Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Artis Logicae

John of St. Thomas

Cursus Philosophicus Thomisticus, Prima Pars Artis Logicae

John of St. Thomas (1589–1644)

First published 1930

Prima pars artis Logicae (formal logic) of the Cursus Philosophicus Thomisticus of John of St. Thomas (Joannes a Sancto Thoma), from the Reiser edition (Marietti, Turin, 1930), Reiser tomus I, pars prima.


Praefatio I: Praefatio

Al lector.

A quienes siguen la brevedad les parecerá ocioso extenderse en un prefacio moroso, condenándolo ya de antemano la misma sentencia del Espíritu Santo: «Es necio derramarse antes de la historia, y en la historia misma ceñirse». Para no imponer, pues, tedio y carga al lector en el umbral mismo, solo advertiré que el blanco de nuestro estudio se encaminó a reducir, en la medida de nuestras fuerzas, la disciplina de la Lógica y de la Filosofía a un método breve y conciso, según el sentir de santo Tomás. Por eso no solo nos pareció bien seguir e imitar su sólida doctrina, sino emular también su orden, su brevedad y su modestia.

Para seguir el método y el orden, al frente de la obra dividimos la Lógica en dos partes. La Primera comprende las disputas dialécticas que llaman Súmulas y versa sobre la forma lógica. La Segunda, acerca de los predicables y los predicamentos y de los libros de los Segundos Analíticos, trata de los instrumentos lógicos por parte de la materia y de la resolución posteriorística, como anotamos más ampliamente al inicio de este libro.

Para imitar la brevedad, procuramos talar la inmensa selva de cuestiones inextricables y los espinosos matorrales de sofismas, que, onerosos y punzantes para las mentes de los oyentes, no aportaban utilidad alguna y sí no poco perjuicio. Además, las dificultades metafísicas y otras varias tomadas de los libros Acerca del alma, que por el ardor de los disputantes habían irrumpido en la cuna misma de las Súmulas, las remitimos a su lugar, y el tratado de los signos y de las noticias lo despachamos en la Lógica sobre el libro Perihermenias. Cuanto en el tratado del término y en otros lugares remitimos a la Lógica, allí mismo anotamos también los lugares. Ni pudimos, con todo, evadir del todo el gustar algo de las dificultades principales y más necesarias, que tanto a quienes enseñan como a quienes aprenden servían para explicar las cuestiones lógicas. Cuidará el lector, visto algún capítulo del texto, de buscar en las cuestiones las dificultades que le corresponden; así percibirá con más facilidad todas las que se le ofrezcan y podrá vencerlas.

Para esculpir, por último, la modestia (gema más grata entre las virtudes angélicas del Santo Doctor) en este breve anillo, plugo referir o impugnar o seguir los pareceres de diversos autores de tal modo que, las más de las veces, nos abstuviéramos de la cita prolija y de publicar los nombres (pues no damos a luz estas cosas nuestras secundando la contienda ni el celo de emulación, sino sirviendo a la inquisición de la verdad, que mira a la doctrina, no a las personas); y para mirar por la comodidad de los oyentes, a quienes se instila más fácilmente la doctrina si no se atiende tanto a la concertación de autores y autoridades cuanto a la lucha de la sola verdad. La cual, lector humanísimo, deseamos plenísimamente que puedas alcanzar con usura multiplicada, con esta pluma tenue, pero afectuosa. Adiós.

Praeludium I: QUO PROPONITUR DIALECTICAE DISPUTATIONIS EXERCITIUM ET PRAXIS

En el umbral mismo del arte de la Dialéctica, que según nuestra exigüidad acometemos a explicar, ha parecido bien proponer a los principiantes, en el ejercicio mismo y en la praxis, la forma y el modo de la disputa, que puede explicarse brevemente así.

Así pues, en cualquier disputa cuide primero el que arguye de proponer el argumento, reducido por completo a forma, amputado todo lo demás, ya rodeos de palabras, ya largas declaraciones, y proponga sucinta y distintamente el silogismo o el entimema. Y el silogismo contiene tres proposiciones, que se llaman mayor y menor y conclusión o consecuente, trabadas por la nota de ilación, que es la partícula „ergo”; y la conexión misma se llama ilación o consecuencia. El entimema, en cambio, contiene dos proposiciones, de las cuales la primera se llama antecedente y la segunda consecuente, trabadas del mismo modo. P. ej., si pretendo probar que la vida voluptuosa no debe abrazarse, formo así el silogismo: «Todo lo que repugna a la honestidad de la virtud no debe abrazarse; la vida voluptuosa repugna a la honestidad de la virtud; ergo no debe abrazarse». O, si quiero formar el entimema de antecedente y consecuente, lo formo así: «La vida voluptuosa se opone a lo arduo de la virtud; ergo no debe abrazarse».

Oída la proposición del argumento, el que defiende no atienda a otra cosa sino a repetir íntegra y fielmente el argumento propuesto y, entre tanto, mientras reasume el argumento, sopese si alguna de las premisas es verdadera, para concederla, o falsa, para negarla, o dudosa o equívoca, para distinguirla; y asimismo si la consecuencia o ilación es buena o mala. Reasumido una vez el argumento y sin responder nada a él, lo repita por segunda vez y responda a cada proposición en este orden. Si fueren tres proposiciones y viere que la primera es verdadera, diga: «Concedo la mayor». Si viere que es falsa, diga: «Niego la mayor». Si viere que no pertenece a la conclusión que se ha de inferir, diga: «Pase la mayor», aunque de este verbo hay que usar con modestia y parquedad, y no sino cuando conste con claridad que la proposición se tiene de modo impertinente. Si viere que la mayor es dudosa o equívoca, diga: «Distingo la mayor», y sobre el término en que está la equivocación haga la distinción con palabras breves y no confusas. Dada la distinción, no la explique al punto, sino cuando el impugnador lo pida, o cuando no se hubiera proferido con bastante claridad, y entonces explíquela brevísimamente. Sobre todo al inicio de la disputa no consuma el tiempo en explicar distinciones, sino que de la forma misma no se aparte en absoluto. Concedida la mayor o explicada bajo distinción, pase a la menor y observe lo mismo en el negar o conceder o distinguir, como dijimos de la mayor. Luego, al llegar a la conclusión, si se ha de conceder, diga: «Concedo la consecuencia»; si se ha de negar, diga: «Niego la consecuencia». Si empero se ha de distinguir, no diga: «Distingo la consecuencia», sino «distingo el consecuente»; pues la consecuencia, como consiste en la ilación misma y no en la aserción de la verdad, puede ser ilación buena o mala, y así concederse o negarse como buena o mala, pero no distinguirse, porque la distinción cae sobre la equivocación o ambigüedad de la proposición, en cuanto tiene diversos sentidos al significar la verdad, no sobre la conveniencia misma de la ilación. El consecuente, en cambio, es la proposición inferida, que puede ser cierta o equívoca o ambigua; de donde, cuando es equívoca, se distingue, y así no se dice «distingo la consecuencia», sino «distingo el consecuente». Si, con todo, el consecuente se ha de conceder o negar, como ello no puede hacerse sino concediendo o negando la consecuencia misma, basta decir «niego» o «concedo la consecuencia», y no el consecuente.

