la forma o lo definido de la definición, como «Lo colorado es hombre», «el animal racional es hombre»; y esta propiamente no es esencial ni accidental. Pero de esto más ampliamente en la Lógica q. 5. art. 2.
Caput IX: DE PROPRIETATIBUS PROPOSITIONIS ET QUO ORDINE TRACTANDÆ SUNT
Explicada la naturaleza de las proposiciones y su división y la diversidad de materia, sigue por orden de doctrina tratar de las propiedades de la proposición. Algunas propiedades, empero, siguen a los extremos mismos o partes de la proposición; algunas, a toda la proposición misma. Las propiedades de las partes de la proposición, que solo les convienen en cuanto están dentro de la proposición, son cinco, a saber, suposición, ampliación, restricción, alienación, apelación. Las propiedades que siguen a toda la proposición son tres: oposición, conversión, equipolencia.
Y estas propiedades pueden hallarse tanto en las proposiciones de inherencia como en las modales. Y por eso trataremos primero de las propiedades de los extremos de la proposición, después de las propiedades de toda la proposición, y primero en las proposiciones de inherencia, después en las modales.
Caput X: DE SUPPOSITIONE
La suposición se define: «acepción del término por algo de lo cual se verifica». Muchos de los más recientes no admiten esta definición, estimando que la suposición solo es acepción del nombre por la cosa que significa, y no distinguen la suposición de la significación o del ejercicio de la significación, por la cual la voz se sustituye en el significar en lugar de la cosa. De donde aquel principio antiguo y aceptado, que algunas proposiciones son de sujeto no suponente y por eso, si son afirmativas, son falsas, es rechazado por ellos, porque todo nombre, ya dentro, ya fuera de la proposición, supone, por esto mismo de que se sustituye por algo ante el intelecto. Pues también Aristóteles dijo en 1. Elenchorum1 que, porque no podemos llevar las cosas con nosotros, usamos de los nombres por las cosas.
Por lo demás, santo Tomás distingue con evidencia entre la significación del nombre y la suposición en q. 9. de Potentia art. 4. c. y ad 6.2 y lo mismo se recoge de 1. p. q. 39. art. 5. ad 5., donde admite aquella regla de los sofistas, que «los nombres substantivos suponen; los adjetivos, empero, no suponen, sino que copulan». Ergo ante santo Tomás no es lo mismo la significación que la suposición.
Por último, la razón de esto la asignó santo Tomás in 3. dist. 6. q. 1. art. 3.3, donde así dice, «que en cualquier nombre hay que considerar dos cosas, a saber, aquello de lo que se impone el nombre, que se dice cualidad del nombre, y aquello a lo que se impone, que se dice sustancia del nombre; y el nombre, propiamente hablando, se dice que significa la forma o cualidad, y se dice que supone por aquello a lo que se impone». Y de ahí infiere en la solución ad 1. «que la diversidad de suposición no hace equivocidad, sino la diversidad de significación». Distingue, pues, manifiestamente santo Tomás la suposición de la significación. Y nosotros, a partir de sus palabras, decimos que, como la significación del nombre es cierta substitución por la cosa significada, de dos modos puede entenderse la substitución: De un modo, substitución representativa, por la cual las voces mismas nos ingieren las cosas significadas; y esta no es suposición, sino significación. De otro modo es substitución como aplicativa, por la cual, después que el intelecto ha recibido la representación y la significación de la voz, aplica diversamente en las proposiciones el nombre mismo, para que esté por aquello a lo que quiere aplicar algo; como cuando digo: «El hombre es blanco», «hombre» no solo me representa la naturaleza humana, sino que también lo substituyo por aquello a lo que ha de aplicarse la blancura por aquella cópula „es”. De donde el intelecto considera si respecto de tal cópula se da verdadera y propiamente un sujeto que sea hombre, y si se da, substituye verdaderamente tal sujeto en la proposición; si, empero, no se halla, la substitución es nula, como si dijera: «El Anticristo fue bueno», «Adán es blanco», no substituyo, ni suponen aquellos sujetos, porque respecto de aquella cópula „fue” no se da ni se aplica „Anticristo”, y respecto de aquella cópula „es” no se da „Adán”, y así se vacían las proposiciones de sujeto no suponente.
