Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Artis Logicae
John of St. Thomas (1589–1644)
First published 1930
Prima pars artis Logicae (formal logic) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars prima.
Praefatio I: Praefatio
Praeludium I: QUO PROPONITUR DIALECTICAE DISPUTATIONIS EXERCITIUM ET PRAXIS
Praeludium II: ARTIS LOGICAE DIVISIO, ORDO, NECESSITAS
En todo arte hay que considerar principalmente dos cosas, a saber, la materia en la que el arte opera y la forma que se induce en tal materia, como al hacer una casa la materia son las piedras y las maderas, y la forma es la composición, porque estas se coordinan entre sí en una figura y estructura de casa. El artífice no hace la materia, sino que la presupone; induce, en cambio, la forma, la cual, porque se educe propiamente del arte, es también lo principalmente intentado por ella, como hechura suya. Es, pues, la Lógica «un cierto arte cuyo oficio es dirigir la razón, para que no erre en el modo de discurrir y de conocer», como el arte edificatoria dirige al artífice para que no erre al hacer la casa. Y por eso la Lógica se llama arte racional, no solo porque está en la razón como en sujeto, como las demás artes, sino porque la materia que dirige son las obras mismas de la razón.
Y porque la razón, para discurrir y emitir juicio, procede a modo de resolución, esto es, deduciendo a sus principios y discerniendo las pruebas por las que se manifiesta, lo mismo es que la Lógica dirija la razón para que no erre, que dirigirla para que resuelva recta y debidamente. De donde Aristóteles llamó analíticas, esto es, resolutorias, a las partes de la Lógica que enseñan a prestar un juicio cierto, porque enseñan a resolver rectamente y sin error. Y la recta resolución se hace tanto por la forma debida cuanto por la certeza de la materia. La materia son las cosas u objetos que queremos conocer rectamente. La forma, empero, es el modo mismo o disposición por la que se conectan los objetos conocidos, para que se discurra y se conozca debidamente, porque sin conexión ni se concibe verdad alguna, ni de una verdad a otra se hace discurso e ilación. Y la resolución por parte de la forma se dice que pertenece a la resolución anterior; por parte de la materia, en cambio, según la certeza y las condiciones debidas, a la resolución posterior, por cuanto la consideración de la forma artificiosa es anterior en algún arte a la consideración de la materia.
De aquí, pues, tomamos la división del arte de la Lógica y hacemos dos partes: En la primera trataremos de todo lo que pertenece a la forma del arte de la Lógica y a la resolución priorística, de lo cual trató el Filósofo en los libros Perihermenias y en los libros de los Primeros Analíticos, y suele entregarse a los principiantes en las Súmulas. En la segunda parte, empero, trataremos de lo que pertenece a la materia lógica o a la resolución posteriorística, sobre todo en la demostración, a la cual se ordena principalmente la Lógica.
Y en esta primera parte formamos un breve texto para los discípulos que han de ser instruidos primero; luego, para los más adelantados, disputamos las cuestiones más difíciles. En la segunda parte, empero, según el texto de Porfirio y de Aristóteles puesto en suma, subjuntamos las disputas más útiles y graves.
Orden de proceder. — Como la Lógica dirige el modo de raciocinar rectamente y son tres los actos de la razón, en los cuales se procede de uno a otro, como enseña santo Tomás 1. Poster. lect. 1.1, no puede observarse mejor orden que distribuir el tratado de la Lógica por estas tres operaciones. La primera operación de nuestro intelecto se llama aprehensión simple, como cuando entiendo al hombre sin afirmar ni negar nada de él. La segunda es composición o división, a saber, cuando conozco la cosa de tal modo que le atribuyo o le niego algo, como cuando digo que el hombre es blanco o niego que el hombre sea piedra. La tercera operación es el discurso, como cuando de alguna verdad conocida infiero y recojo otra no tan conocida, como cuando de esta verdad «el hombre es racional» infiero «ergo es disciplinable». Primero, pues, aprehendo los términos; luego compongo de ellos la proposición; por último formo de las proposiciones el discurso.
Así, pues, en esta primera parte distribuiremos tres libros: El primero para lo que pertenece a la primera operación, donde trataremos de los términos simples. El segundo para la segunda operación, donde trataremos de la oración y de la proposición y de sus propiedades. El tercero para la tercera, donde trataremos del modo de discurrir y de formar silogismos e inducción y lo demás que pertenece a raciocinar.
En la segunda parte de la Lógica, empero, trataremos de lo que pertenece a la materia de tales operaciones, principalmente en cuanto se ordena a formar un juicio cierto a partir de verdades necesarias, lo cual se hace por la demostración. Las verdades, empero, penden necesariamente de los predicados esenciales, que se coordinan en los predicamentos, y estos de los predicables, que dicen modos de predicar, como se explicará más ampliamente al inicio de la segunda parte de la Lógica. Ni es inconveniente que de los simples y de lo que pertenece a la primera operación se trate dos veces en la Lógica, porque, como nota santo Tomás 1. Periherm. lect. 1.2, de las dicciones simples se trata bajo otra consideración en los Predicamentos, a saber, en cuanto significan esencias simples; bajo otra en el libro Perihermenias, a saber, en cuanto son partes de la enunciación; bajo otra en los libros de los Primeros, a saber, en cuanto constituyen el orden silogístico.
Por último, porque en el discurso puede procederse de tres modos a formar el juicio, a saber, con certeza por la demostración, tópicamente por la opinión, erróneamente por los sofismas, por eso Aristóteles, después de tratar en los libros de los Segundos de la demostración y de la ciencia, trata en los Tópicos de lo opinativo y en los Elencos del silogismo sofístico.
La necesidad de este arte es máxima, tanto por la razón general de todas las artes, que son necesarias para que el hombre sea dirigido en sus obras rectamente y sin error, cuanto especialmente porque la Lógica dirige las obras de la razón, de las que pende todo discurso y raciocinio, para que sea recto y sin error y proceda con orden, lo cual es ciertamente muy necesario al hombre que usa de razón. Pero de esto más ampliamente en q. 1. proem. de la segunda parte de la Lógica.