Hecha la distinción sobre alguna proposición, cuantas veces ocurra la misma equivocación, aplique la misma distinción. No subdistinga el sentido de la distinción una vez concedido, sino cuando aparezca con evidencia otra equivocación que no pudo quitarse con la distinción anterior. Todo lo falso es más seguro negarlo, y no permitir que pase, sino cuando conste con certeza de la malicia de la consecuencia. Si no percibiere el sentido de la proposición de modo que discierna la verdad o la falsedad o la equivocación, pida al que arguye que explique su sentido, y entonces reasuma.

Por último, cuide de responder poco y de atarse solo a la forma del argumento, y no quiera dar razón de todo lo que dice, sino cuando se lo pidan, sino que deje todo el onus de probar el argumento; así, en efecto, se da a conocer la fuerza formal del argumento y se despacha más de prisa.

Al oficio del argumentador pertenece: Primero, no anteponer varias presuposiciones, ni inculcar varios medios, ni proponer proposiciones demasiado largas o intricadas, sino astringirse sucintamente a la forma, no usando de muchas interrogaciones, sino urgiendo más las pruebas, salvo cuando la fuerza del argumento viene a parar en que se pida la razón de lo dicho, o cuando el estado de la disputa y el punto de la dificultad no está aún suficientemente declarado. Segundo, prosiga siempre el mismo medio por sus causas y principios, o deduciendo a un inconveniente, y no se desvíe a otro medio, ni repita la prueba una vez propuesta, ya con las mismas palabras, ya con otras, porque lo uno y lo otro es muy prolijo y tedioso. Por último, no use siempre del silogismo, sino a veces del entimema, que procede más breve y conciso y manifiesta menos la fuerza de la ilación latente, y por eso infunde mayor dificultad al que responde.

Al oficio, en fin, del Patrón o Presidente toca: Primero, comprender con atención todo el progreso del argumento y de la disputa. Segundo, proveer a que se observe por completo la forma de argüir y de responder. Tercero, no asumir ni prevenir el oficio del respondente, y mucho menos el del impugnador, sino, con providencia, según viere que lo necesita el respondente, sugerir la negación, la concesión o la distinción de la proposición. Finalmente, al término, dar brevemente el juicio sobre la disputa y declarar lo oscuro.

Praeludium II: ARTIS LOGICAE DIVISIO, ORDO, NECESSITAS

En todo arte hay que considerar principalmente dos cosas, a saber, la materia en la que el arte opera y la forma que se induce en tal materia, como al hacer una casa la materia son las piedras y las maderas, y la forma es la composición, porque estas se coordinan entre sí en una figura y estructura de casa. El artífice no hace la materia, sino que la presupone; induce, en cambio, la forma, la cual, porque se educe propiamente del arte, es también lo principalmente intentado por ella, como hechura suya. Es, pues, la Lógica «un cierto arte cuyo oficio es dirigir la razón, para que no erre en el modo de discurrir y de conocer», como el arte edificatoria dirige al artífice para que no erre al hacer la casa. Y por eso la Lógica se llama arte racional, no solo porque está en la razón como en sujeto, como las demás artes, sino porque la materia que dirige son las obras mismas de la razón.

Y porque la razón, para discurrir y emitir juicio, procede a modo de resolución, esto es, deduciendo a sus principios y discerniendo las pruebas por las que se manifiesta, lo mismo es que la Lógica dirija la razón para que no erre, que dirigirla para que resuelva recta y debidamente. De donde Aristóteles llamó analíticas, esto es, resolutorias, a las partes de la Lógica que enseñan a prestar un juicio cierto, porque enseñan a resolver rectamente y sin error. Y la recta resolución se hace tanto por la forma debida cuanto por la certeza de la materia. La materia son las cosas u objetos que queremos conocer rectamente. La forma, empero, es el modo mismo o disposición por la que se conectan los objetos conocidos, para que se discurra y se conozca debidamente, porque sin conexión ni se concibe verdad alguna, ni de una verdad a otra se hace discurso e ilación. Y la resolución por parte de la forma se dice que pertenece a la resolución anterior; por parte de la materia, en cambio, según la certeza y las condiciones debidas, a la resolución posterior, por cuanto la consideración de la forma artificiosa es anterior en algún arte a la consideración de la materia.

De aquí, pues, tomamos la división del arte de la Lógica y hacemos dos partes: En la primera trataremos de todo lo que pertenece a la forma del arte de la Lógica y a la resolución priorística, de lo cual trató el Filósofo en los libros Perihermenias y en los libros de los Primeros Analíticos, y suele entregarse a los principiantes en las Súmulas. En la segunda parte, empero, trataremos de lo que pertenece a la materia lógica o a la resolución posteriorística, sobre todo en la demostración, a la cual se ordena principalmente la Lógica.

Y en esta primera parte formamos un breve texto para los discípulos que han de ser instruidos primero; luego, para los más adelantados, disputamos las cuestiones más difíciles. En la segunda parte, empero, según el texto de Porfirio y de Aristóteles puesto en suma, subjuntamos las disputas más útiles y graves.

Orden de proceder. — Como la Lógica dirige el modo de raciocinar rectamente y son tres los actos de la razón, en los cuales se procede de uno a otro, como enseña santo Tomás 1. Poster. lect. 1., no puede observarse mejor orden que distribuir el tratado de la Lógica por estas tres operaciones. La primera operación de nuestro intelecto se llama aprehensión simple, como cuando entiendo al hombre sin afirmar ni negar nada de él. La segunda es composición o división, a saber, cuando conozco la cosa de tal modo que le atribuyo o le niego algo, como cuando digo que el hombre es blanco o niego que el hombre sea piedra. La tercera operación es el discurso, como cuando de alguna verdad conocida infiero y recojo otra no tan conocida, como cuando de esta verdad «el hombre es racional» infiero «ergo es disciplinable». Primero, pues, aprehendo los términos; luego compongo de ellos la proposición; por último formo de las proposiciones el discurso.

Así, pues, en esta primera parte distribuiremos tres libros: El primero para lo que pertenece a la primera operación, donde trataremos de los términos simples. El segundo para la segunda operación, donde trataremos de la oración y de la proposición y de sus propiedades. El tercero para la tercera, donde trataremos del modo de discurrir y de formar silogismos e inducción y lo demás que pertenece a raciocinar.

En la segunda parte de la Lógica, empero, trataremos de lo que pertenece a la materia de tales operaciones, principalmente en cuanto se ordena a formar un juicio cierto a partir de verdades necesarias, lo cual se hace por la demostración. Las verdades, empero, penden necesariamente de los predicados esenciales, que se coordinan en los predicamentos, y estos de los predicables, que dicen modos de predicar, como se explicará más ampliamente al inicio de la segunda parte de la Lógica. Ni es inconveniente que de los simples y de lo que pertenece a la primera operación se trate dos veces en la Lógica, porque, como nota santo Tomás 1. Periherm. lect. 1., de las dicciones simples se trata bajo otra consideración en los Predicamentos, a saber, en cuanto significan esencias simples; bajo otra en el libro Perihermenias, a saber, en cuanto son partes de la enunciación; bajo otra en los libros de los Primeros, a saber, en cuanto constituyen el orden silogístico.