Así, pues, se explica la definición: La suposición es „acepción del término”, esto es, acepción substitutiva hecha por el intelecto en orden a alguna cópula en la proposición. Y se toma por la acepción pasiva por parte del término acepto, no por la activa por parte del intelecto que acepta. Se añade en la definición: „por algo de lo cual se verifica”. Entiende: por lo cual se verifica aquella acepción del término o substitución, no de lo cual se verifica la proposición. Pues no se requiere para la suposición la verdad o verificación de la proposición, si quiera también en la proposición falsa se da suposición, como cuando digo: «El hombre es piedra», «hombre» supone, porque verdaderamente se halla aquello a lo que conviene ser hombre respecto de aquella cópula „es” y según la exigencia de ella. Pero se requiere para la suposición la verificación de la acepción del término y de su substitución, esto es, que aquello a lo que conviene aquel nombre, y por lo cual lo substituyo en orden a la cópula de la proposición, se halle verdaderamente y se dé según la exigencia de aquella cópula.
Por lo cual, para comprobar y mostrar la suposición del término usamos de una proposición que la demuestra en orden a la cópula, como si digo: «El hombre es blanco», muestro que el hombre supone, porque en orden a aquella cópula „es”, demostrado el hombre, es verdadero decir: «Esto es hombre». Y en esta proposición: «Adán fue», «Adán» supone, porque este individuo, demostrado „Adán”, alguna vez fue. Y si digo: «El hombre es nombre», se verifica la suposición del sujeto diciendo: „Hombre”, demostrada la voz, es «hombre» o «es la voz hombre», y así de lo demás. Esta demostración, empero, cuando digo: «Esto es» etc., no se requiere que se haga al sentido, sino que basta que se demuestre al intelecto, porque lo pretérito y lo futuro no se demuestran al sentido, y del mismo modo lo oculto, como si digo: «El oro es no demostrado», a saber, el oro que está en la tierra, «oro» supone, porque se verifica diciendo: «Esto (demostrado el oro por el intelecto) es oro», no empero demostrado por el sentido; así, en efecto, se falsificaría la proposición, como también se falsifica si «no demostrado» tampoco se demuestra al intelecto. Por lo cual la proposición que demuestra la suposición no le da la verificación, sino que la designa y la muestra. Y así, cuando se dice que la suposición es acepción por algo de lo cual se verifica, se entiende así: de lo cual se verifica en la proposición en la que se pone como en ejercicio, no empero en aquella en la que se demuestra como en acto signado, como en la que manifiesta o prueba la suposición.
De lo dicho se recoge que la suposición del término no se da fuera de la proposición. Pues aunque el término y cualquier voz significativa fuera de la proposición signifique como término, con todo no lo aplico ni lo substituyo por algo verificándolo según la exigencia de alguna cópula, sino en la proposición, en la cual solo se halla la cópula y se halla la aplicación de uno a otro a modo de predicado y de sujeto. Y así la substitución aplicativa por algo verificada según la exigencia de la cópula, que es la suposición, no se da fuera de la proposición; la substitución, empero, significativa y ordenada a componer la proposición sí se da.
Se recoge segundo que la suposición, como se explica en la definición, está definida tan generalmente que también a los adjetivos, cuando se tienen adjetivamente, puede aplicarse; como si digo: «Pedro es blanco», «blanco» también se acepta por algo de lo cual se verifica y a lo cual conviene la razón de blanco según la exigencia de la cópula. Si, con todo, la suposición se toma más estrictamente por aquello que es no solo aceptarse por algo, sino también rendir supuesto al verbo, que es suponer de modo más estricto, así los adjetivos no suponen, sino que copulan su significado formal a otro supuesto, como decían los antiguos.