Por último, porque en el discurso puede procederse de tres modos a formar el juicio, a saber, con certeza por la demostración, tópicamente por la opinión, erróneamente por los sofismas, por eso Aristóteles, después de tratar en los libros de los Segundos de la demostración y de la ciencia, trata en los Tópicos de lo opinativo y en los Elencos del silogismo sofístico.

La necesidad de este arte es máxima, tanto por la razón general de todas las artes, que son necesarias para que el hombre sea dirigido en sus obras rectamente y sin error, cuanto especialmente porque la Lógica dirige las obras de la razón, de las que pende todo discurso y raciocinio, para que sea recto y sin error y proceda con orden, lo cual es ciertamente muy necesario al hombre que usa de razón. Pero de esto más ampliamente en q. 1. proem. de la segunda parte de la Lógica.

Liber I: DE HIS, QUAE SPECTANT AD PRIMAM OPERATIONEM INTELLECTUS

Caput I: DEFINITIO TERMINI

Variamente sienten los autores acerca de la definición del término, según que consideran en él diversos respectos u oficios, ya de parte que compone la oración de cualquier modo, ya de parte principal y solo a modo de extremo, ya a modo de lo que termina la resolución de la proposición y del silogismo, ya a modo de predicado y de sujeto.

Y ciertamente estas consideraciones son verdaderas y todas tienen lugar en el término, pero es preciso ver cuál explica más convenientemente la naturaleza del término, en cuanto pertenece a lo presente. Pues como nuestra mente en las ciencias procede resolutoriamente, y sobre todo en la Lógica, que por Aristóteles se llama Analítica, porque resolutoria, es preciso que sea designable el último elemento o término de esta resolución, más allá del cual no se haga resolución por el arte, como también en la generación natural la materia prima es el último principio de la resolución; de otro modo o se procederá al infinito, o no se hará resolución perfecta. Y porque el término de la resolución y el principio de la composición son lo mismo, aquello que fuere el último elemento en que se resuelven los compuestos lógicos se dice también lo primero de lo que se componen los demás.

Atendiendo, pues, a esto, decimos que en lo presente tratamos del término bajo el concepto de último elemento en que se termina toda resolución de la composición lógica, incluso de la proposición misma y de la oración, porque conviene comenzar por esto como por lo primero y más simple. Y aunque Aristóteles en 1. Priorum definió el término por aquello «en que se resuelve la proposición como en predicado y sujeto», con todo allí no definió el término en toda su latitud, sino contractamente, en cuanto sirve a la fábrica y composición silogística, en la cual el silogismo consta de tres términos, en cuanto son extremos en las proposiciones y revisten la habitud de parte silogística, esto es, ilativa. Por lo demás, en otra parte consideró Aristóteles el término bajo razón más universal, en cuanto es también común al nombre y al verbo, y no bajo el vocablo de término, sino bajo el vocablo de dicción, en cuanto reviste el orden de lo que compone la enunciación, no la habitud de lo que infiere en el silogismo. De donde D. Tomás 1. Periherm. lect. 8. § Excluye, exponiendo aquella palabra de Aristóteles: «El nombre, pues, y el verbo sea dicción sola», dice: «Y parece, por el modo de hablar, que él mismo impuso este nombre para significar las partes de la enunciación». Se da, pues, según Aristóteles y D. Tomás alguna razón común a las partes de la enunciación, que el Filósofo llama dicción y nosotros término, porque en él se termina toda resolución, no solo la del silogismo, sino también la de la enunciación, que se compone de simples y consiguientemente se resuelve en ellos. Y allí mismo lect. 5. § Muestra dice santo Tomás que a veces el nombre se toma en cuanto significa comúnmente cualquier dicción, incluso el verbo mismo. Y en el opúsc. 48. al inicio llama a los términos „partes de la enunciación”. De esta acepción, pues, comunísima del término como de último elemento de toda la resolución lógica decimos que hay que comenzar y de él entregar la definición.

Y así se define el término o dicción no por el extremo de la proposición solamente, ni por el predicado y el sujeto, sino por algo más común, a saber «aquello de lo cual se compone la proposición simple»; o, más bien, imitando a Aristóteles, que define el nombre, el verbo y la oración por voces, porque son signos más conocidos para nosotros, se define: «Voz significativa ad plácitum, de la cual se compone la proposición o oración simple». En cuanto, empero, comprende el término mental y el escrito, se definirá: «Signo de lo cual se compone la proposición simple».

Se dice signo o voz significativa para excluir las voces no significativas, como blitiri, como aquellas las excluyó Aristóteles en el nombre y en el verbo; y como todo término es nombre, verbo o adverbio, si ninguna de estas cosas es voz no significativa, no es término, como más ampliamente mostraré en la cuestión acerca de esta materia. Se dice ad plácitum para excluir las voces significativas naturalmente, como el gemido. Se dice de la cual se compone la proposición simple para excluir la proposición misma u oración, que no es el primer elemento componente, sino algo compuesto como todo, y si alguna vez compone, no compone la proposición simple, sino la hipotética.

Si, empero, el término es fuera de la proposición parte en acto, cuanto a la esencia y habitud de parte, aunque no cuanto al ejercicio de componer, lo diremos infra q. 1. de Termino, art. 3.

Caput II: DEFINITIO ET DIVISIO SIGNI

Como, pues, tanto el término cuanto la oración y la proposición y los restantes instrumentos lógicos se definen por la significación, porque el intelecto conoce por conceptos significativos y habla por voces significativas, y en universal todos los instrumentos de que usamos para conocer y hablar son signos, por eso, para que el lógico conozca exactamente sus instrumentos, a saber, los términos y las oraciones, es preciso que conozca también qué sea el signo. El signo, pues, se define en común: «Aquello que a la potencia cognoscitiva representa algo otro distinto de sí».

Para que esta definición se conozca mejor, es preciso considerar que es cuádruple la causa de la cognición, a saber, eficiente, objetiva, formal e instrumental. Eficiente es la potencia misma que elice la cognición, como el ojo, el oído, el intelecto. El objeto es la cosa que mueve o hacia la cual tiende la cognición, como cuando veo una piedra o un hombre. Formal es la noticia misma por la cual la potencia se hace cognoscente, como la visión misma de la piedra o del hombre. Instrumental es el medio por el cual el objeto se representa a la potencia, como la imagen exterior de César representa a César. El objeto es triple, a saber, solo motivante, solo terminativo, motivante y terminativo a la vez. Solo motivante es el que mueve a la potencia a formar la noticia no de sí, sino de otro, como la imagen del emperador, que mueve a conocer al emperador. Solo terminativo es la cosa conocida por una noticia producida por otro objeto, como el emperador conocido por la imagen. Terminativo y motivante a la vez, el que mueve a la potencia a formar la cognición de sí, como cuando la pared se ve en sí misma.

Así pues, hacer conocer se extiende más ampliamente que representar, y representar más que significar. Pues hacer conocer se dice de todo lo que concurre a la cognición; y así se dice de cuatro modos, a saber, efectivamente, objetivamente, formalmente e instrumentalmente. Efectivamente, como de la potencia misma que eficienta la cognición y de las causas que concurren a ella, como de Dios que mueve, del intelecto agente o que produce las especies, del hábito que ayuda, etc. Objetivamente, como de la cosa misma que se conoce. P. ej., si conozco al hombre, el hombre como objeto hace conocerse a sí mismo presentándose a la potencia. Formalmente, como de la noticia misma, que a manera de forma hace cognoscente. Instrumentalmente, como del medio mismo que defiere el objeto a la potencia, como la imagen del emperador defiere al emperador al intelecto cual medio, y a este medio lo llamamos instrumento. Representar se dice de todo aquello por lo que algo se hace presente a la potencia, y así se dice de tres modos, a saber, objetivamente, formalmente e instrumentalmente. Pues el objeto se representa a sí objetivamente, como la pared; la noticia representa formalmente; el vestigio instrumentalmente. Significar se dice de aquello por lo que se hace presente algo distinto de sí, y así solo se dice de dos modos, a saber, formalmente e instrumentalmente.

De aquí nace la doble división del signo. Pues por la parte en que el signo se ordena a la potencia, se divide en signo formal e instrumental; en cuanto, empero, se ordena al signado, se divide según la causa que lo ordena en natural y ad plácitum y por costumbre. El signo formal es la noticia formal, que por sí misma, no mediante otro, representa. El signo instrumental es el que, a partir de la cognición preexistente de sí, representa algo otro distinto de sí, como el vestigio del buey representa al buey. Y esta definición suele entregarse comúnmente del signo. El signo natural es el que por la naturaleza de la cosa representa, removida cualquier imposición y costumbre; y así representa lo mismo ante todos, como el humo el fuego. El signo ad plácitum, el que representa algo por imposición de la voluntad mediante pública autoridad, como la voz hombre. El signo por costumbre, el que representa por el solo uso, sin imposición pública, como los manteles sobre la mesa significan la comida. De todo esto que toca a la naturaleza y división de los signos tratamos ampliamente en la Lógica q. 21. y 22.

Caput III: DE QUIBUSDAM DIVISIONIBUS TERMINORUM

La primera división del término es en mental, vocal y escrito. El mental es la noticia o concepto de la cual se compone la proposición simple. El vocal quedó definido arriba, cap. 1. El escrito es la escritura que significa ad plácitum, de la cual se compone la proposición simple.

El término mental, si atendemos a sus diversas especies esenciales, se divide según los objetos de los que se toma la especie de las noticias. Y así no tratamos de la división de aquellos en lo presente, sino solo de ciertas condiciones generales de las noticias o conceptos, por las cuales se distinguen varios modos de conocer. Y nota que aquí se divide la noticia simple, esto es, la que pertenece solo a la primera operación; pues tratamos de la división del término mental, y el término toca a la primera operación. De donde en esta división de las noticias no se incluye noticia alguna que pertenezca al discurso o a la composición; pues ninguna de estas es término ni aprehensión simple. Y del mismo modo se remueve toda noticia práctica y la que dice orden a la voluntad, porque la voluntad no es movida por la aprehensión simple del término, sino por la composición o juicio de la conveniencia de la cosa, como diremos en el libro Acerca del alma.

Así pues, la noticia que es aprehensión simple, o el término mental, se divide PRIMERO en noticia intuitiva y abstractiva. Esta división no solo abraza la noticia intelectiva, sino también la de los sentidos externos, que siempre son noticias intuitivas, y la de los internos, que a veces son intuitivas, a veces abstractivas. La noticia intuitiva es la noticia de la cosa presente. Y digo de la cosa presente, no presentada a la potencia misma; pues ser presente pertenece a la cosa en sí misma, en cuanto está fuera de la potencia; ser presentada conviene a la cosa en cuanto objetada a la potencia misma, lo cual es común a toda noticia. La noticia abstractiva es la noticia de la cosa ausente, que se entiende de modo opuesto a la intuitiva.

SEGUNDO se divide la noticia por parte del concepto en concepto ultimado y no ultimado. El concepto ultimado es el concepto de la cosa significada por el término, como la cosa que es el hombre está significada por la voz „hombre”. El concepto no ultimado o medio es el concepto del término mismo en cuanto significante, como el concepto de este término „hombre”.

TERCERO se divide el concepto en directo y reflejo. El reflejo es aquel por el que conocemos que conocemos, y así tiene por objeto algún acto o concepto o potencia dentro de nosotros. El directo es aquel por el que conocemos algún objeto fuera de nuestro concepto, y no reflejamos sobre nuestra cognición, como cuando se conoce la piedra o el hombre.

La segunda división del término pertenece más propia y principalmente al término vocal, y así se divide el término en unívoco y equívoco. Se dice término unívoco el que significa sus significados con el mismo concepto, como «hombre» significa a todos los hombres en cuanto convienen en el mismo concepto de la naturaleza humana. Y se entiende en el mismo concepto simpliciter, no uno solo proporcionalmente, como los análogos, que al menos por proporción se dicen uno, como diremos en la Lógica q. 13. Se dice término equívoco el que significa sus significados no con el mismo concepto, sino con varios, esto es, no en cuanto convienen de algún modo incluso proporcionalmente, sino en cuanto diferencian, como canis significa el animal y el astro. Y por eso no se da equivocación en el concepto último de la mente, como diremos en el lugar cit. de la Lógica art. 2., porque el concepto es semejanza natural, y si es uno, su representado es uno; si empero alcanza a varios, es en cuanto convienen en alguna razón una, lo cual es propio de los unívocos. Y por eso esta división toca propiamente al término vocal, en el que se halla la equivocación, esto es, unidad de voz con pluralidad de significación, porque la significación es ad plácitum, no natural. Véase también lo que se dice en la Lógica q. 23. art. 4. acerca del segundo argumento.

Y advierte que Aristóteles define en los Antepredicamentos los equívocos, «aquellos cuyo nombre es común, y la razón significada diversa», porque aquella definición se daba de las cosas significadas por el nombre equívoco o unívoco, que se llaman equívocos equivocados, esto es, equivocamente significados. Nosotros, empero, hemos definido aquí los términos que significan equivoca o unívocamente, que se llaman equívocos equivocantes, esto es, que significan equivoca o unívocamente.

Se divide lo equívoco en equívoco por caso y por consejo. El primero es equívoco simpliciter y le conviene la definición dada. El segundo es análogo, y es aquello que significa sus significados en cuanto son uno según cierta proporción, y no simpliciter, como sano dicho del animal y de la hierba. De esto tratamos en la Lógica q. 13. y 14.