Caput XI: DE DIVISIONIBUS SUPPOSITIONIS
La suposición, como es acepción del término por aquello de lo cual se verifica, dice respecto y orden a tres cosas, y según ellas se toman sus divisiones. Dice, en efecto, respecto al significado, por el cual supone, al verbo, en orden al cual supone, al signo modificante, por el cual se modifica para suponer.
PRIMERO, pues, por parte del significado se divide la suposición en propia e impropia. La suposición propia es la acepción del término por aquello que propiamente significa o representa; como cuando digo: «El león ruge», se acepta „león” por el animal que propiamente significa. La suposición impropia es la acepción por aquello que impropiamente significa y como metafóricamente; como cuando digo: «Venció el león de la tribu de Judá», se acepta „león” por Cristo, a quien propiamente no significa. Y así en estas proposiciones: «Cristo venció», «el león de la tribu de Judá venció», aunque el sujeto se acepte por lo mismo, a saber por Cristo, con diverso concepto y representación. Pues en la primera se representa Cristo en absoluto y simpliciter, porque propiamente; en la segunda, empero, se representa Cristo con connotación al león verdadero, y así el nombre „león” representa y supone impropiamente por Cristo, porque lo representa en razón de la connotación, y no del significado simple y directo. Y por eso estos modos de locución metafórica tienen elegancia y delectación, porque no de modo simple, sino como con cierto rodeo y connotación significan las cosas.
La suposición propia se divide en tres especies, a saber, material, simple, personal.
La material es la acepción del término por sí, esto es, por la voz misma, y por eso en la definición de la suposición propia pusimos que es acepción por aquello que propiamente significa o representa. Pues cuando supone materialmente, se representa a sí, no significa, como cuando digo: «Hombre es nombre», «blitiri es voz», salvo que quizá sobreentiendas „voz hombre”, „voz blitiri”. — Se conoce la suposición material por tres cosas: Primero, si se pone un término no significativo, como blitiri, scindapsus; pues no pueden suponer sino por sí. Segundo, si se ponen signos de dictalidad, como son: „Esta dicción”, „este término”, etc.; hacen estar materialmente la cosa demostrada por ellos. Tercero, si por parte del predicado se pone algo que no significa la cosa, sino el término, como si dices: «El hombre es voz», «el hombre es nombre».
La suposición simple es la acepción del término por aquello que primeramente e inmediatamente significa y no mediatamente; como si digo: «El hombre es especie», «hombre» supone con suposición simple. Donde advierte que los nombres significan dos cosas: Lo primero, que es como primario y formal; lo segundo, que es aquello en lo que se halla tal primario, y es como significado secundario del nombre, porque en ello, como en supuesto y receptivo material, se halla lo que el nombre significa. P. ej., „hombre” significa primaria e inmediatamente la naturaleza humana; mediatamente, empero, todo aquello en lo que aquella se halla, esto es, todos los individuos del hombre. La suposición simple, pues, es la acepción del término por aquello que es el significado primario e inmediato, tan precisamente que no pasa al significado secundario y a aquellas cosas en las que se halla lo primario, sino que con precisión está por el significado primario. Y por eso es suposición simple y precisa, que está en el significado inmediato y primario, no como doble, que pase a lo segundo y mediato; como cuando digo: «El hombre es especie», no se acepta hombre por los individuos, sino por el hombre en cuanto tal y prescindiendo de los individuos. De donde no vale: El hombre es especie, ergo Pedro es especie. Y por eso en la suposición simple siempre interviene la apelación, porque el predicado conviene al sujeto bajo alguna precisión y formalidad por la cual no desciende a los individuos.
La suposición personal es la acepción del término por los individuos o por aquellas cosas que se significan material y mediatamente. Y por eso se llama personal, porque conviene como a las personas o supuestos de alguna cosa; como cuando decimos: «Todo hombre es animal», esto conviene también a los individuos y vale bien descendiendo: Ergo este hombre es animal, etc. De donde la suposición personal es capaz de ascenso y descenso, no la simple.