En lo presente nota dos reglas para los análogos. Primera: El análogo tomado de por sí está por el significado más famoso; como diciendo „hombre” y sin añadir nada que restrinja o determine, está por el hombre vivo, no por el pintado. Segunda: En los análogos o equívocos tales son los sujetos cuales los permiten sus predicados o restricciones, esto es, cuando el nombre significa varios, se determina a estar por alguno según la exigencia del predicado o de la restricción, como si dices: «El perro ladra», está por el perro que es animal. Estas reglas las explicamos en la Lógica q. 13. art. 2.

La tercera división del término es en categoremático y sincategoremático, como si en latín dijeras significativo o predicativo y consignificativo. Categoremático es el que significa algo de por sí. Donde «de por sí» ha de juntarse con «algo», esto es, significa algo que se representa como algo de por sí, es decir, no como adverbio o modificación, sino como cierta cosa, como cuando digo „hombre”. El término sincategoremático es el que significa de algún modo, como el adverbio velozmente, fácilmente, el signo todo, algún, etc. Y se dice que significa de algún modo, no porque verdadera y propiamente no signifique, sino porque su significado no se representa como cosa de por sí, sino como modo de la cosa, esto es, ejerciendo la modificación de otra cosa.

Caput IV: DE ALIIS DIVISIONIBUS TERMINORUM

La cuarta división es del término categoremático en varias subdivisiones, de las cuales una no se subordina a otra, sino que convienen al término como de igual a igual. Y estas subdivisiones pueden reducirse a cinco principales.

LA PRIMERA es: El término categoremático, uno común, otro singular. Término común es el que significa varios de modo diviso, como hombre. Y entendemos varios de modo diviso, esto es, comunicablemente a varios; pues significa algo que, o por parte de la cosa significada o al menos por el modo de concebir, no repugna que se entienda como comunicado a varios, por cuya razón también este nombre „Dios” es término común a causa del modo de significarlo por parte de nuestro concepto, como explicamos en Log. q. 5. art. 3. Término singular es el que significa uno solo, como Pedro, este hombre, esto es, el que no tiene significado comunicable a varios, ni siquiera por el modo de significar. — Y aquí se añade la división del término en colectivo y divisivo. Colectivo, el que en singular significa varios copulativamente, como «pueblo», Salamanca, etc., porque se agregan de varios. Divisivo, el que significa uno en singular o varios de modo diviso, como Pedro, hombre.

SEGUNDA SUBDIVISIÓN: El término categoremático, uno absoluto, otro connotativo. Absoluto, el que significa algo a modo de lo que está de por sí, esto es, a modo de sustancia, ya sea en sí sustancia, como hombre, ya a modo de sustancia, como si el accidente se concibe sin sujeto, como la blancura. Connotativo, el que significa algo a modo de lo que adyace a otro, como blanco, ciego. De donde el connotativo debe tener un significado principal y en recto, que es el mismo que su absoluto, como blanco y blancura, y otro en oblicuo, a saber, aquello a lo que adyace y en lo que se halla. Y el connotativo no significa en oblicuo y acerca de lo connotado sino aquello a lo que verdaderamente conviene, no a lo imaginario y falso. Ni basta connotar el objeto como la ciencia, la sabiduría, que son absolutos y, con todo, miran a sus objetos y los connotan, sino que debe connotar el sujeto en el que se halla. Y cuida de no confundir connotativo, concreto y adjetivo. Pues lo concreto solo se opone a lo abstracto y puede hallarse en el término absoluto, como hombre es concreto y absoluto. Se dice, pues, concreto lo que significa algo como constituido en cuanto qué, como hombre; abstracto, empero, lo que significa algo como aquello por lo cual se constituye, como la humanidad. El adjetivo también se opone al substantivo, no al connotativo. De donde puede hallarse connotativo que no sea nombre adjetivo, como padre, creador, aunque todo adjetivo sea connotativo.

TERCERA SUBDIVISIÓN: El término categoremático, uno de primera intención, otro de segunda intención. Término de primera intención es el que significa algo según lo que tiene en la cosa o en su estado propio, esto es, secluso el estado que tiene en el intelecto y en cuanto concebido, como blanco, hombre en cuanto en la cosa. Término de segunda intención es el que significa algo según lo que tiene por el concepto de la mente y en el estado del intelecto, como especie, género y otras semejantes, de las que trata el lógico. Y se dicen de primera y de segunda intención porque lo que conviene a algo según sí es como lo primero en ello y el estado propio; lo que, empero, conviene a algo en cuanto es entendido es como lo segundo y un segundo estado que sobreviene al primero, y por eso se llama de segunda intención, como de segundo estado.

CUARTA SUBDIVISIÓN: El término categoremático, uno complejo, otro incomplejo. Término complejo es el término cuyas partes son significativas de por sí, como hombre blanco. Término incomplejo, cuyas partes no son significativas por separado, como hombre.

Y nota dos cosas: Primera, que el término complejo también puede ser oración, pero bajo otro modo y formalidad es oración, bajo otro es término. Es oración cuando aquellas partes significativas se consideran como componentes de un todo, porque, como atribuyendo uno a otro, allí se detiene el intelecto como en cierto todo compuesto. Es término cuando aquellas partes significativas se consideran no como componentes del todo, sino como haciendo cierta parte compuesta de otras partes, ordenable, con todo, de suyo a componer el todo, como la cabeza es parte del hombre, compuesta empero de otras partes, como ojos, oídos, boca, etc. — Segunda, que para que el término sea complejo debe tener partes significativas de por sí, esto es, que tienen y ejercen su significación incluso dentro del complejo mismo que componen, de modo que si alguna parte se depusiera de su significación, el complejo se destruiría. De donde la razón principal del término complejo es que sus partes se subordinen a varios conceptos, como enseña santo Tomás, 1. Periherm. lect. 4. Por cuya razón los términos de figura compuesta, como equifer, legifer, etc., ante el dialéctico son incomplejos, porque se subordinan a un único concepto incomplejo y están impuestos con una única significación, de modo que, aunque equus se depusiera de su significación en sí mismo, aún «equifer» significaría lo mismo.

LA QUINTA DIVISIÓN pertenece a la comparación de los términos entre sí. Pues unos son impertinentes o disparados, esto es, de los cuales uno ni infiere al otro ni le repugna, como blanco y dulce, docto y justo. Otros son pertinentes, esto es, de los cuales uno infiere al otro o le repugna; y por eso se dividen en pertinentes de secuela y pertinentes de repugnancia. Pertinentes de secuela, porque se siguen y se acompañan, como hombre y risible; pertinentes de repugnancia, porque se oponen y se repugnan entre sí, como vidente y ciego, cálido y frío. De los pertinentes de repugnancia se trata en los Pospredicamentos, en el cap. de los Opuestos y más abajo, al tratar de la oposición de las proposiciones; y por eso aquí hay que prescindir.

Caput V: DE NOMINE

Hasta aquí hemos tratado del término como de la parte simple de la oración y que abarca en sí todas las partes de la proposición, de cualquier modo que aquellas partes sean. Ahora descendemos especialmente a las partes con las que la oración misma se construye de necesidad, y las dividimos no según el vario modo de significar, como hasta aquí hemos hecho del término, sino según el diverso modo de componer y de construir la oración. Las cuales, ante el dialéctico, son dos, a saber, el nombre y el verbo, de los que trata Aristóteles en 1. Periherm. Y como nota santo Tomás allí lect. 1., solo estas dos se consideran por el dialéctico como partes de la oración, preteridas las demás, porque solo estas, a saber, el nombre y el verbo, se requieren de necesidad para la enunciación, por cuanto sin ellas ni siquiera la enunciación simple puede estar. El nombre, pues, compone la enunciación como extremidad; el verbo, como lo que une y el medio que copula; y así tienen diverso modo en el construir la proposición.

El nombre, pues, se define por Aristóteles: «voz significativa ad plácitum sin tiempo, de la cual ninguna parte significa separada, finita y recta». Así define Aristóteles 1. Periherm., y allí lo explica santo Tomás lect. 4.

Las tres primeras partículas están expuestas en la definición del término, a saber „voz significativa” y „ad plácitum”. Las restantes cuatro son propias del nombre y discriminan el nombre de aquellas cosas que propiamente no son nombres.

Aquella partícula, pues, „sin tiempo” distingue el nombre del verbo, que significa con tiempo, como se verá en el cap. siguiente. Y por eso «sin tiempo» en el nombre no excluye el tiempo como cosa significada, sino la significación con tiempo como modo de significar, porque el nombre significa la cosa como extremo que está, el verbo como fluyente o uniente y agente; y toda acción ocurre con tiempo y movimiento.

Se dice „de la cual ninguna parte significa separada” para excluir la oración y el término complejo; aquella, porque la oración no es nombre, sino que se compone de nombre; este, porque el término complejo no es nombre, sino varios nombres; y es la misma la razón del ente y del ente uno.

„Finita” se pone para excluir los nombres infinitos, como no-hombre. Donde nota que «no-hombre», si se toma en fuerza de dos dicciones como negado, es algo complejo y se excluye por la partícula anterior „de la cual ninguna parte” etc. Si, empero, se toma en fuerza de dicción simple, así está infinitado y se excluye de la razón de nombre, no porque no pueda ser parte de la proposición como predicado y sujeto, sino porque no tiene el modo del nombre, que es notar y significar algo determinado. El nombre infinitado, empero, no significa algo determinado, sino que quita el significado determinado; y porque procede quitando el significado, no poniendo, no es nombre. Donde discierne que no es la fuerza propia del nombre infinito el no significar algo —pues este nombre „nada” no significa algo—, sino quitar el significado que está en algún nombre. Y por eso con derecho se excluye de la razón de nombre, porque quita el significado del nombre y no pone ni tiene el oficio de poner, sino el de quitar el significado notado.

„Recta” se pone para excluir los casos oblicuos, por los que el nombre se declina, como hominis, homini, etc. Y estos se excluyen del nombre porque de por sí no son nombres, sino en razón de su principal o nominativo, del que se derivan y del que caen. De donde el nominativo y el oblicuo significan la misma cosa, pero no ejercen la significación del mismo modo, porque los oblicuos no la ejercen como conduce a significar la cosa como un qué y como cierto extremo en sí, sino como de otro y respectivamente a otro. De donde se sigue que no rinden supuesto al verbo substantivo, sino al impersonal, como «me pesa» (pœnitet me), y así hacen oración reductivamente o sobreentendiendo el nominativo, como si se dijera: «La penitencia me tiene».

Caput VI: DE VERBO

El verbo se define por Aristóteles: «voz significativa ad plácitum con tiempo, de la cual ninguna parte significa separada, finita y recta, y de las que se predican es siempre nota». Así Aristóteles 1. Periherm. y D. Tomás allí lect. 5. Las tres primeras partículas, a saber „voz significativa” y „ad plácitum”, están explicadas en la definición del término.

La partícula „con tiempo”, que se pone para diferencia del nombre, no designa otra cosa que significar alguna cosa a modo de movimiento o de acción y pasión, por cuanto el movimiento se mide por el tiempo; y significar con tiempo es significar no el tiempo mismo, en cuanto es cierta cosa —pues eso se hace por el nombre—, sino significar alguna cosa como medida por el tiempo. Entonces, empero, se mide por el tiempo cuando se significa como fluyente según algún movimiento o acción; pues el movimiento y la acción se miden primeramente y de por sí por el tiempo. De donde se sigue que, cuando el verbo se absuelve del tiempo, como cuando digo: «El hombre es animal», y en otras proposiciones de verdad eterna, el verbo no deja de significar con tiempo, esto es, a modo de acción o de flujo, sino que deja de restringir la verdad de la proposición para que dependa del tiempo, esto es, que los extremos no se unan en razón del solo tiempo y dependientemente de algo temporal, sino por su quididad intrínseca, aunque esto mismo se signifique a modo de tiempo y de acción. Sobre lo cual véase infra q. 3. art. 1.

La quinta partícula „de la cual ninguna parte significa separada” se pone para diferencia de la oración y para excluir los verbos complejos, que no son un verbo, sino varios verbos, como dijimos del nombre. Ni el verbo, ya adjetivo, ya substantivo, se subordina a un doble concepto, de modo que signifique alguna cosa para que signifique la acción o el movimiento como modo de unión o de composición; pues estas no son dos significados ni dos conceptos, sino un significado con tal modo de significar. Como también el nombre significa la cosa a modo de lo que está de por sí, donde la cosa y el modo de estar de por sí no son dos significados, porque ninguna cosa se significa sin algún modo. Y el verbo mismo „es”, ya sea de segundo adyacente, como cuando digo: «Pedro es», ya de tercero adyacente, como cuando digo: «Pedro es blanco», añadiendo una tercera voz como predicado, siempre significa lo mismo, a saber, el ser, porque, como dice santo Tomás 1. Periherm. lect. 5. al fin, esta actualidad es comúnmente de toda forma, ya sustancial, ya accidental, y de ahí es que, cuando queremos significar que cualquier forma inhiere en alguien, lo significamos por el verbo „es”, de donde consiguientemente significa la composición. Así D. Tomás.

La sexta partícula „finita” excluye el verbo infinito, como: «No-anda», por la misma razón por la que también los nombres infinitos fueron excluidos de la razón de nombre. Y se distingue el verbo negado del verbo infinitado, en que el negado responde a un concepto complejo, a saber, del verbo mismo y de la partícula „no”, el verbo infinitado, empero, responde a un único concepto, como dijimos del nombre, y el verbo negado hace proposición negativa, el infinitado, empero, no. Y si el verbo puesto dentro de la proposición se infinita, no es cuanto a la cópula y a la unión de los extremos (pues esta nunca se infinita por la negación, sino que se niega y hace proposición negativa), sino que solo se infinita cuanto a la cosa significada, como se dirá infra q. 3. art. 2.