Después, SEGUNDO, se divide la suposición personal por el orden al verbo o cópula en esencial o natural y accidental. La suposición natural es la acepción del término por todos aquellos por los que es nato a aceptarse, o con otras palabras: es la acepción del término por aquello a lo que intrínseca y esencialmente conviene el predicado, como «El hombre es animal», donde el verbo „es” abstrae del tiempo en su verificación. La suposición accidental es la acepción del término solo por aquellos de los que se verifica según la exigencia del verbo, o de otro modo: es la acepción del término por aquello a lo que el predicado no conviene intrínsecamente, sino accidentalmente, como en esta: «El hombre es justo», «el hombre disputa».
TERCERO se divide la suposición por parte de la significación en común y singular. Común es la acepción del término común por sus inferiores, como «El hombre disputa». La suposición singular y discreta es la acepción del término singular por la cosa singular, como «Pedro disputa», «este hombre disputa».
CUARTO se divide la suposición común por parte de los signos en determinada y confusa. La suposición determinada es la acepción del término común indefinido o afectado por signo particular, como «El hombre disputa», «cierto hombre disputa». La suposición confusa es la acepción del término común con signo universal o también con signo especial de confusión, como «Todo hombre disputa», «solo el hombre disputa». La confusa es doble: una distribuida, otra solo confusa. Distribuida es la acepción del término común que es afectado inmediatamente por algún signo de distribución, como «Todo hombre disputa»; «hombre» está distributivamente. Solo confusa es la acepción del término que es afectado mediatamente por un signo universal afirmativo o por algún signo especial de confusión. Ejemplo de lo primero: «Todo hombre es animal»; «animal» está solo confusamente. Ejemplo de lo segundo: «Solo el hombre disputa», «se requiere el ojo para ver»; «hombre» y «ojo» están confusamente. En el cap. siguiente explicaremos los signos especiales de confusión. Y esta confusa o es confusa disyunta o copulada. Disyunta es la que hemos explicado con los ejemplos aducidos. Copulada, la que es afectada por signo colectivo, como «Todos los apóstoles son doce», «todos los planetas son siete»; «apóstoles» y «planetas» están confusa copulada o colectivamente.
Suele también conocerse la diferencia de estas suposiciones por el descenso o ascenso que a cada una se debe. Pues a la suposición determinada se debe el descenso disyuntivo; a la distributiva, el copulativo; a la solo confusa, el disyunto o el copulado. Qué sea, empero, el ascenso copulativo y disyuntivo, disyunto y copulado, se dirá en el lib. sig. cap. 2. y 3.
Como, empero, solo a la suposición personal se debe el ascenso y el descenso, porque el ascenso y el descenso se toman por orden a los individuos, a los cuales descendemos desde lo universal o ascendemos desde los singulares mismos a lo universal, y solo a la personal conviene aceptarse por los individuos, por eso se discierne óptimamente la varia suposición personal según el vario descenso y ascenso a los individuos. Y porque el descenso y el ascenso es como cierto movimiento, por eso el término bajo el cual podemos descender y ascender inmediata e independientemente de otro se dice que supone o está moviblemente. Cuando, empero, no puede descenderse o ascenderse inmediatamente, sino dependientemente de la resolución de otro término (es lo mismo resolución que descenso y ascenso), se dice que está inmoviblemente. Y el descenso disyunto o copulado no se reputan resolución simpliciter del término, porque no se hace el descenso por proposiciones más conocidas cuanto a la verdad, como se requiere para la resolución, sino por enumeración del mismo término; como si digo: «Todo hombre es animal», a aquel término „animal” se debe el descenso disyunto, diciendo así: Todo hombre es este o aquel o aquel o aquel animal. «Para cabalgar se requiere un caballo», bajo «caballo» se hace el descenso disyunto: Se requiere este o aquel o aquel caballo para cabalgar. La cual numeración no manifiesta ni resuelve más la verdad, sino que solo numera los términos. Y del mismo modo: «Todos los apóstoles son doce» se resuelve así: Este y aquel, etc., son doce.