La séptima partícula „recta” se pone para excluir los verbos oblicuos. Y como en el nombre se dice oblicuo lo que declina y cae del modo propio del nombre, que es significar a modo de qué y de lo que está de por sí, y lo oblicuo se significa como de otro; así en el verbo se dice oblicuo lo que cae del modo propio del verbo, que es significar con movimiento y acción, a saber, cuando significa la acción de pretérito o de futuro, etc., porque esta no es acción simpliciter, sino solo aquella que es presente, de donde por la declinación de los tiempos se hace la oblicuación del verbo.

La última partícula „y de las que se predican es siempre nota” la pone Aristóteles y D. Tomás, y por eso también nosotros la ponemos, aunque otros la omitan. Y se pone para excluir el participio, que ciertamente puede ponerse tanto por parte del predicado cuanto del sujeto, aunque signifique con tiempo. Y, con todo, se excluye de la razón de verbo, porque el verbo siempre se tiene por parte del predicado, porque o significa el predicado mismo o se requiere para conjugar el predicado con el sujeto. Y por eso es nota, esto es, signo de las que se dicen, esto es, de las que se predican, porque las compone y une al sujeto, como se ha dicho. Si alguna vez, empero, se pone por parte del sujeto, como el verbo de modo infinitivo, es porque entonces el verbo se toma en fuerza de nombre, no a modo de verbo. Así D. Tomás 1. Periherm. lect. 5.

Liber II: DE HIS, QUAE PERTINENT AD SECUNDAM OPERATIONEM INTELLECTUS

Caput I: DE ORATIONE IN COMMUNI ET EIUS DIVISIONE

La oración se define por Aristóteles: «La oración es voz significativa ad plácitum, cuyas partes separadas significan algo como dicción, no como afirmación y negación». Así Aristóteles 1. Periherm. y D. Tomás ibid. lect. 6.

Se define aquí la oración en común tanto respecto de la oración perfecta como de la imperfecta, simple o hipotética. Y las tres primeras partículas están explicadas en la definición del término. Aquella partícula, empero, „cuyas partes significan separadas” no puede explicarse mejor que diciendo que la oración se subordina a un concepto compuesto, como se elice de D. Tomás, 1. Periherm. lect. 6., de modo que también dentro de la oración misma se tengan partes que la componen, las cuales correspondan a conceptos distintos y separados como componentes de un todo. Y en razón de lo primero, las dicciones de figura compuesta, como respublica, signifer, etc., no son oración, porque no responden a un doble concepto, sino a uno, aunque las voces separadas de la oración signifiquen cosas diversas. En razón, empero, de lo segundo se distingue la oración del término complejo, porque el término complejo tiene también partes significantes y varios conceptos, pero a modo de parte que compone ulteriormente, no a modo de todo compuesto.

La última partícula la ponen Aristóteles y D. Tomás para designar que las partes de la oración al menos deben ser significativas „como dicción”, esto es, como término, y no se requiere que sean afirmación y negación. Pues aunque la oración sea hipotética y tenga partes que constan de afirmación y negación, con todo, porque también la afirmación y la negación simples son oración y deben resolverse en partes significativas que significan solo como término simple y no como afirmación, por eso para definir la oración en común se pone lo que es común a toda oración, a saber, tener partes que sean términos o dicciones simples.

Se divide, empero, la oración por su primera división en perfecta e imperfecta. Oración perfecta se dice, según el Divino Tomás 1. Periherm. lect. 7., aquella «que genera en el ánimo del oyente un sentido perfecto»; imperfecta, «la que genera un sentido imperfecto».

Se dice, empero, sentido perfecto o imperfecto no porque una importe asenso y la otra no, una lo verdadero o lo falso y la otra no, sino precisamente por esto: que una, a saber la perfecta, no deja suspenso al intelecto y como esperando el sentido entero de la oración, sino que completa perfectamente y expresa la sentencia íntegra, como cuando digo: «Dios es el sumo bien». Imperfecta, empero, la que no explica el sentido íntegro, sino que como suspende al intelecto, como cuando digo: «Pedro disputando», «si durmierais», «cuando pasaba», y semejantes. Las cuales oraciones son muy afines a los términos complejos y solo diferencian por el modo de componer y de conjugar los términos, porque en la oración se conjugan a modo de todo, aunque imperfecto y con suspensión; en el término complejo, a modo de parte compuesta.

Caput II: DE MODO SCIENDI

Caput III: DE DEFINITIONE

Caput IV: DE DIVISIONE

Caput V: DE ARGUMENTATIONE

Caput VI: DE PROPOSITIONE SIVE ENUNTIATIONE

Caput VII: DE DIVISIONIBUS PROPOSITIONIS

Caput VIII: DE MATERIA PROPOSITIONUM

Caput IX: DE PROPRIETATIBUS PROPOSITIONIS ET QUO ORDINE TRACTANDÆ SUNT

Caput X: DE SUPPOSITIONE

Caput XI: DE DIVISIONIBUS SUPPOSITIONIS

Caput XII: REGULAE SUPPOSITIONIS

Caput XIII: DE RELATIVIS

Caput XIV: DE AMPLIATIONE, RESTRICTIONE, ALIENATIONE

Caput XV: DE APPELLATIONE

Caput XVI: DE OPPOSITIONE

Caput XVII: DE CONDITIONIBUS REQUISITIS AD SPECIES OPPOSITARUM PROPOSITIONUM ET REGULIS COGNOSCENDI IPSAS OPPOSITIONES SPECIALES

Caput XVIII: DE AEQUIPOLLENTIA PROPOSITIONUM

Caput XIX: DE CONVERSIONE PROPOSITIONUM

Caput XX: DE MODALIBUS

Caput XXI: DE QUANTITATE, QUALITATE, OPPOSITIONE ET AEQUIPOLLENTIA MODALIUM

Rotuli I: ROTULI COMPOSITARUM MODALIUM

Rotuli II: ROTULI DIVISARUM CONSTANTIUM DICTO DE TERMINO COMMUNI

Caput XXII: DE REDUCTIONE MODALIUM AD SUAS DE INESSE

Caput XXIII: DE HYPOTHETICIS PROPOSITIONIBUS

Caput XXIV: DE EXPONIBILIBUS

Liber III: DE TERTIA OPERATIONE INTELLECTUS

Caput I: DE CONSEQUENTIA ET DIVISIONE EIUS

Caput II: DE INDUCTIONE

Caput III: DE ORDINE ET MODO RESOLVENDI TERMINOS PER ASCENSUM ET DESCENSUM

Caput IV: DE SYLLOGISMO EIUSQUE MATERIA ET FORMA

Caput V: DE DIVISIONE SYLLOGISMI PENES MATERIAM ET FORMAM

Caput VI: EXPLICANTUR OMNES TRES FIGURAE ET MODI SYLLOGISMORUM

Caput VII: DE REDUCTIONE SYLLOGISMORUM IMPERFECTORUM AD PERFECTOS

Caput VIII: DE SYLLOGISMO EXPOSITORIO

Caput IX: DE MODO INVENIENDI MEDIUM

Caput X: DE PRINCIPIIS, QUIBUS INNITITUR TOTA ARS SYLLOGIZANDI

Caput XI: QUIBUS PRINCIPIIS UNIVERSALITER INNITITUR BONITAS CONSEQUENTIAE

Caput XII: DE PRINCIPIIS DEFECTUUM MALAE CONSEQUENTIAE

Caput XIII: DE DEFECTIBUS IN PARTICULARI

Circa I: CIRCA SYLLOGISMUM.

Defectus I: DEFECTUS COMMUNES.

Caput XIV: DE FALLACIIS

Liber IV: SEQUUNTUR QUAESTIONES DISPUTANDAE AD ILLUSTRANDUM DIFFICULTATES ALIQUAS HUIUS TEXTUS

Quaestio I: DE TERMINO

Articulus I: UTRUM RECTO ORDINE DOCTRINAE INCIPIAT DIALECTICA A TERMINO

Articulus II: UTRUM SIT BONA DEFINITIO TERMINI ENUNTIATIVI, ET IN QUO EIUS FORMALITAS CONSISTAT

Articulus III: UTRUM DEFINITIO TERMINI SYLLOGISTICI BONA SIT, ET QUAE EIUS FORMALITAS

Articulus IV: QUOD SIT DEFINITUM TERMINI, ET PRO QUO SUPPONAT

Articulus V: UTRUM VOCES SIGNIFICENT PER PRIUS CONCEPTUS AN RES

Articulus VI: UTRUM TERMINUS HABEAT ALIQUAM DIVISIONEM ESSENTIALEM

Quaestio II: DE NOMINE

Articulus I: QUOMODO INTELLIGENDA SIT ILLA PARTICULA: „CUIUS NULLA PARS SIGNIFICAT SEPARATA”

Articulus II: UTRUM NOMEN INFINITUM RECTE EXCLUDATUR A RATIONE NOMINIS

Articulus III: UTRUM CASUS OBLIQUI RECTE EXCLUDANTUR A RATIONE NOMINIS

Quaestio III: DE VERBO

Articulus I: QUID SIT SIGNIFICARE CUM TEMPORE ET ABSOLVI A TEMPORE

Articulus II: UTRUM VERBUM POSSIT INFINITARI INTRA PROPOSITIONEM

Quaestio IV: DE ORATIONE ET MODO SCIENDI

Articulus I: UTRUM SIT BONA DEFINITIO ORATIONIS ET QUID SIT EIUS DEFINITUM

Articulus II: UTRUM DEFINITIO DEFINITIONIS RECTE SIT TRADITA

Articulus III: UTRUM DEFINITIO DIVISIONIS ET EA, QUAE AD DIVISIONEM PERTINENT, RECTE TRADANTUR

Quaestio V: DE ENUNTIATIONE

Articulus I: IN QUO CONSISTAT RATIO ENUNTIATIONIS, UT ABSTRAHIT A CATEGORICA ET HYPOTHETICA

Articulus II: UTRUM ENUNTIATIO CATEGORICA SIT ALIQUA SIMPLEX QUALITAS ET CONCEPTUS IN MENTE, VEL COMPOSITA FORMALITER

Articulus III: UTRUM DIVISIO IN HYPOTHETICAM ET CATEGORICAM SIT ESSENTIALIS ET UNIVOCA

Articulus IV: UTRUM DIVISIONES IN AFFIRMATIVAM ET NEGATIVAM, IN UNIVERSALEM ET PARTICULAREM, SINT BONAE ET ESSENTIALES

Quaestio VI: DE SUPPOSITIONE ET ALIIS PROPRIETATIBUS PARTIUM ENUNTIATIONIS

Articulus I: UTRUM DEFINITIO SUPPOSITIONIS SIT BONA

Articulus II: UTRUM SUPPOSITIO IMPROPRIA REPERIATUR IN CONCEPTU MENTIS ULTIMATO

Articulus III: QUAE SINT NOTANDA CIRCA ALIAS SPECIES SUPPOSITIONIS ET PROPRIETATES LOGICALES

Articulus IV: UTRUM REGULAE APPELLATIONIS TRADITAE IN TEXTU VERAE SINT

Quaestio VII: DE OPPOSITIONE ET CONVERSIONE PROPOSITIONUM

Articulus I: UTRUM OPPOSITIO CONTRADICTORIA SIT MAXIMA INTER OMNES OPPOSITIONES

Articulus II: UTRUM DARI POSSINT ALIQUAE CONTRADICTORIAE, QUAE SIMUL SINT VERAE AUT FALSAE

Articulus III: UTRUM REGULAE CONVERSIONIS SINT RECTE ASSIGNATAE

Quaestio VIII: DE CONSEQUENTIA ET SYLLOGISMO

Articulus I: UTRUM RECTE ASSIGNETUR DIFFERENTIA INTER CONSEQUENTIAM BONAM ET MALAM

Articulus II: UTRUM INDUCTIO SIT CONSEQUENTIA FORMALIS

Articulus III: UTRUM CONCLUSIO SIT DE ESSENTIA SYLLOGISMI, AN SOLUM PRAEMISSAE

Articulus IV: UTRUM SYLLOGISMUS RECTE DIVIDATUR IN PERFECTUM ET IMPERFECTUM

Appendix I: AD SECUNDAM PARTEM SUMMULARUM

Quaestio I: DE TERMINO

Articulus I: UTRUM RECTO ORDINE DOCTRINAE INCIPIAT DIALECTICA A TERMINO

Articulus II: UTRUM SIT BONA DEFINITIO TERMINI ENUNTIATIVI ET IN QUO EIUS FORMALITAS CONSISTAT

Articulus III: UTRUM VOCES SIGNIFICENT PER PRIUS CONCEPTUS AN RES

Articulus IV: UTRUM TERMINUS HABEAT ALIQUAM DIVISIONEM ESSENTIALEM

Quaestio II: DE NOMINE

Articulus I: QUOMODO INTELLIGENDA SIT ILLA PARTICULA: „CUIUS NULLA PARS SIGNIFICAT SEPARATA”

Articulus II: UTRUM NOMEN INFINITUM SIT NOMEN

Articulus III: UTRUM CASUS OBLIQUI RECTE EXCLUDANTUR A RATIONE NOMINIS

Quaestio III: DE VERBO

Articulus I: QUID SIT SIGNIFICARE CUM TEMPORE ET ABSOLVI A TEMPORE

Articulus II: UTRUM VERBUM INFINITARI POSSIT INTRA PROPOSITIONEM

Quaestio IV: DE ORATIONE ET MODO SCIENDI

Articulus I: UTRUM SIT BONA DEFINITIO ORATIONIS, ET QUID SIT EIUS DEFINITUM

Articulus II: UTRUM DEFINITIO DEFINITIONIS RECTE SIT TRADITA

Articulus III: UTRUM DEFINITIO DIVISIONIS ET EA, QUAE AD DIVISIONEM PERTINENT, RECTE TRADANTUR

Quaestio V: DE ENUNTIATIONE

Articulus I: IN QUO CONSISTAT RATIO ENUNTIATIONIS IN COMMUNI

Appendix II: In fine omnium illustrationum

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